HDH 994






Hombres del Harén 994

SS64: El tipo de persona que hace precisamente eso





—¡Su Majestad, Condesa Aiguiness ha sido gravemente herida!

—¿De qué estás hablando? ¿Por qué la nana?

—La Primera Princesa, la Segunda Princesa y el Tercer Príncipe estaban jugando a atrapar fantasmas y.......


Antes de que terminara la explicación, Latil ya había echado a andar. Sonnaught se apresuró a seguirla por detrás. Sin detener el paso, Latil ordenó:


—Sigue hablando.


El cortesano ya no daba más de la risa intentando mantener el ritmo de la Emperador y del Capitán de la Guardia Real. Casi sin aire, continuó la explicación:


—Se colaron en los aposentos del príncipe Klein para jugar a atrapar fantasmas, pero se asustaron y los tres salieron corriendo juntos. Cuando Princesa Fleura echó a correr, Condesa Aiguiness fue tras ella.


De pronto, el cortesano se quedó callado. Mientras avanzaban por el pasillo sin mayor explicación, Latil frunció el ceño y miró hacia atrás. El cortesano los seguía con duda.


—¿Por qué no hablas? ¿Acaso Condesa Aiguiness solo se cayó sola?


Ante la pregunta de Latil, al cortesano no le quedó de otra que continuar el relato:


—No estoy seguro de qué pasó después. Princesa Fleura no para de llorar y la condesa se ha desmayado. Pero el médico del palacio dijo que la condesa tiene una herida de corte en el cuello.


Latil se deslizó por la larga escalera y se detuvo en seco, sujetándose del pasamanos. Sonnaught también la miró con el rostro desencajado.

Pero fue solo por un instante. Latil echó a correr de nuevo y al poco rato llegó a los aposentos de Klein. Quizá porque el accidente ocurrió cerca, Condesa Aiguiness yacía sobre la cama de la sala de estar de dicho lugar.

El médico del palacio acababa de terminar de atenderla y guardaba sus instrumentos médicos. Al acercarse Latil, las personas que rodeaban a la condesa le hicieron una reverencia al mismo tiempo.

Latil hizo un gesto con la mano para indicarles que se mantuvieran tranquilos y avanzó hasta la cabecera de la cama. Un vendaje grueso envolvía el cuello de la condesa. Latil le preguntó al médico:


—Escuché que la condesa tiene una herida de corte.

—Sí, Su Majestad. Parece que una espada le atravesó el cuello.

—¿Cómo se encuentra?

—Es difícil predecir qué pasará.


A Latil se le cayó el corazón al piso al escuchar el tono de incertidumbre del médico. Aunque ahora servía como nana de Fleura, Condesa Aiguiness había sido originalmente su propia nana.


—¿Quieres decir que está en estado crítico?

—Tiene que mandar a llamar al Sumo Sacerdote de inmediato.


Era raro que el médico del palacio sugiriera abiertamente recurrir al Sumo Sacerdote.


—Kallain.


Había muchas cosas más que quería preguntar, pero Latil, siguiendo el consejo del médico, le dio una orden directa a Kallain:


—Envía a Grifo.

—Sí, Mi Ama.


Kallain, que había estado junto a la puerta, salió de inmediato. El médico, tanteando el semblante de Latil, se retiró en silencio.

Una vez que el médico se fue, Latil echó a todos excepto a los consortes: sirvientes, sirvientas y nanas por igual. Los que quedaron fueron Ranamoon, Fleura, Sonnaught, la Segunda Princesa, el Tercer Príncipe, Girgol y Klein.

Latil apretó con fuerza la mano de la nana, pero se sobresaltó por su inusual frialdad y la soltó. Por un momento se quedó helada. Sentir la mano de la nana le hizo asimilar con crudeza lo grave que era su situación. Solo tras una larga pausa miró finalmente a Fleura.


—¿Fleura?


Fleura tenía la cabeza escondida en el pecho de Ranamoon, llorando a moco tendido.


—Fleura.


Cuando Latil volvió a llamarla, la niña giró la cabeza, sollozando. Ranamoon miró a Latil mientras abrazaba fuerte a Fleura, como esperando que regañara a la pequeña.

Latil le lanzó a Ranamoon una mirada que decía «Quédate callado» y luego le preguntó a la niña:


—Fleura, ¿cómo se hirió la condesa?


Ya tenía sus sospechas solo con la breve explicación del cortesano, pero quería estar completamente segura.

Fleura movió la cabeza de un lado a otro, llorando desconsoladamente.


—No lo sé, mamá Emperador. Me asusté tanto después de ver al fantasma que solo corrí y me caí. De ahí alguien me golpeó por la espalda. Me asusté tanto que me di la vuelta y el cuello de la nana estaba... su cuello estaba.......


Al recordar a la nana desplomándose mientras le brotaba sangre del cuello, rompió en llanto de nuevo.

