La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 108
Traduccion: Asure
Tras una noche ajetreada, Nian Chaoxi y sus compañeros comenzaron a considerar su partida al día siguiente.
Cuando llegaron eran solo dos personas, pero al momento de partir, aun sin contar a los soldados liderados por su tío para atacar la Montaña Quya, había cerca de mil personas cuyo destino quedaba en el aire.
Entre esta gente, algunos no sabían absolutamente nada y solo habían venido a la Montaña Quya a estudiar; el repentino cambio ocurrido en una sola noche en la Montaña Quya los tomó por sorpresa, algunos de ellos, estando aún dormidos, sufrieron esta sacudida abrumadora; al contemplar la Montaña Quya reducida a escombros de la noche a la mañana, hasta ahora había quienes no lograban salir del asombro.
A estas personas no resultaba difícil ubicarlas; la mayoría de los que podían ingresar formalmente a estudiar en la Montaña Quya eran jóvenes demonios que aún no cumplían la mayoría de edad y venían de las Montañas demoníacas cercanas; aunque hubieran atravesado semejante revés, a lo mucho podrían regresar a sus hogares, teniendo aún a dónde ir.
En cambio, los restantes representaban un problema mucho mayor.
Entre los prisioneros, la composición más heterogénea pertenecía a los siervos demoníacos subordinados a la Montaña Quya, los huéspedes financiados por la Montaña Quya, los soldados demoníacos de la guardia y hasta los maestros que impartían enseñanzas en la academia de la Montaña Quya.
La mayoría proclamaba no saber absolutamente nada sobre las acciones de la Montaña Quya; Nian Chaoxi creía que lo dicho por casi todos ellos era verdad, pues la Montaña Quya, antes de que Jing Shi interfiriera, al fin y al cabo solo era una Montaña demoníaca con cierto poderío, teniendo poderío era natural que tuviera gente a su servicio; los asuntos clandestinos de la Montaña Quya eran de por sí cosas que no se podían divulgar a nadie, por lo que, a excepción de los confidentes y de quienes ayudaron deliberadamente al villano en sus fechorías, era probable que la mayoría desconociera que la Montaña demoníaca a la que servían realizaba tales actos.
Sin embargo, entre ellos de seguro había quienes, tal como la serpiente negra y la urraca, o bien conocían al detalle los asuntos de la Montaña Quya y servían a oscuras, o se habían puesto a su servicio por voluntad propia.
Dejar ir a una sola persona de esa clase le parecía una pena a Nian Chaoxi.
Y gente así de seguro no escaseaba.
Puesto que se trataba de asuntos turbios, quienes servían al lado oscuro de la Montaña Quya por lo general conocían los secretos más íntimos de los demás; con tal de poder capturar a uno solo, desenmascarar a los restantes tan solo sería cuestión de tiempo, así que a Nian Chaoxi no le preocupaba demasiado, siendo a lo mucho algo laborioso.
Lo que le preocupaba era cómo tratar a estas personas.
La gran mayoría eran de la tribu de los demonios, la tribu de los demonios había estado cerrada durante muchos años y era muy excluyente; temía que un solo descuido en el manejo de la situación provocara una crisis diplomática.
Solo quedaba ir sacando a la luz a los culpables poco a poco, para después decidir qué hacer.
Y si con respecto a las dos corrientes de personas anteriores al menos podía hallar un método de manejo, el grupo restante era el que resultaba más espinoso de todos.
—Un numeroso grupo de cautivos utilizados por la Montaña Quya como herramientas para arrebatarles la fuerza vital.
Entre estos prisioneros había tanto humanos como demonios; los que estaban en mejor estado aún conservaban su nivel de cultivo, con unos años de descanso no sería problema que se recuperaran por completo, aunque personas en esa situación eran una minoría, la mayoría recién capturados hacía poco tiempo.
En cuanto a los demás, la situación de cada uno era más desgarradora que la del anterior.
Aquellos en una condición relativamente mejor, aunque mantenían su cultivo, ya tenían sus meridianos internos llenos de secuelas; los que estaban un poco peor, si bien preservaban su nivel de cultivo, difícilmente podrían avanzar un solo paso más en esta vida. Y en los casos más severos, sus cuerpos casi no diferían de los de un mortal común, siendo un dilema el solo hecho de si podrían seguir viviendo por un par de días más.
