LASDLHDAHR 122





La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 122




Traduccion: Asure


El carruaje avanzó con paso firme rumbo al Palacio Demoníaco. Los Protectores Derecho e Izquierdo permanecieron un instante en el lugar contemplando cómo se alejaba; justo cuando Protector Derecho se disponía a ordenar la marcha de la comitiva, el de azul declaró de pronto:


—De verdad me arrepiento de no haber seguido tu consejo.


Protector Derecho quedó desconcertado.

Dado que su colega poseía una vocación innata para buscarse la ruina y él ya le había advertido sobre incontables asuntos, no lograba adivinar a cuál de todas sus recomendaciones se refería.

De modo que indagó con fingida humildad:


—¿A cuál de todas te refieres?


Protector Izquierdo suspiró:


—A esa de preparar un regalo de bodas digno para el Soberano.


Protector Derecho comprendió al instante.

En efecto, tras presenciar cómo el mismísimo Soberano sostenía con tanta delicadeza a la joven para ayudarla a abordar el vehículo, no solo su compañero sentía amargura; él mismo admitía haber subestimado la devoción que su señor profesaba por ella.

Ambos llevaban años sirviendo a su lado, pero ¿cuándo lo vieron sonreír a alguien con semejante ternura? ¿Cuándo lo contemplaron con la mirada completamente volcada en un solo ser?

Protector Derecho, que atendía personalmente sus aposentos, rememoró esos años y cayó en la cuenta de que las sonrisas del Soberano podían contarse con los dedos de una mano.

Su señor siempre proyectaba la serenidad de un estanque insondable; pero nadie lograba atisbar las tempestades que se agitaban en las profundidades de esa calma, de modo que nadie osaba indagar más de la cuenta.

Antes de conocer a la joven, Protector Derecho jamás habría concebido que existiera en el mundo alguien capaz de encarnar a un demonio de forma más temible que las propias criaturas de la oscuridad.

Sin embargo, hoy, aquella pesadilla viviente que aterrorizaba a todo el reino conversaba y sonreía con soltura frente a una mujer, ignorando al resto del mundo.

Y la joven, por su parte, asumía esa calidez con absoluta naturalidad.

Hasta entonces, resultaba imposible imaginar cómo se comportaría semejante tirano al enamorarse; mas la escena de hoy casi le hace pensar que su señor había sido poseído por un espíritu ajeno.

No era de extrañar que su colega dejara escapar semejante lamento.

Justo cuando se disponía a soltar un par de burlas sarcásticas, notó cómo el sujeto —sumido en el desaliento un segundo atrás— parecía recordar algo de pronto, cobrando vida renovada en un abrir y cerrar de ojos.

Montó de un salto sobre su bestia y, fijando la vista en el carruaje que se distanciaba, declaró lleno de confianza:


—No importa. Aunque dejamos pasar esta oportunidad, me parece que aún estamos a tiempo de ponerle remedio.


Sin esperar a que el Protector Derecho le preguntara cómo pensaba subsanar la falta, espoleó a su montura y salió a toda prisa tras la comitiva.

Protector Derecho permaneció inmóvil unos instantes. Conociendo la lógica disparatada de su compañero, decidió que prefería no enterarse del plan.

En fin, a lo sumo le tocaría recoger su cadáver.

Además, viendo que el Soberano de hallaba de buen humor, tal vez mostrara clemencia y se limitara a romperle una pierna en lugar de arrebatarle la vida.

Sopesando la diferencia entre perder una pierna y perder la vida, Protector Derecho espoleó a su bestia y los siguió a paso tranquilo.












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En ese mismo instante, Nian Chaoxi ignoraba por completo los planes de los subordinados de Yan Weixing.

Apenas cruzaron las puertas del Palacio Demoníaco, fue conducida directamente al estudio personal del Soberano, observando el entorno con curiosidad.

Yan Weixing la acompañaba a cada paso; allí donde ella fijaba la mirada, él le brindaba una explicación detallada.

Incluso se justificó diciendo:


—A juzgar por el estado del lugar, esos sujetos no se comportaron con moderación durante mi ausencia. A lo largo del trayecto se percibe un aire turbio; es evidente que, creyéndome muerto, hicieron de las suyas en el palacio. El único espacio que no osaron profanar fue mi estudio, por lo que aún se conserva aceptable. Deja que pongan en orden el resto del palacio y te llevaré a recorrer los alrededores.


Con "esos sujetos" indudablemente se refería a sus subordinados.

