PLPMDSG 146





POR LA PERFECTA MUERTE DE SEÑORA GRAYSON 146



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En el segundo juicio, los testigos salieron a raudales. La fiscalía puso en el estrado a personas que, según afirmaban, habían sufrido algún tipo de daño, grande o pequeño, a causa de la suplantación de identidad de la acusada. La mayoría eran personas que, tras la muerte de la duquesa, intentaron acercarse a Sasha por interés, para aprovecharse de sus conexiones. Es decir, gente como los hermanos Marylson, a quienes ya ni recordaba. De esa clase de personas.

Sin embargo, apareció un rostro inesperado: un hombre llamado Dylan Henson, con quien Sasha había bailado en su fiesta de cumpleaños. La fiscalía alegó que Sasha se acercaba a hombres inocentes para engañarlos y quedarse con su herencia. Pero como lo único que hubo entre ellos fue un baile y un par de cartas, el intento de agrandar la "culpa por ultraje" falló estrepitosamente.

Sasha nunca imaginó que el complot de la duquesa para cortar lazos con esos pocos hombres le sería de tanta ayuda. ¿Cómo iba a saber que esto pasaría?

Claro, el hecho de que supuestamente intentara usar a un hombre inocente con fines matrimoniales inevitablemente traía a la memoria a su esposo, Isaac. Pero él no podía ser considerado una víctima inocente del todo, ya que estaba prófugo por crímenes innombrables. ...Y por eso…

"¿Debería estar agradecida por una situación como esta también?", murmuró Sasha para sí misma con una expresión lúgubre, mientras escuchaba los testimonios con una cara de hastío.

A pesar de su disgusto, el juicio continuó sin tregua, empeñado en hundirla por completo. Un empresario, a quien Sasha apenas recordaba haber escuchado hablar de negocios para ser educada, subió al estrado y afirmó que casi cerraba un trato serio con ella, creyendo que era realmente adinerada.

Desde el otro lado, seguían lloviendo testimonios de tan bajo nivel. Si Isaac hubiera estado ahí para acusarla activamente, la situación habría sido muy distinta. Pero él eligió quedarse a su lado aun sabiendo la verdad, y ahora está siendo perseguido por los alguaciles, con una recompensa de diez mil onzas por su cabeza.

Los únicos testigos de la defensa eran el abogado Turner, la señorita Carol —que, por suerte, accedió a ayudar— y Señorita Yver, el ama de llaves, a quien por fin habían localizado unos días antes. La primera en testificar fue Señorita Carol. Ella, con total sinceridad, contó todo lo que vio de la duquesa y de Sasha durante sus visitas constantes a la mansión Dilton a lo largo de los años.

Específicamente, describió de forma muy vívida a Sasha no solo como una nieta que adoraba a su abuela, sino como una chica que parecía casi privada de su libertad. La reacción del jurado fue bastante favorable.

Después le tocó el turno al señor Turner, quien, como si fuera la voluntad de la duquesa, reveló todo sin reservas. Enumeró las malditas tareas que la duquesa le había asignado a Sasha para prepararla para el futuro, demostrando que ella de todos modos heredaría la fortuna de la duquesa. Así es. En ese momento, la mentira de la duquesa y todo lo que había planeado durante tanto tiempo salieron a la luz.

Sin embargo, lo que la mayoría de la gente más anhelaba saber aún no se había revelado. Fue entonces cuando la última testigo, el ama de llaves de aspecto desconocido, se acercó y, con calma, recitó su historial. La mujer tenía la piel oscura y un aspecto exótico, por lo que era evidente que era extranjera. Tan pronto como recitó su historial en su torpe idioma Serma, soltó lo que todo el mundo quería escuchar:


—La verdadera murió hace mucho tiempo.


Con total tranquilidad, dijo que había muerto de tuberculosis poco después de cumplir los 16 años. Mientras todos se quedaban en shock, Abogado Benson se levantó y le entregó al juez el certificado de defunción.

Los rostros de la gente en la corte mostraban sorpresa, tal como sucedió con Sasha la primera vez que escuchó la historia. Al poco tiempo, algunos ofrecían sus condolencias, otros susurraban con desconfianza o lanzaban miradas de reojo a Sasha. El murmullo se intensificó cuando el juez confirmó que el certificado de defunción no era falso.

Sin inmutarse, el ama de llaves continuó su testimonio. Con total calma, relató cómo Señor Malver la encontró extraviada, le puso el nombre de 'Aileen', la crió como a una hija de verdad y cómo, tras la muerte de esa hija, él también se enfermó y murió, como si quisiera seguirla.

A diferencia de sus palabras de luto, el rostro del ama de llaves se mantenía sombrío e impasible, pero la gente ya no le prestaba atención a eso.


—Entonces la verdadera murió. Hace unos años.

—Pensándolo bien, es extraño. Aparte de haber querido tanto a la sustituta, ¿por qué la duquesa se habría molestado en esconder a su verdadera nieta y criarla en secreto?


Sí, ¿por qué la escondió en primer lugar? ¿De qué tenía que protegerla?

Tras el segundo juicio y antes del tercero, la gente comenzó a hablar abiertamente de los extraños secretos de la casa del duque.

Aparte de eso, el inexplicable drama entre la sustituta y la duquesa también se convirtió en tema de conversación, y la simpatía hacia Sasha volvió a tomar fuerza.

