La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 114
Traduccion: Asure
El lapso de medio mes transcurrió a una velocidad indefinible: ni demasiado rápido ni demasiado lento.
A decir verdad, Nian Chaoxi sintió que apenas comenzaba a tomarle el gusto a acariciar el pelaje de Huahua cuando el plazo de quince días ya rozaba su término.
Durante ese intervalo, intentó cultivar bambú a gran escala en las montañas situadas tras la Ciudad Yuejian para alimentar a la pequeña criatura.
No obstante, quizás debido a las diferencias entre especies de la planta, Huahua devoraba con deleite el bambú que ella había traído del Sector Wuyin, pero rehusaba probar un solo brote de la variedad local de Yuejian.
Nian Chaoxi procuró trasplantar los ejemplares de Wuyin a suelo local, solo para comprobar que las cepas no lograban echar raíces ni prosperar.
Fue así como el abastecimiento del pequeño panda atravesó una verdadera crisis.
Sin perder un instante, Nian Chaoxi empleó un jade de transmisión para comunicarse de emergencia con la Secta Wuyin y, en menos de media hora, concretó un acuerdo comercial de suministro continuo de cañas y brotes de bambú a largo plazo.
De este modo, la Secta Wuyin obtuvo una nueva vía de ingresos gracias a la planta.
Cuando la cúpula de Wuyin recibió el mensaje urgente de Nian Chaoxi, llegaron a temer que un acontecimiento de extrema gravedad hubiese tenido lugar.
Después de todo, durante el periodo en que Nian Chaoxi permaneció a puerta cerrada recuperando sus fuerzas, el mundo del cultivo estuvo lejos de gozar de verdadera paz.
Tres meses resultaron un tiempo más que suficiente para que las secuelas del incidente de la Montaña Quya maduraran por completo. Especialmente luego de que la verdad tras el supuesto Diagrama de Dios de la Guerra fuera revelada directamente por la propia Nian Chaoxi, el mundo del cultivo quedó sumido primero en un silencio sepulcral, tras el cual las diversas sectas y linajes que habían rivalizado entre sí por el escrito comprendieron la farsa, cayendo en cuenta de que todos habían sido burlados.
Si alguien aspiraba a sumir en el caos al mundo del cultivo, jamás habría bastado con el concurso de unas cuantas facciones menores o un par de cultivadores independientes; de ahí que las grandes sectas se convirtieran en blancos predilectos, siendo manipuladas para destruirse entre sí. Salvo los sectores monásticos budistas, sujetos a estrictos preceptos de conducta, casi la totalidad de las grandes entidades terminaron involucradas en mayor o menor grado.
Por ende, constituían la facción que había sufrido las pérdidas más severas.
A lo largo de ese medio mes, sectas que guardaban severas rencillas públicas o encubiertas terminaron por unir fuerzas en una alianza sin precedentes, jurando desentrañar la identidad de todos aquellos que hubiesen enturbiado las aguas.
Aunque era cierto que Nian Chaoxi había prometido ofrecer una explicación clara a quienes acudieran con cartas de audiencia a Yuejian al término de los quince días, la mayoría ya intuía que el asunto guardaba una estrecha relación con Zong Shu, quien permanecía cautivo en la ciudad.
De lo contrario, siendo el caso que la pequeña señora de la ciudad demostraba un desdén tal hacia su ex prometido que prefería dejarlo a su suerte sin pedirle cuentas, ¿por qué razón Zong Shu continuaba encarcelado hasta la fecha?
Zong Shu se había convertido en un sanador de prominencia regional, del cual dependía, según se decía, la vida misma de un soberano local. Dicho soberano había acudido repetidas veces a exigir su liberación, apelando a presiones y amenazas, pero la pequeña señora de la ciudad rehusó de forma tajante entregarlo.
Incluso llegó a proclamar abiertamente que, aun si ella estuviese dispuesta a liberarlo hoy, al cabo de medio mes todo el mundo del cultivo se opondría a ello.
Expresadas en semejante coyuntura, aquellas palabras permitieron a los observadores más perspicaces vislumbrar el nexo entre Zong Shu y la conspiración por el diagrama.
Sin embargo, el asunto difícilmente se limitaba a su persona.
Múltiples sectas coincidían con el criterio de Nian Chaoxi: juzgaban que una sola persona como Zong Shu no habría poseído el alcance necesario para desatar semejante agitación a partir de un pretexto inexistente.
En las sombras del mundo del cultivo debían existir otros individuos que, al igual que él, hubiesen pactado con la Montaña Quya.
