LASDLHDAHR 112





La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 112




Traduccion: Asure


Los sentimientos de Qin Zhifeng hacia el padre de Xixi eran sumamente complejos.

En su juventud, gracias a la gracia de haberle salvado la vida, ambos fueron amigos tan cercanos que podían llamarse hermanos. Aunque no lograba comprender de dónde provenía la vocación de aquel hombre por asumir el destino del mundo como una responsabilidad personal, aunque el otro parecía reservarse sus opiniones sobre la búsqueda de retiro y aislamiento de Qin Zhifeng en medio de los tiempos de caos, los caballeros pueden convivir en armonía a pesar de sus diferencias; quizás no existía en este mundo nadie que se apreciara mutuamente más que ellos.

Hasta que aquel hombre se llevó a su hermana menor, hasta que su hermana murió en medio de ese mundo desgarrado por la guerra.

Comenzó a albergar resentimiento: resentía que el otro se hubiera llevado a su hermana en nombre de esa llamada meta idealista de pacificar el mundo, se resentía a sí mismo por haber sido tan inflexible en aquel entonces, pasando tantos años sin haber vuelto la mirada hacia su hermana ni una sola vez.

Incluso comenzó a dar vueltas a innumerables e inútiles «y si...».

Si aquel hombre no se hubiera llevado a su hermana en aquel entonces.

Si él no hubiera tenido un temperamento tan obstinado.

Si cuando su hermana dio a luz, alguno de ellos hubiera estado a su lado.

Pensaba en ello hasta el límite de la locura, llegando a vomitar sangre en la mitad de la noche.

Por ello, ese resentimiento terminó transformándose en odio.

Sin embargo, a medida que aquel hombre expulsaba paso a paso a la raza demoníaca fuera del territorio humano, a medida que el mundo del cultivo entonaba alabanzas unánimes hacia él, pareció que Qin Zhifeng ni siquiera conservaba el derecho a odiarlo.

No podía evitar pensar: 'Eres tan poderoso, salvaste tantas vidas, ¿por qué no pudiste retener la de mi hermana?'

También reflexionaba sobre sí mismo: 'Poseo un gran poder, pero no pude retener ni a mi propia hermana de sangre, ¿de qué me sirvió entonces haber entrenado tanto?'

Ese pensamiento, que bordeaba el deseo de destruirse a sí mismo, lo atormentó durante varios años tras el entierro de su hermana.

Al final, por razones que ni él mismo comprendía del todo, decidió de pronto ir a ver cómo le iba a aquel hombre.

Tras la muerte de su hermana, los informes de sus victorias llegaban uno tras otro, como si no hubiera sido afectado en lo más mínimo por el deceso; él no pudo evitar preguntarse si la persona que su hermana había amado realmente merecía semejante afecto.

Siguió los pasos del ejército de aquel hombre a lo largo del camino, presenciando el fuego incesante de las batallas y campos cubiertos de cadáveres victimados por la hambruna.

Desde la llegada de los tiempos de caos, todo esto era algo a lo que ya estaba acostumbrado, por lo que no lograba conmoverlo.

Pero lo que sí llegó a conmoverlo fue notar que esas personas desesperadas e insensibilizadas parecían albergar un destello de esperanza en momentos que él jamás llegó a presenciar.

Aldeas que antes se dejaban saquear por la raza demoníaca sin la más mínima capacidad de respuesta comenzaron a erigir defensas rudimentarias por iniciativa propia; armados con cuchillos de cocina y hachas, con los ojos enrojecidos por una determinación de arriesgar la vida, cercaban y atacaban a los cultivadores demoníacos de bajo nivel.

Y aquellos cultivadores demoníacos a los que él jamás se molestaría en dirigirles una mirada —pero que representaban una amenaza letal para los humanos comunes— retrocedían paso a paso ante el asedio de estas personas tan débiles como hormigas.

En aquella ocasión, él intervino y acabó con el cultivador demoníaco.

Aquellos mortales, temblorosos pero llenos de una alegría desbordante como si hubieran presenciado la llegada de una deidad, se arrodillaron ante él llamándolo inmortal.

Así pues, él aceptó las reverencias de esa gente y solo le preguntó a un joven que sostenía una espada con bastante temple de dónde había sacado el arma.

La espada era un objeto mortal ordinario, pero tenía un vestigio de energía espiritual que le resultaba familiar, como si hubiera permanecido al lado de aquel hombre.

El joven respondió con el orgullo propio de la juventud que se la había otorgado el Lord Dios de la Guerra, quien les dijo que en el futuro debían aprender a empuñar armas para protegerse a sí mismos, razón por la cual les dejó esa arma divina. ¡Y ahora al comprobarlo, de verdad funcionaba; con esta arma divina podían repeler a los cultivadores demoníacos!

