VIAJES DE FAMILIA 5
Traduccion: Asure
La luz de la tarde entraba por las rendijas de las cortinas directo a la sala. Ah Ming estaba echado en la cama de su cuarto, con la cabeza dándole vueltas una y otra vez a la imagen de la mañana en la mesa del comedor cuando traqueteó a su hermana hasta hacerla venir: Xiao Wei echada sobre la mesa abriéndose de piernas de par en par, suplicando chorreando agua que le llenara la matriz de leche, una imagen tan indecente que le hizo volver a calentar la parte baja de a pocos.
En eso, desde el cuarto del costado de Xiao Wei, sonó de pronto la puerta al abrirse, seguido de unos pasos despacitos y el sonido de la puerta al cerrarse.
Ah Ming pensó: «Mis papás salieron de compras esta tarde, debe ser Xiao Wei que regresó de pasear... aunque por el sonido parece que hay alguien más. Capaz entró al baño sola».
Con las ganas que le habían quedado de la mañana, no pudo aguantarse más; se levantó caleta de la cama, salió descalzo de su cuarto y empujó despacito la puerta del cuarto de su hermana.
La luz dentro del cuarto era suave. Xiao Wei estaba agachada con la cabeza abajo buscando algo debajo de la cama, probablemente un arete que se le cayó o alguna cosita chiquita. Por arriba llevaba la blusa blanca de manga corta de hoy cuando salió a pasear, pero por abajo solo le quedaba una falda de jean recontra corta, que por la posición de estar agachada se le había subido completita hasta la cintura, dejando ver su cintura blanca y delgada junto con ese par de nalgas paraditas que le ponían la sangre a mil a cualquiera.
Lo que remató la escena fue que solo llevaba puesta una tanga negra recontra delgada, con un hilito finito que apenas le tapaba los labios de adelante pero metido por completo en la juntura del culo, dejando esa conchita rosada sin pelos totalmente abierta y expuesta al aire. Como en la mañana la habían traqueteado con ganas, la entrada todavía estaba un poquitito roja e hinchada, viéndose apenas unos rastros de la leche que le había quedado, brillando con un color indecente bajo la luz de la tarde.
A Ah Ming se le movió la manzana de Adán de un tironazo, poniéndosele recontra dura la parte baja al instante. No pudo aguantar más la calentura, caminó en silencio hasta el borde de la cama, se arrodilló y le sujetó la cintura delgada a su hermana despacio con ambas manos, para de ahí hundir la cara directo en esa juntura del culo tentadora, sacando la lengua para meterle un lengüetazo salvaje a esa conchita rosada que ya estaba un poquitito mojada.
«Chuj... glug...»
La lengua tibia y resbalosa le metió un lengüetazo fuerte de abajo hacia arriba desde la entrada de la conchita, apartando la tira delgada de la tanga con la punta para recoger la leche que le quedaba con su agua íntima y tragársela todita, para de ahí mover la lengua con maña dándole vueltas a la entrada, empujando con fuerza dentro de la ranura para sobársela bien al fondo.
—¡Ah...?
Xiao Wei soltó un grito ahogado de sorpresa, dando un tironazo con todo el cuerpo que casi la hace perder el equilibrio. Pensó que era su hermano, pero no se imaginó que fuera a ser tan conchudo de meterse a esa hora.
Pero al segundo siguiente no volvió a sacar ni un solo ruido; solo agachó la cabeza más abajo todavía, mientras que su cintura delgada le respondió de forma sincera tirando el culo hacia atrás, pegándole las nalgas paraditas completas a la cara de Ah Ming, apretándole la conchita con más fuerza contra la boca.
Ah Ming, al ver que su hermana no solo no se defendía sino que le acompañaba el juego, se alegró en silencio y le metió más ganas todavía con la lengua. Le abrió las nalgas blancas con ambas manos para que la lengua le entrara más profundo, moviéndosela como una culebrita por dentro de la conchita a toda marcha, sobándole las paredes de adentro y chupándole la entrada a tirones de rato en rato, sacándole toda el agua íntima mezclada con la leche de la mañana para tragársela todita.
«Chuj, chuj, chuj... glug, glug... chuj, chuj...»
El sonido indecente de los lengüetazos en la conchita sonaba claro en el cuarto calladito. Xiao Wei se mordía el labio de abajo sin decir ni una sola palabra, solo tirando el culo cada vez más hacia atrás, sobándole las nalgas con ritmo de adelante hacia atrás para que la lengua de su hermano le entrara más profundo y con más ganas dentro de su conchita. Sus piernas delgadas le temblaban un poquitito, con la tanga totalmente empapada de saliva y agua íntima, con la tira delgada metida bien al fondo de la carne.
Ah Ming continuaba abriéndole las nalgas con una mano, mientras que con la otra metió la mano por abajo, encontrándole el clítoris hinchado por encima de la tanga para empezárselo a sobar despacio. La lengua no le paraba ni un solo segundo, sobándole entre la entrada de la conchita y el clítoris de arriba abajo, chupándosela sacando ruidos secos.
