VIAJES DE FAMILIA 4
Traduccion: Asure
A la mañana siguiente, los rayos del sol se metían a escondidas por las rendijas de la cortina, cayendo directo sobre la cama desordenada.
Ah Ming todavía estaba medio dormido, con la cabeza pesada, pero sentía en su parte baja un calor y una humedad recontra ricas. Se sentía suave pero apretado al mismo tiempo, como si estuviera envuelto por una boquita tibia que se lo succionaba con fuerza en tirones, con la lengua dándole vueltas y lamiéndole el tronco con recontra maña.
Soltó un gemido bajo y medio adormilado, pensando que todavía no se despertaba del sueño de anoche, empujó la cadera un poquitito hacia adelante sin darse cuenta.
«Chuj... glug... ¡chuj, chuj...!»
Un ruido de succión recontra claro e indecente resonó de pronto en la mañana silenciosa, acompañado del sonido pegajoso de la saliva al apretarse y tragarse, viniendo en olas una tras otra.
Ah Ming abrió los ojos de un porrazo y miró hacia abajo:
Xiao Wei estaba echada de pecho justo entre sus dos piernas, con esa cara hermosa hundida en su parte baja y con su boquita de cereza tragándose a bocados ese miembro grueso y largo que tenía recontra parado por la erección mañanera. Ya se había tragado más de la mitad del miembro, chorreando un montón de saliva transparente por las comisuras de la boca que formaba hilos de baba cayendo directo a la sábana. Ese par de senos descomunales, por la posición de estar echada de pecho, se aplastaba completito sobre el muslo de Ah Ming, deformándose de una forma suavecita con la carne saliéndose por los costados, dejando ver todavía las marcas rojas de las mamadas de anoche en los pezones.
Xiao Wei levantó los ojos almendrados empapados en deseo para mirarlo a su hermano, pero sin parar el movimiento en absoluto; más bien hundió la cabeza con más fuerza todito hacia abajo, tragándose el miembro completo hasta el fondo de la garganta con un ruido seco de «¡glug!», dejándose la punta de la nariz pegadita al bajo vientre de Ah Ming.
«¡Chuj, chuj... glug, glug, glug...!»
Empezó a chuparle con ganas hasta la garganta, con la boca pajeándoselo rapidito como si fuera una conchita apretada, tibia y húmeda. La lengua le daba vueltas a la carne con maña, lamiéndole las venas con fuerza y raspándole despacio la cabeza del glande con los dientes de rato en rato, metiéndole una estimulación salvaje. La saliva no paraba de chorrear por las ganas de succionar, bajando por las comisuras de la boca y por la base del miembro, dejándole los huevos recontra mojados a Ah Ming.
El ruido del agua se ponía cada vez más fuerte y más obsceno.
«¡Chuj, chuj, chuj...! ¡Glug! ¡Glug! ¡Glug—!»
La cabeza de Xiao Wei subía y bajaba a toda marcha, tragándose el miembro entero hasta la garganta en cada bajada para luego sacarlo de un tirón, sacando un ruido seco de «¡pop!» al salir, para al toque volverle a dar con más ganas a la garganta. Mientras le chupaba, metió una de sus manitos suaves por abajo para sobarle despacio los huevos a su hermano, mientras con la otra le pajeaba la base del miembro rapidito, juntando el movimiento de la mano con las mamadas de la boca para llevar el placer a lo más alto.
A Ah Ming le dio un cosquilleo por todo el cuerpo, perdiendo el sueño al instante. Estiró la mano para agarrarle el cabello a Xiao Wei, soltando un rugido bajo y aguantando el aire:
—Xiao Wei... tú... desde temprano estás... ¡ah...!
Pero Xiao Wei solo soltaba unos ruidos ahogados de «mmm, mmm» desde la garganta, cerrando los ojos como si fueran una lunita tierna, llena de amor y calentura. Le chupaba con más ganas todavía, con la garganta apretándose con fuerza para sobarle el glande, apretando como si estuviera tragando comida. La saliva ya era tanta que no la podía aguantar, chorreándole por la comisura de los labios hasta formar un charquito brillante e indecente en la sábana.
«¡Glug, glug, glug...! ¡Chuj, chuj, chuj, chuj!»
El ruido del agua llegó a su punto más alto; Xiao Wei hundió la cabeza hasta lo más profundo, dejándose el miembro completito metido en la boca y en la garganta, pegando la punta de la nariz al bajo de Ah Ming, con la garganta apretándole la carne como si tuviera vida propia.
Ah Ming ya no pudo aguantar más. Le metió un empujón con la cadera hacia arriba sin darse cuenta; el miembro grueso y largo dio unos tirones violentos en el fondo de la garganta de su hermana y soltó toda la leche espesa e hirviendo a chorros, veniéndosele directo dentro de la boca a Xiao Wei.
—¡Mmm... glug... glug, glug... glug...!
La garganta de Xiao Wei no paraba de pasar saliva, tragándose toda esa leche espesa de su hermano bocado a bocado, sin dejar que se le saliera ni una sola gota. Los ojos se le pusieron medio llorosos por la venida tan profunda en la garganta, pero continuaba mirando a Ah Ming con una cara llena de amor. Después de terminarse de tragar todo, sacó el miembro de la boca despacio a propósito, usando su lengua rosada para limpiarle con cuidado cada esquina de la leche y la saliva que le quedaba, dándole un beso chiquito al glande al final para recién levantar la cara y regalarle a su hermano una sonrisa recontra dulce y satisfecha.
De la comisura de la boca le quedaba colgando un hilo de leche blancuzca, que se terminó de meter a la boca sacando la lengua despacio.
—Buenos días, hermano.......
La voz de Xiao Wei le salió suavecita, con un tono ronco por la mamada de recién, pero haciéndose la que no había pasado nada
—Es que vi que tenías una erección mañanera bien dura... y no me aguanté las ganas de ayudarte... ¿Te gustó?
Ah Ming respiraba agitado, mirando esa cara hermosa de su hermana que todavía tenía rastros de su propia leche; abajo, aunque acababa de venirse, le volvió a dar ese calorcito de a pocos...
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Era día feriado y la luz del sol iluminaba con ganas la sala. Los papás ya se habían levantado y estaban en la cocina ocupados preparando el desayuno, dejando el ambiente lleno del olor rico a huevo frito y a cuáquer caliente. Los cuatro estaban sentados alrededor de la mesa, viéndose como cualquier día normal.
