WANGUSHENDI 2860




EMPERADOR DIVINO ETERNO 2860

Viejo Zhang



Raws: 2843


Tigre Blanco Entierro Dorado se pegó un susto al ver el aspecto actual de Zhang Ruochen.


—¡Ve, ahora sí puedes actuar!


Dijo Zhang Ruochen con la vista fija en el espacio estrellado.

En los ojos de tigre de Tigre Blanco Entierro Dorado afloró gradualmente una tristeza muy humana, dijo:


—¿De verdad estás bien?

—Estoy bien, pero debo irme de inmediato, irme antes de que Yaoyao salga. ¿Me ayudas por última vez?


Los párpados de Zhang Ruochen caían pesados, sus ojos lucían nublados y abrazaba el bastón de madera con ambas manos, viéndose tambaleante y a punto de colapsar.

Tigre Blanco Entierro Dorado ya no podía percibir lo que Zhang Ruochen pensaba en su corazón.

Sin embargo, pudo notar a simple vista que Zhang Ruochen quería escapar.

Escapar a un lugar donde nadie pudiera encontrarlo, para enterrarse a sí mismo.

De esa manera, ¡nadie sabría que había muerto!

Mientras Chi Yao no encontrara su cadáver, siempre conservaría una esperanza en el corazón.

Una persona, mientras mantenga una esperanza en el corazón, sin duda buscará la manera de esforzarse por seguir viviendo.

Él necesitaba darle a Chi Yao esa pequeña chispa de esperanza.

Con el corazón apesadumbrado, Tigre Blanco del Entierro Dorado dijo:


—¿Acaso volverás algún día?


Zhang Ruochen sonrió levemente, con los ojos desprovistos de brillo, como si ya se hubiera quedado dormido.


—¡Auuuu!


Tigre Blanco Entierro Dorado lanzó un rugido prolongado y salió disparado hacia afuera; su cuerpo se volvió cada vez más gigantesco, desprendiendo una luz dorada resplandeciente mientras atacaba a los dos dioses de la Raza Demonio fuera de la formación.

El rugido del tigre resonó desolado, como si contuviera una furia y una aflicción capaces de desgarrar el cielo y la tierra.

El Gusano Caótico Espacial voló hacia abajo desde el dedo de Zhang Ruochen, devorando el espacio hasta abrir un agujero de gusano espacial.

Zhang Ruochen dio un paso adentro, abandonando este planeta.

Tras múltiples travesías espaciales, sin saber a dónde había llegado, el Gusano Caótico Espacial agotó sus fuerzas, convirtiéndose en un anillo de siete colores que se enroscó en el dedo de Zhang Ruochen.

Por su parte, Zhang Ruochen cayó sobre un planeta de vida de color azul celeste, quedando tendido en el suelo con el cuerpo sumido en una debilidad extrema; tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas apenas para sacar una Medicina Santa Yuanhui capaz de aumentar la esperanza de vida y tomársela.

Sin embargo, fue inútil.

Su esperanza de vida se había agotado por completo, quedando solo una pequeña llama de vida; la toma de cualquier píldora médica era incapaz de alargarle la existencia.

Zhang Ruochen abrió los ojos para contemplar el cielo azul y las nubes blancas; a un lado de su rostro había hojas de hierba de un verde tierno, con gotas de rocío resbalando de ellas que le humedecían el cabello.


—Está bien, ¡que sea aquí entonces!


Zhang Ruochen no tenía la más mínima gana de moverse; solo quería quedarse echado así, en silencio sobre el suelo, escuchando el murmullo del viento y el canto de las aves, sintiendo el frescor de la naturaleza.

Dejar ir todos los amores, dejar ir la culpa en su corazón, dejar ir las responsabilidades agotadoras, dejar ir la añoranza, dejar ir los apegos, dejar ir los diversos rencores y enredos de este mundo, para no volver a pensar nunca más en el pasado.

Ser una piedra, ser un tronco seco.

Simplemente morir así en silencio en la intemperie, sin que nadie lo sepa, ni hacer falta que nadie lo sepa.


—¡Gulu! ¡Gulu!


