Viernes 23 de Febrero del 2024 |
La heroÃna tuvo una aventura con mi prometido 175
Pero no me atrevÃa a aceptarlo.
Todo lo que sabÃa de él era su peculiar nombre y un origen misterioso, y no era tan tonta como para poner patas arriba mi vida en Corea basándome únicamente en eso.
"Lo siento.
Me negué con firmeza, reprimiendo la extraña sensación en mi estómago, y el hombre asintió en señal de comprensión.
Ya no me pidió que le acompañara.
***
A partir de ese dÃa, Reynos nunca apareció en mi presencia.
Mi trayecto habitual del trabajo a casa era solitario.
La cena, que a menudo comÃamos juntos, me resultaba insÃpida cuando intentaba comerla sola. Los cafés con leche de nuestra cafeterÃa favorita, donde solÃamos sentarnos a hablar de nuestros estudios de coreano, no me gustaban.
Miraba por la ventana cada vez que pasaba alguien, fijándome en su cara.
Pero Reynos nunca aparecÃa.
'...¿De verdad se ha ido?'.
me preguntaba. Aunque dijera que no, es verdad, ¿desapareció sin despedirse?
Sintiendo una oleada de tristeza y decepción, me cernà sobre su sitio.
Seguro que estaba sentado en esta silla esperándome, y salió de este callejón llamándome por mi nombre...
Incluso Piik, que venÃa a menudo a visitarme por la noche, no me habÃa visitado desde el dÃa en que desapareció.
Me pregunté si estarÃan emparentados de algún modo, como Piik, la mascota de Reynos...
'No sé dónde estás, pero sé dónde estoy'.
No me habÃa dado cuenta de que era una persona tan solitaria cuando Reynos y Piik no estaban, pero cuando ambos desaparecieron al mismo tiempo, me sentà aturdido y deprimido, como si hubiera perdido lo más importante de mi vida.
'El tiempo es la medicina para este tipo de cosas'.
Me sumergà en el trabajo para aliviar mi soledad, matando mi corazón por cosas que no podÃa ver. El artillero, un adicto al trabajo, se sorprendió al verme trabajar dÃa y noche, pero la mente no siempre es lo que uno cree.
Cuanto más intentaba matar mi corazón, más crecÃa mi anhelo, y lo que era como un rÃo se convirtió en un lago, y lo que era como un lago se convirtió en un océano.
Un dÃa, luchaba por vivir en el océano del anhelo.
***
Era un viernes perezoso como la primera vez que conocà a Reynos y Piik.
Estaba pensando en salir temprano del trabajo, pero luego me di cuenta de que no tenÃa nada que hacer, asà que me fui a casa y trabajé perezosamente las horas extra que no tenÃa que hacer.
"¿Quién está esperando abajo?"
Preguntándome si era Reynos, bajé corriendo al primer piso sin preguntar, y me encontré con un hombre rubio como la crin de caballo que ahora me resultaba tan familiar a los ojos que podÃa reconocerlo a una milla de distancia.
TenÃa la cara rÃgida y sus ojos desenfocados seguÃan a la gente que pasaba por el vestÃbulo.
Reynos".
Corrà de inmediato y lo agarré.
Sus ojos se llenaron de sorpresa cuando me alcanzó. Tal vez porque era la primera vez que le perseguÃa activamente, solté.
"CreÃa que te habÃas ido sin decÃrmelo".
Tras una pausa, Reynos respondió, evitando mis ojos.
"Asà fue... ahora es...".
"Dame tu dirección y te escribo, ¿o no tienes correo electrónico o messenger o algo as�".
"...No, no tengo."
Mi coraje a duras penas sostenido se desmoronó.
Una dirección, claro, pero sin email ni messenger, eso sólo significa que no quiere hablar conmigo.
SÃ, da igual. Quizá no le gusto porque me negué a ir con él. Pero no puedo evitar sentirme un poco amargada y golpeo el suelo con los dedos de los pies.
