La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 118
Traduccion: Asure
Nian Chaoxi atravesó las múltiples filas de guardias y descendió hacia la prisión de agua de la Ciudad Yuejian.
El lugar permanecía custodiado personalmente por el Ejército de Caballería Yan; al verla aproximarse, cada uno de ellos contuvo su agitación interna y exclamaron al unísono:
—¡Señora!
Nian Chaoxi les correspondió con un leve asentimiento y avanzó directamente hacia la celda que contaba con las medidas de seguridad más estrictas.
—Abran la puerta.
Sin articular palabra, el guardia de la Caballería Yan le abrió el pesado acceso.
Nian Chaoxi cruzó el umbral de la densa puerta de hierro.
Sumergido hasta la cintura en una poza de agua estancada y oscura, Zong Shu alzó la vista hacia ella.
—Has venido.
expresó él con una voz áspera por haber permanecido días en silencio, la cual, combinada con el tono desgarrado de sus cuerdas vocales previamente dañadas, sonaba espeluznante.
Nian Chaoxi asintió con frialdad y declaró con serenidad:
—Vine a comunicarte tu sentencia.
Tratándose del destino que le aguardaba, él no mostró el menor signo de tensión ni se molestó en preguntar; en su lugar, pareció recordar algo y dejó escapar una breve risa.
—Xixi, mira, sigues siendo tan meticulosa. Incluso con alguien a quien detestas a muerte, cumples lo prometido. Dijiste que me comunicarías la sentencia en persona y has hecho exactamente eso; tu palabra siempre ha sido un compromiso inquebrantable, jamás engañas a nadie.
Nian Chaoxi frunció ligeramente el ceño.
Sin deseos de extender la conversación, disponiéndose a dictar la condena para marcharse de inmediato, fue interrumpida por Zong Shu, quien pareció evocarlo de pronto:
—¿Aun recuerdas aquella ocasión en el Dominio Secreto de Niyu?
Ella arrugó el entrecejo:
—¿Qué cosa?
Zong Shu se apoyó en la gélida orilla de la poza oscura en una postura de relajación inédita; recostó la cabeza en el borde y observó la parte superior, relatando como quien rememora un viejo sueño:
—Lo recordé apenas hace un par de días. Entramos por error a ese dominio, su amo insistió en que le moldeáramos una figura de arcilla perfecta para permitirnos salir; de lo contrario, nos disolvería en el lodo. ¿Qué sabíamos nosotros de esculpir arcilla? Pensé que jamás saldríamos con vida, cuando de repente le dijiste a aquel ser que, puesto que deseaba la escultura más perfecta del mundo, matarnos no le serviría de nada; era mejor que nos dejara ir, una vez que aprendiéramos la mejor técnica del mundo, volveríamos a entregarle una obra impecable.
Conforme hablaba, los recuerdos de Nian Chaoxi parecieron revivir, trayendo a la superficie episodios que ya tenía olvidados.
Recordó haber pronunciado esas palabras exactas, tal como él las replicaba.
¿Pero qué sucedió después? Parecía habérsele traspapelado de la memoria.
—Y milagrosamente, la criatura de ese dominio nos dejó marchar. Tras escapar de la muerte, creí que era solo una estratagema para salvarnos, pero jamás imaginé que al salir realmente comenzarías a aprender a moldear arcilla.
dijo él dejando escapar una risa ahogada.
Las imágenes se volvieron nítidas en la mente de Nian Chaoxi.
Ciertamente, al salir del dominio secreto dedicó tres años enteros al estudio de la escultura de arcilla. Y dado que la promesa involucraba a ambos, ella arrastró a Zong Shu a aprender a la fuerza para cumplir el acuerdo con la criatura.
En aquel entonces Zong Shu no lo comprendió en absoluto, frunciendo el ceño cuestionó:
—Pensé que era solo un recurso de emergencia.
¿Acaso no se dijo todo para poder escapar?
En su momento se sorprendió de que a Nian Chaoxi se le ocurriera semejante idea en el último segundo, más aún de que el monstruo accediera.
Pero habiendo salido de allí, con la bestia incapaz de perseguirlos fuera del dominio, ¿qué importancia tenía cumplir o no lo dicho?
¿Pretendía sostener un compromiso inquebrantable con un monstruo?
A Zong Shu le pareció algo ridículo, interpretó la actitud de la hija del Dios de la Guerra como una completa ingenuidad.
