La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 117
Traduccion: Asure
Nadie esperaba que Nian Chaoxi fuera a pasar directamente a la acción en pleno banquete.
No se trataba del involucramiento simple de uno o dos clanes o de tres o cinco cultivadores independientes: la lista consignaba nombres pertenecientes a sectas de enorme peso en el mundo del cultivo, así como a figuras con rango de ancianos o maestros. Querer arrancarlos de raíz implicaba una responsabilidad gigantesca; ¿acaso Nian Chaoxi podía asumir semejantes consecuencias?
Por tomar un caso: si se erradicaba una secta entera, el territorio que quedaba vacante desataría disputas por el control. ¿Con qué autoridad o medios Nian Chaoxi sofocaría los conflictos que inevitablemente estallarían?
Si con tal de poner fin a una contienda terminaba desencadenando otra, ¿cómo la juzgarían los demás?
Quienes habían pactado con la Montaña Quya asistieron al banquete justamente por esa razón: estaban convencidos de que, aun si Nian Chaoxi descubría la verdad, no se atrevería a actuar a la ligera.
Daban por sentado que ella mantendría el asunto en reserva y optaría por un plan progresivo a largo plazo.
Y mientras ella eligiera ese camino, significaba que ellos aún tendrían margen de maniobra.
Bajo esa certeza de que no se atrevería, acudieron a la cita, incluso con la intención de sondear la situación.
Jamás imaginaron que caerían redondos en una trampa perfectamente diseñada.
No lograban comprender: ¿de dónde sacaba la audacia para dar ese paso?
Algunos alzaron la mirada y, a través del tupido cerco del Ejército de Caballería Yan, contemplaron a los cultivadores del otro extremo del salón, empuñando sus armas como si enfrentaran a su peor enemigo.
Apenas media hora atrás, compartían risas, charlas y brindis.
Y ahora, esas mismas personas los observaban como si fueran sus enemigos mortales.
En ese instante, varios de ellos lo comprendieron todo.
¿Por qué Nian Chaoxi y sus acompañantes recorrieron el mundo del cultivo de manera abierta durante dos meses y medio, armando un gran revuelo sin ofrecer una sola aclaración, limitándose a emitir una carta de invitación con intenciones ambiguas mientras dejaban que los rumores crecieran?
Porque solo cuando el asunto de la Montaña Quya se convirtió en un evento crítico para la totalidad del mundo del cultivo, una multitud suficiente acudiría a la Ciudad Yuejian. Cuanto mayor fuera la agitación y más corrieran los rumores, incluso aquellos que no deseaban asistir se verían obligados a ir para obtener información de primera mano.
¿Por qué, si habían regresado hacía medio mes, el banquete se fijó para quince días después?
Porque ese era el margen necesario para obligarlos a tomar una postura y para concederle tiempo de despliegue al Ejército de Caballería Yan.
Aceptaran o rechazaran la invitación, debían emitir una respuesta por cortesía. Con esa confirmación en mano, ella disponía del tiempo para someter en secreto a quienes, figurando en el registro, rechazaron la cita, evitando así que al aplicar la emboscada en la Ciudad Yuejian, el viento de la noticia les permitiera huir y convertirse en peces fuera de la red.
¿Y por qué la distribución de los asientos resultó tan extraña? Agruparlos a todos en un solo bloque, aun cuando buscara evitar daños colaterales, ¿no facilitaba que se unieran para presentar una resistencia más feroz? ¿Acaso el método más seguro no era envenenar sus alimentos y dispersarlos para abatirlos uno a uno?
Esa era la mayor incógnita para la multitud antes de que se revelara la lista: si Nian Chaoxi ya había decidido actuar, ¿por qué no eligió una vía más prudente?
Pero ahora, al contemplar a los cultivadores sentados frente a ellos —quienes en su mayoría ni los conocían y, aun así, los encaraban como a enemigos acérrimos—, finalmente lo entendieron.