Nian Chaoxi ansiaba desenmascararlos, pero los clanes afectados deseaban dar con ellos con una premura aún mayor.
Pretendían capturarlos antes de que la propia Nian Chaoxi lo consiguiera.
De lo contrario, tras haber encajado la pérdida, permitir que la pequeña señora de la ciudad resolviera el asunto por su cuenta implicaría una deshonra absoluta tanto en la sustancia como en las apariencias.
De allí surgió el insólito espectáculo de grandes sectas históricamente antagónicas colaborando codo a codo.
Durante este intervalo, bajo una aparente calma, corrían corrientes subterráneas en todo el mundo del cultivo, induciendo a la mayoría a limitar sus desplazamientos al mínimo.
Cuando Nian Chaoxi contactó a la Secta Wuyin en un momento tan delicado, sus líderes casi supusieron que la situación general había dado un nuevo giro.
Fue entonces cuando el soberano de la secta escuchó a aquella figura que había sacudido el panorama del mundo del cultivo decir con tono grave:
—El bambú de la Ciudad Yuejian no es del agrado de Huahua. Quería solicitarles que, al momento de viajar a la ciudad, traigan consigo un cargamento de bambú. Estoy dispuesta a establecer una compra periódica a partir de hoy.
—.........
Frente a la primera aseveración no halló palabras para replicar, mas ante la segunda, la turbación dio paso a un entusiasmo indescriptible.
Cualquier consideración respecto a la situación del mundo se desvaneció de su mente, cediendo todo el espacio a la frase «compra periódica».
—¡Aceptamos, por supuesto! ¡No hay problema alguno!
respondió en una sucesión presurosa de asentimientos.
Tratándose de transportar bambú, mientras las piedras espirituales fuesen provistas, no tendría reparo ni en enviar a su propio discípulo principal como servidor.
La Secta Wuyin quedó plenamente satisfecha con el nuevo ingreso, Nian Chaoxi, tras asegurar el sustento de Huahua, experimentó igual complacencia.
Al dar por terminada la comunicación mediante el jade, notó que el Señor Yan la observaba con suma gravedad, fijando la vista en el pequeño panda que ella sostenía en brazos. Al instante siguiente, él extendió la mano, tomó a Huahua por la nuca y lo sopesó en el aire.
El brote de bambú que el animal sostenía cayó al suelo con un chasquido. La criatura permaneció perpleja un segundo antes de comenzar a patalear emitiendo gemidos agudos.
Tras evaluar la carga durante un momento, Yan Weixing murmuró pensativo:
—En solo medio mes ha ganado bastante peso. Xixi, ¿qué clase de alimento le has estado dando?
Al contemplar la figura cada vez más redondeada del pequeño animal, Nian Chaoxi sintió un instante de culpabilidad, pero al punto replicó en voz alta:
—¿A qué viene eso de qué le he dado de comer? ¡Huahua simplemente está creciendo, es del todo natural que aumente de peso!
Yan Weixing observó al regordete animal un par de segundos más y, sin emitir objeción, pareció darse por convencido.
Depositó a Huahua de vuelta en su sitio y, con total naturalidad, cuestionó:
—Ha oscurecido y la hora es avanzada. ¿Podría ocupar esta noche una de las habitaciones desocupadas en tu patio?
La mano con la que Nian Chaoxi acariciaba al animal se detuvo en seco.
A continuación, entrecerró los ojos y replicó:
—Señor Yan, su patio y el mío están separados apenas por un muro. Le basta con salir, girar a la derecha y dar un par de pasos para llegar al suyo; esa razón no me resulta válida.
Yan Weixing rectificó sus palabras con entera soltura:
—Está bien, la verdad es que solo deseaba estar más cerca de ti.
Al escuchar la respuesta, Nian Chaoxi dejó escapar una breve risa.
—No es posible.
contestó con un tono inusualmente suave.
—Mañana es la fecha fijada para convocar a los grandes clanes. Mi tío vendrá sin falta a buscarme muy temprano; si te descubre aquí, estarás perdido.
Yan Weixing no mostró pesadumbre alguna ante la negativa, pero ello no le impidió intentar avanzar un paso más.
Preguntó con voz grave y pausada:
—¿Podemos repetir el beso, entonces?
Nian Chaoxi fingió no haber oído la sugerencia, mas cuando él se aproximó, no hizo el menor ademán de apartarlo.
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Tras la partida de Yan Weixing, la noche terminó de asentarse en el horizonte.
