Hombres del Harén 995
SS65: El camino hacia la resolución
Kallain obedeció de inmediato la orden de Latil. Poco después, reapareció con Tasir, pasándole un brazo por encima del hombro.
—Aquí está, Ama.
Latil se dio cuenta de que los pies de Tasir ni rozaban el suelo. Parecía que Kallain prácticamente lo había traído a rastras. Cuando Kallain lo soltó, Tasir se sobó el hombro y puso su sonrisa de costumbre, solo para ponerse serio al instante apenas vio a la persona herida.
—Me pusieron al tanto en el camino, Su Majestad. Como usted dijo, sé dónde se encuentra Sir Baekhwa. Recibo actualizaciones a diario, así que puede que no sea la ubicación exacta, pero Grifo debería poder encontrarlo a partir de ahí, ¿verdad?
Apenas terminó de hablar, buscó un mapa con la mirada. Klein trajo uno rápidamente y lo extendió. Tasir señaló un punto.
—Debería estar por aquí. A juzgar por la velocidad a la que viaja... sí. Es probable que esté alojado en este templo. Suele descansar un día o dos.
Grifo salió volando por la ventana al instante. Una ráfaga de viento sopló tras él, el fantasma que había soltado Gesta dejó escapar un gemido espeluznante.
Latil se sentó en una silla, frotándose las palmas de las manos con angustia.
Debí haber mandado a Gesta... pero dijo que no puede teletransportarse con precisión a menos que ya haya estado en el lugar antes. Si queremos buscar en un área amplia, Grifo, que puede volar alto, es mucho mejor.
Se obligó a pensar en positivo para aplacar la ansiedad que le revolvía el estómago. Aun así, el hormigueo en las manos y los pies era insoportable.
[¡Lord! ¡Ya volví!]
Por fin, Grifo regresó. Latil se puso de pie de un brinco. Había estado tan quieta que se le acalambraron las piernas, pero ignoró el dolor adormecedor.
—Su Majestad, ya me enteré de todo.
Jaisin, que venía montado en el lomo de Grifo, cruzó la ventana y fue directo hacia Condesa Aiguiness. Apenas le puso una mano en el cuello, el color fue regresando poco a poco a su rostro pálido.
Al terminar el tratamiento, Jaisin retiró la mano y dejó escapar un suspiro de alivio.
—Listo, Su Majestad.
Latil corrió hacia adelante y se arrodilló al lado de la cama.
—Su Majestad.......
Sonnaught intentó detenerla, pero Latil quería ver con sus propios ojos si la nana estaba despertando. Jaisin la miró sorprendido con los ojos bien abiertos.
No pasó mucho tiempo antes de que la condesa soltara un gemido, se moviera un poco y abriera los ojos.
—Ugh...
—¡Nana!
Latil la abrazó de inmediato, soltando el llanto de la nada.
Aun estando atontada, la nana sostuvo a Latil y le dio palmaditas en la espalda en tono de broma.
—...¿Su Majestad? ¿Qué está pasando? ¿Acaso ha vuelto a ser una princesa o qué?
Y tal como en su infancia, Latil se aferró a ella y se puso a llorar.
Sonnaught la miraba apenado. Se arrepentía de no haber estado firme al lado de Latil en lugar de andarse metiendo en peleas tontas con los otros consortes.
—Aparentemente no debí haberme burlado de Fleura por llorar.
bromeó Klein. Recién ahí Latil sorbió la nariz y soltó a la nana. Kallain le ofreció rápidamente un pañuelo.
Grifo, haciendo su mejor esfuerzo desde su pequeño cuerpecito, le abrazó el pie a Latil y le dio palmaditas suaves.
[No llore, Lord]
Condesa Aiguiness no entendió lo que dijo Grifo, pero ver a la mascota de Latil esforzándose tanto por consolarla le pareció tan tierno que la hizo reír.
Cuando la nana se rió, Latil sintió por fin un verdadero alivio.
—Si te estás riendo, es porque estás bien.
—Por supuesto. Pero ¿qué diablos pasó, Su Majestad? ¿Por qué estoy echada aquí y por qué están reunidas todas estas personas tan importantes?
—Estabas gravemente herida. Jaisin vino volando a atenderte. De no ser por él, tal vez tú......
Mientras la condesa le estrechaba la mano a Jaisin para agradecerle, Latil añadió:
—Tal vez te habría convertido en vampiro.
haciéndola toser del susto.
—Solo era una broma.
Latil la tranquilizó de inmediato, preocupada por haberla sobresaltado. La nana le dio palmaditas en la mano y sonrió en silencio, aunque en su mente ya estaba uniendo las piezas de la situación.