Cuando la pequeña se puso pálida como un papel, como si estuviera a punto de desmayarse, Ranamoon la abrazó y detuvo a Latil:


—Por favor, no le pregunte más. La niña va a entrar en shock.


Fleura se aferró a él sin querer soltarlo.

Latil suspiró. Era justo como sospechaba. Fleura, del susto, debió haber usado su poder por instinto contra quien sea que la tocó por la espalda: Condesa Aiguiness. Aun así, por si acaso, salió al pasillo con Sonnaught y le dio instrucciones.


—Busca en la zona donde se desplomó la nana. Fíjate si hay alguna espada o señales de una emboscada.

—Sí, Su Majestad.


Aunque Sonnaught no lo creía probable, se dio la vuelta y se fue sin dudarlo. Latil volvió a entrar a la habitación.

Fleura seguía llorando. Nadie más en el cuarto hablaba, así que los llantos de la niña llenaban todo el espacio. La Segunda Princesa se acercó y le dio palmaditas en la espalda a Fleura, pero esta vez ni siquiera su hermana cercana podía ayudarla. A Cleris se le cayeron los hombros por la culpa.

Apesadumbrada, se acercó a Latil y le confesó:


—Mamá, me asusté tanto que salí corriendo y dejé a mi hermana atrás. En parte también es mi culpa.


El Tercer Príncipe se preguntó si él también debería disculparse, pero se quedó callado.


—¿Cómo va a ser tu culpa?


Latil le dio palmaditas en la espalda a Cleris. Ella realmente creía que Cleris no tenía nada que ver. Esto no era cuestión de quién había salido corriendo primero.

Ranamoon miraba la escena y sentía que se le partía el corazón. Fleura estaba claramente más afectada que Cleris, pero Latil solo consolaba a Cleris; para él, eso se sentía como una presión silenciosa sobre Fleura.

Justo en ese momento, Sonnaught y Kallain regresaron al mismo tiempo. Sonnaught le negó con la cabeza a Latil en silencio, dando a entender que no había ninguna espada ni nada por el estilo. Como era de esperarse, había sido la misma Fleura quien atacó a Condesa Aiguiness.

El informe de Kallain no era nada mejor.


—Ama, Grifo no pudo encontrar al Sumo Sacerdote.

—¿A qué te refieres?


Antes de que Latil pudiera presionar más, el propio Grifo apareció. Latil se sobresaltó. Grifo estaba completamente empapado, chorreando agua de las coyunturas de sus alas.


—¿Grifo? ¿Qué te pasó?

[Lord. ¡Las dos piedras de rastreo que pude ubicar estaban dentro de las aguas termales!]

—¿Qué? ¿En cuáles aguas termales?

[En las de aquí, Lord. Hasta me metí al agua solo para estar seguro.]


Grifo escupió dos piedras de su pico. Las piedras rodaron por separado sobre el piso.


—¡Ese infeliz de Baekhwa!


Latil rechinó los dientes, olvidando que los niños estaban presentes. Sonnaught le tapó rápidamente los oídos a la Segunda Princesa. Pero Kallain no hizo ningún esfuerzo por taparle los suyos al Tercer Príncipe. Fleura, que seguía llorando, ni siquiera escuchó la lisura de Latil.


—Perdón.


Latil, dándose cuenta demasiado tarde, se cerró la boca. Pero la rabia solo aumentaba.

Sonnaught le soltó los oídos a la niña y suspiró.


—El Sumo Sacerdote no es de los que hacen esto, así que tiene que ser cosa de Baekhwa. De verdad no debe haber querido ir a Deizet para nada.


Kallain frunció el ceño y preguntó:


—...¿Qué hacemos, Ama? A este paso, la condesa no la cuenta.


El llanto de Fleura se hizo todavía más fuerte. Ranamoon le lanzó una mirada de advertencia a Kallain, pero él la ignoró. Le hizo una sugerencia con doble sentido a Latil:


—Si quiere, Ama, puedo convertirla en una......


Latil entendió al instante y abrió bien los ojos.


—Por ahora... Ranamoon, llévate a Fleura y cálmala.


Después de pensarlo mucho, decidió mandar a los niños a sus cuartos. Con ellos presentes, era demasiado difícil hablar.


—Sir Sonnaught, acompañe a Cleris de vuelta. Kallain, tú también.


Sin embargo, Fleura no quería irse. Quería quedarse al lado de la niñera hasta que se recuperara.

Ranamoon intentó cargarla, pero ella se le escurrió de los brazos y se acercó a Latil para preguntarle:


—Mamá Emperador... ¿a la nana la lastimó el fantasma?


Latil, agarrada con la guardia baja, esquivó la pregunta.


—Tendremos que averiguarlo. Pero probablemente sí, ¿no crees?


