LEDC 13





La esposa del casero: Pasión ardiente 13

La confesión en la escalera y el despertar de la dominación


Traducción: Asure


8:40 pm.


Shen Yuzhi acababa de bañarse. Con el cabello aún mojado, vestía una ropa de casa de algodón holgada. Sonó el timbre.

Abrió la puerta y vio a Su Manqing afuera. Aquella mujer que siempre andaba impecablemente maquillada y con una presencia imponente, en ese momento tenía los ojos ribeteados de rojo y sostenía media botella de vino tinto en la mano.


—¿Qué… qué te pasó?

—Terminé con ella.


la voz de Su Manqing sonaba rasposa.


—Esa mujer… le di de comer y dónde vivir durante tres años, a mis espaldas se metió con alguien más.


Shen Yuzhi se quedó en silencio un momento y se hizo a un lado para dejarla pasar.

Se sentaron en el sofá. Su Manqing tomaba un trago tras otro, hablando a trompicones: sobre esa pintora diez años menor que ella, sobre sus palabras dulces y sobre esa foto íntima que le había visto en el celular.


—Pensé que era bien inteligente.


Su Manqing soltó una sonrisa amarga.


—Al final no pasé de ser un chiste.

—Tú no eres ningún chiste.


dijo Shen Yuzhi con voz suave.


—Tú solo… confiaste demasiado en ella.


Su Manqing volteó a mirarla. En sus ojos había una mezcla compleja de emociones: tristeza, rabia y una fragilidad propia de haber estado reprimida por tanto tiempo.


—¿Sabes qué? En verdad, siempre te he tenido envidia.

—¿Envidia a mí?

—Te ves tan… pura. Aunque lleves tantos años casada, sigues teniendo una… una limpieza que dan ganas de corromper.


De pronto, el aire se volvió denso.

Su Manqing dejó la copa de vino y se inclinó hacia adelante. Le acarició la mejilla a Shen Yuzhi con las yemas de los dedos, acercándole un aliento a alcohol.


—Manqing…....


Shen Yuzhi intentó retroceder, pero a su espalda estaba el brazo del sofá.


—Solo un ratito.


murmuró Su Manqing, con la voz quebrada a punto del llanto.


—Déjame… sentirme querida solo un ratito.


Y la besó.

Ese beso traía la amargura del vino tinto y lo salado de las lágrimas. No era apasionado, sino desesperado. Shen Yuzhi se quedó paralizada, pero no la empujó para alejarla—entendía demasiado bien esa soledad tras ser traicionada, esa sed voraz de ser tocada.

La mano de Su Manqing se deslizó por debajo del cuello de su ropa y sus labios pasaron a un costado de su cuello.

En ese preciso instante, se escuchó un leve ruido en la puerta.

Shen Yuzhi levantó la cabeza de golpe.

Lin Xiaoman estaba parada ahí, con los cuadernos desparramados por el suelo. Tenía los ojos abiertos de par en par, la cara pálida y los labios temblorosos.


—Dis… disculpa….


Dio media vuelta y echó a correr.


—¡Xiaoman!


Shen Yuzhi empujó a Su Manqing y se puso de pie.

Pero Lin Xiaoman ya había salido disparada por la puerta; el eco de sus pasos resonaba en el tragaluz de las escaleras, apurado y descontrolado.


—Voy a alcanzarla.


le dijo Shen Yuzhi a Su Manqing a toda prisa.


—Tú… tú regresa a descansar, ¿ya?


Su Manqing la miró y su mirada poco a poco recuperó la claridad, con un toque de autoironía:


—Perdón, hace un rato yo….

—No pasa nada. Pero tengo que ir a buscarla.


Agarró su casaca y salió corriendo.

El tragaluz de las escaleras era estrecho y oscuro; las luces de sensor se iban encendiendo una a una al ritmo de sus pasos.

Shen Yuzhi alcanzó a Lin Xiaoman en el descanso del tercer piso. La estudiante estaba recostada contra la pared, cubriéndose la cara con ambas manos mientras los hombros le temblaban violentamente.


—Xiaoman.


Shen Yuzhi llegó jadeando.


—Escúchame......

—¡No hables!


la voz de Lin Xiaoman sonaba ahogada entre sus palmas, a punto del llanto.


—¡No quiero escuchar nada!

—Estás malinterpretando las cosas, lo de hace un rato fue......

—¡Yo no estoy malinterpretando nada!


Lin Xiaoman levantó la cabeza de golpe, con el rostro empapado en lágrimas.


—¡Yo lo vi! ¡Se estaban besando! ¡Dejaste que te tocara!


