MCELM 170







Me convertí en la madrastra de una familia oscura irrevocable 170




Para ser honesta, nunca pensé que esto realmente funcionaría.

Después de todo, Dios nunca estuvo de nuestro lado.

Un ser arrogante y caprichoso que entregaba profecías no deseadas a personas que nunca las pidieron, condenándolas a una vida de sufrimiento.

Por eso lo desprecié tanto. Por eso lo odié con todas mis fuerzas.

'Maldición… tal vez debí insultarlo un poco menos'

Murmuré una pequeña maldición y alcé la vista al cielo.

En un instante, el mundo se sumió en el caos.

La figura que descendió del cielo estaba envuelta en una esfera de luz radiante, impidiendo ver su verdadero aspecto. Pero incluso sin verlo, era evidente que no se trataba de un ser común.

El aire se volvió cálido de inmediato, y un sentimiento desconocido se agitó en mi interior.

Un sentimiento parecido a la fe.

Un maldito sentimiento de devoción.


—S-Si… ¡Si…!


Incapaces de terminar la frase, las personas se arrodillaron al unísono, postrándose contra el suelo.

Ah… Esta no era la reacción que esperaba.

Que Dios descendiera sin previo aviso y quién sabe con qué intención no era precisamente lo mejor para mí.

'Las variables imprevistas siempre son un problema. Dioses de mierda'

En ese momento, como si pudiera leer mis pensamientos, la esfera de luz radiante comenzó a moverse lentamente en mi dirección.


—Durante mucho, mucho tiempo… te he observado, niña que transmite mi voluntad.


¿Observarme?

No me hagas reír.

Si realmente lo hiciste, ¿Cómo te atreviste a darme una profecía como esa?


—Vaya… Jamás imaginé que aparecerías en persona.

—…¿No fuiste tú quien me invocó?


Bueno…

Tal vez, en lo más profundo de mi mente, había deseado que algo como esto ocurriera.

Pero en realidad, no fui yo quien te trajo aquí.

Solo estábamos fingiendo. Pretendiendo ser lo que no somos.

Por eso Ian me advirtió una y otra vez sobre la posibilidad de que falláramos.

Y sin embargo…

Aquí estaba.

El verdadero Dios.


—…De todas formas, le agradezco por aparecer.

—No puede ser… ¿Un dios… de verdad…?

—A-ah…


El emperador negó con la cabeza, incapaz de aceptar la realidad, mientras que el sumo sacerdote, con el rostro pálido como si cargara todos los pecados del mundo, solo temblaba sin decir una palabra.


—Niña que transmite mi voluntad. ¿Qué es lo que deseas?

—Que pruebes con tus propias palabras lo que dijiste cuando me hablaste. Demuestra que los dioses ya no existen.


Pero… esto es extraño.

Si podía descender de esta manera, ¿por qué tuvo que transmitirme su mensaje en primer lugar?

No tenía sentido.

Sin embargo, el dios no respondió de inmediato.

Permaneció en silencio durante un largo rato, moviéndose lentamente, como si estuviera esperando algo… o como si quisiera grabar en su memoria las imágenes de los fieles que lloraban y clamaban su nombre por última vez.

¿Qué significaba realmente la voluntad de los dioses?


—Yo… he estado en todas partes. He existido en todo y en todos. Desde ahí, he escuchado sus voces. También he oído claramente aquellas que usaban mi nombre y mi voluntad para amenazar a los demás…


Finalmente, el dios dirigió su mirada hacia nosotros.

Sentí un pinchazo en el pecho.

'No me digas que descubrió mi plan'

Por un instante, deseé que simplemente desapareciera.


—Mamá… quiero irme… Me da miedo… Ni siquiera los creyentes me quieren… Yo… yo…


Al ver a mi pequeña temblando, negué con la cabeza y la abracé con fuerza.


—Está bien… Todo estará bien.


