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La Esposa del Dios de la Gastronomía




Traduccion: Asure

11

—Mamá, ¿todavía nos queda un poco de harina de arroz glutinoso que guardamos para el Año Nuevo, de esa que servía para los alfajorcitos de yuca? ¿Puedes sacarme un poco?


volvió a pedir Ye Xiaoxian.

A Li Hongmei no le dio mucho gusto la idea:


—Oye, la harina de arroz glutinoso cuesta su platita. ¿Acaso la vas a desperdiciar mezclándola con esas malezas?

—Mamá, nada que ver. Solo dame un poquito. Apenas necesito una pizca, tampoco voy a usar tanto.


Ye Xiaoxian estaba pensando en hacer una prueba primero; si le salía bien, ya prepararía más.

Aunque a Li Hongmei no le convencía del todo, igual fue a buscar el paquete.

Baozhu volvió a murmurar a su lado:


—Mamá, de verdad le estás haciendo caso en todo lo que dice?


A Li Hongmei no le daba la gana, pero sentía que Ye Xiaoxian de pronto se había convertido en otra persona, con una presencia bien impetuosa, y no le quedaba más remedio que hacerle caso.

Ye Xiaoxian ya había terminado de estrujar la hierba de jalea y el "tofu de hierba". Filtró las hojas y dejó todo el jugo verde en la batea. Enseguida, disolvió la harina de arroz hasta formar una pasta suave y la mezcló bien con el líquido verde.

De manera milagrosa, en menos de quince minutos, las dos bateas con jugo verde se cuajaron por completo. Ye Xiaoxian se puso feliz: ¡le había salido a la perfección! Primero agarró el "tofu de hierba" y lo puso a un lado del fogón, y luego le pidió a Baozhu que fuera prendiendo la candela.

El fogón también lo habían improvisado a las justas. Como ya se habían independizado de la familia grande, tenían prohibido usar la cocina del viejo señor Xiao. Por suerte, en esa fila de chozas había quedado una cocina a leña antigua, así que ahora le estaban dando uso.

Baozhu prendió el fuego de mala gana, solo para ver qué clase de locura traía entre manos Ye Xiaoxian. Cuando terminó de atizar la candela y levantó la mirada, vio que Ye Xiaoxian ya había cortado en cuadritos esa masa verde de la batea.

La sartén ya estaba bien caliente, así que Ye Xiaoxian le echó un chorrito de aceite, acomodó el tofu de hierba y, tras darle unos cuantos salteados, el olorcito empezó a invadir el ambiente. Olía mil veces mejor que esas sopas de yuyos de siempre.

A Baozhu se le hizo agua la boca al toque…

Mientras Ye Xiaoxian cocinaba, se escuchó una voz ronca retumbando afuera:


—¡Mamá, ya llegué!

—¡Baoshan, ya volviste! Oye, ¿y eso que traes ahí?

—Menudencia de chancho. Un compadre me la regaló.


Apenas Baozhu escuchó que Baoshan traía algo, salió corriendo recontra entusiasmada, pero al ver las tripas, el hígado y el corazón de chancho en las manos de su hermano, la ilusión se le vino abajo.

Eran las partes más feas del animal, de esas que apestan a paila. Ningún comunero del pueblo comía esas asquerosidades cuando mataban chancho, a menos que se estuvieran muriendo de hambre.

Ye Xiaoxian también salió de la cocina. Lo primero que vio fue la estampa alta y ancha de Xiao Baoshan, cuya presencia le daba un aire rústico y acogedor a la humilde casita de barro.


—Pásame eso, yo me encargo.


Se le acercó para quitarle las menudencias de las manos. Xiao Baoshan dudo un segundo y no se las entregó al toque, con miedo de ensuciarla.

Pero Ye Xiaoxian insistió en prepararlas ella misma. Entre el estira y afloja, era inevitable que los cuerpos de ambos se rozaran. Ye Xiaoxian sintió que el cuerpo de él parecía un fogón encendido. Al sentir el contacto físico, Xiao Baoshan soltó todo de golpazo y Ye Xiaoxian se quedó con las menudencias en la mano.


—¿Por qué me tienes tanto miedo, ah?


le preguntó Ye Xiaoxian levantando la cara.

Xiao Baoshan no respondió nada, viéndose bastante palteado.


—¡Qué sano que eres!


se burló Ye Xiaoxian, sintiendo al mismo tiempo que Xiao Baoshan se veía bien tierno.

De pronto, se acordó de que el "tofu de hierba" se estaba haciendo en la sartén. Al toque le volvió a encajar las menudencias en las manos a Xiao Baoshan:


—¡Anda lávalas bien y ahorita regreso a cocinarlas!






12

El olorcito a carne no tardó en salir de la humilde cocina. La razón por la que la gente del pueblo no comía las menudencias de chancho era probablemente porque no querían gastar mucho aceite. Ye Xiaoxian tampoco le echó gran cosa, apenas un par de gotas de aceite vegetal. Le pidió a Baozhu que mantuviera la candela al mínimo, lo justo para calentar la sartén de hierro. Enseguida acomodó las menudencias y las fue dorando despacio, casi como quien prepara una cachanga bien frita.

Baozhu sentía cómo el olorcito se ponía cada vez más intenso y sabroso. No podía evitar que se le hiciera agua la boca y a cada rato salía a mirar si ya estaba listo.

Ya se le habían quitado las ganas de renegar y solo le preguntaba a Ye Xiaoxian:


—¡Cuñada! ¿Cuánto falta para comer?

—Falta poco. Hay que esperar a que se ponga crocante por los dos lados.


respondió Ye Xiaoxian sonriendo.


—Cuñada, ¿y tú cómo sabes cocinar así?

—Es que… tuve un sueño donde un viejito sabio me enseñó este secreto.


bromeó Ye Xiaoxian.

No se esperaba que Baozhu se lo tomara tan en serio, pues le respondió con un gesto de resignación:


—¡Qué piña! ¿Por qué a mí nunca se me aparece un viejito sabio en sueños para enseñarme eso?

—…....


Cuando la menudencia estuvo lista, Ye Xiaoxian llamó a toda la familia a la mesa para cenar juntos. Sirvió un plato de "tofu de hierba", un plataso de menudencias doraditas, un tazón de hongos silvestres y, para rematar, la sopa de yuyos que había preparado Li Hongmei. Toda la casa disfrutó de la cena como nunca.

Baozhu y Baofeng no podían ni parar de comer y repetían a cada rato con la boca llena:


—¡Mmm, qué rico! ¡Qué sabroso!