Qué estrategia tan formidable.
Primero, la revelación repentina del registro asestó un golpe demoledor a sus mentes; luego, el hecho de agruparlos aparte trazó un límite claro con los demás. El banquete quedó dividido en dos mundos: un simple pasillo transformado en un abismo insalvable que los clasificaba de forma explícita en dos bandos opuestos.
Ellos suponían que reunirse para luchar a muerte los volvería más difíciles de someter, por ende, los demás asumirían esa misma lógica.
Los observadores irían más lejos en sus reflexiones: entenderían que a partir de hoy los traidores no tendrían cabida en el mundo del cultivo, que para conservar la vida arriesgarían el todo por el todo. Bajo esa lucha de bestias acorraladas, ¿no intentarían arrastrar a otros al abismo?
Tal como acababa de ocurrir con aquel discípulo que tomó como escudo a su propio hermano de secta.
Si alguien era capaz de atentar contra su propio compañero con tal de salvar la piel, ¿qué no le haría a un extraño?
Permitir que se concentraran en un solo bloque parecía favorecerlos en apariencia; sin embargo, al mismo tiempo, los convertía en una amenaza directa para todos los presentes, transformándolos sin que lo notaran en el enemigo común de la sala.
De este modo, cuando el Ejército de Caballería Yan hizo su aparición, la mayoría de los asistentes se posicionó de inmediato en su mismo bando, empuñando sus armas no solo para combatir a los traidores, sino para garantizar su propia protección.
Esa mujer los había colocado por la fuerza en el lado opuesto de todo el mundo del cultivo, convirtiéndolos en los enemigos de la creación entera.
¡Una jugada fríamente calculada!
Optar por abatirlos de manera individual habría implicado un riesgo menor en apariencia; no obstante, al no sentirse involucrados directamente, muchos habrían preferido mantenerse como meros espectadores, dejando a Nian Chaoxi sola para asumir las consecuencias posteriores y las posibles represalias.
Al fin y al cabo, no todos poseían la rectitud inflexible de aquel veterano, capaz de actuar con imparcialidad aun cuando su primer discípulo cometía una atrocidad. Si Nian Chaoxi tocaba a los discípulos o hermanos de otros, ¿acaso ellos habrían dejado pasar el asunto con generosidad, aun sabiendo que la razón no les asistía?
En cambio, la situación actual era muy distinta.
Reunirlos a todos parecía complicar el combate, pero una vez iniciada la contienda, la responsabilidad de la ejecución recaía sobre la totalidad de los presentes.
Si alguien pretendía buscar pleito más adelante, estaría desafiando al mundo del cultivo entero, pues todos se habían convertido en cómplices de la purga.
Distribuir las consecuencias entre la multitud equivalía a eliminarlas por completo.
Y al forzar a todos a unirse para erradicar a los traidores de una sola pasada, la propia concurrencia —siquiera por conveniencia personal— colaboraría codo a codo tras el conflicto para sofocar los desórdenes derivados de la pérdida simultánea de tantas sectas.
Las turbulencias capaces de fracturar el mundo del cultivo e incitar el conflicto mutuo eran las verdaderas crisis; si una sacudida, lejos de dividir, terminaba por unificar a todos los sectores, equivalía a no haber sufrido crisis alguna.
Al comprender la magnitud de la jugada, volver la vista hacia la joven de tez radiante y facciones delicadas instalada en el asiento de honor provocaba que sus hermosos e imponentes rasgos infundieran un temor reverencial.
Y ellos, tal como ella había previsto, no poseían otra opción que combatir como fieras acorraladas.
En una encrucijada donde luchar o rendirse conducía a la muerte, presentar batalla al menos ofrecía un hilo remoto de esperanza.
El Ejército de Caballería Yan se lanzó al frente al primer instante.
