HDH 955






Hombres del Harén 955

SS29: El furioso Baekhwa





—Si no hubiera sabido eso, estaría muchísimo más amargada de lo que estoy ahora.


Latil les hizo un gesto a los sorprendidos Axian y Vanille para que se hicieran a un lado y se sentó cerca de la cabecera de la cama de Klein.


—Pero aunque Baekhwa haya armado una trampa, ¿y qué? Alguien sin malas intenciones no cae en ella. Ni se le pasaría por la cabeza liberar a un monstruo. Haya agrandado o no el asunto, el que empezó todo esto fue Klein.

—¡Su Majestad! Aun así.......


Klein abrió la boca como para protestar.

Latil le tapó la boca con la mano y continuó hablando:


—Lo puedo dejar pasar. Sé que sueles actuar sin pensar bien las cosas.


Ante sus ambiguas palabras —que bien podían ser un insulto o no—, Vanille y Axian miraron por reflejo a Klein. Por suerte, Klein no se dio cuenta y siguió asintiendo con ganas.


—¿Verdad que sí? Pero si Baekhwa de verdad tendió una trampa, no va a dejar que este asunto se quede en el olvido. Ya lo viste hace un rato, ¿no?


Vanille sobaba con ansiedad el borde de la frazada y preguntó:


—Su Majestad, ¿no puede callar a Sir Baekhwa usando su autoridad?

—En condiciones normales, podría. ¿Pero alguien que llegó al extremo de armar una trampa se va a quedar tranquilo así como así? Aunque esté hospedado aquí, Baekhwa viene del templo... y encima de una facción independiente.


Latil se agarró la cabeza por el dolor y frunció el ceño. ¿Qué demonios quería Baekhwa para haber llegado tan lejos?


—El tiempo dirá qué es lo que busca Baekhwa. En todo caso, mantén un perfil bajo por un tiempo, Klein.












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Como Emperador, Latil tenía una lista interminable de deberes. Debido a eso, aunque le prestaba atención a Klein, no podía concentrarse al cien por cien en él.


—Vigila a Baekhwa y a Klein. Avísame de inmediato si pasa algo raro. ¿Podrás hacer eso?


Con esa encomienda, le hizo una petición personal a Grifo y continuó con su rutina diaria.

Afortunadamente, durante varios días Baekhwa no dio señales de nada raro. Se mantuvo bien perfil bajo, como si se hubiera olvidado por completo de Klein y del monstruo del futuro falso.

Aun preocupada, Latil le insistió a Klein por si acaso:


—Ve a ver al propio Baekhwa, Klein.


Klein soltó un ahogo y abrazó un cojín del sofá.


—¡Si le meto un puñete a ese tipo, las cosas solo van a empeorar, Su Majestad!

—No te estoy diciendo que le pegues. Me refiero a que hablen por las buenas.

—Él no es la clase de persona con la que se pueda hablar por las buenas. ¿Acaso no vio cómo se me vino encima con las esposas?


Klein se estremeció y señaló su muñeca. Al escuchar eso, a Latil le dio curiosidad de pronto.


—Ahora que lo mencionas, ¿cómo terminaste enmarrocado? ¿Eres más débil que Baekhwa?


Klein tenía un carácter de los mil demonios, pero también tenía el poder, la posición y la fuerza para respaldarlo. Baekhwa también era bastante hábil, pero recordar cómo Klein había terminado amarrado al lado de la celda sin decir ni pío resultaba desconcertante.


—¡Para nada! Solo me agarró con la guardia baja y me confundí, eso fue todo.

—¿Ah sí? Bueno, intenta hablar bien con él. De hecho, si lo piensas, Baekhwa y tú son bastante parecidos. Los dos tienen almas puras.


Klein tembló de puro asco. Latil no pudo presionar más con la sugerencia. Pensándolo bien, tampoco parecía muy probable que Klein y Baekhwa resolvieran el asunto pacíficamente mediante una conversación.

Pero unos días después, se arrepintió de no haberlo persuadido con más firmeza ese día.












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—¡Su Majestad, Su Majestad! ¡Hay un problema grave!


Ocurrió mientras Latil estaba sentada en su escritorio, metida de lleno en su trabajo como de costumbre. Tasir estaba parado frente al escritorio explicándole el presupuesto del año en curso que había organizado, comparándolo con el del año anterior. Tanto Latil como Tasir detuvieron lo que hacían y voltearon la cabeza.


—¿Qué está pasando?


La persona que entró de golpe era uno de los secretarios de Latil. El secretario incluso se cayó de rodillas, gritando con la cara pálida:


—¡Su Majestad, los Inquisidores están aquí!

—Cómo se atreven a venir a arrestarme.


Latil se puso de pie de un salto y desenfundó la espada del cinturón del guardia que estaba parado a su lado. Un agudo sonido metálico resonó de forma amenazante.