Nian Chaoxi preguntó con curiosidad:


—¿De verdad no te causa enojo que actúen así cuando no estás?


'Para ser el Soberano Demoníaco, ¿no resulta excesivamente paciente?'

Al escucharla, Yan Weixing dejó escapar una risa suave y comentó con indiferencia:


—Solo tienen el valor para llegar a ese extremo. Ante un grupo de cobardes que ni siquiera osaron declarar una rebelión abierta tras mi desaparición de medio año, ¿qué necesidad tengo de indignarme?


Al fin y al cabo, su retorno constituía en sí mismo el terror supremo para todos ellos.

Fue en ese momento cuando Nian Chaoxi comprendió cabalmente el significado de la presencia de Yan Weixing para el Reino Demoníaco.

Cualquier otra persona se habría limitado a percibir la imagen aterradora que proyectaba; sin embargo, ella no pudo evitar reflexionar: 'Para que el Yan Weixing del pasado alcanzara semejante cima, ¿cuánto tuvo que entregar a cambio?'

Desconocía el sendero que recorrió para erigirse como Soberano siendo un humano, así como el proceso por el cual se transformó en una figura ante la cual los demonios no osaban ni pestañear. Cuando él se presentó de nuevo ante sus ojos, ya encarnaba a este estratega sereno y absoluto.

Pero no importaba; le restaba una eternidad para descubrir los pasajes de su travesía, guardaba la paciencia necesaria para esperar el día en que él decidiera compartirlos por voluntad propia.

Después de todo, si algo les sobraba en este momento, era tiempo.

Nian Chaoxi dejó pasar el tema con naturalidad y continuó curioseando por el estudio.

Yan Weixing la seguía a paso dócil, como si cualquier ademán de la joven le resultara fascinante.

Sin embargo, al cabo de unos instantes, unos golpes cautelosos resonaron en la puerta, seguidos por una voz temblorosa desde el exterior:


—Señor... los Protectores Derecho e Izquierdo, junto con los demás generales demoníacos, aguardan su presencia en el Gran Salón.


Al verse interrumpido, el rostro de Yan Weixing se ensombreció levemente.

Nian Chaoxi, en cambio, reaccionó al instante: *es verdad, ha permanecido fuera casi un año; resulta natural que deba reunirse con sus subordinados tras su retorno.*

De modo que asintió con una sonrisa:


—No hay problema, ve tranquilo. Yo me quedaré aquí curioseando un rato.


Dado que ella misma lo había dicho, a Yan Weixing no le quedó más remedio que tragarse sus objeciones y responder en voz baja:


—Regresaré muy pronto.


Acto seguido, con un leve ademán de la mano, abrió las puertas del estudio.

Un cultivador demoníaco de aspecto joven esperaba inclinado en el exterior; al escuchar el chasquido del cerrojo, alzó la cabeza de inmediato.

Conforme Yan Weixing echaba a andar hacia fuera, el joven se apresuró a salirle al encuentro, reverenciándolo con absoluta devoción:


—Señor.


Yan Weixing asintió apenas:


—En marcha.


El joven siguió presuroso los pasos de su señor.

No obstante, tras avanzar un par de tramos sintió que algo no encajaba. Al volver la vista atrás, descubrió que la joven humana permanecía de pie en el interior del recinto, despidiendo a Yan Weixing con una sonrisa brillante y un leve ademán de la mano.

El sirviente contuvo el aliento, dudando si debía intervenir.

Nian Chaoxi, al percatarse de la expresión del sujeto, recordó de pronto que cuando ingresaron al estudio, los guardias imperiales apostados en la entrada reaccionaron con idéntico desconcierto.

Fue entonces cuando cayó en la cuenta: para la cúpula demoníaca, este estudio constituía la santísima santidad del palacio. Los subordinados de Yan Weixing habían sumido la fortaleza en el caos durante su ausencia, pero ni uno solo osó profanar esta estancia, lo que demostraba la enorme relevancia del lugar.

No era de extrañar que reaccionaran estupefactos al verla instalada como si nada en el centro del recinto.

Nian Chaoxi sopesó si resultaba conveniente trasladarse a otro salón.

Empero, en ese preciso instante, Yan Weixing se detuvo en seco como si hubiese recordado un asunto de suma importancia.

El sirviente asumió que su señor finalmente caía en la cuenta de lo inapropiado que resultaba dejar a una humana a solas en su estudio, por lo que sus ojos se iluminaron de expectación.

