La heroÃna tuvo una aventura con mi prometido 29
Sintiéndome extraño, agarré el frasco de medicina en la mano por un momento y miré la ropa.
ParecÃa que habÃa algo en una sección concreta que salÃa, pero no parecÃa moverse, como si se hubiera congelado.
Al hacerlo, zumbó por un momento y la ropa comenzó a moverse a trompicones, como si tuviera un pie encima.
¿Adónde va?
Por reflejo, pisé el borde de la prenda porque pensé que iba a chocar con la pared si seguÃa avanzando.
Algo en la ropa que no se dio cuenta de esto siguió avanzando y finalmente se deslizó fuera de la ropa.
El bebé dragón malvado miró hacia atrás al notar por primera vez en el aire frÃo del exterior que la ropa que lo cubrÃa habÃa desaparecido.
-¡...!
Entonces echó un vistazo, reaccionó, "hyuk" y se apresuró a ponerse la ropa.
-...
"..."
Siguió un largo silencio.
Me quedé mirando al bebé dragón malvado, que estaba mudo, escondido en su ropa y sin moverse. Yo también me pellizqué la mejilla con fuerza.
No creo que el dolor sea un sueño...
-Ppiiiiik...
Al hacerlo, noté que el bebé dragón malvado tiraba de la ropa, queriendo que lo soltaran, y me apresuré a apartar los pies.
Al mismo tiempo, bajé la voz lo suficiente como para evitar que alguien me escuchara y pregunté.
"¿Su Alteza? ¿Es usted Su Alteza?"
-Piik.
El bebé dragón malvado que lloró en breve se movió de nuevo, con ropa y todo, y chocó contra un frijol, sin poder evitar la pared.
Me quedé mirando fijamente la insignificante ropa que se retorcÃa y se desviaba.
Pero no tardé en darme cuenta de que aún tenÃa el frasquito de medicina en la mano, asà que me acerqué a la ropa y me senté, doblando las rodillas.
Afortunadamente, no pasaba nadie cerca.
"Su Alteza"
-...
"Su Alteza, ¿no es as� ¿Entiende lo que estoy diciendo?"
-...
No hubo respuesta de vuelta. Pero cada vez que hablaba, el meneo no parecÃa ignorarlo.
Como en la versión original, no dispara la respiración, por lo que parece razonable, pero me costaba saber si estaba en un estado en el que se entendÃa el diálogo.
Bajé la mirada a mis manos.
Dudo que me toque o me muerda por error".
Aun asÃ, retiré mi mano por si no lo sabÃa, y dije después de que se preparara completamente para huir en cualquier momento.
"Su Alteza, si entiende lo que le digo, por favor, asome la cabeza"
Nada más terminar las palabras, el bebé dragón malvado asomó la cabeza por entre sus ropas.
Oh, eso me asustó.
Estaba tan preocupada por si me mordÃa que me caà de culo. Me encogà de hombros y giré rápidamente la cabeza para mirar la expresión del dragón malvado, que estaba abatida.
"No, esto es tan... ¿me entiendes?"
-Ppiiik.
Asintiendo con la cabeza.
Oh, eso es un alivio. Supongo que estamos en estado de comunicación.
Me tragué la tensión. Miré a mi alrededor para ver quién estaba allÃ, y luego maté la voz y susurré.
"¿Te llevo con Tyriel? Y luego volverás a tu original-"
-¡Ppiiiiiiik!
Antes de que pudiera terminar mis palabras, el enfurruñado bebé dragón malvado sacudió la cabeza violentamente.
"Si lo haces por mÃ, estoy bien"
-Ppiik, ppik, ppiiiiik.
Reynos, que sacudió la cabeza una tras otra, explicó algo duro.
Pero cuando no lo entendà del todo, sus cortos brazos se cruzaron en una X.
ParecÃa decir que no lo aceptara nunca.
"¿Puedes volver al estado original con tu voluntad?"
-Ppiik.
Reynos negó con la cabeza.
Le ofrecà el frasco de medicina que tenÃa en la mano, justo antes de que se rompiera, y volvió a negar con la cabeza, retorciéndose como si fuera demasiado tarde.
