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La Esposa del Dios de la Gastronomía




Traduccion: Asure

51

Los aldeanos de este lugar solían hablar siempre en voz alta, pero por otro lado, pensaban que Li Hongmei y las otras dos eran mujeres a las que podían intimidar fácilmente, así que en este caso ni se molestaban en bajar la voz al chismosear a sus espaldas. Li Hongmei y Ye Xiaoxian lo escucharon todito.

Xiao Baozhu era joven y tenía menos templanza. Cada vez que oía a los demás hablar de los asuntos de su familia, se sentía tan avergonzada que deseaba que tragara la tierra.

Li Hongmei no quería escuchar los chismes de la gente y, además, aunque podía aguantar las murmuraciones sobre ella misma, no toleraba que hablaran de su hijo y de su nuera.

Estaba a punto de soltar el carro de mano para ir a cantarles las cuarenta cuando Ye Xiaoxian, que venía detrás de ella, la detuvo:


—Mamá, no se rebaje a su nivel. No ganamos nada con discutir.


Li Hongmei se dio la vuelta para mirar a Ye Xiaoxian:


—Pero están hablando de ti. ¿Es que no te importa tu reputación?

—Nuestra reputación nos la ganamos con nuestras capacidades, no peleando con ellos. Esa gente está llena de envidia. Si nos ponemos a discutir, solo nos amargaremos rebajándonos a su altura. ¡La vida es larga, así que ya veremos!


Las palabras de Ye Xiaoxian le devolvieron la calma a Li Hongmei.


—Pequeña Ye, tienes razón. Así que mejor los ignoramos y dejamos que digan lo que quieran. ¡Somos muy generosas y no nos preocupamos por esas pequeñeces!


Apenas terminó de hablar, Li Hongmei soltó un sonoro salivazo hacia el árbol de banyan:


—¡Ni nos molestamos en dirigirle la palabra a gente tan envidiosa!

—.........



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Poco antes de que llegaran a casa, unos nubarrones oscuros cubrieron el cielo y, en un abrir y cerrar de ojos, comenzó a caer una llovizna al tiempo que el viento soplaba cada vez con más fuerza.

Qinghe es un pueblo del sur; aunque no está pegado a la costa, a veces igual azotan tifones. Un tifón se aproximaba con furia y los árboles pequeños del pueblo se mecían de un lado a otro ante el viento, que entraba a empujones por la casa hasta casi volar las tejas del techo.

Apenas pisaron su hogar, Li Hongmei y Ye Xiaoxian se apresuraron a recoger la ropa y a cerrar puertas y ventanas.

Al ver que la lluvia se hacía cada vez más pesada, Li Hongmei dijo de pronto:


—Pequeña Ye, Baoshan ya no debe tardar en llegar. Me da que no se llevó paraguas ni nada. Va a terminar empapado, ¿verdad?

—¡Voy por él entonces!


En realidad, Ye Xiaoxian había pensado en Xiao Baoshan apenas sintió el tifón. Se preocupó por él en cuanto cayó en la cuenta de que no llevaba con qué cubrirse.

Mientras Li Hongmei hablaba, Ye Xiaoxian agarró a toda prisa un sombrero de bambú, una capa y el único paraguas de tela encerada que tenían, y salió corriendo.

Li Hongmei estaba doblando la ropa, pero cuando se dio cuenta de que el clima no estaba para andar afuera, Ye Xiaoxian ya había cruzado el patio. Li Hongmei salió corriendo tras ella al instante y le gritó:


—Pequeña Ye, no vayas... ¡ay, ten cuidado!


Pero su voz fue devorada por el viento y la tempestad.


—¡De verdad que le gusta nuestro Baoshan!


murmuró Li Hongmei para sí misma.

Ye Xiaoxian no midió el peligro del tifón hasta que estuvo bien lejos. Era delgada y el viento casi la sacaba volando.

Cuando azotaba un tifón, los aldeanos se resguardaban en sus casas. Tanto la lluvia como el viento caían con furia y su visión empezó a nublarse. Casi no podía ver nada más allá del agua y el vendaval. Todos los caminos del pueblo eran de tierra, por lo que se volvían un barrizal cada vez que llovía, y sus zapatos ya estaban cubiertos de lodo.

La situación era todavía peor a la entrada del pueblo. Ye Xiaoxian terminó empapada con solo quedarse unos momentos parada bajo la lluvia y el viento. La temperatura cayó en picado en cuanto empezó el aguacero y, con todo el cuerpo tiritando por el agua, comenzó a temblar de frío.

No sabía por qué Xiao Baoshan no había regresado aún ni a qué hora lo haría. Sabía de sobra que no ganaba nada ahí parada esperando.

¡Ni ella misma entendía por qué había salido corriendo de forma tan impulsiva!

Aguantó un rato más, pero Xiao Baoshan seguía sin aparecer y ella no paraba de temblar.

¿Se iría a enfermar por estar así?

Se estaba haciendo tarde y, si oscurecía del todo, quizás no encontraría el camino de regreso, lo cual sería aún más peligroso.

Su sentido común le decía que se volviera, pero su cuerpo no le hacía caso. Simplemente se quedó ahí esperando, firme en no moverse hasta ver a Xiao Baoshan.

Aguardó otro rato y, finalmente, vio una figura alta y corpulenta abrirse paso en medio de la tormenta.

¡Era Xiao Baoshan!






52

Xiao Baoshan llevaba un sombrero de bambú para la lluvia y una capa del mismo material cubriéndole el cuerpo mientras avanzaba a paso firme hacia su casa.


—¡Baoshan!


gritó Ye Xiaoxian llena de emoción.

Cualquiera estaría feliz de ver a su esposa esperando bajo semejante tormenta, ¿verdad?

Sin embargo, la alegría que ella esperaba ver en su rostro jamás apareció.

Cuando Xiao Baoshan se acercó a Ye Xiaoxian, traía una mirada recontra fría y cara de pocos amigos:


—¿Qué haces aquí?

—Te estaba esperando. Mamá dijo que no habías llevado paraguas y me pidió que te trajera el de tela encerada.


Ye Xiaoxian alzó el paraguas que llevaba en la mano.


—¿Traerme un paraguas con este clima? ¿Cuántos años tienes? ¿No sabes que es recontra peligroso?

—Yo.......

—¡Regresa a la casa ahora mismo!


Ye Xiaoxian sintió que su buena intención era pagada con pura mala fe, así que le entró un coraje bárbaro:


—¡Me voy a regresar sin que me lo pidas! Si no fuera porque mamá estaba preocupada por ti, ¡ni loca venía!


Tras gritarle, le encajó el paraguas bajo el brazo, dio media vuelta y se fue a paso acelerado.

Se sentía profundamente dolida y llena de rabia. Se había quedado aguardándolo en medio de la tempestad y él, lejos de agradecerlo, todavía la regañaba.

Por su parte, Xiao Baoshan se quedó mudo un buen rato tras el grito de Ye Xiaoxian, parado como un tonto bajo la lluvia.

'¿Habré... sido demasiado duro con ella hace un momento?'

Él sabía que llovería al anochecer, pero no le avisó a su mamá ni a la pequeña Ye porque calculaba que ellas regresarían a casa mucho antes que él.

Aun así, no esperó que el tifón desatara semejante furia. El viento había arrancado ramas enteras y las había desparramado por el suelo. En el fondo se sentía aliviado pensando que las mujeres de su familia ya estaban a salvo en casa, pues andar fuera con este clima era una verdadera imprudencia.

Por eso se quedó de una pieza al ver a Ye Xiaoxian plantada a la entrada del pueblo. Tan delgada y frágil, tiritando en medio de la tormenta. Al verla así, le entró una mezcla de angustia y enfado; pero como Ye Xiaoxian también se había salido de sus casillas, comenzó a dudar: «¿Acaso me equivoqué? ¿Fui demasiado estricto con ella?»