Ye Xiaoxian sonrió:


—Una pena que andemos ajustados de arroz. Quedaría preciso si tuviéramos un par de tazones de arroz blanco para acompañar.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Semejante olorcito a carne hizo que la señora Wang saliera del cuarto de al lado a chismosear. Su nombre de soltera era Wang Peony. Aunque el nombre sonaba fino, no le hacía nada de justicia a su figura, ya que había nacido bien trigueña, de piel tosca y de contextura bien agarrada. Apenas sintió el tufillo a frito que salía de la otra casa, no aguantó las ganas y fue a ver qué se traían entre manos.

Como la luz dentro de la casita de barro era bien tenue, cuando Peony vio que quedaba un poco de menudencia doradita y crocante en el plato, pensó que era pura carne fina.

De inmediato soltó con veneno:


—¡Vaya, vaya! ¿Conque hoy se están dando un gran gusto, no?


Li Hongmei le respondió con el orgullo a tope:


—¡Así es! Mi Baoshan lo trajo del pueblo.


Como por lo general solo los otros dos hijos del viejo Xiao traían cosas a la casa, esta era la primera vez que la familia de Li Hongmei sacaba cara con algo así, con razón andaba recontra feliz.

Peony vio cómo todos tenían los labios grasos de tanto disfrutar la comida y le entró una envidia tremenda.

Ahí mismo se puso a gritar a todo pulmón:


—¡Con razón tenían tanto apuro por independizarse! ¡Resulta que consiguieron cosas buenas y ya no querían compartir nada con la familia!


Los gritos de Peony hicieron salir al viejo señor Xiao y a la señora Chen.


—¿Qué es eso tan 'bueno' que hay acá?


preguntó el viejo señor Xiao apoyándose en su bastón.


—¡Papá! Los de la Hongmei se están dando la gran vida comiendo rico, cosas que trajo Baoshan del pueblo. ¡Miren ese platazo de chancho doradito! Con razón querían independizarse al toque, ¡para tragar solos sin darnos nada!


El nombre de soltera de la señora Chen era Chen Ju. Al principio se quedó sorprendida, pero de inmediato soltó una risita burlona:


—Los de la Hongmei bien que se aprovechaban de nosotros antes de que llegara Baoshan. Apenas regresó el muchacho, no veían la hora de abrirse. Resulta que querían escondérsela toda para no invitar ni un bocado.

—…....


Entre Peony y Chen Ju estaban haciendo tremendo show juntas, mientras el viejo señor Xiao, recontra asado, estaba a punto de reventar contra ellas.

En ese preciso momento, Li Hongmei pegó un grito destemplado:


—¡Cuñada mayor! ¿Estaba rica la carne de perro que trajiste del pueblo anteayer, ah?


Peony se quedó fría y empezó a hacerse la desentendida:


—¡¿Carne de perro?! ¿De qué hablas?


Li Hongmei señaló directo a la puerta del patio:


—¡No te hagas la loca, cuñada! Eran como tres kilos de carne de perro. Te la comiste a escondidas en la noche y enterraste los huesos debajo del segundo árbol de ciruelo, cerquita a la entrada. Papá, si no me cree, vaya usted mismo y escarbe. Bien sabido es que la carne de perro es el mejor remedio: fortalece los riñones del hombre, le da fuerza a la cintura de la mujer y le asienta de lo lindo a las piernas de los ancianos. ¡Y ni un pelo de perro te dignaste en dejarle al viejo! Papá, vaya a cavar nomás para que vea.


Al escuchar eso, todas las miradas se clavaron sobre Peony como si fueran cañones a punto de disparar.






13

Wang Mudan (o sea, Peony) se puso roja como un tomate y soltó:


—¡Tú, tú estabas de soplona mirándonos comer carne a escondidas a media noche!

—¡Aha, al fin reconoces que estabas tragando carne de perro, no!


respondió Li Hongmei recontra asada.


—¡Ja! Yo también fui a curiosear por tu cuarto guiada por el olorcito a comida. En su momento no te puse en evidencia porque no quería dejarte en vergüenza. ¡Pero miren esta conchuda! ¡Nosotros casi nunca comemos algo decente y encima vienes a armar tremendo escándalo para que todo el pueblo se entere!


Chen Ju se mataba de la risa para sus adentros. Por fuera parecía llevarse bien con Wang Mudan, pero en el fondo le encantaba ver cómo se armaban estos espectáculos.

Sin embargo, el gusto de ver caer a la otra no le duró nada, porque Li Hongmei la señaló de golpazo y le disparó:


—¡Y tú no te salvas, cuñada menor! Anoche el tercer hermano volvió del pueblo con unos pastelitos de flores, ¿no? ¡Envueltos en ese papel manteca que trajiste! ¡Ese papel grasoso todavía sigue tirado en el patio trasero!


Enseguida, Li Hongmei se volteó hacia Xiao Baoxue, la hijita de cinco años de Chen Ju:


—Baoxue, dile a tu tía. ¿Estaba dulcecito el pastelito o no?


Chen Ju intentó taparle la boca a su hija al toque, pero ya era muy tarde y Baoxue gritó bien contenta:


—¡Sí, bien dulcecito!

—Cuñada, tú…


Chen Ju había estado haciéndole la segunda a Wang Mudan para hundir a Li Hongmei. Ahora que Li Hongmei acababa de sacar a la luz su secreto, se quedó morada de la rabia.

El viejo señor Xiao reventó su bastón contra el suelo:


—¡Miserables y egoístas! Se atreven… se atreven a…


Pero Wang Mudan ya se había recuperado del golpe. Para evitar que el viejo la agarre a gritos a ella, le volvió a apuntar a Li Hongmei:


—¿Y qué si nos comimos algo a escondidas, ah? Al menos nosotras tenemos la decencia de comer caletas. ¿Pero ustedes qué? Tragan a vista de todos y encima las pescamos. ¿No se están pasando de conchudas?

—¿De qué conchuda me hablas? ¡Yo estaba comiendo menudencia de chancho, pura porquería de la que tú te quejarías si te la sirvo! ¿Por qué no podríamos comerla tranquilos?


respondió Li Hongmei bien parada y con las manos en jarra.


—¡¿Menudencia de chancho?! Te crees que soy ciega o qué. ¡Lo que tienen ahí es chancho frito bien doradito!


Chen Ju la apoyó al toque:


—La menudencia de chancho apesta a paila, pero lo de ustedes tiene un olorcito a carne que se siente desde afuera. No solo nos crees ciegas, sino que piensas que tenemos la nariz tapada.

—¿No me creen, no? ¡Si no me creen, ahorita mismo les consigo las pruebas!


