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La Esposa del Dios de la Gastronomía




Traduccion: Asure

01

—Me duele…...


Cuando Ye Xiaoxian abrió los ojos, se quedó helada al descubrir a un extraño sobre ella. Intentó zafarse, pero tenía el cuerpo tan débil que no le quedaban ni fuerzas para empujarlo. Al poco rato, se volvió a desmayar.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Después de quién sabe cuánto tiempo, el canto de los gallos afuera terminó por despertarla. Abrió los ojos y vio que el tipo de la noche anterior ya no estaba; la habitación se encontraba vacía. Le dolía todo, sentía como si la hubieran partido en dos. Salvo por el cuello, que podía girar a las justas, no lograba mover ni los brazos ni las piernas.


—¿Qué… qué es este lugar?


Giró la cabeza y le dio una mirada a la choza de barro con techo bajo. La esquina de la casa estaba rajada. Había una mesa cuadrada, una banca a la que le faltaba una pata, unas cuantas papas y camotes tirados en el suelo. Unos bambúes apoyados contra la cama hacían de perchero para varias prendas de hombre, de esas que usaba la gente en la antigüedad.

De pronto, sintió un peso en la cabeza mientras un montón de recuerdos ajenos le invadían la mente. Al juntar las piezas de esa memoria, cayó en la cuenta de que había transmigrado.

En su vida pasada era chef de un restaurante de cinco estrellas y había ganado bastantes premios, pero mientras se internaba en lo profundo de las montañas buscando insumos para sus platillos, la atrapó un derrumbe. Y bueno, al despertar se dio con la sorpresa de que ahora era esta otra Ye Xiaoxian.

A ella la habían criado en la familia Xiao con la idea de casarla con el hijo mayor. El problema era que el muchacho siempre había sido enfermizo, hacía medio año la enfermedad lo dejó postrado en cama. Al final, Ye Xiaoxian quedó viuda antes de que llegaran a casarse formalmente.

Hace un mes, el segundo hijo de los Xiao volvió del frente de batalla. Como el muchacho ya estaba en edad de sentar cabeza, a la señora Li (la madre) se le ocurrió convencerlos a él y a Ye Xiaoxian de que se casaran. Por un lado, Ye Xiaoxian dejaba de ser viuda; por el otro, se ahorraban un buen dinero que serviría para que el menor consiguiera otra mujer más adelante.

Obviamente, ni Ye Xiaoxian ni el menor quisieron saber nada del asunto; la gente del pueblo se iba a burlar de ellos y eso les arruinaría la reputación. Viendo que ninguno daba su brazo a torcer, a la suegra, la señora Li, se le prendió el foco. Fue a la granja de cerdos del pueblo y consiguió un poco de afrodisíaco en polvo, de ese que usan para cruzar a los chanchos. A la hora de preparar la cena, le echó el polvo a la sopa de verduras a escondidas y, apenas se la tomaron, los encerró bajo llave en el cuarto.

El problema fue que ese polvo era para animales y la señora Li, con miedo de que no hiciera efecto, le metió la mano y echó de más. La anterior Ye Xiaoxian era pura delicadeza y jamás iba a aguantar semejante abuso, así que…


—Señora Xiao, ¿no decía la pequeña Ye que prefería ahorcarse antes que casarse con su segundo hijo? ¿Por qué al final cedió anoche?—


Afuera de la choza, dos mujeres chismeaban.


—Ay, no quería, pero no le quedaba de otra. Ya sabes cómo están las cosas en la casa. El mayor ya partió y el segundo ya está grande para casarse, pero como no hay un sol para traerle mujer, no me quedó más remedio que dársela a la pequeña Ye.

—¿Pero el muchacho no se oponía con uñas y dientes también? Se le veía bien terco, ¿por qué terminó aceptando anoche?


Entonces la señora Li respondió con tono de orgullo: —Una que es de pueblo tiene sus mañas. Ahora que el plato ya está servido, no les queda de otra que apechugar.—


—Ja, ja, ay, señora Li, qué viva que es usted.

—Ah, eso sí…


El nombre de soltera de la señora Li era Li Hongmei. Ya estaba rozando los cuarenta años, pero aún conservaba algo de su atractivo. Aunque vestía ropa toda gastada, la mantenía bien limpiecita. Eso sí, jamás se olvidaba de ponerse una flor silvestre en el peinado para darse un aire bien coqueto.

Según los recuerdos de la Ye Xiaoxian original, de joven Li Hongmei había sido mujer de la vida alegre en un prostíbulo. Recién dejó ese ambiente cuando se casó con el señor Xiao, así que para esas cosas no se hacía bolas.

Solo a alguien como ella se le podía ocurrir semejante jugada: casar a la viuda de su hijo mayor con el segundo, todo con tal de no gastar ni un sol.






02

—Pequeña Ye, ¿ya despertaste? ¿Dormiste bien?


Li Hongmei lucía una sonrisa con cierto aire de culpa.

Ye Xiaoxian había recuperado algo de fuerzas e intentaba sentarse.


—Pequeña Ye, ¿te duele el cuerpo? Como es tu primera vez, tú sabes, pues......


Li Hongmei colocó el tazón de mazamorra a un lado al instante para ayudar a levantar a Ye Xiaoxian.


—…....


Ye Xiaoxian se quedó sin palabras.

Li Hongmei pensó que la chica estaba resentida, así que metió dramatismo y dijo:


—Pequeña Ye, sé que estás molesta con tu mamá, pero ponte a pensar; desde que llegaste a la casa, te he tratado como a mi propia hija. ¿Acaso no te he dado todo lo mismo que a mi Baozhu? Pero de verdad ya no teníamos ni un sol para conseguirle mujer a Baoshan; si no fuera por eso, jamás te habría obligado a ti y a Baoshan a hacer… bueno, tú ya sabes…....


Li Hongmei lo soltó entre líneas, pero por supuesto que Ye Xiaoxian entendió a qué se refería.

Ye Xiaoxian venía de la época moderna y desde siempre le habían enseñado a ahorrar y generar dinero. Inconscientemente, pensó que lo hecho por Li Hongmei no estaba del todo mal y hasta resultaba económico.

El único problema era que la víctima esta vez había sido ella, así que necesitaba un tiempo para digerirlo.


—Mamá, no hiciste nada malo, más bien estoy en deuda contigo. Al fin y al cabo, tú me criaste.


Al escuchar que no le guardaba rencor, Li Hongmei soltó una carcajada de alivio. Agarró el tazón de inmediato.


—Pequeña Ye, tómate la mazamorra primero. Baozhu se fue a cortar hierba y Baofeng fue a traer leña. ¡Tú solo descansa, hoy no mueves ni un dedo!