El secretario agitó las manos con desesperación.


—¡N-no, Su Majestad!

—¿No?

—No vienen por Su Majestad... han venido por Príncipe Klein.


Ante la explicación del secretario, Latil se sintió un poco avergonzada.

'Por ser el Lord, me alarmé sin razón alguna'

Los asistentes bajaron la cabeza para no hacer pasar un mal rato a la Emperador.

Latil devolvió la espada a la vaina del cinturón del guardia. Sin embargo, no podía relajarse del todo todavía.


—¿Por qué querrian los Inquisidores a Klein?


Aun mientras hablaba, recordó de inmediato el incidente en el que Klein había intentado liberar a los monstruos.

'O sea que vinieron tras enterarse de eso. O de repente Baekhwa los llamó a propósito. ¡Con razón estuvo tan calladito!'


—No, olvídalo. Yo misma me reuniré con ellos y escucharé lo que tienen que decir.


Latil no quería oír a los asistentes chismosear sobre las locuras de Klein. Ella misma caminó hacia la sala de recepción donde esperaban los Inquisidores. Normalmente los habría mandado a llamar a su despacho, pero esta vez quería ordenar sus ideas en el camino.

Cuando entró personalmente a la sala de recepción, el Inquisidor, que estuvo tomando té, se puso de pie sorprendido.


—Saludos a Su Majestad.


Antes de que Latil pudiera siquiera presentarse, el Inquisidor la saludó por su cuenta. Latil asintió con soberbia y se sentó en el asiento de honor. El Inquisidor no actuó con mala crianza y en su lugar juntó las manos respetuosamente, esperando a que Latil hablara primero.

'Así que de verdad fue Baekhwa quien los llamó'

Si hubiera venido por su cuenta tras escuchar rumores sobre Klein, se habría acercado con más cancha. Analizó con calma las palabras y acciones del Inquisidor, pero al final le preguntó directamente sin rodeos.


—Baekhwa fue quien te dijo que vinieras, ¿verdad?


El Inquisidor ocupaba una posición ambigua entre los Paladines y el clero del templo. Hasta donde Latil sabía, varias órdenes de Paladines se turnaban para cumplir el rol de Inquisidor. En otras palabras, los Inquisidores no actuaban con un propósito único y unificado como una sola organización. Debido a esto, Latil no interpretaba la presencia de un Inquisidor como la representación de la voluntad de todo el templo.

Es más, el hecho de que Latil fuera el Lord era algo bien sabido entre los que estaban enterados. A pesar de esto, el Sumo Sacerdote seguía siendo el consorte de Latil, Baekhwa continuaba ejerciendo como comandante del Escuadrón de Caza de Monstruos, un puesto creado por la propia Latil. El templo y los Paladines se habían estado haciendo los locos respecto al hecho de que Latil era el Lord.

Tal vez por todas estas relaciones complicadas, el Inquisidor mostró una sonrisa incómoda mientras hablaba.


—He venido a investigar el incidente en el que Príncipe Klein liberó a los monstruos.


Como Latil no respondió, el tono del Inquisidor se volvió aún más respetuoso.


—Entiendo que esto involucra a un consorte muy querido por usted, por lo que Su Majestad podría estar disgustada. Sin embargo, el asunto de Príncipe Klein liberando monstruos encarcelados tuvo muchos testigos, así que no podemos pasarlo por alto. Sir Baekhwa no lo reportó con mala intención, Su Majestad.

—Yo nunca dije que Baekhwa tuviera mala intención.


Cuando Latil murmuró con voz plana, la cara del Inquisidor se puso roja como un tomate.

Latil fingió no darse cuenta y continuó hablando:


—Hagan pasar a Klein. Pero será mejor que hablemos aquí. Klein no solo es uno de mis consortes, sino también el príncipe más querido por el Emperador de Carissen.

—Pero si llevamos a cabo el interrogatorio aquí...

—El Emperador de Carissen me envía cartas personales seguido. No deja de pedirme que convenza a Klein de renunciar a ser consorte y regrese a Carissen. Yo también le envío informes periódicos a Carissen sobre lo que hace Klein. Si se corre el rumor de que Klein desapareció con los Inquisidores, ¿crees que el Emperador de Carissen se va a quedar de brazos cruzados?


Conforme Latil continuaba sacando a relucir a Hyacinth, la expresión del Inquisidor se fue ensombreciendo gradualmente.

Latil no mencionaba a Carissen porque Tarium fuera débil. Más bien, invocaba a Carissen a cada rato para desviar cualquier posible asociación que los Inquisidores pudieran hacer entre su condición de Lord y Klein. Como Carissen no tenía motivos para meterse en asuntos del templo, le servía como un escudo bien útil.