A Li Hongmei no le entró nada de miedo. Agarró un palito de la leña y sacó un pedazo de caca de chancho que había quedado de cuando limpiaron las tripas en el patio.


—¡A ver, cuñada mayor! ¿Es estiércol de chancho o no? ¡Tú también, cuñada menor, acércate a mirar! ¿Acaso esto no es pichi y caca de chancho?


Li Hongmei se les fue encima a Wang Mudan y a Chen Ju blandiendo el palo untado de porquería.

Wang Mudan y Chen Ju, aterradas de que las fuera a embarrar con esa asquerosidad, retrocedieron en una.

Li Hongmei ya iba a ponerle el palo en la cara al viejo señor Xiao para que lo oliera él mismo, cuando Xiao Baoshan salió del cuarto y la frenó en seco:


—¡Mamá! ¡¿Por qué mejor no te metes a la casita?!


Xiao Baoshan agarró lo que quedaba de la menudencia frita, se le acercó con todo respeto al viejo señor Xiao y le dijo:


—Abuelo, esto sí es menudencia de chancho, solo que está preparada de otra forma. Pruébela usted mismo.


La iluminación en el patio era buena. Se podía ver claramente que lo que estaba en el plato eran tripas de chancho.

El viejo señor Xiao no tenía intenciones de probar nada, pero Xiao Baoshan se le plantó en frente como un árbol firme, imponiendo tanta presencia que no le quedó de otra que meterse un pedazo a la boca.

Para su sorpresa, estaba recontra sabroso y no tenía ningún mal olor.

El viejo señor Xiao ya iba a estirar la mano para agarrar otro pedazo, así que preguntó:


—¡¿Quién cocinó esto?!

—Fue…


Xiao Baoshan miró a Ye Xiaoxian, dudando sobre cómo debía llamarla.

Ye Xiaoxian curvó los labios, esperando con curiosidad a ver si Xiao Baoshan la presentaba como "mi esposa" o "mi mujer" o alguna huachafería parecida.


—Fue la pequeña Ye.


soltó Xiao Baoshan al final, sin ponerle ningún título y llamándola solo por su apodo.


—¡Miren a esta! No sabía que tenías tan buena mano para la cocina. ¡Antes de independizarse no hacías nada rico y ahora resulta que eres recontra hábil!


El viejo señor Xiao se tragaba el chicharrón de tripa mientras la sermoneaba.

Apenas terminó de criticar a Ye Xiaoxian, se volteó hecho una fiera contra Wang Mudan y Chen Ju:


—¡Ustedes dos, como me vuelvan a esconder comida una sola vez más, las boto a patadas de la familia Xiao! ¡A ver si se atreven!


Wang Mudan y Chen Ju sintieron una impotencia tremenda. ¿Acaso no eran sus propios hijos los que traían las cosas del pueblo? ¿Por qué el viejo solo las pisoteaba a ellas en vez de cuadrar a sus propios hijos?






14

En la noche, Ye Xiaoxian esperó a que todos terminaran sus deberes para que Li Hongmei llamara a los demás hermanos a comer la jalea helada. El mechero de aceite iluminaba el cuarto. Bajo la luz tenue, Ye Xiaoxian dividió la jalea en cinco porciones y se las sirvió para que la probaran.


—¡Cuñada, la jalea helada está recontra rica! Hasta se le siente un toquecito dulce.


dijo Baofeng tras probar el primer bocado, deshaciéndose en halagos.

Baozhu se metió una cucharada a la boca y sintió esa textura tan suavecita. El olorcito a hierba fresca con ese toque dulce era el sabor propio de la hierba de jalea. No pudo evitar felicitar a Ye Xiaoxian.


—¡Qué buena que está! Cuñada, ¿esto también te lo enseñó el viejito sabio de tu sueño?

—Así es.


respondió Ye Xiaoxian, volteando a ver a Xiao Baoshan.

Xiao Baoshan ya la estaba probando. Aunque comía con modales toscos, transmitía una hombría impresionante. Al mover las comisuras de los labios, se marcaba su rostro de facciones perfiladas, viéndose bien atractivo.

Tras darle un par de cucharadas, miró a Ye Xiaoxian y dijo con voz pausada:


—Es la jalea helada más rica que he probado en mi vida.


Li Hongmei ya se había bajado media batea y también intervino:


—Sí, de verdad que está buenaza. Pequeña Ye, ¿cómo haces para que te salga tan sabrosa? Yo he probado jalea en el pueblo antes y siempre tenía un sabor amargo.


Baozhu metió su cuchara para responder por ella:


—Es que el viejito sabio la ayudó, pues. ¡Obvio que le iba a salir riquísima!


Al ver que a todos les había fascinado el postre, Ye Xiaoxian aprovechó para soltar la idea:


—Ya que a todos les ha parecido tan rica, ¿por qué no salimos a vender jalea helada a la capital del distrito?

—Este… pequeña Ye, ¿quieres hacer negocio en la ciudad?


preguntó Li Hongmei dudosa.

Los demás la miraron sorprendidos, sobre todo Baozhu, a quien se le abrió la boca de la impresión. Aunque las mujeres del pueblo de Daliang trabajaban un montón en el campo, casi ninguna salía a hacer negocios a la ciudad; como mucho iban a chambear al pueblo para mantener a sus hijos.


—Mamá, ya saqué la cuenta. En el distrito podemos vender cada tazón de jalea a dos monedas de cobre. Si vendemos cien tazones al día, sacamos doscientas monedas. Descontando los insumos, nos quedan ciento ochenta monedas netas de ganancia. Eso es mil veces más rápido que matarse picando leña en el cerro.


Al hablar del negocio, a Ye Xiaoxian se le notaba la seguridad:


—La inversión para vender jalea helada es mínima. Para empezar solo necesitamos unas cuantas cucharas, agua con azúcar, un par de baldes y salir a venderla apenas esté cuajada. ¿Acaso Baoshan no va a trabajar a la ciudad todos los días? Él nos puede llevar una carga, mi mamá y yo llevamos otra, y así nadie se mata trabajando.


Li Hongmei, Baozhu y Baofeng se le quedaron mirando con cara de atontados.

Sonaba recontra bien, pero a ellos les costaba entender ese tipo de cuentas.

Ye Xiaoxian sonrió:


—Bueno, ustedes solo háganme caso. Les aseguro que nuestra jalea helada se va a vender como pan caliente.


Li Hongmei y los chicos seguían medio mareados con la idea, pero Xiao Baoshan sí captó todito al toque.

Para sorpresa de todos, él fue el primero en darle la razón.


—Qué bien que la pequeña Ye tenga tanto empuje. Me parece que hay que apoyarla. Mañana me pagan mi sueldo del mes, así que puedo comprarle unas cuantas cucharas para que empiece.

