LASDLHDAHR 103





La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 103




Traduccion: Asure


Yan Weixing sacudió ligeramente la espada larga de color carmesí que había condensado con la intención de su espada, mientras contemplaba con mirada gélida a la vil serpiente mítica que tenía enfrente.

En menos de un cuarto de hora, era la septuagésima vez que dispersaba la niebla que rodeaba a la criatura. Aunque el engendro lograba reconstituirse rápidamente cada vez, tras setenta intentos consecutivos, su debilidad resultaba más que evidente a simple vista.

A la par de esa debilidad, llegaron una impaciencia histerica y una ofensiva aún más encarnizada.

Yan Weixing podía notar la desesperación de la serpiente mítica, por lo que él, al contrario, dejó de tener prisa.

A través de su lúcida percepción, lograba divisar con absoluta claridad un alma viva perteneciente a un humano, acurrucada en una pequeña porción dentro del alma divina de la criatura, la cual estaba compuesta por aura de muerte.

Esa alma viva ya mostraba una paulatina tendencia a fusionarse con el aura de muerte que tenía enfrente.

Desde el primer instante en que la vio, Yan Weixing reconoció que le pertenecía a Jing Shi.

Atreverse a fusionar su alma viva con una vil serpiente mítica era una audacia sin precedentes.

Sin embargo, Yan Weixing tampoco albergaba la menor duda de que, al no haber ya fuerza vital que la alimentara y estando él ahí para frenarla e impidiéndole cazar seres vivos para reponer energías, una vez que la criatura agotara todas sus fuerzas en combate, a quien devoraría primero sería al propio Jing Shi, cuya alma ya estaba integrada a la suya.

Llegado ese momento, era muy probable que la serpiente mítica tuviera una última embestida.

Por eso, Yan Weixing se tomó las cosas con más calma todavía; de todos modos, hoy terminaría acabando con ella sí o sí.

La mirada con la que Yan Weixing contemplaba a la bestia se volvió aún más fría y distante.

Desde el preciso momento en que la criatura lo arrastró al subterráneo y la vio por primera vez, Yan Weixing ya le había decretado su hora final.

No solo por las consecuencias que traería sobre el mundo de la cultivación si ese engendro lograba liberarse por completo del sello, sino por Nian Chaoxi.

Dentro de los recuerdos que acababa de recuperar, distinguía con desgarradora claridad de qué manera esa serpiente mítica había contribuido a la muerte de Xixi en aquel entonces.

Por ello, la intención asesina emergió con un ímpetu atronador, envolviéndolo con una fuerza sin igual.

Y todo esto —tanto la desmedida intención de matar que sentía hacia el engendro como los recuerdos que de pronto habían vuelto a él— se lo debía, irónicamente, a esa misma serpiente mítica.

Así es: él había buscado sus recuerdos desesperadamente sin obtener más que fragmentos y detalles insignificantes, privado de ellos durante tanto tiempo; y ahora, el hecho de haberlos recuperado de la noche a la mañana resultaba ser un mérito de esa criatura.

Porque mucho antes de que Xixi cayera en su ilusión, él ya había atravesado un reino ilusorio por su cuenta.

En aquel instante, cuando la serpiente mítica lo arrastró al subterráneo, al mismo tiempo que caía hacia las profundidades, sucumbió en el reino ilusorio que la bestia le había preparado meticulosamente.

Era una trampa con la que la criatura pretendía acabar con su vida.

Y en esa ocasión, no había a su lado una Nian Chaoxi que pudiera hacerlo volver en sí.

Yan Weixing tampoco lograba recordar cuánto tiempo estuvo luchando dentro de esa ilusión; solo sentía que el tiempo transcurría de prisa en ella, como si no pudiera aferrarse a nada ni controlar su propio destino, sintiendo que en un parpadeo se le había ido la vida entera.

Cuando logró salir a duras penas de esa ilusión que amenazaba con consumirlo vivo, las partes de su ser que había olvidado lo inundaron en una oleada aplastante.

Al mismo tiempo, vio a la serpiente mítica convertida en una niebla negra.

En ese mismísimo instante, fijó en su mente el destino final de esa bestia.

Por eso, en este preciso momento, la mirada con la que Yan Weixing la contemplaba no se diferenciaba en nada de la que le dedicaría a un objeto inerte.