La verdad es que Ye Xiaoxian se moría de hambre, así que tomó el tazón, probó un sorbo e hico una mueca al instante. Era una mezcla de camote con hierbas silvestres, sin nada de carne ni aceite, encima las hierbas sabían tan amargas que le dieron ganas de devolver todo.


—Pequeña Ye, ¿por qué te dan arcadas? ¿No me digas que ya… ya quedaste encinta con una sola noche?


preguntó Li Hongmei abriendo los ojos de par en par.


—….....

—¡Ay, qué tonta soy! Aunque hubieras quedado, es demasiado pronto para que sientas náuseas. Cuando me embaracé de Baoshan y sus hermanos, no sentí nada hasta el tercer mes, ja, ja.


se dio un palmazo en la frente Li Hongmei.


—Mamá, ¿dónde está Baoshan?


Xiao Baoshan era el hombre con el que había pasado la noche de bodas, así que ahora le correspondía ser su esposo.


—Baoshan… él…....


Li Hongmei comenzó a tartamudear.


—Debe estar molesto, ¿verdad?


soltó Ye Xiaoxian con total calma.

Según los recuerdos de la dueña anterior de este cuerpo, Xiao Baoshan era un tipo bien terco, dado que su propia madre lo había acorralado a hacer eso con ella, debía estar que echaba chispas.


—Baoshan… no está tan molesto. Se fue al pueblo a cachuelearse en lo que salga y me imagino que volverá por la tarde, je, je.


La señora Li la miraba de pies a cabeza mientras hablaba, sintiendo que de alguna forma la chica había cambiado. Si fuera la de antes, ya estaría intentando quitarse la vida, pero ahora estaba tan tranquila, como si no hubiera pasado nada.

Li Hongmei volvió a hablar:


—Pequeña Ye, te lo firmo. Baoshan es un muchacho derecho y, ya que estuvo contigo, tiene que apechugar y hacerse cargo. ¡Si no lo hace, no dejo que me vuelva a decir mamá!

—….....


Ye Xiaoxian esbozó una leve sonrisa, preguntándose en qué época se encontraba como para haberse topado con una suegra que tratara tan bien a la nuera.

Al menos, según los recuerdos del cuerpo, su suegra sí se había portado buena gente con ella: no solo la había criado, sino que tampoco se daba aires de grandeza ni la pisoteaba.

Ye Xiaoxian apenas iba a tomar el tazón para tomarse la mazamorra aguantándose el asco, cuando otra mujer entró desde afuera. Parándose en la puerta con los brazos en jarra, empezó a soltar todo tipo de lisuras:


—Ya es casi mediodía, ¿por qué no están trabajando? No pienses que por haber tenido tu noche de bodas te vas a librar del trabajo. ¡Te pones a hacer lo que te toca como siempre!






03

La persona parada en la puerta era la señora Wang, la nave mayor del viejo señor Xiao. En la familia Xiao, el más viejo era el abuelo de Baoshan, quien tenía tres hijos. La señora Wang era la esposa del hijo mayor, Li Hongmei era la esposa del segundo, la última, la señora Chen, era la esposa del tercero.

Como Li Hongmei había sido mujer de la vida alegre en sus años de juventud, las naves mayor y menor la agarraban de de punto desde que se casó. En la familia Xiao, nadie la daba por sentada excepto su difunto esposo, que en paz descanse. Por suerte, ella había nacido bien conchuda y optimista. Ya fuera que la insultaran o le hicieran bronca, a ella le resbalaba todo.

Ahora, penas la señora Wang vino a gritarles, Li Hongmei también se puso las manos en la cadera y le respondió con todo:


—¡¿Qué trabajo?! ¡¿Qué trabajo?! ¿Acaso tú no has sido novia? ¿Nunca tuviste tu noche de bodas, ah? Tu marido era un inútil que no te dio la talla en ese tiempo, ¿no? ¡Seguro le tienes envidia a mi Baoshan porque es bien machazo!

—Tú… tú de verdad saliste de la casa de la perra. Apuesto a que de eso sabes más que yo.


continuó insultando la señora Wang.


—Si no te pones a hacer nada, ¿quién va a cocinar el almuerzo de hoy?

—¡Yo lo voy a hacer, pues! ¿O qué?


En realidad, Li Hongmei solo estaba respondiendo para no dejarse pisar, pero no es que fuera vaga. A fin de cuentas era viuda y su segundo hijo acababa de regresar. Además, tenía a otros dos pequeños que alimentar. Tenía que sacarse la mugre para poder subsistir en esa casa.

Después de mecharse con la señora Wang, Li Hongmei se volteó al toque y le sonrió a Ye Xiaoxian:


—Pequeña Ye, tú solo échate. Deja que tu mamá cocine el almuerzo y te lo traiga.


Ye Xiaoxian miró a Li Hongmei. Aunque la mujer era un poco achorada, al menos la estaba sacando cara por ella, así que le agarró un poco más de cariño.

Li Hongmei salió del cuarto, pero la señora Wang se quedó ahí parada clavándole la mirada a Ye Xiaoxian. Ye Xiaoxian tampoco bajó la cabeza. Se le quedó mirando fijo a la señora Wang y le dijo en tono frío:


—¡¿La tía mayor quiere que mi mamá trabaje sola?! Ya es casi mediodía. Si el almuerzo sale tarde, el abuelo va a empezar a renegar otra vez.


La señora Wang le miró con desdén a Ye Xiaoxian y murmuró entre dientes:


—Ni que fuera la gran cosa haber pasado una noche juntos, ¿ya se cree la nuera oficial de los Xiao? Miren qué alzada que se ha puesto, si antes era una mosquita muerta.


⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅


Cuando la señora Wang y Li Hongmei salieron, Ye Xiaoxian pensó que por fin tendría un momento de tranquilidad. Sin embargo, las cuñadas empezaron a agarrarse a los gritos afuera.


—¡¿Cómo vas a lavar las verduras así?!

—¿Y cómo quieres que las lave si no es así?

—No laves tanto el chancho, pues. Le estás quitando todo el gordo. Cuando lo salteemos no va a quedar nada de aceite.

—Cuñada, ¿puedes tener cuidado? ¡Me estás echando toda el agua en las patas!

—Oye, ¿puedes dejar de agarrar el cuchillo de esa forma? Los cuchillos no tienen ojos, ¡casi me hincas!

......


Las tres nueras de la familia Xiao eran bien problemáticas. Cada vez que se juntaban era para armar lío. El viejo señor Xiao, que vivía en el cuarto del lado este del patio, ya no aguantaba el alboroto. Salió apoyándose en sus muletas y las cuadro a todas:


—¡Ya cállense la boca! ¡Sus hombres están afuera sacándose el ancho trabajando, ¿y ustedes qué?! ¡Por un simple almuerzo arman semejante escándalo!


