La heroÃna tuvo una aventura con mi prometido 111
La última vez Reynos confesó primero, asà que esta vez es mi turno. Lo voy a hacer con estilo, en un lugar muy lindo, y lo voy a hacer sin Cuero, y lo voy a hacer solo.
Sólo entonces.
"Ejem."
El marqués Lavirins tosió como si me mirara.
Levanté la mirada, desconcertado, al darme cuenta de que el Marqués no parecÃa contento con mi compañÃa de Reynos.
"Pensé que querÃas que tuviera éxito con el prÃncipe heredero, ¿qué le pasa?"
El marqués, que volvió a toser cuando aparté la mirada, explicó.
“Bueno, he estado pensando en ello. Si te conviertes en princesa heredera, ¿no podrás tener éxito en el puesto de patriarca o has perdido interés en convertirte en patriarca?
"No, tengo la intención de hacer ambas cosas, y no está prohibido por la ley imperial, ¿verdad?"
La expresión del Marqués de repente se iluminó, y ese era el problema.
“Me alegro de que eso sea lo que piensas, pero no estoy seguro de que a la corte imperial le guste… Si la princesa heredera también es la cabeza de familia, eso significa que tiene mucho poder de simulación. No habÃa pensado en eso antes. Mmm."
¿Entonces te volviste loco porque te gustaba estar cerca del prÃncipe heredero?
Miré al Marqués Lavirins, que no habÃa tenido en cuenta la situación polÃtica. En serio, esta familia, cómo no está arruinada, ha sido criada por vasallos, ¿no?
"Tarde o temprano tendré que pedir ser marqués".
El Marqués tosió un par de veces, como si se diera cuenta del error de sus acciones por mis ojos nublados. Fue entonces cuando alguien llamó a la puerta de su oficina.
“Lo siento mucho, mi señora, pero ya casi es hora de ir al palacio…”
Era mayo. Su voz era ronca, como si se disculpara por interrumpir la conversación.
"¿El Palacio?"
El marqués me miró con los ojos muy abiertos, como si no supiera de qué estaba hablando. Me encogà de hombros.
"Por desgracia, Su Alteza me ha invitado al palacio".
Hoy era el dÃa en que Reynos debÃa mostrarme su duelo con el caballero. También se ofreció a mostrarme el palacio del prÃncipe heredero, asà que incluso preparé un picnic para la ocasión.
Por supuesto, mis habilidades culinarias eran terribles.
"¡Extrañar!"
"¡¿Estás vivo?!"
"Está viva, la cocina parece un poco muerta. Hmmmm, no, solo me alegro de que esté bien, señorita".
“A partir de ahora lo haremos nosotros mismos; No queremos que la señora resulte herida”.
De todos modos, me dirigà al primer piso, listo para partir.
El marqués, que parecÃa mucho más relajado ante la noticia de que yo asumirÃa el tÃtulo, me deseó lo mejor e incluso me despidió.
Cuando vio la cesta de picnic en mi mano, me lanzó una mirada envidiosa y luego tÃmidamente murmuró algunas palabras.
“¿Por casualidad tienes alguno para este papá…”
"No."
Yo dije.
Mi tono firme hizo que el marqués se pusiera de mal humor.
De todos modos, lo dejé atrás y me subà al carruaje imperial que Reynos habÃa enviado especialmente para mÃ.
***
El interior del palacio del prÃncipe heredero era bastante impresionante.
Era elegante pero no ostentoso, sencillo pero con todo lo necesario. Fue muy Reynos.
De hecho, me preocupaba que Reynos viviera en un lugar lluvioso y con goteras, todo inclinado por la persecución de la Reina.
No es raro oÃr hablar de miembros de la realeza humilde que viven en palacios en ruinas y son tratados mal, pero ese no era el caso en absoluto. Para ser honesto, me encantarÃa vivir aquÃ.
"Bueno, el actual emperador querÃa mucho a la difunta emperatriz".
Asà que tomó algunas decisiones difÃciles, como mantener vacante el puesto de Emperatriz y convertir a Reynos, el único hijo superviviente, en prÃncipe heredero a pesar de las objeciones de muchos otros.
"El ratón se preocupa por el gato."
DeberÃa haberlo sabido mejor antes de gastar tanto dinero.
Desafortunadamente, no fue Reynos quien me recibió en el palacio del prÃncipe heredero, sino el chambelán del prÃncipe heredero.
El Emperador habÃa llamado a Reynos a toda prisa, por lo que estaba fuera de lugar.
'Tsk.'
Qué mal emperador. No deberÃas tenerle tanto cariño a Reynos, yo también lo necesito.
Refunfuñé para mis adentros y pateé con los pies la alfombra debajo de mi vestido; y el chambelán, que me miró con ojos brillantes y cariñosos, preguntó con cautela.
“Si está mirando alrededor del palacio, Su Alteza estará aquà en breve. Su Alteza deseaba que me asegurara de que el Pequeño Marqués no tuviera problemas para ver el palacio en su ausencia”.