Sin saber si fue esa mirada lo que la ofendió o si el hecho de no poder vencerlo tras tanto tiempo e incluso salir herida le resultaba insoportable, la serpiente mítica se detuvo un instante y de pronto volvió a lanzarle un reino ilusorio.

Esta vez, Yan Weixing ni se inmutó.

Las ilusiones, en última instancia, actúan sobre el mar de la conciencia humana. El espíritu de la serpiente mítica era gigantesco e inquebrantable, motivo por el cual sus ilusiones eran letales e infalibles, hasta el punto de infundir pánico en todo el mundo de la cultivación.

Sin embargo, cuando alguien era arrastrado a un reino ilusorio más de diez o decenas de veces en menos de un cuarto de hora, por más aterradora que fuera la ilusión, le terminaba resultando algo sumamente cotidiano.

Al principio, cuando la bestia usaba la ilusión en medio del combate para someterlo, aún lograba hacerlo sufrir un rato y pasarlo mal.

Pero ahora, las ilusiones que lanzaba solo conseguían distraerlo por una fracción de segundo.

El mar de la conciencia de Yan Weixing y su resistencia ante los reinos ilusorios crecieron a pasos agigantados tras semejante templanza continua, alcanzando un nivel que llegó a espantar a la propia serpiente mítica.

Esa criatura, a la que le fascinaba matar gente mediante ilusiones y que disfrutaba viendo a los demás colapsar mientras agonizaban sin poder salir jamás de ellas, sintió miedo por primera vez hacia un ser humano.

Sí, miedo.

Incluso Lord Dios de la Guerra que la había sellado no era a sus ojos más que un oponente capaz de hacerlo tropezar; aun habiendo caído derrotada ante sus manos, jamás le tuvo miedo.

Pero el sujeto que tenía enfrente era distinto.

La serpiente mítica vio con sus propios ojos cómo creció a una velocidad pasmosa dentro de esa ilusión que había acabado con incontables vidas.

Era como si sus ataques mortales se hubieran convertido en su alimento: este hombre absorbía, aprendía y se fortalecía a un ritmo aterrador.

Sin embargo, lo que más le erizaba la piel no era su crecimiento, sino los métodos que empleaba una y otra vez para liberarse del reino ilusorio.

Al principio actuaba con cautela, como cualquier humano que intenta escapar de una trampa: mientras no estaba del todo consciente mantenía la precaución por instinto, al recobrar la lucidez buscaba las posibles grietas de la ilusión.

Pero después, las cosas se salieron por completo de control.

La serpiente mítica presenció cómo masacró a todos los presentes en la ilusión hasta abrirse paso a la fuerza para salir de ella.

Lo vio romperse el cuello a —sí mismo— sin pestañear siquiera, mientras mantenía una sonrisa en el rostro.

Lo contempló charlando y riendo tranquilamente un segundo, para al instante siguiente destruir todo lo que tenía enfrente sin previo aviso.

Tras atestiguar cada una de sus acciones, incluso para una criatura como la serpiente mítica, una sensación rozando el terror comenzó a germinar en su interior.

Y el hecho de emplear técnicas ilusorias esta vez no era más que una medida desesperada por pura necesidad.

Esta vez, ¿qué volvería a ver él?












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Yan Weixing contempló la escena de cuando resucitó a Nian Chaoxi.

Pasó cincuenta años en el reino humano buscando el arte secreto para revivir a Nian Chaoxi; al no obtener resultados, le encomendó su espada a Jingwang y partió solo hacia la tribu demoníaca.

Él sabía que una técnica secreta como la resurrección definitivamente solo podía estar en manos de los más fuertes, por lo que dedicó varias décadas más hasta convertirse en el Soberano Demoníaco.

Tras convertirse en el Soberano Demoníaco, obtuvo como tanto anhelaba el arte secreto de traer a los muertos a la vida.

Pero ese no era, en absoluto, el arte secreto que él buscaba.

Aquel método estipulaba que se requería el sacrificio de sangre de diez mil personas para traer de vuelta a una sola vida.

Pero él pensó: ¿cómo iba Xixi a aceptar una resurrección semejante?

Ella se había ido de este mundo pura e inmaculada, así que él la traería de regreso de la misma forma, pura e inmaculada, sin mancharse con el menor karma o pecado.