Qin Zhifeng dejó escapar una risa burlona, pensando para sus adentros: «Esto es solo una espada ordinaria. Si de verdad sostuvieras una espada espiritual, me temo que antes de que lleguen los cultivadores demoníacos, alguien ya te habría matado para robarte el tesoro».

Al fin y al cabo eran mortales: sosteniendo una espada común y corriente, la tomaban por una espada espiritual.

Al llegar a este punto, de pronto se quedó atónito.

Así es, fueran sables, espadas o hachas, lo que sostenían eran simples objetos mortales.

Pero valiéndose únicamente de la fuerza de simples mortales, lograron obligar a los cultivadores demoníacos a retroceder.

Fuera una espada común o una espada espiritual, ellos realmente podían protegerse a sí mismos, tal como aquel hombre había dicho.

En ese instante, las palabras que aquel hombre pronunció en el pasado cruzaron repentinamente por su mente:

'Los seres humanos, de un modo u otro, deben aprender a rebelarse y resistir, en lugar de ser tan mansos como corderos'

Y todas las escenas que presenció a lo largo del camino correspondían a personas que habían aprendido a resistir y rebelarse.

Qin Zhifeng permaneció en silencio durante un largo tiempo, para luego marcharse a prisa e colarse en el campamento militar de aquel hombre.

Ocultó su aura y observó cómo aquel hombre trabajaba sin descanso desde el amanecer hasta altas horas de la noche.

En su estudio no había el menor rastro u objeto relacionado con su hermana; parecía haberla olvidado por completo.

A altas horas de la noche, tras concluir finalmente con todos los asuntos pendientes, debió haber descansado; sin embargo, nadie sabía en qué pensaba mientras contemplaba la luna tras la ventana, sumido en sus pensamientos.

¿En qué meditaba? ¿En el despliegue de la batalla del día siguiente, o en la situación general del mundo?

Mientras Qin Zhifeng se hacía estas preguntas, vio cómo aquel hombre tomaba de pronto el pincel y dibujaba sobre un papel blanco un retrato de su hermana.

Con apenas unas cuantas trazos, logró plasmar toda su esencia y gracia.

Parecía haber dibujado ese mismo retrato miles de veces antes.

Al soltar el pincel, lo contempló durante un largo rato, para luego prenderle fuego de improviso y reducirlo a cenizas.

Como si también hubiera hecho eso mismo miles de veces.

A continuación, se quedó contemplando las cenizas, absorto.

Al instante siguiente, el llanto de una niña resonó repentinamente en la habitación contigua. Aquel hombre pareció despertar de golpe, sin prestar más atención a las cenizas, se dirigió a prisa hacia la habitación de al lado.

Qin Zhifeng sabía que se trataba de su pequeña sobrina.

Sin embargo, en esa ocasión no lo siguió, sino que optó por marcharse en silencio.

Desde entonces, no volvió a salir de las montañas durante muchos años.

Hacia aquel hombre guardaba una mezcla indisoluble de odio y respeto; era lo único con lo que no lograba hacer las paces.

O tal vez, simplemente no lograba hacer las paces consigo mismo.

Y no fue sino hasta el día de hoy que el demonio interno que lo atormentaba finalmente se quebró; logró liberarse de su propio tormento, pero aún no había logrado reconciliarse con la memoria de aquel hombre.

Hasta este preciso momento.

Al contemplar la espalda de su sobrina, no pudo evitar pensar que, al fin y al cabo, esta niña se parecía a su padre.

Si su padre estuviera vivo en este mundo, sin duda gozaría de la veneración de diez mil personas.

Tal como estaba sucediendo hoy.

Así, aquello con lo que no había podido hacer las paces durante tanto tiempo, finalmente encontró paz en este día.

Lo que llaman vida y muerte; lo que llaman legado y transmisión.

Los fallecidos han partido, pero lo que permanece es la chispa.

Hace cientos de años, aquel hombre presenció la muerte de su hermana; tras la muerte, lo que vio fue la chispa que perdura. Solo él mismo había quedado atrapado en la muerte sin hallar liberación.

Y hoy, esa chispa ha crecido.

En ese instante, las auras alrededor de Qin Zhifeng comenzaron a agitarse intensamente; su nivel de cultivación, que no había avanzado un solo paso desde que superó su demonio interno, volvió a experimentar un gran avance.












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El repentino avance de su tío tomó a todos por sorpresa.

Además, esta vez su avance ocurrió a una velocidad asombrosa.

