HDH 958






Hombres del Harén 958

SS32: Kallain y el mundo del romance (1)





Todo el cuerpo le dolía horrores. Las armas y las piernas se le sentían tan pesadas como si le hubieran puesto grilletes de fierro. Le reventaba la cabeza, le palpitaba y hasta le daba vueltas todo. Tenía el estómago revuelto como si fuera a vomitar en cualquier momento.

'¿Qué diablos es esto?'

El olor a sangre era fuertísimo. Pero la Latil falsa parecía entender la situación. Dejó la mente en blanco y se le quedó mirando fijamente a algo.

'¿Estoy herida? ¿Cómo terminé así de mal?'

También había resultado herida en el futuro falso con Tasir. Pero las lesiones de ese momento no se comparaban para nada con esto. En la vida real, había sufrido heridas mucho peores antes, pero ese cuerpo había estado medio despierto, bien distinto al de ahora.

En ese momento, una voz chiquita y cansada vino desde a su lado. Una voz conocida.


—Princesa, ¿se encuentra bien?

—Estoy bien.


respondió Princesa Latil, pero no volteó la cabeza.

La Latil real no pudo reconocer al toque quién le había hablado. Solo después de un rato cayó en la cuenta de quién era esa voz.

'¿Kyarice? Suena como Kyarice'

Kyarice era una de las sirvientas de Latil. Había estado con ella por un buen tiempo, pero su relación se había vuelto tensa después del incidente del falso emperador.

'¿Por qué Kyarice está a mi lado?'


—Esto es mi culpa. Yo fui la que sugirió que descansáramos en esta posada.......


Esta vez, alguien sollozó desde más atrás. Esa voz también le era familiar. Otra sirvienta.

'Suena como Louitha'


—No es tu culpa. El carruaje se malogró y perdimos la mayoría de nuestras cosas. Teníamos que elegir entre dormir en el bosque o buscar una posada. Todas estuvimos de acuerdo.


Otra vez, otra voz, esta vez de Beige, otra de sus sirvientas, vino desde cerca.

'¿Qué está pasando? ¿Por qué están todas las sirvientas acá?'

Pero Latil estaba en una situación en la que solo podía juntar información limitada, así que no podía sacar la línea de inmediato. Recién después de un rato, Princesa Latil finalmente volteó la cabeza para mirar a las sirvientas.

'¡¿Y a ellas qué les pasó?!'

Latil se pegó otro susto. La princesa no era la única herida. Las tres sirvientas estaban lastimadas y sangrando por varios lados. Beige parecía ser la que estaba peor, con la mitad de la cara cubierta de sangre.

Pero la Princesa Latil, como si ya estuviera al tanto de sus heridas, murmuró sin sorprenderse:


—He estado observando, pero es en vano. Los asesinos no dejan de patrullar. No se van a ir de la zona.


A Louitha le caían las lágrimas a chorros. Kyarice no lloraba, pero se cubría la cara con ambas manos y temblaba. Beige intentó tocarse la cara herida, pero Princesa Latil la detuvo.


—No te la toques. Es mejor así.


Beige bajó la mano como le dijeron, luego preguntó:


—Usted sabe manejar la espada, ¿verdad, Princesa?

—Sí.

—¿Se siente capaz de defenderse?


La forma en que Beige le hizo la pregunta dejaba ver que no le tenía mucha fe al manejo de espada de Latil. Pero no era la primera vez que se topaba con dudas así, de modo que la Princesa Latil no lo tomó a mal y respondió tranquila:


—También puedo atacar. Pero hay demasiados allá afuera.


Entonces Kyarice suspiró y susurró:


—Princesa, quedándose escondida acá con nosotras solo nos va a poner a todas en más peligro.


Princesa Latil no lo pudo negar y se le quedó mirando al hueco de la pared de madera rota. Como se quedó callada, Kyarice le volvió a insistir.


—Princesa, tiene que tomar una decisión.

—¿Una decisión?

—Usted tiene que sobrevivir, Princesa. Y nosotras... nosotras también queremos sobrevivir. Así que para aumentar nuestras posibilidades, tenemos que separarnos.


Princesa Latil dejó de espiar por la rendija y miró a Kyarice. A su lado, Beige, que no dejaba de llevarse la mano a la cara, preguntó con cara de desconcierto:


—Pero eso podría ser más peligroso, ¿no? Dicen que separarse en una situación de peligro es peor.


La respuesta vino de parte de Louitha.


—No, yo estoy de acuerdo con Kyarice. Princesa, las tres vamos a hacer bulla y vamos a correr en distintas direcciones. Usted espere y escape hacia la dirección que se vea más segura.


La Princesa Latil contempló la conversación de las sirvientas y se quedó horrorizada.


—¿Qué cosa? ¿Quieren que las use como carnada? No puedo hacer eso.