—Pero Baoshan…...


Li Hongmei no pudo evitar preocuparse.


—¿No se verá mal que las mujeres… salgan a la calle a hacer negocios y a exponerse así?

—Mamá, en la ciudad hay un montón de mujeres que salen a vender sus cosas. Mientras sea plata ganada con el sudor de la frente, no tiene nada de malo.


afirmó Xiao Baoshan con total convicción.

Bajo la luz del mechero, Ye Xiaoxian miró a Xiao Baoshan pensando en lo de mente abierta que era para esos temas. ¿Cómo podía ser tan acartonado para las cosas del matrimonio?

Li Hongmei, al ver que su hijo mayor estaba de acuerdo, no tuvo más remedio que ceder y dijo entusiasmada:


—De verdad que ustedes dos reman para el mismo lado. En una sola noche ya se pusieron…...


Ye Xiaoxian le dio un toque a Li Hongmei por debajo de la mesa para que no siguiera hablando.

Xiao Baoshan también la frenó:


—Mamá, ya se hizo tarde. Mejor vamos a dormir.


Li Hongmei no le hizo caso y le preguntó directo:


—Baoshan, ¿acaso no vas a entrar al cuarto a dormir con la pequeña Ye?


A Xiao Baoshan se le subió la sangre a la cara. Miró de reojo a Ye Xiaoxian, pero ella ni se inmuto; se le quedó mirando de frente, esperando su respuesta.

Al verla tan fresca, Xiao Baoshan quitó la mirada al toque, se levantó y soltó:


—Mamá, yo voy a dormir con Baofeng. Descansen temprano.

—¡Baoshan, oye…!


Li Hongmei intentó atajarlo, pero el muchacho ya se había escapado.


—Este Baoshan de verdad que se pasa… Ay, mañana me lo cuadro a solas para hacerlo entender.


dijo Li Hongmei mirando a Ye Xiaoxian con pena.

A Ye Xiaoxian no le afectó en lo absoluto. Todavía no había la confianza suficiente entre los dos, y el que se apura, pierde.






15

Ye Xiaoxian era una mujer de armas tomar y recontra ejecutiva. Al día siguiente nomás subió al cerro a cosechar bastante hierba de jalea, mientras Xiao Baoshan se encargaba de comprar los tazones, las cucharas, la chancaca y los baldes en el mercado.

A la mañana del tercer día, Ye Xiaoxian se levantó antes del cantar del gallo, estrujando la hierba y preparando la mezcla. Enseguida acomodó la jalea en dos baldes grandes. Aparte, alistó otros dos baldes vacíos para llevar los platos y cubiertos. Como por allá corría un río cerca del camino, al llegar podría sacar un balde de agua limpia para lavar la vajilla sin problemas.

A Xiao Baoshan le tocaba ir al centro del distrito ese día, así que sin decir una sola palabra, se echó la carga de la jalea al lomo. Ye Xiaoxian y Li Hongmei se acomodaron los baldes vacíos en los hombros y apuraron el paso para seguirle el ritmo.



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El camino hacia la ciudad era largo y pesado. Al principio, Ye Xiaoxian tenía miedo de que Xiao Baoshan no pudiera con tanto peso, pero luego vio que el tipo cargaba los dos baldes de jalea helada como si no pesaran nada.

Apenas llegaron al distrito, él mismo les buscó un buen sitio. Eligió un rinconcito en plena plaza del mercado, un lugar recontra concurrido y lleno de movimiento.

Xiao Baoshan descargó lo suyo, le quitó el balde vacío de los hombros a Ye Xiaoxian y dijo con su vozarrón grave:


—Voy al río a traerles dos baldes de agua.


A Ye Xiaoxian se le movió el piso de la emoción y se le quedó mirando fijamente otra vez. Xiao Baoshan se palteó todito y arrancó a la carrera cargando el balde.


—¡Qué sano que eres!


murmuró Ye Xiaoxian a sus espaldas.

Aunque lo dijo despacito, Li Hongmei la escuchó clarito y la secundó:


—¿Viste? ¡Recontra sano resultaste el muchacho!

—….....



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Qinghe era un distrito pequeño del sur, ubicado en plena zona fronteriza. Muchas caravanas de comerciantes foráneos pasaban por ahí, así que mientras el clima acompañara, el ambiente se ponía recontra movido.

Ye Xiaoxian y Li Hongmei recién terminaban de armar el puesto cuando un transeúnte se les acercó a curiosear:


—Señora, ¿qué está vendiendo?

—Jalea helada, bien fresca para aplacar el calor y quitar la sed. ¿Se le antoja un tazón?


El hombre le echó una mirada a la jalea en el balde y dijo:


—Se ve simpática, pero recién termino de desayunar y no me entra nada más.

—…....


Después se acercaron un par de curiosos más a preguntar, pero puro bla bla bla y nadie sacaba la plata.

Tampoco faltaron unos desubicados que intentaron burlarse de ellas por el simple hecho de ver a dos mujeres solas manejando un negocio.

Sin embargo, a plena luz del día, ni Ye Xiaoxian ni Li Hongmei eran de las que se dejaban pisotear. Los gracioso no tuvieron más remedio que retirarse sin sacar ningún provecho.

Unos minutos después, apareció Xiao Baoshan cargando los baldes llenos de agua. Al ver la estampa tan imponente y alta del muchacho, la gente de los alrededores prefirió no meterse con las dos mujeres.

Pero Xiao Baoshan también tenía sus propias cosas que hacer, así que al poco rato tuvo que despedirse.

Conforme pasaban las horas y el sol empezaba a quemar fuerte, Li Hongmei comenzó a ponerse nerviosa y no pudo evitar preguntarle a Ye Xiaoxian:


—Pequeña Ye, ¿no será que esta jalea no se va a vender? Ya pasó más de media hora y no nos sale ni un solo tazón.

—Mamá, no te me desanimes tan rápido. Es nuestro primer día puestas acá y la gente no nos conoce. Obvio que no nos van a comprar al toque, hay que esperar a que el sol queme un poquito más.


Aunque intentaba tranquilizar a Li Hongmei, la verdad es que ella tampoco tenía la certeza absoluta y también andaba preocupada por la venta.

Pero ya estaban ahí metidas, y así no apareciera ni un cliente, no les quedaba de otra que hacer la hora y esperar.

Por suerte, conforme el sol escalaba a lo alto y el calor se ponía sofocante, al mediodía por fin les cayó el primer cliente: un comerciante gordito que vendía cosméticos y rubores a unos pasos de ahí.


