AREMFDTM 354






Anillo Roto: Este matrimonio fracasará de todos modos 354

El río fluye hacia el mar, pero no logra llenarlo (20)




—…….

—Ese bastardo traidor embrujó al Duque de Osorno y al Duque de Ihart, Inés. Con ese bastardo en sus manos, se rebeló diciendo que derrocaría al tirano loco… con ese rostro que te calca a ti.

—Me encerraron en Belgrano como a un simple ladrón o asesino de la calle, sin juicio, me imputaron toda clase de crímenes y me arrastraron al patíbulo…

—La chusma, me trató como a un simple chusma, Inés. Como si ellos no fueran chusma. Como si hubieran hecho algo muy justo… Pero ese no era mi destino. No era mi destino, Inés. ¿Entiendes? Yo, fui una víctima inocente de tu hermano. Tanto que merecía una recompensa divina.

—Se presentó como el bastardo del emperador, pero ¿quién iba a creer que era de verdadera estirpe imperial? ¿Y si lo que hizo no fue cambiar la sucesión, sino que se atrevió a cambiar toda la línea imperial?

—Todas las respuestas llegaron cuando me fue concedida una nueva vida. El Apóstol me tomó de la mano. Dijo que me daría otra oportunidad… Tu hermano estaba equivocado, yo tenía razón.


Pero el destino no era un ámbito de lo correcto o incorrecto. Simplemente estaba escrito que así sería.

Sus ojos brillantes buscaron el rastro de Luciano en el rostro de ella. Como si se hubiera lavado el cerebro a sí mismo, en esos ojos que creían sin dudar que la amaban, se anidaba el odio y una extraña sensación de triunfo.


—Al nacer de nuevo en el olvido, lo que deseaba. Lo único que deseaba era no olvidar. No olvidar esa humillación, esa vergüenza, absolutamente nada. No volver a sufrir. Devolverles todo, sin excepción… Y no volver a cometer errores estúpidos.

—Por eso, Inés, lo arreglé todo por ti. Porque el principio fue el no haber podido tenerte.

—Todo lo que recuerdas de mí en esos buenos tiempos, soy yo cambiado por ti. Para que tu padre, que me veía como basura, creyera en mí. Para que tú no me odiaras. Por supuesto, el mundo también necesitaba no odiarme.

—Necesitaba ser un hijo sumiso para mi padre imperial… Y tu hermano fue adorado a pesar de que la gente lo apedreó y el mundo me odió. En el momento en que me cortaron la cabeza, solo vi burlas frente a mis ojos, esa humillación no pude olvidarla ni en la muerte. Tú, como antes, no le tenías ningún interés a Kassel Escalante, pero ese bastardo te miraba de forma terriblemente persistente…

—Al mismo tiempo que quería sacarle los ojos, no podía sentirme más satisfecho.


Por eso, como una burla, seguía empujando a mujeres parecidas a ti a la habitación de ese bastardo.

Inés se quedó rígida ante esas palabras. Óscar parloteaba sin control.

‘Me resultaba insoportable que ni siquiera me mirara… Al hablar de la castidad de la princesa heredera por ese horrible amor no correspondido, él, temiendo que esa bastarda pudiera hacerte daño, se tragó las drogas ese mismo día y se revolcó con mujeres. Lo que nos dieron ahora no se compara con eso. Era algo que se le daba a los sementales a la fuerza para que perdieran la cabeza.’

‘Qué ridículo fue volver a nacer y aun así, después de tragarme las drogas, ser un estúpido que no podía ni siquiera tener una erección si no eras tú…’

Óscar se rio entre dientes, apoyando la cabeza en el vientre de Inés. Ella quiso cortarle la cabeza con la daga. Quería que lo arrastraran al patíbulo tal cual, cortarle la cabeza y lanzársela. No podía creer que hubieran llegado tan lejos usando como pretexto la promiscuidad de Kassel Escalante en su vida anterior.

Que ella lo hubiera arrastrado de nuevo a su lado, a este horrible fango…

A un hombre que, con sus propias manos, se había drogado. A un hombre que solo había pensado en ella. ¿Qué demonios le hizo… Kassel? ¿Qué demonios te hice yo? Inés se tragó la intención de matar, las lágrimas. Ahora no. Todavía no. No así.

No puede morir tan fácilmente. No solo con esta daga.


—…Claro que yo no habría hecho eso, Inés. Con la excusa de ser ‘por ti’, no me habría rebajado a la suciedad. ¿Cómo puede ser amor algo tan superficial? Pero para mí, fue un espectáculo digno de ver.

—Todo ha cambiado respecto a aquellos días en que tenía que conformarme con que no lo amaras. Él ni siquiera pudo poseer tu nombre. El derecho que tenía de tener al menos tu cuerpo cerca, yo se lo arrebaté… Además, con esos ojos que nunca lo miraban, a mí siempre me mostraste interés y afecto. Ah, mi adorable Inés…

—Mi único error fue proyectar a tu maldito hermano en esos ojos.

—¿Recuerdas cuán devoto fui contigo antes de que me volviera completamente loco? Yo, yo llegué a amarte. De verdad.


Sus ojos, antes empapados en una extraña sensación de triunfo, como si la persona hubiera cambiado, se volvieron dóciles. Era el mismo rostro que le había hablado de ese amor asqueroso.

