| Miércoles 21 de Febrero del 2021 |
La heroÃna tuvo una aventura con mi prometido 122
Su rostro, que siempre estaba sonrojado como el de una heroÃna con una palabra clave de sol, habÃa desaparecido, y su tez estaba pálida.
Sus ropas estaban raÃdas, y considerando que Puritina habÃa sido severamente dañada por el ataque de la Reina, deberÃa avergonzarse de llamarse a sà misma noble.
"No me mientas, ¿tienes ese aspecto y te haces llamar noble?".
No creyendo su historia, un sirviente intentó echarla, pero una noble menor la interrumpió.
"SÃ, es una noble, y pertenece a una familia oficial de la fundación del paÃs. Es Tyriel Puritina, hija de la condesa Puritina".
"...Oh."
La sirvienta pareció desconcertada por un momento. Luego se volvió hacia Tyriel y se puso a su altura.
"Siento no haberte reconocido antes".
"Claro que no la reconociste, es una pordiosera".
Se escucharon algunos comentarios sarcásticos, entre ellos el de una joven que observaba la escena.
"SÃ, yo tampoco la reconocÃ".
"Me pareció refrescante no verla últimamente".
"¿Qué pasa entre ella y el joven maestro Essit?".
Tyriel se sonrojó de vergüenza ante las evidentes muecas de desprecio en sus rostros.
Miró desesperada a su alrededor en busca de alguien que la ayudara, pero nadie lo hizo.
Incluso la señora que habÃa informado a la camarera de que Tyriel era un noble se quedó quieta, como si no quisiera involucrarse más.
Finalmente, la camarera, harta del ambiente cada vez más hostil, tomó la palabra.
"Lo siento, jovencita, pero creo que tendrá que marcharse ya".
"E-espera. Espere... Sólo necesito hablar con alguien un minuto y luego me iré, ¿de acuerdo?".
Con las lágrimas cayendo por su hermoso rostro, era difÃcil discutir con su súplica. Finalmente, la camarera dijo: "Diez minutos, entonces", y le permitió permanecer en el café.
Después de que le concedieran unos minutos, Tyriel corrió hacia mÃ, tartamudeando, arrastrándose y saludando con una voz que sonaba como si fuera a arrastrarse por dentro.
"Hola, hola, Ciella. Cuánto tiempo. ¿Has estado bien...?"
"SÃ."
respondà con desgana, mirando por la ventana sin siquiera ofrecerle que se sentara.
Tyriel se estremeció ante mi frÃa respuesta. Se movió inquieta, juntando los dedos Ãndices como si estuviera eligiendo qué decir, y luego alargó las palabras.
"He oÃdo que te han nombrado Pequeño Marqués. Enhorabuena".
"Gracias.
Hubiera preguntado: "¿Cómo estás?", pero tenÃa una manera de cortar la conversación. En respuesta, el rostro de Tyriel se volvió cada vez más sombrÃo.
"Bueno, he oÃdo que tuvisteis un banquete muy fastuoso...".
"..."
"OÃ que fue en el... Palacio RubÃ".
"..."
"Ojalá me hubieras llamado a mà también, habrÃa ido..."
"Oh querido, otra que no conoce su tema."
Por si fuera poco, una de las jóvenes del grupo de Alice murmuró algo lo suficientemente alto como para que Tyriel lo oyera, y ese fue el comienzo de otra ronda de insultos hacia Tyriel.
Especialmente el de Alice, que estaba completamente enérgica, agitando su abanico alrededor.
"Bajeza, deberÃas estar agradecido por tu ascenso de los barrios bajos a la nobleza".
"Supongo que habrás olvidado el alboroto que montaste en la Estrella de Verano, ¿y qué vas a decir de ir al Palacio RubÃ?".
"Vaya, Puritina hace todo el bochorno público para el paÃs".
"DeberÃas ir y pasar el rato con el Conde Menor Essit. Oh, ya no es un conde menor, ¿verdad?"
