El Reinicio de Sienna 35
Lo Ganado y lo Perdido (9)
Incluso sabiendo que Carl ya sospechaba de ella y que lo harÃa más, Sienna no tuvo más remedio que decir esto. En el pasado, él se habÃa sentido considerablemente herido por esa revelación.
Azrael era un sirviente por quien se preocupaba mucho. No podÃa ignorar la traición afilada como una cuchilla que habÃa recibido del hombre en el que habÃa confiado tanto sabiendo que iba a arrastrarlo por el suelo.
“Sé que Su Alteza solo llegará a odiarme más si digo esto. Sin embargo, te lo ruego, ten cuidado con él”.
“¿Por qué deberÃa sospechar de Azrael si solo creo en tus palabras, cuya fuente se desconoce?”
“No hay ningún daño en mis palabras para usted, Alteza. Lo sabrá cuando vuelva al frente. Si no pasa nada para cuando llegues allÃ, puedes validar tus dudas hacia mà y castigarme, pero si crees que existe algo que parece extraño, tendrás que resolver el problema del espÃa que plantó Arya”.
“…”
En ese momento Carl salió de su habitación por la ventana sin decirle a ella que lo harÃa porque creÃa en Azrael. Mirándolo con tristeza desde atrás, Sienna suspiró y murmuró, mirando a la ventana por la que él se habÃa ido: “Te lo he dicho antes, las ventanas no son para que la gente entre y salga”.
Lo habÃa dicho como una broma, pero su rostro estaba rÃgido. Lamentó haber arañado en su mente con sus palabras, pero no pudo evitarlo. Era mejor estrujarle el corazón con palabras que un cuchillo repentino para hacerlo.
Después de dejar la mansión donde vivÃa Sienna, Carl suspiró pesadamente contra la pared.
“Fui allà en vano…”
Le habÃa dicho a Azrael que habÃa podido regresar sin morir gracias a su ayuda. Desde entonces, Azrael le habÃa dicho repetidamente que Sienna era sospechosa.
‘¿No es una coincidencia? Obviamente, solo usted y yo, y la familia Peer sabÃamos que Su Alteza habÃa entrado en la capital. Después de encontrarse cara a cara con esa mujer, Sienna, que te reconoció en las calles, ¿no te atacaron de inmediato? Además, fue ella quien te salvó la vida. ¿Puede repetirse una coincidencia?’
Pensando racionalmente, Azrael tenÃa razón. HabÃan demasiadas cosas sospechosas en ella.
Aun asÃ, Carl tenÃa la sensación de que ella no era del bando de Arya. Pensó que era una tonterÃa seguir granos de sal para juzgar cosas tan importantes, pero esta vez, querÃa creer en sus propios sentimientos.
“No es que me gustarÃa que no fuera asÃ, pero espero que no sea asÔ.
Solo la habÃa visto unas pocas veces, pero extrañamente, sintió la necesidad de apoyarse en ella.
‘Ten cuidado con Azrael’.
Pensó en lo que ella habÃa dicho y negó con la cabeza con expresión melancólica.
“Tener cuidado con Azrael. ¡¿Cómo podrÃa dudar de Azrael?!”
Él era Carl, la persona que no podÃa confiar en la gente fácilmente. Era alguien que devolverÃa una mayor hostilidad a quienes le mostraran hostilidad. Contemplaba la buena voluntad que recibÃa de los demás, pensando en cuáles eran las verdaderas intenciones detrás de ellos. Ese tipo de persona nunca habÃa sospechado ni cuestionado a Azrael, el único en quien habÃa confiado y en quien habÃa creÃdo. Las dudas de él hacia Sienna, quien le pidió que sospechara de un hombre asÃ, estaban destinadas a crecer aún más.
Azrael era el sirviente que habÃa estado a su lado desde la muerte de su madre. Lo habÃa apoyado, quien habÃa tenido que luchar en el campo de batalla desde una edad temprana. ¿Cómo podÃa dudar de él después de más de una década viviendo juntos y estando uno al lado del otro?
“Pero…”
En esta situación, era natural creer en uno mismo, pero en ningún momento se le ocurrió que ella le habrÃa mentido.
Cuando Carl fuera al frente de batalla, como habÃa dicho Sienna, quedarÃa claro quién serÃa un verdadero amigo y quién serÃa un traidor. Pero ella no querÃa que él llegara a ese punto. Tanto si Azrael le hizo daño como si no, Carl no tenÃa nada que ganar. No, más bien, acabarÃa perdiendo algo muy importante.
“Como pensaba, dije algunas palabras inútiles para nada”.
