HDH 957






Hombres del Harén 957

SS31: Round y round





Al ver la dirección en la que caminaba la Emperador, era evidente que se dirigía una vez más a visitar al Sumo Sacerdote.

Escondido detrás de una columna y observando los movimientos de la Emperador, Baekhwa asintió con satisfacción. «El resultado es mucho mejor de lo que esperaba».

Tras ver que Jaisin no estaba aprovechando la oportunidad que se le había presentado de nuevo, se sintió frustrado y provocó a Kallain a propósito. Como Kallain era bien impulsivo en sus acciones, Baekhwa pensó que si se enteraba de que Príncipe Klein lo había atacado por la espalda, sin duda daría un paso al frente. Pero extrañamente, Kallain no movió ni un dedo. Para sorpresa suya, parecía pasar por alto los asuntos de los demás consortes siempre y cuando no se metieran directamente frente a sus narices. Sin embargo, ocurrió algo más que fue en contra de lo que esperaba Baekhwa: la respuesta de la Emperador.

Aunque a Baekhwa la confesión de Jaisin le había parecido desesperante, a la Emperador inesperadamente le había conmovido. Desde entonces, había comenzado a cuidar de Jaisin tanto como lo hacía por Príncipe Klein.

'Los gustos de la Emperador son bien difíciles de entender. Engríe al puro Sumo Sacerdote mientras mantiene a brujos y vampiros a su lado'

En todo caso, mientras la Emperador siguiera visitando al Sumo Sacerdote, era más que suficiente. Con tal de que naciera un hijo entre ellos, el templo podría dedicar todas sus fuerzas a preparar a ese niño para ser el próximo emperador.

Justo cuando un satisfecho Baekhwa se disponía a retirarse, divisó a una niña pequeña corriendo como un venadito por el pasillo iluminado que estaba cerca.

'¿Princesa Fleura?'

Iba corriendo en la misma dirección hacia donde se dirigía la Emperador. Baekhwa no se animó a irse y en su lugar dio un paso atrás escondiéndose tras la columna, achicando los ojos.


—¡Mamá Emperador! ¡Mamá Emperador!


La niña corría a toda prisa, llamando con ganas a la Emperador.

La Emperador, que casi estaba llegando al cuarto del Sumo Sacerdote, se detuvo y sonrió de oreja a oreja al ver a la niña.


—¿Ah? ¿No es Fleura?


Cuando la niña abrió los brazos de par en par, la Emperador la cargó, le dio un beso en su moflete y le preguntó:


—¿No se supone que a esta hora deberías estar durmiendo, mi vida?

—Por lo general sí.

—¿Y por qué hoy no te dormiste y viniste hasta acá? ¿Dónde está tu papá?


La Emperador miró de reojo a la sirvienta de turno que había traído a la niña.

La sirvienta abrió la boca, pero luego juntó las manos y se inclinó con educación.


la Emperador no la llamó la atención. A menos que fuera la niñera o el propio Ranamoon, resultaría bien difícil calmar a la princesa cuando se ponía caprichosa con algo. Habiendo vivido en el palacio toda su vida, ella lo sabía perfectamente.


—Mamá Emperatriz, tengo algo muy importante que decirte. Por eso vine.


Cuando Fleura lo declaró con orgullo, la Emperador dio media vuelta con la niña en brazos. Por más coqueta que fuera la Emperador, de seguro no querría dar muestras de romance con Jaisin delante de la hija de Ranamoon.

Viendo esto, Baekhwa frunció el ceño aún más. «¿Qué es esto? ¿Acaso ese tipo de Ranamoon mandó a la niña para hacerle la contra al Sumo Sacerdote?».

Aunque Ranamoon no parecía de esa clase de gente, el espíritu bullicioso del Duque Atraxil ya era harto conocido.

La sospecha de Baekhwa se hizo todavía más clara con la pregunta de Princesa Fleura.


—Su Majestad, ¿acaso piensa tener más hermanitos?


La Emperador, que hace un rato sonreía al ver a la tierna niña, balbuceó de la sorpresa:


—¿Q-qué? ¿Ah? ¿Qué acabas de decir?


Pero Fleura volvió a preguntar muy seria:


—¿Van a aparecer más hermanitos?


La Emperador, que había estado apoyada contra el barandal del pasillo, se puso derecha de pronto y se arrodilló para mirar a la niña a los ojos mientras preguntaba:


—¿Por qué de la nada te da curiosidad eso?


Era algo que a Baekhwa también le daba curiosidad. ¿Por qué le había entrado el interés por eso de un momento a otro, encima a altas horas de la noche? ¡Ni siquiera cuando estaban todos reunidos!

'Si la princesa da una respuesta demasiado madura para su edad, entonces esto podría ser una jugada de alguien. Tal vez alguien mandó a la niña a propósito a ver a la Emperador. Por eso Su Majestad le está preguntando tan seriamente'


—A mí me gusta Cle como hermanita. Pero el Tercer Príncipe es bien espeso. Ya tengo dos hermanos menores, ¿y qué pasa si nacen más y se me hace cada vez más y más y más pesado a mí?


