El Reinicio de Sienna 92
Un Cambio Repentino (1)
Carl se quitó la túnica blanca y besó a Sienna. Ella también lo ayudó a quitarse la ropa.
Cuando se desnudó apresuradamente, se reveló su sólida parte superior del cuerpo. HabÃa cicatrices por todas partes en su torso, pero incluso las cicatrices se sentÃan como decoraciones para que se destacara su figura.
Sienna miró fijamente la parte superior de su cuerpo hechizada y lentamente acarició su pecho con la palma de la mano. Los lugares donde su mano rozó su pecho se sentÃan tan calientes como tocar una brasa ardiendo con las puntas de sus dedos. Él se humedeció los labios secos y empezó a desabotonarle el vestido.
Quizás porque estaba en un estado de excitación, sus manos recorrieron en vano el aire una vez tras otra y, frustrado, Carl la miró y le preguntó: “Y si lo rompo…”
Su voz parecÃa ser la de un hombre que no habÃa estado hidratado durante mucho tiempo. El dolor se secó y salió como un torbellino.
“¡Espera! Espera…”
Sienna negó con la cabeza violentamente. Con cuidado desabotonó los botones alrededor de su cintura, diciendo que lo harÃa. En medio de eso, Carl le tocó la frente y puso sus labios en la curva del cuello de ella, obligándola a respirar con dificultad.
De ser posible, querÃa dejar sus marcas por todo su cuerpo. Solo querÃa empaparla de su aroma para que alguien como Valore no pudiera codiciarla.
Lo supiera o no, los gestos de desabrocharse ella misma con las manos fueron lentos y sensuales. Carl tragó saliva seca y la vio desabrocharse.
Después de soltar todos los botones apretados, se aferró a su vestido y lo miró. TenÃa una mirada complicada, un rostro que mostraba que algún dÃa se arrepentirÃa de sus acciones con él ahora.
Incluso el más mÃnimo pesar y vacilación en sus ojos llegó a la atención de Carl en un instante. Se acercó a ella con un movimiento de cabeza.
“Mi Sienna…”
Su intestino pareció derretirse al arder amargamente por una mezcla incomprensible de posesividad, codicia y lujuria producto de recordar aquellas palabras,
“Es Sienna, es ella a quien anhelo.”
La voz de Valore pareció susurrarle en los oÃdos burlonamente. Si Carl no la abrazaba en este momento, sintió que ‘él’ se la iba a llevar.
‘¡Como se atreve!’
Ni siquiera la llamada de Valore al decir su nombre (Sienna) fue suficiente para llenar el Castillo con su ira. QuerÃa sacar la lengua que aquel que decÃa el nombre de su esposa tan ansiosamente, romper el corazón que querÃan darle a Sienna y quemar los ojos que la codiciaban. Si eso no funcionaba, tendrÃa que excavar profundamente en ella para que nadie pudiera codiciarla nuevamente.
Solo por un momento, se sintió herido por el pequeño gesto en medio de su conflicto aún fresco que impedÃa una relación correcta entre hermanos. Carl se sintió patético de sà mismo, pero luego, lo embriagó una emoción indescriptible, como si quemase la existencia racional en su cerebro que ya no podÃa definir razonamientos. La razón ya habÃa sido desechada desde hacÃa mucho tiempo.
Carl la besó en los labios y le acercó la cintura. TenÃa sed. Incluso durante ese momento cuando ya estaba codiciando su boca…
Como un niño muerto de hambre que chupa el pecho de su madre, el vagabundo devoró sus labios como si hubiera encontrado un oasis perdido.
“¡Uh… ugh…!”
El duro beso hizo que ella gimiera de frustración. Carl apartó los labios de Sienna y la miró. Su rostro estaba al rojo vivo, sus labios más rojos que eso. Incluso con su cabello desordenado, la deseaba aún más.
Carl apartó el vestido lentamente. Su cuerpo fue revelado mientras la ropa bajaba suavemente.
Cuando se revelaron sus pechos voraces con forma de gota de agua, ella se encogió de vergüenza y se mordió el labio inferior. Cada pequeño acto que ella hacÃa, le era una tentación demasiado provocativa.
Carl la agarró por la cintura y la llevó a la cama. Ya acostada, lo miró. Mientras él escaneaba todo su cuerpo, ella dijo con la cara roja: “Deja de mirarme”.
“Shhh… no digas nada más. Al menos esta vez, no quiero escuchar la voz de Carl.”
Fue la que lo condujo con cara de provocación cuando él le dio besos con rudeza, pero ahora era ella la que parecÃa avergonzada y no sabÃa qué hacer.
Él sonrió y la besó profundamente en el cuello. Sienna acarició el cabello de Carl.
“Carl…”
Él dejaba una marca más fuerte y profunda en ella cada vez que clamaba su nombre. QuerÃa tomarse su tiempo y tomarla gentilmente, pero ahora habÃa impaciencia. ExistÃa el temor de que, con el tiempo, la apartaran de su lado.
Era un cambio repentino.