Ye Xiaoxian llegó a casa a toda prisa y se cambió de ropa de inmediato. Como el frío no se le quitaba, se fue a la cocina para calentarse junto al fuego.

Li Hongmei ya había encendido el fogón y estaba preparando un poco de sopa de arroz.

Como aún les quedaban algunas galletas de manteca que no se vendieron en el pueblo, Li Hongmei no preparó una cena elaborada, sino que prefirió resolver con la sopa de arroz y las galletas.

Al ver llegar a Ye Xiaoxian con el cabello chorreando agua, Li Hongmei le preguntó preocupada:


—Pequeña Ye, ¿encontraste a Baoshan?

—Sí, lo vi.


respondió Ye Xiaoxian con el ánimo por los suelos.


—¡Intenté detenerte pero saliste hecha un rayo! Un hombre de su tamaño no se va a morir por mojarse un poco.


Ye Xiaoxian respondió con desgano:


—Puras tonterías mías.

—Pequeña Ye, tú........


Li Hongmei presintió que algo andaba mal.

En ese preciso instante, Xiao Baoshan cruzó la puerta.

Se quedó parado en la entrada y le echó una mirada a Ye Xiaoxian. Ella seguía recontra resentida y ni se molestó en dirigirle la palabra.


—Baoshan, ¿por qué llegaste empapado tú también? Pasa y siéntate junto al fuego, ¿quieres?


Xiao Baoshan no le quitaba la mirada de encima a Ye Xiaoxian:


—Estoy bien, mamá. Por cierto, Pequeña Ye me llevó el paraguas hace un momento. Solo quería darle las gracias.


A Ye Xiaoxian se le cayó el alma al suelo.

Seguía sintiéndose agraviada y pensó para sus adentros: '¡Ahora es recontra tarde para pedir disculpas!'

Al ver que Ye Xiaoxian no le daba la menor respuesta, a Xiao Baoshan no le quedó de otra que volverse a su habitación, confundido y decepcionado.

Li Hongmei presintió que el asunto era serio, así que le dejó el cuidado del fogón a Ye Xiaoxian y se fue a buscar a su hijo.


—¡Cabeza de chicharrón!, ¿por qué hiciste eso? Pequeña Ye te llevó el paraguas con la mejor intención del mundo, ¿tú vas y la regañas?


Tras escuchar todita la historia, Li Hongmei no pudo evitar cantarle las cuarenta a su hijo.

Xiao Baoshan también le reprochó a Li Hongmei:


—Mamá, la próxima vez que haya una tormenta así, no dejes que nadie me lleve un paraguas. Es recontra peligroso. El viento arrancó montones de árboles y ella es una muchacha muy frágil.

—¿Que yo la mandé?


Li Hongmei supo al toque que Ye Xiaoxian la había usado de excusa otra vez, así que respondió:


—Bueno, aunque yo lo hubiera dicho, ella solo fue porque le nació del corazón. ¡Como sea, la culpa es tuya por haberla regañado!

—¡Ya le pedí disculpas!

—¿A eso le llamas disculpa?

—¿Qué se supone que haga entonces?

—¿Acaso no nos queda algo de chancaca para hacer la gelatina fría? ¡Apúrate, prepara un poco de agua hervida con kion y azúcar rubia y llévasela! ¡Y acuérdate, no se te ocurra decirle que yo te mandé!






53

Ye Xiaoxian seguía cuidando el fogón en la cocina, así que se dejó el cabello suelto para que se le fuera secando con el calor.

No pasó mucho tiempo antes de que Xiao Baoshan también entrara a la estancia.

A Ye Xiaoxian le dio rabia con solo verlo, de modo que le dio la espalda y lo ignoró por completo.

Xiao Baoshan buscó la chancaca por su cuenta, picó un poco de kion y le sirvió agua bien caliente; en un abrir y cerrar de ojos preparó un tazón de té de azúcar con kion.

Colocó el tazón sobre la parte superior del horno y le dijo a Ye Xiaoxian:


—Tómate este té de kion con azúcar rubia. No te vayas a resfriar.


Ye Xiaoxian preguntó de inmediato:


—Te mandó mi suegra, ¿verdad?

—.......


Xiao Baoshan dudó un segundo.

Ye Xiaoxian ya le había visto las intenciones desde lejos, así que le dijo de mal modo:


—Está bien, ya entendí. ¡Déjalo ahí y me lo tomo!


Xiao Baoshan hizo una pausa y añadió:


—Estuve mal con lo de anoche. ¡Y gracias por llevarme el paraguas en medio de la tormenta!


Ye Xiaoxian levantó la mirada, pero Xiao Baoshan ya se había dado la vuelta para salir de la cocina.

La lluvia continuó azotando durante todita la noche.

Para la mañana siguiente, el aguacero había amainado bastante, pero el clima no estaba como para ir al pueblo a montar el puesto.

Además, con el bajón de temperatura que trajo el tifón, a casi nadie se le antojaría comprar gelatina fría para tomar. Ir hasta allá sería una pérdida de tiempo total.

Xiao Baoshan tampoco salió a trabajar ese día.

Al fin y al cabo, lo suyo eran trabajos eventuales por día: hacía de todo un poco, ya fuera como marinero, tirador de barcos, repartidor, carretero o cargador de palanquines. No pasaba nada si se tomaba un par de días libres.

Como no había que salir a vender, Ye Xiaoxian se quedó en casa enseñándole a Xiao Baozhu a practicar sus trazos de caracteres chinos. A decir verdad, a Xiao Baozhu no le llamaba para nada la atención leer ni escribir; como casi no sabía nada, no paraba de quejarse cada vez que le tocaba ponerse a plana.

A Ye Xiaoxian no le importaban sus berrinches. No esperaba que la muchacha se convirtiera en una erudita, pero al menos tenía que aprender a defenderse leyendo.

Cuando dieron las diez de la mañana, la lluvia cesó por completo y el viento se calmó. Las nubes se despejaron y el sol volvió a salir.

Todo indicaba que el tifón finalmente había pasado.

Como Ye Xiaoxian no tenía nada que hacer, se le ocurrió la idea de subir al monte para recolectar algo de hierba de gelatina.

En cuanto Xiao Baozhu escuchó que Ye Xiaoxian saldría a juntar hierba de gelatina, saltó al toque:


—¡Cuñada, voy contigo!

—Mejor no vayas. Quédate aquí practicando los caracteres que te acabo de enseñar. La próxima vez te voy a revisar la tarea.


Xiao Baozhu puso cara de pocos amigos al instante.

Por su parte, cuando Xiao Baoshan oyó que Ye Xiaoxian planeaba subir al monte a buscar la hierba, soltó de golpe lo que estaba haciendo y le dijo a Ye Xiaoxian:


—¡Voy contigo!

—.......


Ye Xiaoxian se le quedó mirando desconcertada un momento y le preguntó:


—¿A qué vas a ir tú al monte?


'¿Acaso no le da miedo que la gente del pueblo ande con chismes si nos ven a los dos solos en el monte?'

Sin embargo, Xiao Baoshan le respondió con total naturalidad:


—Acaba de llover y los caminos del monte están recontra resbalosos. Es más seguro si te acompaño.

—¡Haz lo que quieras!


Ye Xiaoxian seguía algo resentida por la regañina de la noche anterior.

Los caminos estaban vueltos un barrizal, pero por suerte los montes de esa época eran recontra vírgenes y había abundante hierba a ambos lados del sendero. Con tal de ir pisando el monte verde, no había peligro de resbalarse.

Ye Xiaoxian y Xiao Baoshan comenzaron a subir la cuesta, uno detrás del otro. Ella avanzaba a paso lento y Xiao Baoshan tampoco aceleraba el ritmo, manteniéndose siempre a una distancia prudente tras sus pasos.