Por eso decidió hallar por su propia cuenta la forma de resucitarla.

Al fin y al cabo, el sacrificio de diez mil vidas tenía como fin suplir la energía vital necesaria para revivirla; entonces, si él se volvía lo suficientemente poderoso, ¿acaso la energía vital de un solo hombre no podría igualar a la de diez mil personas?

Sintió como si ante sus ojos se encendiera una luz y comenzó a cultivar día y noche sin descanso.

Hasta que un solo hombre pudo equivaler a diez mil.

Aquel día, un palpito en su interior le indicó que había llegado el momento.

Así que se extrajo una costilla y, juntándola con su propia carne y sangre, confeccionó un cuerpo para Xixi.

Un cuerpo sano, capaz de albergar su alma divina.

El cuerpo ya estaba listo, pero carecía de energía vital.

Sin embargo, a él no le importaba; temiendo llegar a olvidarla, primero grabó el nombre de Xixi directo en su alma divina.

Luego tomó el cuerpo de Xixi, fue hasta la tumba donde ella yacía y, con sus propias manos, se abrió el pecho, se sacó medio corazón y lo colocó dentro de ella.

Y así, la energía vital quedó concedida.

En ese mismísimo instante, los ojos de aquel cuerpo cobraron vida y brillo poco a poco.

Fue en esa fracción de segundo que Yan Weixing percibió en lo más profundo de su ser el retorno del alma de Xixi.

Esta era la primera vez en tantos años que sentía la presencia de Xixi de manera tan real y tangible.

Su alma divina aún existía en algún rincón de este mundo.

Y ahora, él la había traído de vuelta.

El dolor de arrancarse el corazón con las propias manos era un tormento insufrible.

Pero en ese instante, solo una agonía de semejante magnitud podía recordarle que todo esto era real.

Al contemplar esos ojos que poco a poco recobraban la vida y sentir el regreso del alma de Xixi, las fibras de su corazón, tensadas durante tanto tiempo, se relajaron de golpe.

El dolor abrasador junto a un cansancio abrumador lo inundaron por completo, sumergiéndolo en un instante.

Antes de perder el conocimiento, pensó: estando en un estado tan deplorable, quién sabe si Xixi aún podrá reconocerlo.

Volvió a pensar: si grabar su nombre en el alma divina no servía de nada y aun así terminaba olvidándola, ¿qué debía hacer?

Miles de pensamientos, miles de inquietudes, todas giraban en torno a ella.

Al final, todas esas ideas se resumieron en una sola frase:

Xixi, por fin te encontré.

Yan Weixing abrió los ojos de golpe; ya no quedaba ni el menor rastro de desconcierto en su mirada.

Esta había sido la ocasión en que más rápido se había recobrado de una ilusión.

La vil serpiente mítica ni siquiera pudo evitar pensar: la próxima vez, ¿aún sería capaz de controlar a este sujeto?

O mejor dicho, ¿acaso tendría una próxima vez?

Pero ya no le daba el tiempo para pensar, porque Yan Weixing ya se había lanzado al ataque.

Y al haber quedado separada de su cuerpo físico, sin este para suministrarle vitalidad ni contando con seres vivos de los cuales alimentarse, sabía perfectamente que si no lograba hacer algo contra él...

Sin embargo él...

De pronto, la serpiente mítica emitió una voz humana.

Soltó una risa burlona y dijo:


—Ahora solo te queda medio corazón, no vas a poder matarme; a menos que... ¿pretendas destruirte junto conmigo?


Yan Weixing no dijo una sola palabra, como si no hubiera escuchado nada.

La serpiente mítica volvió a hablar:


—Aquella persona que me selló... te gusta mucho, ¿verdad? Ya que tienes a alguien a quien añoras en tu corazón, ¿qué necesidad tienes de destruirte peleando a muerte conmigo? Puedo prometerte que no le haré nada, e incluso puedo pasar por alto el hecho de que me haya sellado; siendo así, ¿por qué no cedemos un paso cada uno?...


La criatura recurrió a las técnicas para descifrar el corazón humano que usaba en sus ilusiones, impregando su voz de una intensa seducción.

Sin embargo, antes de que pudiera terminar de hablar, una voz clara y resonante irrumpió de pronto, desbaratando todos sus cálculos.