Para qué arriesgarse con una criatura de esa índole cuando era mejor no exponerse.
Se disponía a aconsejarle que desistiera, pero al mirarla se topó con unos ojos fijos y firmes.
Una mirada carente de la menor broma.
Por razones que no alcanzó a comprender, las palabras se le atascaron en la garganta.
Nian Chaoxi desvió la vista tras observarlo un instante y declaró con frialdad:
—Una promesa es una promesa.
Haciendo una pausa, añadió con cierto tono de molestia:
—Si no quieres aprender, lo aprenderé yo sola.
Un compromiso inquebrantable; pretendía guardar su palabra frente a un monstruo de un dominio secreto.
Zong Shu permaneció perplejo antes de soltar una risa amarga, juzgando que ella actuaba con una inmadurez propia de una niña caprichosa.
Al fin y al cabo, ¿a quién demonios le importaba?
Probablemente solo la hija del Dios de la Guerra, criada entre protecciones e inocencia, podía ser tan crédula.
Así lo pensó en su momento, calificándola de absurda, mientras en el fondo sentía una vergüenza sutil e inexplicable.
Bajo la pureza de esa mirada, sintió que sus propias miserias quedaban al descubierto.
A partir de entonces empezó a distanciarla de forma instintiva, mientras ella se dedicaba de lleno a moldear arcilla durante tres años enteros.
Tres años no bastaban para alcanzar la perfección técnica, pero Nian Chaoxi consideró que había alcanzado su límite personal; no era la obra perfecta del mundo, pero sí la obra más perfecta que sus propias manos podían lograr.
Así pues, ella no tuvo más remedio que armarse de valor y, llevando entre las manos la estatua de arcilla más perfecta que logró moldear, regresó al Dominio Secreto de Niyu.
A lo largo de esos tres años, la actitud de Zong Shu varió del desdén al silencio, del silencio a una indiferencia distante.
Nian Chaoxi se limitó a seguir con su labor sin inmutarse.
El día que correspondió volver al dominio, Zong Shu terminó acompañándola a regañadientes.
Presintiendo que no lograría superar la prueba, ella murmuró con inquietud:
—Me temo que esto dista mucho de ser perfecto.
Sin embargo, para sorpresa de ambos, tras ofrecer aquella figura lejos de ser refinada, el ser de arcilla guardó silencio un instante y declaró de pronto:
—¿Acaso existe la perfección absoluta en este mundo? Aquello en lo que has entregado el alma y el corazón es, en sí mismo, lo más perfecto.
Dicho esto, la criatura que había hecho sucumbir a incontables cultivadores se disolvió de golpe en el interior de la tosca figura de arcilla que Nian Chaoxi sostenía.
Nian Chaoxi se quedó atónita, mientras Zong Shu la miraba sumido en la perplejidad.
Él frunció el ceño y preguntó:
—¿Con solo esto se superaba la prueba? ¿Bastaba con entregarle una figura de arcilla?
Nian Chaoxi guardó silencio un momento y dijo de repente:
—Si hubieras sido tú quien hizo la promesa aquel día, me temo que ni siquiera te habría dejado salir.
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—'Si hubieras sido tú quien hizo la promesa aquel día, me temo que ni siquiera te habría dejado salir'.
repitió Zong Shu, reproduciendo las palabras de su memoria sin el menor error.
Luego prosiguió con lentitud:
—Ahora finalmente comprendo a qué te referías.
Nian Chaoxi apartó sus pensamientos del recuerdo, se presionó suavemente el entrecejo y preguntó con voz calmada:
—¿Qué es exactamente lo que pretendes decir?
—Quiero decir que si eras capaz de cumplir tu palabra incluso con un monstruo, ¿por qué razón jamás tuve fe en ti?
Así es, ¿por qué jamás le otorgó un voto de confianza a Xixi?
Cuando en el fondo conocía perfectamente qué clase de persona era ella.
Tal vez se debía a que ella era demasiado transparente; una transparencia que a Zong Shu lo hacía sentir de forma instintiva que pertenecían a mundos distintos.
Durante los días que permaneció encerrado en la prisión de agua, Zong Shu rememoraba el pasado con frecuencia. Anteriormente, al evocar los años transcurridos con ella, lo único que acudía a su mente era la forma en que lo rescató y cómo apareció ante él cuando se encontraba herido y enfermo.