—Señora, ¿me sirve un tazón de jalea helada, por favor?


pidió el gordito.

Ye Xiaoxian agarró la cuchara al toque y le sirvió una porción bien generosa.

Al recibir su tazón, el comerciante comenzó a quejarse del clima:


—¡Qué tal bochorno! En días así, no hay nada mejor que una buena jalea helada para refrescar el cuerpo. Yo siempre le compro al puestero que se pone al lado del puente, pero hoy las vi a ustedes acá y me dio flojera caminar hasta allá. A ver si la suya es tan rica como la de él; porque si no pasa nada, no les vuelvo a comprar.


Ye Xiaoxian se mató de la risa y le dijo:


—Casero, para saber si está rica o no, ¿por qué no le da su primer bocado nomás? Mire que me da miedo que después no quiera parar de comer.






16

El comerciante gordito agarró un poco de jalea helada con la cuchara y se la llevó a la boca con cierta duda. Sin embargo, en ese preciso instante, la cara le cambió por completo. Como si las nubes negras se despejaran de golpe para dar paso a un sol radiante, el tipo se metió dos cucharadas más de corrido, y al final simplemente agarró el tazón y se lo bajó de un solo trago.


—Señora, ¿de qué está hecha su jalea? ¿Por qué le sale tan sabrosa?


preguntó el comerciante mientras se limpiaba los labios.

Li Hongmei respondió llena de orgullo:


—¡Ah! Es que no la hice yo, la preparó mi nuera. A ella todo le sale riquísimo. ¿El secreto? ¡Puro talento nato!

—Casero, si le gustó tanto, se puede servir otro tazoncito. Está a dos monedas de cobre el tazón, dos por cuatro monedas nomás.

—¡Apura, sírveme otro más!


dijo el gordito pasándole el tazón vacío al toque.

Alrededor del puesto de Ye Xiaoxian había varias tiendas. Cuando los demás comerciantes vieron al gordito bajarse dos tazones seguidos de jalea, se le acercaron a curiosear:


—¿Qué tal está la jalea, ah?

—¿Le gana a la que venden allá por el puente?

—Oye, don Qiao, ya te bajaste dos tazones, ¿acaso te vas a meter un tercero?



El comerciante gordito se mató de la risa:


—Lo que yo diga no cuenta, ¡tienen que venir a probarla ustedes mismos!


En este mundo no faltan las oportunidades, lo que falta es gente decidida a dar el primer paso.

Una vez que el gordito dio el visto bueno, los demás comerciantes de la zona se apretujaron en el puesto para pedirle su tazón a Ye Xiaoxian.

Entre los clientes había vendedores de ojotas de tela, comerciantes de sombrillas y hasta adivinos del mercado…

De pronto, Li Hongmei y Ye Xiaoxian no daban abasto. Tenían que servir la jalea, cobrar el sencillo y lavar los platos a toda prisa. A la gente le encanta la novelería: al principio nadie compraba y por eso los demás ni miraban, pero apenas vieron que se armó la masa, todos corrieron a hacer su cola.

Además, la jalea helada de Ye Xiaoxian estaba verdaderamente deliciosa. Cada tazón venía bien despachado con su juguito de chancaca bien dulce que combinaba perfecto con el frescor de la hierba. Varios terminaron como el comerciante gordito, pidiéndose un tazón tras otro. Para antes del mediodía, ya se habían bajado más de la mitad del balde.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Por la tarde, el puesto de Ye Xiaoxian volvió a quedar despejado. Era la hora en que el sol quemaba más fuerte, cuando hasta los perros y gatos buscaban la sombra para echarse. Casi no había transeúntes en la calle y los demás comerciantes se refugiaban bajo los techos.

Ye Xiaoxian y Li Hongmei taparon bien lo que quedaba de la jalea y se acomodaron debajo de un árbol.

Aun bajo la sombra, el bochorno era sofocante. Ye Xiaoxian sentía la ropa totalmente pegada al cuerpo por el sudor.

Le compró un par de cachangas a un puesto vecino y se las comieron tranquilas con Li Hongmei mientras disfrutaban del vientecillo bajo las hojas. Cuando les daba sed, se tomaban unos sorbos de jalea helada para bajarse el calor.

Pasadas las dos de la tarde, cuando el sol empezó a caer hacia el oeste, la calle volvió a llenarse de gente. Los comerciantes abrieron sus puestos de nuevo y Ye Xiaoxian con Li Hongmei retomaron la venta.


—Pequeña Ye, ¡mira, ahí viene Baoshan!


señaló Li Hongmei recontra entusiasmada hacia la esquina.

Ye Xiaoxian también lo vio.

En la esquina de la calle, el alto Xiao Baoshan venía caminando por todo el medio del camino junto a un grupo de hombres. Venían conversando y riéndose a carcajadas en dirección al puesto.

Xiao Baoshan, que venía sonriendo entre la multitud, destacaba sobre el resto. Ye Xiaoxian lo miró fijamente y no pudo evitar que se le subieran los colores a las mejillas.


—Baoshan, ¿ya terminaste tus tareas por allá?

—Nos dieron un descanso, así que traje a los muchachos a tomarse un tazón de jalea helada.


dijo Xiao Baoshan acercándose a Ye Xiaoxian, y le encargó:


—Asegúrate de alistar suficientes tazones para todos.


Ye Xiaoxian los saludó de inmediato con amabilidad.

Sin embargo, tras el entusiasmo inicial, un pensamiento le cruzó la mente: ‘¿Acaso este grupo que trajo Baoshan se va a ir sin pagar?’

Cuando trabajaba como chef en la ciudad, había visto a un montón de hombres a los que les gustaba dárselas de pudientes invitando a todo el mundo sin tener dónde caerse muertos. ¿Acaso Xiao Baoshan iba a salir con la misma gracia?

Pero de inmediato, Ye Xiaoxian lo pensó mejor: ‘Bueno, ¿qué tanto problema por un par de tazones de jalea? Al final son sus compañeros de chamba. Si se lleva bien con ellos, le va a ir muchísimo mejor en su trabajo.’






17

—Toma, Baoshan, este es para ti.


Cuando terminó de servir a los demás hombres, Ye Xiaoxian le entregó un tazón de jalea helada a Xiao Baoshan también.


—Gracias.


dijo Xiao Baoshan bien educado.

Algunos le preguntaron a Xiao Baoshan:


—Oye, Baoshan, ¿Quiénes son ellas? ¿Tu mamá y tu hermana menor?


Y otro se puso a molestarlo:


—No tiene cara de hermana, ah. ¿Acaso no es la novia de Baoshan?

—Qué simpática que es la muchacha.

—…...