Reynos rodeó suavemente mi mano y sus labios se curvaron en una suave sonrisa.
"Si no te importa, puedes venir conmigo".
Pero esta vez mi respuesta fue la misma, asà que bajé la mirada en un ángulo y fruncà los labios. Al ver que seguÃa sin tener intención de seguirle, Reynos se rió amargamente.
"Ya veo, no queda otra que despertarla yo mismo...".
Tras murmurar algo ininteligible, me acarició suavemente la cabeza como si quisiera calmar a un gato enfadado.
No me gusta que nadie me toque el pelo, pero por alguna razón me sentà bien cuando me lo acarició.
Con la mano aún en mi cabeza, la retiró con cuidado.
"Si no te importa, ¿puedo besarte por última vez?".
"¿Qué?
Inquieta por la petición tan abierta, levanté los ojos. Y me encontré con una expresión increÃblemente seria para alguien que me habÃa hecho una petición tan grosera.
Sus ojos dorados ardÃan con una profunda sed.
En cuanto lo vi, palabras que no tenÃan nada que ver con mi voluntad salieron de mi garganta y bajaron por mi boca.
"... SÃ."
Por un momento, me quedo atónita: ¿qué acabo de decir?
Los ojos de Reynos se abren ligeramente, igual de atónitos. Pero luego vuelven a la normalidad y, tras dudar un instante, inclina la cara hacia mÃ.
Estaba indecisa, ¿deberÃa decir que no ahora? Pero entonces vi que Reynos hacÃa una pausa al leer mi vacilación, y cerré los ojos con incredulidad.
Entonces le agarré del brazo, con fuerza.
"..."
Sus labios vacilantes rozaron los mÃos.
Inconscientemente, tiré de él hacia mÃ, y Reynos abandonó su vacilación en respuesta.
El beso que siguió fue profundo y ardiente. A pesar de que era evidente que no nos conocÃamos, me besó como si me conociera mejor que nadie.
Nuestros alientos calientes se entrelazaron, nuestros cuerpos se calentaron. Cuando me ahogué y retrocedà un poco, apartó brevemente los labios para dejarme respirar.
Me besó hambriento, con un hambre tan insaciable, que finalmente me aparté hasta que mis labios se hincharon y me dolieron, y entonces me susurró,
"Necesitas esa sacudida para volver a la realidad".
"¿Qué?"
"He estado pensando en qué recuerdos podrÃa mostrarte para devolverte a la realidad, pero por más vueltas que le doy, no se me ocurre nada...".
La expresión de Reynos se tornó triste.
"Aparte de mostrarte tu vida pasada, no creo que haya otra forma, jovencita".
Aclarándome la garganta, estaba a punto de hacerle una pregunta, cuando sus labios se encontraron con los mÃos sin previo aviso, y tuve que tragarme lo que estaba a punto de decir.
Tras un breve beso, no muy distinto del que me habÃa dado hace un momento, Reynos se alejó de mà unos pasos.
Su rostro se contorsionó en una lamentable máscara de inexplicable miedo, arrepentimiento, contrición y remordimiento.
"Siento decÃrtelo ahora, tan tarde, tan tarde".
"¿Qué...?"
Extendió la mano y me cogió la cara con la palma. DeberÃa haber sido capaz de ver a través de sus dedos, pero no pude, como si una cortina negra se hubiera corrido sobre mi visión.
El aire del mundo desapareció de mi piel. Sentà que el suelo que pisaba se desmoronaba y que flotaba en el aire.
Por reflejo, estiré la mano para agarrar a Reynos, pero nada me tocó.
"No me perdones".
Hablaba en coreano entrecortado, pero pude oÃrle decir claramente que no le perdonara.
Era como si hubiera practicado muchas veces las mismas palabras.