Entre estas personas había humanos y demonios.
Nian Chaoxi fue intencionadamente a preguntarles a dónde querían ir una vez salieran de la Montaña Quya.
Puesto que Nian Chaoxi fue la primera en aparecer en la cueva subterránea para rescatarlos, sumado a sus palabras en la cueva dirigidas deliberadamente a despertar su voluntad de supervivencia y su espíritu de lucha, la gran mayoría le tenía una profunda confianza.
Tras una serie de murmullos en voz baja, los cautivos de la tribu humana fueron los primeros en expresar su postura.
Algunos querían volver a echar un vistazo a sus sectas de origen, otros querían regresar a casa a buscar tratamiento médico, algunos deseaban reencontrarse con sus esposas e hijas, mientras que otros sentían que, habiendo quedado lisiados, les resultaba difícil dar la cara ante sus viejos conocidos, por lo que planeaban pasar el tiempo que les quedaba recorriendo diversos lugares en soledad; ya fuera para buscar paz y tranquilidad o para jugarse la última carta, a ver si conseguían hallar su propia oportunidad de la fortuna.
Y sin importar la decisión que tomaran, sin excepción alguna, todos determinaron que lo primero por hacer era abandonar el mundo demoníaco que los mantenía aprisionados.
Nian Chaoxi lo discutió con Yan Weixing y su tío, con la idea de llevarse a este grupo de personas cuando partieran, dejando ir por su cuenta a quienes sintieran que podían regresar solos, escoltando a lo largo del camino hacia sus respectivas sectas a los que estuvieran gravemente heridos, mientras que para aquellos que no deseaban ver a sus viejos conocidos, Nian Chaoxi y los suyos lo pensaron un momento y finalmente decidieron respetar sus elecciones.
En el pasado ellos no podían elegir su propia vida ni su muerte; al menos ahora podían permitirles decidir por sí mismos su permanencia o su partida.
Retenerlos por la fuerza o enviarlos de vuelta a su lugar de origen no necesariamente sería lo mejor para ellos.
Y las personas mencionadas anteriormente al menos tenían un destino al cual dirigirse; aunque escoltarlos a lo largo del camino fuera un poco laborioso, cada uno de ellos era una vida humana, por lo que Nian Chaoxi no lo consideraba una molestia y los demás tampoco objetaron nada.
Sin embargo, los más espinosos eran en realidad los demonios entre esos cautivos.
Eran en su mayoría pequeños demonios que la Montaña Quya había traído de diversos lugares; no poseían linaje ni antecedentes, para garantizar que incluso si morían nadie sospechara ni investigara al respecto, algunos ni siquiera contaban con alguien a quien llamar amigo.
No tenían a nadie lo suficientemente cercano, no tenían a nadie de suficiente confianza; no tenían a dónde ir.
Y la tribu de los demonios, al fin y al cabo, seguía siendo un lugar donde prevalecía la ley de la selva.
A un grupo como este, integrado por cultivadores demoníacos gravemente heridos y con la mayor parte de su cultivo perdido, si Nian Chaoxi simplemente los abandonaba a su suerte o los devolvía de forma descuidada a las Montañas demoníacas de donde vinieron, careciendo de la fuerza para protegerse, lo más probable es que en cuestión de pocos días terminaran convertidos en objeto de explotación para otros demonios; o peor aún, si topaban con demonios cuyas técnicas de cultivo eran sangrientas, no sería nada raro que terminaran convertidos en alimento y nutrientes de sangre para los demás.
Acomodarlos de esa manera no se diferenciaba en nada de no haberlos rescatado en primer lugar.
Sin embargo, todos ellos eran miembros de la tribu de los demonios; Nian Chaoxi tampoco podía sacar a un grupo de cultivadores demoníacos de las Cien Mil Grandes Montañas de forma abierta y descarada, pues de lo contrario no se sabía qué pensarían quienes tuvieran segundas intenciones si lo veían.
Además, no era seguro que estos demonios estuvieran dispuestos a abandonar su tierra natal.
Los métodos empleados para con los prisioneros de la tribu humana resultaban del todo inaplicables para ellos.