Girgol, que había estado observando todo con curiosidad, se esfumó en cuanto se aburrió. Jaisin, por su parte, frunció el ceño preocupado por haber dejado colgado a Baekhwa.
Poco después, la nana recordó lo último que había visto. La imagen de la Primera Princesa aterrorizada le vino a la mente, su rostro se ensombreció al instante.
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En ese momento, Fleura estaba sentada en el borde de su cama, sollozando. No podía parar de llorar por lo que le había dicho Girgol.
—Dicen que la nana ya se despertó y está a salvo.
Ranamoon se había apurado a contarle a Fleura apenas escuchó que Condesa Aiguiness había recobrado el conocimiento, preocupado de que la niña estuviera angustiada. Pero Fleura solo siguió llorando.
Pasaron casi treinta minutos más antes de que preguntara con voz ronca:
—Papá... ¿de verdad yo le hice daño a la nana?
Como Ranamoon dudaba en responder, ella comenzó a suplicarle:
—Por favor dime la verdad. ¿De verdad fui yo la que le hizo daño a Hellavy antes, ahora a la nana también?
Ranamoon no sabía qué hacer. Esto era algo que debía manejarse con mucho cuidado y conversarse minuciosamente con la Emperador.
Las lágrimas rodaban por las mejillas de Fleura mientras preguntaba:
—Papá... ¿y si la nana ahora me odia?
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La nana se recuperó y Gesta fabricó una nueva piedra de detección para Jaisin, una que Grifo pudiera rastrear.
Latil, ahora aún más molesta con Baekhwa, le sugirió a Jaisin:
—¿Por qué no te quedas un poco más? Ya que estamos en estas, dejemos que Baekhwa vaya solo.
Pero Jaisin insistió en que estaba bien y partió de nuevo.
Latil vio cómo Grifo emprendía el vuelo con Jaisin y dejó escapar un profundo suspiro. Ya había pasado un día entero desde el incidente durante el almuerzo del día anterior.
A pesar de los esfuerzos por frenar los rumores, los chismes ya se habían extendido. Varios niños habían visto al fantasma y salieron corriendo gritando, así que antes de que la Condesa Aiguiness resultara herida, ya se había juntado un grupo de gente. Con tantos testigos, acallar la historia era casi imposible. La gente murmuraba sobre cómo Fleura había atacado a unos nobles cuando era bebé, sobre la lesión de Hellavy Rolurd y ahora sobre el incidente con la Condesa Aiguiness.
Ayer a última hora de la noche, Latil visitó a Fleura para consolarla. Tenía planeado explicarle que Fleura poseía un poder especial y que, con práctica, podría aprender a controlarlo.
Al principio Fleura parecía lastimada, pero cuando Latil le contó su propio ejemplo de cómo manejaba su poder, la niña por fin se tranquilizó.
—Mamá Emperador... ¿no te da miedo que yo tenga esta clase de poder?
—Comparado con el mío, tu poder no le llega ni a la garra a Grifo. No tienes idea de lo fuerte que es tu mamá, ¿verdad?
—¿De verdad eres tan fuerte?
—Por supuesto.
—¿Más fuerte que papá?
Latil se le acercó al oído para que Ranamoon no escuchara y le susurró a la niña:
—Tu papá nunca me ha ganado. Puedo ganarle hasta con una sola mano.
Esa historia le llegó a Ranamoon a la mañana siguiente a través de Fleura, pero Ranamoon, prefiriendo cuidar la dignidad de Latil, no mencionó que él solo cedía cuando se trataba de ella.
Gesta recuperó al fantasma, el castigo de Klein de no salir se levantó sin hacer ruido y, aunque Girgol y Latil habían discutido un par de veces, el caos parecía irse calmando.
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Pero en la tercera tarde después del incidente, Condesa Aiguiness le hizo un pedido a Latil.
—Su Majestad. He estado pensando seriamente en esto. Para serle sincera, lo he considerado un par de veces incluso antes de que pasara esto, pero me aguanté por el bien de la princesa y de Su Majestad.
—Estás siendo demasiado formal y eso me pone nerviosa, nana.
—Su Majestad, creo que ya es hora de que la Princesa Fleura tenga una nueva nana.
Latil, impactada, le agarró con fuerza la mano a la nana.
—¿Qué estás diciendo? ¿Te vas a ir?
—He sido la nana de la princesa desde que era una bebé. Y aunque ha crecido para convertirse en una jovencita tan sana y maravillosa... yo me he hecho vieja a su lado.
—¿De qué hablas? ¡Si todavía estás bien sana, nana!
—Podré estar sana, pero criar a otro niño desde cero ya se me haría un poco difícil.