Xiao Baoshan no respondió nada y los demás dieron por sentado que la respuesta era un "sí".


—Baoshan, ¿cuándo te casaste, ah? ¿Por qué no nos invitaste al matrimonio?

—El pueblo de Daliang no queda tan lejos. Bastaba con que nos pases la voz y de todas maneras veníamos a celebrar.


Sin embargo, Xiao Baoshan soltó con seriedad:


—¡Ya, muchachos, tómense su jalea rápido que todavía tenemos chamba por hacer!


Al ver a Xiao Baoshan ponerse serio, dejaron las bromas de lado y le entregaron los tazones vacíos a Li Hongmei y Ye Xiaoxian apenas terminaron.

Para sorpresa de Ye Xiaoxian, todos pagaron su consumo de lo más educados y no se olvidaron de felicitarla por la jalea, asegurando que al día siguiente regresarían a comprarle más.

Por la tarde, la calle se llenó de bote en bote y el negocio se puso mejor todavía. Vendieron todita la jalea helada antes de que se ocultara el sol.

Li Hongmei estaba recontra emociona y cargaba la bolsa llena de monedas en la mano, haciendo un sonar metálico bien simpático.


—Pequeña Ye, tu idea de negocio es un éxito rotundo. Si la venta sigue así de fluida todos los días, nos vamos a recuperar al toque, ¿no?


Ye Xiaoxian sonrió:


—Te apuesto lo que quieras a que nos va a ir mejor día tras día. Mamá, primero hay que comprar víveres. ¿No andábamos cortas de arroz? Vamos a comprar unos quince kilos de arroz y un poco de pescado seco para darnos un buen festín en la cena.

—¡De ley!


Li Hongmei aceptó en una.


—Baozhu y Baofeng se van a poner felices cuando lleguemos. Paran con un antojo bárbaro de pescado seco.

—Apurémonos entonces, que la chancaca también se nos está acabando. Hay que comprar más para preparar dos baldes llenos de jalea para mañana.


sonrió Ye Xiaoxian.



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—¡Mamá, cuñada! ¿Ya volvieron? ¿No vendieron nada de jalea?


Baozhu llevaba parada en la entrada de la casa como una hora. Al verlas regresar cargando los baldes pesados, pensó que no les había salido la venta.

Li Hongmei le hizo una seña para que se callara y le murmuró:


—Entra primero.


Del otro lado de la casa de ladrillo y tejas, la señora Wang vio que regresaban con los baldes pesados y no pudo evitar escupir al suelo de pura envidia:


—¡Ja! Esas muertas de hambre paran soñando despiertas con hacer negocio para volverse ricas. ¡Sigan soñando no más! Tarde o temprano se van a morir de hambre. Ni se les ocurra venir a pedir comida acá cuando eso pase, ¡que esta familia no va a mantener a gente haragana!


Ye Xiaoxian y Li Hongmei metieron los baldes a la casita y luego levantaron la tapa de madera para que Baozhu y Baofeng vieran lo que traían dentro.

Cuando los chicos vieron lo que había, casi se les cae la mandíbula del asombro.


—Mamá… ¡esto es arroz!


Baozhu se tapó la boca para contener las ganas de llorar. Quince kilos de arroz alcanzaban de sobra para comer todo un mes.

Baofeng también bajó la voz de la emoción:


—¡Y pescado seco!

—¡Y chancaca… y aceite de maní!


preguntó Baozhu con los ojos abiertos.


—O sea, ¿se vendió todita la jalea helada?

—¿Cómo crees que habríamos comprado el pescado seco si no vendíamos la jalea?


Li Hongmei sonrió y de inmediato le mandó a Baozhu a prender la candela para ir alistando la cena.

La idea inicial de Li Hongmei era que Baozhu y Baofeng cocinaran. Al fin y al cabo, ella y Ye Xiaoxian habían estado matándose todo el día en la ciudad y venían molidas de cargar el peso de regreso.

Pero Ye Xiaoxian intervino:


—Está bien que Baozhu prenda el fuego y prepare el arroz. Yo me encargo de cocinar los guisos. Mamá, anda a descansar un rato.

—Xiaoxian, ¿no quieres descansar tú también un toque?

—No estoy cansada. Además, tengo buena mano para la cocina. Te aseguro que el pescado seco me va a quedar recontra sabroso.


dijo Ye Xiaoxian con una sonrisa, mientras se ponía manos a la obra.






18

Xiao Baoshan regresó al poco rato. Esta vez traía otra vez un poco de menudencia de chancho. Dijo que un conocido suyo se dedicaba a matar chanchos en su casa y le había dejado el remanente recontra barato.

Se había quedado encantado con el sazón desde que probó las menudencias que Ye Xiaoxian preparó la noche anterior, así que hoy no dudó en comprar más.

Apenas Ye Xiaoxian vio las menudencias, se acercó, las agarró y se puso a lavarlas.


—Cuñada, ¿vas a volver a freír la menudencia como anoche?


Xiao Baofeng se acercó y se puso de cuclillas a su lado.

Xiao Baofeng solo tenía ocho años, pero se le veía recontra despierto y tenía los rasgos bien parecidos a los de Xiao Baoshan. De hecho, cuando creciera iba a ser un muchacho bien simpático.


—Esta vez no.


dijo Ye Xiaoxian sonriendo.


—¿Cómo vamos a comer lo mismo todos los días? Hoy voy a hacer un salteado de menudencias con verduras encurtidas. Baofeng, anda a la casa de al lado y pregúntale a la tía Zhao si tiene un poco de ensalada encurtida. Si tiene, dile si nos puede cambiar un poco por unos pescaditos secos.


Baofeng salió volando de la emoción y regresó al toque. Traía un puñado de verduras encurtidas y de inmediato se puso a ayudar a Ye Xiaoxian a alistar la cena.

A Ye Xiaoxian le dio cierta nostalgia ver al pequeño Xiao Baofeng.


—Baofeng, tú tienes ocho años, ¿no?

—¡Sí, ocho!


respondió Baofeng mientras lavaba el encurtido.


—¿Y no te gustaría ir a la escuela del pueblo?

—Claro que sí, pero mi mamá dice que no hay plata, así que tengo que esperar nomás.


dijo Xiao Baofeng con un toquecito de tristeza.


—¿Y tu hermano mayor? ¿Él llegó a ir a la escuela?

—Este…...


Xiao Baofeng lo pensó bien y luego movió la cabeza de lado a lado:


—No sé. Mi mamá nunca me dijo nada de eso. Solo sé que mi hermano se fue de la casa hace un montón de tiempo y recién ha regresado.