Shen Yuzhi se quedó de una pieza.


—Y yo que pensaba…...


la voz de Lin Xiaoman se quebró.


—Y yo que pensaba que tú solo… que solo sufres los abusos de Chen Lie… Pensaba que eras inocente….

—Xiaoman….

—¡Al final te da lo mismo estar con cualquiera!


gritó Lin Xiaoman entre lágrimas.


—¡Chen Lie, Su Manqing…! ¿Con cuánta gente más andas, ah?!


Sus palabras le clavaron una cuchillada en el corazón a Shen Yuzhi.


—Tú no entiendes. Las cosas no son como piensas.....

—¿Ah, no? ¿Y cómo son entonces?


Lin Xiaoman la encaró con los ojos hinchados y rojos.


—¡Dímelo pues! ¿Por qué dejaste que te besara? ¿Por qué no la empujaste?


Shen Yuzhi guardó silencio.

Porque no la había empujado. Porque en ese instante había entendido la desesperación de Su Manqing, también porque… ella ya no era la persona que creía ser.


—Yo….....


abrió la boca, pero no encontró forma de explicarse.

Al ver su silencio, Lin Xiaoman rompió a llorar con más ganas. Se fue dejando caer despacio hasta sentarse en el piso, abrazándose las rodillas como un animalito herido.


—¿Sabes una cosa…?


dijo sollozando.


—Desde la primera vez que te vi… me gustaste.


Shen Yuzhi se quedó helada.


—Cuando me preparabas el desayuno en la cocina… cuando me decías sonriendo "Xiaoman, tienes que comer más"….....


la voz de Lin Xiaoman se iba apagando poco a poco.


—Ahí supe que estaba perdida. Nunca… nunca me había sentido así por una mujer… Pero tú eras distinta.


Levantó la cabeza y la miró con los ojos empañados por las lágrimas:


—Me gustas. Y no como amiga… me gustas como para querer estar contigo.


Un silencio de muerte envolvió el tragaluz de las escaleras.

La luz del sensor se apagó y la oscuridad las cubrió. Shen Yuzhi sentía los latidos de su propio corazón, pesados y desordenados.


—Xiaoman….....


se agachó frente a ella y le dijo con voz rasposa:


—Recién tienes 20 años… Tú no entiendes lo que es......

—¡Sí entiendo! Sé que estás casada, sé que me llevas 13 años, sé que esto no está bien… ¡Pero no lo puedo controlar!


Le agarró la mano a Shen Yuzhi con tanta fuerza que dolía:


—Te veo todos los días, veo cómo le sonríes a los demás, veo cómo Chen Lie te mete a la fuerza al cuarto… ¿Tienes idea de lo que se siente?


Shen Yuzhi no dijo nada.


—Quiero matarlo.


murmuró Lin Xiaoman, con un odio en la voz que provocaba escalofríos.


—Cada vez que él te toca, me dan ganas de meterme a la fuerza… Pero no me atrevo a hacer nada, porque yo no soy nada.


Sus lágrimas le cayeron sobre el dorso de la mano a Shen Yuzhi, hirviendo.


—Perdóname…....


dijo Shen Yuzhi con la voz temblorosa.


—No sabía… Yo nunca me imaginé que tú….

—No tienes por qué saberlo.


Lin Xiaoman soltó una sonrisa amarga.


—Yo solo soy una estudiante que vive en tu casa… Tú te portas bien conmigo porque eres buena gente, no porque….


No terminó la frase.

Porque Shen Yuzhi la abrazó.

Fue un abrazo suave, muy delicado, como quien calma a un pajarito asustado. Pero Lin Xiaoman se quedó rígida en sus brazos y de pronto empezó a temblar con violencia.


—Perdóname.


le dijo Shen Yuzhi al oído.


—Perdóname… por hacerte sufrir.


Los dedos de Lin Xiaoman le agarraron la basta de la ropa, como un náufrago aferrándose a una tabla.


—¿Por qué…? ¿Por qué Su Manqing? ¿Por qué ella sí puede… y yo no?


Shen Yuzhi cerró los ojos.

No sabía qué responder. Solo sabía que la chica en sus brazos estaba llorando, sufriendo, que ella era la causa de ese dolor.


—Tú sí puedes.


escuchó su propia voz, tan suave como un suspiro.


—Claro que puedes.


Lin Xiaoman levantó la mirada.

En el tragaluz en penumbras, sus rostros estaban a milímetros de distancia. Shen Yuzhi podía verle las pestañas temblorosas, las huellas de lágrimas aún frescas en sus mejillas y ese deseo desesperado en sus ojos.