Pero la respuesta de Fleura fue exactamente la clase de preocupación que un hijo mayor tendría de manera comprensible cuando no dejan de llegar hermanitos. la Emperador, pensando aparentemente lo mismo, asintió sin amargarse.


—Entiendo. Mi Fleura debe estar llena de preocupaciones.


Fleura ni siquiera parecía haber considerado la posibilidad de que la Emperador pudiera amargarse por sus palabras. Esa inocencia ayudó a descartar cualquier sospecha que quedara sobre la inquietud de la pequeña.


—Pero Fleura, ¿por qué de la nada te empezaron a molestar tus hermanos menores?


Todavía no convencida del todo, la Emperador volvió a preguntar:


—¿De casualidad alguien te dijo algo así?


Incluso se lo preguntó sin rodeos. Los guardias parados cerca se pusieron tensos y pasaron saliva. Si Princesa Fleura delataba a una persona en específico en ese momento, fuera verdad o no, esa persona quedaría mal parada a los ojos de la Emperador.


—No. Solo se me ocurrió mientras jugaba.


respondió Fleura bien segura. La verdad era que había compartido esa preocupación con Cleris. Pero Fleura, queriendo mantenerse leal, decidió no revelar el nombre de Cleris. Ninguna de las dos llegó a imaginarse siquiera que su inquietud podía haber venido por parte de Gesta.

Mirando a Fleura, que hablaba con tanta honestidad, de pronto la Emperador la levantó en brazos.


—Bueno, ya está bien. Mi Fleura, estás tan llena de preocupaciones que ni dormirte podías, ¿ah? ¿Mamá te va a hacer dormir?


Súper feliz, Fleura le rodeó el cuello a la Emperador con los brazos y gritó:


—¡Sí! ¡Eso quiero! ¡De verdad!


La Emperador le dio palmaditas suaves en la espalda a la niña y se dirigió hacia la residencia de Ranamoon.

Baekhwa observó hasta que la Emperador desapareció y recién ahí salió de detrás de la columna. Pero de su cara había desaparecido todo rastro de satisfacción. Si alguien hubiera pasado por ahí y le hubiera visto la cara, se habría dado un paso atrás del susto.

'¿Cómo puedo estar tan amargado? ¿Por qué esa sensación de desazón tuvo que aparecer justo cuando el Sumo Sacerdote empezaba a recibir atención? ¿Acaso eso tiene sentido?'

Solo varios días después de que la Emperador dejara de visitar a Klein y a Jaisin como antes, Baekhwa cayó en la cuenta de que esto no era una coincidencia molesta, ni una jugada de Duque Atraxil o de Ranamoon. Tampoco había actuado Kallain, a quien él mismo había provocado. Inesperadamente, quien con mayor probabilidad había alborotado a los niños era Gesta.












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'¡Ese brujo de porquería!'

Baekhwa había esperado que el vil brujo hiciera algo más para atraer a la Emperador hacia él. Pero contrariamente a las expectativas de Baekhwa, la Emperador no empezó a visitar más seguido a Gesta solo por lo que había pasado.

Y con justa razón. Después de todo, Gesta ni siquiera había tramado esto para atraer a la Emperador hacia él en primer lugar.

Desde que la Emperador había llegado a entender el verdadero carácter de Conde Lancaster, Gesta tenía que ponerle muchísimo más empeño a cualquier cosa que hiciera. Así que, aun sembrando la inquietud en las princesas, se aseguró de no sacar ningún beneficio directo de ello.

Como resultado de que una princesa, varios consortes y el capitán de los Paladines juntaran sus intenciones, quien terminó beneficiándose fue, sorprendentemente, el monstruo del futuro falso.

Latil no había ido a ver al monstruo del futuro falso de inmediato. Por un tiempo se mantuvo al margen, concentrándose únicamente en sus deberes oficiales.

Tras escuchar la historia, Condesa Aiguiness pasó a tomar el té y molestó a Latil a propósito:


—Su Majestad. A esa edad es común que a los niños no les guste la idea de tener más hermanos. ¿Pero de verdad está dejando de lado a los otros consortes y al Esposo Oficial solo por un comentario que hizo la princesa?


Aunque recientemente se había hecho cargo del cuidado de Princesa Fleura, la condesa había pasado muchísimo más tiempo criando a Latil en persona y le tenía un cariño especial. Condesa Aiguiness creía que, a pesar de todas las traiciones que Latil había sufrido por parte de su familia, aún lograba salir adelante relativamente bien gracias al número inusualmente alto de esposos. La condesa esperaba que Latil se llevara bien con los consortes, siempre y cuando no se encandilara tanto con ellos como para descuidar los asuntos de Estado.