En ese caso, ¿cómo se debía ubicar a este grupo de personas?
A Nian Chaoxi esto le parecía sumamente espinoso.
De tanto darle vueltas al asunto hasta quedar exhausta, prefirió ir a buscar a Yan Weixing para consultárselo.
Yan Weixing reflexionó unos instantes y dijo sin rodeos:
—Entrégaselos a la propia tribu de los demonios para que ellos lo resuelvan.
A Nian Chaoxi se le iluminaron los ojos:
—Detállamelo un poco más.
Yan Weixing explicó pausadamente:
—La tribu de los demonios no es igual a la humana; en la tribu demoníaca, el Emperador Demoníaco lidera el centro, mientras que las distintas Montañas demoníacas inferiores son administradas por sus propios grandes demonios. Mientras los señores de cada Montaña paguen tributo periódicamente y rindan pleitesía como vasallos, el Emperador Demoníaco no se entrometerá en sus asuntos internos. Sin embargo, el Emperador Demoníaco actual es un nuevo soberano que usurpó el trono hace dos años; tiene firmes intenciones de frenar el poder de los grandes demonios, pero sufre por no tener una base sólida de donde meter la mano. Justo ahora que la Montaña Quya está en boca de todos, si le entregamos la Montaña Quya para que use esto como precedente, de seguro estará más que dichoso de hacerse cargo de este asunto tan ardiente.
—¿Y el Emperador Demoníaco...?
—Yo me encargo de contactarlo; de hecho, habiendo armado semejante alboroto aquí, es imposible que nadie lo haya notado, solo era cuestión de tiempo. Llegado el momento, los pocos grandes demonios de la Montaña Quya se le pueden entregar todos juntos al Emperador Demoníaco para que los procese, nosotros no tendremos que intervenir más.
A Nian Chaoxi le pareció una opción viable y fue de inmediato a discutirlo con su tío.
Su tío, a quien el interrogatorio del grupo de prisioneros ya le estaba dejando la cabeza a punto de estallar, aceptó al instante.
Así pues, permanecieron aquí durante dos días más.
En estos dos días, para evitar levantar sospechas, los cultivadores que pidió prestados su tío y los escuadrones de la muerte de la tribu demoníaca se retiraron uno tras otro, quedando únicamente el Ejército Caballero de Yan custodiando el lugar.
Nian Chaoxi y su grupo no tenían la menor intención de ocultarlo; por razones que solo él conocía, Yan Weixing incluso mandó a hacer saber de forma muy clara y pública todo lo ocurrido en la Montaña Quya.
Así, en menos de dos días, todas las Montañas demoníacas que rodeaban la Montaña Quya se enteraron de los sucesos acontecidos en ella, como también de que el nuevo Emperador Demoníaco vendría en pocos días.
En un principio, como la Montaña Quya había sido erradicada de la noche a la mañana por cultivadores humanos, las demás Montañas demoníacas aledañas no carecían de intenciones de aprovechar la oportunidad para hacerles frente y sacar tajada del botín; pero en cuanto se difundieron los actos atrabiliarios de la Montaña Quya y la pronta llegada del Emperador Demoníaco, la dirección del viento cambió por completo de la noche a la mañana.
Las Montañas demoníacas de los alrededores que poseían algo de poder se llamaron a un silencio absoluto.
Esto era a todas luces un asunto turbio y pantanoso; las atrocidades cometidas por la Montaña Quya eran imperdonables incluso dentro de la tribu demoníaca. Si en este momento se dejaban llevar por la codicia de sacar tajada, la liquidación de cuentas terminaría recayendo sobre ellos, lo cual resultaría contraproducente.
Además, entre estas Montañas demoníacas no se podía descartar que hubiera quienes hicieron tratos con la Montaña Quya, comprándole energía vital para otros usos o enviándole prisioneros a la Montaña Quya.
No es que no supieran qué clase de turbios negocios se traían en la Montaña Quya.
Ahora que la Montaña Quya había caído, no veían la hora de esconderse lo más lejos posible.
Por lo tanto, la difusión pública ordenada por Yan Weixing, de manera inesperada, les concedió dos días adicionales de absoluta paz y tranquilidad.