El sonido de unas ruedas girando se fue acercando desde la distancia.


—Papá, parece que hay alguien echado allá, voy a mirar.


Sonó la voz suave y alegre de una jovencita.

El sonido de unos pasos llegó hasta el lado de Zhang Ruochen.

Una mano ligeramente cálida y suave tocó primero la punta de la nariz de Zhang Ruochen y luego le palpó la frente.


—Papá, el ancianito aún está vivo, ¡salvémoslo!












⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅











Zhang Ruochen fue subido a una carreta jalada por bueyes; la carreta estaba cargada con bastantes objetos diversos: herramientas de hierro, verduras, frutas, jarras de licor, etc.

La carreta avanzo lentamente hasta llegar a un pequeño pueblo.

Los alrededores se llenaron de bullicio, adquiriendo poco a poco toda clase de sonidos: pregones, bramidos de bueyes y caballos, sonido de agua, risas, llantos.

La conciencia de Zhang Ruochen estuvo lúcida de principio a fin; sin embargo, no tenía el menor deseo de moverse ni de hablar, por lo que se mantuvo en un estado de profundo sueño como si fuera un vegetal.

La jovencita que salvó a Zhang Ruochen se llamaba Xiao Lin.

Su papá era de apellido Mu.

Este padre y su hija administraban la única posada del pueblo.

Aunque le decían posada, en realidad era muy humilde; solo contaba con un salón para servir comida y cinco habitaciones. Hoy en día, una de esas cinco habitaciones estaba ocupada por Zhang Ruochen.

Este padre y su hija eran de muy buen corazón, cuidando en todo momento al —enfermo en coma— Zhang Ruochen.

Todos los días Xiao Lin traía medicina en sopa para dársela de beber a Zhang Ruochen.

Por las mañanas y por las noches, le lavaba la cara y le limpiaba las manos.

También habían traído al médico del pueblo para que examinara a Zhang Ruochen.

¡Muy pronto pasó un mes!

El Poder Espiritual de Zhang Ruochen en realidad ya se había recuperado por completo; como Dios de Poder Espiritual, incluso en la etapa más débil de sus años de vejez, su cuerpo físico seguía siendo sumamente poderoso.

Él podía despertar.

¡Pero no tenía el menor deseo de despertar!

Siempre estuvo calculando, ¿cuándo demonios se apagaría esa pequeña llama de vida en su cuerpo?

Y este cálculo duró más de medio año.

Zhang Ruochen creía al principio que solo viviría unos cuantos días a lo mucho, que al haber perdido por completo la voluntad de vivir, debería morir aún más rápido. Sin embargo, esa pequeña chispa de vida era extraordinariamente tenaz, manteniéndose encendida a como diera lugar.

La mañana de este día, en el patio trasero de la posada, se desató una batalla.

Dos grandes gansos blancos se agarraron a pelear con un buey amarillo que estaba atado a la cerca del establo.

Los dos grandes gansos blancos eran feroces en extremo, atacando con la embestida violenta de dos elefantes; sus graznidos eran estridentes, sus miradas dominantes, de a ratos alzaban el vuelo para usar sus picos largos y planos para pellizcar los muslos y la carne blanda del vientre del buey amarillo.

Eran capaces de arrancarle un gran mechón de pelo al buey.

Como decía un antiguo refrán: 'Más vale ser mordido por un perro que pellizcado por un ganso'

La agresividad y el poder de ataque de un ganso quedaban más que demostrados.

La posición del primer lugar en poder de batalla entre las aves y animales de corral era inamovible; con el solo estiramiento de cuello y un fuerte graznido, podían espantar y hacer retroceder a rivales comunes como gatos y patos.

Frente al ataque de los dos grandes gansos blancos, el buey amarillo claramente no era rival; solo podía dar saltos de rabia, corriendo en círculos alrededor de la cerca para escapar por su vida. Muy pronto, a causa de sus corridas a ciegas, terminó enrollando toda la cuerda de su nariz en la cerca.

Con aire blanco saliendo de sus fosas nasales, quedó completamente inmóvil, a merced de lo que los gansos quisieran hacerle.