Agitó sus patas cortas y regordetas para explicar algo, pero seguà sin entenderle.
-Ppiiik...
Reynos estaba deprimido porque el diálogo no funcionaba.
Debido a su ferviente movimiento de manos, las ropas que habÃan estado ocultando su cuerpo bajaron para revelar todo su torso, pero ahora vi que su cola y sus alas también colgaban.
No deberÃa decir esto, pero es tan lindo.
No pude ocultar mi boca, que naturalmente se levantó, y sonreÃ. Al hacerlo, me di cuenta de repente de que habÃa visto esta figura en algún lugar antes.
"¿Viniste cuando estaba enferma?"
-Ppiiik
Asintiendo con la cabeza.
"Ya veo. Pensé que era un sueño"
Si no fue un sueño, dÃmelo.
Pero no creà que pudiera decÃrmelo.
Su Alteza, de hecho, me estoy convirtiendo en un pequeño demonio, ¿qué puedo hacer?
Acerqué mi dedo al cuerpo del bebé dragón diabólico con valentÃa, como si fuera un sueño.
Luego, mirando de reojo, toqué cuidadosamente la mejilla de Reynos y parpadeé. Era cálida, brillante y agradable al tacto, tal como la habÃa sentido antes.
Toda la última tensión que quedaba se esfumó al sentir la caricia de un guijarro limpio.
Me olvidé de que no era el caso y acaricié a Reynos una y otra vez.
Reynos estaba tan quieto como antes, con los ojos cerrados y las mejillas sueltas entre mis dedos. Era como si intentara ser encantador.
Fue entonces cuando oà que alguien se acercaba a nosotros. Atcha.
"Su Alteza"
Cuando llamé con urgencia, Reynos se apresuró a ponerse la ropa.
Después de envolver al malvado dragón Reynos con mi ropa, volvà a envolver el solo de verano que llevaba puesto, por si acaso, y me levanté con mi bulto de ropa enroscado.
Paso, paso, paso.
Fue nada menos que Duval quien apareció por la esquina.
Al descubrirme, Duval pareció preguntarse por qué estaba sola en un lugar tan inhóspito.
Intenté pasar junto a él para evitarlo, pero de repente Duval me agarró del brazo. Me sobresalté tanto que casi dejé caer a Reynos.
"Qué"
Pensé que estaba a punto de meterme en un gran problema, y mis palabras salieron bruscamente.
Tal vez sobresaltado por esto, el brazo que me sujetaba se debilitó. Sin embargo, pronto volvió a apretarlo y miró a su alrededor como si buscara a alguien.
"He oÃdo que estabais juntos"
Buscaba a Reynos.
"Me duele, suéltalo"
No tenÃa ninguna obligación de responder.
Abracé más fuerte el bulto de ropa y me sacudà la mano de Duval. Intenté ignorarle asà y seguir mi camino, pero el irritante contenido me tiraba de los tobillos.
"El marqués me ha enviado una carta para que me tranquilice y cancele la ruptura de alguna manera"
"¿Qué? ¿Padre?"
PodÃa sentir a Reynos retorciéndose en el bulto de ropa.
Lo abracé con fuerza para que se quedara quieto, y luego volvà a mirar a Duval, frunciendo una ceja.
"¿Cómo?"
"Creo que ha presentado una petición a la familia imperial"
"¿Ha?"
Qué desgracia para la familia. Puse cara de circunstancias.
"¿Tanto quieres casarte conmigo?"
"..."
"Sabes que el hecho de que hayamos roto un matrimonio no significa que los Lavirin vayan a perecer de la noche a la mañana o que Essit vaya a ser ignorada por la sociedad aristocrática como hace una década. ¿Qué te pasa?"
Ante mi pregunta, Duval, que habÃa llegado al alcance de mi mano, se detuvo, con el rostro contorsionado.
Tomé la iniciativa, ya que sabÃa que si le dejaba solo, iba a volver a decir algo absurdo.
"¿Sigues sintiendo algo por m�"
"...!"
Supongo que es una respuesta basada en su expresión.
Ha, mostré mi ridÃculo sin ocultarlo.
