La Elección de Afrodita 35
Asunto impulsivo (II)
"No es asÃ. Mis sirvientes no son asÃ. Les confÃo mi vida"
"¿De verdad? Entonces, ¿por qué all�"
"Bueno, sólo porque..."
Afrodita se detuvo deliberadamente a mitad de la frase y luego le susurró rápidamente a Ares:
"Porque tuve mi primera noche allÃ"
El efecto fue inmediato, exactamente lo que Afrodita esperaba. Los ojos del dios de la guerra se ensancharon y luego se estrecharon mientras su rostro, ya enrojecido, se ponÃa aún más rojo. Era obvio que estaba pensando en su marido y no de forma amable. Por supuesto, eso era lo que querÃa hacer Afrodita. Ella estaba calculando en el odio de Ares por su hermanastro para hacerle ignorar el riesgo de iniciar los rumores. Eso, y su lujuria por ella.
"Vamos, demuéstrame que eres un hombre de verdad"
"Ten cuidado con lo que deseas"
Gruñó Ares mientras tiraba bruscamente de ella hacia su caballo negro a unos metros de distancia.
"¡Con cuidado! No soy una chica de granja"
Protestó Afrodita cuando Ares comenzó a quitarle la ropa y empezó a morderle las nalgas. No el suave mordisco de un amante, sino las acciones casi violentas de un rufián. La destreza con la que el dios de la guerra la desnudaba mientras mordÃa alternativamente sus picos y pasaba la lengua por todo su pecho revelaba a alguien que tenÃa mucha experiencia.
Sin embargo, la experiencia no significaba placer, como demostró el dios que estaba encima de ella. La piel blanca y blanca de la diosa del amor se enrojeció rápidamente con las marcas de los dientes y los arañazos de las uñas de Ares. Un amante más experimentado habrÃa sabido cómo provocar sus nervios con mordiscos y pellizcos. En cambio, esto se sentÃa como si Afrodita bajara a algún pantano de la tierra donde millones de insectos mordisquearan su cuerpo.
"Cállate. Asà es como lo hacen los hombres de verdad"
Gruñó mientras abrÃa una de sus piernas con la mano mientras metÃa un largo dedo con la otra. Ella jadeó con dolorosa sorpresa ya que aún no estaba mojada. ¿Quién iba a estarlo, con los torpes intentos de Ares en los juegos preliminares?
Él no se dio cuenta, confundiendo su expresión con una de placer. Dijo:
"Bueno, estás un poco apretada. Ten paciencia"
"Espera un momento. Ares. Por favor..."
Cortó a Afrodita cuando encontró su clÃtoris y comenzó a masajearlo, haciendo que la diosa del amor gimiera de agradecimiento. Ares se rió con satisfacción mientras le soltaba la pierna y tomaba uno de sus picos erectos.
"¿Ves?" dijo con una sonrisa de satisfacción.
Eso irritó a Afrodita. No cabÃa duda de que Ares era bueno con las manos, de una manera ruda. Pero todo eso se perdÃa en el momento en que abrÃa la boca. Y al dios de la guerra le gustaba hablar y hablar sin pensar en sus palabras.
"No tienes que contenerte para hacer sonidos. Cuanto más lo oigo, más me excito"
Afrodita se congeló ante esas palabras.
'¿Estoy acostándome con una adolescente mortal?' pensó consternada.
Los ojos de la diosa del amor le dijeron que Ares, con su cuerpo moldeado por mil y una guerras, estaba frente a ella. El mismo cuerpo que hizo que muchas mujeres, ya sea en el Olimpo o en la Tierra, lo desearan. El mismo que hizo que muchas en el Olimpo predijeran que él y no Hefesto, serÃa su pareja elegida.
"Levanta las caderas" le ordenó.
Afrodita se quedó mirando su rostro liso y sin manchas. Cada detalle suyo era perfecto, de la cabeza a los pies. Pero para la diosa del amor, no habÃa nadie en el universo más feo que el que tenÃa ahora delante. Empezaba a darse cuenta de que todo lo que decÃa de mostrarle cómo era 'un hombre de verdad en la cama' era sólo eso: palabrerÃa. En realidad, a Ares sólo le importaba su propia satisfacción, no la de ella. Por eso la instaba a gemir como si estuviera en éxtasis, en lugar de obligarla a hacerlo.
Oh, esto es terrible. Un hombre que sólo piensa en sà mismo.
Pero cuando Afrodita pensaba en ello, la naturaleza de la guerra era la misma. En particular, Ares perseguÃa la destrucción, la matanza y el saqueo sólo para su propio beneficio. En sus innumerables guerras, la victoria era lo único importante. Estaba segura de que la consideraba como una conquista más, sin otro propósito que el de complacerlo.
Se decÃa que los reyes que consideraban la violencia indiscriminada como una cualidad masculina adoraban principalmente a Ares. Ella no los habÃa visto en persona, pero podÃa deducir que la mayorÃa de ellos imitaban la arrogancia de Ares y causaban penurias en la tierra. Como si los corazones de las mujeres, los niños y otras personas no existieran.
Tengo que parar. Los humanos están bien, pensó molesta. Afrodita se habÃa decidido.
"Abre más las piernas"
Gruñó Ares mientras intentaba penetrarla, cortando sus pensamientos.
"No"
Los oÃdos de Ares no podÃan creer lo que estaban escuchando. Nadie le habÃa dicho eso antes, salvo para burlarse de él e instarle a continuar. Sin embargo, nadie más era una diosa, mucho menos la diosa del amor. A Afrodita le repugnaba que esta excusa babosa y egocéntrica de un dios pensara en esto como 'hacer el amor'.
'Cómo te atreves a manchar el nombre del amor', gritó en silencio.
Puso ambas manos en el pecho cincelado de él, mientras subÃa las rodillas hacia su pecho. Con un solo movimiento, lo empujó con ambas manos y pies. La risa de Ares, provocada por la idea errónea de que Afrodita sólo se hacÃa la difÃcil, terminó abruptamente.
"¿Qué? ¿Qué está pasando?"
Afrodita miró fijamente a Ares.
"No vuelvas a tocarme. Vete de aquÃ"
"Me rogaste que viniera aquà y ahora me haces salir. ¿Has perdido la razón?"
Ares tenÃa parte de razón, pero era porque ella lo habÃa malinterpretado. Si ella supiera que él sólo era capaz de amar fÃsicamente, entonces no lo habrÃa traÃdo aquÃ.
"Sà te necesitaba, pero ya no. Asà que, lárgate"
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