Ah Ming estaba arrodillado al borde de la cama, sobándole la conchita a su hermana (o a la que él pensaba que era Xiao Wei) cada vez más profundo con la lengua, chupándosela sacando ruidos pegajosos. No se imaginó que la mujer debajo de él ya no iba a poder aguantarse más, soltando unos gemidos ahogados desde el fondo de la garganta, con una voz suavecita y coqueta que llevaba un placer claro:
—Mmm... mmm, ah...
Esos gemidos salían cada vez con más frecuencia, incapaz de aguantárselos, haciéndole doler la parte baja a Ah Ming de lo dura que la tenía. No pudo aguantar más la calentura, se levantó volando de pie, sacándose el short y el bóxer al toque, dejando saltar ese miembro grueso, largo e hirviendo con las venas saltadas.
Le sujetó la cintura blanca y delgada con ambas manos, apuntando el glande directo a esa entrada rosada que ya estaba bien resbalosa y un poquitito abierta de tanto lengüetazo, metiéndole un empujón salvaje con la cadera hacia adelante...
«¡Chuj... glug—!»
El miembro duro y grueso se le metió completito y sin ningún freno hasta el fondo, chocándole la cabeza del miembro directo con la carne suave, enterrándoselo bien adentro.
—Mmm, ah...!
La mujer debajo de él soltó un gemido aguantado al límite, pero sin dar la vuelta ni empujarlo para sacarlo; más bien tiró el culo hacia atrás a propósito, haciéndole entrar el miembro más profundo y lleno. Sus nalgas empezaron a moverse con fuerza, sobándose de adelante hacia atrás con ritmo, acompañando el traqueteo de Ah Ming, haciendo que el miembro le entrara y le saliera una y otra vez dentro de esa conchita apretada, tibia y húmeda.
«¡Plas... plas... plas, chuj... glug, chuj... chuj, chuj, chuj!...»
El ruido del agua al traquetear sonaba cada vez más fuerte en el cuarto. Ah Ming movía la cadera a toda marcha, sacando el miembro completito una y otra vez para volvérselo a clavar con rabia hasta el fondo, chocándole bien adentro en cada empujón, sacando un montón de agua íntima pegajosa. Aunque la mujer debajo de él mantenía la cabeza abajo aguantándose sin decir una palabra, su culo se sobaba cada vez más suelto y le acompañaba el juego con más ganas, apretándole la carne a tirones como pajeándole el miembro a su hermano con ganas.
Los dos continuaron traqueteando un buen rato en el cuarto por la tarde: Ah Ming pensando que le había caído de sorpresa a Xiao Wei mientras buscaba algo debajo de la cama y que ella se dejaba traquetear bien portada; mientras que la mujer debajo de él continuaba con la cabeza agachada, moviendo la cintura delgada, sobándole las nalgas con ganas de adelante hacia atrás, chorreando cada vez más agua íntima que le dejaba la base de los muslos a Ah Ming recontra mojada y resbalosa.
Ah Ming respiraba pesado, sintiendo más rico con cada empujón, subiendo las manos desde la cintura hacia arriba por debajo de la blusa de manga corta para agarrarle ese par de senos descomunales que le parecían recontra conocidos.
Apenas las palmas de sus manos le tocaron la carne...
Se quedó helado en el acto.
Ese par de tetas... parecían demasiado grandes.
Eran mucho más pesadas, más grandes y más redondas que la copa E de Xiao Wei, casi reventando la tela de la blusa, con una firmeza y un tamaño que no tenían nada que ver.
A Ah Ming le dio un vuelco el corazón en el pecho y se despertó de golpe. Bajó la cabeza para mirar bien: aunque la mujer mantenía la cabeza abajo con el pelo largo suelto que le tapaba la mitad de la cara, esa silueta del cuerpo, esa proporción entre la cintura delgada y las caderas con aire maduro... ¡no era Xiao Wei para nada!
¡Era... su prima!
Resulta que un rato antes Xiao Wei había regresado de pasear con su prima; cuando las dos entraron al cuarto, la prima se había agachado primero a buscar algo debajo de la cama para ayudar a Xiao Wei, mientras que esta última se había ido a lavarse las manos al baño.
¡Ah Ming había confundido a su prima con su hermana!
Pero la prima seguía moviendo las nalgas paraditas con ganas, con las paredes de la conchita apretándole el miembro y succionándoselo con fuerza, continuando el traqueteo sin decir ni una sola palabra, como si no le importara en absoluto quién la estuviera traqueteando.
A Ah Ming se le movió la manzana de Adán y el corazón le latía a mil por hora: una mezcla de susto y una emoción recontra intensa. Esa sensación de prohibido por haberse metido con la persona equivocada, pero ya teniéndola adentro, le hizo hinchar el miembro todavía más dentro del cuerpo de su prima.
Se hizo el que no se había dado cuenta de nada y siguió empujándole la cadera con fuerza, clavándole el miembro una y otra vez hasta el fondo en la conchita bien apretada y caliente de su prima, mientras que con ambas manos se metía sin ninguna vergüenza por detrás dentro de la blusa para agarrarle ese par de tetas más grandes y suaves que las de Xiao Wei, empezando a amasárselas con fuerza.
—¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Chuj, chuj, chuj... glug, glug, glug...!
El sonido de las embestidas sonaba cada vez más fuerte, y los gemidos de su prima ya no se aguantaban, pero seguía sin voltear la cara, tirando el culo hacia atrás con más rabia todavía...
Al darse cuenta de que la persona debajo de él era en realidad su prima, a Ah Ming se le alborotó el pecho entre el susto y la calentura, pero en vez de parar, le metió el miembro con más rabia y más profundo. Metió las manos por detrás dentro de la blusa de manga corta de su prima, agarrándole de forma brusca ese par de senos descomunales más pesados que los de Xiao Wei, amasándoselos y apretándoselos con fuerza, haciendo que la carne suave se le saliera por entre los dedos de una forma exagerada.
—¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Chuj—! ¡Glug, glug... glug, glug, glug...!
El sonido del traqueteo sonaba cada vez más fuerte y más indecente. Su prima mantenía la cabeza abajo con el pelo largo tapándole la cara, pero le empujaba el culo hacia atrás con ganas, con la carne de la conchita apretándole y succionándole el miembro grueso y largo a Ah Ming, contrayéndose en unos calambres como si estuviera tragándoselo con desesperación. Sus gemidos salían recontra bajitos, pero cada vez más apresurados:
—Mmm... mmm, ah... mmm...!
Ah Ming movía la cadera a toda marcha como un martillo neumático, sacando el miembro completito una y otra vez para volvérselo a clavar con rabia hasta el fondo, chocándole cada vez en la entrada de la matriz y dándole de lleno en lo más profundo con la cabeza del miembro. La conchita de su prima estaba hirviendo y resbalosa, con las paredes de adentro envolviéndole el tronco por completo, poniéndole la cabeza helada de tanto placer a Ah Ming. Soltó un rugido ahogado mientras seguía manoseando con fuerza esa delantera tan exagerada, pillándole los pezones ya hinchados y duros con el pulgar y el índice para estirárselos y sobarlos con ganas.
Los dos continuaban entregándose el uno al otro en el cuarto por la tarde: Ah Ming pensando que su prima no sabía que la habían descubierto, y la prima sin voltear la cara en ningún momento, respondiéndole con el cuerpo sin decir ni pío, moviendo el culo con ganas y haciendo que la conchita le salpique agua íntima por todos lados, dejando la sábana recontra mojada y pegajosa.
La calentura se ponía cada vez más intensa y Ah Ming sintió que ya llegaba al límite. Soltó un rugido ahogado, le metió un empujón rabioso a la cadera hacia adelante, enterrándole el miembro bien al fondo de su prima, con el glande pegado contra la entrada de la matriz...
—¡Mmm, ah—!!
Su prima convulsionó con todo el cuerpo, con la conchita contrayéndose de golpe como si quisiera tragarse el miembro de Ah Ming hasta la misma matriz. Ah Ming ya no aguantó más, sintiendo cómo el miembro le latía con fuerza dentro del cuerpo de su prima, ¡y una tras otra las olas de leche espesa e hirviendo salieron disparadas, inyectándole todita la venida directo dentro de la matriz a su prima!
—¡Glug... glug, glug...!
La leche hirviendo le llenó la matriz por completo, la carne de la conchita de su prima se le contrajo con fuerza, exprimiéndole hasta la última gota hacia lo más profundo. Los dos llegaron al orgasmo al mismo tiempo, mezclando sus respiraciones, mientras el culo de su prima seguía dando tirones chiquitos, sobándole el miembro a Ah Ming despacio como disfrutando de lo que quedó.
Pasado el orgasmo, Ah Ming respiraba pesado con el miembro todavía metido bien al fondo dentro del cuerpo de su prima. Al ver que ella seguía sin voltear la cara, se hizo el que no sabía absolutamente nada y le soltó un susurro al oído en voz baja:
—Tu prima va a regresar ahorita... aprovecha para limpiarte...
Dicho esto, le dio una palmada suavecita en ese culo blanco y redondo que todavía le temblaba un poquito, sonando un «plas» seco, para de ahí sacar el miembro despacio de esa conchita que todavía se le contraía. Al sacarlo salió un chorro grande de líquido blanco mezclado entre leche y agua íntima que cayó con un «¡paf!» sobre la sábana.
Su prima seguía con la cabeza abajo sin responderle nada, soltando apenas un ruidito ahogado desde el fondo de la garganta:
—Mmm...
Con el corazón latiéndole a mil por hora, Ah Ming se subió el short volando, salió descalzo del cuarto y se metió caleta a su propio cuarto, cerrando la puerta para quedarse recostado contra la madera respirando agitado.
Tenía la cabeza hecha un lío total: ¡hace un rato se había tirado a su prima creyendo que era Xiao Wei, y encima se la había tirado adentro...! Y lo peor era que la prima se había dejado hacer de principio a fin sin decir ni una sola palabra hasta que se vino...
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