La Esposa del Dios de la Gastronomía
Traduccion: Asure
21
—Tranquila, mamá. Alrato compramos un par de sombreros de paja para no achicharrarnos con el sol. Ahorita lo que importa es no perder la venta; además, la paz atrae a la plata.
Ye Xiaoxian llevaba tiempo trabajando en el rubro de la comida y sabía perfectamente que el sabor es lo que manda. Si la sazón no convence, no importa qué tan grande sea el puesto ni qué tan regalado esté el precio, la gente siempre va a buscar la buena calidad.
Poco después regresó Xiao Baoshan cargando los baldes de agua. Al darse cuenta de lo que pasaba, el muchacho reaccionó con la misma tranquilidad que Ye Xiaoxian y se puso a calmar a Li Hongmei:
—Mamá, ni te gastes renegando con esa gente. Nosotras a lo nuestro: a vender la jalea y a sacar todo lo que se pueda.
—Pero… ¿de verdad nos irá a salir la venta? La jalea de ese viejo está a una moneda el tazón y la nuestra a dos…..
Li Hongmei seguía con la espina clavada, preocupada de que hoy no vendieran ni un solo tazón.
Con lo que se habían matado juntando moneda por moneda para la pensión del pequeño Baofeng, ¿cómo no le iba a dar rabia ver que venía un conchudo a querer quitarles el pan de la boca?
Más bien que ese viejo agradeciera que ella no se le había ido encima como perra en celo defendiendo a sus crías.
Pero Xiao Baoshan insistió con voz pausada:
—Al final solos se van a perjudicar. No te me angusties, mamá. Ten por seguro que vamos a sacar suficiente plata para los estudios de Baofeng.
Escuchar a su hijo hablar de la pensión era justo lo que Li Hongmei necesitaba para calmarse un poco. Le hizo caso a Baoshan y comenzó a acomodar el puesto como de costumbre.
Xiao Baoshan se ausentó un ratito y al poco tiempo regresó cargando una gran lona de tela encerada negra y un par de varas de bambú.
A Ye Xiaoxian se le iluminaron los ojos de la impresión.
Era evidente que Xiao Baoshan quería armarles un toldo para cubrirlas del sol. En el mercado del distrito, varios puestos usaban ese tipo de sombras improvisadas.
Detrás de esa estampa de hombre tosco y grandote, Xiao Baoshan resultaba ser un muchacho recontra atento y detallista. No había soportado verlas trabajando bajo el solazo, así que había ido volando a conseguir esa lona.
‘Me pregunto si estará haciendo todo esto por su mamá… o por su nueva esposa.’
Ye Xiaoxian se le quedó mirando con un toquecito de timidez.
Mientras levantaba la estructura del toldo, Xiao Baoshan volteó a verla de reojo y, al notar que Ye Xiaoxian no le quitaba la mirada de encima, esquivó los ojos al toque de la palta.
El clima estaba sofocante y, tras unos minutos de trabajo pesado, el muchacho terminó empapado en sudor. Li Hongmei le alcanzó un pañuelo a Ye Xiaoxian y le dio un codacito en el hombro, haciéndole señas para que hiciera algo.
Pero Ye Xiaoxian no captó la indirecta al principio y pensó que Li Hongmei le estaba dando el pañuelo para que ella misma se secara el sudor.
Al verla tan despistada, Li Hongmei señaló a Baoshan directamente y le dijo:
—Pequeña Ye, ¡mira cómo está sudando tu marido! Anda rapidito y sécale la frente.
Ye Xiaoxian entendió la jugada al toque. Se le acercó a Xiao Baoshan intentando secarle el sudor, pero el muchacho le quitó el pañuelo de la mano al instante:
—Yo… yo solo puedo.
Se pasó la tela a la prisa por la cara y le devolvió el pañuelo a Ye Xiaoxian.
A Ye Xiaoxian le dio un toquecito de despecho en el corazón, mientras Li Hongmei murmuraba a un lado:
—¡Qué sano que es este muchacho!
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Al costado, el viejo de *“Jalea Helada El Puente”* seguía ofreciendo su producto a grito pelado:
—¡Lleve su jalea, la tradicional del puente! ¡A una moneda de cobre el tazón, aproveche!
Apenas el viejo terminaba de gritar, Li Hongmei soltaba un pregón con el triple de potencia:
—¡Lleve la jalea helada hecha por las propias manos de la nuera de la familia Xiao! ¡Suavecita, refrescante y recontra sabrosa! ¡El que prueba un tazón, se pide dos!
Li Hongmei parecía toda una pregonera de mercado, con una voz tan potente y achorada que el viejo no le llegaba ni a los talones; a las pocas rondas de gritos, el tipo quedó totalmente opacado.
En eso, Li Hongmei vio venir a una mujer de mediana edad y se le fue encima a la velocidad del rayo:
—¡Señorita, buenas tardes! ¿Se le antoja un tazoncito de jalea helada? ¿Ya probó la jalea de la familia Xiao? Está bien dulcecita y suavecita, ¡un verdadero manjar!
La mujer de mediana edad le respondió:
—¡Oiga, señora! Si ya soy una tía hecha y derecha, ¿cómo me va a decir señorita?
—¡Ayyy, pero qué dice! ¿Cuántos años va a tener? ¿20?
preguntó Li Hongmei haciéndose la sorprendida.
—¡Tengo 40!
—¡Ni parece! Se le ve jovencita.
soltó Li Hongmei sin pestañear.
Al escuchar eso, a la mujer se le endulzó el pecho de la emoción. Ignoró por completo al viejo del costado y le compró un tazón de jalea a Li Hongmei. Le pareció tan pero tan rica que, ahí mismo, se pidió un segundo tazón.
Al viejo de al lado casi le da un patatús de la pura rabia.
22
El viejo le gritó a la mujer de mediana edad:
—¡Oiga, señora! La mía está a una moneda de cobre el tazón. ¿Para qué va a botar dos monedas más solo por escuchar habladurías bonitas? Si se trata de escuchar floreos, ¡yo también se los puedo decir!
La mujer le respondió al toque:
—La cosa es que ayer probé la de ella y la suya no le llega ni a los talones en sabor.
A los pocos minutos, apareció otra vez el comerciante gordito que había venido el primer día. Esta vez el viejo estuvo mosca: se le acercó rápido y le jaló la manga de la camisa:
—¡Oiga, patrón! Usted es comerciante, yo lo reconozco. Siempre me compraba a mí, pero últimamente no se le veía el pelo. Mire que mi jalea ahora está regalada, ¡a una moneda el tazón! ¿Se le antoja servirse una?