El viejo señor Xiao siempre había sido la máxima autoridad ahí. Era el mayor de la casa y machista a más no poder. Con semejante rugido, todas las mujeres del patio se quedaron mudas al toque. El viejo regresó a su cuarto a echarse después de darles su chiquita. En esa casa él solo daba órdenes y renegaba, pero no movía ni un dedo. Eso sí, había que servirle la comida puntualito o si no se ponía a gritar así fuera por un minuto de tardanza.

Ye Xiaoxian volvió a sentir cierto fastidio. Esta era una familia a la antigua, de esas que exigen que convivan cuatro generaciones bajo el mismo techo. Todo el dinero que se ganaba en la casa se le tenía que entregar al abuelo para que él lo administrara y lo repartiera a cada cuarto.

Xiao Tieshu, el hijo mayor del viejo Xiao, Xiao Tongshu, el tercero, trabajaban en el pueblo. Según ellos, ganaban dos monedas de plata al mes, pero fijo que se guardaban su sencillo por bajo la mesa.

Tanto la familia del mayor como la del tercero vivían holgadas. Podían comprarle ropa nuevecita a sus hijos para Año Nuevo y hasta mandarlos a estudiar al pueblo.

En cambio, como Li Hongmei era viuda y tenía mala reputación, todo el trabajo pesado y sucio de la casa caía sobre su pequeña familia, como cortar leña y traer hierba para los animales.

Ye Xiaoxian ya había aceptado el hecho de que había transmigrado, sabía bien que en esta época no era nada fácil para una mujer casada cambiar su suerte. Lo único que le quedaba hacer por ahora era quedarse, chambear duro para mejorar la situación de la casa y, de paso, arreglar su propia vida.






04

Por la tarde, Ye Xiaoxian por fin pudo levantarse de la cama. Penas salió, la señora Wang comenzó a clavarle la mirada en las piernas. Todas las mujeres del pueblo decían que cuando una chica ya había estado con un hombre, caminaba diferente; y claro, a esas viejas chismosas les encantaba analizar esas cosas en sus tiempos libres.

Como la anterior Ye Xiaoxian era apenas una muchachita de quince o dieciséis años, y había sido tomada a la fuerza por semejante ropero como Xiao Baoshan estando además dopada, tanto la señora Wang como la señora Chen pensaban que mínimo se iba a quedar echada tres días.

Ye Xiaoxian no les dio gusto para que la siguieran contemplando y caminó a paso firme hacia Li Hongmei para sentarse a su lado. Li Hongmei estaba desvainando arvejas para preparar la sopa de hueso de chancho del almuerzo.


—Pequeña Ye, ¿ya te levantaste tan rápido? ¿Te duele algo? ¿Tienes hambre? Voy a la cocina a ver si hay algo de comer.


le dijo Li Hongmei con su tono desentendido de siempre.


—Estoy bien. Deja que te ayude a desvainar las arvejas….


Si se quedaba echada en la cama como una invalida, las dos viejas iban a empezar a hablar mal; además, la Ye Xiaoxian de antes era una chica chambeadora y no podía quedarse con los brazos cruzados.


—Ya, está bien.


Li Hongmei le pasó media canasta de arvejas y le susurró:


—Tú solo desvaina esto por hoy. Tampoco requiere mucho esfuerzo.

—…....


Ye Xiaoxian no respondió nada a las ocurrencias de Li Hongmei, sino que se puso a repasar el enorme patio con la mirada.

En el lado este del patio vivía el viejo señor Xiao, en un cuarto construido con ladrillos y tejas negras. Los tijerales del techo eran altos, lo que hacía que el cuarto fuera calientito en invierno y fresco en verano. La fila de cuartos del centro pertenecía al hijo mayor y al tercero. Aunque no eran la gran cosa, al menos tenían sus ladrillos y tejas completos.

En el lado oeste vivía la familia de Li Hongmei. Era una fila de chozas de barro, de techo bajo y paredes rajadas, igualita a los chiqueros de chanchos que Ye Xiaoxian solía ver en la televisión.


—….....


Ye Xiaoxian estuvo observando un rato hasta que dos voces infantiles se escucharon desde afuera del patio:


—¡Mamá, cuñada, ya llegamos!


Por la entrada aparecieron una niña y un niño: los hijos biológicos de Li Hongmei. La chica tenía doce o trece años y se llamaba Xiao Baozhu; el niño tenía unos ocho años y se llamaba Xiao Baofeng. Una venía cargando hierba para los chanchos y el otro traía un atado de leña seca.

A leguas se notaba que los dos pequeños no eran unos haraganes, si no no cargarían tanto peso. Apenas los vio, Li Hongmei fue al toque a ayudarlos a descargarse la hierba y la leña.


—¿Tienen hambre? ¿Quieren que mamá les prepare algo de comer?


Apenas terminó de hablar, la señora Wang, parada al medio del patio, empezó a gritar:


—¡¿Acaso no se está preparando la cena ya?! ¿Qué se te ocurre darles a estas horas? Que vayan a buscar unas papas o camotes en el fogón de la cocina y listo.


A Li no le cayó para nada bien el comentario:


—¡Baozhu y Baofeng se han pasado todo el día trabajando! ¿Ni siquiera van a poder comer algo?

—Yo no he dicho que no coman, pero si les preparas algo ahorita y luego cenamos, ¿no estarían comiendo dos veces seguidas? ¡Eso es desperdiciar la comida!

—Tú…


Li iba a meterse en otra bronca, pero Baozhu se le acercó rápido para calmarla:


—Mamá, unos camotes están bien por ahora. Ya cenamos más tarde.

—Sí, mamá. Tampoco tenemos tanta hambre.

—Es que a mí me da pena dejarlos así…


Li los quería con el alma.

En ese preciso momento volvió Xiao Baocheng, el hijo menor de la señora Wang. El muchacho tenía unos diez años y asistía a la escuela privada del pueblo. Apenas cruzó la puerta, soltó a viva voz:


—¡Mamá, me muero de hambre!

—¡Ay, hijito, quedó un poco de pellejo de chancho con arroz! ¡Ahorita te lo sirvo!


exclamó la señora Wang matándose de la risa.

Al escuchar eso, Li reventó de la ira:


—¡Oye, cuñada mayor! Baozhu y Baofeng vienen de trabajar duro y les mandas a comer camote, ¿por qué tu hijo sí tiene derecho a comer arroz con chancho?


La señora Wang le respondió con una mueca de burla, volteándole los ojos:


—¡¿Por qué?! ¡Tengo derecho porque nosotros aportamos dos monedas de plata todos los meses! ¿Y ustedes qué? Si fueras tan hábil, ¿por qué no aportas más plata al mes? ¡Ni siquiera eres capaz de conseguir media moneda y todavía sueñas con comer rico todo el día! ¿Te crees que la comida cae del cielo?