Xiao Wei se había puesto una pijama de algodón blanco que parecía bastante sencilla: la parte de arriba era un polo ancho de manga corta y abajo llevaba una falda de pijama del mismo color que le llegaba a la rodilla. El escote no era ni muy bajo ni muy alto y la tela era gruesita; de frente se le veía recontra normal, pareciendo una hija bien portada. Estaba sentada al lado derecho de Ah Ming, a una distancia un poquitito más pegada que de costumbre, chocándole el hombro de rato en rato.
Los papás no notaron absolutamente nada raro. El papá, Señor Wang, estaba leyendo el periódico, mientras que la mamá, Xiaofang, servía el cuáquer mientras conversaba sobre si iban a salir a dar una vuelta más tarde.
Ah Ming comía su huevo frito con la cabeza agachada, teniendo todavía en la mente las imágenes de la mamada salvaje que le metió su hermana por la mañana, sintiendo un calorcito en su parte baja. Soltó una pregunta sobre temas de su trabajo para disimular y sus papás le contestaron cualquier cosa.
Justo cuando dio la vuelta para hablarle a Xiao Wei, la mirada se le fue sin querer hacia el lado derecho de su hermana.
En ese mismísimo segundo, casi se ahoga con la comida.
La manga derecha de la pijama de Xiao Wei se abrió de par en par por la posición de estar echada un poco de costado; mirando por ese hueco, se podía ver con total claridad casi toda la esfera de su seno blanco. Como no llevaba brasier puesto, esa teta pesada de copa E quedaba casi completita al aire: el borde rosado de la aréola se le notaba recontra claro y el pezón todavía estaba medio parado, brillando provocativamente con la luz de la mañana. La carne del pecho subía y bajaba suavemente con cada respiración, dejando ver unas olas de carne finitas.
Xiao Wei parecía no haberse dado cuenta en absoluto de que se le estaba viendo todo, continuando con su sonrisa dulce mientras conversaba con su mamá:
—Mami, ¿hoy día vas a ir a hacer las compras? Te puedo acompañar a cargar las bolsas, ah...
Pero al mismo tiempo que hablaba, acomodó la postura del cuerpo con total naturalidad: levantó la parte del brazo derecho un poquitito hacia afuera, haciendo que el hueco de la manga se abriera aún más, dándole de lleno hacia la dirección de su hermano. Esa teta le quedó completita al aire frente a los ojos de Ah Ming, rebotando suavemente por el cambio de ángulo, dejando ver una sombra recontra profunda en el escote.
A Ah Ming se le movió la manzana de Adán de un tironazo y la mirada le quedó pegada sin poder desunirla por nada del mundo. Hacía como que seguía comiendo, pero los cubiertos hincaban la comida sin sentido en el plato mientras el corazón le sonaba a toda marcha. Su parte baja, por debajo de la mesa, empezó a ponerse dura otra vez sin poder aguantarse, armándole un bulto que crecía de a pocos dentro del pantalón.
Xiao Wei se dio cuenta de la mirada de su hermano y una sonrisita recontra mañosa le cruzó por los ojos almendrados. Continuaba haciéndose la buena hija, conversando sobre cualquier cosa sin importancia con sus papás, pero a la vez inclinaba el pecho despacio hacia la dirección de su hermano para dejar que la manga se le abriera de par en par. Esa teta blanca casi se le salía completita de la manga, dejando el pezón expuesto justo frente a los ojos de Ah Ming. Encima, como quien no quiere la cosa, se jaló suavemente la parte baja de la pijama con la mano izquierda para hacer que la manga derecha se abriera más todavía.
—Hermano, ¿hoy día vas a salir con nosotros o no, ah?
Xiao Wei dio la vuelta para mirarlo a Ah Ming con una voz recontra suavecita y una sonrisa dulce en la cara. Pero su cuerpo se acomodaba a la mirada de su hermano, ajustando el ángulo un poquitito para hacer que esa teta rebotara dentro de la manga, como diciéndole: «Mira, ah... esto es todito para ti».
Ah Ming sentía la boca recontra seca y las orejas le quemaban de calor. Apenas pudo soltar un «ajá», pero los ojos se le iban una y otra vez hacia ese hueco tentador de la manga. Cada vez que sus miradas chocaban, Xiao Wei le contestaba con los ojos: esa mirada almendrada y empapada de deseo le mostraba un montón de amor y calentura sin decirle una sola palabra explícita, continuando únicamente con esa tentación silenciosa por debajo de la mesa.
Pero Ah Ming ya no podía concentrarse para comer en absoluto. La mirada se le iba una y otra vez a la manga derecha abierta de Xiao Wei, donde esa teta blanca rebotaba despacio dejando el pezón recontra claro a la vista, haciéndole doler su parte baja de lo dura que la tenía, con el miembro recontra parado armándole una carpa recontra obvia en el pantalón.
Xiao Wei bajó los ojos almendrados haciéndose la que escuchaba atenta a sus papás, pero en la comisura de los labios se le dibujaba a escondidas una sonrisita satisfecha por su cometido. Ya se había dado cuenta hace rato del bulto que tenía su hermano dentro del pantalón.
Sin decir ni una sola palabra, aprovechó el segundo en que sus papás agacharon la cabeza para comer para voltear despacio la cara hacia su hermano, mirándolo con los ojos empapados en deseo. De ahí, abrió la boquita de cereza y soltó un escupo grande de saliva tibia y pegajosa directo en la palma de su mano derecha. La saliva brillante se le juntó en la mano formando un charquito que sacaba hilos de baba, recontra pegajosa y brillante.
Luego, estiró la mano por debajo de la mesa con un movimiento recontra natural y bien caleta.
Su manito suave y blanca se le deslizó por la parte de afuera del muslo a Ah Ming, metiéndose directo entre su pantalón de pijama y su bóxer para agarrarle de un solo golpe ese miembro grueso y largo, que ya estaba recontra duro, morado y con las venas saltadas.
«Chuj...»
La saliva empapó el miembro completito al instante, sacando un sonido húmedo bien fino pero claro.
La mano de Xiao Wei le envolvió el tronco ajustándole los cinco dedos despacio, empezando a pajearlo de arriba abajo con una maña increíble. Como estaba la pijama de por medio, el sonido del agua no sonaba tan fuerte, pero a esa distancia tan corta se escuchaba recontra claro:
«Chuj... chuj, chuj... glug... ¡chuj!...»
La saliva pegajosa se apretaba y se sobaba con su manito, sacando un sonido finito e indecente de paja con agua. En cada bajada y subida, el pulgar le daba vueltas a propósito por la cabeza del glande mientras la palma le apretaba el tronco con fuerza, haciendo que la saliva saliera disparada; el sonido, aunque aguantado, sonaba recontra obsceno por debajo de la mesa.