Li Hongmei, bien parada al costado, soltó a viva voz:
—¡Ay, casero! Usted que es hombre de negocios sabe perfectamente que lo barato sale caro, ¿sí o no? Si este viejo le bajó el precio hoy día, es porque le habrá echado menos chancaca o le habrá metido pura agua al balde. ¡La nuestra es otra cosa! Nosotras mantenemos la calidad y el sabor original de siempre.
Ye Xiaoxian vio a Li Hongmei sudar la camiseta y no se quedó atrás:
—¡Así es! Y a nuestros clientes fijos les regalamos un chorrito extra de miel de chancaca.
El gordito miró al viejo y luego volteó a ver a Ye Xiaoxian. Por un lado quería ahorrar sencillo, pero por el otro no quería comer cualquier cochinada, así que decidió pedir un tazón en cada puesto.
Los transeúntes llevaban rato mirando el show y también querían saber cuál de las dos jaleas valía la pena. Al ver que el gordito pedía una en cada puesto, un grupo de curiosos se juntó a su alrededor para ver el desenlace.
El comerciante gordito era un sibarita recontra conocido en el mercado. Si él decía que algo estaba rico, era porque de verdad lo estaba.
Primero le dio un sorbo a la jalea del viejo del puente, pero apenas se la metió a la boca, arrugó la cara todita.
Después de llevar varios días tomando la jalea de Ye Xiaoxian, su paladar se había puesto recontra exigente; la del viejo le pareció dura, desabrida y con cero gracia.
Enseguida se tomó la jalea de Ye Xiaoxian y una sonrisa de absoluta satisfacción le iluminó la cara redonda. ¡Ah, este sí era el saborcito de siempre, bien despachado!
Agarró el tazón y se lo bajó de dos tragos. Luego le dijo a Ye Xiaoxian:
—¡Muchacha, sírveme otro tazón de una vez!
Ye Xiaoxian le sirvió al toque una segunda porción.
Al ver la escena, los curiosos sacaron su propia línea: la jalea de Ye Xiaoxian era mil veces superior. La gente no era tonta; sabían que aunque la del viejo estuviera más barata, el tipo seguro le había quitado insumos para abaratar costos.
Encima, la jugada del viejo le había caído pésimo a todo el mundo.
—Si usted ya tenía su puesto allá por el puente, las muchachas no le fueron a quitar la clientela a su barrio. En cambio usted vino de conchudo a meterse en el sitio de ellas. ¿Acaso hay una ley que diga que usted es el único que puede vender jalea en este pueblo?
reclamó un transeúnte.
Varias personas no aguantaron la injusticia y, por pura solidaridad, se le acercaron a Ye Xiaoxian a comprarle su tazón. Al viejo casi le da un ataque de la pura rabia.
Ye Xiaoxian llevaba ya varios días vendiendo en la zona y ya tenía sus clientes fijos. Algunos venían a llevarse varios tazones de un solo porrazo. Aunque costaba una moneda más que la del viejo, la calidad era otra cosa. Para rematar, Li Hongmei andaba recontra achorada ofreciendo la mercadería a grito pelado y dejándolo en ridículo a cada rato. Al final, el negocio les salió mil veces más movido que el día anterior.
Ye Xiaoxian pensó que si Li Hongmei hubiera nacido en esta época, se habría vuelto una potencia en el marketing. Escuchen nomás tremendo pregón.
—¡Hermanos y hermanas! Yo vengo del pueblo de Daliang y soy una pobre viuda. El padre de mis hijos falleció hace años y me tocó criarlos solita a pura fuerza de voluntad. Antes me la pasaba recogiendo yuyos en el cerro y matándome en la chacra. Pero hace unos días, mi nuera aprendió el secreto para preparar esta jalea helada y vinimos a probar suerte a la ciudad. Dios les pague a todos por su buen corazón y por preferir nuestra sazón, estábamos recontra felices, pero quién iba a imaginar…....
Quién iba a imaginar que el viejo del puente resultara tan mala entraña. Él vendía tranquilo allá en el puente, pero apenas escuchó que a nosotras nos iba bien, vino corriendo en la madrugada a quitarnos el puesto. ¡Así es! El sitio donde está parado ese mañoso era el nuestro. Y de sus jugadas sucias, me imagino que ya todos se dieron cuenta…
23
A pesar de las mañas del viejo del puente, la jalea helada se vendió como pan caliente ese día. Para poco después del mediodía, el primer balde ya había quedado recontra limpio.
Al principio, el viejo del puente se las daba de bacán, pero la energía combativa de Li Hongmei resultó ser brutal y duradera. El viejo no solo no pudo sacar ningún provecho de la situación, sino que encima los transeúntes comenzaron a señalarlo con el dedo, criticándolo por mala entraña y por querer aplastar a una pobre viuda usando el pretexto de ser el primer vendedor de jalea del pueblo.
Llegado el mediodía, al viejo no le quedó de otra que juntar sus cosas y regresar cabizbajo a su puesto de siempre al lado del puente.
Por la tarde, el sol pegaba tan fuerte que la calle quedó prácticamente vacía. El calor era tan sofocante que hasta a las plantas se les caían las hojas de la pura flojera.
A esa hora, los demás comerciantes del mercado solían hacer una pausa para almorzar. Ye Xiaoxian le preguntó a Li Hongmei:
—Mamá, ¿qué se te antoja comer hoy? Voy a comprar algo.
Li Hongmei lo pensó un toque y de pronto se le iluminó la cara:
—Oye, hace tiempo le escuché decir a los tíos de Baoshan que cerca de la prefectura venden unas cachangas rellenas recontra sabrosas. Decían que iban a escondidas a comprarse sus gustitos... Se creían vivos pensando que yo no me daba cuenta, ¡ja! Pequeña Ye, ¿por qué no te das una vuelta por allá y te traes un par para probarlas?
Ye Xiaoxian sonrió:
—Ya pues, voy volando a comprar.
Sin embargo, tras caminar unos metros, Ye Xiaoxian cayó en la cuenta: a Li Hongmei le importaban un bledo las cachangas; lo que quería era armarle la jugada para que se encontrara a solas con Baoshan.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Como llevaba varios días viniendo al distrito, Ye Xiaoxian ya sabía perfectamente dónde quedaba la prefectura.