El aire de la montaña se sentía recontra fresco, impregnado con el aroma a tierra mojada y pasto recién llovido. La vegetación de los alrededores aún chorreaba gotas de agua.

Por suerte, Ye Xiaoxian había sido previsora: en lugar de calzarse los zapatos de tela, se puso unas sandalias de paja, así que no había problema si se le mojaban los pies.

Aunque era una faena pesada, Ye Xiaoxian tenía que salir a juntar la hierba de gelatina sí o sí; si el clima se volvía a poner feo después, no tendría tiempo de hacerlo.

El sendero del monte estaba en absoluto silencio. Más allá del canto de los pájaros, solo se escuchaban los pasos de ambos.

Ye Xiaoxian comenzó a sentirse aburrida de caminar así, por lo que finalmente hizo una pausa y se dio la vuelta para encarar a Xiao Baoshan.

Xiao Baoshan se detuvo de inmediato y la miró fija y atentamente.


—A ver, si vas a andar detrás de mí sin decir ni una sola palabra, ¡mejor ni me sigas! Me estás haciendo sentir recontra incómoda.


Xiao Baoshan se quedó sorprendido un segundo, preguntándose para sus adentros: «¿Por qué tendría que ser incómodo?»


—¿Acaso no le dijiste a Ya'er que ya estabas casado? Si aceptaste el compromiso de casarte conmigo, ¿no se supone que soy tu esposa?

—Claro que lo eres.


Xiao Baoshan no entendía a qué venía la pregunta.


—Entonces somos un matrimonio. ¿Cuándo has visto tú a una pareja de esposos caminar uno al lado del otro sin dirigirse la palabra? ¿No te parece recontra raro?


Xiao Baoshan guardó silencio un instante y luego se acomodó justo detrás de Ye Xiaoxian.


—El sendero del monte es demasiado angosto como para caminar hombro con hombro. ¿Te parece bien si sigo caminando así detrás de ti?

—........

—¡Haz lo que te dé la gana!


'¡Menudo cabeza de chicharrón que me vino a tocar!'






54

Ye Xiaoxian no tardó en dar con un matorral tupido de hierba de gelatina. Este tipo de plantas trepadoras resultaba recontra fácil de manejar, pues bastaba con ir juntando los tallos en manojos para acomodarlos directo en la cesta.

Xiao Baoshan arrimó el hombro de inmediato. Una vez que identificó bien las hojas de la hierba, se puso a cosechar a la par con ella y, en un abrir y cerrar de ojos, ya había juntado casi el doble que Ye Xiaoxian.

Al ver cómo se esforzaba por echarle una mano y la paciencia con la que la había acompañado todo el camino, a Ye Xiaoxian se le terminó de pasar el berrinche que traía atravesado.

Pensándolo bien, aunque ante todos pasaban por marido y mujer, la realidad era que apenas se iban conociendo. Pedirle que se mostrara recontra cariñoso de la noche a la mañana era pedir peras al olmo, pues el afecto entre los dos todavía no alcanzaba ese punto.

'En fin, qué se le va a hacer. Que fluya como tenga que fluir.'

Cuando terminaron de cosechar suficiente hierba, Ye Xiaoxian se echó la canasta de bambú a la espalda; pero como el tejido de la cesta era basto, al acomodársela sobre el hombro le enganchó el cabello y le arrancó la cinta, dejando caer su larga cabellera de golpe.


—¡Ay, se rompió!


Ye Xiaoxian se tocó el pelo tratando de juntarlo otra vez, pero la cinta se le terminó de partir en la mano al primer jalón.

Esa cinta le pertenecía a la dueña original de este cuerpo y quién sabe cuántos años llevaría encima, pues no aguantó ni un estirón suave.

Soltó un largo suspiro:


—Qué mala suerte. Mañana no voy a tener con qué amarrarme el pelo.


En esta época no estaba bien visto que las mujeres anduvieran con el cabello completamente suelto por la calle, así que a Ye Xiaoxian no le quedó de otra. Dejó la canasta en el suelo, arrancó un puñado de hierbas del camino y las trenzó con maña para improvisar un cordel con el que sujetarse la melena.

Xiao Baoshan observó todita la escena en silencio, sin decir una sola palabra.

Cuando Ye Xiaoxian hizo el ademán de levantarse la canasta otra vez, Xiao Baoshan le dijo:


—Pequeña Ye, ¿por qué no te vas bajando tú primero? Yo te llevo la canasta a la casa más tarde.

—¿Acaso no te vas a regresar conmigo?

—Quiero... ¡ver si cazo algo por aquí!

—¿Cazar?


Ye Xiaoxian sabía de sobra que en un monte tan virgen tenía que haber presas de todo tipo, pero la sola idea de topárselas cara a cara le sacó un escalofrío involuntario.


—Pero si solo te trajiste un machete, ¿cómo piensas cazar? ¿Acaso no necesitas un arco y flechas para esas cosas?


Ye Xiaoxian recordó de golpe las series dramáticas de época que solía ver en la televisión.

Xiao Baoshan esbozó una leve sonrisa:


—Tengo mis propios métodos.

—¿Qué métodos ni qué nada? ¿Vas a salirme ahora como Wu Song, peleando contra los tigres a mano limpia? Mejor olvídate de eso, que no tengo ninguna gana de quedarme viuda otra vez.


Al ver la angustia de Ye Xiaoxian, y para dejarla completamente tranquila, Xiao Baoshan agarró el machete que llevaba al cinto y cortó un bambú grueso de un solo tajo.

Tenía un dominio impecable con la hoja y una fuerza bruta descomunal; en un santiamén le sacó punta al bambú hasta darle la forma de una lanza bien afilada. Hizo exactamente lo mismo hasta completar cinco de ellas.

Sosteniendo una de las estacas, apuntó hacia un pino alto que se alzaba a unos metros de distancia y le dijo a Ye Xiaoxian:


—¡Mira bien!


Ye Xiaoxian apenas alcanzó a clavar los ojos en el tronco cuando la lanza ya había salido disparada de las manos de Xiao Baoshan.

La estaca zumbó por el aire igual que una flecha y se clavó en el pino con un impacto seco: *¡Swoosh!* La punta se había incrustado por lo menos tres centímetros enteros dentro de la corteza.

Ye Xiaoxian se quedó tiesa, con la boca abierta.

'¿Acaso esto es el famosísimo arte marcial interno? ¿Mi marido resulta que es un maestro de kung fu?'

Xiao Baoshan se dio la vuelta, la miró fijamente y le dijo con voz pausada:


—Pequeña Ye, ya puedes estar tranquila. No me va a pasar nada malo en el monte.


Al mismo tiempo, le alcanzó otra de las lanzas de bambú:


—Lévate esta contigo para que te sirva de bastón al bajar.


Ye Xiaoxian tomó la vara de bambú, no solo recontra aliviada, sino profundamente admirada por la demostración. En un solo segundo, el aprecio que sentía por Xiao Baoshan se multiplicó por mil.


—Bueno... está bien, me voy yendo para la casa entonces. Ten mucho cuidado por aquí.


Xiao Baoshan asintió con la cabeza y le preguntó antes de que se fuera:


—¿Qué tipo de carne de monte se te da mejor cocinar? ¿Pollo, liebre o jabalí?


Ye Xiaoxian se dio la vuelta y le regaló una sonrisa recontra franca:


—¡Liebre!






55

Ye Xiaoxian jamás esperó que Xiao Baoshan regresara tan pronto a la casa; a lo mucho se había demorado unas dos horas más que ella.

Lo más impresionante de todo era que en su canasta no solo traía la hierba de gelatina, sino también cuatro liebres silvestres bien gordas.

¿Acaso lo había hecho solo por lo que ella le dijo arriba en el monte?