Le habÃa dicho a Carl que tuviera cuidado con Azrael, pero no porque tuviera información clara. Una vez se habÃa sentido extraña cuando vio la larga cicatriz en su espalda cuando Carl estaba dormido.
ConocÃa la fisiologÃa de los caballeros mejor que la mayorÃa porque habÃa crecido en un entorno especial, uno con más caballeros y soldados que granjeros. HabÃa pensado que Azrael lo habÃa apuñalado por la espalda. Muchos lo consideraban el lugar para lastimar fácilmente a alguien ya que era difÃcil de defender, pero de hecho, era el lugar más difÃcil al que llegar normalmente. A veces, a los soldados en batalla se les cortaba la espalda, pero eso no era común. A ellos les dolÃa la espalda aún más raramente.
Lo primero que debió hacer cuando aprendió a usar la espada no fue aprender a agarrarla, sino aprender a girar sus cuerpos en la dirección de sus oponentes y aprender a decir la trayectoria de la espada en el aire. Aquellos que supieran blandir una espada no harÃan algo tan tonto como dar la espalda a un enemigo. Por eso la mayorÃa de las personas se lesionaron en brazos, abdomen y costados.
No habÃa podido comprender cómo el PrÃncipe pudo haberse hecho la vieja cicatriz en su espalda, no a menos que hubiera sido hecha por alguien en quien confiaba lo suficiente como para darle la espalda…
HabÃa podido resolver el misterio con cierta dificultad a través de su doncella. El único sirviente favorito de Carl lo habÃa atacado, provocando que sufriera un trauma importante.
Hubieron rumores de que habÃa sido debido a un repentino ataque de locura, y que Carl y él se habÃan peleado por una mujer. Muchos rumores, pero nada se habÃa concretado con precisión. Eso habÃa sido porque Carl, la persona involucrada en el caso, se habÃa mantenido en silencio.
Sienna habÃa escuchado la historia y se preguntaba por qué habÃa hecho tal cosa cuando se habÃa ganado la fe de Carl. Pero habÃa sido fácil responder esa pregunta cuando se enteró de que el momento de la traición habÃa coincidido con su boda. Si Arya habÃa colocado un espÃa al lado de Carl desde el principio, debió haberlo utilizado en el momento más oportuno.
Si Carl hubiera gozado de buena salud, la boda con Sienna no podrÃa haberse celebrado. No importa cuánto lo hubiera querido Arya, si la persona en cuestión se hubiera negado a casarse con ella, no habrÃa podido casarse.
Sienna, que recordaba que Carl serÃa atacado por su sirviente Azrael, se preguntó si deberÃa decÃrselo.
SabÃa que era mejor no decÃrselo de inmediato porque eso habrÃa generado sospechas. Pero no podÃa mantener la boca cerrada sabiendo que iba a salir lastimado.
‘Pero… si Azrael no ataca a Carl, sospechará que traté de abrir una brecha entre los dos. Incluso si Azrael ataca a Carl, me preguntará la fuente de la información.’
Sienna suspiró.
“Sé que no puedo ganarme el corazón de Carl, pero más bien, creo que seré odiada a este ritmo…”
HacÃa mucho que habÃa abandonado el deseo de conquistar su corazón.
Saber el futuro en la lucha contra Arya ciertamente funcionarÃa muy bien, pero aparte de eso, no tenÃa muchas cartas para jugar.
Su oponente tenÃa muchas cosas, incluido el apoyo de aristócratas de alto rango, el ejercito imperial y los guardias, y el enorme poder financiero de la Región Sur. Pero, Sienna tuvo que enfrentar sus dudas mientras renunciaba a tratar de obtener ayuda de Carl.
Por supuesto, pensó que era su trabajo, pero no habÃa forma de ocultar sus frustraciones. Con la esperanza de aliviarlas, visitó el templo de la Diosa de la Tierra, pero las cosas no se resolvieron fácilmente.
“Suspiro…”
Cuando dejo escapar un profundo suspiro, Roy preguntó con una expresión curiosa: “¿Qué te preocupa?”
“Oh, no es nada”.
“Solo suspiraste. Si estás preocupada, déjalo salir. Si compartes tus preocupaciones, el peso de ellas será la mitad”, dijo Roy con los ojos cerrados.
Mirándolo, Sienna sonrió y dijo que no era gran cosa, asà que se volvió para terminar de completar el papeleo sin dudarlo.
Sienna encontró nombres familiares en los documentos que llenó y le preguntó: “¿Qué estás haciendo?”
“Estoy haciendo una lista de creyentes”.
“¿Una lista de creyentes?”
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