—….....


Apenas tocaron el tema del dinero, Li Hongmei se dio por vencida al instante.

La señora Wang tenía razón: Li era la que menos dinero aportaba a la casa cada mes. Ese siempre había sido su punto débil. Cada vez que lo pensaba, no podía evitar sentirse menospreciada.


—Todo por culpa de que soy una misia…....

—En fin, no importa. ¿Qué tanto drama por perderse una comida? Coman sus camotes por ahora y cenamos más tarde.


consoló Li Hongmei a sus dos hijos.

Li apenas iba camino a la cocina a traer los camotes cuando se le dio por mirar hacia la puerta principal del patio.


—¡Aea, ya volvió Baoshan!


A Ye Xiaoxian se le dio un vuelco el corazón al instante y ella también volteó la mirada hacia la entrada del patio.






05

Xiao Baoshan era alto y corpulento, como había peleado en la guerra, desbordaba pura imponencia. Ye Xiaoxian llevaba años metida en la industria gastronómica y había visto a todo tipo de gente; tenía un ojo clínico para esas cosas. Aunque el hombre andaba vestido, ella sabía perfectamente que ese tipo tenía sus pectorales y sus abdominales bien marcados. Con solo ver su metro noventa de estatura, su espalda en forma de 'V' y su rostro bien perfilado, si lo ponías en pleno siglo XXI, no cabía duda de cuántas fanáticas se volverían locas por él. En fin, sin buscarlo, le había tocado un guapo de remate como esposo.

Xiao Baoshan se acercó primero a Li y le dijo:


—¡Mamá!


Luego, su mirada cayó sobre Ye Xiaoxian. Se le veía algo desencajado por lo que había pasado la noche anterior. Ye Xiaoxian, al contrario, curvó los labios y lo miró fijamente sin rodeos, lo que hizo que él se pusiera más tenso todavía.

A ella la había comprado su familia después de que él se fuera a la guerra. Tras haber pasado ocho años en el frente de batalla, el muchacho había vuelto a la zona para trabajar como peón en el pueblo. Xiao Baoshan jamás le había prestado atención a Ye; la impresión que tenía de ella era la de una chiquilla tímida que se escondía cada vez que lo veía pasar. Esta era prácticamente la primera vez que lo miraba directo a los ojos y sin paltearse.

Como Xiao Baoshan era un hombre curtido en la vida, no tardó mucho en ponerse derecho y tomó la iniciativa:


—Cuña… pequeña Ye, acompaña al cuarto un momento. Tengo algo que decirte.

—Ya, vamos.


soltó Ye Xiaoxian con total naturalidad. Puso la canasta a un lado y se puso de pie.

Detrás de ella, y sin pensarlo dos veces, Li gritó a todo pulmón:


—¡Baoshan, despacio con la pequeña Ye! Ella es bien delicadita para que le des tan seguido.

—…...

—…...



La familia de Li Hongmei solo tenía tres chozas de barro asignadas. Li Hongmei, Baozhu y Ye Xiaoxian solían dormir juntas en un solo cuarto. Baoshan y Baofeng compartían el otro, y la última habitación servía de depósito. No había de otra, ya que en esta época se priorizaba a los hombres y se discriminaba a las mujeres; los hijos varones necesitaban sus propios cuartos o de lo contrario jamás conseguirían esposa.

Ahora que Ye Xiaoxian y Xiao Baoshan habían pasado la noche juntos, era obvio que ella tenía que mudarse con él. Li Hongmei había sacado todos los trastos del depósito y le había pedido ayuda a la Sra. Zhao, la vecina, para armar una cama de madera nueva para la pareja. Así fue como ese espacio se convirtió en la habitación de Ye Xiaoxian y Xiao Baoshan.

Apenas entraron al cuarto, Ye Xiaoxian iba a cerrar la puerta, pero Xiao Baoshan la detuvo al toque:


—Mejor no cierres, si no la gente va a empezar a hablar tonterías de nuevo.


Ye Xiaoxian dejó la puerta entreabierta, se sentó en el borde de la cama y levantó la cara para mirarlo.

Aunque estaba bastante flaca, la chica tenía un rostro ovalado muy fino. Y al levantar un poco la barbilla, con esa leve sonrisa en los ojos, se veía sumamente atractiva.

Xiao Baoshan volvió a quedarse helado.

Cuando estaba en el ejército, sus compañeros de armas hablaban de mujeres en sus tiempos libres. Decían que una chica que jamás había estado con un hombre era como una fruta verde, no muy provocativa; pero una vez que probaba varón, se volvía tan madura y jugosa que a cualquiera le daban ganas de darle un mordisco.

¿Acaso Ye Xiaoxian se había convertido en esa clase de mujer?


—¿Qué me querías decir?


soltó Ye Xiaoxian al ver que el hombre solo se le quedaba mirando tieso.

Este Xiao Baoshan era todo un tipo fortachón y bien marcado, pero andaba medio intimidado frente a ella, lo cual le daba un toque bastante tierno.

Sin embargo, al segundo siguiente, Xiao Baoshan se puso serio de la nada. Se hincó frente a Ye Xiaoxian y sacó una daga. ¡Ye Xiaoxian se pegó un susto de aquellos! Ella había escuchado que en la época feudal, cuando las mujeres hacían algo fuera de lugar, las castigaban feo: las metían en jaulas para ahogarlas en el río o las mataban a golpes entre todos. ¿Acaso este loco la iba a matar?


—Tú… ¿qué vas a hacer?


Con cara de pocos amigos, Xiao Baoshan soltó:


—Pequeña Ye, lo de anoche pasó porque no me pude controlar e hice esas salvajadas. Si me tienes bronca, ¡mátame!


¿Bronca? Ye Xiaoxian pensó para sus adentros por qué le iba a guardar rencor. El tipo era un churro y la que había disfrutado era ella. De verdad que los hombres de la antigüedad eran bien cerrados, hasta daban vergüenza ajena.

Viendo que no tenía intenciones de hacerle nada, se le pasó el miedo al toque. Habló sin rodeos:


—Si te mato, me quedo viuda de nuevo, ¿no? ¿Y qué gano yo con eso?


Xiao Baoshan se quedó paralizado un rato. Él no entendía nada de conveniencias ni ganancias; solo sabía que le había quitado la virginidad a una mujer y le tocaba asumir las consecuencias.

Ye Xiaoxian remató:


—A mí me crió tu familia, y al final de cuentas me iba a casar aquí de todas formas. Pero jamás pasé ni una noche con tu hermano mayor, ni tampoco tuvimos una boda formal. Tu hermano ya partió, así que, ¿no es lo más normal que me case contigo? A menos que me tengas asco porque no tengo familia ni plata. ¿Por eso es que no te quieres casar conmigo?






