EMPERADOR DIVINO ETERNO 2656
Palacio del Juicio del Palacio Divino de la Luz
Raws: 2641
¡Shu Yong se arrepintió por completo!
De haber sabido que la 'maravilla' de la que hablaba Shu Qianchi era semejante salvajada, una total ofensa al decoro y las buenas costumbres, mil veces hubiera preferido seguir vendiendo caligrafía.
Vender caligrafía siempre iba a ser mucho mejor que andar vendiendo cadáveres.
Y es que, tal cual, el puesto donde antes estaba la caligrafía se había convertido en un puesto de muertos.
Había dos cadáveres en total.
Uno de ellos, según decían, era un semidiós. Tenía doce alas de ángel en la espalda y una piel tan cristalina que, a pesar de estar bien muerto, seguía emanando una luz santa recontra brillante. La intención asesina que brotaba del cuerpo era tan fuerte que podía dejar congelados de miedo a los cultivadores que todavía no llegaban al nivel de Santos Supremos.
Es más, cualquier cultivador por debajo del Reino Rey Santo ni loco podría acercarse a ese cuerpo; un paso en falso y corría el riesgo de estirar la pata ahí mismo.
La Raza Ángel era un clan gigantesco en el Campo Celestial, con una población interminable; sin embargo, los Santos Supremos que lograban desarrollar doce alas se podían contar con los dedos de una mano. Por eso, Shu Yong no lograba reconocer quién era el que estaba tirado en el suelo.
El otro cadáver era completamente negro y tenía toda la piel cubierta de complejas inscripciones de Dao de Ilusión de altísimo nivel.
Incluso sin estar activadas, cualquier Santo Supremo común y corriente que se acercara a menos de diez metros caía en una ilusión al toque, quedándose todo atontado e ido.
A esas alturas, ya había como siete Santos Supremos atrapados en la ilusión, dando vueltas cerca del puesto de cadáveres como si fueran almas en pena o muertos vivientes. Con eso ya se imaginaran lo terroríficas que eran esas inscripciones; un Santo Supremo cualquiera jamás podría dominarlas, así que ese cuerpo era una verdadera fortuna.
Mientras tanto, Shu Qianchi estaba ahí mismo descuartizando los cuerpos.
El cadáver del semidiós de la Raza Ángel ya estaba todo trozado, apilado en más de diez partes.
Las doce alas de ángel estaban acomodadas en un solo montón, adelante les habían plantado un letrero que decía: 'Alas de semidiós, ideales para fabricar tesoros secretos de tipo volador. El par sale a doscientas piedras divinas; no se venden sueltas y no hay rebajas, no se insista.'
La letra, lógicamente, era de Shu Yong.
Shu Yong juraba por lo más sagrado que haber escrito esas asquerosidades no era para ganarse una tajada de las piedras divinas de Shu Qianchi; él era un hombre de principios, decente y correcto.
Lo que pasaba era que el Campo del Libro y la facción del Campo Celestial se tenían un odio a muerte desde hace ufff.
Esa facción del Campo Celestial estaba repleta de monstruos en combate y, para colmo, apoyaban con todo al Campo Confucio, fastidiando a cada rato al Campo del Libro. Los cultivadores de su mundo habían aguantado demasiados golpes bajos sin poder cobrárselas.
Así que, al escribir ese letrero y meterse en el negocio de vender el cadáver de un semidiós de la Raza Ángel, sentía un fresquito por dentro, como si por fin estuviera cobrando venganza. Aunque claro, por fuera, tenía que disimular y mantenerse serio.
Pensando en eso, Shu Yong agarró y le metió otra línea de texto al letrero: 'Para cultivadores del Campo Celestial, diez por ciento de descuento.'
—Hermano Shu, ¿qué tal quedó si lo pongo así?
Zhang Ruochen se quedó medio estupefacto por un segundo, pero luego asintió y le dijo:
—Ya, bacán, no hay problema. Sigue en lo tuyo, ¡que yo ya le saqué la Fuente Santa!
—¿No se nos habrá ido la mano con el precio?
Shu Yong no tenía ni un pelo de experiencia en estos negocios y le entró el miedo de que nadie les comprara nada.
—Las alas de un ángel semidiós ya tienen la esencia divina madurada por dentro, son una joya rarísima. ¡A doscientas piedras divinas más bien siento que las estoy regalando! Pero como ando recontra aguja de piedras divinas últimamente, ya qué queda, las rematamos nomás.
Y es que Zhang Ruochen no solo necesitaba las piedras divinas para activar el Reloj de Sol, sino también para comprar otros recursos de cultivo, esos gastos eran una locura.