Por suerte Xiao Lin llegó a tiempo, ahuyentando a los dos grandes gansos blancos a regañadientes, logrando así salvarlo.

Viendo su aspecto tontorrón tras la aplastante derrota, se podía decir que no solo perdió la batalla, sino también la dignidad.

Mientras le desataba la cuerda, Xiao Lin le decía:


—Eres el más cobarde de todos; con semejante tamañazo que tienes, no le puedes ganar ni a dos gansos. De no ser porque aún te necesitamos para jalar la carreta, este Año Nuevo te llevaría directo al matadero para comer carne de res en olla caliente.


Sentado junto a la ventana, Zhang Ruochen ya llevaba un buen rato observando y, sin darse cuenta, dejó escapar una risita.

Al escuchar la risa, Xiao Lin alzó la mirada.

En esos ojos claros y brillantes apareció una expresión de alegría; sin importarle volver a atar al buey amarillo, corrió directamente hacia el salón principal, gritando alegremente:


—¡Papá! ¡Papá! Despertó, despertó…...

—¿Quién despertó?

—¡El ancianito despertó!

—¿Dices que despertó el viejito que recogimos hace medio año? Rápido, rápido, vamos a ver.












⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅











El viejo Mu y Xiao Lin subieron las escaleras a paso apresurado.

Por su parte, Zhang Ruochen seguía con la mirada fija en el patio trasero; ese buey amarillo parecía un bobo: a pesar de no estar atado, permanecía inmóvil en su sitio sin atinar a correr, resultando de lo más cómico.

El viejo Mu empujó la puerta, entró y, mirando a Zhang Ruochen sentado junto a la ventana, dijo:


—De verdad despertaste, gracias al cielo.


Zhang Ruochen se puso de pie y dijo:


—Muchas gracias a los dos.


Xiao Lin asomó su carita desde atrás, con dos trencitas que la hacían ver muy tierna; sonriéndole a Zhang Ruochen, dijo:


—Te recogimos del camino hace medio año, viejito. ¿Cómo te llamas? ¿Dónde queda tu casa? ¿Cómo terminaste tirado en medio de ese descampado?


Zhang Ruochen ya lo había dejado ir todo, pero debido a la palabra 'casa' pronunciada por ella, sus sentimientos se agitaron de nuevo, mostrando una mirada bastante ensombrecida mientras decía:


—Yo... ¡no tengo casa!


Xiao Lin estaba a punto de seguir preguntando, pero el viejo Mu la reprendió a tiempo, haciéndola sacar la lengua del susto.


—Si no tienes casa, no importa; de ahora en adelante este lugar será tu casa.

—En ese caso vas a tener que dar una mano, ¿ah? Hay demasiados quehaceres en la posada, yo sola no doy abasto.

—Xiao Lin, el anciano aún está muy débil.

—No se preocupe, ya estoy casi recuperado del todo, aún puedo hacer algunos quehaceres. El patrón no me llame anciano, no soy digno de ese trato, mi apellido es Zhang......

—Entonces te llamaremos el viejo Zhang.


Zhang Ruochen sonrió y dijo:


—¡De acuerdo!


Fue así que la Posada Linxing del pequeño pueblo ganó un nuevo ayudante llamado 'Viejo Zhang'.

A pesar de llamarse posada, antes en realidad solo estaban el viejo Mu y Xiao Lin.

No había muchos huéspedes hospedándose, pero sí bastantes clientes para comer.

A la hora de la comida todo se volvía ajetreado.

Eran pocas las cosas que Zhang Ruochen podía hacer: apenas ayudar a recoger los tazones y palillos, añadir leña y servir agua, además de encargarse de alimentar al buey amarillo y a los dos grandes gansos blancos.

El viejo Mu era un hombre multifacético: sabía elaborar licor, hacer trabajos de carpintería, reparar paredes y cambiar tejas, también cocinar. En sus tiempos libres, incluso podía tocar el batidor de madera y cantar un fragmento de ópera con una melodía cargada de nostalgia.



Cien años parecen una borrachera, el pecho rebosante de primavera.

Tendido en la Montaña del Este sobre una nube ligera.