"Asà es, sucio como una cucaracha, ¡qué pareja perfecta!"
"¡Eso es, ahahaha!"
Tyriel se quedó atónita ante el aluvión de insultos que provenÃan justo de su lado.
Arrastró los pies en su sitio y me lanzó una intensa mirada como pidiendo ayuda, pero fingà no verla.
Finalmente, al borde de las lágrimas, Tyriel me llamó ansiosamente.
"Ciella... nosotros... somos amigos, ¿verdad...?".
No parecÃa preguntarlo porque sintiera verdadera curiosidad, sino porque necesitaba estar segura.
No respondÃ, lo que provocó que la manada Alice soltara una risita y se volviera hacia Tyriel.
"¿Has oÃdo lo que acaba de decir la señorita?".
"La he reconocido desde que llevaba la cabeza por ahÃ. ¿Dónde vendió su conciencia, eh?".
"DeberÃa haberse comprado un vestido con el dinero de su conciencia, ¡ah, es tan tacaña que ni siquiera puede permitirse un vestido, kahahahahaha!".
"No. ¿No has oÃdo que la echaron de algunas boutiques antes de entrar?".
"¿Ah, sÃ? Quiero decir, ¡qué boutique aceptarÃa eso después de pagarlo todo con Lavirins del Pequeño Marqués!".
La creciente intensidad de las acusaciones acabó por hacer llorar a Tyriel.
A pesar de su atuendo raÃdo, parecÃa capaz de derretir el corazón de cualquier hombre, pero, por desgracia, no habÃa nadie en el café que sintiera lástima por ella.
De hecho, la camarera intentó que se marchara, diciendo que estaba interrumpiendo el negocio.
Fue entonces cuando Reynos regresó de su viaje a palacio, y frunció el ceño, preguntándose a qué venÃa tanto alboroto.
Hacia él, Tyriel habló con voz lastimera, como aferrándose a un último hilo de salvación.
"Alteza...".
Pero Reynos ni siquiera miró a Tyriel.
"¿Nos vamos ya, señora?".
En lugar de eso, vino rápidamente a mi lado, me echó la capa sobre los hombros y me indicó que nos marcháramos.
"SÃ, Alteza".
A juzgar por su expresión, el Emperador no habÃa dicho nada malo del Gremio.
"Tentaré a la suerte más tarde".
Me levanté de mi asiento bajo su escolta, y empecé a alejarme cuando Tyriel me llamó. '¡Es-espera un momento...!' Dijo, tratando de alcanzarme. El grupo de Alice se rió a carcajadas de ella.
"Debe estar loca. La está persiguiendo otra vez".
"¿Es siquiera humana?"
"Una humana no actuarÃa asÃ. Debe haber adquirido ese comportamiento en los barrios bajos".
"¿Comió veneno para ratas en algún lugar?"
"Jaja, no se puede evitar, ¿verdad?"
Tyriel, que no podÃa soportar las feroces crÃticas que le dirigÃan, acabó huyendo.
***
Tyriel se dirigió al Vaticano. Abandonada por su familia, por la sociedad y, lo que es peor, por Ciella, no tenÃa otro lugar adonde ir que allÃ.
"Heuk, hmph, heuk-"
"¡Alto!"
"¡IdentifÃquese!"
Los guardianes se estremecieron al ver a una mendiga llorando, pero enseguida se dieron cuenta de que era la purificadora, e intercambiaron rápidas miradas, preguntándose por qué una funcionaria pública del paÃs viajarÃa asÃ.
Pero entonces recordaron las palabras del Papa, que si Tyriel pedÃa audiencia, se la concederÃan, y abrieron las puertas.
Tyriel se dirigió directamente a los aposentos del Papa y lo agarró por la pernera del pantalón, exigiendo ver a Knox.
"Te refieres a Knox otra vez..."
El Papa se sintió avergonzado.