06

Xiao Baoshan respondió al instante:


—Yo también soy un hombre rústico y no tengo ni un sol ni apellido de alcurnia. ¿Cómo crees que te voy a despreciar? Es solo que…....

—Bien claro dicen que una se casa por mandato de los padres y con la ayuda de un casamentero. Nuestra mamá nos mandó a casarnos, pero tú estás poniendo mil peros para no hacerlo, ¿acaso eso no significa que me tienes en menos? Ya te entregué mi virginidad, ¿y tú qué haces? Agarras un cuchillo y me pides que te mate. ¡Para eso mátame tú a mí!


Ye Xiaoxian se hizo la indignada, agarró la daga y la tiró al suelo sin rodeos frente a Xiao Baoshan.


—…....


Xiao Baoshan no se esperaba que Ye Xiaoxian tuviera semejante labia; después de tremenda parada de carro, se quedó mudo sin saber qué responder.

Él había venido según él con toda la intención noble de redimirse, pero tras la ajustada que le dio la chica, más bien parecía un cobarde tratando de zafarse de sus responsabilidades.


—Es mi culpa, no te voy a hacer nada.


Xiao Baoshan terminó tan mareado que casi se le olvida a qué había entrado en primer lugar.


—Déjalo ahí nomás. Ya casi es hora de cenar y tengo que ir a dar una mano, si no el abuelo va a empezar a renegar de nuevo.


Apenas terminó de hablar, Ye Xiaoxian salió del cuarto.

Al cruzar la puerta, se dio con la sorpresa de que Li Hongmei estaba pegada a la pared pegando el oído. Li Hongmei intentó piques para escapar, pero ya era muy tarde, así que no le quedó de otra que poner su cara de vergüenza y sonreírle torpemente a Ye Xiaoxian.


—Pequeña Ye, ¿por qué antes no me di cuenta de lo avispada que eres? Dejaste a Baoshan bien tieso con todo lo que le dijiste.


susurró Li Hongmei mientras caminaban.

Ye Xiaoxian solo esbozó una ligera sonrisa y no dijo ni pío.

La cena de los Xiao no empezaba hasta que todas las familias estuvieran reunidas. Cuando no llovía, armaban una mesa grande al centro del patio. Los viejos y los hombres se sentaban a comer a la mesa, mientras que las mujeres se quedaban a un lado de pie comiendo de sus tazones. Si había niños pequeños, las mujeres andaban corriendo detrás de ellos para darles de comer primero. Recién cuando los chicos estaban llenos, ellas se llevaban algo a la boca.

En ese momento el patio era un loquerío, con la gente haciendo un bullicio tremendo.

En su vida pasada, la actual Ye Xiaoxian venía de un hogar destruido. Su papá tenía otra familia y a su mamá le daba exactamente igual su vida. Siempre había soñado con vivir en una familia numerosa, pero ahora que se le había cumplido el sueño, solo le daba dolor de cabeza.

El viejo señor Xiao no movía ni un dedo para trabajar, pero para reclamar por la comida era el primero:


—El saltado de verduras de hoy está bien duro; la sopa no pasa nada, está recontra salada; y ni sabor a carne tiene, encima la berenjena está cruda. ¿Acaso no piensan en los ancianos de esta casa? ¡Ustedes solo piensan en llenarse la panza!


La señora Wang no lo pensó dos veces y le tiró el pato a Li Hongmei al toque:


—Todo eso lo cocinó la cuñada Li. Yo se lo dije bien claro, pero no quiso echarle ni una cuchara más de aceite. ¿Quién sabe si lo hizo para guardarse el aceite para los suyos?


La señora Chen se sumó al cargamontón:


—La sopa también la hizo la segunda cuñada. Solo le metió dos huesos y le dije que no le echara tanta agua, pero no me hizo caso.


Como el viejo señor Xiao de por sí ya le tenía tirria a Li Hongmei, apenas escuchó a las otras dos nueras, le metió un golpe a la mesa con los palitos y reventó:


—¡Li, como vuelva a pasar esto, te olvidas de comer! ¡Ustedes son los que menos plata aportan al mes y encima ni cocinar saben!


A Li Hongmei le dio impotencia, pero no dijo nada para no armar más bronca; solo arrugó los labios. Pero para su mala suerte, el viejo justo la vio y se alteró más todavía:


—Según los antepasados, las mujeres siempre deben recordar sus virtudes de ser respetuosas y sumisas, pero viendo esa cara de rebelde que pones, ¡seguro estás esperando que me muera rápido para que nadie te controle!


Xiao Baoshan ya no aguantó más. Dejó los palitos en la mesa y estaba a punto de sacar cara por su madre cuando Ye Xiaoxian, que estaba parada a un lado, tomó la palabra.


—Abuelo, tíos, tías: ¡tengo algo que quiero conversar con ustedes!


Aunque la voz de Ye Xiaoxian no sonó fuerte, habló con una firmeza y una postura que dejó a todos helados. Apenas abrió la boca, todos la voltearon a ver, eso sí, con miradas de puro desprecio.

Al fin y al cabo, Ye Xiaoxian tenía el rango más bajo en esa casa. Solo había pasado una noche con Xiao Baoshan y ya se creía la nieta política con derecho a "conversar".

A Ye Xiaoxian le importó un bledo cómo la miraban y continuó de largo:


—El abuelo tiene razón. Es verdad que nuestra segunda familia es la que menos plata aporta al mes, y por eso hemos estado sacándonos la mugre trabajando todos estos años. Sin embargo, no veo que sirva de mucho sacarse el ancho si igual estamos por detrás de los que aportan más plata. He estado pensando que seguir así solo nos hace pasar malos ratos a todos. Por eso sugiero que, a partir de mañana, nuestra familia se independice y viva por su cuenta. ¿Qué les parece?






07

Apenas Ye Xiaoxian terminó de hablar, todos se le quedaron mirando; algunos con desprecio, otros con aprobación y unos cuantos con pura sorpresa.

Ese "alguno" que aprobaba era, en realidad, una sola persona: Xiao Baoshan. Independizarse era algo en lo que él ya había pensado al volver a casa; solo que no había tenido tiempo de poner el tema sobre la mesa.

La señora Wang soltó una risita burlona:


—El único que trae plata en su familia es Baoshan, ¿o me equivoco? Él solo es un peón en el pueblo y, con suerte, saca una moneda de plata al mes, ¿cómo los va a mantener a todos ustedes?


Ser peón no era como ser un alguacil. Un peón era como un trabajador independiente que buscaba chamba afuera del municipio. Solo ganaba si había trabajo, y si no había nada, podía quedarse esperando todo el día en vano. Era una chamba totalmente eventual.