Tal vez el sumo sacerdote sintió que la situación aún podía volverse a su favor. Después de observar con cautela el desarrollo de los acontecimientos, volvió a mirarnos, para luego dirigir su atención al dios.


—¡Así es! Oh, divinidad que has descendido a la tierra para guiarnos por el camino correcto. Castiga a ese impostor, a ese falso oráculo que nos ha confundido.

—¿Un falso oráculo, dices…?

—¡Sí! Oh, divinidad…

—Ya veo. Últimamente han circulado falsos oráculos. Hay demasiados que se atreven a burlarse de la verdadera voluntad divina.


…¿Por qué me mira así mientras dice eso?

No tengo nada de qué sentirme culpable, pero cada vez que los ojos del dios se posan en mí, siento una punzada en el pecho.

Bueno, en fin… Yo no he mentido, así que estoy tranquilo.

Debería estarlo, pero por alguna razón, mi mirada sigue desviándose.

'¿O acaso… ese ser que dice ser un dios… es algo creado por el sumo sacerdote o el emperador?'

Ese pensamiento cruzó mi mente por un instante, pero enseguida lo descarté.

Si así fuera, ellos no habrían reaccionado con tanta sorpresa ante la aparición de la divinidad.


—Yo ya he dado mi revelación. No hay más dioses en este mundo. La tierra, que alguna vez estuvo llena de energía divina, se secará y agotará poco a poco. Así que transmitan mi voluntad: los dioses ya no existen. Lo dije a través de la Niña del Oráculo, aun así, ¿por qué siguen sin creerlo?


El rostro del sumo sacerdote, que hasta hace un momento miraba a la divinidad con expectación, se tensó de golpe.


—E-eso es…

—¿Por qué han cambiado mi revelación a su antojo? Yo les dejé un mensaje claro a toda la familia imperial. Les entregué un oráculo para que encontraran la manera de afrontar sus vidas en un mundo sin dioses y evitaran su final. Y sin embargo, han ignorado mis palabras y proclamado falsos oráculos. Mi hijo… Tú, que deberías haber sido quien mejor transmitiera mi voluntad, ¿por qué…?


De pronto, el resplandor puro de la esfera comenzó a cambiar de color.

Y justo en ese momento, el mundo entero pareció estremecerse como si un terremoto lo sacudiera.

Sin que nadie diera la orden, Ian y Jenna corrieron hacia nosotros y sujetaron a Rere con urgencia.


—D-divinidad…

—Si preguntan por qué el mundo está llegando a su fin… La respuesta es simple: por culpa de ustedes.

—…Ah…

—La fe pura de quienes creen en los dioses se acumuló durante mucho tiempo, hasta el punto de probar nuestra existencia. Pero en algún momento, sus corazones comenzaron a ensuciarse.

—…...

—Mintieron una y otra vez, construyeron más mentiras sobre esas mentiras. Crearon oráculos que no reflejaban mi voluntad, y por ello, todo se ha desmoronado.

—…....

—¿Por qué mintieron?


La divinidad señaló directamente a una persona.


—Tú… Sumo sacerdote. Tú, que deberías haber transmitido mi voluntad con pureza…


Nadie se atrevió a responder.

Incluso aquellos que parecían haber sido colocados por el templo para influenciar la situación permanecieron en silencio.

Y mientras tanto, la esfera no dejaba de crecer.


—E-eso… Eso es… Desde tiempos antiguos… Desde generaciones pasadas… De generación en generación… Por eso… ¡Yo… yo no tengo la culpa! ¡Yo…!


Bajo la mirada afilada de todos los presentes, el sumo sacerdote terminó confesando su error.

Después de todo, si el propio dios que sustentaba su existencia le preguntaba aquello, ¿qué otra opción tenía sino admitirlo?

El ambiente se volvía cada vez más tenso, como si algo estuviera a punto de estallar en cualquier momento.


—A-así que… Todo esto fue ordenado por la familia imperial… Yo solo hice lo que ellos me dijeron. ¡No es culpa mía! ¡Yo no tengo ninguna responsabilidad!