¡Bah!, la calumnia y la verdad son solo polvo en la cara, que termina consumiendo a incontables hombres de la historia.

……



El batidor de madera era un instrumento musical compuesto por un palo redondo y una tablilla de madera rectangular que, al ser golpeado, emitía un sonido denso y grave.

Zhang Ruochen, al no tener nada que hacer en sus momentos libres, también aprendió a tocar el batidor y las melodías de la ópera.

Entonar un par de frases al día con su debido ritmo resultaba bastante entretenido.

El tiempo pasó como agua entre los dedos.

Xiao Lin llegó a los 16 años, creciendo esbelta y agraciada; aprendió a maquillarse, aprendió a arreglarse, además se enamoró de un joven del pueblo de apellido Yun.

En plena flor de la juventud, ¿qué jovencita no siente latir su corazón?

Bajo el gran árbol de pagoda fuera de la posada se prometieron una vida entera juntos, acurrucándose bajo la luz de la luna y grabando sus dos nombres en la pared de piedra.

Eran las mejores vivencias, también los mejores años de la vida.

Para Zhang Ruochen, por supuesto, esto tuvo su impacto: ¡los quehaceres que le tocaba hacer se volvieron más que antes!

Hasta que al atardecer de aquel día, el joven de apellido Yun vino a la posada a despedirse de Xiao Lin. Tenía que irse a miles de leguas de distancia, a una secta, para postular y aprender artes marciales, prometiéndole que una vez ingresara a la secta la llevaría con él.

Pero tras esa partida, jamás volvió.

Según decían los familiares de los Yun, el joven logró ingresar con éxito a la secta, quedando bajo la tutoría de un anciano supremo; hoy en día tenía un futuro brillante y estaba entregado en cuerpo y alma al camino marcial, teniendo muy poco contacto con su familia y limitándose a enviar apenas una carta a casa cada año.

Xiao Lin, sin embargo, le tenía una fe ciega a aquel joven. Todas las tardes al atardecer iba a esperar bajo el gran árbol de pagoda, mirando hacia el sol poniente, hacia el lugar más hermoso del arrebol.

Día tras día, durante diez años.

A lo largo de estos diez años, el viejo Mu le encomendó en múltiples ocasiones a casamenteras que le buscaran a Xiao Lin una familia de novio adecuada. Encontraron a bastantes con condiciones muy prósperas, pero todos fueron rechazados por Xiao Lin.

Por más buena que fuera la familia del novio, ¿cómo podría compararse con el arrebol de diez años atrás?

Ella creía con firmeza que un día, el joven de su corazón vendría desde el sol poniente en el atardecer más majestuoso del arrebol, conduciendo un carruaje lujoso para llevársela. ¡Ese era el juramento entre ambos!

Y fue así que transcurrieron otros diez años.

El viejo Mu, al igual que Zhang Ruochen, ya lucía una cabellera completamente blanca, estando gravemente enfermo en cama, sin poder cocinar ni cantar ópera nunca más.

Zhang Ruochen se sentó al borde de la cama, le tomó la mano y le preguntó:


—Viejo Mu, si hubiera una oportunidad de curar tu grave enfermedad e incluso permitirte vivir hasta los cien o doscientos años, ¿estarías dispuesto?


El viejo Mu cerró los ojos y sacudió la cabeza, diciendo con debilidad:


—Ya no hace falta; habiendo vivido hasta esta edad, ya ha sido suficiente. Aparte de Xiao Lin, en esta vida ya no me queda ningún anhelo ni deseo ponerme a aspirar a nada más. Viejo amigo, de verdad que tú sí sabes vivir... Xiao Lin... Xiao Lin, hija... tu papá ya no... podrá acompañarte... más...


Xiao Lin, en realidad, ya no era la pequeña Xiao Lin.

Este año cumplía 36 años y se había convertido en la nueva patrona de la posada.

El viejo Zhang seguía siendo el mismo viejo Zhang de siempre: tras más de veinte años aún no había muerto, poseyendo una vitalidad asombrosamente tenaz; incluso los dos grandes gansos blancos y el viejo buey amarillo que él criaba sabían vivir tanto como él.

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