La Princesa Monstruosa 9
Lo que la Princesa Monstruosa necesita (1)
¡Toc toc!
"Su Alteza, he recibido una carta del joven maestro, tercero de la familia Montera".
"¿Otra vez el joven maestro Montera?"
Estaba sentado en mi habitación leyendo un libro sobre la fiebre de los magos cuando llegó una carta para mÃ.
Marina se extrañó momentáneamente del aspecto desordenado de la habitación y me entregó la carta en una bandeja.
Cogà la carta y la abrÃ. Dentro, las flores florecÃan y las mariposas revoloteaban como por arte de magia. Además, habÃa incluso una voz que cantaba.
- La Primera Princesa~ Alguien nacido para ser amado~
"..."
Por supuesto, no era "mágico", esto era magia real.
Como se mencionó anteriormente, muchos de los Kamulita, no sólo la familia real sino la nobleza, eran capaces de hacer magia.
"Oh, el tercer joven maestro de Montera debe haberlo cantado él mismo. Es bonito".
El tercer joven maestro de Montera, Bobby Montera, que me envió la carta ahora, era sordo.
Marina soltó una risita al escuchar la canción de la carta.
Bobby Montera era en realidad un prometido potencial.
Actualmente tenÃa catorce años. Como princesa de un paÃs, tenÃa la edad suficiente para que se discutiera el compromiso.
Sin embargo, debido a la importancia del asunto, habÃa más de un prometido potencial para mÃ, y el tercer joven maestro de la familia Montera era el más activo.
De hecho, se habló de mi prometido desde el principio debido a la influencia de su madre, y hace cinco años se inició una búsqueda a gran escala de un candidato. Pero, como ya he mencionado, por aquel entonces me diagnosticaron fiebre de mago.
Por supuesto, el hecho de que mi enfermedad fuera un secreto para el mundo no detuvo las conversaciones sobre el compromiso desde el principio, pero también era cierto que no se habÃa hecho ningún progreso en cinco años.
Desde el punto de vista de mi padre, si es lo suficientemente bueno como para ser considerado mi prometido en ese momento, serÃa una pena dármelo a mÃ, que moriré pronto.
¿No preferirÃa arreglar un compromiso con las princesas bajo mi mando que conmigo con fines polÃticos?
Pero hablando con franqueza, el joven maestro de Montera no era más que uno de los candidatos a novio del "surtido" ya entonces, y las condiciones eran las más bajas entre ellos.
Por eso se esfuerza en ganar mi corazón con la mayor pasión y sinceridad posible. No sabe que tengo fiebre de mago y que puedo morir antes de tiempo'.
De todos modos, él es el único que me ha estado enviando cartas todo el tiempo durante los últimos cinco años.
'Mis padres no se interesarÃan tanto por mÃ'.
En ese sentido, su sinceridad era encomiable.
Por supuesto, seguÃa siendo un compañero desafortunado a mis ojos al final del cielo, pero ¿también era porque veÃa el futuro donde habÃa tocado el peor fondo posible?
Hoy me sentÃa un poco diferente con respecto a Bobby Montera, que antes sólo era un grano en el culo y un hazmerreÃr.
Asà que, tras resoplar, dejé la carta a mi lado en lugar de deshacerme de ella, que normalmente habrÃa tirado inmediatamente.
"Vaya... supongo que te ha gustado la carta de hoy".
"Vamos, a veces respondo".
Marina sonrió de forma socarrona.
Me tomé la barbilla con la mano y me recosté en la silla.
"Más que eso, hay un bicho rondando fuera del Primer Palacio Imperial".
"¿Otra vez? No debe tener nada que hacer".
Marina frunció el ceño.
Estuve de acuerdo con su opinión.
Incluso me sentà aburrido y apreté mi mano con maná.
La figura negra, que estaba siendo arrastrada por mi magia, desapareció del camino del Primer Palacio Imperial.
¿Creen que estoy escondiendo un tarro de miel en el palacio interior? No sé por qué se empeñan en asomarse al interior.
'Creo que estaba pegado al camino cuando llegó la carta...'
Volvà a mirar la carta de Bobby Montera.
Por supuesto, eso no significaba que dudara de él. El culpable que habÃa hecho esto era tan obvio que no necesitaba preocuparme por ello.
'Si no es el primer prÃncipe Ramiel, entonces serÃa su madre, la segunda reina Katarina'.
Ambos tenÃan un gran interés en mÃ.
Además, el Bobby Montera que yo conocÃa ni siquiera era capaz de hacer esto.
Me acordé del joven maestro Montera, que solÃa pasearse como un idiota cada vez que me veÃa, y de repente mis pensamientos llegaron también a mis otras candidatas a prometidas.
'Ahora que lo pienso, entre mis candidatos a novio estaba el protagonista masculino, ¿no?'
Un hombre que estaba unido a Judith en "El mundo brillante de la princesa Judith".
Su nombre era Killian Bernhardt.