Al instante, la esfera comenzó a tornarse de un rojo intenso.

Como si estuviera expresando ira, púas comenzaron a emerger de su superficie lisa.


—¿Por qué lo hicieron? ¿Por qué… por qué… nos convirtieron en esto? ¿Por qué…?


Era resignación. Pero también ira. Una mezcla de innumerables emociones.


—Yo… ¡Yo nunca mentí! Solo… solo… ¿Y cómo sabemos que eso es realmente un dios? No tienen que temer. Eso, eso no puede ser…

—Sigues… Sigues negándome. ¿Aún no comprendes que mi desaparición es culpa de ustedes?


El temblor se intensificó.

Ahora era tan fuerte que apenas podíamos mantenernos en pie.

El anciano sumo sacerdote no pudo resistir más y cayó de rodillas.

No solo eso.

Pronto, se postró completamente contra el suelo.


—¡Oh, divinidad…! ¡Oh, gran divinidad…!

—Basta. ¿Cómo pueden seguir creyendo en algo así? Eso… eso no puede ser un dios.


Algunos reaccionaron con incredulidad y negación absoluta.

Observando la situación, abrí la boca y hablé con calma:


—La revelación dada al actual emperador decía lo siguiente: 'Aquel nacido con la sangre de la familia imperial traerá su propia ruina. No codicies lo que no te pertenece. En el momento en que lo hagas, no habrá marcha atrás'

—T-tú… ¿Cómo te atreves a repetir mi revelación…?


A pesar del caos, mi voz se escuchó con claridad.

El emperador me señaló con la mano temblorosa, presa de la desesperación.


—Bueno… Es que yo soy algo especial, después de todo.


Sacudí los hombros y fijé la mirada en el emperador.

Luego, recorrí con la vista a todos los que se habían reunido aquí.


—Se dijo que mi hija traería un baño de sangre. Y ustedes dirigieron su ira hacia ella. Entonces, ¿qué harán con la profecía del emperador, la misma que tanto siguen? La profecía que él mismo admitió como verdadera, ¿qué harán con ella?


Era extraño.

Hablé como siempre lo hacía, pero por alguna razón, sentí que mis palabras llegaban a cada una de las personas aquí presentes.

Sin excepción.

Era como si mi voz se amplificara, como si estuviera usando un megáfono invisible.


—Destrucción y sangre derramada… ¿Cuál de las dos creen que es más grave?

—Eso es…

—¡Qué estupidez! Si no fuera por esa niña, nada de esto habría ocurrido.

—¡El verdadero culpable es el que osó codiciar lo que no debía!


Ni siquiera el emperador merecía ya indulgencia.

Ese maldito bastardo intentó acabar con mi hija, tanto física como mentalmente.

No importa si es el emperador. No lo perdonaré jamás.


—¡Eso es…!


Mientras tanto, la luz, antes tan radiante y cálida, se tornó negra.

Como si todo hubiera llegado a su fin.

Como si el mundo estuviera presenciando su propio apocalipsis.


—Ah…


Fue entonces cuando todos comprendieron que algo había salido terriblemente mal.


—E-el dios está furioso…

—Oh, gran divinidad, no nos abandones… Oh, divinidad…


Pero sus súplicas ya no llegaban a él.

La esfera, antes translúcida y vibrante, se había oscurecido por completo.

¿Era esto la destrucción y el fin del mundo que el dios había anunciado?

No cabía duda de que todos estaban sintiendo lo mismo que yo.

Incluso el emperador, que hasta hace un momento gritaba con rabia, ahora permanecía en silencio.

¿Acaso este era el significado de un mundo sin dioses?

Entonces, una pequeña luz apareció en el cielo.

Como el brillo de una estrella dispersándose lentamente, descendió con suavidad.


—La pequeña flor que florece en el lugar más puro será la clave para resolverlo todo. El final… es también el inicio de todo.

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