Le había comentado que se le daba bien cocinar la liebre, ¿y por eso él había salido a cazarlas para ella?

Quizás a Xiao Baoshan le preocupaba que las heridas de las liebres fueran demasiado sangrientas, por lo que se tomó la molestia de lavarlas bien en el río antes de traérselas.

A Ye Xiaoxian la invadió una alegría recontra inesperada y su pequeño corazón empezó a dar brincos emocionales otra vez.

Xiao Baoshan le entregó una de las liebres a Ye Xiaoxian y le dijo:


—Nosotros nos podemos comer esta en la casa. En cuanto a las otras tres, estaba pensando en ir a venderlas al pueblo. ¿Tú qué opinas?

—¡Claro que sí! Con este calor, la carne se echa a perder al toque. A lo mucho nos comemos media liebre en una sola comida, así que nos conviene vender el resto.


Xiao Baoshan asintió:


—Me voy volando al pueblo entonces.

—¿Tan rápido te vas?

—Hay que venderlas mientras sigan frescas, si no, no nos van a dar un buen precio.


respondió Xiao Baoshan mientras tomaba las tres liebres y salía a paso firme.

Cuando Li Hongmei salió al patio, solo alcanzó a ver la espalda de su hijo perdiéndose a lo lejos, así que le preguntó a Ye Xiaoxian:


—Pequeña Ye, ¿no acaba de llegar Baoshan? ¿Por qué se volvió a ir tan rápido?


Ye Xiaoxian se acercó a Li Hongmei y le susurró a toda prisa:


—Mamá, Baoshan cazó cuatro liebres silvestres. Nos dejó una y se llevó las demás para venderlas en el pueblo. Mejor nos quedamos bien calladitas, no vaya a ser que las otras dos familias se enteren y nos armen un berrinche otra vez.

—¿Liebres silvestres?


Li Hongmei se puso recontra feliz.


—¿Mi Baoshan es tan capaz que hasta puede salir a cazar liebres?

—Sí, la verdad es que Baoshan... es recontra bueno para esas cosas. Bueno, mamá, la dejo un ratito porque tengo que arreglar esta liebre. Si las tías nos ven, les decimos que la encontramos tirada en el monte; no vaya a decir nada de que Baoshan salió a cazar.

—¡Claro, claro! ¡Ya entendí perfectamente!


respondió Li Hongmei llena de emoción.

La vida de la familia iba de mejor en peor a mejorando cada día más. Su hijo no solo había regresado sano y salvo, sino que además resultaba ser recontra hábil para la cacería.

Cuando Ye Xiaoxian terminó de limpiar la liebre, Wong Mudan terminó por descubrirla.

Al fin y al cabo compartían el mismo patio y su cocina era minúscula, de modo que no le quedaba de otra que ponerse cerca del tinajón de agua para quitarle las vísceras y chamuscarle el pelo.


—¡Vaya, vaya! ¿Acaso eso es... una liebre?


Wong Mudan vio a Ye Xiaoxian quemándole el pelaje al animal, así que se le acercó al toque a preguntarle movida por la curiosidad.


—Me la encontré tirada en el monte.


respondió Ye Xiaoxian con total naturalidad.


—¿Encontrada? ¿Pero qué clase de chiripa es esa?

—Con el tifón de ayer, a lo mejor se murió por la tormenta o le cayó alguna rama encima.


explicó Ye Xiaoxian sin inmutarse.


—¿Y te vas a atrever a comerte una liebre muerta en la lluvia? ¿No te da miedo que traiga alguna enfermedad rara?


soltó Wong Mudan llena de pura envidia.

Ye Xiaoxian se limitó a sonreír de lado:


—Con habérmela encontrado ya tuvimos recontra buena suerte. Mejor nos la comemos primero y ya después vemos si nos enferma o no.


Y de inmediato añadió:


—Tía mayor, justo estaba pensando en compartirte un pedazo para tu cena, pero como te dan tanto miedo las enfermedades, mejor ni te ofrezco nada.

—Tú.......


Wong Mudan quiso reclamarle que a ella las enfermedades le importaban un comino con tal de comer carne, pero lo dicho, dicho estaba y no le quedaba de otra que tragarse sus palabras.

Así que le preguntó a Ye Xiaoxian:


—¿De verdad que después de la lluvia uno se encuentra liebres o faisanes tirados en el monte así como así?


Ye Xiaoxian lo pensó un segundo y le respondió:


—A lo mejor sí. Piénsalo bien: el tifón de ayer estuvo recontra fuerte y los faisanes del monte no tienen un techo de verdad. Aunque tengan nido, la tormenta se los vuela al toque, así que es normal que amanezcan tiesos por la lluvia, ¿no cree?


Las palabras de Ye Xiaoxian le encendieron el foco a Wong Mudan, quien salió disparada a buscar a Chen Ju de inmediato.


—¿Qué? ¿Encontrar carne de monte tirada en la cima?


Chen Ju miró hacia el cielo y dijo desganada:


—Pero si ya casi es hora de la cena, ¿no? Si servimos la comida tarde, el viejo nos va a cantar las cuarenta otra vez.






56

—¿De qué tienes miedo? Si de verdad nos encontramos algo de carne de monte, el viejo se va a poner recontra feliz de verla, así que ¿por qué nos iría a regañar? ¿Qué me dices?


Chen Ju era, a fin de cuentas, mucho más precavida que Wong Mudan:


—¿De verdad será cierto? ¿Me garantizas que nos vamos a hallar algo?


Wong Mudan repitió todito lo que Ye Xiaoxian le acababa de decir:


—¡Claro que sí! Piénsalo bien: el tifón de ayer estuvo recontra fuerte y los faisanes del monte no tienen un techo de verdad. Aunque tengan nido, la tormenta se los vuela al toque, así que es normal que amanezcan tiesos por la lluvia, ¿no cree?


Chen Ju lo pensó un par de segundos y terminó dándole la razón a Wong Mudan, así que las dos recogieron sus cosas sin pensarlo más y se encaminaron directo hacia el monte.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Xiao Baoshan caminaba recontra rápido, así que logró regresar a la casa antes de que oscureciera del todo.

Cuando pisó el patio, Ye Xiaoxian ya había terminado de trocear la liebre y se disponía a preparar un guisado de carne con brotes de bambú frescos.

En la cocina, Ye Xiaoxian andaba atareada frente a las ollas mientras Li Hongmei se encargaba de atizar el fogón.

Xiao Baoshan entró a la estancia, le entregó ochocientos monedas de cobre a Li Hongmei y le explicó que esa plata era el fruto de la venta de las liebres.

Aparte de las monedas, Xiao Baoshan le sacó a Li Hongmei otro encargo de la manga: resultaron ser como cinco o seis cintas para el cabello rebonitas.


—Baoshan, ¿por qué compraste esto? ¿Acaso fue porque viste a Pequeña Ye amarrándose el pelo con un cordel de hierba esta mañana?


Xiao Baoshan respondió seco y sin inmutarse:


—De regreso del pueblo me topé con un vendedor que traía estas cosas. Ya le quedaban poquitas y me preguntó si me servían, así que le compré el remate. Mamá, repártelas entre tú, Pequeña Ye y Baozhu.

—¡Ay, miren a este muchacho tan amarrado! Se nota a leguas que las compraste para Pequeña Ye, pero usas a las demás de excusa para disimular. Bueno, entonces no le voy a dar ninguna a ella, ¡que se queden toditas para Baozhu y para mí!


lo molestó Li Hongmei entre risitas.

Xiao Baoshan no dijo ni esta boca es mía, sabiendo de sobra que su madre no sería capaz de hacer semejante fechoría. Por su parte, a Ye Xiaoxian le dio un brinco el corazón y una alegría recontra dulce le invadió el pecho.