Casi al mismo tiempo que Nian Chaoxi se daba cuenta de que él estaba atravesando un avance de nivel, su tío ya había abierto los ojos.

Y simultáneamente, el aura que lo rodeaba volvió a transformarse.

Era difícil definir exactamente qué tipo de sensación transmitía, pero daba la impresión de que se había vuelto infinitamente más pacífico y sereno.

A causa de esta contingencia inesperada, Nian Chaoxi y sus acompañantes no permanecieron mucho tiempo en el lugar, adentrándose rápidamente en la ciudad con la intención de regresar a la residencia.

En el camino, Nian Chaoxi le preguntó en voz baja a su tío por qué había experimentado ese avance de nivel tan repentino.

Su tío se limitó a sonreír mientras le acariciaba la cabeza con suavidad, sin pronunciar palabra.

Aquel gesto era señal clara de que prefería no profundizar en el tema.

Nian Chaoxi optó por no seguir indagando; después de todo, era una noticia que merecía celebrarse.

Tras ingresar a la ciudad, no se dirigieron a la antigua Residencia del Señor de la Ciudad, sino que se dispusieron a alojarse en la mansión que Yan'er había establecido por su cuenta a lo largo de estos años.

La residencia de Yan'er se ubicaba justo en el centro de la Ciudad Yuejian, por lo que, para llegar allí, era preciso pasar frente a la antigua Residencia del Señor de la Ciudad.

La Residencia del Señor de la Ciudad llevaba años deshabitada y en ruinas.

Sin embargo, al pasar frente a ella en esta ocasión, los pasos de todos se detuvieron de forma involuntaria.

Las pesadas puertas, cerradas durante años, se encontraban abiertas de par en par por razones desconocidas, mostrando marcas de haber sido forzadas violentamente. En el exterior, varios discípulos de la Academia Duheng se hallaban congregados, mirándose unos a otros con desconcierto.

Al notar la escena, Yan'er frunció el ceño y preguntó a los discípulos:


—¿Qué ha sucedido aquí?


En la Ciudad Yuejian, el renombre de la Tía Yan'er provocaba cierto pavor en cada uno de los discípulos de la Academia Duheng.

Los jóvenes, tomados por sorpresa al ver a la Tía Yan'er, se estremecieron al unísono y, sin atreverse a mostrar la menor negligencia, se apresuraron a responder:


—Nosotros tampoco lo sabemos con certeza... Simplemente pasábamos por aquí cuando vimos a una mujer loca, con el cabello despeinado y revuelto, irrumpir por la fuerza en el lugar. No tuvimos tiempo de detenerla y, recordando que la Tía Yan'er había ordenado expresamente que nadie ingresara a esta propiedad, nos quedamos...


Dudaban sin saber si entrar o retirarse, debate interno sobre a quién enviar a avisar a sus superiores y quién debía quedarse a vigilar, justo cuando la Tía Yan'er y sus acompañantes hicieron su aparición.

Los discípulos, temerosos de recibir una reprimenda por su ineficacia para evitar el incidente, ni siquiera se atrevían a alzar la vista.

Además, sentían una profunda amargura.

En circunstancias normales, esta calle solía ser la más concurrida y repleta de cultivadores; si esa mujer hubiera intentado irrumpir en pleno día, los guardias de patrulla habrían podido interceptarla sin problemas.

Sin embargo, debido a que toda la ciudad había salido a dar la bienvenida a la Pequeña Señora de la Ciudad, tanto la guardia como la mayoría de los discípulos de la Academia Duheng habían ido a mantener el orden fuera de las murallas, dejando solo a unos cuantos a cargo de la vigilancia interna, lo que permitió que alguien aprovechara la brecha.

Con estos pensamientos rondando sus mentes, no pudieron evitar alzar la mirada a hurtadillas.

Se decía que la Tía Yan'er había traído de regreso a la Pequeña Diosa de la Guerra... Si la Tía Yan'er estaba presente, ¿acaso la Pequeña Diosa de la Guerra también...?

La mirada furtiva del discípulo se topó de lleno con un par de ojos limpios y cristalinos.

La dueña de aquella mirada poseía un rostro tan agraciado como una flor de loto.

En un instante, el discípulo quedó completamente perplejo y atónito.

Fue entonces cuando ella tomó la palabra.

Su voz resultaba sumamente agradable al oído.


—En ese caso, pueden retirarse.


El discípulo no atinó a reaccionar a tiempo, mientras que otro, un poco más sereno, tartamudeó:


—Fue... fue un error de nuestra parte, ¿c-cómo nos atreveríamos...?


Sin darse cuenta en el momento de que ella no era la Tía Yan'er, ni de por qué debían obedecer sus órdenes y disculparse ante ella.