Inés miró a Óscar, que frotaba su frente contra su vientre, como quien mira a Satán a punto de devorar a los niños de un bocado. La sangre de su vestido manchó de rojo la frente de él.


—Pero estaba inquieto… Aunque te tuviera atada como el collar de tu hermano, la vida era incierta, nunca se sabía cuándo se torcería. Me aterraba que Dios me abandonara de nuevo. Inés. Inés… Con solo tu nombre, ese arrogante bastardo traidor se inclinaba voluntariamente y me observaba con cautela, eso me complacía. Pero no fue suficiente.

—Ni siquiera ver cómo te pisoteaban y, por su orgullo, te instaban a suplicar a tu esposo, ni ver cómo él me rogaba por tu bienestar, fue suficiente.

—Inés, ¿puedes creer que toda la desdicha de nuestra vida, en ese entonces, fue toda culpa de tu amado hermano?

—Quien te arruinó fue el primer Luciano Valeztena. Todo fue por Luciano. Tú, que eras inocente, te viste envuelta en la venganza contra él. Por el pecado original de ese hombre que me asesinó, apartándose de la voluntad de Dios…

—Deja de decir sandeces, Óscar.


Inés, con un tono falsamente cariñoso, susurró y le agarró el cabello.


—Pensar que incluso un ser tan terrible como tú es el resultado de que te esforzaras por ser una buena persona… La gente que quería matarte habría hecho fila detrás de Luciano. Tantos deseaban tu muerte que ni Dios pudo elegir.

—Inés, si no hubiera sido por tu hermano…

—Lo habrían matado porque se lo merecía. Tú, como dijiste, desquitaste tu rabia con una mujer inocente, la violaste y la humillaste.

—No debes profanar la sagrada relación conyugal de esa manera. Y Dios también demostró que la voluntad de tu hermano siempre fue equivocada… Tú solo tuviste que pagar el precio de haber osado desafiar el destino de convertirte en Emperador. Por favor, tienes que entenderlo, Inés.


Ella lo agarró del cabello y lo empujó como si lo arrojara. Óscar, tambaleándose de forma patética, se aferró de nuevo a su mano con tenacidad.


—Después de que te vi así frente a mis ojos… ¿sabes lo que tu hermano le hizo a este hombre, que perdió la cordura por completo al perder a su amada esposa?

—Seguramente hizo lo que era justo.

—Inés, incluso mi madre me abandonó, a mí, que ya había caído en desgracia por tu muerte. Mi padre imperial me encerró, diciendo que estaba loco. Me dejaste y el mundo entero me dio la espalda, Inés… Mi vida ya había terminado así. Incluso si ese loco bastardo no me hubiera secuestrado tontamente en Pérez…


Inés chasqueó la lengua. Tal como decía Óscar, fue una estupidez supina. Si realmente pretendía desangrar a Luciano y a los Valeztena, no habría tomado una decisión así desde el principio.

Sin embargo, también sabía que fue una elección inevitable. Ella misma había sido tonta, a sabiendas. Hasta el punto de ser tan necia a los ojos de Luciano, que no tuvo más remedio que hacer algo que le destrozaría el corazón.

Como eran los Valeztena, de verdad, no había otra opción.


—Me encerraron allí, en Mendoza, con total descaro, me buscaban. ¡Qué hipocresía…! Con tu actual marido, con toda clase de artimañas, conspiraron, cada vez que regresaban a Pérez, me cortaban un dedo.


Inés miró a Óscar un poco sorprendida. Como si lo hubiera interpretado de alguna manera, Óscar se apresuró a seguir hablando, como si estuviera chismeando. Sus ojos, nublados por el pánico vivido, la miraban desesperadamente, como pidiendo ayuda.


—Les rogué que me mataran. El dolor era tan terrible que les supliqué que me mataran. Dijeron que no tenían la menor intención de matarme. Un maldito médico del duque me atendió con sumo cuidado. Y después de cortarme todos los dedos, me cortaron las muñecas, después de que me volaran las muñecas, mis pies, me cortaron los tobillos… Inés… Ese cruel demonio, ese hermano tuyo, me convirtió en un manco sin manos ni pies…

—…Qué tormento debió ser. ¿Por qué no te moriste, desconsiderado?

—…...

—Habría sido mucho más cómodo si hubieras muerto cuando te quedaba al menos la mitad de los dedos para agarrar algo como esto.


Inés agitó la daga que sostenía.


—¿Y eso es todo? ¿Los brazos y las piernas? ¿Y su asquerosa… cosa?

—Inés, ¿no lo entiendes? Tu escalofriante hermano, mis miembros…

—Ah. Parece que de verdad te los cortaron todos. Incluso eso.


Ella sonrió felizmente. Su hermano, que se había vengado de una manera tan bárbara como la que se practicaba en Pérez hace trescientos años, le resultaba adorable.

Quiso abrazar a Kassel, quien con esa mente tan recta, que en otro tiempo creería que el mundo se derrumbaría si traicionaba a su señor, ahora había participado con gusto en todo tipo de engaños con su hermano en Mendoza.

Así que, al final, era su destino. Ellos estaban destinados a ser.

Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😁😄

AREMFDTM            Siguiente


Publicar un comentario

0 Comentarios