—Nana...
—Aun así, quería quedarme al lado de la Princesa Fleura. Pero después de este incidente, me di cuenta de algo.
La nana dejó escapar un profundo suspiro. Latil no pudo juntar valor para insistirle a la nana en que se quedara, especialmente después de que casi se nos va. Sus labios solo se abrieron sin emitir sonido.
—Su Majestad. No es que le tenga miedo a la princesa. De verdad he llegado a pensar que tal vez sea demasiado para que yo la controle. Pero no es el miedo hacia ella lo que hace que me quiera hacer a un lado. Es simplemente que no me siento capaz de cuidar a alguien con habilidades tan poderosas.
Latil sintió que se le caía el corazón al piso, pero se obligó a responder con calma:
—Entiendo a qué te refieres. ¿Estás diciendo que necesitamos encontrar a una nana lo suficientemente fuerte como para que la controle, incluso si vuelve a pasar algo como esto?
—Sí. Este... y no necesariamente tiene que ser un humano, con tal de que sea amable y de buenas costumbres, como la gente del mar.
Latil asintió. La sola idea de ver a Fleura triste ya le apretaba el pecho. Pero cuanto más lo pensaba, más se daba cuenta de que la nana tenía razón. Fleura necesitaba a alguien con la fuerza suficiente no solo para reaccionar ante los accidentes, sino también para responder de inmediato y con responsabilidad cuando ocurrieran.
Los vampiros de agua tienen costumbres muy distintas... sería complicado. Pero tal vez entre los vampiros... Podría haber alguien. Hay bastantes mujeres en la Orden de las Segadoras Negras. Tal vez haya una vampiresa mercenaria de cuna noble acostumbrada a la vida aristocrática.
Tras tomar su decisión, Latil le tomó la mano a la nana.
—Buscaré una nueva nana para Fleura. Pero nana, te vas a quedar en el palacio, ¿verdad? Tú también eres mi nana.
Condesa Aiguiness originalmente había pensado en regresar a su propiedad una vez que dejara el cargo. Pero cuando Latil, a quien había criado con sus propias manos desde bebe, se aferró a ella con una mirada tan triste, no tuvo cara para decirle que se iba.
—Parece que de verdad soy la nana de Su Majestad. Acabo de decir que Princesa Fleura es muy fuerte como para que yo la controle, pero cuando Su Majestad me mira así, parece una bebé a la que tengo que cuidar. Para serle sincera, si hablamos de fuerza, Su Majestad tal vez sea la más de temer de todas.
Más tarde, cuando Latil mencionó el cambio de nana, Ranamoon aceptó sin chistar.
—¿O sea que la nana ahora me odia? ¿No viene porque me odia?
Fleura, al no entender la situación, tenía el corazón roto. Pero esta vez ni el blando de Ranamoon dio su brazo a torcer.
Latil pensó que con esto el asunto por fin llegaría a su fin.
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Sin embargo, mientras Latil estaba ocupada tranquilizando a la alterada corte y a los hombres de Estado, Gesta, que se había mantenido al margen desde el incidente del fantasma, hizo su jugada en silencio. Al día siguiente de enterarse de que Condesa Aiguiness había dejado de ser la nana de Fleura, fue a visitarla.
La condesa, disfrutando de un raro momento de descanso con una taza de café, se sobresaltó por la visita inesperada.
—Sir Gesta, ¿a qué se debe su visita?
Gesta empezó con una charla ligera, pasando de un tema a otro, una vez que ella pareció relajada, sacó a relucir el motivo de su visita.
—Para serle sincero, condesa, he venido con una propuesta que espero que considere...
—Por favor, hable con toda confianza. Sir Gesta, usted no es de los que dicen cosas a la ligera.
—Condesa, cuando nazca mi hijo... ¿estaría dispuesta a ser su nana?
Tomada con la guardia baja, la condesa dejó su taza. Lo hizo con tanta premura que el platito tintineó.
Sonrojándose y bajando la mirada como un niño asustado, Gesta murmuró:
—Sé que acaba de renunciar a ser nana porque era pesado... lo siento...
—Me tomó por sorpresa, pero no se preocupe. Pero, Sir Gesta, ¿por qué me dice esto ahora? Para que nazca el sexto hijo todavía faltan varios meses.
De pronto, Gesta la miró con unos ojos tan lamentables —como si no supiera si debía decir algo más— que la nana sospechó aún más.
Segundos después, el rostro de ella se endureció.
—Sir Gesta, ¿esto es porque las familias Rolurd y Atraxil se llevan mal? ¿Está intentando usarme para insultar a la Casa Atraxil?
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