Llora Hermosamente 87
"Lo siento si no lo sabÃas. Lord Akkard es un hombre muy varonil. Tal vez por eso hay muchas mujeres que tienen amplias aspiraciones y un gran corazón. No sólo las ovejas van tras él, Damia"
Fingiendo ser guapa, Theresa le explicó a Damia de manera trsite
"Que yo sepa, incluso ha habido varias a la vez"
El entorno la maltrataba porque se negaba relacionarse con Akkard. No sabÃa si era sólo ella, pero la voz de Theresa estaba enfurecida, como si lo maldijera.
'Oh, ahora que lo pienso, hace mucho tiempo...... dijo que salÃa con Sir Akkard'
Damia estaba convencida de lo que habÃa escuchado en aquel momento.
El rostro de Theresa, que era tan suave y terso, estaba antinatural, a diferencia que cuando se hablaba de Heinrich.
No lo sabÃa, pero estaba claro que antes le gustaba bastante Akkard.
Pero la historia de Akkard, sacada de la nada por Theresa como su As bajo la manga, no perjudicó en absoluto a Damia. Akkard, llamado Ajhal Teke, el semental de la capital, ya habÃa llegado al Norte antes de lo imaginado.
Damia sabÃa todo esto, lo sabÃa a profundidad, porque se acostó con Akkard. Gracias a esto, podÃa ignorar las palabras de Theresa con una comodidad inquebrantable.
"Bueno, no sé de qué estás hablando. Si has terminado, ¿puedo irme ya?"
Al terminar el comportamiento de Damia de fingir falta de tacto, Leah se golpeó el corazón. No pudo soportar más la creciente frustración y apuntó con el dedo y gritó.
"¿Qué carajos?¿Cómo que no lo sabes? Sólo eres una de las numerosas compañeras de cama de Lord Akkard"
Al final del estruendoso grito de Leah, hubo un momento de silencio.
Damia pudo sentir los ojos curiosos que la miraban. Esperaban que Damia se sintiera herida al darse cuenta de la realidad.
'Qué turbio'
Damia podÃa sentirlo por su intuición de mujer. El hecho que algunas de ellas probablemente tenÃan en mente a Akkard.
Las chicas que tenÃa delante eran tan sofisticadas y hermosas como los aristócratas de la capital. Eran como una flor de peonÃa en plena floración.
Asà que Akkard tampoco se habrÃa resentido especialmente con ellas. Es un hombre que no bloquea a las mujeres que vienen, ni a las que van.
Tal vez incluso tuvo una relación real con algunas de ellas.
Bueno, Akkard Valerian era un hombre de mala muerte, sabÃan todo acerca de su comportamiento, pero estaban obligadas a ser seducidas.
Eso querÃa decir que lo quieren. QuerÃan que Damia también sea herida como ellas. Que se rompa en pedazos, lejos de la esperanza de tener a Akkard por un momento.
"¡Hmph! Al parecer, eres un poco parca en palabras. Debes haber pensado erróneamente que era especial. ¡Despierta! Porque él no ama a nadie"
Leah, que es snob, declaró en un tono ridÃculo. Pero habÃa un odio indiscutible en sus ojos.
Con una sonrisa amarga en el rostro, Damia levantó la barbilla de forma elegante. Y respondió con calma a los ojos que me miraban.
"Lo sé"
"...¿Qué, qué?"
"Lo sé, sólo soy una de las numerosos presas de Lord Akkard"
Como si algo estuviera mal, Damia se encogió de hombros. Luego abrió mucho los ojos y preguntó a Leah al revés:
"¿No lo sabÃas? Eso es lo que se supone que es"
Era como si el sol saliera por la mañana y la luna por la noche. Asà que Leah no tuvo más remedio que reÃr.
"...estoy alucinando, de verdad"
Es curioso que, en proporción a la voz temblorosa de Leah, la cara de Theresa que estaba detrás también palideció. Como una persona que se ha visto sorprendida por las palabras de Damia.
Pensó que serÃa diferente. Se sintió orgullosa de captar los ojos de un hombre arrogante que miraba a los demás por encima del hombro.
Al menos durante la relación, Akkard se centró en sà mismo, porque era un hombre de mal carácter, fingÃa ser amable.
Lo confundÃan como si fuera algo especial. Asà que... Cuando la abandonaban, le dolÃa aún más.
"No me importa si lo crees o no, pero no tengo nada que ver con el PrÃncipe Heinrich ni con Lord Akkard. No me equivoco con mis palabras"
Nota Asure: Ya expliqué capÃtulos anteriores este punto de Sir y Lord, espero no se confundan.
Ante los sorprendidos y endurecidos mujeres, Damia añadió una explicación adicional. Su cara, que se convirtió en la única ganadora por no querer a Akkard, estaba serena.
"De todos modos, me voy pronto, asà que te agradecerÃa que dejaras de prestar atención. Bueno, adiós"
Damia, que pronunció su último saludo, estaba a punto de darse la vuelta. Theresa, que habÃa estado apretando los puños con fuerza, abrió la boca.