Era dos años mayor que yo. Sin embargo, aunque era un prometido potencial, no habÃa tenido ningún contacto personal con él desde hacÃa cinco años. Incluso entonces, sólo habÃamos intercambiado tres o cuatro cartas de saludo por cortesÃa.
Aun asÃ, como hombre que era el protagonista masculino de una novela romántica no tan divertida, era honestamente el mejor hombre entre los candidatos a ser mi prometido. HabÃa mucha retórica sobre Killian en esa maldita novela.
Sobre todo parece que fueron las descripciones sobre su pelo plateado que parece nieve blanca y los ojos morados que parecen absorberte".
Pero por muy fácil que fuera para mà ver y comer, no me interesaba.
'Es repugnante que otros me escupan'.
Más aún si la oponente era Judith.
"Pronto será el almuerzo, princesa."
"Bien, vamos".
Era la hora de salir, asà que me levanté después de arreglarme.
***
"Arbella, tú... ¿Qué diablos le pasó a tu cabello?"
El almuerzo de hoy se celebró en presencia del emperador y sus hijos e hijas.
AsÃ, de vez en cuando, el emperador invitaba a otros miembros de la familia imperial a una comida o a una taza de té, pero no habÃa un ciclo ni una fecha fija.
HabÃa ocasiones en las que era inevitable que los miembros no pudieran asistir, ya que los asientos se creaban de forma improvisada cuando a él le apetecÃa. Aun asÃ, el emperador era razonablemente indulgente en estos asuntos y no se quejaba amargamente a los miembros ausentes de la familia imperial.
En cuanto tomó asiento, Arbella miró fijamente al hombre que le habÃa hecho aquella frÃvola pregunta.
Cedric Siegbart Razen Kamulita.
Era el emperador del paÃs y el padre de Arbella, un hombre apuesto de pelo negro y ojos azules.
TenÃa un rostro hermoso y parecÃa joven para su edad.
Sin embargo, aunque tenÃa la dignidad de un emperador, no habÃa nacido con los ojos dorados que evidenciaban a un miembro de la familia imperial de sangre pura.
Sin embargo, los ojos dorados de la familia imperial no habÃan aparecido desde hacÃa casi tres generaciones, por lo que Judith, que habÃa sido atavismo, era bastante especial.
Además, nada más verme, ni siquiera me has saludado. Lo primero que me preguntaste fue por mi pelo'.
Teniendo en cuenta por quién habÃa estado Arbella en la cama no hacÃa mucho tiempo, era comprensible que se enfadara con aquella cara que no parecÃa tener ninguna disculpa ni preocupación por ella.
Pero siempre habÃa sido asÃ, asà que no era nada nuevo.
No sólo el emperador Cedric, sino también las demás princesas y prÃncipes presentes en el almuerzo de hoy, no podÃan apartar los ojos del cabello rubio de Arbella, cortado por encima de los hombros.
"Sólo porque sÃ. No tengo que cortarme el pelo porque sÃ".
No habÃa necesidad de responder educadamente a una pregunta tonta.
Arbella se negó a contestar con ese pensamiento.
Por supuesto, viendo cómo las cejas de Cedric se curvaban de forma asimétrica, estaba claro que la respuesta de Arbella no era satisfactoria.
"¿Qué, nuestra perfeccionista hermana se hizo el pelo asà sin motivo?".
Fue entonces cuando alguien, en tono de broma, dijo algo que puso de los nervios a Arbella.
La frÃa mirada de Arbella se desplazó hacia el otro lado. En el asiento estaba Ramiel, el Primer PrÃncipe, a quien habÃa conocido el otro dÃa.
Ramiel tenÃa el pelo oscuro y los ojos azules como el emperador Cedric, pero aparte de eso, su rostro y su personalidad no se parecÃan a los de su padre.
En el momento en que sus ojos se encontraron con los de Arbella, una dulce sonrisa apareció en el bello rostro del muchacho que estaba lleno de pereza.
"¿Acaso la gran Arbella experimentó un desamor? No creà que hubiera nadie a quien ella hubiera tomado en serio hasta ahora... ¡Mmph!"
Arbella utilizó la magia para tapar la boca de Ramiel, que intentaba balbucear en serio.
Aun asÃ, Ramiel rompió rápidamente el hechizo y armó un gran alboroto porque ella solo le dedicó una leve mirada a modo de advertencia.
"Vaya, hoy estás implacable, Arbella. Quizás he dado en el blanco... ¡Mmmmph! Mmph!"
Arbella volvió a taparle la boca, frunciendo los bordes de sus labios.
Cuando el emperador la vio, chasqueó la lengua como si estuviera cansado de ella.
"¿Qué haces en el comedor? Deja de hacerlo y come".
Entonces Arbella dejó salir por fin su magia.
Ramiel tampoco querÃa ser golpeado por el hechizo dorado tres veces, asà que mantuvo la boca cerrada, aunque parecÃa que tenÃa mucho que decir. Después de eso, comenzó el almuerzo en toda regla.
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