Con sus palabras resonando en la distancia, perdà el conocimiento, y los recuerdos de mi vida anterior como Princesa de Eldorado me inundaron.
***
[XX de abril de 192. El tiempo, resplandeciente de claridad.
TenÃa tanta hambre que fui a la montaña sagrada a recoger bayas.
Me dijeron que era el hogar del Santo Absulekti, y que nunca debÃa entrar, pero tenÃa tanta hambre que no pude evitarlo.
Entonces tropecé y me caà por un precipicio, y bueno, ¡el Absulekti me salvó!
Jeje.
Me aseguraré de darle algunas bayas más tarde].
[Mayo XX, 192. Tiempo, un poco caluroso.
De camino a agradecer al señor Absulekti su curación, me encontré con un erizo herido.
Pensé que podrÃa curar al erizo como me habÃa curado a mÃ, asà que cogà otra fruta para pagar la curación, pero todo lo que tenÃa en su guarida era un niño feo y malo.
Me dijo que dejara morir al erizo, y cuando le pregunté dónde estaba, no me contestó.
Pero curó al erizo.
Es un buen curandero. Yo misma querÃa darle las bayas a Absulekti, pero el niño feo y malo me las quitó.
Mi niñera me dijo que me asegurara de dar las gracias a la persona que me ayudó en .....
¿Importa, porque Absulekti no es una persona?]
[XX de agosto de 192. El tiempo, demasiado caluroso.
Cada vez que voy a ver al Sr. Absulekti, sólo hay un chico feo.
Está bien que cure a los animales enfermos, pero yo también quiero ver al señor Absulekti, y cuando le pregunto dónde está, no me contesta.
Es feo y muy malo.
Pero debe de ser veterinario, porque trata bien a los animales].
[XX de octubre de 192. Tiempo, fresco.
Chico feo-No, Letty dijo que no era veterinario. Huck.
Estoy celoso del criado que tiene talento para la magia y la está aprendiendo del señor Absulekti. DesearÃa ser bueno en magia, para poder ver al Sr. Absulekti.
Le dije a Letty que podrÃa recomendarle al Rey como mago, pero me dijo que si decÃa eso, ya no me darÃa comida.
Letty es mala.
Como princesa obediente de Eldorado, ¡es mi responsabilidad informar al Rey de la presencia de un mago sin dejarme influenciar!
Sin embargo, no quiero perderme ningún manjar delicioso.
Por lo tanto, no debo contarlo].
[Diciembre XX, 192. Tiempo, nieve.
Nevó tan blanco que dibujé a Letty en la nieve.
Letty dijo que no era tan feo. No, es feo. Es feo, pero yo soy una buena princesa, asà que lo miré y le dije que era guapo.
Y él se puso muy colorado y se enfadó mucho y me dijo que no dijera eso en ningún sitio.
Por lo visto, mentir es malo.
La próxima vez diré la verdad y diré que es feo].
[Enero XX, 193. Tiempo, frÃo pero despejado.
Hoy he jugado con Letty. Yo era mamá y él era papá, y le he dado un beso, tal y como pone en el libro de juegos, también le he dicho: "Has vuelto, cariño", y él se ha sonrojado y se ha enfadado.
Se enfadó y dijo que no podÃa decir cariño en todas partes y además no besarle, pero eso es lo que dice el libro que hacen las parejas casadas.
Asà que le enseñé el libro y Letty se enfadó y me dijo que en el futuro sólo deberÃa jugar a las casitas con él.
Supongo que no tiene otros amigos con los que jugar. Ah, no.
Le pregunté si tenÃa amigos y Letty volvió a enfadarse. ¿Por qué se enfada tanto? No tengo más amigos que él.
Le dije que es el único amigo que tengo, y volvió a enfadarse, preguntándome por qué no tengo amigos a pesar de ser una princesa.
Parece que Letty está muy enfadada. Cada vez que digo algo, se enfada. De todos modos, es más feo que Absulekti].
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