Pero habÃa algo que Knox habÃa insistido en hacer siempre que las familias oficiales de un nuevo paÃs venÃan de visita, asà que la dejó entrar a regañadientes.
Sólo una persona a la vez, esa era la regla de conversación con Knox.
Habiendo expulsado tan poco ceremoniosamente al Papa, el amo de la sala, Tyriel agarró el espejo que Knox tenÃa sellado y aulló.
"¡Waaah, Knox, hmph! ¡Waaaah!
「...」
Knox bajó la mirada lastimeramente al ver a Tyriel.
Ningún Lavirins por venir, sólo un niño inútil de la nada.
Hoy no era la primera vez que Tyriel se presentaba asà y se iba lloriqueando. Knox estaba completamente harto de sus lloriqueos casi diarios.
'No puedo hacer nada al respecto...'
Una parte de él querÃa gritarle y decirle que no volviera nunca más, pero dado lo que estaba por venir, Puritina era una de las manos que necesitaba. Asà que Knox trató de mantenerse lo más positivo posible, acallando los lamentos de Tyriel.
"¿Qué más pasa hoy?"
"¡Ciella, no respondió a mi pregunta sobre si somos amigos!".
Pero después de una sola palabra, desistió de intentar calmarla.
Si esa era la única razón por la que lloraba como si se acabara el mundo, la habrÃa destruido allà mismo si no fuera por sus poderes de purificación.
'La mataré en cuanto salga del espejo'.
Tyriel continuó, ajeno al rechinar interno de dientes de Knox.
"No le caigo bien al prÃncipe heredero, no le caigo bien al duque Justice, no les caigo bien a las otras jóvenes, todas me odian, ¡por qué todas me odian! Soy de una familia oficial como Ciella!".
「...」
"Ciella, heuk, siempre es alabado, heuk, y yo siempre soy heuk, odiado, y quiero ser alabado, heuk, también, heuk".
「...」
"Quiero ser como Lavirins, en una buena familia con mucho dinero, heuk, y ser guapa, heuk, y tener muchos amigos... Quiero vivir asÃ... heuk... ¡waaah, waaaah!".
Atrapado en el espejo, no podÃa salir, y si seguÃa escuchando, se echarÃa a llorar.
El impaciente Knox preguntó sin rodeos.
「¿Puedo hacer eso por ti?」
"Waaaah, waaauk, waaah..... ¿Qué?"
Tyriel, que habÃa estado llorando sin aliento, se detuvo. Levantó la vista a través de los ojos hinchados para ver a Knox, que no habÃa conseguido mantener la compostura y mostraba su disgusto en el rostro.
「Lo que quiero decir es que si puedo meterte en una buena familia, como tú dices?」.
"¿Eh...?"
Tyriel parpadeó, sin entender las palabras de Knox. Entonces, en lugar de intentar que lo entendiera, Knox preguntó otra cosa.
「Dijiste que tu padre, un plebeyo, ya estaba muerto.」
"Ah, sÃ... ¿Pero cómo...?".
「Trae al Santo Padre.」
Ignorando las palabras de Tyriel, Knox ordenó que trajeran al Papa. Mientras ella salÃa y el Papa entraba, Knox hizo una rápida pregunta en un tono de ira sin paliativos.
「¿Qué casa es igual o mejor que los Lavirin?」
"¿Por qué de repente-"
「Respóndeme.」
Exasperado por los lloriqueos de Tyriel, Knox utilizó su habilidad. Hipnotizado al instante, el Papa respondió con los ojos en blanco.
"Cualquier familia que cumpla las condiciones será... Duque Absulekti, Duque Justicia y Marqués Cherish-".
「Absulekti no existe, y Justicia está más allá de mis encantos. El Marqués Cherish estarÃa bien; llama al Marqués Cherish.
El hipnotizado Papa asintió lentamente.
Poco después, el marqués Cherish, llamado por el Papa, pisó el umbral del Vaticano.
A partir de ese dÃa, el imperio se vio trastornado por acontecimientos sin precedentes.
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