La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 106
Traduccion: Asure
Quedó demostrado que las criaturas llamadas hombres, sean quienes sean, nacen con la habilidad innata de ir por el codo cuando les dan la mano.
Tal como Yan Weixing.
Antes de que hablaran las cosas claras entre ellos, no importaba lo que ese sujeto hiciera por ella, siempre permanecía mudo como una calabaza sin soltar una sola palabra, jamás expresando los pensamientos de su corazón; era como si en este mundo no pudiera hallarse a alguien más contenido y caballeroso que él.
Sin embargo, una vez que esa fina capa de papel fue rasgada por el impulso de Nian Chaoxi, la expresión —ir por el codo cuando le dan la mano— pareció convertirse en una frase hecha a su exacta medida.
Su maña de tomarse atribuciones fue algo que Nian Chaoxi experimentó en su máxima expresión durante aquel beso que parecía no tener fin.
Como un fuego voraz arrasando con todo, insaciable e imposible de llenar.
Tan reprimido y contenido como era cuando no podía tenerla, así de desbordado e incontrolable se volvió una vez que la obtuvo.
Probo apenas un poquito de dulzura y ya no podía contener el deseo de querer más; cuanto mayor era la ambición en su corazón, más difícil le resultaba quedar satisfecho.
Justo como acababa de ocurrir.
En su imaginación, las cosas entre él y Nian Chaoxi ya habían avanzado hasta el punto de ponérse a discutir los nombres de sus futuros hijos, pero en la realidad, su amada lo mandó a seguir soñando despierto.
Nian Chaoxi sintió que no podía malcriarlo de esa manera; si de verdad continuaba consintiéndolo así, no pasarían dos días antes de que este sujeto se sobrepasara aún más.
Por ahora solo eran palabras de boca para afuera, pero si de verdad cedía, quién sabe si se lanzaría a pasarse de listo de verdad.
Así que tampoco debía dejarse engañar por las apariencias.
Nian Chaoxi se dijo esto a sí misma mientras contemplaba a Yan Weixing, quien la miraba con un rostro lleno de melancolía.
Él poseía una gran belleza, pero hace doscientos años, su atractivo era uno inclinado hacia la nitidez afilada de un muchacho; tal como una hoja afilada recién templada, tan bien parecido que podía encandilar a cualquiera.
Sin embargo, doscientos años después —especialmente tras recuperar sus recuerdos—, a su atractivo se le sumó un toque de madurez y melancolía.
Semejante aura chocaba enormemente con sus facciones originalmente afiladas, pero al mezclarse formaban una presencia profundamente contradictoria y atractiva, de la cual era casi imposible apartar la mirada.
Y cuando bajaba la mirada, esa expresión melancólica en su apuesto rostro, lejos de arruinar su aura original, hacía que a cualquiera le dieran ganas de hacer todo lo que él pidiera.
Justo como ahora.
Haberlo rechazado se sentía casi como haber cometido un crimen atroz y chocante.
Nian Chaoxi tenía motivos de sobra para sospechar que la estaba seduciendo a plena luz del día, vaya si tenía pruebas.
Y es que durante esa media hora escasa en que se alejaron, este sujeto la estuvo hostigando justamente con esa misma cara.
Cada vez que ella lo rechazaba, el sujeto la miraba con ese gesto, como si decirle que no fuera algo imperdonable ante el cielo y la tierra.
Nian Chaoxi esta vez se armó de determinación para no dejarse seducir por él; endureció el corazón de golpe y dijo con severidad:
—¡Ponte a reflexionar bien! ¡A ver si entiendes por qué mi tío te llamó descarado sinvergüenza!
El apuesto Daoísta se justificó en su propia defensa:
—Siento que el tío tiene un prejuicio hacia mí......
—¡A reflexionar!
—... De acuerdo.
Con el ánimo por los suelos, se quedó en cuclillas en un rincón a reflexionar sobre su vida tras el regaño de Nian Chaoxi.
Por su parte, Nian Chaoxi, tras haberle cantado sus verdades a su nuevo novio, sintió un frescor reconfortante en el alma, a tal punto que hasta el ardor en sus labios ardientes pareció dolerle un poco menos.
Luego miró a la izquierda, miró a la derecha, sintió que algo no cuadraba.
—¿Y Jingwang?