Segundos después, escuchó la voz calmada del Soberano:


—Recuerdo que en la cocina imperial preparaban una sopa de leche bastante aceptable. Haz que le sirvan un tazón a Xixi.


Luego se giró hacia Nian Chaoxi y preguntó con ternura:


—Xixi, ¿deseas probar algo más aparte de la sopa?


Nian Chaoxi reflexionó un segundo y comentó:


—Escuché que el Reino Demoníaco posee una fruta cuya pulpa se asemeja al oro puro...


Yan Weixing comprendió al instante:


—Se trata del fruto Dorado. Haz que le preparen una bandeja también.

—...A la orden.


Apretó los dientes sin atreverse a mencionar que no era época de cosecha para los frutos Dorados, que debido a su difícil conservación, en las bodegas del palacio apenas quedaban reservas para un par de bandejas.

Mas no tuvo más remedio que tragar saliva y acatar la orden en silencio.

Satisfecho con la disposición, Yan Weixing emprendió la marcha, mientras Nian Chaoxi olvidaba por completo la idea de mudarse de habitación.

Tras la partida de su acompañante, la joven comenzó a examinar distraídamente los ejemplares guardados en los anaqueles.

Al recorrer las estanterías no halló novelas ni libros de entretenimiento; en su lugar, descubrió un cofre diminuto y peculiar en la cúspide de una balda.

El cofre, simple a primera vista, se hallaba protegido por tres capas consecutivas de encantamientos de restricción, como si resguardara un tesoro invaluable.

En un principio Nian Chaoxi no planeaba manipularlo, pero un presentimiento instintivo le sugirió que el contenido estaba ligado a su persona.

Lo pensó un instante y extendió la mano para rozar los sellos mágicos.

Si una restricción era alterada, el creador percibiría el contacto al instante; de no ser un momento oportuno para abrirlo, Yan Weixing intervendría a la distancia.

Sin embargo, al segundo siguiente de rozar el sello, los tres encantamientos se disolvieron sin ofrecer la menor resistencia.

Nian Chaoxi parpadeó sorprendida, para luego dejar escapar una leve sonrisa mientras abría la tapa del cofre.

En el interior descansaba una marioneta de madera.

El rostro tallado reproducía con absoluta fidelidad la fisonomía de Nian Chaoxi antes de perecer en la defensa de la ciudad: la piel pálida, los labios descoloridos y un matiz enfermizo reposando entre sus cejas. Rasgo por rasgo, el parecido resultaba estremecedor.

Nian Chaoxi acarició las facciones de la figura, percibiendo las huellas de un grabado hecho a mano con infinita paciencia.

Quien esculpió la pieza atesoraba cada detalle, sin pasar por alto una sola línea; la figura entera denotaba las marcas de haber sido acariciada y conservada con un cuidado casi obsesivo a lo largo de los años.

Nian Chaoxi permaneció inmóvil un instante.

Le resultó inevitable imaginar la imagen de Yan Weixing esculpiendo la madera únicamente a través de sus recuerdos, preservando el objeto día tras día en la más absoluta soledad.

Guardó silencio durante breves segundos y, sonriendo con ternura, cerró el cofre de golpe y lo estrechó contra su pecho:


—Ahora es mío.












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En el Gran Salón, la distracción del Soberano Demoníaco resultaba evidente para todos los presentes.

Pensaban que, si lo que hicieron durante la desaparición del Soberano Demoníaco llegaba a sus oídos, por lo menos recibirían un buen escarmiento. Sin embargo, tras presentarse temblando de miedo, se dieron cuenta de que él estaba sumamente distraído.

Es más, hacia la segunda mitad de la reunión, no se sabía en qué habría pensado, pero su rostro se tornó ligeramente sonrojado.

Todos se miraron entre sí, desconcertados.

Fue Protector Derecho quien tomó la iniciativa. Al notar la actitud del Soberano Demoníaco —que claramente no tenía ganas de seguir hablando con ellos—, eliminó de inmediato los trámites innecesarios. Informó a toda prisa solo los asuntos indispensables y, acto seguido, pidió permiso para retirarse.

Fue recién entonces cuando el Soberano Demoníaco prestó un poco más de atención, dedicándole a Protector Derecho una mirada llena de satisfacción.

Al ver esto, los demás comenzaron a buscar cualquier excusa para retirarse también.

Cuando finalmente le tocó el turno a Protector Izquierdo, el Soberano Demoníaco lo detuvo de pronto.