Ye Xiaoxian iba a seguir preguntando cuando no se dio cuenta de que Li Hongmei se les había acercado y soltó una risita:


—Pequeña Ye, ¿estás averiguando sobre la vida de Baoshan, ah? ¿Por qué mejor no me preguntas a mí?

—Mamá…....


Ye Xiaoxian se puso roja como un tomate, como si la hubieran ampayado haciendo cosas raras.


—Ja, ja, ja. Baoshan sí fue a la escuela, pero solo dos años. Sabe leer y escribir lo básico, nada más. Después, en el pueblo empezaron a reclutar a los jóvenes para el ejército y tu cuñado mayor… Ay, mejor ni me acuerdo de ese desalmado. Baoshan era el único hombre en la casa que podía ir. Por tantos años no supe nada de él que pensé que había muerto. Ahora que volvió, siento una alegría enorme…


A Li Hongmei se le llenaron los ojos de lágrimas mientras contaba la historia.

A Ye Xiaoxian se le conmovió el corazón.

En su vida anterior, ella venía de un hogar disfuncional con una madre soltera, por lo que casi no había sentido el calor de una familia de verdad. Nunca se había preocupado por nadie ni nadie se había preocupado por ella. Ahora que tenía este nuevo hogar, la sensación era recontra bonita.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Esta noche sirvieron tres platazos: el primero fue un salteado de menudencias con encurtidos, el segundo un saltadito de pescado seco con verduritas silvestres, y para rematar, Ye Xiaoxian preparó un caldito concentrado de hígado de chancho con finas hierbas del cerro. Por lo general, el hígado era lo que menos le gustaba a la gente por el sabor fuerte, pero como lo había preparado Ye Xiaoxian, el caldo quedó recontra sabroso y reconfortante.

Antes de sentarse a comer, Xiao Baoshan le pidió a Xiao Baofeng que llevara un plato bien despachado de menudencia salteada con encurtidos al viejo señor Xiao. La idea era evitar que las otras dos familias le llenaran la cabeza de chismes y el viejo terminara gritando a Li Hongmei diciendo que nunca le invitan nada rico.

Luego de eso, la familia se juntó alrededor de la humilde mesa de madera para cenar tranquilos. Aunque la comida era sencilla, a todos se les notaba la cara llena de satisfacción y alegría.

A Ye Xiaoxian le llenaba el alma ver a los demás disfrutar de su sazón.

Como chef, no había mayor felicidad que ver a sus comensales saborear cada bocado con gusto.

Cuando ya estaban por terminar la cena, Ye Xiaoxian decidió sacar el tema que tenía guardado:


—Mamá, Baoshan, hay un asunto importante sobre el futuro de Baofeng del que quiero hablar con todos.






19

—¿Baofeng? ¿Y ahora qué le pasó a ese chico?


preguntó Li Hongmei mientras le daba un sorbo a su sopa.

Los tres hermanos se quedaron mirando a Ye Xiaoxian con cara de desentendidos, sin tener la menor idea de lo que iba a proponer.


—Baofeng ya cumplió ocho años y está justo en la edad en que los demás chicos entran a la escuela del pueblo. Estaba pensando que deberíamos mandarlo a estudiar. Los hombres solo salen adelante cuando tienen educación, así pueden aspirar a cosas más grandes en el futuro.


Todos en la mesa se le quedaron mirando con la boca abierta.

Li Hongmei fue la primera en reaccionar y le dijo al toque a Ye Xiaoxian:


—Pero si he escuchado que la pensión cuesta como dos monedas de plata al año. ¿De dónde vamos a sacar tanta plata?


Xiao Baozhu también metió su cuchara:


—De ley, pues. Si Baofeng se va a la escuela, ¿yo sola me voy a ir a cortar leña al cerro? Ni loca me voy sola para allá arriba.


Aunque Xiao Baofeng era bien chiquito, resultó ser recontra considerado:


—Cuñada, no te preocupes por mí. Yo no necesito ir a ninguna escuela. Ahorita andamos ajustados… Y-yo no quiero ser una carga para la familia.


Xiao Baoshan también se quedó sorprendido, pero no por el hecho de que su hermano fuera a estudiar, ¡sino porque a Ye Xiaoxian se le hubiese ocurrido semejante idea!

Aunque Ye Xiaoxian era la nuera de la familia y había crecido en el pueblo, al fin y al cabo llevaba otro apellido. En esos tiempos, las mujeres casadas solo pensaban en mandar plata a sus familias de origen o vivían de manera recontra egoísta; casi ninguna estaría dispuesta a desembolsar de su bolsillo para pagarle los estudios a un cuñadito.

Ye Xiaoxian ya se esperaba esa reacción de todos, así que acomodó su tazón en la mesa y soltó con toda la calma del mundo:


—Sé perfectamente que la escuela cuesta plata, pero la plata se consigue trabajando duro. Ahorita estamos vendiendo jalea helada, ¿sí o no? Sacando entre ciento cincuenta a doscientas monedas al día, al mes ya tenemos como tres o cuatro mil monedas, más que suficiente para pagar la pensión de todo el año de Baofeng. Pónganse a pensar: si Baofeng se pasa de la edad para estudiar, va a perder esa oportunidad para siempre. En las escuelas de por acá no aceptan mujeres; si aceptaran, ténganlo por seguro que también mandaba a Baozhu de una vez.


A Ye Xiaoxian no le importaba en absoluto esa costumbre de preferir a los hombres sobre las mujeres, pero la realidad del pueblo era esa: las escuelas no recibían niñas, solo varones.

Al escuchar eso, Xiao Baozhu se sintió un poco más tranquila, pero igual reclamó entre dientes:


—A mí me da lo mismo ir a la escuela o no, pero he estado cortando leña con Baofeng estos últimos dos años y ahora me voy a quedar sola en esa chamba…

—Baozhu, tú tampoco vas a tener que subir sola al cerro a picar leña. De ahora en adelante vas a venir con nosotras al distrito a vender jalea. Además, tengo pensado preparar otras cosas para vender allá. Nos van a faltar manos. Si no nos da el tiempo para cortar leña, mejor se la compramos a los vecinos, que al final sale baratísima.


Con eso, Xiao Baozhu quedó recontra satisfecha.

Ye Xiaoxian volteó a ver a Li Hongmei y a Xiao Baoshan:


—Mamá, Baoshan, ¿ustedes qué opinan?


En verdad, Li Hongmei siempre había querido mandar a Xiao Baofeng a estudiar. Como en sus años de juventud había trabajado en la ciudad, conocía cómo se movía el mundo y sabía lo importante que era saber leer y escribir; el único impedimento siempre había sido la falta de plata.

