HDH 960






Hombres del Harén 960

SS32: Kallain y el mundo del romance (3)





—¿Baekhwa se aprovechó de ti? ¿A qué te refieres?


Kallain ni siquiera había aparecido todavía, Latil ya andaba descolocada por haber visto un futuro falso tan desolador. Escuchar que Baekhwa se había ensañado con Gesta solo le dejó la cabeza aún más mareada.

'¿De verdad Baekhwa podría sobajar a Gesta? ¿Acaso Gesta no es de los que no se quedan de brazos cruzados? Además, también está Conde Lancaster'

Una lágrima rodó por la mejilla de Gesta.


—A Sir Baekhwa no le gusta que yo sea un Brujo...

—¿Qué?

—Vine hasta acá porque quería ver a Su Majestad... y Sir Baekhwa me dijo algo... Me dijo que cuando nazca el hijo de Sir Jaisin, a los Brujos nos van a tratar como en los viejos tiempos...


El monstruo del futuro falso, que había escuchado todita la conversación entre Baekhwa y Gesta, chasqueó la lengua. No podía entender cómo Gesta podía hablar con tanta tranquilidad cuando él mismo había presenciado todo. Lo raro era que Gesta no estaba mintiendo. Cada palabra la había dicho Baekhwa. La cosa era que a Gesta no lo habían tratado tan mal como para ponerse a llorar tan desconsoladamente.

En ese momento, Latil volteó a ver al monstruo y le preguntó:


—¿Eso es verdad?


El monstruo asintió por instinto. Como todo lo que dijo Gesta era cierto, no tenía nada que desmentir. Además, no le pasaba ni el Brujo ni el comandante de los caballeros sagrados, pero si tenía que elegir a cuál le tenía más bronca, era al comandante.

Latil le limpió la lágrima a Gesta y le tomó el pelo:


—Conque ahora nuestro Gesta salió bien chismoso, ¿no?


Gesta reclinó el rostro sobre la mano de Latil y susurró:


—Conde Lancaster podría meter las manos y pelear... Pero a Su Majestad no le gusta mucho cuando Lancaster se mete...

—No es que no me guste. Siempre y cuando no se pase de la raya. Como andar tramando cosas, matar a alguien o encerrarlo para siempre en la cueva del zorro.


'Si le quitas todo eso, ¿qué cuentos le queda?'

pensaron Gesta y el monstruo al mismo tiempo.


—Como sea, ni le hagas caso a lo que dijo Baekhwa. Ni siquiera sabemos si el hijo de Jaisin va a nacer. Y aunque nazca, es poco probable que se convierta en el sucesor.


Gesta asintió sumiso. No había dicho todo eso esperando que Latil fuera a cuadrar a Baekhwa de inmediato. Él estaba pensando en el futuro a largo plazo.












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A la noche siguiente, Latil fue a ver al monstruo del futuro falso. Sin embargo, no se animaba a pedirle que le mostrara la continuación del futuro. Solo se quedó rondando frente a los barrotes.

'Kallain ni siquiera ha aparecido. Eso debe significar que, para cuando lo haga, las cosas se habrán puesto muchísimo peor'

Al ser un futuro falso relacionado con Kallain, Latil sentía que al menos debía verle la cara. Pero la sola idea de pensar en qué tan mal se pondría todo antes de que él saliera la llenaba de pavor. Tras dudarlo un buen rato, decidió seguir viendo el futuro falso.

'Pase lo que pase, tengo que ver la cara de Kallain aunque sea una vez'


—Adelanta un poco y muéstrame lo que pasa después.












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Apenas le agarró la mano al monstruo, la escena cambió de golpe. Ya no era la posada donde la Princesa Latil había sido víctima de la traición de sus sirvientas, ni tampoco el bosque cercano.

'¿Dónde diablos es esto?'

Antes de que pudiera ubicarse, una persona vestida con túnicas sacerdotales se le acercó y empezó a echarle agua bendita encima. Ella estaba medio inconsciente y sacudió la cabeza asustada. Pero siguieron echándole el agua bendita sin siquiera preguntarle si estaba bien.


—¡¿Quiénes son?! ¡¿Quiénes son ustedes?!


Princesa Latil intentó levantarse pegando un grito, pero tenía todo el cuerpo amarrado, dejándola completamente inmovilizada.

Cuando los dos sacerdotes terminaron de vaciar sus frascos, voltearon a ver a alguien que estaba parado a la cabeza de la Princesa Latil y dijeron:


—¿De verdad esta es la princesa? No está reaccionando para nada al agua bendita.

—Se despertó cuando se la echamos encima, ¿no?


Princesa Latil levantó la cabeza para ver quién acababa de hablar. Pero por más que forzó el cuello, no pudo ver a nadie.