Y a lo largo de estos dos días, Mu Yunzhi desapareció sin dejar rastro.
Nian Chaoxi no le prestó atención a su paradero; cuando el Ejército Caballero de Yan le informó sobre la partida de Mu Yunzhi, ella tan solo mostró una leve sorpresa.
Medio día después de que Mu Yunzhi se fuera, Shen Tui intentó hacerle una visita a Nian Chaoxi, encontrándose de frente con Yan Weixing.
Al ver a Yan Weixing, el rostro de Shen Tui se descompuso al instante.
Con voz pesada y sombría, preguntó:
—¿Por qué estás en la habitación de Xixi?
Yan Weixing no le dio la menor importancia y dijo con indiferencia:
—¿Acaso eso tiene algo que ver contigo?
Su voz era tan serena que helaba el corazón, como si esa persona no te tuviera en lo más mínimo en cuenta ni siquiera al dirigirte la palabra; y en cuanto a entrar y salir de la habitación de Xixi, para él era algo a lo que estaba más que acostumbrado.
Sin embargo, en la Ciudad Yuejian, Xixi jamás permitía que nadie se acercara a su habitación, con la única excepción de su sirvienta Yan'er.
Shen Tui apretó los labios:
—Quiero ver a Xixi.
Yan Weixing soltó una leve risa:
—¿Tú? ¿Ver a Xixi?
Shen Tui guardó silencio.
Yan Weixing entonces dijo:
—Sígueme.
Dicho esto, sin siquiera mirarlo, dio media vuelta y salió.
Shen Tui permaneció en silencio un momento y lo siguió.
Ese mismo día, Yan Weixing le propinó a Shen Tui una paliza tal que lo dejó sin la menor capacidad de resistencia, para luego arrojarlo directamente fuera de la Montaña Quya.
En cuanto a Zong Shu, Nian Chaoxi hizo que la gente lo aprehendiera directamente.
Él estuvo confabulado con la Montaña Quya y a lo largo de doscientos años no se sabía a cuántos cultivadores humanos había perjudicado; sus crímenes ya no eran algo que Nian Chaoxi pudiera juzgar por sí sola. Con fiabilidad, una vez que regresaran al territorio de la tribu humana y proclamaran los acontecimientos de la Montaña Quya ante todo el mundo, los allegados y familiares de las víctimas de aquel entonces darían la cara para ajustar cuentas con él.
Antes de que el Ejército Caballero de Yan encarcelara a Zong Shu, este solicitó ver a Nian Chaoxi una última vez.
Nian Chaoxi no accedió a verlo.
Así pues, el Ejército Caballero de Yan le transmitió un mensaje.
—Aguardo a que juzgues mis pecados.
Al escuchar esto, Nian Chaoxi guardó silencio un momento y soltó una risita burlona.
En verdad, en ninguna parte faltaba este tipo de gente presuntuosa que solo buscaba conmoverse a sí misma.
Dos días después, Nian Chaoxi conoció al actual Emperador Demoníaco de la tribu de los demonios.
—Un joven que parecía ser incluso un poco menor que ella.
Nian Chaoxi no se presentó en persona, dejando directamente que su tío y Yan Weixing se encargaran por su cuenta.
Así, tras una mañana entera de negociaciones y estira y afloja, el hecho de que Nian Chaoxi y los suyos hubieran traído tropas para adentrarse sin autorización en territorio demoníaco y aniquilar la Montaña Quya se convirtió en una encomienda del propio Emperador Demoníaco para purgar a los rufianes, sin dejarle el menor pretexto ni punto débil a nadie.
Y tal como pensaba Yan Weixing, él asumió voluntariamente el desastre de la Montaña Quya junto con los cautivos demoníacos que no tenían a dónde ir.
Llegados a este punto, no tenía ningún sentido que Nian Chaoxi y sus acompañantes permanecieran más tiempo allí; Nian Chaoxi decidió partir de inmediato, llevando a las víctimas de la tribu humana de vuelta a su territorio.
Y el alboroto provocado por la Montaña Quya, recién a partir de este momento, comenzó a llegar finalmente a oídos de la tribu humana.
Innumerables sectas, clanes prósperos y poderosos señores de cada región aguardaban expectantes y con ansias.
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