Ah Ming se puso tieso al instante, casi dejando caer los cubiertos a la mesa. Se mordió el labio de abajo con fuerza haciendo como que comía su cuáquer, pero sentía que la parte baja le daba una sensación tan rica que le ponía la cabeza helada. La mano de su hermana era recontra suave y resbalosa; por la cantidad de saliva, la paja se sentía bien mojada y suavecita, haciendo que en cada bajada el miembro le quedara envuelto completito, dándole un placer tan rico que la cadera se le movía un poquitito hacia adelante sin darse cuenta.
Xiao Wei tenía una cara recontra normal, contestándole a su mamá con una voz dulce:
—Sí, mami, hoy día ir al parque a dar una vuelta estaría chévere también...
Pero su manito por debajo de la mesa se movía cada vez más rápido: de a ratos le pajeaba el tronco completo con fuerza, por momentos le pasaba las uñas suavecito por el huequito de la punta, haciéndolo temblar a Ah Ming. La saliva, por los movimientos más rápidos, bajaba por el tronco hasta los huevos y su manito se la volvía a sobar, sacando un ruido más pegajoso de «glug, chuj».
«Chuj, chuj, chuj... glug... ¡chuj, chuj!...»
El sonido del agua, aunque no era estruendoso, se escuchaba clarito entre los dos. Ah Ming sentía que ya no iba a poder aguantar más; su parte baja le daba tirones cada vez más fuertes y el glande no paraba de botar ese líquido transparente del comienzo, mezclándose con la saliva de su hermana y dejándole el miembro completito mojado y brillante.
La teta de Xiao Wei continuaba rebotando en la manga abierta; de rato en rato acomodaba la postura a propósito para que su hermano continuara mirando esa teta blanca, mientras que la mano no le paraba ni un solo segundo, pajeándolo de forma caleta con una maña única.
Los papás no notaban absolutamente nada, continuando la conversación entre ellos dos.
Y por debajo de la mesa, la manito de Xiao Wei usaba un montón de saliva para pajearle el miembro a su hermano dejándoselo recontra resbaloso y rico, con un sonido de agua finito pero obsceno que sonaba sin parar entre ambos...
El sonido del agua por debajo de la mesa se ponía cada vez más pegajoso, mientras la manito de Xiao Wei le pajeaba el miembro grueso y largo a Ah Ming dejándoselo recontra mojado y brillante con tanta saliva.
Ella miró a su hermano de costado con los ojos almendrados; al ver que Ah Ming ya no aguantaba más, se le dibujó una sonrisita recontra mañosa en los labios.
Aprovechando el segundo en que sus papás agacharon la cabeza al mismo tiempo para comer, Xiao Wei sacó la mano rapidito y, con un movimiento bien caleta, le agarró el elástico del pantalón de pijama a Ah Ming jalándoselo hacia abajo junto con el bóxer.
A Ah Ming el corazón le dio un tironazo del susto, pero no se atrevió a soltar ni un ruido, dejando que su hermana le bajara el pantalón hasta la mitad de los muslos. Ese miembro, que ya estaba morado y con las venas reventadas, saltó de golpe hacia arriba quedando bien parado, con el glande brillando por la saliva de la paja de hace un rato.
Xiao Wei no dudó ni un segundo: volteó la cara despacio hacia su hermano, abrió la boquita de cereza y, apuntando directo a ese miembro grueso y largo que había quedado al aire, le soltó un escupo grande de saliva tibia y pegajosa.
«¡Plas!...»
La masa grande de saliva brillante le cayó de lleno en el glande, bajando por la cabeza del miembro y dejándoselo recontra mojado y resbaloso al instante, sacando hilos de baba indecentes.
Estiró sus manitos blancas y suaves, agarrándole el tronco con las dos manos para empezar a pajeárselo rapidito de arriba abajo.
«Chuj... chuj, chuj... glug, chuj... ¡glug, chuj!...»
Esta vez, sin el pantalón de por medio, el sonido del agua se volvió aún más claro y más obsceno. La saliva, apretada y sobada por la palma de su mano, sacaba un ruido pegajoso y estruendoso de paja. En cada bajada y subida, el pulgar le daba vueltas a la cabeza del glande apretándole con ganas, haciendo saltar la saliva por todos lados; el sonido, aunque aguantado por debajo de la mesa, era más que suficiente para hacer temblar a Ah Ming entero.
Ah Ming apretaba los cubiertos con todas sus fuerzas, sudando frío por la frente, haciendo como que comía concentrado aunque la voz ya le temblaba al hablar:
—Papá... hoy día... a dónde... vamos a ir...
Justo en ese segundo, Xiao Wei hizo como que se le caía la cuchara al suelo sin querer, sacando un ruido seco de «¡tin!».
—Ay, se me cayó la cuchara... Ahorita la recojo.
La voz le salió dulce y suave, sin que se le notara nada raro; de ahí, agachó el cuerpo deslizándose de la silla hasta meterse por completo debajo de la mesa.
Los papás solo levantaron la mirada un segundo y la mamá le dijo sonriendo: «Con cuidado, ah, Xiao Wei», continuando la conversación sin sospechar nada.
El espacio debajo de la mesa era apretado y oscuro, pero Xiao Wei, como si fuera una gatita mañosa, se puso de rodillas justo entre las dos piernas de Ah Ming. Su rostro hermoso se pegó a ese miembro grueso y largo que todavía chorreaba saliva, mirándolo a su hermano con los ojos almendrados empapados en deseo para de ahí abrir la boquita de cereza y tragárselo de un solo bocado.
«Chuj... glug... ¡chuj, chuj...!»
La boca tibia y húmeda le envolvió el miembro a Ah Ming al instante; la lengua de Xiao Wei le daba vueltas al tronco con maña, chupándoselo con fuerza. La boquita le quedaba recontra llena, chorreando más saliva transparente por las comisuras que formaba hilos de baba cayendo directo al muslo de Ah Ming. El ruido del agua se escuchaba aún más claro debajo de la mesa:
«Chuj, chuj... glug, glug... ¡plas, chuj!...»
Xiao Wei empezó a tragárselo de adelante hacia atrás rapidito, moviendo la cabeza de arriba abajo, tragándose el miembro hasta el fondo de la garganta en cada bajada para luego sacarlo de un tirón, sacando un ruido seco al salir. Sus senos descomunales, por la posición de estar arrodillada, se aplastaban completitos sobre el muslo de Ah Ming, deformándose de una forma suavecita y rebotando con fuerza por las mamadas.