—¿Quién querría destruirse junto a una bestia como tú? ¡¿Y con quién te crees con derecho a poner condiciones?!


¡El rostro de la vil serpiente mítica se demudó de golpe!

Al instante siguiente, Nian Chaoxi apareció repentinamente detrás de Yan Weixing; le posó una mano en el hombro y sonrió con ironía:


—Lo sentimos, nosotros no hacemos tratos con animales.


Los músculos de Yan Weixing se tensaron por instinto, para luego irse relajando gradualmente.

Mantuvo la mirada fija en la bestia sin voltear, pero apretó los labios y dijo en tono de desaprobación:


—Xixi, no debiste venir.


Nian Chaoxi le respondió con una chispa de picardía:


—Bueno, ya estoy aquí, ¿me vas a pegar?

—........


Soltó un suspiro de resignación.

En este preciso instante, las amenazas de la criatura y la idea de destruirse juntos quedaron completamente echadas al olvido por ambos.

La serpiente mítica montó en cólera en un abrir y cerrar de ojos y, sin medir consecuencias, se abalanzó con furia contra Nian Chaoxi.

La expresión de Yan Weixing se volvió gélida al instante y, con un movimiento de revés de su espada, la hizo retroceder de un golpe.

Pero justo cuando se disponía a replegar el arma, una mano sujetó de pronto la suya, la misma con la que empuñaba la espada.

Era Nian Chaoxi.

Yan Weixing se puso rígido por completo al instante.

Sin embargo, Nian Chaoxi pareció no darse cuenta y le preguntó de pronto:


—Daoísta Yan, esa mitad de corazón que perdiste, ¿qué tanto te afecta?


Al oír eso, a Yan Weixing se le apretó el corazón; apretó los labios y dijo:


—Puedo matarla.


No he quedado inservible por faltarme medio corazón, aún puedo protegerte.


Nian Chaoxi hizo como si no hubiera entendido el mensaje entre líneas y volvió a preguntar:


—Si esa mitad de corazón regresara, ¿cuánta confianza le tendrías para vencerla?


Esta vez, antes de que Yan Weixing pudiera articular palabra, la vil serpiente soltó una carcajada estruendosa.

Dijo con absoluta malicia:


—Si esa mitad de corazón regresara, por supuesto que estaría en su máximo esplendor. Así que, rápido, devuélvele su corazón; él se volvió débil justamente por tu culpa...


Antes de que terminara de hablar, una intención asesina aterradora brotó de golpe de Yan Weixing:


—¡Mereces la muerte!


Teniendo la mano derecha sujetada por Nian Chaoxi, no se atrevió a moverla, así que con la mano izquierda lanzó de un tajo una impresionante onda de espada.

La serpiente mítica la esquivó de inmediato.

Sin embargo, Nian Chaoxi no mostró el menor gesto de enojo.

Esperó a que Yan Weixing terminara de ejecutar su movimiento y solo entonces dijo con calma:


—A mí no me parece.


Antes de que la criatura pudiera confundirse, ella se acercó de pronto al oído de Yan Weixing; su aliento cálido rozó el costado de su oreja.

Dijo con dulzura y pausadamente:


—Tu otra mitad del corazón la tengo yo, ahora estoy aquí a tu lado; puedo sostener la misma espada contigo y puedo luchar hombro a hombro a tu lado. Daoísta Yan, ¿crees que puedo ser la otra mitad de tu corazón para que al fin estés completo?


En ese instante, al corazón de Yan Weixing —aquel al que le faltaba la mitad— le dio un vuelco violento. Por un segundo creyó haber oído mal o haber malinterpretado sus palabras.

Ser la otra mitad de su corazón...

¿Acaso significaba lo que él estaba pensando?

Yan Weixing abrió la boca, queriendo preguntar pero sin atreverse a hacerlo.

Fue entonces cuando Nian Chaoxi giró ligeramente la cabeza y le dio un beso en la mejilla.


—Ya que no dices nada, asumiré que estás de acuerdo.


Su tono era tan dominante como el de un líder de montaña escogiendo a su consorte.

La sensación de calidez se posó en su mejilla.

Yan Weixing sintió que jamás en su vida había reaccionado tan rápido; comprendió en una fracción de segundo lo que aquello significaba.

En ese preciso momento, una fibra en lo más profundo de su corazón se rompió de golpe.

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