Con razón sentía que faltaba algo; resultaba que Jingwang no estaba por aquí. Y es que de haber estado Jingwang presente, el más emocionado por armar espectáculo sin importarle las consecuencias debió haber sido él.
Yan'er la miró, sumergida aún en la profunda melancolía de ver que la linda plantita de la casa finalmente había sido pisoteada por el chancho, dijo con el alma desinflada:
—Está cuidando a Jing Shi.
Hizo una pausa y agregó:
—Jingshi murió; antes de morir, la vil serpiente mítica le drenó toda la energía vital. Jingwang le está cavando una tumba.
Nian Chaoxi se detuvo un segundo.
—Iré a verlo un momento entonces.
Fue en ese instante que Yan Weixing recordó que aún tenía un gran amigo; se levantó y dijo:
—Voy contigo.
—¡Tú ponte a reflexionar!
—... Ya.
Se quedó plantado en su sitio con el ánimo por los suelos.
Nian Chaoxi caminó hacia el lugar donde recordaba haber luchado contra Jingshi.
A mitad del camino, para su sorpresa, Yan'er la alcanzó corriendo.
Nian Chaoxi se detuvo y le preguntó en tono afable:
—¿Yan'er? ¿Qué pasa?
Un rastro de duda cruzó por el rostro de Yan'er, luciendo extrañamente indecisa.
A Nian Chaoxi le pareció algo curioso.
Sabía que tras su muerte, Yan'er había cambiado muchísimo.
Hace doscientos años, cuando aún era su sirvienta, tal vez asustada por la experiencia de casi haber sido vendida como un recipiente de cultivo, era sumamente timorata, carecía de iniciativa propia y poseía un carácter inocente y fácil de complacer.
En aquel entonces, mucha gente le tenía miedo a Nian Chaoxi, pensando que era una persona caprichosa e impredecible; solo Yan'er, con tan solo escuchar un par de halagos suyos, podía quedarse feliz durante mucho tiempo.
Sin embargo, desde que ella resucitó, Yan'er se había convertido en la Tía Yan.
Era una cultivadora fría, dominante, drástica y firme al tomar decisiones, de esas a las que todos en el mundo del cultivo temían y respetaban.
Hacía mucho tiempo que ella no veía una expresión de tanta duda e indecisión en su rostro.
Sin embargo, tras vacilar solo un instante, preguntó:
—Señorita... ¿tiene pensado tomar a Yan Weixing como su prometido?
Nian Chaoxi soltó una risita:
—No tan rápido.
Lo que significaba que, en efecto, así era.
Yan'er se quedó desanimada por un momento.
Ciertamente, los sentimientos de Yan Weixing hacia la señorita eran evidentes para cualquiera con ojos.
Ante un afecto capaz de hacer a alguien renunciar hasta a su propia vida, Yan'er, siendo honesta consigo misma, ni siquiera podía evitar sentirse conmovida.
Si fuera solo una espectadora, tal vez pensaría que eran el uno para el otro y que el Daoísta Yan sin duda estaba a la altura de la señorita.
Pero ella le pertenecía a la señorita y debía velar por el bienestar de ella.
A sus ojos, Yan Weixing era un buen partido, pero no un buen partido para la señorita.
Porque había demasiado de por medio entre los dos.
Doscientos años de planes minuciosos, el sacrificio de medio corazón.
¿Yan Weixing amaba a la señorita? Quizá nadie en este mundo la amaba más que él.
Pero su amor era demasiado pesado.
Yan'er tenía el pálpito de que, si la señorita de verdad se hundía en un sentimiento así, en el futuro le resultaría muy difícil dar marcha atrás.
A veces el amor también es una cadena; cuanto más se entrega, más pesado se vuelve, tanto para el que da como para el que recibe.
Y ella solo quería que la señorita fuera feliz, sin estar atada jamás a nadie.
Si la señorita amaba a Yan Weixing, por supuesto que todo estaría bien, pero ¿y si llegaba el día en que la señorita se cansara y ese amor se desvaneciera?
Al fin y al cabo, enamorarse es fácil, pero convivir es difícil; cuántas parejas de cultivadores profundamente enamoradas terminan desgastando su amor debido a las pequeñeces de la vida cotidiana, para finalmente tomar caminos separados.