El condado de Qinghe no era muy grande que digamos; tenía cuatro o cinco calles principales y nada más. Con semejante solazo encima, el camino estaba desierto. Bastaron un par de cuadras para que Ye Xiaoxian terminara empapada en sudor.
Caminó a duras penas hasta llegar a la entrada de la prefectura, donde para su sorpresa había bastante ambiente, como si toda la gente de la ciudad se hubiera refugiado en ese único punto.
Alrededor del edificio había un montón de árboles frondosos cuya sombra tapaba el sol por completo. El vientecillo fresco que corría bajo las hojas ahuyentaba todo el bochorno de la tarde.
Apenas se acercó a la sombra, Ye Xiaoxian empezó a buscar con la mirada esa figura alta entre la multitud.
Los peones y obreros descansaban en grupos: algunos conversaban tranquilos, otros jugaban a los dados y varios dormían plácidamente bajo los árboles.
Ye Xiaoxian buscó detenidamente hasta que divisó esa silueta tan familiar debajo de una enorme higuera.
Baoshan estaba sentado en el suelo con bastante soltura; se había sacado el chaleco del uniforme de peón y lo tenía tirado a un lado. A su alrededor había varios compañeros de trabajo echados contra el tronco del árbol en la misma postura floja.
Pero aunque todos estaban tirados en la misma facha, Ye Xiaoxian no pudo evitar notar que el porte de Xiao Baoshan era otra cosa: no importaba cómo se acomodara, el tipo parecía posar para la foto de una revista.
Ye Xiaoxian dudó unos segundos sobre si acercarse a saludarlo o no, cuando de la nada apareció una jovencita cargando una cesta de comida y avanzó directo hacia el grupo de Xiao Baoshan.
La chica tendría sus dieciséis o diecisiete años; llevaba un vestido celeste sencillo, un pañuelo de seda sujetándole el cabello y una trenza larga que le caía por la espalda. Tenía una figura agraciada y las mejillas recontra rojas por haber caminado bajo el sol.
Apenas llegó la muchacha, los peones que estaban tirados como sacos de papas se pusieron derechos en una. Varios comenzaron a molestarla en una:
—¡Ya'er! ¿Qué nos trajiste de rico hoy día?
—¡Asu! Pensé que no venías, ¡ya me iba a ir a comprar mis panes con chicharrón!
—¿Cómo no iba a venir la linda Ya'er? A menos que caiga tremendo diluvio, ella siempre viene si Baoshan está acá, ja, ja, ja...
—…....
La chica, de nombre Ya'er, no respondió nada; solo soltó una risita tímida mientras destapaba la cesta llena de bollos al vapor y panecillos crujientes.
Comenzó a repartir los panes a cada uno de los muchachos y luego volvió a cerrar la tapa.
Al momento de retirarse, se detuvo un segundo y cruzó una mirada rápida con Baoshan. Al toque se le subieron los colores a la cara de la pura vergüenza; agarró su cesta bien fuerte y se fue caminando a paso apurado.
24
Los compañeros de trabajo de Xiao Baoshan vieron toda la escena y comenzaron a armar la chacota en una:
—¡Asu! La Ya’er trata a Baoshan con un cariño distinto, ¿no?
—Antes su hermanito era el que venía a dejarnos la comida, pero últimamente ella es la única que aparece.
—Oye, pero nuestro Baoshan ya tiene su esposa, ¿sí o no? ¿Se acuerdan de la chiquilla simpática que vendía jalea helada en la zona este?
—A ver, Baoshan, suelta el dato: ¿tienes mujer o no? ¿O es que te está haciendo ojitos la Ya’er?
—…....
Por más que sus patas le tiraban maicena, Xiao Baoshan no decía ni esta boca es mía. Tampoco lo confirmaba ni lo negaba; solo seguía masticando su panecillo crujiente como si la cosa no fuera con él.
A Ye Xiaoxian se le revolvió el estómago de la pura rabia al presenciar semejante espectáculo.
‘Encima que no me reconoce como su esposa frente a sus amigos, ¡le anda haciendo el juego a otra chiquilla! Está visto que a mí no me tiene pero ni un poquito de respeto.’
Sin embargo, el coraje de Ye Xiaoxian poco a poco terminó transformándose en una risa amarga.
Al final, la culpa era enteramente suya por andar haciéndose castillos en el aire. Pensaba que por haber dormido en la misma habitación ya eran marido y mujer de verdad, pero estaba clarísimo que para Xiao Baoshan la cosa no iba por ahí. Él jamás la había considerado su esposa: por algo dormía en una cama separada todas las noches y ni de chiste le decía una palabra cariñosa.
Resultó que el muchacho no tenía nada de sano. Simplemente ella no le movía ni un pelo.
A Ye Xiaoxian se le quitaron toditas las ganas de hablarle. Fue a comprar un par de cachangas en un puesto cercano y pegó la vuelta a paso apurado.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
—Pequeña Ye, ¿te encontraste con Baoshan?
preguntó Li Hongmei recontra entusiasmada penas la vio aparecer.
—No.
respondió Ye Xiaoxian con la voz bien seca.
—¿Qué pasó, hijita? Te noto con una cara de pocos amigos…....
Li Hongmei había trabajado en atención al cliente en sus buenos tiempos, así que sabía leer la cara y el lenguaje corporal de la gente al toque; le bastó un vistazo para darse cuenta de que Ye Xiaoxian venía recontra asada.
—Nada, mamá. Es solo que el calor está sofocante y me ha dejado sin energías.
respondió Ye Xiaoxian secándose el sudor, mientras le alcanzaba una cachanga.
—Toma, comete esto de una vez.
—¡Qué buena eres!
Li Hongmei agarró la cachanga y le metió tremendo bocado.
—¡Mmm, qué sabrosa! Hace tiempo que no probaba una cachanga tan rica. Pequeña Ye, apura y cómete la tuya.
Ye Xiaoxian le dio un mordisco a la suya, pero la verdad no le encontró la gran gracia.
La masa por fuera no estaba crujiente para nada y por dentro apenas se notaban unos hilos miserables de huevo y cebollita china. Encima, el huevo estaba recontra aguado, como si lo hubieran remojado en lluvia.
—Mamá, ¿de verdad esta es la mejor cachanga de todo el Condado Qinghe?
preguntó Ye Xiaoxian dudosa.