Fue una lástima, pero no tuve otra opción, asà que acompañé al chambelán en un recorrido por el palacio del prÃncipe heredero.
El chambelán no dudó en mostrarme no sólo las áreas públicas, como la sala de conferencias, el salón y la biblioteca, sino también las áreas privadas, como si Reynos lo hubiera advertido.
El espacio personal de Reynos tenÃa un aroma cÃtrico distintivo que podÃa oler mientras exploraba el espacio. En un cuaderno abierto sobre el escritorio de su estudio privado, encontré que Reynos habÃa escrito: "Nunca cinco". "Nunca cinco."
'…¿Mmm?'
¿Qué es esto, algún tipo de palabra clave?
"Este estudio es donde Su Alteza pasa la mayor parte de su tiempo y-"
Escuché atentamente al chambelán mientras continuaba su explicación y me quedé mirando mis notas con desconcierto.
En una estanterÃa en la parte superior de la antecámara, algo sorprendente me llamó la atención.
Escondido entre los libros de economÃa, geografÃa y estudios imperiales, vi…
'¿Eh?'
Era un libro rojo. A juzgar por la portada, parecÃa la segunda entrega de 'Why She Crys at Night'.
Yo estaba realmente sorprendido. Pensé: '¿Reynos también ve cosas asÃ?'
Bueno, es un tipo grande, asà que no fue extraño. Pero es un poco sorprendente que tenga el mismo gusto que yo. Eso es bastante profundo... Reynos también tiene muy buen gusto.
…Esperar. ¿No es ese otro libro rojo? ¿No es eso 'Como un caballero de dÃa y una bestia de noche'?
Una vez que encontré el libro rojo escondido, habÃa más libros rojos escondidos por todas partes.
'Eso es 'Solo un año, mimame', es decir, 'Mi amigo ama tanto los XX de mi esposo', eso es….
… ¿Por qué tiene el mismo gusto que yo?
Algo estaba mal. Mientras reflexionaba sobre el pensamiento, las palabras del cuaderno de Reynos pasaron por mi mente. No es una mujer y, sin embargo, tiene muchos libros escritos para el público femenino escondidos en su estudio.
[Nunca cinco.]
Cinco cinco…?
Cinco, un libro rojo.
¿Eso no me recuerda a alguien? El hombre a quien le habÃa dicho que cinco era un no-no y que deberÃa recomendar el Libro Rojo, y que habÃa garabateado diligentemente mis consejos en su cuaderno.
Me quedé helado de horror ante el pensamiento.
Mientras estaba allà presa del pánico, alguien me llamó afectuosamente desde atrás.
"Dama."
"¡Aaaahhhh!"
Grité reflexivamente, alejándome de la otra persona. Reynos, con una mano extendida en mi dirección, parecÃa sorprendido.
"Lo siento, no quise asustarte".
Estaba vestido con todas sus insignias, como si acabara de llegar de un encuentro cara a cara con el Emperador. Normalmente, lo habrÃa felicitado por su belleza, pero ahora mismo sacudà la cabeza con incredulidad.
"Oh, no, solo estaba pensando en otra cosa, asà que..."
Intenté calmar los rápidos latidos de mi corazón alejando los pensamientos vertiginosos en mi cabeza. ¡Vaya, vaya, vaya, vaya, vaya! Pero no salió volando, como si estuviera pegado a un chicle.
"Señora, su cara está pálida, ¿pasa algo?"
Reynos, con el rostro lleno de preocupación, trató de rodear mis mejillas con sus brazos, pero cuando retrocedÃ, él también lo hizo, se volvió hacia el chambelán detrás de él y le preguntó con frialdad.
"¿Lo que ha sucedido?"
“Oh, no, Su Alteza. No pasó nada y no puedo esperar a ver el juego de espadas, ¡asà que salgamos de aquà ahora mismo!
No querÃa molestar al pobre chambelán y querÃa salir de este estudio o, más exactamente, del palacio del prÃncipe heredero, justo frente a los ojos de Reynos.
Pero eso me harÃa ver muy raro, asà que tomé la iniciativa de salir corriendo al aire frÃo.
Reynos me siguió, todavÃa un poco aturdido.
***
Mientras caminábamos en el frÃo viento invernal, recuperé algunos de mis sentidos… El problema fue que era solo un poco.
Me dirigà frenéticamente al área de entrenamiento del palacio del prÃncipe heredero, ajeno a la expresión medio aturdida en mi rostro.
De hecho, apenas estaba en el camino correcto cuando Reynos me agarró la mano para evitar que fuera en la dirección equivocada.
"Dama."
"..."
"¿Estás bien?"
No pude escuchar una palabra.
Incluso tomados de la mano, ni siquiera podÃa sentirlo.
'Real... ¿Es real?'
Reynos me miró con ansiedad, como si me faltaran docenas de tornillos, pero no hizo palanca, dándose cuenta de que no querÃa decirle por qué.
Eso fue un alivio.
Fueron las amables palabras de Reynos las que me hicieron volver a la normalidad.
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