Por el lado de Zhen Yuan, después de darle un par de vueltas al asunto, Zhang Ruochen vio bien yuca que lo hubieran descubierto. Lo más probable era que Zhen Yuan hubiera visto este disfraz antes y sospechara que era algún cultivador del Campo Kunlun transformado; quién sabe y hasta pensaba que se trataba de Emperador Wen.
De todas formas, como Tai Shang ya le había dado luz verde diciéndole que no se guardara nada, el tipo andaba sin miedo al éxito.
Eso sí, lo de ponerse a escribir, ¡ni hablar!
Era dar demasiada papaya, muy fácil meter la pata y terminar exponiéndose.
Este semidiós de doce alas de la Raza Ángel era, ni más ni menos, que Fugu, el asesino número dos de la organización de Asesinos Celestiales.
Unos minutos después, Zhang Ruochen terminó de despellejar completito a Mo Yang.
Aparte de esa piel, el cuerpo de Mo Yang, siendo un Santo Supremo enfocado en el Poder Espiritual, la verdad es que no valía gran cosa.
Alrededor del puesto de muertos, la gentita comenzó a amontonarse cada vez más.
¡Es que era un escándalo total!
Ver a dos intelectuales confucianos, vestiditos de lo más elegante, vendiendo cadáveres en plena calle y encima picados en pedacitos... a todos se les caía la cara de la vergüenza y se les rompían los esquemas. Y lo que más palta daba era que uno de los finados era un semidiós de doce alas de la Raza Ángel.
No cualquiera de esa raza llegaba a las doce alas; lo normal era quedarse en diez.
—¿Shu Yong? Asu mare, de verdad eres tú, pensé que me había confundido de pata.
Un hombre de lo más elegante, vestido de blanco, con un abanico en la mano y un pincel de jade clavado en el cabello, cruzó la zona de la ilusión y se acercó al puesto, totalmente en shock.
—¿De dónde miércoles han sacado estos dos muertos? Tú, siendo el mismísimo Santo de la Caligrafía Yong, ¿cómo puedes prestarte para una cochinada así? ¡Qué falta de respeto para el arte, qué ordinario, de verdad!
Shu Yong se puso rojo de la vergüenza y, por un momento, se quedó mudo sin saber qué responder.
El recién llegado añadió:
—En mi vida he visto una escena tan loca... No, no, esto no me lo pierdo, tengo que pintarlo sí o sí.
El hombre de blanco se quedó mirando un buen rato, se quitó el pincel del cabello y se puso a dibujar de frente en pleno aire.
Apenas apoyó el pincel, las reglas del cielo y la tierra comenzaron a amontonarse bajo sus trazos, dando forma a un lienzo de más de tres metros de largo.
—¿Y este quién es, ah?
—Hua Chunqiu.
le sopló Shu Yong bajito.
A Zhang Ruochen el nombre le sonó un poco conocido. Le dio un par de vueltas en la cabeza hasta que se acordó y dijo:
—¿El mismo que pintó la Pintura de las Nueve Bellezas Inmortales?
Shu Yong asintió con la cabeza.
—Hermano Hua, ¿otra vez te dio por ponerte a pintar?
Otro tipo cruzó el gentío que estaba de mirón y dio unos pasos hacia adelante, yendo directo hacia Hua Chunqiu. Este hombre llevaba una túnica de un rojo encendido; era de contextura fortachón, espaldón y bien moreno, parecía un toro.
Al ver a este sujeto, Zhang Ruochen puso una cara de sorpresa y, sin darse cuenta, se le escapó una sonrisa.
A Shu Yong se le mudó el color del rostro y comentó:
—Este pata tiene un respaldo recontra pesado, ¿ah? Es el yerno de la mismísima Líder del Palacio Divino de la Verdad y uno de los pesos pesados que salieron del Campamento del Sellado de Dioses. No lo mires así todo simplón y tosco, el tipo tiene un talento que es una locura.
Zhang Ruochen ya sabía que el talento de Xiang Chunan para el cultivo era innegable, así que asintió levemente con la cabeza.
La pregunta era: ¿cómo así un tipo tan rústico como Xiang Chunan andaba de 'hermano' de arriba a abajo con el refinado y elegante Hua Chunqiu?
Esos dos no tenían nada que ver el uno con el otro, parecía que no encajaban ni a palos.
¡Boom!
El lienzo que Hua Chunqiu tenía adelante estalló en mil pedazos por un palmazo que le metió Xiang Chunan sin querer.
La tinta terminó desparramada por todo el piso.
Hua Chunqiu sintió un dolor de cabeza insoportable... ¡y es que no era la primera vez que le hacía esa gracia!