Sorprendentemente, el sacerdote que le había estado echando agua bendita sin piedad a Princesa Latil habló de manera objetiva:


—Se debe haber despertado por el agua fría. Eso solo no prueba nada. Los monstruos no reaccionan así de suave cuando les cae agua bendita.


Princesa Latil se enganchó de una palabra en la conversación: la palabra «monstruo».


—¿Monstruo? ¿Me están diciendo monstruo a mí en mi cara?


El sacerdote que la había estado defendiendo ignoró su pregunta. En su lugar, el otro sacerdote que había estado echando agua bendita a su lado habló:


—Sea de verdad la Lord o no, ¿no es muy arriesgado jugársela?


El que estaba parado a su cabeza respondió:


—Así es. Si ella no es la Lord, solo una princesa sufrirá injustamente. Pero si resulta ser la Lord y la dejamos ir, el mundo estará en peligro. En esta situación, que la princesa haga el sacrificio es lo correcto.


'¡¿De qué diablos están hablando?!'

Princesa Latil no le encontraba pies ni cabeza a lo que estaban diciendo. Era una princesa, sí, pero ni siquiera la sucesora al trono; ¿por qué cuernos la trataban como si fuera una figura peligrosa?

Antes de que pudiera ordenar sus ideas, alguien gritó:


—¡Ha llegado alguien de la familia imperial!


De inmediato, los sacerdotes que rodeaban a Latil se apartaron y caminaron hacia otro lado del cuarto. Incluso el que estaba parado a su cabeza se movió.

Mientras ellos bajaban la voz y hablaban entre sí, Princesa Latil empezó a mover las manos de a poquitos, buscando una forma de escapar.

Entonces, por alguna razón desconocida, de pronto escuchó un suave chasquido a su costado. Las cadenas que no se habían movido para nada hace un rato, ahora se aflojaron un poquito. Latil bajó la mirada hacia esa dirección con esfuerzo. Su mano se movía.

Concentrándose en las voces de los sacerdotes, Princesa Latil usó la mano libre para intentar soltar las otras cadenas. Pero no funcionaba bien. Al final, con una sola mano liberada, la persona de la familia imperial terminó de hablar y se acercó primero. Latil bajó la mano al toque y disimuló seguir amarrada.

La figura que se acercaba tenía la capucha tan calada sobre la cabeza que solo se le veía la punta de la barbilla. Era imposible saber quién era a simple vista. Como sea, apareciendo en una situación así, tenía que ser un enemigo.

Princesa Latil aguantó la respiración y, justo cuando la figura estuvo lo suficientemente cerca, usó la mano libre para agarrarla y jalarla hacia ella. Tomando a la persona como rehén, empezó a escapar de donde la tenían guardada.

Pero justo al llegar cerca de la puerta, alguien entró de golpe con una espada, aprovechando el punto ciego que creaba la rehén. Para cuando la Princesa Latil se dio cuenta, la espada ya la tenía casi encima.

Sin embargo, justo antes de que le diera el estoconazo —sorprendentemente, la rehén a la que estuvo arrastrando cubrió a Latil con su propio cuerpo. Latil dejó inconsciente al atacante de una patada y luego atajó a la rehén que había recibido el golpe por ella.

En ese momento, la capucha que le cubría el rostro a la rehén se resbaló, dejando al descubierto el rostro de la Emperatriz.

'¡¿Mamá?!'


—¡¿Mamá?!


Princesa Latil se pegó un susto tan grande que casi se le cae la Emperatriz. La Emperatriz le puso una mano con suavidad en la mejilla a Latil y le susurró despacito:


—Corre. Fuera de Tarium.


Un ruido como de cosas rompiéndose, chocando y explotando retumbó no muy lejos... y se escuchaba cada vez más cerca. Pero Latil estaba en shock, aferrada a la Emperatriz y sin poder moverse.

Entonces, de pronto alguien la cargó en brazos levantando su cuerpo tieso.

'Es Kallain'

Princesa Latil estaba ida, pero sabía que Kallain y sus mercenarios habían tomado el templo por la fuerza. Él se la llevó a la misma fortaleza que había aparecido en el futuro falso de Gesta.

Incluso después de que Kallain la sentó en la cama, le trajo comida y le cubrió los hombros con una manta, la Princesa Latil estaba demasiado impactada como para pronunciar una sola palabra.


—Ami, ¿se encuentra bien?


Kallain calentó una toalla con agua caliente y le limpió suavemente las manos a la Princesa Latil. Recién ahí Latil volvió en sí y miró a Kallain con los ojos desorbitados. Era una cara desconocida, pero en lugar de preguntarle quién era, Latil le hizo una pregunta distinta.