Ahora que Ye Xiaoxian le ponía la oportunidad en bandeja de plata, obvio que no iba a decir que no, así que asintió con la cabeza:


—Está bien, que Baofeng vaya a la escuela nomás. Pero… me da un poco de vergüenza contigo, pequeña Ye. Toda la plata de la casa la estás ganando tú con tu esfuerzo…....


Ye Xiaoxian sonrió:


—Mamá, somos familia, así que ni lo menciones. Si Baofeng le pone ganas a los estudios, su futuro va a ser mil veces mejor. Cuando ya sea un hombre de bien y se valga por sí mismo, nos va a retribuir todo este apoyo a los Xiao, ¿sí o no? Además, yo no gano la plata sola. Sin la ayuda de ustedes, jamás habría podido parar el puesto de jalea.


Todos asintieron con la cabeza, excepto Xiao Baoshan.

El muchacho se le había quedado mirando en absoluto silencio todo ese tiempo. Estaba verdaderamente impresionado al ver la inteligencia, la visión de negocios y el gran corazón de Ye Xiaoxian.

Nunca esperó encontrarse con una mujer así en un pueblo tan perdido en la montaña. Ni siquiera parecía una chica de campo, sino más bien una dama distinguida de una familia acomodada de la capital.


—Baoshan, oye, no te le quedes mirando así a la pequeña Ye. ¡Dinos de una vez si estás de acuerdo o no!


Li Hongmei le metió una patadita a Baoshan por debajo de la mesa para hacerlo reaccionar.





20

En ese momento, Xiao Baoshan recuperó su postura firme de siempre:


—Como el hermano mayor, era mi deber hacerme cargo de la pensión de Baofeng, pero ahora la pequeña Ye fue la que… La verdad me da bastante vergüenza con ella por haberse adelantado. No puedo dejar que tú asumas todo el gasto sola; yo también voy a poner de mi parte.

—¡Entonces quedamos así! El próximo mes arreglamos todo para que Baofeng empiece sus clases.


dijo Li Hongmei recontra emocionada.

De inmediato se volteó hacia Xiao Baofeng:


—Baofeng, ya viste esta noche lo extraordinarios que son tu hermano y tu cuñada. Cuando entres a la escuela, tienes que quemarte las pestañas estudiando. El día de mañana, cuando seas un hombre de bien, no te me vayas a olvidar de corresponderles todo este apoyo.


A la larga, Xiao Baofeng era solo un niño y no pudo contener la inmensa alegría de saber que al fin iría a la escuela. Miró a Ye Xiaoxian y a Xiao Baoshan lleno de agradecimiento:


—Gracias, hermano. Gracias, cuñada. Yo… ¡hoy día lavo todos los platos de la cena! ¡Que nadie me quite la batea, ah!


Todos soltaron la carcajada al ver la reacción tan dramática del pequeño.

La única que soltó una risita algo forzada fue Xiao Baozhu.



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Ye Xiaoxian y Li Hongmei continuaron yendo a la ciudad a vender su jalea helada.

El negocio iba viento en popa, incluso mejor que los primeros días. Si en el debut terminaron de vender al atardecer, al segundo día ya no les quedaba ni un bocado para mitad de la tarde. Para el tercer día, vino un cliente y les compró medio balde de un solo porrazo: resultó ser el mayordomo de una familia acomodada de la zona que necesitaba la jalea para atender a unos invitados.

Ye Xiaoxian y Li Hongmei estaban cada vez más entusiasmadas. Al ver cómo las monedas de cobre se acumulaban en la bolsa, la pensión de Baofeng ya estaba prácticamente asegurada. Sin embargo, ¡al cuarto día, cuando llegaron al mercado, se dieron con la sorpresa de que su sitio de siempre estaba ocupado!

El que se les había metido era nada menos que otro vendedor de jalea, quien había colgado un letrero de madera en su puesto que decía: *“Jalea Helada El Puente - La Tradicional”*.

Era, en efecto, el mismo comerciante que solía vender al lado del puente.

En el puesto estaba parado un viejo de aspecto mañoso. Frente a él tenía un balde con jalea y a un lado una tina con agua, tazones y cucharas. Cada vez que pasaba un transeúnte, gritaba a todo pulmón:


—¡Lleve, lleve! ¡La auténtica jalea del puente, la de toda la vida! ¡A solo una moneda de cobre el tazón! ¡Aproveche, a una moneda el tazón!


Al ver semejante jugada, a Li Hongmei se le subió la mostaza, se le fue encima y le recriminó:


—¡Oiga, viejo! ¿Usted no vendía allá por el puente? ¿Qué hace metido acá hoy? ¿Acaso escuchó que a nosotras nos iba bien y vino a quitarnos el sitio? ¡Esa no es forma de trabajar! ¿O es que porque usted empezó a vender antes, nadie más en el mundo tiene derecho a ganarse la vida? ¡Y encima remata su producto tirando el precio al suelo! ¿Quiere jugar a la competencia desleal? ¡Haciendo esa chanchada, al final ninguno va a ganar nada y todos nos vamos a matar trabajando en vano!


El viejo resultó ser recontra terco y malcriado. Se puso con las manos en jarra y soltó con soberbia:


—¡Yo llevo más de diez años vendiendo jalea en el puente y todo el mundo sabe que la mía es la tradicional! ¿Y ahora qué? Ustedes vienen a ponerse a vender como si nada. Si ustedes venden, yo también puedo ponerme donde me dé la gana. Esta vereda no tiene su nombre escrito, así que el que llega primero, se acomoda.

—Usted… ¡agradezca que es un anciano, porque si no, le plantaba tremendo soplamocos!


Al viejo le importó un bledo la amenaza y siguió ofreciendo su mercadería a grito pelado:


—¡Jalea buena y barata, a una moneda el tazón! ¡Ayer estaba a dos, pero hoy se la lleva por una sola monedita!

—¡Usted… usted es un descarado!


Li Hongmei iba a irse encima a encararlo otra vez, pero Ye Xiaoxian la agarró del brazo y la jaló hacia atrás.


—Mamá, no pierdas el tiempo renegando con gente así. No vale la pena.

—¿Y qué vamos a hacer ahora? ¿Vamos a dejar que se quede con nuestro sitio como si nada? ¿Dónde nos vamos a poner?


preguntó Li Hongmei muerta de la rabia.


—¿No ve que al costado hay un espacio libre? Pongámonos ahí nomás.


respondió Ye Xiaoxian señalando el terreno contiguo.


—¡Pero si ahí no hay nada de sombra! ¡Nos vamos a sancochar vivas bajo este solsazo!


protestó Li Hongmei desesperada.

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