Aquellos recuerdos eran demasiado vívidos y, al mismo tiempo, cargaban con un peso tan abrumador que cada evocación de Xixi le dejaba un sabor amargo y denso.
Ahora que se hallaba apresado, sumido en una tranquilidad inédita, era capaz de recordar detalles mucho más minuciosos.
Se sentía como si de pronto hubiera descubierto tesoros ocultos.
Durante esos días, subsistió aferrándose a las gemas preciadas que albergaba en el corazón.
Y cuanto más lo meditaba, más claro y profundo se volvía todo, descubriendo que cada pequeño pasaje de su vida llevaba impresa la sombra de Nian Chaoxi.
Nian Chaoxi lo contempló durante un breve silencio y declaró de repente:
—Pues esta será la última vez que acuda a cumplir una promesa contigo.
Zong Shu se congeló de golpe, la tenue sonrisa que esbozaba al recordar el pasado se desvaneció de sus labios.
Dejó escapar un suspiro:
—Ni siquiera te molestas en fingir o engañarme un poco.
Nian Chaoxi respondió con tranquilidad:
—Dije que te comunicaría tu sentencia en persona, eso es todo.
Zong Shu cerró los ojos y articuló con una voz tan desgarrada que resultaba hiriente al oído:
—¿Y qué han decidido hacer conmigo?
—Te clavarán siete agujas de sellado espiritual y serás confinado bajo el Abismo Zhenbei por toda la eternidad, sin posibilidad de salir jamás.
Zong Shu abrió los ojos de par en par, permaneció en silencio un instante y dejó escapar una risa precipitada:
—¿Ni siquiera me condenaron a muerte? ¿Debería darles las gracias?
Nian Chaoxi no respondió.
Efectivamente no lo habían ejecutado, pero ese castigo resultaba peor que la muerte misma.
Al menos la muerte ofrecía un final rápido, mientras que al ser arrojado al Abismo Zhenbei, nadie podía prever las atrocidades que tendría que encarar.
El Abismo Zhenbei constituía el punto de convergencia entre las razas humana, demoníaca y de los monstruos; debido al choque y fusión de sus tres energías, el fondo permanecía infestados de una malevolencia perenne y plagado de espectros y criaturas malévolas. Ocasionalmente, cuando estos seres absorbían suficiente energía maligna, emergían a la superficie para sembrar el caos, resultando extremadamente difíciles de erradicar.
Posteriormente, los maestros de formaciones de las razas humana y de los monstruos unieron fuerzas para trazar una red gigantesca en las profundidades del abismo, sofocando la aparición de tales engendros y manteniéndolos prisioneros.
El único inconveniente radicaba en que dicha formación requería de seres vivos para mantener la contención.
Así, el Abismo Zhenbei se convirtió en el destino final asignado por las tres razas para aquellos criminales cuyas atrocidades eran tan atroces que la sola muerte no bastaba para aplacar la indignación pública.
Ser arrojado allí implicaba quedar privado de la luz del sol para siempre, encadenado eternamente para servir como cebo vivo y contener a las criaturas del abismo.
En el pasado, hubo quienes perdieron la razón apenas transcurrido el primer día de confinamiento.
Que los líderes del mundo del cultivo hubieran concertado semejante condena demostraba el odio visceral que le profesaban.
Además, Zong Shu no era el único en recibir dicho castigo: entre los capturados de la lista, varios figuraban con crímenes tan monstruosos que provocaban el repudio generalizado, por lo que fueron empaquetados junto a él para ser arrojados a las profundidades del abismo.
Aquel constituía, quizás, el mayor contingente de prisioneros enviados de una sola vez al Abismo Zhenbei en casi un siglo.
Observando la sonrisa sarcástica en la comisura de los labios de Zong Shu, Nian Chaoxi supo que resulta inútil recordarle en este momento cuán inocentes eran las víctimas a las que había arrastrado al infierno de la Montaña Quya; al fin y al cabo, él pertenecía a esa clase de hombres incapaces de experimentar un verdadero arrepentimiento por sus atrocidades.
Así pues, sin deseos de extender la conversación, se limitó a cumplir con el trámite de comunicarle la condena y dio media vuelta dispuesta a marcharse.
En el instante preciso en que giró sobre sus talones, la voz de él resonó a sus espaldas:
—Xixi, me arrepiento.