A Yan'er no le parecía nada del otro mundo; siendo parte de la tribu de los demonios, para ella llegar a amar a alguien ya era algo muy raro, si tras enamorarse descubrían que no eran compatibles, lo mejor era terminar en buenos términos y en paz.
Pero si la contraparte era Yan Weixing... con un amor tan pesado, ¿permitiría él que la señorita terminara las cosas en buenos términos?
Pensar así tal vez era un poco egoísta, pero tratándose de la señorita, no le quedaba más remedio que ser egoísta por una vez.
No pudo evitar aconsejarle:
—Señorita, si es solo por saldar una deuda de gratitud........
Ella tenía miles de formas de ayudarla a pagar esa deuda.
Pero al encontrarse con la mirada clara y pura de la señorita, no pudo continuar.
Nian Chaoxi contempló a Yan'er con serenidad, como si entendiera perfectamente lo que le preocupaba.
Así, ante la mirada inquieta de Yan'er, de pronto esbozó una sonrisa.
Dijo con voz suave:
—Yan'er, si fuera por pagar una deuda de gratitud, desde la primera vez que percibí las intenciones del Daoísta Yan le habría pagado el favor para luego alejarme de él, pero no lo hice.
Ella jamás se dejaba amenazar ni atar por nadie; si no hubiera querido, desde un principio habría preferido devolverle el corazón.
Nadie podía valerse de un favor para exigirle nada.
Pero ella no lo hizo.
Desde el momento en que Yan Weixing había perdido la memoria y aun así la recordaba, asegurando una y otra vez que era su prometida, Nian Chaoxi ya había intuido vagamente sus sentimientos, pero no hizo nada para detenerlo.
Yan'er la miró, entreabrió la boca y pareció comprenderlo todo de golpe.
Se quedó en silencio un momento y dijo de pronto:
—En ese caso, señorita, si en el futuro Yan Weixing llega a fallarle, venga a buscarme. En nuestra ciudad Yuejian hay muchísimos jóvenes que la admiran, todos más jóvenes y atentos que Yan Weixing. Llegado el momento se los presentaré para que elija uno por uno, si le gustan, apuesto a que ni protestarían si los toma a todos como sus consortes.
Nian Chaoxi arqueó las cejas al oír esto.
Aprovechando que Yan Weixing no estaba presente, dijo con audacia:
—Entonces quedo a la espera de esos jóvenes talentos de Yan'er....
Apenas terminadas las palabras, detrás de Yan'er, Yan Weixing emergió de quién sabe dónde, mirándola con una expresión sombría y lúgubre.
A Nian Chaoxi se le heló la espalda del susto y echó a correr a toda prisa.
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A lo largo del camino, la Montaña Quya ya había sido sometida por completo; el más de un centenar de hombres que trajo su tío, junto con los cautivos rescatados de la Montaña Quya, se encontraban limpiando el campo de batalla.
En la Montaña Quya había personas que sabían todo el panorama y ayudaban deliberadamente al villano en sus fechorías, pero también había quienes simplemente habían venido a la Montaña Quya a estudiar, sin tener la menor idea de lo que sucedía.
A todas estas personas había que diferenciarlas, por lo que todo el mundo estaba sumamente ocupado y era difícil encontrar un momento de descanso.
Nian Chaoxi caminó entre la multitud, alejándose cada vez más hacia un lugar apartado, le tomó un buen rato encontrar a Jingwang.
Cuando lo halló, Jingwang estaba cavando un hoyo y removiendo la tierra con una espada rota que quién sabe de dónde había sacado, quedando con la cara y la ropa cubiertas de polvo.
El cadáver de Jingshi yacía a su lado.
Cavar una tumba era en realidad algo muy sencillo, bastaba con usar un hechizo, pero él no lo hizo.
Tal como un mortal cualquiera, lo estaba haciendo con sus propias manos.
Cavar un hoyo con una espada rota de por sí era difícil y no le resultaba cómodo de usar, pero él tampoco tenía prisa.
Nian Chaoxi se quedó observándolo un momento desde su sitio y luego se le acercó.
Sin siquiera mirar el cuerpo de Jingshi, se puso a medio cuclillas frente a Jingwang y le preguntó:
—¿Quieres que te ayude?
Jingwang alzó la cabeza para mirarla.
