GUANGYIN ZHI WAI 1014






MAS ALLÁ DEL TIEMPO 1014

Comercio Justo



—La Raza Espíritu Antiguo. Antes de Soberano Antiguo Xuan You, ¡ellos unificaron la estirpe de Wanggu!


De pie en este mundo lleno de muerte, Noveno Abuelo miró el cielo sombrío y habló con calma.


—Su raza destaca por la guerra. Los que nacen comienzan siendo serpientes, con el tiempo adquieren forma humana. Luego, acompañados de dragones y serpientes, alcanzan la constitución de combate del espíritu antiguo. Cuando esta raza gobernó la Era de Wanggu, sometió a las demás estirpes hasta el punto de que ninguna se atrevía a levantar la cabeza ante ellos. Incluso la estirpe humana de entonces era débil y estaba dividida.


Mientras hablaba, Noveno Abuelo siguió avanzando. A cada paso que daba, el cielo se agitaba y la tierra retumbaba. Innumerables almas se dispersaron en todas direcciones y los huesos enterrados en el lodo temblaron.

La aura que emanaba del cuerpo del Noveno Abuelo se hacía cada vez más intensa conforme avanzaba. Asimismo, surgió una tenue energía que no pertenecía a Wanggu, como si brotara de su interior, cual guía hacia un mundo ajeno.

Xu Qing y Erniu iban tras él.

Erniu miraba a su alrededor, sumamente curioso por el lugar. De vez en cuando se agachaba, tomaba puñados de tierra y recogía algunas almas; su mirada se volvía cada vez más atenta.

Estaba claro que aquel sitio le interesaba profundamente.

En cuanto a Xu Qing, escuchaba con seriedad las palabras del Noveno Abuelo.

Si bien conocía algo sobre la Raza Espíritu Antiguo, sus conocimientos resultaban insuficientes ante quien había vivido desde la época del Soberano Antiguo Xuan You.

Lo que más llamaba su atención era esa aura extraña que emanaba el anciano.

Antes, quizás no habría reparado en ello. Pero ahora que su ojo derecho poseía la autoridad de la Supresión, podía percibir el karma.

Y así, para sus ojos, esa aura era karma procedente de más allá de este mundo.

«El Hermano Mayor dijo una vez que Señor Li Zihua está de regreso… La energía que emana del Noveno Abuelo parece una señal».

Xu Qing se sumergió en sus pensamientos mientras las palabras del Noveno Abuelo seguían resonando.


—Aunque la Raza Espíritu Antiguo era poderosa, su dominio sobre Wanggu fue breve, como el destello de una vela. Tras alcanzar la cima en poco tiempo, su Emperador Espiritual cometió una locura. Reunió la fuerza de toda su estirpe y su fortuna para conspirar contra el Dao Celestial. Intentó apropiarse de todos los Daos Celestiales, unificarlos en uno solo y convertirse en el único y más poderoso Dao Celestial de Wanggu. De haberlo logrado, su voluntad habría sido la voluntad de Wanggu. Su Dao habría sido el Dao de Wanggu. Con ello aspiró a superar a los Inmortales del Verano, quienes fundaron Wanggu y dieron origen a numerosos Daos Celestiales. A partir de entonces, el destino de Wanggu habría pertenecido a una sola persona. Además, su estirpe habría reinado por siempre y todas las demás habrían sido sometidas. Él mismo habría roto el límite que contenían los Inmortales de Verano y recorrido su propio sendero de inmortalidad.


Al decir esto, el Noveno Abuelo mostró un rastro de admiración. No admiraba lo que hizo el Emperador Espiritual, sino la ambición y la determinación de un gran ser.


—Una persona así…....


Noveno Abuelo se detuvo y miró hacia el vacío a lo lejos. Un brillo de determinación guerrera asomó en sus ojos mientras alzaba lentamente la mano derecha, como si quisiera asir el firmamento.

Al mismo tiempo, Erniu, que venía detrás de Xu Qing y del Noveno Abuelo, sacó un esqueleto del suelo. Lo guardó y, al ver que Xu Qing escuchaba con atención, carraspeó dispuesto a lucir sus conocimientos como Hermano Mayor.