Con una mano le pajeaba la base del tronco a toda marcha y con la otra le sobaba despacio los huevos por abajo, mientras que la boca no le paraba ni un solo segundo, combinando la garganta, las mamadas y los lengüetazos al mismo tiempo, dándole a Ah Ming un placer que le ponía la cabeza helada.
Ah Ming apretaba los dientes agarrándose duro del borde de la mesa con los nudillos blancos de la presión, teniendo que conversar con sus papás por arriba pero con una voz que ya se le escuchaba recontra ronca y agitada:
—Mmm... ir al parque... está bien... Xiao Wei... tú... también vamos, pues...
Debajo de la mesa, Xiao Wei le chupaba con más ganas todavía. Hundía la cabeza hasta lo más profundo, dejándose el miembro completito metido en la garganta con la punta de la nariz pegada al bajo vientre de Ah Ming, con la garganta apretándole la cabeza del glande a tirones, llegando al punto más alto del ruido de agua:
«¡Glug, glug, glug...! ¡Chuj, chuj, chuj, chuj!»
Los papás continuaban conversando felices en la mesa, sin tener la menor idea de que su hija estaba de rodillas debajo de la mesa, haciéndole a su hermano una mamada recontra peligrosa e indecente a la hora del desayuno...
Ah Ming continuaba sentado a la mesa haciendo el esfuerzo de hablar sobre la ida al parque con sus papás, pero la cabeza ya le volaba de la calentura.
Debajo de la mesa, Xiao Wei estaba de rodillas entre sus piernas, apretándole el miembro con la boca bien adentro, mientras la garganta le succionaba el tronco sacando un ruido incesante de «chuj, chuj, glug, glug».
En eso, al fin se le prendió el foco.
Ah Ming acomodó la posición de las piernas como si nada, sacando despacio el pie derecho de la chancleta para estirarlo por debajo de la mesa hasta encontrar el punto exacto entre las piernas de Xiao Wei. Su conchita rosada, que ya estaba recontra empapada, se le abría un poquitito por la fuerza de las mamadas, chorreando agua íntima transparente sin parar.
Los dedos del pie primero le tocaron despacio los dos labios hinchados, para de ahí pegarle la planta del pie completa y empezar a sobarle de arriba abajo con fuerza.
Los dedos le daban vueltas a propósito sobre el clítoris, apretándolo y sobándole la juntura mojada de adelante hacia atrás, metiéndole incluso el dedo gordo del pie despacio por la entrada para pajeársela suavemente.
—¡Mmm...!
Xiao Wei dio un tironazo con todo el cuerpo, soltando un gemido ahogado desde el fondo de la garganta. La voz se le ahogaba por tener el miembro atorado en la boca, sonando apenas como un «glug...», pero haciendo que sus mamadas se pusieran salvajes al instante.
Ya no pudo aguantarse más y hundió la boca con fuerza hacia adelante, metiéndose el miembro entero directo hasta lo más profundo de la garganta, con la punta de la nariz pegada al bajo vientre de Ah Ming, empezando a tragárselo como loca hasta el fondo.
«¡Chuj! ¡Chuj! ¡Chuj, chuj—! ¡Glug, glug, glug, glug! ¡Glug, glug!»
El sonido de la succión se puso estruendoso y veloz al instante; la saliva salía disparada por todos lados por la fuerza de las mamadas, bajando por el tronco, los huebos y los muslos hasta formar un charquito brillante e indecente en el piso. La lengua se le movía como una culebrita por debajo del miembro sobándole las venas con ganas, mientras la garganta se le apretaba a tirones para sobarle la cabeza del glande, queriendo tragarse el miembro de su hermano completito desde la raíz hacia adentro del estómago.
Pero el pie de Ah Ming no le paraba ni un segundo.
La planta del pie le seguía sobando con fuerza esa conchita que ya estaba hecha un charco, metiéndole el dedo gordo una y otra vez por la entrada para moverle el agua íntima pegajosa. Encima, los dedos le apretaban el clítoris moviéndose rapidito, haciéndole temblar la parte baja a Xiao Wei de puro placer.
Xiao Wei, de rodillas debajo de la mesa, temblaba enterita. Se mordía el miembro con fuerza para no dejar salir los gemidos de la boca, teniendo que soltar todo el placer únicamente a través de mamadas más salvajes. Los senos, aplastados contra el muslo de Ah Ming, se deformaban y rebotaban por sus propios movimientos, con los pezones morados de lo duros que estaban.
Mientras aguantaba los gemidos que querían reventarle por la garganta, movía la cabeza cada vez más rápido, pajeándole el miembro a su hermano con la boca como si fuera una conchita apretada, sacando un ruido de agua tan fuerte que casi tapaba la conversación de sus papás en la mesa:
«¡Glug, glug! ¡Chuj! ¡Chuj, chuj! ¡Chuj—!»
Ah Ming sentía que ya se iba a volver loco. Tenía la planta del pie empapada por el calor y el agua íntima de su hermana, sintiendo clarito con los dedos cómo la carne de adentro se le apretaba a tirones en cada metida; mientras tanto, la boca de su hermana le chupaba bien profundo y con ganas por abajo, como si la garganta quisiera tragárselo entero.
Con una mano hacía como que agarraba los cubiertos de forma normal, pero con la otra le sujetaba despacio la nuca a Xiao Wei por debajo de la mesa, empujándola hacia abajo para acompañar el movimiento y hacer que el miembro le entrara más profundo todavía.
Los ojos almendrados de Xiao Wei estaban empapados en saliva y placer; levantó la mirada para ver a su hermano con los ojos llenos de amor y calentura, pero continuando con el miembro bien atorado en la boca, chupándole con más ganas todavía mientras la garganta sacaba ruidos de «glug, glug» al pasar saliva...
Xiao Wei le chupaba de forma rápida y salvaje debajo de la mesa, con la garganta apretándole la carne y la lengua pegada al tronco. La planta del pie de Ah Ming le seguía sobando con fuerza la conchita empapada, metiéndole el dedo gordo una y otra vez por la entrada para mover el agua íntima sacando un ruido de «glug, chuj».
Ah Ming al fin no aguantó más. Le metió un empujón salvaje a la cadera hacia adelante, enterrándole el miembro grueso y largo hasta lo más profundo de la garganta de su hermana, con el glande dando tirones violentos…
Una tras otra, las olas de leche espesa e hirviendo le salieron disparadas directo dentro de la boca a Xiao Wei.
—¡Glug... glug, glug... glug...!
