La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 113
Traduccion: Asure
Al día siguiente de su regreso a la Ciudad Yuejian, Nian Chaoxi se dirigió a la Abismo Kun Long.
Esta podría ser la última vez en su vida que pusiera un pie en este lugar.
La acompañaba únicamente Yan Weixing; no permitió que nadie más los siguiera.
Había venido aquí incontables veces, en cada ocasión el propósito había sido sellar a la feroz serpiente demoníaca; solo que esta vez venía a recoger su cadáver.
Pensar en ello resultaba gratificante.
Al descender al Abismo Kun Long, la primera sensación de Nian Chaoxi fue que, en verdad, todo había cambiado.
En tiempos pasados, debido a que la serpiente demoníaca permanecía apresada aquí, su presencia ejercía una fuerza disuasoria sobre las demás criaturas, de modo que en varios li a la redonda del abismo apenas existía actividad de seres vivos aparte de los humanos.
Y esto considerando únicamente el impacto de su presencia estando bajo el sello.
Por no hablar de que el aliento de la bestia estaba contaminado de energía demoníaca, lo que convertía al Abismo Kun Long en el único rincón del mundo del cultivo humano donde la energía demoníaca desbordaba por doquier, dejando la tierra estéril.
Sin embargo, su padre le contó una vez que, antes de que él encerrara a la bestia en este lugar, esto era en realidad un valle de flores que florecía intensamente durante las cuatro estaciones del año sin marchitarse jamás.
La noche en que su padre aplastó a la serpiente demoníaca contra el suelo de este lugar, el valle de flores se transformó en un abismo, la vegetación superviviente se seco en una sola noche.
No obstante, hoy, apenas puso un pie en el abismo, divisó entre las grietas de las rocas desoladas el brote de un pequeño y tierno tallo verde.
Nian Chaoxi pudo identificar que se trataba de los primeros brotes de cierta clase de flor.
Jamás imaginó que, tras el paso de varios siglos, volverían a brotar flores en este sitio, lo que la llevó de forma instintiva a dar un par de pasos hacia adelante.
Ese movimiento asustó a un conejo silvestre gris que se ocultaba tras las rocas; el animal saltó de pronto y echó a correr a toda prisa hasta perderse a lo lejos.
Nian Chaoxi se quedó perpleja un instante, contemplando la dirección en que había huido la criatura.
Luego se incorporó y respiró hondo con fuerza.
Solo entonces cayó en la cuenta de que aquel aire turbio de sus recuerdos ahora se sentía puro y fresco.
Era algo realmente reconfortante.
Jamás creyó que vería el día en que el Abismo Kun Long recuperara semejante serenidad.
Incluso no pudo evitar pensar que, al cabo de unos siglos más, tal vez tendría la suerte de presenciar el aspecto de aquel valle de flores de las cuatro estaciones del que hablaba su padre.
A su lado, Yan Weixing la seguía a corta distancia. Al verla quedarse contemplando fijamente la dirección del conejo, cayó en reflexiones internas.
Aquel día en que él eligió especialmente un conejo de pelaje completamente blanco, ella no le prestó la menor atención... ¿qué podía tener de interesante un conejo de pelaje grisáceo y ordinario?
¿Acaso Xixi tenía ganas de comer carne de conejo?
En ese instante, Nian Chaoxi lo llamó de pronto:
—Lord Yan.
Yan Weixing volvió en sí.
Nian Chaoxi le ladeó la cabeza con una leve sonrisa:
—En marcha.
Yan Weixing dejó de lado todo pensamiento en un segundo.
Ambos continuaron adentrándose en las profundidades.
La energía turbia en el exterior del abismo se había disipado, pero a medida que se adentraban, el ambiente se volvía cada vez más denso, hasta que al llegar al borde del precipicio donde la serpiente permaneció cautiva, la pesadez del aire trajo de vuelta a Nian Chaoxi la conocida sensación de estar frente a la bestia.
Aquella turbidez estaba impregnada incluso de un atisbo de aura de muerte.