"...No seas ridÃcula. Es tan abominable pretender estar tranquila por ti misma"
La fuerte declaración de Theresa, finalmente hizo quitarse la máscara que tenÃa, fue implacable.
Ella no querÃa admitir que estaba sorprendida por las palabras de Damia. Y el hecho que siga colgado de Akkard, con el que sólo pasaba el rato.
Naturalmente, Theresa querÃa sacudir a Damia tanto como ella se sentÃa confundida. Aunque sea una represalia vergonzosa.
"¿Crees que estoy realmente preocupada por ti?"
Theresa, que se rió en tono agudo, sacó la hoja que esperaba y dio un golpe.
"Es realmente gracioso. Lord Akkard, dijo que realmente se acostó contigo"
Al primer ruido, Damia cerró la boca. Cuando Damia, que habÃa estado contestando sin dar muestras de ser empujado hacia atrás, guardó silencio, Theresa se excitó aún más.
"Bueno, supongo que era verdad. ¡Oh, Dios mÃo! Las mujeres del norte dicen que ser banal es la única virtud. ¿Qué harás si ni siquiera tienes eso? ¡Solo abriste las piernas a Akkard Valerian!"
Tal vez sea porque es pelirroja.
Un fuerte desprecio se expresaba en el tono de pureza prenupcial de Theresa. En su tono, que parecÃa ser tratada como una cortesana, Damia apretó los dientes sin darse cuenta.
'No esperaba que Lord Akkard dijera eso'
Por supuesto, debió de ser en el pasado. El pasado libertino de Akkard Valerian, que él no conoce.
Pero la vergüenza instintiva le calentó las mejillas y la sangre se le subió a la cabeza. Debido a esto, no pudo pensar en una refutación adecuada porque la cabeza le daba vueltas y sus pensamientos estaban mezclados.
"Zorra pelirroja"
Theresa, convencida que Damia estaba sorprendida, se rió. Cuando vio esa sonrisa triunfal, de alguna manera su corazón se conmovió.
Afortunadamente, Theresa tenÃa algo que le recordaba a Louisa en muchos aspectos. Por eso, Damia sabÃa cómo tratarla.
"Oh, Dios mÃo"
Sorprendida por las sucias palabras y acciones de Theresa, Damia abrió mucho los ojos. Y le preguntó descaradamente con una mirada inocente.
"¿Tan celosa estás que me acosté con Lord Akkard?"
"¿Qué tonterÃas dices? ¿Acaso merezco tener celos de semejantes vulgaridades?"
Respondió frÃamente Theresa, tapándose la boca con un abanico. Sin embargo, Damia no se echó atrás y envió una dolorosa puñalada a Theresa.
"Pero yo, me enteré"
"¿Qué cosa?"
"Señorita Theresa, he oÃdo que Lord Akkard la ha dejado"
La barbilla de Theresa, que se habÃa ocultado tras el abanico, estaba tensa.
No sabÃa cómo sabÃa aquella pueblerina del norte. Fue hace mucho tiempo, salieron por poco tiempo, asà que hay poca o escasa gente que conozca ese tema.
Pero Damia no terminó con esto. Sonrió orgullosa con su bonita cara, con su precioso pelo detrás de las orejas.
"Bueno, Sabes mucho sobre esta pelirroja. Al menos soy una zorra. De todos modos, es cierto que me acosté con Lord Akkard"
"......."
"¿Pero no crees que es mejor pretender estar tranquila que ser abandonada por el hombre que te gusta? Al menos fui honesta con mis necesidades"
'Aún tienes sentimientos persistentes después de ser abandonada, por eso estás celosa de otra mujer'
El murmullo de Damia acabó por enrojecer la cara de Theresa. Ella gritó, distorsionando su rostro como un demonio.
"Suena tan vulgar. No puedo seguir hablando contigo porque creo que mi nivel va a cambiar".
Damia sonrió alegremente como si lo hubiera esperado. Y como hizo Theresa antes, se dio la vuelta y se despidió suavemente.
"Adiós, rubia anticuada"
Theresa, que no pudo aguantar su enfado, salió corriendo con el tacón roto. Luego, las mujeres que observaban la sangrienta discusión la siguieron apresuradamente.
"¡Espere un momento!"
"¡Venga conmigo, señorita Theresa!"
Damia, que se quedó sola, sonrió con amargura. Al menos la sensación de haber conseguido la victoria era mejor que la de la derrota. Pero eso fue todo.
'Creo que el Palacio no es mi lugar adecuado'
Damia, que llevaba un rato allÃ, se dio la vuelta con cara de cansancio. Y en cuanto dobló la esquina, se encontró con un rostro conocido.
"......Damia"
Akkard Valerian, con un ramo de hortensias blancas en la mano, estaba allÃ. Escuchó la conversación de Damia, con una cara más blanca que las flores.
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