Aquel veterano que había sido el primero en respaldar a Nian Chaoxi fue el siguiente en reaccionar. Sin vacilar un segundo, instruyó a sus subordinados:
—¡Ayuden en el combate!
Los discípulos acataron la orden de inmediato, bloqueando desde todos los flancos los resquicios que el cerco del ejército no alcanzaba a cubrir.
Acto seguido, la siguiente facción en responder fue, de forma inesperada, la Secta Wuyin.
Antes de que Nian Chaoxi lo notara, los miembros de Wuyin se habían desplegado en silencio por los cuatro extremos para establecer una formación sonora. Cualquier individuo que lograra sobrepasar el perímetro de Caballería Yan terminaba pisando inevitablemente el alcance de sus melódicos acordes; aquella suave y seductora melodía, resonando en medio de la atmósfera mortífera, se convirtió en el canto de la muerte para todo el que intentaba huir.
Nian Chaoxi presenció incluso cómo un cultivador, en su afán por escapar, se perforó la fuerza de los oídos para anular el sonido. Con sangre brotándole a borbotones de ambas orejas, intentó emprender la fuga, solo para ser interceptado en una esquina por una joven que sostenía una pipa, quien le asestó un golpe seco directamente en la frente con el instrumento.
La pipa parecía pesar mil jin; el impacto fue de tal magnitud que el hombre no alcanzó a emitir un solo quejido antes de poner los ojos en blanco y caer desmayado.
Sosteniendo su instrumento, la joven exclamó con una sonrisa helada:
—¿Creías que ibas a escapar? ¡¿Acaso piensas que los cultivadores de sonido solo sabemos tocar música?! El hermano mayor lo dijo bien: un cultivador de sonido que no sabe blandir un mazo no es un buen cultivador. ¡Mi pipa es mucho más dura que tu cabeza!
Nian Chaoxi contempló al cultivador que yacía en el suelo sangrando de la cabeza y, de forma involuntaria, sintió un ligero escalofrío en el cuero cabelludo.
Extendió la mano para tocarse el cabello disimuladamente.
'Perfecto, todo intacto y seguro'
Dejó escapar un suspiro de alivio sin darse cuenta, pensando para sus adentros que, si en el futuro volvía a comprarle bambú a la Secta Wuyin, tendría que pagarles un precio más elevado.
No era por miedo a su peculiar método de emplear las herramientas musicales como mazos, sino simplemente porque consideraba que su intervención había sido sumamente leal.
Sí, exacto, solo por eso.
Aparte de ellos, el resto de los presentes, tras salir de su asombro, optó unánimemente por sumarse a la ofensiva.
Nadie se atrevía a apostar si los traidores serían capaces de quemar todas sus naves; más aún cuando Nian Chaoxi, de forma abierta e incuestionable, había atado a todos los cultivadores a la misma embarcación. Viendo a los demás actuar, permanecer de brazos cruzados no era una opción.
Constituía una estratagema abierta e impecable, cuya magnitud helaba la sangre de cualquiera.
Un conflicto que a ojos de todos se perfilaba sumamente intrincado había sido resuelto por Nian Chaoxi mediante un método en apariencia directo y contundente.
Aunque, en realidad, no podía calificarse de simple o abrupto.
Pues este movimiento, que a ellos les parecía fluir con una facilidad pasmosa, había comenzado a urdirse tres meses atrás.
Tres meses atrás, cuando nadie en el mundo del cultivo sospechaba aún quiénes habían actuado en complicidad con la Montaña Quya.
Semejante carácter y determinación no podían sino infundir un profundo respeto.
Con la totalidad del salón volcada en la ofensiva, la resistencia de los traidores quedó reducida a una lucha inútil.
Una contienda que debió desencadenar un baño de sangre se disipó casi por completo antes de estallar con violencia.
Debido a la abrumadora cantidad de cultivadores que atacaron en simultáneo, las bajas entre los suyos fueron prácticamente nulas; los únicos heridos apenas registraban rasguños superficiales.