Protector Izquierdo se quedó rígido como una piedra, sudando frío de la angustia. Temía que el Soberano Demoníaco hubiera descubierto sus acciones y estuviera a punto de castigarlo.

Sin embargo, el Soberano Demoníaco solo lo había detenido, pero no decía nada más.

Protector Izquierdo estuvo un buen rato perdiéndose en sus propios pensamientos hasta que, una vez que todos se hubieron marchado, el Soberano Demoníaco finalmente habló:


—Ve a clasificar todo lo que hay en mi almacén privado y prepárame un inventario.


Protector Izquierdo soltó un gran suspiro de alivio y se apresuró a preguntar:


—¡Entendido! Pero... ¿para qué necesita el Soberano Demoníaco...?


Disponer de todo el almacén privado, ¿acaso iban a ir a la guerra?

Entonces escuchó al Soberano Demoníaco responder con indiferencia:


—El regalo de bodas.


Protector Izquierdo casi creyó haber escuchado mal.


—¿Dijo usted que clasifique todo?

—Sí.

—.......


Le recordó con tacto:


—Pero es que todas las cosas de su almacén privado... no son pocas que digamos.


Decir que su riqueza rivalizaba con la de todo un reino no era una exageración.

El Soberano Demoníaco frunció el ceño:


—Si te digo que vayas, vas.


Protector Izquierdo no se atrevió a decir una sola palabra más, aunque por dentro sentía una profunda amargura.

Aquella amada suya apenas venía por primera vez y ya estaba dejando vacíos los fondos privados del Soberano Demoníaco. Si venía un par de veces más, probablemente ni todo el Reino Demoníaco bastaría para satisfacer sus caprichos.

Con semejante preocupación a cuestas, se retiró con paso pesado.


—¡Espera!


dijo de pronto el Soberano Demoníaco.

Protector Izquierdo se dio la vuelta de inmediato.

Fue entonces cuando vio dudar por un instante al Soberano Demoníaco, quien preguntó:


—¿Le organizaste ya el alojamiento a Xixi?


Protector Izquierdo se entusiasmó al instante y respondió apresuradamente:


—¡Sí, sí! ¡Ya está arreglado! ¡Le aseguro que quedará satisfecho!


Esta era su oportunidad perfecta para compensar el no haber preparado con anticipación el regalo de bodas para su lord.

Sin embargo, por alguna razón desconocida, el Soberano Demoníaco pareció aliviar un poco la tensión a la vez que mostrándose algo decepcionado; simplemente agitó la mano y le indicó que se fuera.

Luego, Yan Weixing regresó al estudio, pero ninguno de los dos volvió a sacar el tema del títere.

Tras dejar pasar la tarde en el estudio, llegó la noche y Yan Weixing llevó a Nian Chaoxi a descansar.

Nian Chaoxi preguntó, como si apenas en ese momento se estuviera acordando:


—¿Dónde me voy a quedar?

—Mi subordinado ya lo organizó.


Nian Chaoxi se quedó tranquila.

A continuación, ambos fueron guiados hacia el mismo palacio.

Nian Chaoxi se quedó de pie fuera de las habitaciones, en silencio.

Yan Weixing también guardó silencio.

Los dos alzaron la vista al mismo tiempo para contemplar aquel palacio que, evidentemente, solo tenía una cama.

Por si fuera poco, quienquiera que hubiese decorado el lugar, no se sabía en qué estaba pensando: los doseles de la cama eran de un color rojo intenso y, para colmo, habían encendido velas rojas de una forma bastante sugerente.


—.......


Yan Weixing se quedó atónito por un segundo e inmediatamente le preguntó al cultivador demoníaco que los guiaba:


—¿Este es el palacio que organizó el Protector Izquierdo?


El cultivador demoníaco esbozó una sonrisa servil:


—Así es, este fue preparado especialmente por el Protector Izquierdo.


Yan Weixing tenía la mandíbula tensa. Miraba a la izquierda y a la derecha, sin atreverse a fijar los ojos en Nian Chaoxi.

Tras un momento de silencio, dijo en voz muy baja:


—Lo siento, no tenía idea de que lo organizaría de esta manera. ¡Haré que te arregle otra habitación de inmediato!


Su voz sonaba ligeramente rasposa.

Sin atreverse a mirarla, dio un paso hacia afuera para irse.

De pronto, Nian Chaoxi extendió la mano y le tiró suavemente del dobladillo de la ropa.

La fuerza del tirón fue tan leve que casi resultaba imperceptible.