—¡Disculpa, disculpa! No fue a propósito, hermano, de verdad que para la próxima tengo más cuidado, ¡te lo juro!
dijo Xiang Chunan al toque, recontra arrepentido y echándose la culpa.
Hua Chunqiu respiró hondo para no perder los papeles, apretó los dientes y le reclamó:
—¿Te puedes dejar de seguirme, por favor? Yo solo quiero pintar mi cuadro tranquilo, no te pido más.
—¡Te juro que para la próxima ya no pasa! Voy a andar con recontra cuidado.
A Hua Chunqiu se le quitaron todas las ganas de empezar otro cuadro. ¿Qué más le quedaba por hacer? Soltó un tremendo suspiro de resignación. ¿En qué momento se le ocurrió cruzarse con este grandulón tosco?
El tipo se había encaprichado con que tenían una conexión del destino y paraba pegado a él como chicle, no se lo podía sacudir con nada.
Recién en ese momento, Xiang Chunan se dio cuenta del puesto de muertos de Zhang Ruochen y Shu Yong. Se acercó con cara de asombro y les dijo:
—Oigan, maestros, ustedes que son intelectuales confucianos, ¿cómo terminaron metidos en este tipo de negocio?
A Shu Yong le entró la palta otra vez y se tapó la cara para pasar piola.
Zhang Ruochen, en cambio, se mostró de lo más fresco y suelto:
—Míralo como si estuviéramos vendiendo carne de bestia sagrada nomás, choche. Algo de piedras divinas le sacaremos, aunque sea.
—Qué buena actitud, me caes bien. Hermano, ¿cuál es tu apellido?
—¡Shu!
—¡Hermano Shu! Yo soy discípulo del Palacio Divino de la Verdad, me llamo Xiang Chunan. ¡Dime Chunan nomás, con confianza!
...
Zhang Ruochen y Xiang Chunan conversaron un ratito y al toque agarraron confianza; empezaron a tratarse de 'hermanos' y la conversación se puso de lo más amena.
Al enterarse de que Xiang Chunan ya se había casado con Qingsi Xue, la hija de la Líder del Templo de la Verdad, Zhang Ruochen se lamentó de mentirita, diciendo que era una pena haberlo conocido tan tarde y haberse perdido la fiesta de la boda.
Xiang Chunan, que era recontra desprendido, le dijo a Zhang Ruochen que no se hiciera palta, que hoy mismo en la noche se ponían al día y que él invitaba los tragos.
Por su parte, Hua Chunqiu, que se llevaba muy bien con Shu Yong y tenía una amistad de años con él, se sentó a su lado y le dijo con tono serio:
—Esa jugada de usar este puesto para vacilar y fregar a la facción del Campo Celestial les quedó precisa, bien pensada. Pero ya, al grano, ¿de dónde miércoles sacaron estos dos cadáveres?
—Hermano Shu, ¿de dónde sacamos estos muertos?
Shu Yong volteó de inmediato a preguntarle a Zhang Ruochen.
Zhang Ruochen contestó de lo más tranquilo:
—Me los encontré botados.
—Me los encontré botados.
Shu Yong le pasó el dato a Hua Chunqiu.
Hua Chunqiu asintió con la cabeza muy serio y comentó:
—Si te los encontraste botados, entonces mostro. Así nos evitamos un montón de jaranas. Incluso si los cultivadores de la facción del Campo Celestial vienen a reclamar, no tenemos por qué arrugar; al fin y al cabo, nosotros no los quebramos.
—¿Cómo que 'nosotros'? ¿Qué tienes que ver tú en esto?
Hua Chunqiu soltó un bufido:
—Están armando terrible chongo aquí; ¿tú crees que la gentita del Campo Celestial no va a estar recontra asada? ¿Te alucinás capaz de aguantar el golpe tú solito, Shu Yong?
¡Flap!
Abrió su abanico de un solo golpe.
Hua Chunqiu comenzó a abanicarse y añadió:
—¿Acaso crees que yo, Hua Chunqiu, le corro al peligro? Mi Campo de la Pintura y la facción del Campo Celestial nos tenemos un odio a muerte, somos enemigos jurados. Por cierto, ya que van a vender estas vainas, ¿me va a caer algo de piedras divinas o qué?
Shu Yong se quedó medio estupefacto por un momento y le dijo:
—Este... la verdad es que ahí sí yo no corto ni pincho, choche.
Zhang Ruochen, que era recontra desprendido, pateó el cadáver de Mo Yang hacia su lado y le dijo:
—El hermano Hua demostró tener bien puestos los pantalones, es de los que se fajan por los amigos en las malas. Ese muerto es todo tuyo; no te voy a pedir ni una sola piedra divina de lo que saques por él.
