Llora Hermosamente 75
"¿Magda? ¡Por favor!"
Magda, que montaba guardia a la entrada del Palacio Real por orden de Heinrich, inclinó la cabeza. Y se dirigió al exterior con mucho tacto. Fue a buscar a Damia.
Heinrich, que vislumbró a la confiada Magda, sonrió con la barbilla doblada.
"¡Muy bien, por fin podré ver la belleza del Norte en persona! Estoy deseando escucharla. ¿Qué tan hermosa será?"
Era bueno que Heinrich recuperara su energÃa, pero por el contrario, Akkard estaba un poco fuera de sÃ. Sin embargo, Heinrich, que no lo notó, siguió riendo a su lado.
"Cuando hagas eso, avÃsame. Una curiosidad, Sir Akkard, ¿Es tan bella como tu hermana?"
Los ojos de Heinrich brillaron cuando mencionó la sangre de Akkard, Sienna Valerian. Akkard replicó, frunciendo el ceño.
"Con el debido respeto ¿Estás mal de los ojos? ¿Qué tiene de bonita una mujer parecido a un demonio?"
Como la mayorÃa de los hermanos, la crÃtica de Akkard a su hermana fue extremadamente dura. Ambos hermanos, en particular, tenÃan una relación áspera, por lo que los comentarios de Akkard eran aún más francos.
Cuando Heinrich escuchó esto, chasqueó la lengua.
"Eres el único que habla asà de Sienna. Es una belleza que se llama el Advenimiento de la Diosa del Destino"
"No tiene ninguna gracia"
Sienna es la mayor pitonisa del reino, lo cual era muy favorecida por la reina. Heinrich murmuró recordando a Sienna, que siempre vivÃa en el Palacio de la Reina y no estaba bien expuesta.
"Ojalá ella pudiera ayudarnos. Qué pena"
Pero ni Sienna ni la Reina eran las figuras que declaraban no tener nada que ver con la polÃtica. Y en realidad, ahora disfrutaban de una vida feliz.
No conocÃa a nadie más, pero la reina, madre de Heinrich, lo sabÃa bien. Cuánto sufrió su madre por la mala costumbre del rey. Cuántas disputas polÃticas tuvo que pasar para establecerlo como el 'único' PrÃncipe Heredero.
Y Sienna Valerian fue la colaboradora número uno para ayudar a la reina a ganar todas esas batallas polÃticas. Anunciaron su retirada en cuanto Heinrich fue coronado prÃncipe heredero.
Asà que Heinrich no se atrevió a arrastrarlas de nuevo a esta cuneta. Sonrió con amargura y ocultó su decepción como una broma.
"El palacio está solo porque Sienna no está a la vista estos dÃas. Gracias a ti, mis ojos están muy apagados. ¡Qué feliz estarÃa si Lady Damia pudiera venir y abrir bien los ojos!"
Por fin se acabó la charla sobre Sienna, pero la expresión de Akkard empeoró. Le pareció que la forma de hablar de Heinrich, que sacaba a relucir la visita de Damia hoy, era especialmente intrusiva.
"Ella vino hasta la capital para ayudarme. Asà que deja de hablar como si fuera una especie de caramelo para tus ojos"
"...¿Qué?"
Como era tan sorprendente el fingimiento de Akkard, Heinrich abrió la boca de par en par. Luego, borró su jocosidad y puso una cara seria.
"Sé sincero conmigo"
"¿Qué quieres decir?"
"Te gusta esa chica, ¿no?"
"¿Por qué dices esas tonterÃas?"
Volvió a preguntar el ceñudo Akkard. Cuando su subordinado con una personalidad más fuerte que la suya estaba de esa forma, el PrÃncipe Heredero solÃa agitar las manos a modo de broma.
Sin embargo, esta vez Heinrich no dio un paso atrás. Entornando las cejas, insistió con más insistencia.
"¿Qué me acabas de decir?"
"¿Cuál es el problema?"
"No, es raro. En primer lugar, Sir Akkard es una persona que sólo mira a las mujeres por disfrute. ¿Ahora me dices que no hable de su aspecto?"
Heinrich sacudió la cabeza como aspavientos como quién diciendo: 'Es ridÃculo'. Gracias a esto, Akkard se convirtió en una basura que sólo miraba la cara de una nueva mujer con un parpadeo. Akkard, que se puso una sonrisa amarga, contraatacó inmediatamente.
"Supongo que quieres comprometerte. Ahora que lo pienso, creo que la señorita Theresa es un muy buen partido para Princesa Heredera....."
"Lo siento. Lo siento"
Heinrich se rindió inmediatamente frunciendo el ceño. Sin embargo, fue incapaz de renunciar a sus sentimientos persistentes y finalmente comenzó a mirar a Akkard.
"¿No puedes ser sincero conmigo?"
Preguntó Heinrich, que tenÃa la mirada más seria del año. Sin rodeos, para que fuera inevitable.
"¿De verdad no te gusta la señorita?"
".....ahh"
Un breve suspiro salió de la boca fruncida de Akkard. En cuanto recordó la relación entre Damia y él, la audición del pasado pareció resonar en sus oÃdos.
'Sólo somos amigos con derechos. Ha sido asà todo este tiempo y no irá más allá'
Para siempre....