El balance resultaba infinitamente menor que si Nian Chaoxi hubiera optado por mantener el secreto para abatirlos uno a uno con el tiempo.
Con todos los implicados del registro reducidos y bajo control, Nian Chaoxi, permaneciendo en la plataforma elevada, dejó escapar finalmente un suspiro de alivio.
Fue solo en ese instante cuando cayó en la cuenta de que, desde el inicio del combate, apenas se había atrevido a respirar. Solo ahora sentía que la enorme piedra que pesaba sobre su pecho por fin se asentaba.
Nian Chaoxi no pudo evitar esbozar una sonrisa amarga.
Al fin y al cabo, por más perfecto que fuera un plan sobre el papel, no dejaba de ser teoría; antes de que el último detalle llegara a su fin, ¿quién podía prever qué imprevisto podría arruinarlo todo?
Por fortuna, el plan tuvo éxito.
En algún momento indeterminado, Yan Weixing había hecho su aparición en la plataforma elevada. Tomó la mano de Nian Chaoxi de forma discreta, ella respondió a su apretón con firmeza.
Luego, la joven respiró hondo, se puso de pie y declaró con voz calmada:
—Puesto que los señalados en la lista se encuentran aquí presentes, primero sellaremos sus meridianos para encarcelarlos en la Ciudad Yuejian. Respecto a la manera en que serán juzgados, lo dejo a discusión de todos ustedes, ¿les parece bien?
La multitud no puso objeción alguna.
Nian Chaoxi ordenó de inmediato que se llevaran a los prisioneros.
Sin embargo, justo en ese instante, una voz resonó con fuerza desde el público:
—¡Tengo una duda que no comprendo! ¡Le ruego a la pequeña señora de la ciudad que me la aclare!
Nian Chaoxi hizo una pausa y dirigió la mirada hacia la procedencia del sonido.
Un hombre joven yacía sometido contra el suelo. Los efectivos del Ejército de Caballería Yan que lo sujetaban no le mostraban clemencia alguna; pese a su aspecto desaliñado y acorralado, alzó la cabeza para fijar la vista en ella.
Nian Chaoxi respondió con indiferencia:
—Habla.
El sujeto cuestionó sin miramientos:
—Si nosotros somos culpables de algún delito, ¿acaso la pequeña señora de la ciudad no carga con la misma culpa?
Nian Chaoxi arqueó una ceja:
—¿Qué culpa tengo yo?
El hombre soltó una risa sarcástica:
—¡Qué gran hija del Dios de la Guerra resultaste ser! Nosotros solo intercambiamos algo de vitalidad para elevar nuestro nivel de cultivo, a los ojos de la pequeña señora de la ciudad eso constituye un pecado imperdonable. En cambio, tú resucitaste de entre los muertos a saber mediante qué artes oscuras, ¡y ahora te atreves a acusarnos con una fachada de absoluta pureza!
Apenas pronunciadas sus palabras, alguien lo reprendió al instante:
—¡Absurdas tonterías!
Ignorando la reprimenda, el hombre continuó con frialdad:
—Ese cuento chino de la protección del Dao Celestial y la reencarnación del alma servirá para engañar a otros, pero yo conozco la verdad. Aun si tu alma no se extinguió, para resucitar necesitabas un cuerpo, para moldear un cuerpo se requiere una cantidad inmensa de vitalidad. ¿Quién sabe cuánta fuerza vital consumiste para volver a la vida? Consideras que traicionamos a los capturados en la Montaña Quya, ¡¿pero acaso tú puedes mirar de frente a los inocentes?!
Sin esperar a que los demás lo increparan de nuevo, Nian Chaoxi asintió levemente y declaró:
—En efecto, yo he defraudado a alguien.
Todos creyeron que estaba admitiendo su culpa, lo que provocó una ola de conmoción entre la multitud, mientras una sonrisa triunfante se dibujaba en el rostro del prisionero.