Señor Benson predijo que el resultado del juicio sería muy favorable. Dijo esto con un rostro alegre, pero de pronto se calló con una expresión de arrepentimiento. Se había dado cuenta, un poco tarde, de que Sasha tenía en la mano el periódico con la orden de búsqueda y captura de su esposo. En medio del silencio, Sasha leyó el artículo con rapidez.

El artículo hablaba del general, quien afirmaba que él también era responsable de lo que le había sucedido a Isaac. Debajo de eso, se informaba que el general estaba suspendiendo y desmantelando los proyectos que supuestamente preparaban su retiro.

Sasha lo leyó con una cara inexpresiva y murmuró:


—Se está preparando para escapar.












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Se celebró el tercer juicio, tal como había predicho Señor Benson, los miembros del jurado, sin ninguna sorpresa, se pusieron del lado de Sasha. La compasión hacia ella aumentó cuando se conoció el trato que había recibido, pero lo que realmente ayudó fue el hecho de que ella, como doble, desconocía por completo los detalles íntimos, como si la verdadera estuviera viva o muerta.

Finalmente, el juez la declaró inocente.

Sasha salió de la corte sin mirar atrás. Su rostro mostraba un hastío total, como si nunca más quisiera volver a pisar un tribunal.

Señor Benson, quien había sido de gran ayuda, quería celebrar modestamente, pero la situación no se lo permitía, así que se dio por vencido rápidamente. Y es que Isaac todavía seguía prófugo.

Era el atardecer y se dirigían en un carruaje de regreso a la mansión Dilton. Sasha hojeaba rápidamente todos los periódicos del día, algo que se había vuelto una costumbre en ella, por lo que Señor Turner se limitó a mirar por la ventana.


—El general ha sido demandado de nuevo.

—¿Por quién?

—...Por las víctimas. Por los que murieron inocentemente en la Operación Selwood y por sus familias.


Señor Turner reflexionó un momento.


—Supongo que esto es una buena señal, ¿no? Si las cosas se resuelven, a su marido pronto le retirarán los cargos.


Sasha no respondió.

El ama de llaves, que también había testificado, estaba sentada junto a Señor Turner. Ella miraba fijamente a Sasha con la misma expresión impenetrable que tenía al principio, pero Sasha, sin importarle la mirada que podría considerarse grosera, fingió no notarla y continuó pasando las páginas.

El carruaje ya había entrado a Eris Hall. La lluvia caía sin cesar. Por supuesto. Después de todo, la capital era una ciudad sombría donde llovía de vez en cuando durante todo el año, sin importar que fuera o no la temporada de lluvias.

Por eso...

Sasha dejó de mirar por la ventana. Observó fijamente a una persona que subía la empinada colina que conducía a la Mansión Dilton. A pesar de que era un sofocante día de verano, el hombre vestía un traje negro impecable. En cuanto él volteó a ver en su dirección, Sasha le ordenó al cochero que detuviera el carruaje.

La puerta se abrió de golpe.


—Suba.


Sasha le dijo al hombre que estaba afuera. Solo Señor Turner parpadeó, un poco desconcertado, y el ama de llaves le lanzó a Sasha una mirada incómoda. Pero a Sasha no le importó y repitió su invitación al hombre misterioso, como si fuera una orden.

El hombre no se rehusó a la oferta, le dio las gracias y subió al carruaje. Como no había más asientos, no le quedó más remedio que sentarse al lado de Sasha.

El carruaje subió la colina y entró en los terrenos de la mansión. Se detuvo, Señor Turner bajó primero y le ofreció una mano al ama de llaves para ayudarla a bajar. Luego extendió su mano hacia Sasha, pero ella ni siquiera lo miró. En cambio, le pidió a Jason, quien había salido a recibirlos, que se encargara de los invitados.

Luego, volvió a cerrar la puerta y se marchó.

Sasha se había ido de la Mansión Dilton con el hombre misterioso.

Una vez que estuvieron solos, Sasha le dijo al hombre:


—Lo recuerdo. Es la persona que intentó entrar a la mansión con el oficial de policía, ¿cierto?

—Así es.


afirmó el hombre, sin negarlo.


—¿Dónde está mi esposo?


preguntó Sasha, yendo directo al grano.












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Isaac recogió el boletín que se había deslizado por la estrecha rendija de la puerta principal. Por estos días, no paraban de llegar noticias importantes. El boletín de hoy, sí. Traía la noticia de que su esposa finalmente había ganado el juicio. Era una excelente noticia.

Como el boletín estaba lleno de buenas noticias, Isaac se sentó en el sofá con una expresión feliz y se dispuso a leerlo de principio a fin. Luego, por una costumbre que había retomado, sacó un puro de su bolsillo y le cortó el extremo con una navaja.

En ese mismo instante, la puerta se abrió.

Con una expresión inexpresiva, Isaac miró hacia la entrada, dándose cuenta de que no era una, sino dos personas las que acababan de entrar. Se levantó y...

Al ver que una de esas dos personas era su esposa, dejó caer el puro que tenía en la boca.


—...Sasha.


Mientras Isaac murmuraba su nombre con una mezcla de sorpresa y asombro, alternando la mirada entre su esposa y Agente Wilson, Sasha, con un rostro sereno, cerró el paraguas.



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