A Yan'er no le parecía en absoluto inapropiado que sus discípulos acataran las palabras de la joven de su casa.

Simplemente sintió que la conducta de ambos resultaba un tanto deslucida, albergando cierto desdén en su interior.

Por ello, ordenó con voz fría:


—¡Suficiente! ¡Retírense!


Los dos discípulos volvieron en sí sobresaltados y, al notar la expresión de la Tía Yan'er, se apresuraron a alejarse a toda prisa.

Yan'er volvió la cabeza y observó con el ceño fruncido la puerta abierta de par en par.

Nian Chaoxi reflexionó un instante y dijo:


—Entremos a echar un vistazo.


Así, el grupo ingresó a la Ciudad Yuejian, pero sus primeros pasos los llevaron directamente al interior de la Residencia del Señor de la Ciudad.

El predio se encontraba completamente arruinado y abandonado; Nian Chaoxi y sus acompañantes no tardaron mucho en dar con la «mujer loca» de la que hablaban los discípulos.

Se hallaba en el patio donde Nian Chaoxi solía residir.

La puerta del patio estaba abierta de par en par; una mujer con el cabello revuelto y un aspecto tan sucio que resultaba irreconocible permanecía sentada bajo un árbol, probándose y ajustando contra su cuerpo un trozo de tela que sostenía en las manos.

Nian Chaoxi reconoció de inmediato aquella tela: provenía de las cortinas desgarradas de su propia cama.

Aunque la persona frente a ella no le resultaba familiar a simple vista, aun así logró identificar de quién se trataba.

Wu Yan.

De no ser por aquel brazo amputado, a Nian Chaoxi le habría costado trabajo reconocerla.

Por un momento, todos los presentes guardaron silencio en absoluta consternación.

Al instante, el rostro de Yan'er se tornó sombrío y declaró con voz fría:


—¡Cómo se atreve a poner un pie en este lugar!


Como si hubiera escuchado sus palabras, la mujer alzó la cabeza de pronto.

En un rostro tan sucio que apenas permitía distinguir sus facciones, se dibujó repentinamente una sonrisa.

Exclamó a gran voz:


—¿Ustedes también han venido? ¿Han venido todos a presenciar mi boda con el hermano Yunzhi? Miren, ¿les parece hermoso este vestido que llevo puesto?


Mientras hablaba, continuaba probándose y ajustando aquel trozo de cortina contra su cuerpo.

Yan'er se quedó desconcertada por un instante antes de fruncir el ceño:


—¿Qué clase de locura le ha dado ahora?


Nian Chaoxi guardó silencio un momento y, de repente, caminó hacia ella.

Yan'er intentó detenerla, pero Nian Chaoxi negó con la cabeza.

Avanzó hasta quedar frente a Wu Yan, se encluetó a su altura y le preguntó:


—¿Te vas a casar?


Wu Yan asentó con vehemencia, luciendo una sonrisa de pura ilusión:


—¡Con el hermano Yunzhi!


Nian Chaoxi asintió levemente y volvió a preguntar:


—¿Y dónde están la comitiva nupcial y tu dote?


Una breve expresión de confusión cruzó el rostro de Wu Yan.

Sin embargo, respondió rápidamente:


—¡Yo soy la hija del Dios de la Guerra! Muy pronto tendré mi comitiva y mi dote.


Nian Chaoxi volvió a asentir y, acto seguido, se puso de pie.

Declaró con voz serena:


—Se ha vuelto loca.


Realmente había perdido la razón.

Al igual que Mu Yunzhi no lograba discernir entre la ilusión y la realidad tras salir de la formación de ilusión, dando paso a los demonios internos, Wu Yan había rechazado categóricamente su propia realidad para sumergirse por completo en una ilusión.

En aquel mundo ilusorio, ella era la hija de Dios de la Guerra tras la muerte de Nian Chaoxi, unida en matrimonio con el favorecido del cielo, Mu Yunzhi, gozando de una vida plena y dichosa.

Una felicidad falsa siempre resulta más fácil de abrazar que una realidad tormentosa y dolorosa.

Por eso había perdido el juicio.

Yan'er la observó durante un momento, dejando ver un claro matiz de desprecio en la mirada:


—En ese caso, a ella la...

—Llévensela a Mu Yunzhi.


interrumpió Nian Chaoxi de golpe.

Añadió con absoluta ecuanimidad:


—Puesto que él sembró la causa y hoy rinde sus frutos, le corresponde a él cargar con la responsabilidad.


En el libro, los protagonistas de esta historia permanecieron vinculados durante toda su vida.

Fuera del libro, ese mismo destino continuaba persiguiéndolos.

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