La Elección de Afrodita 16
La novia etérea
El Olimpo siempre estaba en primavera. No hacÃa ni demasiado calor ni demasiado frÃo, ni tampoco calor. El clima era constantemente prÃstino.
Era gracias a la fuerza de los dioses que allà residÃan. Su poder también se debÃa al creciente número de griegos que los adoraban. Los hombres, que cultivaban diligentemente sus tierras, plantando olivos, y daban a luz a sus hijos, construÃan templos y se dedicaban a diversas ofrendas.
El santuario que hizo crecer la fe humana en el suelo, el paraÃso de los dioses, invocando pacÃfica y cómodamente la inmortalidad...
Eso era el Olimpo.
Y todos los que vivÃan en el Olimpo se reunÃan hoy en un lugar para bendecir el matrimonio de los dos dioses. La isla en el aire estaba enardecida, y los vÃtores del carruaje de la novia, tirado por un cisne blanco, resonaban claramente en todo el Olimpo.
"¡Es la novia!"
"¡Afrodita está aquÃ!"
Pero para ser exactos, no todas las personas vinieron.
Cogida de la mano de Hera mientras descendÃa del carruaje, Afrodita se paseó por el camino iluminado por la luz de las estrellas. El camino de la novia preparado para la diosa era ciertamente deslumbrante, como para complementar la belleza inigualable de la diosa.
Sin embargo, no mucho después, Afrodita se sintió cansada. El lugar donde se encontraban Zeus, el anfitrión de la boda y Hefesto, el novio, estaba bastante lejos de lo que ella pensaba. Asà que Afrodita escudriñó a los invitados, fingiendo mirar al frente.
La densa congregación de dioses inferiores y ninfas no distinguÃa bien, y después de la mitad del camino, las imágenes de los doce dioses comenzaron a verse una por una.
Atenea, que se apresuró a rodear las afueras y se sentó en su asiento, Artemisa susurrando en presencia de Atenea, Hermes hurgando en el arranque de pie detrás de Apolo, Dionisio estirándose en su propia silla larga, y...
"Falta alguien"
Poseidón estaba sentado aparte, con su esposa y sus hijas al otro lado; Deméter, que estaba al lado de su única hija, Perséfone, estrechaba su mano con la suya. Pero aún asÃ, faltaba alguien.
Hera dijo a Afrodita, que ladeó la cabeza.
"¿Estás buscando a Ares?"
"¿Oh? Oh, ya veo. No hay ningún Ares"
"No le he dejado venir"
"Oh"
Afrodita recibió las palabras de Hera con indiferencia. No era de su incumbencia si Ares estaba allà o no, y no tenÃa nada más que decir porque él estaba ausente por orden de su madre, no por su propia voluntad.
Pero Hera parecÃa haber malinterpretado la reacción de Afrodita.
"Afrodita"
"¿Qué?"
"No intentes llamar la atención de mi hijo"
Por supuesto, Hera se referÃa a Ares, pero Afrodita, ofendida, respondió con indiferencia.
"No sé de qué hijo estás hablando"
"¿Qué?"
"Tienes dos hijos. Uno de ellos es mi novio"
Hera se sintió ridÃculamente provocada, con una voz que se hundió frÃamente habló:
"Cuida tu lengua. ¿Quién es mi hijo?"
Era diferente a lo que Afrodita habÃa visto hasta ahora. Ella no sabÃa que era tan extrema, pero Hera parecÃa despreciar a Hefesto. Dar a luz a un hijo ciertamente no necesita el afecto de la madre, pero hasta tal punto...
Como si no hubiera dicho suficiente, Hera añadió con dureza.
"Mi hijo, Ares, no lo tuerzas. Nunca"
"¿Qué?"
"Si el nombre de ese novio y el de mi hijo vuelven a aparecer juntos, seguro que no te dejaré en paz" amenazó Hera.
Afrodita casi se echó a reÃr. Era ridÃculo. En efecto, su odio contra Hefesto se manifestó, culpándola del escándalo que su hijo favorito provocó.
"¿Cuál es tu respuesta?"
Aun asÃ, trató a Hera como la reina de los dioses. Afrodita sonrió flagrantemente y fingió una exagerada cortesÃa.
"Precisamente, lo tendré en cuenta"
Aunque su cortesÃa era fingida, sus palabras eran sinceras. La advertencia de Hera estaba profundamente grabada en la memoria de Afrodita.
Provocar a Hera, tocar a su precioso hijo, Ares.
"Tú..."
La respuesta de Afrodita no pareció satisfacer a Hera. Hera, con los ojos fruncidos, intentó decir algo de nuevo, pero afortunadamente, habÃan llegado al final del camino de la novia de forma oportuna.
Zeus saludó a Afrodita con una sonrisa.
"Eres una novia preciosa. Qué hermosa"
ParecÃa un saludo ceremonial, pero la admiración que contenÃa era genuina.
Pero tales halagos no inmutaron a Afrodita, de quien se decÃa que era hermosa desde el momento en que existÃa. Ella sólo miró a Zeus por un momento con una mirada aburrida. Por supuesto, no era Zeus si se avergonzaba de tal reacción. El rey de los dioses sonrió y se dirigió a Hera con mucha naturalidad.
"Te ha costado mucho conseguir a la novia, esposa mÃa"
"Bueno, empecemos la ceremonia"
"Oh, deberÃas. Por favor, envÃa una novia al novio. El novio tomará la mano de la novia"
Hefestos, que habÃa sido invisible detrás de Zeus, dio un paso adelante de acuerdo con la llamada. Afrodita sólo entonces pudo ver bien a su novio.
Él era exactamente lo que ella conocÃa.
El pueblo de Dios es básicamente inmortal, asà que si algo hubiera cambiado en unos dÃas, habrÃa sido aún más extraño. No hace falta decir que lo que le molestaba a Afrodita no era su aspecto.
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