Nian Chaoxi dirigió la mirada hacia el fondo y vio el gigantesco cuerpo de la serpiente yaciendo en absoluto silencio en el lecho del cañón; esa densa energía pesada y mortal emanaba directamente de sus restos.
Considerando el tiempo que Nian Chaoxi llevaba de regreso, la serpiente demoníaca llevaba muerta más de dos meses, pero la energía demoníaca aún no se había dispersado del todo.
Nian Chaoxi fijó la vista para contemplar con detenimiento los restos de la enorme criatura.
A pesar de haber muerto hace más de dos meses, su cuerpo físico no mostraba descomposición alguna y sus escamas se mantenían intactas, tal como cuando aún respiraba.
Sin embargo, si realmente estuviera con vida, jamás habría guardado semejante silencio.
Nian Chaoxi lo recordaba con absoluta claridad: rememoraba cada una de las ocasiones en que tuvo que sellar a la feroz serpiente.
Al poner un pie en el Abismo Kun Long, lo primero que solía retumbar en el aire era el pesado aliento de la bestia.
En mayor o menor medida, los seres humanos albergan un temor instintivo hacia las criaturas colosales; cada vez que escuchaba esa respiración atronadora, Nian Chaoxi no podía evitar contemplar cuán gigantesco era aquel monstruo. Y su inmensidad no constituía únicamente un motivo de intimidación física: esa criatura poseía un poder de combate aterrador, plenamente a la altura de su enorme tamaño.
La primera vez que selló a la serpiente ni siquiera había alcanzado el siglo de vida. Su padre acababa de fallecer, pero no tuvo la oportunidad de guardar el duelo por su partida durante mucho tiempo, pues la bestia intentó romper el sello aprovechando el deceso del Dios de la Guerra.
Ella era la única heredera del sello de linaje de sangre.
Por lo tanto, resultaba natural que tuviera que asumir sobre sus hombros la responsabilidad de renovar la prisión.
Nadie se preguntó si ella estaría a la altura del desafío, porque simplemente debía estarlo.
Tampoco nadie le preguntó si sentía miedo, pues tener miedo o no era algo que no quedaba bajo su elección.
En aquel entonces, Nian Chaoxi era perfectamente consciente de su situación: si lograba completar el sello, se consideraría únicamente el deber que le correspondía como hija del Dios de la Guerra; pero si fracasaba, se convertiría en una pecadora para la eternidad.
Por ello, la noche anterior a adentrarse en el Abismo Kun Long, ya lo había meditado a fondo: si tenía éxito, todo estaría bien; si fracasaba, lo más probable era que pereciera allí mismo.
O lo lograba, o moría.
¿Acaso sintió miedo en aquel momento?
Jamás se lo confesó a nadie, pero en realidad, la primera vez que se dispuso a sellar a la serpiente, sentía pánico.
El temor era tal que no podía conciliar el sueño por las noches.
Así pues, se levantó y fue a buscar a Mu Yunzhi, deseando compartir el temor de su corazón con su prometido.
En aquel tiempo, para ella, aquel hombre que llevaba el título de su prometido era la única persona en la que podía apoyarse mutuamente tras la muerte de su padre.
Sentía miedo, pero jamás consideró la idea de huir del deber; simplemente deseaba desahogarse con alguien.
Cuando llegó al estudio de Mu Yunzhi, coincidió con el momento en que Wu Yan salía de allí.
Llevaba los ojos completamente enrojecidos.
Le ofreció una reverencia y se retiró en absoluto silencio.
Nian Chaoxi se quedó perpleja un instante antes de empujar la puerta e ingresar, encontrando a Mu Yunzhi presionándose el entrecejo con gesto de profundo agotamiento.
Al verla entrar, él le dijo:
—A-Yan echa de menos a su tío; lleva varios días llorando sin parar y no he logrado consolarla. Xixi, cuando regreses del Abismo Kun Long, habla un momento con ella; al fin y al cabo, son como hermanas.
Nian Chaoxi lo contempló fijamente durante unos instantes en aquel momento y le preguntó con total serenidad:
—¿Es que acaso yo no sufro?