Carl abrió los ojos débilmente, sintiendo el amanecer del crepúsculo. Se incorporó y miró a su lado con una sonrisa de satisfacción, como un depredador que hubiera terminado una comida completa de manera adecuada.
Sienna estaba dormida, sin darse la vuelta, con la sábana en los brazos. Ella quitó todo lo que estorbaba del lado de la sabana de Carl y se cubrió. Mirar su figura infantil le sacó una sonrisa.
Aunque se habÃan visto cada vez, siempre con sus ojos abiertos, se sintió diferente en ese momento cuando la vio dormir asÃ. Quizás debido a la lÃnea de sus labios ligeramente levantada, parecÃa sonreÃr suavemente, a pesar de que estaba profundamente dormida.
Cuando miró el rostro de Sienna y vio su hombro y cuello, que tenÃan marcas, los fuertes rastros de él mismo, volvió la cabeza avergonzado.
“No quiero la corona del Emperador. Lo que estoy codiciando es Sienna, es a ella.”
Carl se encontró enojado cuando escuchó la confesión de Valore inesperadamente ayer. No entendÃa por qué el comentario le molestaba tanto. Cuando escuchó aquella historia, besó a Sienna instintivamente. Luego la arrastró hasta la cama.
Trató de abrazarla sin dudarlo, pero después, cuando se enfrentó a su mirada confusa, se sintió culpable. El hecho de que ella pudiera estar albergando en su corazón a otra persona le hizo vacilar. No, de hecho, en lugar de que ella tuviera a otra persona en mente, temÃa ser odiado si la tomaba por su propia voluntad por la fuerza. Sin embargo, su deseo aún presente de besar su cuello y tenerla entre sus brazos estaba en desacuerdo con su idea racional.
Él querÃa preguntarle. ¿Quién estaba guardado en su corazón con tanto anhelo? Se preguntaba si su corazón ardiente se enfriarÃa un poco si escuchara el nombre de otro hombre. (eres tú tontito @w@)
Pero ella no dijo el nombre. En cambio, puso sus brazos alrededor del cuello de Carl y susurró.
“Shh… no digas nada más. Al menos esta vez, tampoco quiero escuchar la voz de Carl.”
Con un beso ardiente y la ya ardiente Sienna frente a él, ya no le importaba nada. Qué tipo de persona era ella, a quién siente en su corazón, todo lo que acababa de experimentar era que ella estaba aferrada a su pecho, entre sus brazos.
Carl se levantó y murmuró, recogiendo su ropa que estaba en el suelo.
“Me pregunto qué tipo de expresión hará por la mañana, pero…”
Se preguntó con qué expresión se mirarÃa a sà misma cuando despertara, pero no podÃa esperar más a su lado.
Originalmente, deberÃa haberse ido temprano anoche. Pavenik debÃa estar esperando ansiosamente a que salga de la capital tan silenciosamente como llegó. Carl se cambió de ropa con pesar.
“Umm…”
Se acercó a Sienna, quien hizo un ruido sordo, ya sea por la pesada manta o quizás por el intenso ejercicio de anoche. Luego puso los labios directamente sobre su frente blanca.
El gesto de Carl fue tan cuidadoso y gentil como si estuviera tratando con algo muy precioso. Trató de salir silenciosamente de su habitación con un beso de despedida. Pero aún le resultaba triste simplemente irse como un exiliado.
Se coló en la capital y tenÃa que irse silenciosamente, pero sintió pena por no dejarle nada atrás. Era ridÃculo, pero también le preocupaba que ella pudiera descartar la experiencia dulce de ambos como una pijamada, o como un sueño.
Su espÃritu travieso se elevó cuando vio el bolÃgrafo sobre la mesa.
“¿Dirá que soy infantil?”
Carl se sentó junto a su cama con un bolÃgrafo lleno de tinta. Luego, cuidadosamente garabateó en su palma.
“¿Lo escribà por nada?”
La cara de Carl se hinchó cuando vio las frases infantiles dejadas en su palma. Lo escribió como una broma, pero luego de enfrentar las frases, se sintió patético e infantil. Pero, ya no podÃa borrar las manchas de tinta que quedaron grabadas en sus pequeñas manos.
“No puedo evitarlo”.
Con una carcajada, acarició el cabello danzante de una Sienna dormida y salió.
* * *
Tan pronto como Sienna recuperó el sentido con la luz del sol que inundó la habitación, murmuró sin siquiera abrir los ojos.
“¡Loca!”
¿Qué diablos estaba pensando? No, ¿Qué podrÃa haber pensado? Cuando recordó el dÃa de ayer, se sonrojó y hundió la cara en la almohada.
“Estoy loca, estoy loca”
Fue solo después de docenas de “loca” consecutivos que revisó el lado de la cama junto a ella. Afortunadamente, Carl se habÃa ido a la zona fronteriza y el lugar junto a ella se habÃa enfriado.
“¡Argh! ¡Tú también estás loco! Estoy fuera de mÃ. ¡¿Como pudiste hacerlo?!”
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