Nian Chaoxi conservó la serenidad y, bajo la convergencia de miradas de diversa índole, continuó con lentitud:
—Sin embargo, la persona a la que he defraudado es solo una.
Yan Weixing le apretó la mano con vehemencia.
Aparentando no notarlo, Nian Chaoxi prosiguió con tranquilidad:
—Existe cierto hombre que moldeó mi cuerpo con su propia carne y hueso, me otorgó su propia fuerza vital a costa de entregarme la mitad de su corazón. Reconozco que en mi vida jamás le dispensé un gran favor, aun así él actuó de tal modo por mí. Frente al resto del mundo, puedo decir que no le debo nada a nadie; pero a él, únicamente a él, le he quedado a deber más de lo que podré pagar jamás.
Yan Weixing la jaló hacia sí de forma repentina, pronunciando con voz ahogada por el dolor:
—Xixi, no quiero que sientas que me debes nada, ni tampoco quiero que... por pura culpa te sientas obligada a...
Las palabras parecieron atascársele en la garganta, incapaz de continuar.
Al escucharlo expresarse así, entendió que él interpretaba sus palabras como una imposibilidad de rechazarlo por mero remordimiento.
Nian Chaoxi le devolvió el apretón con delicadeza y continuó:
—A lo largo de mi vida, yo, Nian Chaoxi, jamás me he quedado con una deuda de gratitud. De haber sido cualquier otra persona, le habría pagado sin importar el precio, incluso devolviendo esa mitad de corazón habría exigido un ajuste de cuentas para quedar a mano.
Sintió cómo el cuerpo de él se tensaba en exceso, cual cuerda a punto de romperse.
Con una sonrisa en las comisuras de los labios, la joven añadió:
—Pero tratándose de esta persona, ante semejante deuda inmensa, no me queda más remedio que seguir adeudándosela. Pues no me resigno a cortar lazos con él. No solo mantendré esta deuda, sino que es muy probable que siga acumulando más en el futuro. Lo único que puedo ofrecerle para el resto de mis días es caminar a su lado. Señor Yan, ¿me permitirás seguir debiéndote?
Giró la cabeza para fijar la mirada en Yan Weixing.
Sin articular palabra alguna, Yan Weixing alzó los brazos y la envolvió en un abrazo profundo.
Tras un instante de estupor colectivo en la parte inferior de la plataforma, estalló una ovación estruendosa, repleta de vítores por parte de los jóvenes presentes.
Por su parte, los mayores más sobrios no pudieron evitar poner una cara de profunda incomodidad ante la escena.
Lo que prometía ser un violento intercambio de acusaciones había tomado un rumbo del todo imprevisto...
*¡Cielos! ¿Abrazarse en público de esa manera? ¡Qué falta de decoro!*
*¿Acaso esto era a lo que los jóvenes llamaban "presumir el afecto"? ¡La pequeña señora de la ciudad había actuado hoy de forma sumamente poco seria!*
El hombre que había iniciado el interrogatorio observaba la escena completamente perplejo, incapaz de entender cómo un diálogo cargado de intenciones mortales se había transformado de pronto en una muestra pública de afecto.
Alguien, incapaz de seguir tolerando su torpeza, le hizo una seña con la mirada a los efectivos del Ejército de Caballería Yan para que se lo llevaran.
Comprendiendo la orden de inmediato, los soldados le amordazaron la boca y lo arrastraron fuera del recinto.
En la plataforma elevada, Nian Chaoxi le murmuró en voz baja a Yan Weixing:
—Se están burlando de mí.
—Quiero ver quién se atreve a burlarse de ti.
Nian Chaoxi reflexionó un segundo y añadió:
—El tío te está mirando desde atrás.
En ese instante, Yan Weixing, el hombre que no le temía ni a la tierra ni al cielo, se quedó completamente rígido.
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