—Mi padre ha partido, ¿y qué relación tiene eso con ella? A mí nadie me consuela, ¿por qué habría de consolarla yo a ella?
Esa discusión terminó en una fuerte pelea entre ellos y, como era de esperarse, Nian Chaoxi jamás llegó a confiarle lo asustada que se sentía.
¿De qué serviría manifestarle sus miedos a una persona que daba por sentado que ella no tenía derecho a sentir temor? Solo habría conseguido convertirse en motivo de burla.
Por esa razón, la memoria de aquella primera vez retenía un nivel de nitidez excepcional para Nian Chaoxi.
El sonido estruendoso de esa respiración al descender al precipicio, los sacudiones de la tierra cuando la fiera intentaba librarse del sello, la estrechez de su propia figura comparada con semejante inmensidad y la opresión continua del terror a la muerte sobre su pecho...
Eran sensaciones que, hasta el día de hoy, no lograba borrar.
—Xixi, ¿qué edad tenías la primera vez que sellaste a la serpiente demoníaca?
Nian Chaoxi demoró unos segundos en reaccionar antes de contestar:
—Iba por los sesenta y tantos años, ¿por qué?
Yan Weixing la contempló fijamente y, sin previo aviso, extendió los brazos para envolverla en un estrecho abrazo.
Si fuera en otra ocasión, una audacia semejante habría provocado el enojo de Nian Chaoxi.
Sin embargo, esta vez, por alguna razón que no lograba comprender, sintió una profunda pesadumbre en la actitud de él.
Así que le preguntó con gentileza:
—¿Ocurre algo?
La voz de Yan Weixing resonó suave y profunda muy cerca de sus oídos:
—Perdóname por no haber estado allí para ti en ese momento.
Nian Chaoxi estuvo a punto de responder que no había razón para disculparse, pues no era su culpa en absoluto, pero antes de articular palabra lo escuchó decir:
—Debiste sentir un miedo terrible en esa oportunidad, ¿verdad?
La joven se quedó paralizada en su lugar.
Quería argumentar con altivez cómo iba a sentir miedo una figura como la pequeña Diosa de la Guerra.
Pero las palabras se le atascaron por completo en la garganta.
De la nada, una ola de vulnerabilidad largo tiempo postergada afloró desde lo más profundo de su ser.
Una fragilidad con años de retraso que al fin hallaba un oído dispuesto a escucharla.
*¿Por qué no iba a sentir miedo?*
*¿Con qué derecho esperaban todos que no experimentara temor?*
Tras guardar silencio durante un momento, susurró con voz casi imperceptible:
—La primera vez que sellé a esa serpiente, se burló de lo débil que era e incluso estuvo a punto de herirme.
Aquel «estuvo a punto de herirme» significaba en realidad que el sello casi se quiebra y ella casi pierde la vida.
La presión de las manos de Yan Weixing sobre su espalda se intensificó, transmitiéndole sus palabras con firmeza directamente al corazón:
—Por eso mismo ya ha muerto; de ahora en adelante, nadie volverá a hacerte daño.
Nian Chaoxi reflexionó un instante y añadió:
—En realidad sentía pavor, pero con el tiempo dejé de sentirlo.
Yan Weixing exclamó en voz baja y tierna:
—¡Eres maravillosa, Xixi!
Escuchar esas palabras le produjo un reconfortante alivio.
Nadie consideraba que ella pudiera temer a la serpiente, por consiguiente, nadie la felicitaba por haber superado esa prueba.
Todo se asumía como una simple obligación que le correspondía cumplir.
Hoy, por primera vez, alguien reconocía su esfuerzo.
Nian Chaoxi permaneció reclinada un momento sobre el pecho de Yan Weixing antes de separarse con delicadeza.
Consideró que había sido suficiente; el solo hecho de que alguien, tras tantos años, se preocupara por preguntarle si había sentido miedo, resultaba más que bastante.
No obstante, en el momento en que ella intentó incorporarse, Yan Weixing habló de nuevo:
—En el futuro, si hay algo que te cause temor, debes decírmelo.