Sabía perfectamente bien que Xiao Baoshan compró esas cintas porque a ella se le había roto la suya arriba en el monte; si no, ¿a cuento de qué se le ocurriría traerlas?

Lo único malo era que este hombre resultaba ser recontra reservado y de pocas palabras.

O a lo mejor simplemente quería comprarle cintas a toditas las mujeres de la familia para demostrar que las trataba a todas por igual.

'En fin, qué aburrido que es'

La carne de liebre estuvo lista en un santiamén, Ye Xiaoxian le pidió a Xiao Baofeng que le llevara un tazón pequeño al viejo Señor Xiao.

Cuando Xiao Baofeng regresó, traía una cara de susto bárbara:


—El abuelo está recontra serio. Dijo que nadie le ha preparado la cena porque la tía mayor y la tía tercera salieron a no sé dónde y todavía no vuelven. Preguntó si le podemos servir un tazón de arroz.


Li Hongmei dijo al toque:


—Claro que sí, apúrate y llévale un buen tazón de arroz a tu abuelo. Cuando anda de malas le canta las cuarenta a cualquiera y no queremos que se desquite con nosotros más tarde.


Luego murmuró para sí misma recontra confundida:


—¿En qué andarán metidas esas dos cuñadas hoy? ¿Acaso no se ponen a cocinar a esta hora todos los días? Ya se hizo recontra tarde y siguen en la calle. ¿No le tienen miedo a las regañinas del viejo?


A Ye Xiaoxian le entró la duda: ¿será que de verdad se comieron el cuento y se fueron al monte a buscar animales?

Al notar que Ye Xiaoxian ponía una cara rara, Li Hongmei le preguntó:


—Pequeña Ye, ¿tú sabes a dónde se fueron esas dos?


Ye Xiaoxian no tuvo de otra que contarles todito lo que había pasado por la tarde.


—¿Ah? Pequeña Ye, pero tú... ¡ay, Señor, esto me va a matar de la risa! Esas dos babosas de verdad se creyeron que se podían encontrar carne de monte tirada así como así. Si no fuera por nuestro Baoshan, ¡ni en sus mejores sueños probarían un pedazo de carne!


Xiao Baozhu se soltó a reír a carcajadas también.

Xiao Baoshan, en cambio, mantenía una expresión recontra seria:


—El monte está peligroso a estas horas. Sería terrible si se topan con alguna fiera.

—¿Con... con qué clase de fiera se podrían topar?


preguntó Li Hongmei tragando saliva.

Xiao Baoshan se puso de pie al instante:


—Mejor voy a darme una vuelta al monte a ver qué pasó.






57

Xiao Baoshan apenas había terminado de hablar cuando escucharon a Xiao Baocheng decir desde afuera:


—¡Mamá, tía tercera, por fin regresaron!


¿Habían vuelto?

Ye Xiaoxian y los suyos salieron al patio de inmediato.

Aunque el día no había oscurecido del todo, se alcanzaba a divisar apenas que Wong Mudan y Chen Ju venían en recontra malas condiciones, apoyándose la una a la otra para poder caminar.


—Mamá, ¿a dónde se metieron? ¿Por qué llegan tan tarde? Nadie preparó la cena y mi abuelo nos estuvo cantando las cuarenta a todos en la casa hace un momento.


A Wong Mudan le entró un coraje desmedido al toque:


—¿Es que acaso en esta casa todos están muertos salvo nosotros dos? ¿Se quedan cruzados de brazos esperando a que nosotras vengamos a cocinar?

—Al menos debieron avisar a dónde iban. Si aquí solo nos quedamos puros hombres.


A Wong Mudan le hirvió aún más la sangre. «¿Y eso qué tiene que ver? ¿Los hombres acaso no trabajan?»

'Xiao Baoshan y Xiao Baofeng, los de la segunda familia, ¡trabajan parejo como cualquier otro!'

'En especial Xiao Baoshan, a quien siempre se le ve afuera picando leña o lavando las verduras'

Al ver a su madre hecha una fiera, Xiao Baocheng remató:


—Mamá, ¿no te acuerdas de lo que dijiste antes? Tú misma dijiste que los hombres debían salir a estudiar y a ganar plata, y que no pasaba nada si le dejaban toditas las tareas del hogar a las mujeres.


Wong Mudan casi escupe sangre de la rabia.

En efecto, ella misma había soltado semejante tontería.

En esa casa, el viejo Señor Xiao lógicamente no movía un dedo, mientras que su marido y el de Chen Ju trabajaban para la oficina del gobierno, ganándose sus dos taeles de plata cada mes. En el pasado, para mortificar a la segunda familia, Wong Mudan siempre les encajaba toditos los deberes de la casa y se la pasaba burlándose de Li Hongmei por no tener un hombre al lado.

Y ahora le salía el tiro por la culata.

Apenas Xiao Baocheng cerró la boca, el marido de Wong Mudan, Xiao Tieshu, salió hecho una furia y empezó a cantarle las cuarenta a ella también:


—¿A dónde carajos se habían metido las dos? ¿A qué vienen a estas horas? Ya pensaba que habían amanecido tiesas por ahí.


A Wong Mudan le entró un sentimiento de víctima total:


—¡Me fui al monte!

—¿Y qué demonios tenías que hacer allá arriba con semejante tiempo?

—Como la pequeña Ye se encontró una liebre silvestre tirada en el monte, pensé que yo también me hallaría algo, así que me fui para allá arriba con Ju.

—¿Y qué? ¿Consiguieron algo?


preguntó Xiao Tieshu echando chispas.

'¿Conseguir algo? Ni un solo pelo de liebre encontramos, ¡lo único que conseguí fue un porrazo contra el suelo!'

Wong Mudan buscaba un poco de compasión, pero lejos de que alguien la consolara, el coraje la estaba ahogando por completo.

De inmediato descargó todita su rabia contra Ye Xiaoxian:


—Pequeña Ye, maldita mocosa. Todo es culpa tuya. Dijiste que había carne de monte para recoger en la cima y me hiciste ir a correr como una tonta por gusto.


A Ye Xiaoxian no le hizo ni pizca de gracia la acusación. Ella solo lo había dicho por decir, ¿quién iba a imaginar que Wong Mudan saldría corriendo al monte por su cuenta?


—Sí, yo dije que había animales en el monte, pero ¿no dijo usted misma que no se podían comer porque venían enfermos? Si no se podían comer, ¿a qué demonios subió entonces?


le contestó Ye Xiaoxian sin quedarse callada.


—Yo.......


Wong Mudan se quedó balbuceando sin saber qué responder.

Su marido la volvió a regañar sin piedad:


—¿Qué haces ahí parada todavía? ¡Apúrate y ponte a cocinar de una vez!


Wong Mudan chilló con voz lastimera:


—Es que me caí y se me trabó la cadera de la impresión.


Xiao Tieshu le espetó seco:


—¿Y eso qué importa? ¿Por eso nos vamos a quedar sin cenar todos?

—Está bien... está bien, ¡me pongo a cocinar de inmediato!


Sin haber logrado ni una pizca de simpatía y sin nadie que le echara una mano, no le quedó de otra que ponerse a preparar la cena ella solita.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Al día siguiente.

Ye Xiaoxian redujo a la mitad la cantidad de galletas de manteca que pensaba salir a vender. Tenía planeado ofrecerlas únicamente por la mañana e ir bajando la cantidad día con día. En este momento, su prioridad absoluta era enfocarse en la venta de gelatina fría.

Por un lado, las galletas heladas perdían su buen sabor al rato y, por el otro, el calor estaba recontra fuerte.

Aun así, necesitaba meter nuevos productos al negocio, pero eso solo ocurriría cuando lograra reunir la plata suficiente.