Imitando el tono del anciano, dijo con calma:


—Pero aquello fue una gran rebelión. Por eso, las posibilidades de éxito eran mínimas. Al final, el Emperador Espiritual fracasó y recibió el rechazo de todos los Daos Celestiales de Wanggu. Y la sangre de su estirpe fue maldita. En el momento más crítico, el Emperador, con un poder formidable, trasladó a la mayoría de los suyos a su propio mundo interior para tratar de salvarlos de la catástrofe que habría de aniquilarlos por completo. Sin embargo, ni siquiera así lograron escapar de la maldición. De modo que, al morir el Emperador, su mundo interior se marchitó y se transformó en un Reino de la Muerte. Todos los espíritus antiguos que allí habitaban perecieron al instante, pero lo más terrible de la maldición no fue solo la muerte. Al fin y al cabo, provenía de todos los Daos Celestiales de Wanggu. Bajo su influjo, los espíritus muertos se convirtieron en apariciones que gimen sin descanso, atormentados por el dolor. Ese reino marchito pasó a ser la Nación de la Muerte Espíritu Antiguo, condenada a soportar por siempre el sufrimiento de la maldición y sepultada en lo más profundo de Wanggu. Al mismo tiempo….....


Erniu iba a seguir explicando, pero antes de terminar, el Noveno Abuelo extendió la mano hacia el cielo. Inmediatamente, el firmamento retumbó y numerosos truenos estallaron en la distancia.

Miles de relámpagos descendieron del cielo y convergieron hacia él, iluminando todo al posarse en su mano derecha alzada.

Al cerrar la mano, los relámpagos sin fin se transformaron directamente en una espada larga de rayo.

En cuanto la espada apareció, el mundo entero cambió de color.

Una aura imponente y fluctuaciones aterradoras brotaron del Noveno Abuelo. Y entonces… asestó un tajo hacia el cielo.

Del vacío pareció llegar un rugido furioso. Un instante después, una inmensa grieta se abrió en el firmamento a su paso.

Una tormenta se desató desde la grieta y se extendió en todas direcciones. Al mismo tiempo, tras ella se reveló una escena familiar.

Allí se alzaba un palacio.

En lo más hondo del palacio había una montaña de carne, en su cima flotaba un ojo colosal.

En ese instante, el ojo se abrió y desprendió una luz dorada. Nos miraba con furia a través de la grieta.

Vio a Xu Qing, a quien no veía desde hacía mucho tiempo. Pero lo que más le llamó la atención en ese momento fue la figura que hendía el cielo con su espada, envuelta en una voluntad de matar absoluta.

¡Lo reconoció!

Cuando se enfrentó a Diosa Carmesí, ya había reparado en el noveno hijo de Li Zihua. La razón fue que el tajo que este asestó con toda su fuerza ante Diosa Carmesí llegó a hacer vacilar incluso su propia mente.

Xu Qing estaba a punto de hablar, pero Noveno Abuelo dio un paso adelante, atravesó la grieta y apareció justo encima del ojo gigante del Emperador Espíritu Antiguo.


—¡Qué audacia!


Un bramido profundo, cargado con las leyes de ese mundo de muerte, resonó por parte del Emperador.

En un instante, el cielo del reino donde se hallaba el Emperador se oscureció aún más. La tierra se elevó y surgieron incontables almas y restos óseos.

También apareció el Río Manantial Amarillo.

Era la voluntad de todo ese mundo, movida por el pensamiento divino del Emperador.

Además, en su inmenso ojo brilló un poder semejante a una autoridad suprema: un don exclusivo suyo.

Bajo esa mirada, cualquier enemigo herido de gravedad perecería; y quien solo estuviera levemente herido, pasaría a estarlo de gravedad.

Al mismo tiempo, en el Mundo Espíritu Antiguo, los otros noventa y ocho palacios imperiales y sus respectivos ojos colosales se abrieron al unísono. Todos fijaron la vista en el Noveno Abuelo y se dispusieron a atacar.

El semblante del Noveno Abuelo no cambió en absoluto. Sin embargo, tras su frialdad se reveló una voluntad de lucha aún más intensa, como si anhelara de verdad entrar en combate.

La tensión llegó enseguida a su punto máximo.

Xu Qing salió de la grieta, se colocó junto al Noveno Abuelo y dijo con respeto:


—Noveno Abuelo, permítame encargarme yo de esto. Su Majestad el Emperador Espiritual no es un extraño. No hay necesidad de que lleguemos a las manos.


Noveno Abuelo lo miró con desaprobación y frunció el ceño, aunque al final aceptó a regañadientes.

Una vez convenido, Xu Qing se volvió e hizo una reverencia al Emperador Espiritual.


—Junior saluda a Su Majestad.


El corazón del Emperador Espiritual se agitó y en su interior estallaron maldiciones sin cuento. Estaba a punto de rugir con furia cuando su mirada recayó sobre Xu Qing, toda su cólera se transformó en asombro.


—Tu cuerpo…....


Todos los ojos colosales del Emperador se entrecerraron al mismo tiempo.

Antes había estado pendiente del Noveno Abuelo. Ahora que su atención se posó en Xu Qing, percibió de inmediato lo extraordinario de su condición.


—He tenido ciertas oportunidades, mi cuerpo ha experimentado cambios. Se lo explicaré con detalle más adelante, Su Majestad. Hoy he venido por la esencia imperial.