Estando prevista la recepción de las sectas para la jornada siguiente, la intención de Nian Chaoxi era descansar adecuadamente; sin embargo, justo antes de conciliar el sueño, el Ejército de Caballería Yan le comunicó una novedad imprevista:
—Una fracción de las fuerzas de Shen Tui se amotinó anoche. Los subordinados que le guardan lealtad están custodiando su huida y, en este momento, envían peticiones de auxilio hacia la Ciudad Yuejian.
Nian Chaoxi se incorporó de golpe en la cama:
—¿Un amotinamiento?
El portavoz de la caballería explicó de forma concisa:
—Ha perdido el control sobre sus huestes.
Nian Chaoxi permaneció perpleja un segundo antes de comprender la situación por completo.
Ciertamente, tras múltiples adversidades, la salud física de Shen Tui se había desmoronado desde hacía tiempo, entre los hombres reclutados por aquel ambicioso personaje no faltaban individuos movidos por el mismo afán de poder.
Mientras conservara la capacidad de someterlos, no habría inconveniente; pero una vez perdida esa autoridad, la reacción en cadena terminaría por consumirlo a él mismo.
Nian Chaoxi frunció el ceño con lentitud y preguntó:
—La solicitud de auxilio a la ciudad, ¿fue realizada por iniciativa del propio Shen Tui?
El soldado negó con la cabeza:
—Corresponde a uno de sus colaboradores. Según las averiguaciones de nuestras tropas, el propio Shen Tui parece ignorar el hecho; se trata de una acción arbitraria de su subordinado.
Nian Chaoxi dejó escapar una leve risa despectiva.
—No presten atención a ese asunto. Por lo demás, mantengan cierta vigilancia estos días: si sus antiguos subordinados rebeldes se aproximan a la Ciudad Yuejian a indagar, rechácenlos a todos sin excepción.
—¡Entendido!
acató de inmediato el miembro de la caballería.
Aquel evento se asemejó a un mero episodio irrelevante; tras la retirada del mensajero, Nian Chaoxi realizó sus preparativos habituales y se dispuso a descansar.
No obstante, antes de cerrar los ojos, soltó una pequeña risa.
Recordó de pronto que, durante su juventud, el anhelo más ferviente de Shen Tui era destacar sobre los demás, motivo por el cual no dudó en acercarse a ella a toda costa.
Cuando se presentó ante Nian Chaoxi en aquel entonces, no poseía absolutamente nada.
Y en la actualidad, tal como en sus inicios, terminaba por quedarse exactamente sin nada.
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Apenas Yan Weixing salió del patio de Nian Chaoxi, sus pasos se detuvieron momentáneamente.
Acto seguido, desatrancó el cerrojo como si nada ocurriera y se adentró en su propio recinto.
Una vez plantado en el centro del patio, rompió el silencio:
—¿Acaso el Señor de la Ciudad Mu no piensa dar la cara?
Reinó una calma absoluta.
Transcurridos unos instantes, una figura emergió paulatinamente de entre las sombras de la noche.
Aquella silueta lucía extremadamente demacrada; bajo la luz de la luna, Yan Weixing pudo distinguir además un par de ojos teñidos casi por completo de un matiz sanguinolento.
Yan Weixing frunció el ceño con parsimonia y declaró con tono sereno:
—Que el Señor de la Ciudad Mu no busque un sitio apartado para recluirse a combatir a sus demonios internos y prefiera venir a acechar a las afueras de la residencia de mi prometida, dista mucho de ser la conducta propia de un caballero.
Al escuchar estas palabras, Mu Yunzhi emitió una breve risa helada.
Él declaró con pausa:
—Yo también desearía dar con un sitio seguro y libre de impurezas, precisamente por ello he venido a la Ciudad Yuejian.
No es que no hubiera intentado salvarse a sí mismo.
Los recuerdos trazados en la ilusión se entrelazaban con los de la realidad, al punto que por momentos perdía la noción de lo auténtico.
A ratos, se percibía como aquel Mu Yunzhi del mundo ilusorio: Xixi había perecido a temprana edad, la Ciudad Yuejian había sucumbido y él, al cabo de muchos años, alcanzaba el pináculo de la fama y el poder.
En cada uno de esos lapsos, la escena de Xixi siendo devorada por diez mil demonios se proyectaba ante sus ojos.
Durante esos trances, el odio lo carcomía por entero: odiaba a la fiera que arrebató la vida de Xixi y detestaba su propia ignorancia de aquel tiempo.