Justo cuando acababa de acomodar su puesto de gelatina fría ese día, el mayordomo Liu se le acercó a paso apresurado:


—¡Ay, joven señora Xiao, por fin llega! Nuestra señorita se la ha pasado todito el día esperando para verla.






58

—Ayer hizo una tormenta recontra fuerte y ni pude salir de la casa, por eso no abrí el puesto. ¿Cómo ha estado la señorita? ¿Acaso no ha comido nada?


preguntó Ye Xiaoxian demostrando verdadera preocupación.


—Tal cual lo dices. Solo quiere comer lo que tú preparas y no le hace caso a nada más. ¡Ayer a las justas tomó un poquito de sopa de arroz!


respondió el mayordomo Liu con cara de aflicción.


—Llévele entonces un par de galletas de manteca para que vaya engañando al estómago. ¡Apenas lleguen mi suegra y mi cuñada me voy volando para allá!


El mayordomo Liu agarró las galletas y le entregó un tael de plata a Ye Xiaoxian:


—Joven señora Xiao, compre toditos los ingredientes que necesite por su cuenta y se los lleva más tarde.

—¿Tanto así?

—¡Si sobra algo, me das el cambio después!


soltó el mayordomo con total generosidad.

Ye Xiaoxian se encaminó al mercado con la plata en la mano.

En la zona oeste del pueblo había una calle recontra concurrida, repleta de puestos de pollo, pato, pescado y carnes de todo tipo.

Se dirigió primero a un puesto de venta de aves. En esa época vendían los pollos enteros o troceados, pero a nadie se le ocurría separar las patas o las alas para venderlas por separado.

Ye Xiaoxian le propuso al dueño pagarle un precio más alto si le vendía únicamente las patas de pollo y le pidió que le guardara cuantas pudiera.

Luego se fue a conseguir los demás insumos. Compró un pescado fresco, brotes de soya, pepino, pimienta de Sichuan, limones y un puñadito de ají seco, el cual le costó un ojo de la cara encontrar en esa época.

Tras hacer las compras, regresó al puesto de pollo y el dueño ya le tenía juntadas más de diez patas.

Como las patas traen poca carne, a casi nadie le gustaba comérselas. La gente solo buscaba los cortes magros, así que a veces las regalaban o las remataban por naderías. Que alguien como Ye Xiaoxian viniera a buscarlas exclusivamente y encima pagando más caro era una ganga total; el vendedor no podía estar más feliz.

Ye Xiaoxian le encargó que le juntara toditas las patas de pollo posibles para el día siguiente.

Con los mandados listos, se dirigió a la residencia del Señor Liu.

Tenía pensado preparar dos platos estrella: lonjas de pescado en aceite picante y patas de pollo al limón.

Ambas preparaciones eran recontra apetitosas. La primera destacaba por su toque picante que despertaba el paladar al instante, mientras que la otra resultaba fresca y refrescante. Si lograba darle al gusto de Liu Qianqian, seguro la muchacha se limpiaba el plato entero.

Le tomó bastante trabajo en la cocina, pero finalmente terminó los dos guisos.

Como ya había agarrado confianza con Liu Qianqian la última vez, Ye Xiaoxian no se anduvo con rodeos. Apenas tuvo la comida lista, entró a la habitación acompañada por la niñera Wong.

Como Ye Xiaoxian no había ido el día anterior, Liu Qianqian la recibió con carita de pocos amigos:


—Ayer no llovió todo el día, ¿o sí? ¿Por qué no viniste? Aunque no abras tu puesto, igual puedes venir a cocinar a mi casa. Tampoco es que te vayamos a dejar sin pagar.


Ye Xiaoxian sabía de sobra que la señorita solo estaba engreída, así que lejos de molestarse, le sonrió suavemente:


—Es que el cabeza de chicharrón de mi marido me llevó a pasear al monte ayer. Era una oportunidad recontra rara, así que no podía decirle que no, ¿verdad?


Al escuchar eso, a Liu Qianqian se le quitó la amargura de golpe. Se sentó de un brinco en la cama y preguntó emocionada:


—¿Tu marido y tú? ¿Los dos solitos?

—¡Sí!

—¿Y pasó algo interesante?


quiso saber Liu Qianqian con los ojos abiertos de par en par.


—¿Qué tendría que pasar?


Ye Xiaoxian se hizo la desentendida.

Liu Qianqian sacó de un tajo un cerro de libros que tenía guardados en la cabecera:


—Como devoradora profesional de novelas de amor, te firmo que cuando un hombre y una mujer suben solos al monte siempre pasa algo... ¡como terminando abrazados entre los matorrales!


Recién ahí Ye Xiaoxian cayó en la cuenta de que toditos los libros de la señorita eran romances juveniles, recontra parecidos a los libros de ficción de la era moderna.

No pudo contener la risa:


—¿De verdad te mueres por saber?

—¡Claro que sí!

—¡Cómete todita la comida primero! Mira que la preparé con un cariño bárbaro.






59

En realidad, Liu Qianqian llevaba rato oliendo el banquete. Esa mezcla entre el aroma agrito del limón y el toque picante del ají le estaba haciendo agua la boca de manera bárbara.

Aunque se había quedado con la espina clavada por la ausencia de Ye Xiaoxian el día anterior, se le pasó el berrinche apenas soltó la queja. En el fondo, solo estaba esperando a que Ye Xiaoxian le diera una excusa para ceder. Así que, al escuchar sus palabras, respondió:


—Está bien, te la paso por esta vez. Déjame probar qué tal te quedó.


Agarró una lonja de pescado con los palitos chinos.

Al haber sido marinada con harina de maíz, la carne del pescado se sentía recontra suave y sedosa al paladar; además, el toque del ají seco le reventó en la boca satisfaciendo toditas sus papilas gustativas al instante.

Era la primera vez en su vida que probaba un manjar tan sabroso. Comparada con la sazón de Ye Xiaoxian, la comida que preparaban los cocineros de su propia casa sabía a pura agua estancada.

Sin embargo, para no perder su compostura de señorita de buena familia, se negó a soltarle un elogio directo y solo dijo:


—Está un poquito picante, pero aguanta.


Ye Xiaoxian sonrió de lado:


—Pruébate entonces las patas de pollo al limón.


Como el tiempo le jugó en contra, las patas no se marinaron lo suficiente para concentrar todo el sabor, pero Ye Xiaoxian se las ingenió salteándolas tras darles un hervor. Quedaron recontra suaves, gelatinosas y facilísimas de masticar.

Apenas Liu Qianqian probó la primera, no pudo evitar estirar los palitos para agarrar otra de inmediato.


—Qianqian, mejor avánzale primero al pescado antes de que se enfríe y pierda la gracia. Las patas de pollo se pueden comer frías sin ningún problema.


Como el pescado estaba algo picante, la señorita necesitó acompañarlo con arroz para bajar el ardor, terminándose dos tazones repletos sin dejar ni un solo grano.

Al terminar de comer, miró a Ye Xiaoxian y le reclamó:


—Ahora sí, ¡cuéntame todito lo que pasó entre ustedes dos en el monte!


Ye Xiaoxian esbozó una sonrisa franca:


—La verdad no pasó gran cosa. Solo se me enganchó la cesta en el pelo y se me rompió la cinta, así que él fue y me compró otra. Pero no lo hizo solo conmigo, sino que terminó comprándole una a cada mujer de la casa.


Liu Qianqian dio un brinco en el asiento de la pura emoción:


—¿Y qué significa eso?

—¿Yo qué voy a saber? Ese hombre es un acertijo andante.

—¡Te apuesto lo que quieras a que le dio vergüenza comprártela a ti sola y por eso tuvo que comprarle a toditas las mujeres de tu casa!


Ye Xiaoxian la miró sorprendida:


—¿Acaso se nota tanto?