Entonces Lin Xiaoman la besó.

Fue un beso inexperto y atolondrado, con la sal del llanto y la fuerza de la desesperación. Shen Yuzhi se paralizó un segundo, luego le correspondió.

Sus labios eran suaves y tibios; apretó con delicadeza el labio inferior de Lin Xiaoman, succionándolo para tranquilizarla. Lin Xiaoman dejó escapar un gemido y le rodeó los hombros con los brazos, como para asegurarse de que fuera real.


—Señora Yuzhi…....


jadeó, con un temblor de incredulidad en la voz.


—Shh.....


dijo Shen Yuzhi, acariciándole la mejilla con los dedos.


—Aquí estoy.


Ella misma intensificó el beso.

A diferencia del reclamo desesperado de Su Manqing y de la posesión salvaje de Chen Lie, este beso era tierno, guiado. Shen Yuzhi le abrió con delicadeza los labios y los dientes a Lin Xiaoman, metiendo la punta de la lengua para enseñarle a respirar y a responder.

A Lin Xiaoman se le aflojó todo el cuerpo y casi no podía sostenerse en pie. Shen Yuzhi la agarró de la cintura con una mano y le sujetó la nuca con la otra, recostándola suavemente contra la pared.


—¿Tienes miedo?


le preguntó en voz baja.

Lin Xiaoman negó con la cabeza; aún tenía brillo de lágrimas en los ojos, pero ya no era de tristeza:


—No tengo miedo… Te quiero a ti.


Shen Yuzhi la miró, a esa chica trece años menor que ella, a esa chica que la miraba con una devoción pura y desesperada. Algo se despertó dentro de su cuerpo, algo más que simple deseo: una necesidad de protección más compleja, teñida de dominio.


—Entonces te voy a enseñar.


dijo con voz grave y suave.


—Te voy a enseñar cómo me tienes que tocar.


Le tomó la mano a Lin Xiaoman y la guió para que se le deslizara por debajo del cuello de la ropa.

Los dedos de Lin Xiaoman rozaron su piel y temblaron como si recibieran una descarga eléctrica. Shen Yuzhi soltó una risita suave, con una pereza casi seductora que jamás se había escuchado a sí misma.


—Despacito. Así…....


A modo de ejemplo, le acarició un lado del cuello a Lin Xiaoman, pasándole la yema de los dedos suavemente por donde le latía el pulso para luego deslizarse hacia la clavícula. La respiración de Lin Xiaoman se volvió agitada y el pecho se le levantaba violentamente.


—Señora Yuzhi….

—Dime por mi nombre.


le dijo Shen Yuzhi, pegando los labios al borde de su oreja.


—Cuando estemos las dos solas, dime Yuzhi.

—Yuzhi…....


la voz de Lin Xiaoman temblaba, llena de admiración y deseo.

Shen Yuzhi la atrajo hacia su pecho, haciéndola sentir las curvas de su propio cuerpo. Se dio cuenta de que le gustaba aquello, le gustaba ver a Lin Xiaoman temblar por sus caricias, le gustaba esa posición de dominio, le gustaba que la mirara hacia arriba, que la deseara, sentirse el único centro de su mundo.


—¿Sabes una cosa?


murmuró, desabotonándole la blusa a Lin Xiaoman con los dedos.


—Cuando me miras así… me dan ganas de hacerte travesuras.


A Lin Xiaoman la cara se le puso roja al instante, pero no intentó esquivarla:


—Bueno… entonces hazme lo que quieras….


Shen Yuzhi sonrió.

Esa sonrisa era completamente distinta a la sonrisa rota que ponía cuando estaba debajo de Chen Lie, esta era una sonrisa segura, con sensación de control, propia de alguien que domina.

Empujó a Lin Xiaoman contra la pared y le soltó el broche del sostén con los dedos. Sus senos jóvenes quedaron expuestos en la penumbra, pequeños y firmes, con los pezones erguidos por el deseo.


—Qué bonita eres.


dijo Shen Yuzhi, luego agachó la cabeza para tomarle uno con la boca.


—¡Ah!


gritó Lin Xiaoman por la sorpresa, enredando los dedos en el cabello de Shen Yuzhi.

Shen Yuzhi le jugó suavemente con la punta de la lengua, sintiendo cómo esa pequeña frutilla se ponía dura en su boca. Con una mano se apoyaba en la pared y con la otra bajaba por la cintura de Lin Xiaoman, metiéndose debajo de su falda.