En cambio, ser alguacil era un puesto formal cuya función principal era castigar a los criminales, y recibían un pago mensual fijo de dos monedas de plata.

La señora Chen también se mató de la risa:


—Pequeña Ye, a ti te criaron como una novia de repuesto y ahora me sales con discursos de grandeza. Si se independizan un par de días y luego se arrepienten viniendo a rogar para que los recibamos de nuevo, ¿no dejarías mal parada a tu mamá?


Ye Xiaoxian no se mostró ni molesta ni afligida, sino que se mantuvo bastante relajada y tranquila:


—Si nos independizamos, jamás nos vamos a arrepentir. ¡Por más mal que nos vaya en el futuro, nunca vamos a regresar a rogarles nada!


El viejo señor Xiao miró a Li Hongmei con desdén:


—Li, ¿tú qué dices? ¿Estás de acuerdo con independizarse?

—Yo…


Li Hongmei miró primero a Ye Xiaoxian, preguntándose por qué la pequeña Ye no le había consultado un asunto tan importante antes. Pero al ver la mirada serena de la chica, pensó que tal vez ya lo había conversado con Baoshan, porque si no, no estaría tan decidida.

Luego miró a Xiao Baoshan, quien en ese momento observaba a la pequeña Ye apoyando claramente lo que ella acababa de proponer.

Al final, Li Hongmei se puso derecha, se dio un palmazo en el pecho y respondió:


—Ya lo decidí. Nos vamos a independizar. Aunque nuestra familia sea misia, tampoco vamos a estar tan aguja como para no mantenernos. ¡Nos independizamos y no les vamos a dar ningún problema en el futuro!


El viejo señor Xiao volvió a tirar los palitos sobre la mesa.

A los ancianos del pueblo no les gustaba que sus hijos y nueras se apartaran de la familia grande. Les gustaba tener a toda la prole junta; pero en este caso, el segundo hijo del viejo Xiao había muerto y Li Hongmei había sido mujer de la vida alegre. La mujer no tenía virtudes de sumisión y era bastante deslenguada; además, nada de lo que cocinaba le caía bien al viejo. Él ya quería quitársela de encima desde hacía tiempo.

No lo había planteado antes por miedo a que los demás campesinos dijeran que era un malvado, pero ahora que la misma Li Hongmei lo proponía, no podía estar más feliz.


—Ya, si quieren independizarse, que así sea. ¡Eso sí, me van a dar 500 monedas de cobre todos los meses como muestra de respeto, de lo demás, hagan lo que les dé la gana!


⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅


El asunto de la independencia quedó sellado. Apenas terminó la cena, Li Hongmei llamó al toque a Ye Xiaoxian y a sus hijos a su cuarto.

Las velas eran caras en el campo y no se podían dar el lujo de prenderlas de noche. En su lugar, usaban un mechero de aceite con un olor bastante penetrante. Como ya estaban acostumbrados, ya ni les molestaba.

Tras prender la lamparita, Li Hongmei se volteó hacia Ye Xiaoxian con una sonrisa:


—Pequeña Ye, hoy te luciste, te fuiste con todo a decirle a tu abuelo lo de la independencia. ¿Ya lo habías conversado con Baoshan y tienen alguna idea para ganar plata?


¿Una idea para ganar plata?

Ye Xiaoxian movió la cabeza de lado a lado porque ni lo había pensado. A ella solo le daba flojera vivir y comer con tanta gente en una sola casa, y solo quería un poco de tranquilidad.

Xiao Baoshan también negó con la cabeza.

La sonrisa de Li Hongmei se borró al instante:


—¡¿Ni siquiera lo habían hablado?! No han coordinado nada y te lanzas con tremenda propuesta. Ay, si Baoshan es el único que trae un sol a la casa. Baozhu y Baofeng están bien chicos. ¿Qué vamos a hacer si no nos alcanza la plata?


Si Li Hongmei había podido sacar adelante a sus hijos era únicamente por lo conchuda que era. No importaba cuánto la pisotearan las otras dos familias y el viejo Xiao, ella aguantaba todo con tal de vivir juntos. Lo hacía por el bien de sus pequeños.


—Mamá, ya se nos va a ocurrir algo. Tenemos manos y piernas, no es tan difícil ganarse la vida.


dijo Ye Xiaoxian. Ella siempre había sido optimista, con una gran capacidad de supervivencia, y no le tenía miedo a pasar hambre.

Xiao Baoshan también la respaldó:


—Mamá, la pequeña Ye tiene razón. Antes yo no estaba y las hice pasar por muchos apuros. Ahora que regresé, no van a sufrir más. ¡Me voy a conseguir más cachuelos en el pueblo y les aseguro que van a comer bien!


Al terminar de hablar, Xiao Baoshan volvió a mirar a Ye Xiaoxian. Ella también lo estaba mirando. Una ligera sonrisa picara brilló en la comisura de sus ojos, coqueta y encantadora, haciendo que el corazón de Xiao Baoshan diera un vuelco de la nada.






08

Baozhu y Baofeng también estuvieron de acuerdo. Baozhu dijo con tono de impotencia:


—Yo tampoco quería seguir viviendo con ellos desde hace tiempo. Todos los días nos toca cortar leña en la montaña. Nadie nos reconoce el esfuerzo aunque trabajemos duro, pero basta con que traigamos un poquito menos de leña para que nos caiga tremenda gritada. A Baocheng y a Baoshui nunca los scoldas ni les dicen nada. ¿Por qué ellos no mueven ni un dedo y a nosotros sí nos mandan a chambear?


Baofeng todavía estaba bien chiquito, así que le hacía caso en todo a su mamá.

Li Hongmei se sintió entre conmovida y llena de culpa al escuchar a sus hijos:


—Ay, todo es culpa de su mamá. Soy una inútil por hacerlos pasar por tantas penurias. No es que no me quiera independizar, lo que pasa es que me da miedo que pasemos hambre.


Baozhu consoló a Li Hongmei diciéndole:


—Mamá, no te pones así. ¡Tú también la has pasado bien difícil!


Baofeng intervino también:


—Sí, la mamá es la mejor. El año pasado nos llevaste a esconder un poco de carne de chancho. Te cayó tu paliza de parte de las tías mayor y menor, pero jamás nos echaste la culpa.

—…....

Toda la familia se consoló mutuamente por un buen rato hasta que Li Hongmei pareció recuperar la esperanza. De pronto, se volteó hacia Baoshan y Ye Xiaoxian:


—Escuché decir a los viejos de antes que en un hogar no hay nada más valioso que una pareja que rema para el mismo lado. Ustedes dos están bien sintonizados, así que presiento que no nos va a ir mal en el futuro.

—…....

—…....