—Si no es la primera, de ley es la segunda. Si no, ¿por qué crees que tus tíos paraban hablando bellezas de las cachangas que venden al lado de la prefectura? ¿Cómo estaba la cola cuando fuiste a comprar?
—Tenía su gente. Tampoco es que reventaba de bote en bote, pero sí había su cola.
comentó Ye Xiaoxian mientras le daba otro mordisco.
Li Hongmei sonrió:
—Ahhh, lo que pasa es que como tú cocinas tan rico, ya te pusiste exquisita con la comida. Ahora la sazón de los demás te parece cualquier cosa.
Ye Xiaoxian se quedó pensando un segundo y tuvo que darle la razón.
Aunque muchas recetas modernas venían de la antigüedad, las generaciones futuras habían perfeccionado las técnicas y los insumos, haciendo que la comida del presente fuera mil veces superior. En esta época, era casi imposible que alguien cocinara mejor de lo que ella lo hacía.
De pronto, le vino el corazonada de que muy pronto su humilde puestito de jalea se le iba a quedar chico.
Llegando el atardecer, lograron liquidar todita la jalea helada del día.
Con los baldes totalmente vacíos, Ye Xiaoxian y Li Hongmei acomodaron sus cosas y emprendieron la caminata de regreso a casa.
El tramo de la ciudad al pueblo era de unos cinco o seis kilómetros. No era tan lejos, así que a paso firme demoraban un poco menos de una hora en llegar.
Lo único malo era que a esa hora ya casi no pasaba ni un alma por el camino. A los lados de la trocha solo había cerros desiertos y bambusales tupidos.
Otros días a Ye Xiaoxian no le daba mayor importancia, pero hoy, no sabía por qué, el corazón le empezó a latir a mil por hora, especialmente al entrar a la zona más oscura del bambusal.
—Oye, mamá… ¿tú crees que por acá haya… no sé, bandidos escondidos?
preguntó Ye Xiaoxian mirando a todos lados con cierto recelo.
25
A Li Hongmei también le entró un recontra mal presagio. El bambusal estaba justo al terminar la bajada de la trocha. Por lo general, a esa hora siempre se escuchaba el trinoteo de los pájaros entre las ramas, pero hoy el silencio era absoluto, lo que les dejó un frío helado en la espalda.
—Oye, pequeña Ye... ¿y si esperamos un toque afuera a ver si viene alguien más caminando para este lado? Si aparece más gente, nos pegamos a ellos y pasamos juntas, ¿te parece?
sugirió Li Hongmei con la voz temblorosa.
Las dos se cuadraron a un lado del camino a esperar.
Sin embargo, no vieron venir a ningún transeúnte; en su lugar, ¡dos tipos salieron hechos unos demonios de entre los bambúes, y uno de ellos era nada menos que el viejo del puente!
El viejo estaba rojo como un tomate, desde el cuello hasta las orejas, de tanto esperar escondido bajo el bochorno del bambusal. Apenas las vio, comenzó a soltar lisura y media:
—¡Pares de vacas mañosas! Se llevaron todita mi venta y encima me hicieron quedar en ridículo frente a todo el mercado. ¡Yo llevo años ganándome los frejoles vendiendo jalea helada! ¿Qué mierda se creen ustedes dos, ah?
A su lado venía un muchacho joven, que por el parecido tenía toda la pinta de ser su hijo. El tipo también saltó a achorarse:
—¡Encima me enteré de que andabas hablando pestes de mi viejo, inventando que era un abusivo que molestaba a una pobre viuda! ¡La única abusiva acá eres tú, vieja sinvergüenza!
Al ver a padre e hijo con la sangre hirviendo y ganas de buscar pleito, Ye Xiaoxian supo al toque que con esa clase de gente no se podía razonar. Puso a Li Hongmei detrás de su espalda y agarró con firmeza el palo de bambú que usaba para cargar los baldes.
—¿Y ustedes qué se traen, ah?
El hijo del viejo soltó con prepotencia:
—Les voy a dar dos caminos. El primero: a partir de mañana no vuelven a sacar su puesto de jalea. El segundo: si no me hacen caso, hoy día les meto su buena paliza y, de yapa, me aparezco todos los días en el mercado a romperles la mercadería.
Ye Xiaoxian soltó una carcajada llena de desdén:
—La calle no es tuya, ocioso. Yo vendo lo que se me da la gana y a ti no te importa. Ahora soy yo la que te va a dar dos opciones. La primera: te largas ahorita mismo y los dejo ir tranquilos. La segunda: si se creen muy machos por ser hombres, ¡nos vamos a los puños a ver a quién le terminan rompiendo la cara!
Al ver a Ye Xiaoxian tan achorada, a Li Hongmei se le bajó la presión y le murmuró bien bajito:
—Pequeña Ye... mejor aflojemos por hoy día nomás, y mañana le decimos a Baoshan que venga a meterles su ajustón.
—No, mamá. A esta clase de gente hay que ponerle el parche de una sola vez, si no van a creer que les tenemos miedo.
—Pero... ¿tú sabes pelear? ¿Acaso has hecho artes marciales?
—Para nada. Pero lo importante antes de una pelea es no dejarte pisar y meter miedo.
—….....
Al ver la actitud desafiante de Ye Xiaoxian, el viejo y su hijo se pusieron peor de rabiosos. Levantaron los palos de madera que traían en las manos y se lanzaron encima para descargar la bronca sobre Ye Xiaoxian.
Ye Xiaoxian apretó el palo de bambú, pegó un grito de guerra para darse valor ¡y se fue de frente contra los dos!
A Li Hongmei no le quedó de otra que cerrar los ojos y meterse a la mecha también.
Estaban a punto de chocar las maderas cuando, de repente, una vara gruesa salió volando del bosque cortando el aire con un zumbido violento. El palo le dio de lleno en la rodilla al viejo del puente, haciéndolo tropezar para terminar de cara contra el barro.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, otra vara voló a toda velocidad impactando directo en la canilla del hijo, quien soltó un alarido y cayó redondo al suelo junto a su padre.
Todos se quedaron de una pieza. Ye Xiaoxian volteó la mirada por instinto y vio la silueta alta y fornida de Xiao Baoshan apareciendo en la curva del camino de la montaña. ¡Él había sido el que lanzó las varas con semejante puntería!
Estaba clarísimo que el tipo dominaba artes marciales a la perfección.