Kyarice, sintiéndose frustrada, intentó persuadir a la princesa una vez más:


—Pero las cuatro estamos heridas, Princesa. Si nos quedamos juntas, solo nos vamos a retrasar la una a la otra. Si nos separamos, los enemigos también se van a dividir para perseguirnos, lo cual es mucho mejor.


Princesa Latil abrió y cerró la boca, totalmente mútil.

Era la pura verdad. Las sirvientas eran hijas de nobles que en su vida habían agarrado una espada ni para defenderse. Encima de eso, estaban heridas. Y aunque Latil sí era hábil con la espada, había quedado seriamente lastimada en el accidente del carruaje y no podía protegerlas como se debía. Quedarse juntas solo las convertía en una carga mutua.

Después de un largo silencio, la Princesa Latil por fin habló:


—Entonces... yo también me voy a separar desde el principio. Así, si alguien tiene mala suerte, no le va a guardar rencor a la que logre escapar.


Kyarice movió la cabeza diciendo que no.


—No, Princesa. Por favor no sea terca. Tenemos que poner su seguridad por encima de todo.


Pero Princesa Latil se negó a dar su brazo a torcer.


—De esta forma es mejor. Soy la única de las cuatro que puede hacerles frente y pelear.


Beige, que seguía sollozando mientras se tocaba la cara herida, se puso del lado de Latil.


—C-creo que la Princesa tiene razón.


Todas se quedaron calladas por un momento. Con la decisión tomada, la Princesa Latil se inclinó hacia una rendija de la pared y dibujó en el suelo con el dedo.


—De acuerdo. Cuando escapemos, todas saben dónde se malogró nuestro carruaje, ¿verdad? Nos encontramos ahí.


Tras terminar su dibujo invisible, miró a las sirvientas alrededor. Las tres asintieron, dando a entender que sabían a qué lugar se refería.

De inmediato se posicionaron en dos parejas a cada lado de la entrada, esperando a que alguien abriera la puerta. El plan era emboscar al intruso juntas y luego salir corriendo cada una por su lado en direcciones distintas.

Latil todavía no terminaba de entender la situación. «Entiendo que esto pasó durante un viaje en carruaje. ¿Pero por qué les dicen asesinos a los de afuera? ¿Acaso atacaron primero a los demás de nuestro grupo?».

Pero Princesa Latil, concentrada en el presente, no recordaba el pasado, así que no podía saber los detalles completos.

'¿Acaso Kallain va a venir a rescatarme? ¿Así es como nos conocemos?'

Justo en ese momento, el suelo de madera crujió cerca de la puerta y alguien puso la mano en la perilla. Las sirvientas y Princesa Latil aguantaron la respiración. Mientras la puerta comenzaba a abrirse despacio, Princesa Latil se lanzó hacia adelante y le metió un cabezazo con todas sus fuerzas al intruso.


—¡Aagh!


El sujeto, al recibir el golpe seco, gritó y se fue de espaldas. La Princesa Latil le metió otra patada fuerte en una zona vital.


—¡Uuaagh!

—¡Corran!


Ante su grito, las tres sirvientas salieron disparadas y empezaron a correr. Al principio, dos de ellas corrieron en la misma dirección, pero al toque corrigieron el rumbo y se separaron. Princesa Latil, un poco más atrás, también picó a toda velocidad en otra dirección.


—¡Atrápenlas!

—¡Que no se escapen!

—¡Cáiganles a todas!


Se desató una persecución sin aliento. Princesa Latil lanzaba todo lo que encontraba a su paso hacia atrás mientras corría: faroles, adornos y hasta ladrillos. Si escuchaba el mínimo ruido a sus espaldas, tiraba con furia lo que tuviera a la mano en esa dirección.

Una flecha le rozó la mejilla, haciéndole arder la piel como si la hubieran quemado. Pero no se detuvo. Corrió durante un buen rato hasta que finalmente se estrelló contra un árbol y dio varias vueltas en el suelo antes de frenar.

Apartando las hojas secas, se puso de pie a duras penas... y recién ahí cayó en la cuenta de algo.

Estaba afuera.

Había logrado escapar con éxito.

Ya no se escuchaba el ruido de perseguidores detrás de ella.

[¿Y las demás?]

Princesa Latil miró a su alrededor. No había rastro de que la estuvieran siguiendo: ni pisadas, ni ninguna presencia escondida.

[Tengo que ir al punto de encuentro.]

Cojeando, se dirigió hacia cierta dirección. Con el tiempo, el carruaje destrozado apareció a la vista. Delante del vehículo, Kyarice estaba agachada, revisándose el brazo lastimado.

Asustada por el ruido de las pisadas, Kyarice levantó la mirada. Al ver a Latil, se agarró del carruaje y se puso de pie de un salto.


—¡Princesa!

—¿Y las demás?


Princesa Latil se acercó y miró a todos lados. Aunque preguntó, la respuesta era más que clara con solo mirar.