Liu Qianqian empujó todito su cerro de libros hacia Ye Xiaoxian:


—Mejor léete estas novelas. Te las puedo prestar unos días. Tú sabes leer, ¿verdad?

—Claro que sí, aunque no me queda ni un segundo libre entre atender el puesto y ponerme a cocinar. Pero me llevo un par para mi cuñadita. Le he estado enseñando sus trazos estos días, pero la verdad no le pone nada de gana. A lo mejor leyendo estas historias de amor le entra el gusto por la lectura.

—Llévatelas toditas si quieres. Al fin y al cabo yo ya me las leí todas.


dijo Liu Qianqian con total generosidad.

Antes de que Ye Xiaoxian cruzara la puerta, Liu Qianqian le lanzó un último consejo:


—Tu marido ya empezó a fijarse en ti, hazme caso. Si tomas un poquito más la iniciativa, te firmo que no va a tardar en querer dormir en la misma habitación contigo.

—.........


Cuando Ye Xiaoxian se retiró, Liu Qianqian le pidió al mayordomo Liu que le llevara lo que quedó del pescado al Señor Liu para que lo probara.

El Señor Liu no entendía por qué su hija andaba tan encaprichada con la comida de esa muchacha, pero en cuanto le metió el diente al primer pedazo de pescado, quedó fascinado al toque y limpió el plato sin dejar ni una gota de jugo.

Mientras tanto, la señorita Liu mandó a sus sirvientes a comprar una remesa nueva de novelas al pueblo. Se acomodó a leer sus historias mientras devoraba las patas de pollo al limón y, para cuando vino a darse cuenta, ya se las había comido toditas.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Para cuando Ye Xiaoxian regresó a su puesto de venta, se moría del hambre.

Llevaba un montón de tiempo con el antojo atravesado de comer pescado en aceite picante, así que en cuanto vendió todita la gelatina fría del día, corrió al mercado, se compró una carpa herbívora de casi dos kilos junto con los demás ingredientes, y se dispuso a preparar una buena comilona en casa.






60

En cuanto a las novelas de amor que trajo Ye Xiaoxian, a Xiao Baozhu no le llamaban la atención para nada desde el principio.

Xiao Baozhu apenas estaba empezando a dar sus primeros pasos escribiendo y ya era un verdadero milagro que pudiera descifrar más de la mitad de las palabras de una sola página. Ye Xiaoxian no la presionó para que entendiera todita la historia de golpe, sino que prefirió leérsela ella misma primero.

Las muchachas siempre caían rendidas ante un buen romance, y por eso mismo, cuando Ye Xiaoxian comenzó a recitar la historia de un erudito que se enamoraba perdidamente de una muchacha del pueblo, Xiao Baozhu empezó a parar las orejas recontra interesada.

Ye Xiaoxian solo le leyó la mitad del cuento a Xiao Baozhu y le dijo que ella solita tenía que terminar de leer el resto.

A Xiao Baozhu no le quedó de otra que ponerse a deletrear las palabras a duras penas. Cada vez que se topaba con un hueso duro de roer, le pedía ayuda a Ye Xiaoxian y ella se lo explicaba con una paciencia de santita. Para cuando cayó la tarde, resultó que Xiao Baozhu había sido capaz de terminarse la primera historia por su cuenta.

Li Hongmei, que estaba sentada al lado, vio el avance y no pudo evitar recordarle a su hija:


—Baozhu, mira nomás la paciencia bárbara que te tiene Pequeña Ye. Se está quemando las pestañas para enseñarte a leer y escribir bien.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Nadie se imaginó que Xiao Baozhu se terminaría enviciando por completo con las novelas de amor.

Al llegar la noche, tras regresar a la casa, fue a buscar a su hermano menor, que acababa de volver de la escuela, para que le explicara cómo leer la segunda parte.

Xiao Baofeng iba a clases todos los días y lo suyo era pura lectura y escritura; además, era recontra aplicado e inteligente, por lo que su nivel estaba a años luz del de Xiao Baozhu. Se sabía casi toditos los caracteres del libro y, si de casualidad se topaba con alguna palabra rara, la dejaba de lado por el momento para preguntarle a Ye Xiaoxian más tarde.

Xiao Baozhu no pudo evitar sentirse recontra frustrada:


—Baofeng, la vida es recontra injusta con las mujeres en estos tiempos. ¿Por qué demonios las mujeres no podemos ir a la escuela? Mira nomás, tú vas a clases y sabes mil veces más que yo, mientras que a mí no me queda de otra que salir al pueblo a vender gelatina fría.

—Bueno......


Xiao Baofeng no supo ni qué responderle.

La verdad era que él gozaba de muchos más privilegios que ella. Tras pensarlo un momento, a Xiao Baofeng no le quedó de otra que consolar a su hermana:


—Sí, la culpa la tiene el sistema de las escuelas privadas. Solo dejan entrar a los hombres y no a las mujeres; si no fuera por eso, seguro mi cuñada te mandaba a estudiar a ti también.


Xiao Baozhu volvió a suspirar:


—¿Sabías que estas novelas se las dio a mi cuñada una señorita recontra rica? ¿Por qué esa señorita sí sabe leer tan bien y se puede devorar toditos los libros que quiere?

—Tengo entendido que las familias con plata contratan profesores particulares para que les den clases en sus propias casas.

—O sea que, al final del día, todo es porque somos recontra pobres. ¡Por haber nacido en una familia así de humilde ni tuvimos la oportunidad de aprender a leer ni escribir!


Xiao Baofeng no estuvo tan de acuerdo con su dramatismo y le dijo:


—Pero uno no escoge dónde nace, ¿no? En verdad, aunque no le llegamos ni a los talones a la gente con plata, comparados con los otros muchachos del pueblo somos recontra afortunados. Mira nomás, tú tienes novelas para entretenerte y mis hermanos con mi cuñada te enseñan a leer, mientras que Feng, la hija de la vecina doña Zhao, no tiene ni la mitad de la suerte que tú.


Xiao Baozhu llevaba un tiempo yendo al pueblo a vender y ya había visto de todo un poco, así que no le hizo ni pizca de gracia que la compararan con Feng:


—Si Feng ni una sola vez ha pisado el pueblo.


Ese día fue la primera vez que Xiao Baozhu no le ayudó a Ye Xiaoxian a preparar la cena; Ye Xiaoxian y Li Hongmei lo hicieron todo. Pero al ver que la muchacha por fin le había agarrado el gusto a los libros, Ye Xiaoxian prefirió no molestarla. De todas formas iban a comer lonjas de pescado en aceite picante y ella era la única que sabía preparar ese plato.

Al anochecer, Xiao Baoshan regresó a la casa.

Apenas pisó el patio, Xiao Baozhu se le pegó como sombra a su hermano mayor para que le enseñara a leer. Lo único que Xiao Baofeng no entendía eran ciertos caracteres recontra raros que solían ser nombres de lugares alejados, y lo más extraño de todo era que Xiao Baoshan se los sabía toditos de memoria.


—Hermano mayor, ¿acaso tú has visitado toditos estos sitios?


preguntó Xiao Baozhu desconcertada.

Xiao Baoshan levantó la mirada hacia el cielo como si estuviera contemplando un lugar recontra lejano, pero de pronto se le ensombreció el rostro y se quedó en absoluto silencio.

Esa noche, las lonjas de pescado en aceite picante soltaban un olor que te hacía agua la boca, sobre todo por la combinación de los ajíes secos con la pimienta de Sichuan fritas en el aceite; el aroma no tardó ni dos segundos en invadir todito el patio.

Wong Mudan y Chen Ju estaban lavando las verduras afuera.

Sus maridos cobraban su sueldo mensual, por lo que podían darse el lujo de comer carne varias veces al mes; pero como eran una familia grande, casi nunca hacían frituras, sino que preparaban un caldo ralo para que a todos les tocara aunque sea un pedacito.