El corazón de Ye Xiaoxian dio un vuelco involuntario hacia Xiao Baoshan otra vez, y le tomó un buen par de segundos calmar el martilleo en su pecho. Se recriminó a sí misma en silencio: ‘Acuérdate que a Xiao Baoshan no le interesas. Él ya tiene a otra en su corazón.’
—¡Baoshan! ¡Esos dos malditos nos querían pegar! Menos mal apareciste, hijito, si no la pequeña Ye y yo no la contábamos. Ay, virgencita, todavía me tiemblan las piernas del tremendo susto.
exclamó Li Hongmei pegándose al brazo de su hijo como si fuera su escudo protector.
Luego, Li Hongmei volteó a ver a Ye Xiaoxian y le dijo a grito pelado:
—Pequeña Ye, ¿no estás asustada? ¡Apura, ven a pegarte a Baoshan tú también!
26
Li Hongmei estaba haciendo todo lo posible para que Ye Xiaoxian aprovechara el momento y se agarrara del brazo de Xiao Baoshan, pero Ye Xiaoxian simplemente se colocó detrás de él y nada más. Li Hongmei no pudo ocultar su decepción al ver la escena.
Padre e hijo permanecieron en el suelo sin poder levantarse durante un buen rato. Apenas lograron reincorporarse, no paraban de quejarse soltando ayes de dolor. Al ver al alto e imponente Xiao Baoshan mirándolos fijamente, no se atrevieron ni a mencionar la razón por la que habían ido. Estaban tan aterrorizados que temblaban de los pies a la cabeza, incapaces de articular palabra para defenderse.
La voz de Xiao Baoshan sonó grave y tajante:
—Si todavía quieren ganarse la vida en el puente, midan sus acciones y compórtense. ¡Si los vuelvo a pescar haciendo otra de sus cochinadas, ni sueñen con seguir viviendo en el Condado Qinghe!
Padre e hijo no se atrevieron a chistar ni a mirar a Ye Xiaoxian o a Li Hongmei. Agarraron sus palos a la prisa y salieron casi a rastras del lugar.
—¡Baoshan, estuviste increíble! ¿Acaso aprendiste artes marciales?
exclamó Li Hongmei recontra orgullosa de su hijo.
—Estuve en el ejército, mamá. Ahí aprendí a defenderme.
respondió Xiao Baoshan con calma.
—Con razón. ¡Apenas apareciste, parecías todo un maestro de artes marciales!
añadió Li Hongmei encandilada.
Xiao Baoshan mantuvo su postura seria. Agarró los baldes que llevaban su madre y Ye Xiaoxian para cargarlos él mismo y dijo:
—Se hace tarde. Regresemos rápido, que Baofeng y Baozhu nos están esperando en casa.
Ye Xiaoxian se acomodó la ropa y lo siguió en absoluto silencio.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Por la noche, Ye Xiaoxian preparó una tina con agua para asearse un poco.
Las condiciones de la casa eran bastante precarias. No tenían una habitación para el baño, así que no les quedaba de otra que llevar el agua a sus cuartos, limpiarse el cuerpo a esponjazos y cambiarse de ropa. Definitivamente nada era tan práctico como en los tiempos modernos.
Al ver que Ye Xiaoxian salía a recoger agua, Li Hongmei gritó a todo pulmón:
—¡Baoshan, anda ayuda a la pequeña Ye a cargar el agua! Ha estado matándose trabajando todo el día y encima se pegó un susto en el camino. Tienes que ser más atento con tu esposa.
Ye Xiaoxian no supo ni qué cara poner:
—….....
A los pocos segundos, Xiao Baoshan salió del cuarto de Baofeng. Le llenó la tina a Ye Xiaoxian y se la cargó hasta su habitación. Cuando estaba a punto de retirarse, ella lo detuvo.
—Baoshan, espera un toque. ¿Podemos hablar?
Ye Xiaoxian se sentó en el borde de la cama y levantó la mirada hacia él.
La tenue luz de la lámpara de aceite iluminaba su rostro de perfil. Desde el ángulo de Xiao Baoshan, la muchacha se veía deslumbrante: tenía un rostro ovalado, una barbilla perfilada pero delicada y unos ojos ligeramente rasgados que le daban un encanto único.
Xiao Baoshan carraspeó:
—Dime, pequeña Ye.
—Solo quiero preguntarte algo directo: ¿en tu corazón me consideras tu esposa, sí o no?
preguntó Ye Xiaoxian mirándolo fijamente a los ojos.
—…....
Xiao Baoshan se quedó congelado en su sitio, desencajado por la pregunta.
—Si no me respondes, lo tomo como un no. Entonces dime otra cosa: dijiste que te harías cargo de mí, ¿a qué te refieres exactamente con eso?
Xiao Baoshan respondió con suma seriedad:
—Me haré cargo de ti. No me casaré con ninguna otra mujer en mi vida y haré todo lo que me pidas.
‘¡Ja!’, pensó Ye Xiaoxian para sus adentros.
Eso no sonaba a un marido, sino a un sirviente.
Ye Xiaoxian alzó la cabeza y continuó:
—No digas que no te casarás en toda tu vida, que eso suena recontra falso. Si algún día te gusta otra muchacha, me lo dices abiertamente y firmamos un divorcio por mutuo acuerdo. Así tú te casaste con la chica que te gusta y yo, como tengo mi oficio, no me voy a morir de hambre. No tengo ningún problema en salir adelante sola.
Al ver la actitud tan firme de Ye Xiaoxian, Xiao Baoshan la miró completamente desconcertado.
Jamás imaginó escuchar las palabras "divorcio por mutuo acuerdo" de boca de una muchacha de pueblo.
—Bueno, me voy a asear. Ya te puedes ir. ¡Gracias por traerme el agua!
Ye Xiaoxian lo empujó hacia afuera y le cerró la puerta en la cara de un solo golpe.
27
Ese día, Ye Xiaoxian vendió la jalea helada volando; poco después del mediodía ya no le quedaba ni un solo tazón.
Otros días se quedaba paseando por el pueblo, comprando cosas para la casa o curioseando sobre la comida local. Pero hoy decidió pegar la vuelta temprano.
Con todo lo que habían ahorrado de las ventas, sumado a la moneda de plata que trajo Xiao Baoshan, ya tenían la plata completa para la pensión de Baofeng. Era momento de mover los papeles para que el chico empezara a estudiar cuanto antes.
Así que penas llegó a casa, agarró a Xiao Baofeng de la mano y se lo llevó directo a la escuela del distrito.