A diferencia de lo que ella pensaba, no había el menor rastro de tristeza en el rostro de Jingwang; al contrario, lucía sumamente sereno.
Miró el cadáver de Jingshi, luego la miró a ella y suspiró:
—Déjalo así, lo que empieza debe terminar; yo mismo lo enterraré para despedirlo en su último viaje, así también dar por cortado este lazo de parentesco de nacimiento que había entre nosotros. Pequeña Señora de la Ciudad, por favor quédese observando a un lado.
Nian Chaoxi tampoco insistió y de verdad se quedó mirando a un lado.
Jingwang estaba hincado sobre la tierra, con la túnica de monje un tanto desaliñada.
Tras observarlo un rato, Nian Chaoxi dijo de pronto:
—Hace un momento, Daoísta Yan dijo de la nada que quería pedir mi mano ante mi tío, lo dejó tan furioso que casi le da algo.
Jingwang alzó la cabeza con sorpresa y no pudo evitar sonreír:
—¿Así que Yan Weixing al fin dejó las cosas en claro?
Nian Chaoxi no sintió la menor vergüenza y solo comentó:
—Lástima que no estuviste presente, de lo contrario deberías haber visto la cara de bobo que pone tu gran amigo cuando se le junta la tontería.
Jingwang soltó una carcajada:
—Vaya que le he visto bastantes de esas.
Lo pensó un momento y comenzó a sacarle los trapos sucios a Yan Weixing.
—Seguro Yan Weixing no te contó que en aquel entonces, en la Ciudad Yuejian, esa vez en la Academia Duheng no fue la primera vez que se vieron.
Nian Chaoxi pensó que se refería a cuando se conocieron en su juventud, pero sintió que eso era algo que ella ya sabía y que no había necesidad de mencionarlo de nuevo, así que preguntó con curiosidad:
—¿Ah, sí?
—En aquel entonces estábamos persiguiendo un rastro de aura demoníaca cuando entramos a la Ciudad Yuejian. Él es extremadamente sensible al aura demoníaca y sintió que esa brizna de aura tenía algo raro, así que la siguió hasta la Residencia del Señor de la Ciudad.
Sonrió y continuó:
—Cuando llegamos a la Residencia del Señor de la Ciudad, era una noche en la que la Pequeña Señora estaba discutiendo con varios; solita te los encaraste y les cerraste la boca a todos.
Nian Chaoxi se quedó atónita por un segundo.
Esa vez... ¿debió ser la noche después de lo de Kunlongyuan, cuando recordó lo de la novela y fue a buscar a Mu Yunzhi para romper el compromiso?
En cuanto a ese rastro de aura demoníaca de la que hablaba... probablemente provenía de Kunlongyuan.
¿Así que Yan Weixing la había visto desde esa misma noche?
Jingwang prosiguió:
—Después de verte esa noche, estuvo distraído y con el alma en la luna. A la mañana siguiente se inscribió súper temprano en el torneo de artes marciales; a mí me pareció rarísimo que participara, pues tras inscribirse ni siquiera peleaba... hasta que te vio llegar en la entrada del pabellón, inmediatamente saltó al cuadrilátero para desafiar al campeón de la ronda anterior.
Nian Chaoxi sintió una mezcla de asombro y gracia:
—... ¿De verdad pasó eso?
Jingwang, con cara de satisfacción y sonriendo, dijo:
—Si no me crees pregúntale, seguro no se atreve a mentirte. Ese sujeto estaba esperando únicamente para lucirse frente a ti como un pavo real desplegando sus plumas; ya decía yo por qué peleó de forma tan extravagante y llamativa ese día.
Nian Chaoxi no pudo evitar reírse.
Daoísta Yan de verdad era... bastante tierno.
Mientras tanto, Jingwang ya había cavado un hoyo de tamaño regular.
Colocó con sus propias manos el cadáver de Jingshi en su interior.
Esta vez, no volvió a cubrirlo de tierra manualmente.
Se levantó, agitó ligeramente la mano y toda la tierra sobrante cubrió la fosa.
Realizó un encantamiento con los dedos y su vestimenta volvió a quedar impecable y limpia.
Juntó las palmas de las manos y recitó una oración budista:
—Amitabha. Del polvo venimos y al polvo volvemos.
—Pequeña Señora de la Ciudad, vámonos.
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