Hua Chunqiu examinó al detalle el cuerpo de Mo Yang y se dio cuenta de que, cuando estaba vivo, el tipo manejaba un Poder Espiritual altísimo, al punto de haber usado esa energía para templar su cuerpo, dejando grabadas unas texturas muy especiales en su carne.
Aunque su valor comercial no le llegaba ni a los talones al del semidiós de la Raza Ángel, igual seguía siendo una mina de oro andante.
—¡Qué directo eres, hermano Shu! Me gusta tu estilo, ya eres mi lomo saltado, mi pataza.
Hua Chunqiu se acomodó detrás del cadáver de Mo Yang y, dejando de lado su pose de galán e intelectual refinado, se puso a jalar clientes a viva voz.
Se amontonó un montón de gente de mirones, pero nadie se atrevía a sacar la billetera para comprar.
Al final del día, los que tenían el valor de cerrársele y buscarle bronca a la facción del Campo Celestial eran contaditos con los dedos.
'Taca, taca, taca.'
De pronto, se escuchó el eco de unos pasos apurados y firmes.
Un grupo de cultivadores vestidos con armaduras sagradas de la luz rodearon el puesto de muertos. Todos ellos eran unos monstruos en combate, emanando un aura imponente de Santos Supremos; eran como veintitantos en total.
Al ver el panorama, los curiosos retrocedieron al toque para ponerse a buen recaudo.
—Santo de la Caligrafía Yong y Hua Chunqiu sí que son recontra osados para buscarle la sinrazón al Campo Celestial. Miren nomás, ya hicieron que se aparezca el mismísimo Líder del Palacio del Juicio del Palacio Divino de la Luz.
—¿Quién habrá sido ese semidiós de doce alas de la Raza Ángel que está ahí tirado? ¡Qué de malas, en serio!
—Ese Líder del Palacio del Juicio es un tipo recontra sanguinario y despiadado. Santo de la Caligrafía Yong y Hua Chunqiu hoy la van a pasar recontra mal, fácil y la sangre termina llegando al río aquí mismo.
Shu Yong y Hua Chunqiu no achicaron, pero sí se les notaba bien tensos por la situación.
El Palacio del Juicio del Palacio Divino de la Luz no le envidiaba nada a la División del Juicio del Palacio Divino del Destino; ambos tenían una fama de terror, eran de armas tomar y no les temblaba la mano para ejecutar a nadie. Y su Líder era un tipo de lo más frío y calculador.
En eso, Zhou Yu, quien en sus épocas del Reino Rey Santo era considerado el cabecilla indiscutible de la facción del Campo Celestial, dio un paso adelante abriéndose paso entre los Santos Supremos del Palacio del Juicio.
Al ver a Zhou Yu, Zhang Ruochen negó levemente con la cabeza y dijo bajito:
—Terminó siendo uno más del montón.
Hoy por hoy, Zhou Yu solo alcanzaba el nivel del Reino Cien Grilletes; se había estancado en la mediocridad.
Bueno, tampoco es que fuera un mediocre cualquiera, pues llegar al Reino Santo Supremo ya demostraba que tenías un talento superior; solo que ya no le quedaba nada de ese brillo imponente que manejaba en sus años mozos.
Si ponías a Zhou Yu al lado de Zhen Yuan, eran las dos caras de la moneda. Uno se volvía cada vez más impresionante con el tiempo, mientras que el otro se iba apagando poco a poco, con todo su potencial ya quemado, terminando como un Santo Supremo ordinario del Reino Cien Grilletes.
Casos como el de Zhou Yu abundaban en este mundo; los cultivadores que lograban mantenerse fuertes, rompiendo esquemas en cada época hasta alcanzar el Reino Dios, eran una absoluta minoría.
La gran mayoría de los personajes que hacían temblar la tierra en el Reino Santo o en el Reino Rey Santo terminaban volviéndose del montón con los años, para luego desaparecer de este mundo, estirando la pata en algún lugar olvidado por Dios.
Que la rompas y sorprendas a todos hoy, no te asegura para nada que vayas a seguir siendo un fuera de serie mañana.
Los elegidos, después de todo, son bien pocos.
hou Yu dio un paso al costado, cediéndole el paso a la Líder del Palacio del Juicio, Shen Xi.
Ley de la vida: las nuevas generaciones siempre terminan desplazando a las viejas.
Mientras algunos dan el gran salto y se transforman en dragones volando por los cielos, otros terminan hundiéndose en el fondo del mar, hechos polvo y olvido.
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