La garganta de Xiao Wei no paraba de pasar saliva, tragándose toda esa leche de su hermano bocado a bocado, sin dejar que se le saliera ni una sola gota. Los ojos se le pusieron medio llorosos por la venida tan profunda en la garganta, pero continuaba limpia que te limpia el miembro completito con la lengua bien portada, dándole un beso suavecito al glande al final para recién sacar la cabeza despacio de debajo de la mesa.
Haciéndose la que no había pasado absolutamente nada, salió con elegancia de debajo de la mesa, se sacudió la falda de la pijama con una cara que todavía tenía un leve rubor de haber tragado leche hace un rato, pero con una voz más dulce que el caramelo:
—Ya recogí la cuchara...
Los papás solo le contestaron cualquier cosa sin sospechar nada raro.
Xiao Wei dio la vuelta para mirarlo a Ah Ming con los ojos almendrados empapados en deseo, poniéndose mañosa de pronto. Le pegó el cuerpo a su hermano y le dijo con una voz suavecita:
—Hermano... hoy día es feriado, juega conmigo, pues... No quiero sentarme sola, me quiero sentar a tu lado...
Dicho esto, sin esperar a que Ah Ming le responda, dio la vuelta dándole la espalda a su hermano, apuntándole con ese culo paradito hacia el muslo de Ah Ming, sentándose despacio.
Por encima, esto solo parecía una maña normal de hermana consentida; sus papás, al verlos, solo pensarían que los hermanos se llevaban recontra bien.
Pero en verdad, al mismísimo segundo de sentarse, la manito suave de Xiao Wei ya se le había ido de forma caleta por atrás. Primero se levantó un poquitito la falda de la pijama y de ahí, usando dos dedos, se abrió en silencio la entrada rosada de la conchita que todavía chorreaba agua, apuntando directo a ese miembro grueso y largo de su hermano que, recién venido, ya se le había vuelto a poner recontra parado, dejándose caer despacio.
«Chuj... glug...»
El glande abrió los labios resbalosos de la conchita, metiéndose centímetro a centímetro hasta lo más profundo de la carne tibia y apretada. Como la leche de la venida en la boca de hace un rato todavía le quedaba pegada al miembro, mezclada con el agua íntima de Xiao Wei, sacó un ruido húmedo bien fino pero claro al meterse.
Xiao Wei se mordió el labio de abajo aguantando el gemido que quería salírsele, dejando caer la cintura delgada más abajo toditita, haciendo que el miembro duro completito se le metiera de a pocos dentro del cuerpo hasta que el culo le quedó bien sentado sobre el muslo de Ah Ming, con la entrada de la conchita pegadita a la base del tronco, sin dejar chorrear ni una sola gota de la mezcla de leche y agua íntima.
Por arriba continuaba hablándoles a sus papás con una voz dulce:
—Papi, mami, ¿después vamos al parque a jugar en los columpios, sí? Mi hermano me va a empujar...
Pero su conchita ya empezaba a apretársele despacio y suavecito, con las paredes de adentro mamándole el miembro que su hermano tenía enterrado completito como si fuera una boquita. El culo parecía estar bien portado sobre las piernas de su hermano, pero en verdad se sobaba de adelante hacia atrás en unos movimientos chiquitos que solo ellos dos podían sentir, haciendo que el miembro le girara y le sobara la carne despacio dentro de la conchita apretada.
Ah Ming se puso tieso por completo, agarrándole la cintura a su hermana con ambas manos de forma natural; por arriba parecía un cariño entre hermanos, pero en verdad le clavaba las yemas de los dedos en la carne de la cintura con fuerza, tratando de aguantar las ganas de meterle empujones salvajes con la cadera. Sentir su parte baja envuelta por completo por la conchita tibia y apretada de su hermana le daba un placer tan rico que la frente se le volvió a llenar de sudor frío.
Xiao Wei recostó el pecho un poquitito hacia atrás, apoyando la nuca en el hombro de su hermano, moviendo el cuerpo como si estuviera engreída, pero en verdad haciendo que el miembro le tocara un punto más sensible dentro de la conchita. Le soltó un susurro en voz bien baja que solo él podía escuchar:
—Hermano... quema... me entró completito otra vez... te amo un montón...
Su conchita continuaba apretando, sobando y pajeando el miembro en silencio, mientras que sus papás continuaban conversando felices al frente de la mesa, sin saber en absoluto que su hija estaba dándole la espalda a su hermano, sentada sobre su muslo, atravesada bien al fondo por ese miembro grueso y largo, engriéndose mientras le daba placer a su hermano de forma caleta con la conchita...
Xiao Wei continuaba bien sentada sobre el muslo de Ah Ming, haciéndose la engreída y conversando con sus papás por arriba, con una voz suavecita como la de cualquier hija bien portada:
—Papi, los helados del parque de hoy día se ven recontra ricos, ah... Después vamos a comprar, ¿sí?
Mientras hablaba, su cintura delgada empezó a sobársele de adelante hacia atrás por debajo de la mesa de forma recontra suave y despacio. El culo parecía estar acomodándose en la silla nada más, pero en verdad le pajeaba despacio el miembro grueso y largo que su hermano tenía metido completito dentro de su conchita apretada.
«Chuj... glug, chuj...»
Un ruido de agua bien fino resonó en el punto donde estaban unidos, tapado por completo por la mesa y la conversación de sus papás.
Ah Ming le sujetaba la cintura a su hermana con ambas manos; por arriba parecía que solo la aguantaba para que no se caiga, pero en verdad ya había empezado a acompañar el movimiento. Le metió unos empujoncitos suaves a la cadera hacia adelante, haciendo que el miembro se le fuera metiendo y saliendo despacio pero con fuerza dentro del cuerpo a Xiao Wei. Cada vez que le entraba, el glande le chocaba bien profundo en el punto sensible sacando un hilo de agua íntima pegajosa; y cada vez que retrocedía, la carne de la conchita de su hermana le apretaba el tronco con fuerza, como si no quisiera dejarlo salir.
«Glug, chuj... chuj, chuj... ¡plas, chuj!...»
El sonido de las embestidas se ponía cada vez más claro; aunque no era fuerte, a los oídos de ambos sonaba recontra obsceno.
La conchita de Xiao Wei estaba hirviendo y resbalosa, con la carne de adentro apretándosele a tirones, pajeándole el tronco como si tuviera vida propia, moviendo la leche que le había quedado de la mamada de hace un rato con su propia agua íntima para dejarlo todo más pegajoso y suave.