"Qué hacer, no me gustas"
"Estás mintiendo"
"Es verdad. ¿Por qué iba a gustarme un hombre que sale con otras mujeres? Hazlo bien con Tyriel. Parece que te gusta mucho"
"No me interesa Tyriel. Y tiene que seguir con el PrÃncipe Heredero"
Reynos se estremeció en su ropa.
No se puede disparar el aliento sólo porque esté enojado, Su Alteza. Abrazaba el bulto de ropa para calmarse.
"¿Por qué estás tan impaciente por conectar a Su Alteza con Tyriel?"
"Ella es un poder necesario para el PrÃncipe Heredero"
"Ah, pretendes el goteo de soja en polvo a cambio de tender puentes con los poderes necesarios, ¿verdad?"
Tal vez porque era un mundo sin pasteles de arroz, Duval no entendió la frase "soja en polvo". Me encogà de hombros porque no sentÃa la necesidad de contarlo.
"Está bien, haz lo que puedas. No sé si saldrá como pensabas"
"Será mejor que dejes de salir con un tipo que ni siquiera tiene gracia y vuelvas. ¿Dijiste que no iba a arruinar Lavirins de la noche a la mañana?"
Duval, que se acercó, me levantó la barbilla con la punta de los dedos.
"Bueno, creo que sobrevaloras demasiado a Lavirins"
"Vaya, ¿puedo contarle esto a mi padre?"
"Haz lo que quieras. No sé si será efectivo porque tú también lo crees"
Desagradable, pero era la verdad.
El chantaje de la fuente de financiación... Cuando rompes un compromiso, te abalanzas sobre él como un búfalo con los ojos vendados, de un lado a otro, y luego echas la cabeza hacia atrás sólo porque ha pasado el tiempo.
Arrugué la frente y di un paso atrás. Luego me incliné hacia atrás para ir por la calle y torcà el cuerpo y salà disparado hacia atrás con descontento.
"SÃ, puedes hacer lo que quieras. Si es urgente, mi padre te casará en persona. Sea quien sea, sólo tienes que casarte"
"... ¿Qué?"
Duvall se congeló al oÃr el sonido del desmayo.
Aproveché la oportunidad para dejar que mis dedos volaran hacia mi corazón y seguà mi camino.
***
Todos mis empleados se mostraron sorprendidos cuando salà en una cita y traje un puñado de ropa de hombre.
Aun asÃ, pensaron en mi cara y no dijeron lo que pensaban, pero May, que me siguió hasta mi habitación, no lo hizo.
"Mi señora, no me diga..."
"No, sólo estábamos cogidos de la mano"
"¿No os habéis besado?"
"¡¿Qué clase de piedra es ese hombre?!"
Pude sentir que Reynos se estremecÃa ante el aullido de May.
Esta chica lleva desde el otro dÃa hablando incesantemente de besos, diciendo que el romance empieza con un "beso". ¿Por qué la vergüenza es mi papel?
"Deja de obsesionarte con los besos"
"Porque parece que te gusta. El romance empieza con un beso"
"Ayer también te dormiste con las novelas románticas"
"Claro, no puedo cerrar los ojos cuando el protagonista masculino besa tan bien... No, de todos modos. AvÃsame si no te gusta. Te presentaré a otro a toda costa"
"Muy bien, muy bien, salgan"
Cerré la puerta, recordándole que nunca entrara antes de que yo la llamara. Luego coloqué el bulto de ropa bien envuelto sobre el escritorio.
Lo desenvolvà como si abriera una caja de regalo, y salió el malvado dragón del tamaño de un ratón, sentado con la cola tendida y las manos envolviendo su cara enrojecida.
El escollo era que su cara era más grande que sus manos y no ocultaba nada.
Fingiendo no saber la causa de su vergüenza, traje papel, tinta negra y el bolÃgrafo de bandera más pequeño que tenÃa y lo puse delante de Reynos.
"Su Alteza"
Reynos levantó la vista cuando lo llamé para que dejara de ser tÃmido y me mirara.
Agarró la pluma en su manita de helecho.
"Hazme saber qué debo hacer. Te ayudaré todo lo que pueda"
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