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Anocheció.

Ye Xiaoxian se fue a su cuarto a descansar después de un aseo rápido. Al sentarse en esa antigua cama de madera, por fin empezó a sentirse relajada.

Cuando era chef en el hotel, con una competencia feroz, para asegurar su puesto tenía que matarse estudiando recetas día y noche y meterse en cuanto concurso había, así que casi ni dormía.

Ahora que al fin estaba lejos de esa vorágine, metida en un pueblo antiguo, aunque fuera una vida humilde, al menos no tenía que arriesgar la vida para ganarse el pan. La prioridad por ahora era sacar adelante a la casa, y en cuanto a la forma de generar dinero… sentía que primero tenía que dar una vuelta por los alrededores para tantear el terreno.

Mientras pensaba en esto, escuchó que tocaban la puerta.

Fue a abrir la destartalada puerta de madera y se topó con una figura alta y corpulenta al frente. La luna llena de la noche proyectaba su luz sobre él, resaltando sus facciones bien marcadas, haciendo que a Ye Xiaoxian le diera un vuelco el corazón.

¡‘Qué tal churro!’

En esta época y en un pueblo tan alejado, qué raro era encontrarse a un hombre con semejante estampa.


—Pasa.


le dijo con su habitual sonrisa leve en los labios.


—Vine a recoger unos trastos.

—¿A recoger cosas? ¿No vas a dormir acá?


preguntó Ye Xiaoxian, sonriendo con un toquecito de chacota.

Xiao Baoshan se volteó y se le quedó mirando fijamente sin pestañear. Semejante mirada hizo que Ye Xiaoxian empezara a sentirse un poco palteada.

‘Seguro piensa que soy una regalada. ¿Cómo se va a comportar así una mujer de la antigüedad? Si el marido quiere dormir contigo, duermes; y si no quiere, ni modo, no te puedes quejar.’

Xiao Baoshan no acotó nada más, solo recogió la ropa colgada en la caña de bambú y se puso frente a Ye Xiaoxian:


—Yo… yo me voy a dormir al cuarto de Baofeng.

—¡Ya, dale!


Si el hombre no quería dormir con ella, tampoco le iba a rogar ni a obligar a quedarse.

Xiao Baoshan estaba a punto de dar la vuelta para irse cuando Ye Xiaoxian lo llamó de pronto:


—¡Oye, un toque!


Él se volteó y se quedó esperando a que ella hablara.


—¿Tenías a alguien que te gustara antes?


Él no se esperaba esa pregunta y respondió:


—No, a nadie.

—¿Y entonces por qué no te quieres casar conmigo?

—Es que tú eres la cuña…


Las palabras se le quedaron en la punta de la lengua y no pudo soltarlas.

Hasta la noche anterior la llamaba 'cuñada' y de la nada tenía que cambiar la forma de dirigirse a ella. Obviamente no estaba nada acostumbrado.


—Ya, está bien, anda no más.


soltó Ye Xiaoxian de lo más normal. Luego sacó la horma de un zapato a medio tejer, haciéndose la ocupada.

Ese tipo de prejuicios en los hombres campesinos de la antigüedad no eran fáciles de cambiar a menos que el tipo estuviera recontra enganchado con ella, tan enganchado como para mandar al diablo todos sus tabúes.

‘El que se apura, pierde’

Cuando Xiao Baoshan cruzó la puerta, sin saber bien por qué, no pudo evitar voltear a verla una vez más. Ella estaba con la cabeza gacha; se le veía un rostro delicado, con una nariz respingada y recta, transmitiendo un encanto distinto. No se atrevió a mirarla más tiempo, así que apuró el paso y le cerró la puerta.

Ye Xiaoxian no tenía ni la más mínima idea de cómo tejer una suela de zapato. Aunque conservaba los recuerdos del cuerpo original, no le salían esas manualidades. Así que, sin hacerse más bolas, apagó el mechero y se fue a dormir.






09

Amaneció.

Ye Xiaoxian salió rumbo al cerro con Xiao Baozhu y Xiao Baofeng para cortar leña, cargando sus herramientas: el machete, el palo para la carga y las sogas de paja.

Para subir al cerro tenían que pasar por un enorme árbol de huaranhuay a la entrada del pueblo. En ese momento, varios vecinos sentados bajo la sombra del árbol tomaban su mazamorra en tazones grandes mientras chismeaban de lo lindo. Apenas vieron venir a Ye Xiaoxian, empezaron a secretearse entre ellos.


—¿Te enteraste? La Li Hongmei de verdad casó a su nuera mayor con el segundo hijo. ¡Qué tal concha, tsk!

—Dicen que el viejo señor Xiao los va a independizar. Anoche mismo fue a buscar al teniente gobernador para que le firme una constatación.

—¿Y qué dice el documento, ah?

—Que la fila de chozas de barro sigue siendo de ellos, más un pedazo de chacra en la ladera del cerro y medio topo de tierra en el campo. Encima tienen que pasarle 500 monedas de cobre al mes por concepto de pensión, pero a ver si van a poder juntar esa plata con la cara de misios que tienen.

—…....


Como los comuneros del pueblo de Daliang son bien francos y gritones, por más que bajaban la voz, Ye Xiaoxian y los otros dos escucharon todito.

Ye Xiaoxian prefirió hacer oídos sordos. Ni se gastó en responderles. Xiao Baofeng era un niño y tampoco le tomaba importancia a esas cosas. La única que se puso helada fue Xiao Baozhu, a quien se le subieron los colores a las mejillas del apuro. Igual no dijo nada, porque la pequeña Ye ya era parte de la familia, y si había alguien a quien echarle la culpa, era a su mamá por ser tan desatinada.



⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅



Ya en el cerro, Ye Xiaoxian y los dos chicos se pusieron a cortar leña juntos.

Ella venía de la época moderna. Aunque se la había pasado sudando la gota gorda como cocinera, eso no se comparaba en nada al trabajazo de tumbar árboles y picar madera. Los campesinos de verdad se rompen el lomo de sol a sol. Encima de cortar, tenía que amarrar la leña en tercios. Como no tenía mucha fuerza, apenas logró juntar un tercio y ya estaba hecha una sopa de sudor, con la ropa pegada al cuerpo.

Cuando vio que ni siquiera podía tumbar un arbolito tierno, mandó a volar el hacha de pura impotencia y se sentó sobre el tercio de leña, resoplando como loca.

Baozhu y Baofeng no entendían por qué Ye Xiaoxian se había picado de la nada. Baozhu se le acercó corriendo y le preguntó:


—Pequeña… cuñada, ¿qué te pasó?


Baofeng también paró la mano, se limpió la frente con la manga y se le quedó mirando.

Ye Xiaoxian miró a Baozhu y le soltó:


—Baozhu, ¿de qué sirve cortar tanta leña?