Justo cuando le estaba haciendo señas de nuevo a Ranamoon para que se llevara a la niña, Girgol, que había estado apoyado contra la pared observando todo en silencio, interrumpió de pronto con una risita.


—No, bebé número uno. A la nana la lastimaste tú.


En el instante en que soltó esas palabras, la habitación se puso fría. Los ojos de todos se abrieron de golpe al mismo tiempo y se giraron hacia él.


—¡Girgol!


Latil fue la primera en reaccionar y le chantó un lapicero en la espalda.


—¡Qué tonterías estás diciendo! ¡Va a pensar que es verdad!


Intentando controlar la situación de forma frenética, se volvió hacia Ranamoon.


—Ranamoon, llévate a Fleura y cálmala. El resto de ustedes, llévense a los niños también.


Normalmente, Ranamoon le habría reclamado a Girgol de inmediato. Pero esta vez, sin decir una sola palabra, obedeció las órdenes de Latil. La mejor opción ahora era salir rápido de ahí antes de que Girgol dijera alguna otra imprudencia.

Pero Fleura, zafándose de Ranamoon mientras él intentaba cargarla, se zafó hasta ponerse en el suelo y corrió directo hacia Girgol. Tenía los ojos rojos de tanto llorar.


—...¿A qué te refieres con eso?

—¡Girgol! ¡Atrévete a decir una sola palabra más!


Latil le lanzó otra advertencia tajante.

Pero Girgol respondió con toda la frescura del mundo:


—Jovencita, ¿hasta cuándo piensa seguir ocultándolo? Esta niña ya ha provocado dos incidentes últimamente. ¿No es mejor decírselo de una vez para que tenga más cuidado antes de que ocurra un tercero?


El vampiro que más problemas causa por aquí... ¿qué michi está diciendo? A Latil casi le dio por meterle un puñetazo.

Y ya todos sabían de qué estaba hablando Girgol. Pero aunque hubiera que decirle la verdad a la niña, había una forma adecuada de hacerlo. Hasta a los adultos les costaría procesar una verdad así. Pero Fleura solo era una niña. Acababa de presenciar cómo su propia niñera quedaba gravemente herida frente a sus ojos y había entrado en shock. ¿Y él le dice esto... en su cara?


—¡Si tú ni paras acá, ¿por qué te metes hoy?!


Furiosa, Latil reaccionó y le señaló la ventana.


—¡Lárgate!


A quien le había dicho que se fuera era a Girgol... pero la que salió corriendo fue Fleura.


—¡Fleura!


Ranamoon fue tras ella de inmediato. Sonnaught, agarrando de la mano a la Segunda Princesa, se quedó dudando, sin saber si debía seguirla o quedarse.


—Papá, ¿cómo la hermana mayor le pudo hacer eso a su propia nana?


le susurró la Segunda Princesa. Sonnaught le negó en silencio con la cabeza. El Tercer Príncipe dio un bostezo y se le trepó a la espalda a Kallain para que lo llevara a cuestas.

Latil se despeinó el cabello llena de frustración y volvió a mirar con rabia a Girgol. Pero Girgol seguía parado como si nada contra la pared, oliendo el rastro de la sangre de Condesa Aiguiness.

Debí haberle dicho a Gesta que borrara al fantasma cuando me enteré de que lo había soltado en los aposentos de Klein. No lo detuve porque no quería volver a discutir... ¡pero no debí haberlo dejado pasar así no más!

Mientras Latil se jalaba el cabello de la frustración, Sonnaught le sujetó el brazo para detenerla.


—Por favor no se culpe, Su Majestad. Esto no es su culpa.


le dijo con calma, luego le apretó con firmeza el brazo antes de soltarla. Solo entonces ella comenzó a calmarse.

Es verdad. Este no es momento para andar sintiéndose culpable. Tengo que ir paso a paso. Primero, curar a la niñera. No... mandar a los niños a sus cuartos primero. Y luego...

En ese instante, se le abrieron bien los ojos.


—¡Creo que sé dónde está Baekhwa!


Sonnaught y Kallain, que estaban a punto de retirarse con cautela llevando a los niños, se detuvieron en el umbral de la puerta. Hasta Grifo preguntó sorprendido:


[Ni yo mismo lo sé... ¿Cómo sabría usted, Lord?]

—¡Tasir! ¡Tasir lo sabe!


Por más inteligente que fuera un Esposo Oficial, ¿de verdad sabría algo como esto? Tanto Sonnaught como Kallain pensaron lo mismo y se miraron entre sí.

Al notar sus caras, Latil exclamó:


—¡No, de verdad... Tasir sabe dónde está! Él ha estado jurando vengarse de Baekhwa, ¿se acuerdan? ¡Le ha estado haciendo seguimiento, esperando el momento preciso!


Sonnaught volvió a taparle los oídos a la Segunda Princesa. Latil, desesperada, le gritó a Kallain:


—¡Kallain, ve a buscar a Tasir!

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