Recostó el pecho un poquitito hacia atrás, apoyando la nuca en el hombro de su hermano, haciéndose la cariñosa pero en verdad buscando que el miembro le entrara más profundo todavía. Mientras conversaba con su mamá, le soltaba susurros al oído a Ah Ming:
—Hermano... más profundo... mmm... qué rico... entra hasta lo más profundo...
Ah Ming apretaba los dientes con la respiración bien pesada. Hacía como que se concentraba en terminar de comer el cuáquer que le quedaba, pero la cadera se le movía con cada vez más fuerza en tirones chiquitos, pajeándole la conchita apretada, tibia y húmeda a su hermana de a pocos, metida tras metida. En cada sacada solo dejaba el glande en la entrada para de ahí meterle un empujón fuerte hasta el fondo, chocándole la cabeza del miembro en la entrada de la matriz, sacando un ruido finito e indecente de «¡plas!».
Los senos de Xiao Wei se le aplastaban contra el brazo a Ah Ming a través de la pijama, rebotando suavemente al ritmo de las embestidas. Se mordía el labio de abajo con fuerza para no dejar salir los gemidos, teniendo que responderle a su hermano únicamente apretándole la carne con más fuerza: cada vez que Ah Ming le empujaba hacia adentro, ella le apretaba la pared de la conchita con ganas para succionarle el tronco; y cada vez que salía, tiraba el culo hacia atrás a propósito para que el miembro le entrara con más rabia.
«Chuj, chuj, chuj... ¡plas, chuj!... glug, chuj...»
El ruido del agua sonaba cada vez con más frecuencia; el agua íntima ya era tanta que le bajaba por el punto de unión, dejándole el muslo a Ah Ming y la silla recontra mojados y resbalosos.
Los papás continuaban conversando felices al frente:
—Por el parque han abierto un sitio nuevo de bebidas, ¿vamos a tomar algo por ahí?
—Claro, pues, a Xiao Wei le encanta el té con burbujas, ¿no?
Xiao Wei hizo el esfuerzo de sacar una voz dulce para responder:
—Sí... claro... hermano, a ti también... te gusta, ¿no...?
Al decir la última palabra, Ah Ming justo le metió un empujón fuerte hacia arriba, clavándole el miembro completito hasta el fondo, con el glande chocándole de lleno en el punto sensible. A Xiao Wei la voz se le cortó con un tironazo, estando a punto de soltar un gemido. Hundió la cara rapidito en el cuello de su hermano haciéndose la avergonzada, pero en verdad mordiéndole la ropa a Ah Ming para no dejar salir el gemido de calentura.
Ah Ming sentía que ya se iba a volver loco. La conchita de su hermana estaba apretada y le succionaba el tronco con ganas, dándole una sensación tan rica al traquetear que le ponía la cabeza helada. Con una mano le sujetaba la cintura a Xiao Wei, mientras que con la otra metió la mano por debajo de la pijama desde atrás hacia adelante, encontrándole el clítoris bien parado por encima de la tela para empezárselo a sobar despacio.
Xiao Wei dio un tironazo con todo el cuerpo y su conchita se le apretó aún más duro al instante, casi ahorcándole el miembro a su hermano. Le pegó el culito con más fuerza todavía, acompañando las embestidas de Ah Ming con unos movimientos chiquitos de adelante hacia atrás, haciendo que el miembro le girara, le sobara la carne y le chocara bien adentro una y otra vez.
Los dos continuaban traqueteando de forma caleta en la mesa del comedor:
Por arriba parecían dos hermanos conversando cariñosamente sentados juntos,
Pero por abajo tenía el miembro metido bien al fondo de su conchita, empujándole de a pocos de forma lenta pero con fuerza, sacando un ruido de agua fino pero incesante, chorreando cada vez más agua íntima...
Las voces de sus papás conversando continuaban resonando tranquilitas al otro lado de la mesa, hablando sobre cuál de los locales del parque vendía el té con burbujas más rico. Xiao Wei continuaba bien sentada sobre el muslo de Ah Ming, pareciendo una hermanita linda y cariñosa por arriba, apoyando la nuca despacio en el hombro de su hermano mientras le contestaba con una voz dulce a sus papás.
Pero por debajo de la mesa, su culito se sobaba de adelante hacia atrás de forma recontra suave y despacio, con ese miembro grueso y largo metido completito dentro de lo más profundo de su conchita apretada, tibia y húmeda; en cada movimiento chiquito, el glande le rascaba las paredes de adentro con ganas, sacando un ruido pegajoso de «chuj... glug, chuj...».
Ah Ming le sujetaba la cintura delgada a su hermana con ambas manos, clavándole la yema de los dedos en la carne suave, mientras acompañaba el movimiento con empujoncitos suaves de la cadera para hacer que el miembro le entrara con fuerza pero despacio dentro del cuerpo a su hermana. Cada vez que le chocaba bien al fondo, el glande le daba un golpe seco en el punto sensible, sacando un ruido finito pero obsceno de «¡plas!»; y cada vez que retrocedía, la carne de la conchita de Xiao Wei le apretaba el tronco con fuerza, como si no quisiera dejarlo salir por nada del mundo.
«Chuj, chuj, chuj... glug, chuj... ¡plas, chuj!...»
El sonido del agua, aunque tapado por la mesa y la conversación de sus papás, a los oídos de ambos les sonaba estruendoso. El agua íntima ya era tanta que bajaba sin parar por el punto de unión, dejándole el muslo a Ah Ming y la silla recontra mojados y resbalosos. La conchita de Xiao Wei estaba hirviendo y le succionaba la carne con ganas, apretándosele a tirones como si tuviera calambres, haciéndolo sentir un placer mezclado con dolor.
Ah Ming tenía la respiración cada vez más pesada y la frente llena de sudor frío, pero tenía que hacer el esfuerzo de sacar la voz para contestarles a sus papás:
—Sí... por el parque... debe haber bastante gente...
Xiao Wei tenía los ojos almendrados empapados en deseo, con las mejillas encendidas en rubor por el placer. Recostó el pecho un poquitito hacia atrás, aplastándole los senos contra el brazo a su hermano a través de la pijama, mientras le soltaba un susurro al oído que solo él podía escuchar:
—Hermano... qué profundo... me chocaste bien al fondo otra vez... mmm... métele con un poquito más de fuerza... no importa si me rompes toda...
Su culito continuaba sobándose en silencio, pero la carne de adentro se le apretaba cada vez más duro, como si quisiera probar el límite de su hermano a propósito. Ah Ming apretó los dientes sujetándole la cintura con una mano, mientras que con la otra le metió la mano por debajo de la pijama desde atrás, encontrándole el clítoris que ya estaba hinchado y duro para empezárselo a sobar despacio.