—Para quemarla en el fogón. Como ahora nos independizamos y no gastamos tanto, podemos vender el resto.

—¿Y cuánto vas a sacar vendiendo eso?

—Este… por un kilo de leña te dan media moneda de cobre. Vendiendo veinte kilos nos hacemos nuestras diez monedas.


Toda la leña que se consumía en la casa de los Xiao la habían cortado ella y Baofeng, y nunca habían vendido ni un pedazo. La idea de generar su propio sencillo, así fueran diez monedas, la tenía motivada.

Ye Xiaoxian le miró los zapatos a Baozhu y soltó con desdén:


—Con diez monedas de cobre no te alcanza ni para comprarte un par de ojotas de tela, ¿no?


Cuando trabajaba de chef, en un solo día se sacaba mínimo sus 600 soles, y con eso se compraba como cien pares de zapatos.

‘No pasa nada. Así no se hace plata, es demasiado lento.’

Al escuchar a Ye Xiaoxian, a Baozhu se le borró la sonrisa y se molestó:


—¡Si dejas de cortar, ni un sol vamos a ver, pues!

—Ustedes sigan cortando, yo voy a dar una vuelta por acá.

—¿A… a dónde vas?


Baozhu le gritaba desde atrás, pero Ye Xiaoxian ya se había metido por otro sendero del cerro.

Baozhu renegó entre dientes:


—¡Se casó y se volvió una floja de primera! Antes hacía de todo sin reclamar y ahora tira el hacha. ¿Quién fue la que propuso independizarnos anoche, ah?

—Ya es nuestra cuñada oficial, mejor no le digas nada y sigamos picando leña, si no nos vamos a quedar tan agujas que ni para el almuerzo vamos a tener.






10

Ye Xiaoxian se metió rápido por otro camino angosto. El cerro que estaba detrás del pueblo de Daliang se llamaba 'Daping'. Por lo general, los campesinos subían a cortar leña ahí durante el día y no se atrevían a quedarse cuando caía la noche, ya que algunas fieras salvajes andaban sueltas por la zona.

En el cerro había tanto árboles altos como matorrales bajos. Aunque el sol iluminaba el día, adentrarse en el monte se sentía fresco. Para Ye Xiaoxian, este tipo de bosques vírgenes estaba lleno de tesoros. Bien dicen que el que vive cerca del cerro tiene de qué subsistir si sabe aprovecharlo.

Tal como lo sospechaba, no caminó mucho cuando se topó con un paño enorme de hierba de jalea. Esta planta es un insumo muy típico en el sur. La hierba en sí contiene polisacáridos, los cuales sirven para bajar la fiebre, quitar la humedad del cuerpo, refrescar la sangre y desintoxicar. El postre helado que se prepara con esta hierba cae preciso para aplacar el calor en pleno verano.

Según los recuerdos del cuerpo original, Ye Xiaoxian sabía que a varias leguas de Daliang quedaba el distrito de Qinghe. En Qinghe vendían jalea helada, pero tenía un sabor amargo y los comerciantes no tenían ni la menor idea de cómo lograr esa textura suave y rendidora de la época moderna; solo la vendían para calmar la sed.

Ye Xiaoxian agarró y arrancó un atado bien grande de esa hierba. Mirando a los alrededores, descubrió que también había un montón de hongos y orejas de palo creciendo en el monte.

Hace unos años, unos comuneros del pueblo de Daliang se habían envenenado con hongos, así que la gente no se atrevía a recoger ninguno del cerro porque no sabían diferenciar los buenos de los venenosos. Pero Ye Xiaoxian sí sabía, así que en un toque juntó un montón de hongos cantarela y shiitake. Más adelante, encontró bastantes plantas del famoso "tofu de hierba". Ahí sí que se le iluminó la cara de la emoción.

El "tofu de hierba" venía de una maleza verde. Se podía procesar hasta convertirlo en un tofu silvestre. Su textura era parecida a la del konjac: suavezinha y chiclecita. En la época moderna, este platillo solo se conseguía en restaurantes fichas.



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—¡Ay, pequeña Ye! ¿Qué trajiste ahí?


Li Hongmei vio que Ye Xiaoxian no traía ni un pedazo de leña, sino un monte de hierbas y hongos silvestres, y le preguntó con curiosidad.

Ye Xiaoxian sonrió:


—Mamá, los hongos los lavamos bien y los hacemos saltaditos. Lo demás… ya vas a ver más tarde.


Dicho esto, Ye Xiaoxian agarró el "tofu de hierba" y la hierba de jalea y se fue al río a lavarlos.

En ese momento, a Li Hongmei le pareció bien misteriosa la actitud de Ye Xiaoxian, así que de inmediato voltea a ver a Baozhu.

Baozhu tiró la leña picada al suelo y dijo con cara de pocos amigos:


—Quién sabe qué tonterías estará planeando. En vez de cortar leña en el cerro, se pone a tontear con esas yuyos. Mamá, ¿ya cocinaste algo? Me muero de hambre.

—Sí, hijita, ya está la comida…


Li Hongmei sonrió con cierta vergüenza.

Pero cuando Baozhu fue a la cocina y destapó la olla, se fue de espaldas de la decepción:


—Mamá, ¿otra vez sopa de verduras con camote?


A Li Hongmei se le desencajó la cara y dijo con pena:


—Es que recién nos hemos independizado de tu abuelo y de tus tíos. Solo nos dieron diez kilos de arroz. Ya cociné un poco para el desayuno y no vamos a ver cosecha hasta el otoño. La verdad que la estamos pasando bastante duro…


A Baozhu se le hizo un nudo en la garganta y todo el entusiasmo que tenía anoche por independizarse se le fue al agua de golpe. Antes, aunque las trataran con la punta del pie, al menos comían algo decente.

Ahora que estaban solas, la vida se ponía más perra que nunca. No pudo evitar sobarse la panza llena de ruidos. Sin un pedazo de carne en la mesa, sentía que no se llenaba con nada.

Mientras Baozhu pensaba en eso, Ye Xiaoxian terminó de lavar las hierbas en el río. Apenas regresó, gritó bien alegre:


—¡Mamá, Baozhu, hoy en la noche nos vamos a dar un buen gusto!


Baozhu miró las hierbas en la mano de Ye Xiaoxian y murmuró entre dientes:


—Ni que fuera la gran cosa, son puros yuyos silvestres. ¡A ver si no nos envenenamos!


Ye Xiaoxian sacó las dos únicas bates de madera que tenían en la casa, las llenó de agua y acomodó el "tofu de hierba" y la hierba de jalea. Enseguida, empezó a estrujar las plantas con fuerza entre sus manos, sacándoles todo el jugo sin parar.

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