Nian Chaoxi lo miró confundida:
—¿Eh?
Él extendió la mano para acariciarle suavemente el cabello y explicó con pausa:
—No podré estar a tu lado a cada segundo de la vida y a veces soy torpe para adivinar qué cosas te agradan o te asustan. Por eso debes acordarte de decírmelo; dime qué cosas te causan temor y cuáles disfrutas.
Nian Chaoxi abrió la boca y no pudo evitar preguntar:
—¿Y qué cambiará si te lo digo?
En este mundo, hay muchas cosas que no se pueden evitar simplemente por sentir miedo, ni se obtienen por el solo hecho de desearlas. Al igual que en aquel tiempo: por más pavor que sintiera, no tenía más opción que acudir a sellar a la serpiente demoníaca.
Sin embargo, Yan Weixing respondió:
—Aunque no cambie la situación, al menos podré permanecer a tu lado.
Nian Chaoxi no pronunció palabra.
Pero pensó para sus adentros: No, eso ya es más que suficiente.
En aquellos años, ni siquiera anhelaba que alguien la acompañara; únicamente deseaba encontrar a una persona con quien desahogar el temor que la carcomía.
Yan'er no era una opción: aunque la amaba con sinceridad, de haberle confesado sus miedos, la joven se habría aterrorizado aún más que ella, viviendo en una angustia constante. En ese entonces, Nian Chaoxi representaba el único pilar de Yan'er, por lo que no podía darse el lujo de mostrar debilidad.
Por su parte, Mu Yunzhi asumía de antemano que ella no tenía derecho alguno a sentir miedo.
En este instante, Nian Chaoxi sintió una repentina punzada de arrepentimiento por no haber preguntado el nombre de aquel joven cuando su padre concertó el compromiso con Yan Weixing en el pasado, para haber ido a buscarlo en su momento.
Estaba segura de que, con solo haberlo visto una vez, se habría enamorado de él de inmediato.
Tomó aire profundamente, se incorporó de su abrazo y cambió de tema:
—Bien, ocupémonos de la serpiente demoníaca. Una vez resuelto esto, tengo que volver a cuidar de Huahua.
Yan Weixing accedió dócilmente:
—¿Cómo deseas proceder?
Nian Chaoxi ya tenía una decisión tomada desde hacía tiempo.
—Incinerarla hasta que no quede rastro alguno de sus restos. Es mejor no conservar ni una sola de sus escamas o garras, ¡y esparcir las cenizas resultantes en las corrientes de los grandes ríos!
Era el método de eliminación más definitivo y limpio.
No procedía así por un odio desenfrenado que la llevara a pulverizar sus huesos hasta las cenizas, sino porque, dejando allí intacto el cadáver de una serpiente de poder colosal, Nian Chaoxi no podía prever qué maquinaciones idearía la gente malintencionada con sus restos.
Cada fragmento de una criatura semejante constituía un tesoro codiciado, susceptible de ser explotado para causar grandes desastres.
Nian Chaoxi no deseaba presenciar un nuevo conflicto similar al del Diagrama de Dios de la Guerra, donde todos lucharan encarnizadamente por disputarse un cadáver.
Tampoco estaba dispuesta a pasar más años custodiando los restos de la bestia tras haber dedicado tanto tiempo a vigilar su prisión en vida.
Asimismo, temía que alguien siguiera el ejemplo de Jing Shi e intentara alojar algún alma errante o maligna dentro de ese cuerpo.
El mundo del cultivo ya había afrontado demasiadas agitaciones.
Por lo tanto, reducirlo a cenizas era lo más sensato: un final definitivo para erradicar cualquier problema de raíz.
Ese mismo día, elevadas llamas se alzaron hacia el cielo en el Abismo Kun Long.
El fuego demoníaco procedente del Reino Demoníaco ardió en las profundidades del abismo durante tres días y tres noches seguidas, hasta que finalmente no quedó vestigio alguno del cuerpo de la gran serpiente.
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