—Estás mojada.


dijo en voz baja, sobándole suavemente por encima del calzón.


—¿Solo con esto ya te mojaste?


Lin Xiaoman escondió la cara en el cuello de Shen Yuzhi y respondió con voz ahogada:


—Es que… es porque eres tú….


Al corazón de Shen Yuzhi le dio un vuelco.

Le bajó el calzón a Lin Xiaoman y le tocó la humedad directamente con los dedos. Lin Xiaoman se puso rígida de golpe y soltó un gemido ahogado.


—Relájate.


le dijo Shen Yuzhi al oído.


—Déjame entrar.


Despacio le metió un dedo, sintiendo cómo ese estrecho calor húmedo la envolvía. El cuerpo de Lin Xiaoman se tensó y le agarró los hombros con fuerza.


—¿Te duele?

—No…...


Lin Xiaoman negó con la cabeza, con una voz delgadita como un zumbido.


—Es solo que… me siento bien llena….


Shen Yuzhi empezó a mover el dedo de a pocos, observándole la cara a Lin Xiaoman, tenía el ceño fruncido, los labios entreabiertos y la miraba con los ojos perdidos y fijos en ella. Esa forma de mirarla hacia arriba, con total entrega, hizo que a Shen Yuzhi le brotara una extraña corriente de calor por el cuerpo.


—¿Se siente bien?

—Mmm…....


Lin Xiaoman asentía con la cabeza, temblando.


—Yuzhi… un poquito más rápido….


Shen Yuzhi apuró el ritmo y al mismo tiempo le presionaba suavemente el botoncito con el pulgar. El cuerpo de Lin Xiaoman se arqueó de golpe y soltó un chillido reprimido.


—¡Ah! Ahí… ahí se siente bien raro….

—Ese es tu punto sensible.


le dijo Shen Yuzhi en voz baja, con la paciencia de quien enseña.


—Todas las mujeres tienen uno… solo que en lugares distintos.


Siguió estimulándole ese punto, sintiendo la reacción de Lin Xiaoman, respiraba cada vez más agitada, el cuerpo se le empezaba a mover sin querer y le agarraba la ropa con fuerza, como queriéndose meter dentro de su pecho.


—Ya voy a… ya voy a…....


la voz de Lin Xiaoman se quebró.


—Grita.


le ordenó Shen Yuzhi.


—Quiero oír tu voz.

—¡Ah! ¡Yuzhi!


El orgasmo de Lin Xiaoman llegó de forma salvaje y rápida. Su cuerpo se puso rígido de golpe y luego empezó a temblar con violencia; sus paredes internas se contraían con fuerza, apretándole los dedos a Shen Yuzhi. Shen Yuzhi no se detuvo, siguió sobándola suavemente hasta que Lin Xiaoman quedó deshecha en sus brazos, soltando sollozos chiquitos.


—¿Estás bien?


preguntó Shen Yuzhi con voz tierna.

Lin Xiaoman levantó la mirada; aún tenía brillo de lágrimas en los ojos, pero esta vez eran lágrimas de plenitud. Miró a Shen Yuzhi con un brillo que le apretó el corazón a la mujer, una devoción y un apego puros, sin guardarse nada.


—Yo…....


la voz de Lin Xiaoman sonaba rasposa.


—Nunca me imaginé que… que se podía sentir así….


Shen Yuzhi sonrió, con una sonrisa que reflejaba un nuevo descubrimiento de sí misma.

Le gustaba esto. Le gustaba sentirse necesitada, le gustaba que la miraran hacia arriba, le gustaba el placer y el temblor de tener el control sobre otra persona. Debajo de Chen Lie ella era la conquistada, frente a Su Manqing era la que daba, pero con Lin Xiaoman, ella era la guía, la que dominaba, la diosa a la que adoraban.


—¿Quieres aprender más?


preguntó en voz baja, pasándole los dedos suavemente por los labios a Lin Xiaoman.

Lin Xiaoman asentía con la cabeza, con la mirada llena de fe:


—Quiero aprender… todo lo que me quieras enseñar.


Shen Yuzhi la besó, este beso fue más profundo y más posesivo que todos los anteriores.

La luz del sensor en el tragaluz volvió a apagarse y la oscuridad las cubrió. Pero en medio de esa penumbra, Shen Yuzhi sintió que algo terminaba de tomar forma dentro de su cuerpo, no era una caída, era un despertar.

Ya no era más el ama de casa pasiva que esperaba su destino.

Ella era Shen Yuzhi. Y esta chica, esta chica que la miraba con una adoración pura, era suya.

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