—Los que intentaron matarme me dijeron Lord. Si eso es verdad... ¿puedo matar a los que mataron a mi madre de la misma manera?












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Tras despertar del futuro falso con Kallain, Latil se quedó un buen rato apoyada contra los barrotes de fierro, tal como lo había hecho después de ver el futuro falso con Klein.


[Lord, ¿se encuentra bien?]


el monstruo del futuro falso le dio un toquecito a Latil en la espalda y le preguntó. Tampoco es que estuviera tan preocupado por si la Lord estaba bien o no; le preocupaba más que la Lord estuviera desasada y se desquitara con él. Después de todo, los Lord eran recontra conocidos por su mal carácter.


—No te puedo dejar ir. Tú le haces daño a la gente.


Así nomás. Las palabras que Latil soltó de pronto dejaron achorando y desanimado al monstruo.


[Lord... seguro no le gustó el futuro que vio. Pero eso no es mi culpa. ¿Por qué se desquita conmigo?]


Latil se puso de pie y le dio una palmadita en el hombro al monstruo. Lo que acababa de decir no era para desahogarse con él.


—Capaz no te pueda dar libertad absoluta, pero voy a buscar la forma de que no te tengan encerrado así.

[¿Lord?]


El monstruo se pegó un susto. No entendía por qué la Lord, que hace un rato estaba recontra molesta, de pronto se ponía tan buena gente. Latil movió la cabeza sin decir una sola palabra más y salió del lugar.

Aun así, se le quedó el corazón intranquilo. Fue de inmediato a buscar a Kallain y se le tiró a los brazos. Sorprendido por su aparición repentina y el abrazo, Kallain le devolvió el gesto apretándola contra él.


—Ama, ¿pasó algo?

—Vi un poco del futuro falso contigo. Ahora entiendo por qué me dijiste que no lo mirara.


A diferencia de Latil, Kallain solo había visto ese futuro falso una sola vez. Pero desde su perspectiva, la primera escena que le tocó ver en ese futuro tuvo que ser la muerte de la difunta emperatriz y a Latil entrando en pánico total. Era más que entendible que un solo vistazo lo hubiera dejado helado.

Kallain le agarró la mano a Latil en silencio.


—Aun así, tú y mi mamá debieron tener algún tipo de conexión. Ella siempre fue la que más quería ponerte como Esposo Oficial. En el futuro falso contigo, ella no me traicionó.


Latil pensaba que, aunque Princesa Latil se las había arreglado para soltar una de las cadenas, en parte fue pura suerte que pudiera agarrar a un miembro de la familia imperial como rehén. Mirándolo ahora en retrospectiva, esa suerte era su madre. Su mamá le había visto la mano libre, pero disimuló no haber visto nada y se dejó tomar como rehén a propósito.

Incluso la sirvienta Louitha, aunque la había traicionado al principio, después cambió de parecer e intentó ayudar a Latil. Agarrada de la mano de Kallain y entrelazando sus dedos para jugar, a Latil le entró de pronto la duda de cómo estaría su madre en este momento.

Kallain, notando al toque el cambio en su estado de ánimo, le preguntó:


—Si quiere escribir una carta, mandaré a uno de mis hombres para que la entregue.


Latil no pudo responder por un buen rato y luego susurró con una voz bien chiquita:


—Dame un lapicero y papel.












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Después de ver los futuros falsos tan desoladores tanto con Klein como con Kallain, Latil terminó tan impactada que se le quitó gran parte de la curiosidad por seguir viéndolos. En su lugar, se puso un poco más compasiva y fue a buscar a Meradim con un favor.


—¿Puedes hacer que dos tritones de sangre saquen al monstruo del futuro falso a tomar aire fresco de vez en cuando?

—¿Quiere que lo pongamos a secar al sol?

—Les estoy pidiendo paseos cortos o caminatas largas con él.


Luego de que al monstruo del futuro falso se le permitiera salir de la prisión bajo vigilancia, Latil empezó a visitarlo con menos frecuencia de manera natural.

Volvió a su rutina de siempre: trabajando de día y pasando las noches con sus consortes y sus hijos. La gente se fue olvidando de a pocos de que alguna vez la princesa había dicho que no le pasaban sus hermanos. Los días tranquilos pasaron volando.

El incidente ocurrió justo antes del séptimo cumpleaños de Fleura.

Latil le había estado metiendo un montón de ganas a los preparativos para la fiesta de cumpleaños de Fleura. Ahora que Fleura estaba creciendo, poco a poco iba a tener que empezar a relacionarse con niños de otras familias nobles, así que Latil planeaba invitar a chicos de una edad parecida.

Pero en medio de los ajetreados preparativos, Girgol se le acercó y le dijo:


—Jovencita, logré contactar al Gran Maestro.


¡La esperanza de vida de Fleura!

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