—Entendido.


El Inquisidor forzó una sonrisa y asintió.












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Aunque Latil había impedido que el Inquisidor se llevara a Klein a terreno enemigo, desde el principio ya esperaba que esa parte resultara fácil. Después de todo, el dueño del Escuadrón de Caza de Monstruos y de la prisión de criaturas no era Baekhwa; era la propia Latil. Por más empeño que él pusiera en condenar a Klein, le resultaría bien difícil castigarlo de verdad.

Sin embargo, si continuaba movilizando a varios miembros del templo, la carga para Latil también iría en aumento. Es más, si el templo se ponía en su contra o en contra de sus allegados, la gente recordaría una vez más que la Emperador era el Lord, que los anteriores Lord siempre habían enfrentado peligros. A Latil todas esas complicaciones le parecían tediosas e indeseables.

'Antes estaba bien, cuando yo era fuerte y mis consortes también. Pero ahora que tengo hijos, de verdad no quiero convertirme en una Lord con una reputación de temer'

Por eso, mientras Klein fue a reunirse con el Inquisidor, Latil no regresó a su despacho; en su lugar, fue a buscar a Jaisin.












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Jaisin sabía que Baekhwa había estado de arriba para abajo en estos días, pero no esperaba que llegara al extremo de mandar a llamar a un Inquisidor. Por eso, cuando Latil lo visitó y le sacó el tema, se sobresaltó y le volvió a preguntar incrédulo:


—¿Eso es de verdad? Sir Baekhwa... Él no es de ese tipo... bueno, sí es de ese tipo, pero...

—Sí es de ese tipo.


Latil completó la frase que Jaisin no se atrevía a terminar y frunció el ceño.


—Pero no entiendo por qué Baekhwa se le fue encima a Klein de la nada. Normalmente habría armado un escándalo conmigo primero y luego me habría pedido algo a cambio para el templo o para ti. ¿Por qué esta vez me saltó por completo y se fue de frente a llamar a un Inquisidor? Tanto Baekhwa como yo sabemos que es una pérdida de tiempo.


Jaisin recordó algo que Baekhwa le había dicho al pasar y apretó las manos con fuerza. Baekhwa le había comentado una vez que Klein no estaría en el favor de la Emperador por mucho tiempo y le había aconsejado: «Aprovecha la oportunidad cuando llegue».

Sintió una picazón en la garganta. ¿Podría ser? ¿Baekhwa habría armado todo este teatro para evitar que Klein tuviera una relación tranquila con la Emperador?

Como bien había dicho la Emperador, todo esto terminaría siendo un saludo a la bandera. ¿Pero y si era Klein quien perdía el tiempo? ¿Si eso era justamente lo que quería Baekhwa?

Latil captó al instante el cambio en la cara de Jaisin y le preguntó:


—¿Jaisin? ¿Se te vino algo a la cabeza?


Cuando sus miradas se cruzaron, Jaisin se puso rojo hasta las orejas. Era un hombre honesto y directo; no alguien que pudiera manejar fácilmente una jugada de ese tipo. Aunque no hubiera tomado parte activa, el simple hecho de que Baekhwa lo hubiera hecho para beneficiarlo lo hacía sentirse igual de culpable.


—Su Majestad. Creo que Baekhwa hizo esto porque quiere que yo me vuelva más cercano a usted.

—¿Ah sí?

—Últimamente, Príncipe Klein ha estado recibiendo todo el cariño de Su Majestad. Así que cuando se le ocurrió ese plan tan descabellado de liberar a los monstruos, Baekhwa debe de haber visto una oportunidad y actuó.


'¿Mandar a llamar a un Inquisidor solo para eso?'

Latil se quedó helada ante la suposición de Jaisin. Sabía que Baekhwa era un hombre corrido y de mundo, pero no se imaginaba que fuera tan mezquino. Si hubiera actuado por puro desprecio hacia las acciones de Klein —por intentar liberar monstruos—, lo habría podido entender. Después de todo, Baekhwa detestaba a los monstruos con toda su alma.


—Pero Su Majestad, Príncipe Klein también estuvo claramente en falta. Si bien Baekhwa mandó a llamar al Inquisidor, no podemos decir que esto sea completamente su culpa. Pienso que... Su Majestad debería dejar que Baekhwa y Klein lo resuelvan entre ellos.


Como todo un verdadero Sumo Sacerdote, Jaisin concluyó de forma tajante y luego sonrió con alivio. Al dejar las cosas claras de esta manera, Latil no volvería a buscarlo en nombre de Klein. Aunque eso significara perder cierto favor, esto le resultaba muchísimo más cómodo.

Pero detrás de la puerta, escuchando a escondidas la conversación, la cara de Baekhwa se desencajó en la dirección totalmente opuesta.

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