Qué bonito y sin corazón eran los labios de Damia. TodavÃa parecÃa que estaban en su mente.
Las palabras que atravesaron su corazón como espinas nunca desaparecieron. En cuanto se quejó del dolor que habÃa olvidado por un momento, Akkard apretó los dientes.
El orgullo herido por primera vez oscureció su visión y paralizó su razón. No querÃa admitir que era el único que se sentÃa herido cuando Damia dijo eso.
¿Fue por eso?
Akkard tuvo que contener el golpe de lágrimas. Tuvo que decir algo de lo que se arrepentirÃa el resto de su vida.
"No existe amor hacia ella. Solo es por su cuerpo"
Rattle-
¿Fue un truco travieso de Dios? En ese momento, de todas las cosas, la puerta de la Habitación Real se abrió y Damia entró.
"......."
Por un instante, hubo un frÃo silencio en la audiencia. Damia, tan curiosa, estaba delante de él, pero Heinrich no podÃa ni hablar.
¡Dios mÃo, por qué ahora......!
Heinrich la vio. Los hombros de Damia estaban rÃgidos mientras entraba.
Lo más seguro era que acababa de escuchar lo que dijo Akkard. Heinrich, sin darse cuenta, se tapó la boca con las manos. Y hacia el rÃgido Akkard congelado, habló con los ojos.
Realmente hay algo.
A Akkard le pasó lo mismo y no pudo decir nada. Rápidamente giró la cabeza para comprobar la expresión de Damia. Ni siquiera sabÃa lo desesperado que eran sus propios gestos.
Como es del Norte, la cara de Damia parecÃa una figura de cera. Más aún cuando estaba pálida y su expresión habÃa desaparecido.
Los labios rojos de Damia, que se abrÃan sin hacer ruido, se veÃan temblar un poco. Era una costumbre que ella tenÃa cuando lloraba en la cama, algo que se veÃa a menudo.
Asà que Akkard pensó que tal vez mostrarÃa lágrimas. En el momento en que lo pensó, su cuerpo se levantó por reflejo de su asiento. Como si saliera corriendo hacia ella en este momento.
"...Veo a su noble PrÃncipe Heredero"
Afortunadamente, antes de eso, Damia, arrodillada, saludó a Heinrich. Su voz era sorprendentemente tranquila.
En cuanto lo oyó, Akkard se despertó como si estuviera cubierto de agua frÃa. Esta era la realidad y Heinrich lo miraba por detrás.
Estaba lo suficientemente avergonzado como para olvidar todo esto en un momento:
"Soy Damia, la hija mayor del Conde Primula. Muchas gracias por darme esta oportunidad de interactuar"
Su voz era tan fina que parecÃa desaparecer en cualquier momento mientras saludaba a la corte real de acuerdo con la etiqueta de la corte. Pero no tembló ni lloró en absoluto.
"Me alegro de verte. Lady Damia"
Afortunadamente, Heinrich, que volvió en sà antes que Akkard, aceptó el saludo. Luego se tambaleó y señaló una silla ya preparada.
"Acércate y siéntese"
"Gracias por su consideración"
Damia, que caminaba elegantemente sin hacer ruido, se sentó en la silla. Sólo entonces Heinrich, que vio bien su rostro, la admiró en sus adentros.
Bien.
Era una belleza inolvidable con una atmósfera intensa. Una mujer que nunca se sentirÃa herida si le miraba a la cara. Más bien, usando su belleza y encanto, parecÃa hacer llorar a los hombres.
Sin embargo, Heinrich, que es rápido en la polÃtica, pronto pudo darse cuenta.
Sus párpados, que brillaban sutilmente, temblaban ligeramente desde antes y sus gruesos labios estaban demasiado apretados para ser tan finos como una luna creciente. Como si retuviera las lágrimas con todas sus fuerzas.
Hoy fue el peor dÃa para Damia.
**********
Mientras esperaba el turno de la visita, la cara inesperada que encontró en el patrocinio la asustó.
"¿Damia? ¿Eres tú?"
La cara de Kael mirándola con cara de sorpresa era tan hermosa como siempre. No, era mucho mejor.
El continuo entrenamiento le dio fuertes músculos a su delgado cuerpo. Esto hizo que su mansa expresión sea mucho más varonil y afilada.
"...Kael"
Damia le miró embelesada. El rostro que echaba de menos en el sueño estaba frente a ella. Se ha acostumbrado a ello, porque fue su primer amor.
"¿Por .. Por qué estás en el palacio? No... No pensé que... estarÃas .... por acá......."
Cuando Damia tartamudeó sin darse cuenta y preguntó, los ojos grises de Kael crecieron.
"Damia ¿No recibiste mi carta?"
"¿Carta?"
"SÃ, esta vez estoy escoltando a una santa, asà que escribà que iba a la capital"
'Vaya. La carta era tan amarga que cometà el error de no leer el final'
"Siento no hablar contigo, Calistea. Inesperadamente, me he encontrado con una amiga"
Kael inclinó la cabeza hacia la mujer de Túnica Negra que habÃa estado reteniendo a Damia. Sólo entonces Damia, que recuperó la razón, reconoció su nombre.
'Calistea .... eres la .... Santa'
Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar un comentario o una votación 😀😉.
0 Comentarios