Xu Qing señaló con la mirada a los trece dragones formados por la fortuna de la Raza Espíritu Antiguo, que rodeaban el ojo gigante del Emperador, dijo con calma.


—¡No!


Emperador Espiritual reprimió su asombro; sus ojos enormes brillaron con oscuridad y rechazó la propuesta de plano.

Xu Qing mantuvo la calma; no le sorprendió la respuesta. Había tratado con el Emperador muchas veces y, de hecho, los tres habían concebido un plan en el camino.

Sonrió levemente y dijo con tono suave:


—Su Majestad, he venido siguiendo órdenes de la Emperatriz Humana. Aunque Su Majestad permanezca recluido aquí, debe haber percibido los movimientos que se produjeron cuando nuestra Emperatriz Humana ascendió a la Plataforma Divina.


Mientras hablaba, Xu Qing hizo manifiesta la fortuna de la estirpe humana, de modo que su poder lo rodeó. Asimismo, se puso las vestiduras oficiales del Gran Tutor del Príncipe Heredero.


—¡Quien les habla fue nombrado personalmente Rey Zhen Cang por la Emperatriz Humana y designado Gran Tutor del Príncipe Heredero! ¡Además, recibió el título de Gran Cielo Místico por los tres dioses de la Estirpe del Cielo Místico Fuego Lunar!


Erniu lo dijo en voz alta y con orgullo; sabía perfectamente cómo acompañar las palabras de Xu Qing.

En ese mundo de silencio y muerte se escucharon respiraciones pesadas. Y todos los ojos inmensos del Emperador Espiritual se conmovieron al instante.

Aunque no presenció directamente el ascenso de la Emperatriz Humana a la divinidad, sí lo percibió.

No podía decirse que no estuviera en guardia.

Sin embargo, la resistencia en su interior seguía creciendo. La sensación de verse despojado le hacía sentir que su prestigio había sido cuestionado.

Xu Qing dirigió una mirada a Erniu.

Este sonrió y, mirando desde arriba el inmenso ojo del Emperador Espiritual Antiguo, alzó la voz con firmeza:


—Hermano Menor, sé que tienes vínculos con el Emperador Espiritual y que no deseas abusar de quien está en desventaja. De lo contrario, con solo informar esto al Maestro, con su rango de Inmortal del Verano —quien ya pudo devolverte el cuerpo con facilidad—, someter este reino sería cuestión de un solo gesto de su mano.


El Emperador Espiritual volvió a quedar conmocionado.

Mientras tanto, al ver que la negociación no daba frutos, el Noveno Abuelo mostró impaciencia.


—¿Para qué perder el tiempo? Mi padre está por volver. Si hoy no me entregas la esencia imperial, la tomaré por la fuerza. Y si resulto herido, me encargaré de que todos tus planes de renacimiento y resurgimiento se desmoronen el día en que él regrese.


Tras decir esto, la aura que emanaba de su cuerpo se volvió aún más densa, hasta formar un cielo estrellado borroso. Una estrella de color rojo sangre parecía acercarse.

Esa presión hizo que el ánimo del Emperador se agitara de nuevo.

No obstante, su antiguo orgullo le impedía aceptar el agravio de verse obligado a ceder. Su respiración se tornó cada vez más agitada.

Al considerar que el momento era oportuno, Xu Qing dio unos pasos hacia adelante, se colocó frente al inmenso ojo y volvió a inclinarse:


—Su Majestad, aún no he terminado. No he venido solo para pedirle los trece hilos de esencia imperial, sino para proponer un trato.


Acto seguido, sacó de su interior la marioneta procedente de la Región Prohibida Ling Yin y se la entregó.


—Era el dueño de esa región. Espero que este espíritu sea de su agrado.


Le estaba tendiendo un puente.

Emperador Espiritual maldecía por dentro; sabía perfectamente que los tres estaban actuando. Lo cierto era que… ni la Emperatriz, ni el maestro de Xu Qing, ni Li Zihua eran personas a las que pudiera enfrentarse en este momento.

Además, tenía en marcha algo importante en la sombra. Si la Plataforma Divina descendía, su plan quedaría al descubierto de inmediato.

Así pues, tras un largo momento, reprimió su rechazo y clavó la mirada en Xu Qing. Su inmenso ojo emitió una fuerza de succión que atrajo la marioneta al instante.

Se escucharon crujidos, como si todo el resentimiento se descargara en morder. Diez respiraciones después, los trece dragones de fortuna que rodeaban al Emperador soltaron bramidos profundos y se dirigieron hacia el grupo de Xu Qing.

Junto con ellos llegó la voz sombría y contenida del Emperador:


—¡Váyanse! ¡Y no vuelvan!

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