En el pueblo había una sola escuela. No tenía muchos alumnos, porque la gente del campo prefería que sus hijos se dedicaran de lleno a la chacra. A los pocos chicos que mandaban los metían para que aprendieran a leer y escribir lo básico, no porque esperaran que hicieran carrera como funcionarios. La mayoría estudiaba dos o tres años y de ahí regresaba al campo a arar la tierra.
Pero Ye Xiaoxian pensaba distinto: ya fuera para defenderse en la vida o para aspirar a algo más grande, si una familia tenía los medios, debía mandar a sus hijos a estudiar de todas maneras.
La escuela del pueblo se llamaba la *Academia Barlovento* y la habían abierto los dirigentes de la zona. Entre todos pusieron la plata, levantaron el local y contrataron a un profesor para recibir alumnos.
El lugar era en realidad una fila de casitas de tejas con apenas dos salones. En uno le enseñaban a los niños recién ingresados y en el otro a los que ya llevaban dos o tres años. En ese momento, desde afuera se escuchaba el murmullo de los chicos leyendo a viva voz, repitiendo versos de la literatura clásica.
Cuando Ye Xiaoxian entró al patio con Xiao Baofeng, vio a un señor de unos cincuenta años ordenando el recinto. El Don vestía de forma impecable y se le veía bastante firme, así que Ye Xiaoxian pensó que debía ser el encargado o el director. Se le acercó de inmediato y le preguntó con amabilidad:
—Disculpe, Señor. ¿Usted es el maestro de la escuela? Venía a averiguar sobre las matrículas.
El anciano levantó la mirada, los midió a los dos de arriba a abajo y pegó un grito hacia uno de los salones:
—¡Maestro Wong! ¡Lo buscan!
Dicho esto, el viejo siguió barriendo el patio como si el asunto no fuera con él.
A los pocos segundos, salió de uno de los salones un muchacho joven. Tendría unos veinte años; era alto, delgado y vestía una túnica sencilla de color azul claro. Apenas se acercó a Ye Xiaoxian, juntó las manos e hizo una reverencia con el porte típico de un erudito.
Ye Xiaoxian se sintió un poco tonta por su ignorancia. ¿Cómo se le ocurrió confundir al barrendero con el profesor? Claramente había subestimado a la escuela del pueblo.
—Maestro Wong, buenas tardes. Quería saber si todavía hay vacantes. Este es mi cuñadito, Xiao Baofeng. Tiene ocho años, nunca ha ido a la escuela y no sabe leer ni escribir. Me gustaría matricularlo acá.
dijo Ye Xiaoxian de lo más educada.
Luego le hizo una seña a Xiao Baofeng para que saludara. El pequeño le hizo una reverencia al profesor, pero como nunca antes había saludado a nadie de esa forma, la movida le salió medio torpe y chistosa.
El maestro Wong observó bien a Ye Xiaoxian, luego miró al pequeño y respondió:
—Sí, tenemos cupo. Acá los niños pueden matricularse en cualquier momento del año, pero la pensión cuesta dos monedas de plata e incluye la enseñanza y el almuerzo.
—Por la plata no se preocupe, la tenemos completa. Lo que me gustaría saber es qué materias enseñan normalmente. Aparte de lectura y escritura, ¿qué más les enseñan a los chicos?
—Aprender a leer es solo el primer paso. De ahí les enseñamos *Los Cuatro Libros* y *Los Cinco Clásicos*. Claro que todo depende de la capacidad de comprensión del alumno y de las ganas que le ponga al estudio.
—Perfecto. Me parece muy bien que les enseñen *Los Cuatro Libros* y *Los Cinco Clásicos*
asintió Ye Xiaoxian de lo más tranquila.
El maestro Wong se quedó helado en su sitio.
‘¿Acaso esta muchacha no solo sabe leer, sino que conoce *Los Cuatro Libros* y *Los Cinco Clásicos*?’
El pueblo de Daliang era una zona recontra alejada. Ahí los hombres apenas pisaban una escuela, y mucho menos las mujeres. ¿De dónde sacaba una chica de campo semejante nivel de cultura?
28
—Si no tienes más dudas, voy a redactar el recibo para que puedas cancelar la pensión. Dijiste que se llama Xiao Baofeng, ¿verdad? De casualidad, ¿sabes qué caracteres componen su nombre?
preguntó el maestro Wong, tanteando a Ye Xiaoxian para comprobar si de verdad sabía leer.
Ye Xiaoxian respondió sin dudarlo:
—‘Xiao’ de la flauta musical, ‘Bao’ de tesoro y ‘Feng’ de viento.
Definitivamente sabía leer.
Mientras el maestro Wong entraba a redactar el recibo, Ye Xiaoxian le dijo a Xiao Baofeng afuera de la oficina:
—Baofeng, me imagino que entendiste todo lo que dijo el profesor, ¿no? Tienes que ponerle muchas ganas al estudio; solo así vas a aprender cosas valiosas. El primer paso es aprender a leer y escribir, y ya de ahí vas a empezar con el *Libro de los Cantos*. Los poemas que vienen ahí son una maravilla, como esos versos que dicen:
*‘¡Guan, guan!, cantan las águilas marinas en la islita del río; la muchacha dulce y virtuosa es el par perfecto para el caballero.’*
O también:
*‘Cuando me fui de casa, los sauces estaban verdes y frondosos; ahora que emprendo el regreso, la nieve cae a copos densos.’*
Xiao Baofeng ladeó la cabeza y preguntó:
—Cuñada, ¿y todo eso… qué significa?
—El primer verso habla de una chica hermosa. Si ves a una muchacha bonita, decirle simplemente ‘qué bonita’ suena recontra común. Pero si le recitas un poema así a viva voz, todos van a ver que eres un muchacho culto y con talento.
Xiao Baofeng soltó una risita picara:
—¡Ahhh, ya entendí! O sea que mi cuñada es la muchacha dulce y virtuosa, ¡y mi hermano es el sauce o la nieve que cae!
—¡Jaja!
Cada palabra de la conversación llegó limpiecita a oídos del maestro Wong. Mientras escribía el recibo, el joven erudito se quedó de una pieza al escuchar a Ye Xiaoxian recitar los versos del *Libro de los Cantos*. Jamás se habría imaginado que una muchacha de pueblo dominara semejantes clásicos.
Al oír el verso de *‘Los sauces estaban verdes y frondosos’*, sintió incluso un pequeño vuelco en el corazón.