Xiao Wei dio un tironazo violento con todo el cuerpo y su conchita se le apretó de golpe con tanta fuerza que casi hace que Ah Ming se venga en ese mismísimo segundo. Se mordió el labio de abajo con rabia para no dejar salir el gemido, teniendo que responderle únicamente apretándole la carne de forma salvaje: cada vez que su hermano le empujaba hacia adentro, ella le apretaba la pared de la conchita con ganas; y cada vez que salía, tiraba el culito hacia atrás a propósito para que el miembro le entrara con más rabia y más profundo.
Los dos continuaban traqueteando con recontra cuidado frente a sus padres: por arriba parecían dos hermanos conversando cariñosamente sentados juntos, pero en verdad tenía el miembro metido bien al fondo de su conchita, empujándole de a pocos pero sin parar. El ruido del agua era finito pero no paraba ni un segundo, chorreando más y más agua íntima hasta dejar una manchita mojada en el piso por debajo de la mesa.
Los papás al fin terminaron de desayunar; la mamá, Xiaofang, se levantó de la silla aplaudiendo despacio:
—Bueno, vamos a salir a comprar unas cosas antes de ir al parque, pues. Viejo, ve a cambiarte de ropa. Xiao Wei, Ah Ming, ustedes dos quédense esperando en la casa un ratito, regresamos al toque.
El papá, Señor Wang, también se levantó:
—Claro, pues. Aprovechen para conversar entre hermanos, llevarse bien siempre es bueno.
Los dos salieron caminando hacia el cuarto, sin darse cuenta en absoluto de la escena indecente y caleta que pasaba por debajo de la mesa del comedor.
Apenas la sombra de sus papás desapareció por la esquina del pasadizo, Xiao Wei no pudo aguantar más. Con un fuego de calentura pura quemándole en los ojos almendrados, se levantó de golpazo del muslo de Ah Ming, pero sin dejar que el miembro se le saliera; más bien dio la vuelta para quedar de frente a su hermano, apoyó las manos en la mesa del comedor y se echó de espalda directo sobre la mesa, donde todavía quedaban los platos del desayuno.
—Hermano... rápido... ya no aguantó más...
Abrió sus piernas delgadas de par en par en una posición en M, levantándolas alto para apoyarlas a los lados de los hombros de Ah Ming. La falda de la pijama blanca ya la tenía arremangada hasta la cintura, dejando ver su conchita rosada sin pelos, que ya estaba roja e hinchada de tanto traqueteo; la entrada se le abría y cerraba en tirones chiquitos, chorreando sin parar ese líquido blanco y espeso mezclado entre su agua íntima y la leche de su hermano, con la carne apretándose a tirones como pidiéndole al hermano que continúe.
Ese par de senos descomunales de copa E, por la posición de estar echada de espalda, se le abría hacia los lados, pero manteniéndose redondos y pesados, rebotando en olas tentadoras bajo la luz de la mañana, con los pezones morados de lo duros que estaban.
El rostro hermoso de Xiao Wei estaba totalmente rojo, mirándolo a su hermano con los ojos almendrados empapados en deseo, con la boquita de cereza abierta soltando una voz suave, rápida y llena de calentura:
—Hermano... mis papás ya salieron... ven y traquetéame... traquetéame con ganas... no importa si rompes la mesa del comedor... hace un rato en tu muslo me estaba viniendo de lo rico que me entraba... ahora dámelo todito... lléname por dentro... ¡inyéctame toda tu leche directo a la matriz...!
Mientras hablaba, ella misma se abrió los labios de la conchita con las dos manos, dejando esa entrada rosada y resbalosa expuesta completita frente a los ojos de su hermano, con la carne apretándose con ganas mientras el agua íntima le bajaba por la juntura del culo, formando un charquito brillante sobre la mesa del comedor.
A Ah Ming se le movió la manzana de Adán de un tironazo, teniéndola tan dura en su parte baja que ya le dolía. No pudo aguantar más la calentura y le agarró la cintura delgada a su hermana con ambas manos, apuntando ese miembro grueso y largo embadurnado en saliva, agua íntima y leche directo a la entrada empapada, metiéndole un empujón salvaje con la cadera hacia adelante...
«¡Plas! ¡Chuj—!»
El miembro duro y grueso se le metió completito y sin ningún freno hasta lo más profundo de su hermana, con el glande chocándole de lleno en la entrada de la matriz, sacando un ruido estruendoso, pegajoso e indecente de agua. Un montón de agua íntima salió disparada por la fuerza de la embestida, saltando por toda la mesa del comedor.
—¡Ah! ¡Qué profundo...! ¡Hermano... la tienes bien gruesa... mátame a traquetear...!
Xiao Wei soltó un grito largo arqueando la cintura delgada de golpe, haciendo rebotar con fuerza esos senos descomunales. Le apretó el cuello a su hermano con ambas piernas cruzando los tobillos detrás de la espalda de Ah Ming, entregándose por completo mientras dejaba que su hermano empezara un traqueteo salvaje sobre la mesa del comedor.
«¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Chuj, chuj, chuj, chuj! ¡Glug, glug, glug, glug!»
El golpe seco de la carne chocando con ganas mezclado con el ruido pegajoso y desatado del agua resonaba fuerte en toda la sala vacía, sin tener que aguantarse absolutamente nada. Ah Ming pareció una bestia fuera de control, moviendo la cadera a toda marcha, sacando el miembro grueso y largo completito una y otra vez para volvérselo a clavar con rabia hasta el fondo, chocándole cada vez en el punto más sensible a su hermana, haciendo saltar el agua íntima por todos lados.
Xiao Wei, echada sobre la mesa del comedor, dejaba rebotar sus senos descomunales en olas con cada golpe seco, con los pezones poniéndosele rojos de tanto movimiento. Su rostro hermoso mostraba una cara de pura calentura antes del orgasmo, soltando gemidos entrecortados:
—Hermano... ah... qué rico...! Mátame a traquetear... con fuerza... más profundo...! Quiero tu leche... inyéctamela toda adentro... lléname la matriz...! Ah—! Me voy a venir...!
Ah Ming soltó un rugido ahogado, agarrándole a su hermana ese par de senos descomunales que rebotaban para amasárselos y apretárselos con fuerza, haciendo que la carne suave se le saliera por entre los dedos, deformándosela de una forma exagerada; mientras tanto, la cadera le trabajaba como un martillo neumático a toda marcha, metiéndole y sacándole el miembro duro de forma salvaje y profunda en la conchita apretada de su hermana.