La mentativa de aquel Mu Yunzhi ilusorio tomaba el control por momentos, marcando una brecha paulatina entre su ser y aquella sombra.
Solo él comprendía la magnitud de su apego por Xixi; sin embargo, al mismo tiempo, la actitud de aquel otro ser —quien, aun tras descubrir la causa de la muerte de la joven, guardó silencio dejando espacio a las conjeturas de todos— lo interpelaba sin cesar: *¿Acaso verdaderamente te importaba de esa manera?*
En sus breves instantes de lucidez, llegaba a formular hipótesis: si en la realidad Xixi hubiese muerto de ese modo, ¿qué conducta habría tomado él?
Recordaba la indiferencia y el mutismo de aquél Mu Yunzhi en la ilusión y, de inmediato, un estremecimiento helado le recorría el cuerpo.
Pues en lo más profundo presentía que esa era, con toda certeza, la reacción que él mismo habría tenido.
Con el paso del tiempo, aquel Mu Yunzhi de la ilusión acabó convirtiéndose en su demonio interno.
Sumido en un estado de sopor y confusión, comprendió que no podía continuar por ese camino.
Necesitaba hallar un recinto para recluirse a combatir su demonio interno.
Ese espacio debía ofrecer una seguridad absoluta y ser digno de entera confianza.
De modo que, cuando recobró la conciencia una vez más, se descubrió a las puertas de la Ciudad Yuejian.
Para él, el único rincón verdaderamente merecedor de fe era este lugar.
Se juzgó a sí mismo ridículo.
Y precisamente la persona frente a él parecía compartir esa misma percepción sobre su ridiculez.
Aquel hombre dio muestras de ligera indignación y alzó la mano apenas un tramo.
Mu Yunzhi lo contempló y, de pronto, articuló:
—Durante mi juventud, me parece haberme cruzado contigo en una ocasión.
La mano de Yan Weixing se detuvo en el aire, permitiendo que la memoria de Mu Yunzhi cobrara mayor nitidez.
Ocurrió poco después de que su tío concertara el compromiso nupcial de Xixi: él debía realizar un viaje al hogar del prometido de la joven y pidió que ella lo acompañara.
Xixi continuaba molesta y rehusó ir con él.
Por razones que ni él mismo comprendía del todo, Mu Yunzhi solicitó acompañar a su tío de manera voluntaria.
No obstante, en aquella visita no llegó a ver al prometido de Xixi, pues se decía que permanecía en aislamiento de cultivo.
Únicamente al momento de la partida, cuando la espada voladora de su tío ya se había distanciado considerablemente del lugar, Mu Yunzhi volvió la vista atrás y alcanzó a divisar a un joven que corría presuroso hacia el patio principal.
Aquel muchacho miraba a su alrededor, pasando de una expresión rebosante de ilusión a un gesto de absoluta decepción.
Por alguna razón, Mu Yunzhi intuyó que se trataba de la persona comprometida con Xixi, su prometido.
En aquel instante, no supo discernir qué sentimientos albergaba en su pecho.
Exactamente igual a lo que experimentaba hoy al contemplar a ese hombre permanecer con total legitimidad al lado de Xixi, sin que él tuviera derecho a pronunciar palabra alguna.
Con una sonrisa amarga, murmuró:
—Sin embargo, más tarde... la persona que más tiempo permaneció a su lado fui yo, ¡fui yo...!
Yan Weixing escuchó la aseveración sin alteración alguna en el rostro. De pronto, lo sujetó con firmeza del cuello y, con un movimiento ágil cual águila, se distanció de la Ciudad Yuejian.
En las afueras de la ciudad, Yan Weixing arrojó con violencia a Mu Yunzhi contra el suelo; la intención asesina en su mirada resultaba de un realismo estremecedor.
No obstante, contuvo su aura con prontitud y dejó escapar una leve risa fría:
—Xixi no desea que manche mis manos de sangre; debo acatar sus deseos.
Se encluetó frente a él, mostrando una sonrisa gélida:
—El día en que celebremos la ceremonia de unión con Xixi, confío en que conserves la misma lucidez de hoy y no te dejes dominar por tu demonio interno.
—Al fin y al cabo, necesitas presenciar con tus propios ojos cómo Xixi y yo formulamos los votos ante el Dao Celestial y encomendamos el resto de nuestras vidas el uno al otro; solo así lograrás resignarte por completo, ¿no es así?
En ese preciso instante, la visión de Mu Yunzhi quedó cegada por una bruma sanguinolenta.
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