Sin embargo, en cuanto escuchó al niño llamarla "cuñada", al maestro Wong le invadió un repentino trago amargo.
Tan joven y simpática, y ya estaba comprometida.
Se quedó pensando en qué tipo de sujeto tan afortunado habría tenido la dicha de casarse con una muchacha tan hermosa e inteligente.
Cuando el maestro Wong le entregó el recibo a Ye Xiaoxian, ella, para mostrar cortesía, le dijo:
—Maestro, de ahora en adelante nuestro Baofeng queda en sus manos. Por favor, sea bien exigente con él; si no se aplica en sus tareas, no dude en corregirlo sin contemplaciones. No le tenga lástima.
—¡Claro… por supuesto!
tartamudeó el maestro Wong, un poco nervioso.
Ye Xiaoxian le regaló una sonrisa y preguntó:
—Profesor, ¿de casualidad tendrá un pincel, tinta, papel y una tintero que me pueda vender? Quisiera llevarme un juego, porque en casa tengo a mi cuñadita y quiero ir enseñándole a leer.
—Por supuesto. Justo me quedan algunos útiles extra, se los puedo ceder con gusto.
respondió el maestro Wong antes de entrar apurado a buscar los materiales.
Ye Xiaoxian volteó hacia el pequeño:
—Baofeng, te quedas acá concentrado y te regresas apenas terminen las clases. No te me vayas a distraer jugando por el camino y llega directo a casa, ¿entendido?
—Sí, cuñada.
respondió Baofeng, entre entusiasmado y con un toquecito de nervios.
—Ponle empeño al estudio para que te pongas al día rápido. Si te va bien en los exámenes imperiales, podrías llegar a ser un gran erudito y no tendrás que matarte trabajando la tierra. Ese sería un futuro brillante para ti.
Al poco rato, el maestro Wong regresó con un juego de útiles completamente nuevo. Ye Xiaoxian los tomó y le entregó veinte monedas de cobre.
El maestro rehusó recibirlas al principio, pero Ye Xiaoxian insistió con firmeza hasta que las aceptó.
Incluso cuando la muchacha ya llevaba un buen tramo recorrido, el joven erudito no pudo evitar voltear una vez más para contemplar su figura alejándose por el patio.
29
—Pequeña Ye, ¿ya dejaste a Baofeng en la escuela? ¿Por qué no regresó contigo?
preguntó Li Hongmei apenas vio entrar a Ye Xiaoxian.
Frente a la casita de barro, Li Hongmei andaba limpiando un pescado mientras Xiao Baozhu lavaba las verduras en una batea.
—Sí, mamá, ya lo dejé acomodado. Todavía no era hora de salida, así que me vine adelantando, pero seguro no tarda en llegar. Ni te preocupes, el ambiente de la escuela está bien bonito y el profesor se ve una persona muy recta y educada. Escuché que es un erudito de verdad.
respondió Ye Xiaoxian con una sonrisa.
—¡Qué alegría, Dios mío! Todavía ni me la creo que mi Baofeng ya esté estudiando en una escuela de verdad.
dijo Li Hongmei con la voz entrecortada por la emoción.
—Pequeña Ye, todo esto te lo debemos a ti.
—Ay, mamá, no digas eso. Somos familia. Ah, y de yapa compré unos útiles de escribir; pienso ir enseñándole a Baozhu a leer y escribir también.
Xiao Baozhu había estado un poco bajoneada desde que Baofeng se fue a la escuela, sintiéndose la única rezagada de la casa. Pero apenas escuchó que Ye Xiaoxian traía pincel y papel para ella, se le iluminó la carita.
—¿Compraste pincel y tinta para mí? Pero... ¿quién me va a enseñar?
preguntó Baozhu, entusiasmada.
—Baofeng te puede ir enseñando todo lo que aprenda en la escuela. A él le va a servir un montón para repasar sus lecciones. Y cuando él no esté, yo también te puedo dar una mano, aunque... la verdad no me sé todos los caracteres antiguos.
Decía la verdad: lo que ella había aprendido en la época moderna eran caracteres simplificados, mientras que en esta era antigua usaban el chino tradicional. Podía leer la mayoría, pero escribir la caligrafía trazo por trazo le costaba su trabajo.
—Entonces... aprenderé con lo que me enseñe Baofeng.
dijo Baozhu con los ojos llenos de ilusión.
—A partir de mañana ya no vas a tener que subir al cerro a juntar leña, Baozhu. Te vas a venir con nosotras al mercado para ayudarnos con la venta, que nos hace falta una mano. En los tiempos libres te pones a practicar tu caligrafía y vas a ver cómo muy pronto te vuelves una muchacha culta y bien preparada.
A Baozhu se le dibó una sonrisa de oreja a oreja.
Ye Xiaoxian volteó hacia Li Hongmei:
—Mamá, te encargo un ratito la cocina. Voy a ir mostrándole a Baozhu cómo se agarran el pincel y la tinta.
—¡De una vez, hijita, anda no más!
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Cuando Xiao Baoshan regresó del pueblo, lo primero que vio al entrar a la casa fue a Ye Xiaoxian enseñándole a escribir a Xiao Baozhu dentro del cuarto. Le mostraba con suma paciencia cómo sujetar el pincel de bambú y cómo trazar cada línea en el papel.
Ye Xiaoxian estaba completamente concentrada, con la cabeza ligeramente inclinada; desde ese ángulo, las facciones de su pequeño rostro se veían delicadas y refinadas.
Xiao Baoshan se quedó confundido por un segundo: ‘¡Vaya, resulta que la pequeña Ye sabe leer y escribir!’
Baozhu había arrancado con todas las ganas, pero tras unos minutos de práctica, el entusiasmo se le fue en picada. Primero, porque a sus casi trece años jamás había agarrado un pincel en su vida, así que le costaba un mundo coordinar los trazos. Segundo, porque la verdad no tenía mucha paciencia. Aburrida de hacer garabatos, soltó el pincel:
—Ay, no... escribir estas letras es demasiado difícil. Creo que esto no es para mí.
—Claro que puedes, Baozhu. Todo es cuestión de práctica y ganas.
la animó Ye Xiaoxian con bastante paciencia.
—En todo el pueblo casi ni hay mujeres que sepan leer... Ay, cuñada, mejor ahí la dejo, ¿sí?
rogó Baozhu queriendo tirar la toalla.