Ah Ming le clavaba las yemas de los dedos en la cintura delgada a Xiao Wei con todas sus fuerzas, moviendo la cadera en un traqueteo salvaje, sacándole el miembro grueso y largo completito en cada jalón hasta dejar solo el glande atorado en la entrada, para de ahí volvérselo a clavar con rabia hasta lo más profundo, chocándole la cabeza del miembro con fuerza en la entrada de la matriz.
«¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Plas! ¡Chuj—! ¡Glug, glug, glug, glug! ¡Glug, glug—!»
La mesa del comedor se remecía con fuerza, haciendo sonar los platos y tazones con un tintineo, mientras el agua íntima saltaba por todos lados de tanto traqueteo, juntándose en un charco brillante y pegajoso sobre la mesa de madera. Los senos descomunales y blancos de Xiao Wei rebotaban de arriba abajo como locos en cada golpe seco, formando olas de carne, con los pezones poniéndosele rojos e hinchados de tanto movimiento.
—Ah—! Hermano... qué gruesa...! Me estás traqueteando recontra profundo...! Siento que me vas a atravesar la matriz con esos golpes...! Ah, mmm—! Qué rico...! Mátame a traquetear... traquetéame esta conchita con ganas...!
Xiao Wei estaba echada sobre la mesa del comedor, con las piernas levantadas sobre los hombros de Ah Ming, abiertas de par en par en una posición indecente en M. Su rostro hermoso estaba totalmente rojo y desencajado por el placer, con los ojos almendrados volteados en blanco y la boquita de cereza abierta de par en par, soltando groserías llenas de calentura una tras otra:
—Hermano... tu pinga quema un montón... está recontra dura...! Me traqueteas esta conchita y me dejas la parte baja con un picor y un adormecimiento rico...! Ah... más profundo... chócame dentro de la matriz...! Hazme venir con esa pingaza que tienes...! Inyéctame toda tu leche... lléname la matriz de tu leche espesa...! Hazme tener un hijo tuyo...!
Ah Ming respiraba pesado soltando un rugido en respuesta, agarrándole de forma brusca ese par de senos descomunales de copa E que rebotaban sin parar, amasándoselos y apretárselos con fuerza, haciendo que la carne suave se le saliera por entre los dedos de una forma exagerada, mientras le agarraba y le estiraba los pezones con el pulgar y el índice.
—Xiao Wei... tu conchita me apreta recontra rico...! Me aprietas la carne y me haces sentir un placer de la puta madre...! Tienes las tetas bien grandes y suaves... qué rico suena cuando te traqueteo...! conchita de mierd... haciéndote traquetear por tu hermano en la mismísima mesa del comedor donde tus papás acaban de comer... encima soltando esos gemidos tan calientes...!
Cada vez le metía más rápido y con más rabia, pajeándole el miembro a toda marcha dentro de la conchita apretada y caliente de su hermana; en cada jalón sacaba un montón de espuma de agua íntima mezclada con leche, en cada empujón hacia adentro volvía a sacar ese ruido estruendoso de «¡chuj, chuj!». El glande le chocaba con ganas en el punto sensible una y otra vez, haciendo que Xiao Wei convulsionara enterita, con los senos rebotando por todos lados y el agua íntima saltando por toda la mesa del comedor.
—Ah—! Hermano... me voy a venir...! Me vas a romper esta conchita de tanto traquetear...! Mmm, ah—! Las tetas... amásame las tetas con fuerza...! Ah... qué profundo... me abriste la entrada de la matriz...! Inyéctame la leche... échamela todita adentro... mándame toda esa leche hirviendo hasta lo más profundo de la matriz...! Hazme quedar embarazada... para tener un hijo tuyo...!
Los gemidos de calentura de Xiao Wei salían cada vez más rápido, arqueando la cintura delgada de golpe, con la conchita apretándosele en unos calambres salvajes, pajeándole el miembro a su hermano como si fuera una boquita, succionándole el tronco con las paredes de adentro una y otra vez.
Ah Ming sintió cómo el glande le quedaba atrapado con fuerza en la entrada de la matriz y no pudo aguantar más, soltando un rugido pesado:
—Xiao Wei... me voy a venir...! Te la voy a dar todita...!
Le metió un empujón salvaje a la cadera hacia adelante, enterrándole el miembro grueso y largo hasta lo más profundo de su hermana, con el glande pegado a la entrada de la matriz, dándole tirones violentos...
¡Una tras otra, las olas de leche espesa e hirviendo salieron disparadas con fuerza, inyectándole toda la venida directo dentro de la matriz a Xiao Wei!
—Ah—!! Hermano... te veniste adentro...! Quema un montón... es demasiada...! Me llenaste la matriz con toda tu leche...! Mmm, ah—!!
Xiao Wei se vino al mismísimo tiempo alcanzando el orgasmo, convulsionando con todo el cuerpo mientras su conchita se le apretaba de forma salvaje, dejándole atorado el miembro y la leche de su hermano dentro del cuerpo. El agua íntima mezclada con la leche espesa salió chorreando por la parte donde estaban unidos, salpicando la mesa del comedor hasta dejar una mancha de líquido blanco por todos lados.
Los dos llegaron al orgasmo al mismo tiempo, mezclando sus respiraciones pesadas, mientras el miembro continuaba dando latidos dentro del cuerpo de su hermana por más de diez segundos hasta que recién paró de disparar leche.
Xiao Wei quedó despatarrada sobre la mesa del comedor, con las piernas abiertas sin fuerza, con ese par de senos descomunales rojos e hinchados de tanto amansamiento subiendo y bajando al ritmo de su respiración agitada, mientras la entrada de la conchita se le abría y cerraba en tirones chiquitos, chorreando leche espesa sin parar que le bajaba por la juntura del culo hasta la mesa.
Su rostro hermoso mostraba un rubor de pura satisfacción tras el orgasmo, mirándolo a Ah Ming con los ojos almendrados empapados en deseo, soltando un susurro con una voz suave y coqueta:
—Hermano... es un montón... me dejaste la matriz recontra llena de leche... me siento re feliz...
Ah Ming continuaba respirando pesado, agachando la cabeza para meterse el pezón de su hermana que todavía temblaba dentro de la boca, chupándoselo despacio, manteniendo el miembro metido bien al fondo dentro del cuerpo de su hermana, sin ganas de sacarlo para nada.
La mesa del comedor quedó llena de las huellas indecentes de la batalla que acababan de tener: agua íntima, leche y saliva mezcladas por todos lados, con los platos y tazones movidos de su sitio...
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