Al sentir el olor a pescado que venía de la casa de al lado, a Wong Mudan y a Chen Ju se les hizo la boca agua.


—Cuñada mayor, ¿qué clase de pescado estarán preparando al lado? Apesta a puro condimento, ¿no?


dijo Chen Ju tragando saliva.

Wong Mudan recordó el fiasco de la sopa de patas de cerdo de la otra vez y no se atrevió a tramarlo nada malo contra la segunda familia, no fuera a ser que terminaran tomándose otra vez el agua de lavar la olla.


—Seguro hicieron un sancocho de pura sobra. Para comer pescado fresco, lo único que se necesita es un poco de kion para quitarle el olor a choqueque; ¿a quién se le ocurre meterle tanto aderezo? Para mí que la mocosa esa de Pequeña Ye le mete tanto condimento para que se hinchen a puro arroz y no coman tanto pescado.

—¡Tal cual!


secundó Chen Ju, aunque se le seguía cayendo la baba.

En ese momento llegó su hijita de cinco años, Baoxue, cargando su plato de lata:


—Mamá, ¿a qué hora está la cena? ¡Tengo un hambre bárbara!


Chen Ju iba a responderle que faltaba un montón, pero al fijarse en el tazón de su hija le entró una idea recontra viva.


—Xue, ¿por qué no vas a la casa de tu tía segunda y te fijas a ver qué están comiendo?


La niñita no entendía de mañas; como su mamá se lo mandó, se fue corriendo recontra feliz a la casa de la segunda familia.

Wong Mudan le levantó el pulgar a Chen Ju:


—Bien jugado. Si mandas a una criatura, por más pesados que sean los de la segunda familia, con los niños no se van a desquitar.

—A ver si nos liga. Hay que esperar a que vuelva Baoxue para ver qué trae.


Los niños del pueblo solían ser recontra tímidos y Baoxue no era la excepción. Cuando llegó a la puerta de la cocina de la segunda familia, se quedó mirando hacia adentro con unos ojos enormes. Vio una fuente grandota sobre la mesa pequeña: las lonjas de pescado blanco flotaban sobre un caldo rojo brillante y soltaban un olor tan apetitoso que a Baoxue se le caía la baba hasta mojarse la barbillita.

Ye Xiaoxian notó a Baoxue parada afuera con su tazoncito y adivinó al toque que su madre la había mandado a mendigar.

Pero Ye Xiaoxian siempre había sido recontra generosa, sobre todo con las criaturas.

Le hizo una seña a Baoxue para que pasara y, usando los palitos, le sirvió dos lonjas rebonitas de pescado en su plato:


—Baoxue, el pescado pica un poco. No te vayas para afuera, cómetelo aquí mismo.


Baoxue le hizo caso al toque, puso su tazoncito en la mesa y empezó a comerse el pescado poco a poco con sus palitos.

Era la primera vez en su vida que probaba algo picante y le ardía la boca, pero a pesar del picor, a la niñita le pareció un manjar recontra delicioso. Resoplaba del ardor pero no dejaba de comer, y en un santiamén se terminó las dos lonjas.

Ye Xiaoxian le echó un poco de pepino y brotes de soya en el tazón:


—Esto también pica un poquito, así que come despacio.


Baoxue estaba que no daba más de la alegría comiéndose todito.

Los niños se llenan al toque y como el pescado estaba picante, tras terminarse las verduras, la niñita salió corriendo recontra feliz con su plato limpio.

Chen Ju vio que Baoxue se había demorado un montón y la llamó al toque:


—Baoxue, ¿te dieron algo de comer allá adentro?

—¡Sí! Comí pescado, pepino y brotes de soya.

—¿Y por qué... no le trajiste un poquito a tu mamá?


Baoxue abrió los ojos grandotes: «¿Acaso se podía hacer eso?»


—En fin, ya no te van a dar nada más. ¡Vete a jugar por allá!


soltó Chen Ju de mal humor.

Baoxue salió disparada a jugar.

En ese preciso instante, Xiao Baocheng salió de su cuarto.

A Wong Mudan se le iluminaron los ojos y le hizo señas a Baocheng para que se acercara:


—Baocheng, ven acá. Necesito que me hagas un favorcito.

—¿Qué cosa?

—Ve a ver qué rico están cocinando al lado. Lévate un tazón y a ver si te regalan algo, ¿ya?


Xiao Baocheng ya tenía diez años y estaba yendo a la escuela, así que se dio cuenta al toque de que su mamá se estaba muriendo de la envidia por la cena ajena, por lo que le respondió seco:


—No voy a ir nada. ¡Si quieres comer, ve tú misma!


Dio media vuelta y se regresó a su cuarto a seguir practicando sus trazos.


—Tú.......



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Al final, Wong Mudan y Chen Ju sí tuvieron la oportunidad de probar el pescado esa noche.

Como la segunda familia preparó una buena cantidad, le mandaron un plato por cortesía al viejo Señor Xiao.

El viejo había comido insípido todita su vida, así que de ninguna manera le iba a gustar un plato picante y condimentado como ese. Apenas se metió el primer pedazo a la boca, lo escupió de golpe:


—¿Pero qué porquería es esta? ¡Echar a perder un pescado tan bueno preparándolo así!


Dejó caer el plato con fuerza en el centro de la mesa, dando a entender que le importaba un comino quién se lo comiera.

Wong Mudan y Chen Ju estiraron los palitos al toque, como cocodrilos atrapando a su presa, se lanzaron sobre el pescado.

Se lo metieron a la boca sin pensarlo dos veces. Aunque el pescado ya se había enfriado un poco, la mezcla de sabores les reventó en la boca y les pareció un manjar recontra delicioso.

Xiao Tieshu y Xiao Tongshu también le metieron el diente y a todos les pareció riquísimo, incluidos Xiao Baofeng, Xiao Baoyang y los demás niños.


—Ju, búscate un momento para preguntarle a la cuñada segunda cómo preparó esto. Así podemos hacerlo igual la próxima vez.


Apenas Xiao Tieshu cerró la boca, su padre le cantó las cuarenta:


—¡Ni se te ocurra! ¡No voy a permitir que esa porquería vuelva a pisar mi mesa jamás!

—......


Como compartían la misma cocina y no podían engañar al viejo preparándose otra cosa a escondidas, Wong Mudan y Chen Ju se quedaron con un coraje bárbaro y recontra resentidas.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



A la mañana siguiente.

Xiao Baozhu se levantó recontra temprano.

Su tarea era ponerse a preparar la gelatina fría.

Ye Xiaoxian ya había dejado de vender galletas de manteca, así que le echó una mano a Xiao Baozhu apenas se levantó. Le preguntó extrañada:


—¿Cómo es que te levantaste tan temprano hoy?


Xiao Baozhu dudó un segundo:


—Cuñada... como que hoy no tengo ganas de ir al pueblo a vender... ¿se podrá?

—¿Te quieres quedar sola en la casa? Todos vamos a salir al pueblo y Baofeng se va a la escuela. Si te quedas solita, ¿qué vas a almorzar?


Al ver su carita, Ye Xiaoxian cedió con una sonrisa:


—Bueno... está bien. Ya que te han entrado tantas ganas de aprender, ¡quédate en la casa y dedícate a leer bastante!


Ye Xiaoxian siempre le tenía mucha lástima a Baozhu, que al fin y al cabo era una muchachita de apenas doce o trece años. Si estuviera viviendo en la era moderna, sus padres la tendrían mimada en el colegio.

Luego se puso a pensar en ella misma. Tampoco es que fuera mucho mayor que Baozhu; en este mundo tenía apenas dieciséis años y, en la era moderna, no tendría más preocupación que cumplir con las tareas de la escuela.

¡Puras cosas del destino!

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