Nian Chaoxi detuvo el paso un segundo.
Resultaba una escena verdaderamente insólita: alguien tan soberbio como Zong Shu jamás había admitido un lamento en voz alta.
¿Arrepentido de qué? ¿De los actos cometidos hasta la fecha, o únicamente de haberla... perdido a ella?
Sin embargo, como si entendiera que cualquier aclaración llegaba demasiado tarde, no continuó por ese camino y se limitó a preguntar con serenidad:
—Él y tú... ¿cuándo celebrarán la boda?
La mirada de Nian Chaoxi fluctuó un breve instante antes de responder con indiferencia:
—No lo sé, dependerá del destino.
Sin agregar una sola palabra, apresuró el paso y abandonó el recinto.
De este modo, jamás llegó a saber de qué se arrepentía exactamente aquel hombre.
Aunque, a decir verdad, que él experimentara remordimiento o no, le resultaba del todo irrelevante a estas alturas.
Tenía asuntos infinitamente más apremiantes entre manos.
Pensando en ello, apretó la marcha en dirección a sus aposentos.
Debía darse prisa: la escapada de hoy había sido un paréntesis en su agenda, de demorarse un poco más, temía que se desatara un verdadero caos.
No obstante, por más que apresuró el paso, no logró llegar a tiempo. Apenas cruzó el umbral del patio, la voz de su tío resonó en el ambiente, impregnada del tono inquisitivo y picajoso de una suegra exigente:
—...¿Esa es toda tu destreza para preparar el té? ¿Tienes la menor idea de cuál es la infusión favorita de Xixi? Con semejante preparación, ¿cómo pretendes que se la tome? ¿Acaso planeas que en el futuro no pueda ni disfrutar de una simple taza de té en paz?
'Una escena sospechosamente similar al clásico: «¡Con esa sazón pretendes que mi hijo vuelva agotado de trabajar para comer algo indigerible!»'
A continuación, la voz resignada de Yan Weixing resonó desde el interior, semejante a la de una nuera abnegada:
—Dígame cuál es el té de su preferencia y con gusto aprenderé a prepararlo.
'—'¡Si a mi esposo le gusta, puedo aprender a cocinarlo!'
No, la sensación de déjà vu resulta demasiado abrumadora.
Nian Chaoxi hizo un esfuerzo sobrehumano para arrancarse de la cabeza la idea de que su tío equivalía a una suegra cascarrabias.
Sin embargo, no podía evitar sentirse como un esposo atrapado en medio del fuego cruzado entre su madre y su mujer.
Aunque bien deseaba intervenir para aclarar que no tenía grandes exigencias con el té y que le daba igual beber agua simple, no se atrevía a pronunciar palabra alguna.
Después de todo, la última vez que intentó rescatar al Lord Yan de un aprieto similar, terminó sufriendo una charla de toda la tarde por parte de su tío sobre 'la naturaleza defectuosa de los hombres'.
Nian Chaoxi sintió ganas de lanzar un largo suspiro al cielo.
Desde que en el banquete se 'abrazaron en público' despertando las burlas de la multitud, su tío pareció comprender que la situación era inevitable; pero no dispuesto a darse por vencido, activó el modo de suegra implacable.
En términos concretos: desde la forma de caminar hasta los modales en la mesa, todo era motivo de objeción, culminando invariablemente en el reproche de «¿así es como pretendes tratar a Xixi?».
Y Yan Weixing, lejos de considerar que el veterano buscaba pelea sin sentido, parecía encontrar lógica y sabiduría en cada uno de sus reclamos.
Al final, la única víctima sometida a un tormento interminable terminó siendo la propia Nian Chaoxi.
Soltó un suspiro y, con la extraña convicción de quien se dispone a mediar en un conflicto doméstico, se preparó para entrar e interrumpir la escena con alguna broma.
Fue entonces cuando escuchó a Yan Weixing declarar a bocajarro:
—En ese caso, tío, una vez que domine la preparación del té, ¿podré llevar a Xixi de visita al Reino Demoníaco? Los preparativos para recibir a la Emperatriz Demoníaca requieren de un protocolo majestuoso; debo llevar a Xixi con anticipación para confeccionar el atuendo nupcial, de lo contrario temo que no llegaremos a tiempo.
¡CLANG!
El sonido de una taza de té estrellándose contra el suelo resonó con fuerza en todo el patio.
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