Además, a la larga, era mejor que este incidente pasara como una broma pasajera, incluso por el bien de la propia Fleura. Las palabras que Princesa Fleura había soltado sin pensar «No me gustan los hermanos menores» ya se habían corrido como reguero de pólvora, había demasiados testigos como para frenar el chisme.

Si las cosas salían bien, se podría interpretar como: «la Emperador le hace caso a todo lo que dice Princesa Fleura. Seguro la adora con la vida». Pero si las cosas salían mal, quién sabía de qué manera ruin podrían tergiversarlo.

Latil rechazó la manzana que Condesa Aiguiness le había cortado en rodajas y renegó:


—Ya lo sé. Tampoco es que piense pasarme la vida entera juntando consortes a mi alrededor.

—¿Entonces por qué Su Majestad dejó de visitarlos de la nada? La gente anda murmurando que está descuidando a los consortes por culpa de la princesa.

—Tienen razón.

—¿Perdón?

—Princesa Fleura es solo una bebé, así que seguro lo dijo sin pensar. Pero podría enterarse de esto cuando sea más grande. Si escucha que me distancié de los consortes por un tiempo por su culpa, no se va a sentir lastimada.

—Su Majestad.......


Condesa Aiguiness se conmovió un poco ante la inesperada respuesta. Parecía ser una secuela del rumor anterior de que la Emperador no quería a su hija mayor.

Unos días después de que la niñera se fuera, Latil finalmente fue a ver a Kallain. Pero inesperadamente, durante su conversación, descubrió que Kallain estaba enterado del trato entre Klein y el monstruo del futuro falso.

Tratando de ocultar a toda costa que lo que había visto no era un futuro con Kallain, Latil estuvo a punto de escupir el café del tremendo susto.


—¿Cómo lo supiste?


preguntó mientras se limpiaba la boca con un pañuelo.


—Até cabos sueltos por varias situaciones.


Aparentando seguir limpiándose el café que ya se había limpiado, Latil le echó una mirada de reojo a Kallain para tantear su humor. Debería estar molesto, ¿no?

Pero Kallain parecía sorprendentemente tranquilo.

Sin poder aguantarse más, Latil le preguntó a quemarropa:


—¿No estás amargado?


Él solo sonrió y movió la cabeza.


—Estoy molesto con Klein. Pero, mi ama, la verdad es que me alegra que no haya visto un futuro falso conmigo. Así que tampoco puedo desquitarme con él.


Escuchar las palabras de Kallain despertó la curiosidad que Latil había dejado de lado desde el incidente del Inquisidor. ¿Qué cuentos había visto exactamente Kallain a través del monstruo del futuro falso?












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Al día siguiente por la noche, a las 10 p.m.

Latil, decidida a sacarse de una buena vez la duda que tenía guardada desde hacía tiempo, fue a ver al monstruo del futuro falso.

Apenas la vio, el monstruo del futuro falso se encogió de miedo, pegándose a la pared de la celda y negándose a acercarse.

Aunque a Latil se le había pasado la mayor parte de la rabia con los días, fingió a propósito seguir amargada y habló con voz fría:


—Así que bien que sabes lo que hiciste mal.


El monstruo del futuro falso se hizo chiquito y respondió con voz triste:


[Pero Lord... usted casi ni me visita. Y aparte de usted, nadie me dirige la palabra. Estar encerrado a cada rato en este lugar tan chiquito es sofocante]


'¿Ah sí? ¿De verdad? Bueno, hasta para un monstruo debe ser bien ahogante estar metido en una celda enana'


A Latil la queja del monstruo le pareció bien razonable. Ella sabía que también se moriría de la angustia si la encerraran en un cuarto pequeño por meses.


—Entiendo. Debe haber sido bien difícil.


Cuando Latil le respondió con comprensión, el monstruo del futuro falso abrió los ojos como platos de la sorpresa.


[¿Lord...?]

—¿Y qué tal si hacemos esto?


¿Acaso lo iba a soltar? El monstruo del futuro falso, abrumado por una bondad tan inesperada, juntó las manos.


—Atrapo a un amigo tuyo y lo encierro en la celda de al lado.


Pero la compasión de Latil no iba para nada por donde el monstruo esperaba. Al monstruo del futuro falso se le cayó la mandíbula, mudo sin saber qué responder. Al verle esa cara de desconcierto, Latil se aclaró la garganta y arregló sus palabras.


—Era una bromita. Como sea, de eso hablamos aparte.

[Está bien...]


Al monstruo del futuro falso, que ahora andaba todo achicapalado, Latil le extendió la mano.


—Muéstrame lo que te pedí que me mostraras la otra vez. Esta vez hazlo bien.

[¿Se refiere al futuro con «Kallain», verdad?]


Mientras el monstruo del futuro falso se acercaba con dudas y le agarraba la mano, la celda oscura comenzó a desteñirse, siendo reemplazada por un nuevo escenario. Latil dio un brinco de la sorpresa.

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