—De eso nada. Tienes que aprender sí o sí. Tu mamá sabe defenderse con las letras, tu segundo hermano también, y ahora Baofeng está en la escuela. ¿Te vas a quedar tú sola sin saber nada?
—Pero......
intentó excusarse Baozhu, cuando de pronto Xiao Baoshan dio un paso al frente.
—Pequeña Ye, déjame enseñarle yo.
intervino Xiao Baoshan. Sabía que a Ye Xiaoxian se le estaba complicando ajustar a la chiquilla, así que como hermano mayor le tocaba poner orden.
—¿De verdad... sabes escribir?
preguntó Ye Xiaoxian sorprendida.
—Sí.
Xiao Baoshan entró al cuarto, se cuadró frente a Baozhu con rostro serio y asumió su postura de hermano mayor.
—Baozhu, te voy a enseñar a escribir tu propio nombre. Mira bien cómo hago los trazos.
Ye Xiaoxian se acomodó a un lado a mirar.
Cuando vio los caracteres firmes y elegantes saltar sobre el papel con una destreza impecable, el corazón de Ye Xiaoxian volvió a darle un vuelco involuntario.
¡Resultó que semejante grandulón tosco tenía una caligrafía de los dioses!
30
La caligrafía del muchacho era tan fina y elegante que Ye Xiaoxian, sin darse cuenta, fue acercando la cara cada vez más al papel, hasta quedar prácticamente pegada a él.
Estaban tan cerca que la punta de la nariz de Baoshan rozaba casi su mejilla; Ye Xiaoxian podía sentir su respiración tibia y observar de cerca las facciones de su rostro, de piel trigueña pero de un atractivo innegable.
Por un segundo se quedó congelada, mirándolo completamente embobada.
Hasta que Xiao Baozhu soltó la bomba:
—Oigan, ¿qué hacen tan pegados? ¿Me van a enseñar a escribir o se van a quedar ahí mirándose?
Ye Xiaoxian volvió a la realidad de golpe y se le subieron los colores a las mejillas. Se alejó de un salto disimulado:
—Tú... tú sigue enseñándole. ¡Yo me voy a la cocina a ayudar a tu mamá con la cena!
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
No pasó mucho tiempo para que Xiao Baofeng regresara a casa.
El niño venía bien peinado con dos moñitos a los lados de la cabeza y cargando una bolsita de tela que Li Hongmei le había cosido con unos retazos para que llevara sus libros, el pincel y la tinta. Se veía recontra tierno, como un verdadero estudiante de época.
Baofeng venía emocionado a más no poder. Apenas cruzó la puerta, corrió a la cocina a buscar a su mamá y, al ver que Ye Xiaoxian también estaba ahí, no paró de cotorrear:
—¡Hoy solo me enseñaron a escribir mi nombre porque entré a media tarde! Pero me quedé escuchando a mis compañeros recitar... ¡Hay unos chicos recontra inteligentes que se saben poemas enteros de memoria!
Ye Xiaoxian, que andaba salteando la comida con una sonrisa en los labios, le dijo:
—¡Qué buena coincidencia! Tu hermana Baozhu también estaba aprendiendo a escribir su nombre allá en el cuarto de tu mamá. Corre, cuéntale cómo te fue y así se ponen a repasar juntos.
Xiao Baofeng salió disparado a buscar a Baozhu.
Li Hongmei miró a Ye Xiaoxian con los ojos llenos de ternura y le dijo:
—Pequeña Ye, ¿soy yo o de verdad nuestra vida está mejorando cada día más?
—¿Y no te gusta, mamá?
respondió ella sonriendo.
—¡Claro que me encanta! Me la he pasado pensando y estoy segura de que todo es gracias a ti y a Baoshan. Desde que ustedes dos pasaron la noche juntos, esta casa es otra: todo nos sale bien. Yo sé que ustedes todavía no se llevan como un matrimonio normal, pero están a un paso. Vas a ver que muy pronto Baoshan te va a rogar para dormir en la misma cama contigo.
—Mamá, ¿qué cosas dices?
Ye Xiaoxian bajó la mirada, recordando de inmediato a la jovencita que había visto cerca de la prefectura. El corazón se le apachurró un poquito.
‘Me da la impresión de que Xiao Baoshan ya tiene a alguien más en la cabeza.’
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
La cena de esa noche fue un festín sencillo pero delicioso: pescado frito guisado, un plato de hongos silvestres salteados y su buena porción de arroz.
El pescado estaba frito por ambos lados hasta quedar dorado y bien crujiente. Ye Xiaoxian le había agregado un toque de chancaca y gotas de limón, logrando un contraste agridulce y crocante que abría el apetito al instante. Los hongos silvestres los había hecho en un caldo clarito y dulce que caía de maravilla con el arroz.
La familia entera cenó entre risas, escuchando con atención los cuentos de Baofeng sobre su primer día en la escuela. Había una paz bonita en la mesa.
Sin embargo, en la casa principal de la familia Xiao, la escena era recontra distinta.
El hijo de Wong Mudan, Xiao Baocheng, también había regresado de la escuela. Apenas entró por la puerta, le soltó a su madre:
—Mamá, el chibolo Baofeng también ha entrado a la escuela. Hoy nos regresamos juntos.
Xiao Baocheng tenía diez años y llevaba ya tres años estudiando. Ya sabía recitar varios versos de memoria y, cada vez que había alguna fiesta o reunión del clan, Wong Mudan lo sacaba para que luciera su talento frente a los ancianos del pueblo.
Aunque solo recitaba poemas básicos como *“La luna brilla con fuerza sobre mi cama...”*, los ancianos del clan no entendían ni jota de literatura, así que al escucharlo hablar con fluidez asumían que el niño era una luz y que en el futuro de ley se convertiría en un gran erudito o funcionario.
En la época moderna la gente piensa que los eruditos antiguos eran unos arrastrados sin un peso, pero la verdad era otra. Los intelectuales que pasaban los exámenes imperiales recibían un sueldo del estado; no era una fortuna como la de un alto funcionario, pero alcanzaba para vivir dignamente.
Comparado con la vida dura del campo, donde uno se rompe el lomo bajo el sol sembrando y cosechando toda la vida, ser erudito era mil veces más prometedor.
Por eso mismo, Wong Mudan prefería ajustarse el cinturón con tal de mantener a Xiao Baocheng en la escuela del pueblo.
Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😁😄

0 Comentarios