—No hay nadie más. Yo tuve suerte; nadie me persiguió.


respondió Kyarice con voz desolada.

Ella de verdad había sido la más afortunada de todas. ¿Acaso no había un montón de perseguidores detrás de Latil?

Las dos se sentaron apoyadas contra una rueda del carruaje, esperando a que llegaran las otras sirvientas. Pero por más que esperaron y esperaron, nadie apareció. De pronto, a lo lejos, se escuchó un estruendo fuerte, como si algo hubiera explotado. Temblando del susto, Kyarice preguntó:


—Princesa, creo que a las otras dos ya las atraparon. ¿No deberíamos irnos nosotras dos mientras podamos?

—¿Qué?

—Si a las otras dos ya las agarraron, en lugar de dos atrapadas vamos a terminar siendo cuatro.

—Pero...

—El carruaje está hecho pedazos, pero igual los enemigos podrían venir a revisar por si acaso, Princesa.


Con el brazo lastimado, Kyarice le agarró el brazo a Latil con desesperación. La Princesa Latil lo pensó por un momento y luego movió la cabeza diciendo que no.


—Aun así, tengo que ir a revisar. Con que una más se salve, es mejor.

—Yo no me siento capaz de volver a entrar ahí, Princesa.

—Entonces quédate acá. Si logro rescatar a alguien y la traigo cerca, ahí nos ayudas.

—¡¿Va a ir sola?!

—No me voy a exigir de más. Voy a tantear la situación... No, olvídelo. Voy a volver a entrar. Usted salga del bosque primero. Vaya a pedir ayuda.


Como Kyarice intentó objetar, la Princesa Latil le señaló la pierna.


—Tiene el brazo lastimado, pero sus piernas están bien. Corra sin parar. ¿Puede hacer eso?


Incluso con las piernas sanas, Kyarice era una señorita de la alta alcurnia. Una chica delicada criada sin haber movido un solo dedo en su vida; no le iba a resultar nada fácil correr sola por un bosque. Podían aparecer animales salvajes en cualquier momento. Pero tal vez por el pánico de volver a entrar a esa posada llena de asesinos, finalmente asintió.


—E-está bien. Lo haré. Por favor tenga mucho cuidado, Princesa.


'Tú eras la que me insistía en que yo tenía que sobrevivir hace un rato. Ahora que solo quedamos las dos, cambiaste de parecer'

Distanciada de sus sirvientas, la Latil real pensó con cierta amargura. Pero esto era antes del incidente del falso emperador, así que Princesa Latil no albergaba tales pensamientos. En su lugar, se puso a buscar un arma entre los restos del carruaje destrozado.

Se escondió armas por todo el cuerpo y partió sola de regreso hacia la posada.

'¿Acaso esto es como en ese futuro falso con Tasir, donde la familia imperial mandó asesinos? ¿Y esta vez las sirvientas también terminaron atrapadas en el medio? En ese entonces, hasta el castillo del señor feudal era una trampa. Capaz acá es lo mismo. La única diferencia es que Tasir no está conmigo'

Princesa Latil avanzó a escondidas hacia la posada, ocultándose y escurriéndose por los rincones. Había bastantes asesinos, pero por suerte no los suficientes como para llenar toda la posada. Entonces, tras andar rondando por un rato, escuchó una pelea en las escaleras. La princesa se metió al toque al depósito que estaba debajo de ellas. Desde ahí, los ruidos del enfrentamiento en el piso de arriba se escuchaban todavía más claros.


—¡Si traíamos a la princesa acá, dijiste que estaríamos a salvo! ¡¿Por qué no es verdad?!


Mientras recuperaba el aliento, Princesa Latil sacó la daga que llevaba amarrada a la pierna... y se quedó helada. Esa voz pertenecía a una de las sirvientas que había estado atrapada con ella.

Pero no hubo respuesta.

En su lugar, se escuchó un grito desgarrador de la sirvienta. Quienquiera que le hubiera hecho esa promesa, evidentemente también la había traicionado. La sirvienta que traicionó a la princesa terminó siendo traicionada ella misma. Princesa Latil se quedó ahí de una pieza, desconcertada por el impacto de la revelación.

La Latil real pensó con resignación:

'No importa el futuro que me toque, la traición siempre me encuentra'












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A altas horas de la noche, mientras Latil estaba totalmente sumergida observando el futuro con Kallain, Gesta se mantenía a cierta distancia, observándola. El monstruo del futuro falso, que parecía no sentirse nada cómodo con Gesta, movía los ojos de un lado a otro con nerviosismo, pero no se atrevía a decirle que se fuera.


—Sir Gesta, ¿puedo hablar un momento con usted?


Alguien llamó a Gesta desde atrás. En un principio, Gesta pensaba ignorarlo, pero cuando el monstruo miró por encima de su hombro y encogió el cuello como una tortuga, la curiosidad le pudo más.

Gesta solo volteó la cabeza. Baekhwa se estaba acercando.

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