Sin embargo, Yan Weixing se detuvo en seco, como si alguien lo hubiera sujetado con una fuerza descomunal y no pudiera dar un solo paso más.

Dudó por un instante:


—... Xixi.


Nian Chaoxi dijo con voz tenue:


—Es demasiado problema, conformémonos por hoy.


Yan Weixing permaneció en silencio unos segundos. Sin darse la vuelta, respondió con voz ronca:


—Está bien.


En qué momento se habían retirado las sirvientas y los sirvientes que los guiaban, nadie lo sabía, pero el palacio quedó sumido en un completo silencio.

Yan Weixing se giró hacia ella. Estaba un poco nervioso y, además, sentía un calor sofocante de origen desconocido que lo hizo desabrocharse un poco el cuello de la túnica de forma impulsiva.

El ambiente era demasiado silencioso. Tosió levemente, con la intención instintiva de decir algo.

Fue entonces cuando vio que Nian Chaoxi, parada frente a él, agachaba de pronto la cabeza y buscaba algo dentro de su manga.

Esto es...

Antes de que su mente pudiera procesar lo que sucedía, vio a Nian Chaoxi sosteniendo la caja de madera que contenía el títere, mientras le decía con una brillante sonrisa:


—No sabía que Daoísta Yan fuera tan hábil con la carpintería. Sin embargo, este títere representa cómo me veía antes, tras mi resurrección mi aspecto cambió bastante con respecto al pasado. Ya que esta noche no tenemos nada que hacer, ¿por qué el Taoísta Yan no me talla otro?

—........


Todo el ambiente romántico que tenía en la cabeza se esfumó al instante.

Respondió con sequedad:


—Está bien...


Como si hubiera notado la resignación en su voz, Nian Chaoxi le parpadeó con picardía y le reprochó en tono juguetón:


—¿En qué estaba pensando hace un momento el Taoísta Yan? Yo no soy una persona fácil.

—... No, no estaba pensando en nada.












⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅











Esa noche, en el palacio donde se alojaban el Soberano Demoníaco y su amada, solicitaron bloques de madera, cinceles, velas y comida.

Las velas del palacio parpadearon durante toda la noche.

Protector Izquierdo, que estuvo al pendiente de todo el proceso, al enterarse de que habían pedido tales cosas en las habitaciones, exclamó lleno de asombro:


—¿Señor Soberano Demoníaco... juega de forma tan salvaje?


Mientras tanto, Yan Weixing, a quien creían que "jugaba de forma salvaje", pasó toda la noche tallando la figura de madera para Nian Chaoxi.

La madera inerte fue cobrando vida poco a poco entre sus manos.

Al principio, sus emociones estaban alborotadas; al ver a la persona que tenía enfrente conversando y riendo alegremente, le resultaba difícil concentrarse.

Sin embargo, con el paso de las horas, terminó sumergiéndose por completo en la tarea.

Xixi estaba sentada frente a él, diciendo que se quedaría allí para que la usara de referencia.

Aunque, en realidad, él no necesitaba ninguna referencia: con solo cerrar los ojos podía trazar cada uno de sus rasgos faciales.

Una pequeña Xixi comenzó a tomar forma entre sus manos.

Cuando el cielo empezó a clarear, le dio el último retoque con el cincel y quedó completamente satisfecho.

Finalmente alzó la cabeza, le tendió la figura de madera y le dijo:


—Esta... te la regalo.


Xixi tomó el títere de madera y lo colocó junto al primero que él había tallado.

Dos Xixi.

Ambas eran ella.

Se las quedó mirando por un momento, como si no pudiera desprendersed de ellas.

Transcurridos unos instantes, como si hubiese quedado satisfecha, dejó las figuras de madera a un lado y dijo de repente:


—Entonces... ¡estos dos títeres de madera serán el regalo de bodas para casarte conmigo!


Yan Weixing se quedó atónito.

De inmediato apresuró a decir:


—No... ya le ordené a mi subordinado que organice mi almacén privado. En cuanto al regalo de bodas...


Nian Chaoxi hizo un gesto con la mano para interrumpiéndolo:


—Si ya nos fugamos juntos, ¿para qué ponernos con tantas formalidades?

—Pero...


Nian Chaoxi se le acercó de repente y le preguntó:


—¿Te casarás conmigo o no?


A Yan Weixing se le secó la garganta y respondió con voz ronca:


—Me casaré.


Nian Chaoxi alzó el rostro y le plantó un beso en los labios:


—Concedido.

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