HDH 954






Hombres del Harén 954

SS28: Una trampa que se podría haber evitado simplemente pasando de largo.





Esta vez, hasta Latil quedó realmente conmocionada. El Klein que ella conocía no era de los que llegarían a tanto. Mientras le quitaba las esposas de la muñeca, le preguntó:


—¿Es cierto?

—¡Su Majestad, y-yo no sabía que eran monstruos peligrosos!


gritó Klein con una voz cargada de indignación.

Latil dejó ir un suspiro.


—¿O sea que sí estabas intentando liberarlos?

—Su Majestad, estuve investigando durante varios días y me dijeron que los monstruos de las celdas cercanas a la entrada eran tan débiles que ni siquiera podían hacerle daño a la gente. Solo los atraparon por accidente mientras perseguían a otros monstruos peligrosos y los tenían ahí para investigación. ¡Me dijeron que no representaban ninguna amenaza real! Así que pensé que si causaban una pequeña distracción........

—¿Así que sí intentabas liberarlos, entonces?


Klein no pudo responder. Sus hombros se cayeron derrotados y Latil sintió que un dolor de cabeza punzante comenzaba a aparecer.

Se culpó a sí misma.

Baje la guardia. Debí haber descubierto el trato entre Klein y el monstruo del futuro falso antes de que pasara algo así.

Pero Klein tampoco estaba del todo equivocado.


—Eso es verdad. Los monstruos de las celdas cerca a la entrada son bien débiles.


murmuró Latil para sus adentros, luego miró hacia donde estaba Baekhwa.

Klein había hecho su tarea. Hasta donde Latil sabía, los monstruos retenidos cerca de la entrada siempre eran débiles; del tipo que prefería huir antes que atacar. Entonces, ¿por qué Baekhwa decía que Klein liberó monstruos peligrosos?

Baekhwa respondió con tranquilidad, como si no fuera la gran cosa:


—Antes lo eran. Pero durante el mantenimiento reciente, algunas celdas fueron reordenadas. Y para su mala suerte, trasladaron a monstruos peligrosos cerca de la entrada. Ese príncipe liberó a esos monstruos. Por culpa de eso, varios Paladines terminaron gravemente heridos tratando de atraparlos de nuevo.


Klein gritó lleno de furia, con las venas marcándosele en la frente:


—¡Su Majestad, eso no fue mi culpa! ¡¿Cómo se suponía que iba a saber que habían cambiado la distribución?! ¡Me pasé más de una semana investigando esto! ¡¿Cómo iba a adivinar que se les daría por mover a los monstruos de la noche a la mañana justamente hoy, cuando dijeron que nunca antes habían cambiado las ubicaciones?!


Baekhwa soltó una burla fría.


Príncipe Klein, usted no trabaja en asuntos relacionados con monstruos. Por ende, no hay razón alguna para que se le informe cuándo se reubica a los monstruos. ¿Y de qué sirve investigar por más de una semana? Casi pone en peligro a la gente solo para ayudar a escapar a unos monstruos. Ese es el punto final.


Klein se agarró con fuerza del brazo de Latil y pegó su frente al hombro de ella como si no fuera a soltarla jamás. Como era mucho más alto que Latil, esa postura debía de resultarle incómoda para el cuello, pero actuaba como una jirafa asustada.

Sin embargo, Latil sabía que Klein no actuaba así por miedo, sino para contener su rabia. Su respiración agitada era una señal clara.


—Baekhwa, ¿cómo están los Paladines que resultaron heridos?

—El Sumo Sacerdote ha dicho que él mismo los curará.

—Y... ¿hubo alguien que muriera?

—Afortunadamente, no.

—Entiendo.


Latil miró alternadamente a Baekhwa, a Klein y al monstruo encogido antes de hablar con tono pesado:


—Entonces dejemos pasar este asunto por ahora. Los heridos están recibiendo atención y Klein no actuó con mala intención. ¿Cómo habría podido adivinar que moverían a los monstruos a mitad de la noche?

—Si no hubiera malas intenciones, no habría necesidad de adivinar nada.


Latil se quedó sin palabras. Pero lo que decía Baekhwa no era equivocado. A los que trabajaban en la prisión de monstruos se les informaba con anticipación sobre cualquier movimiento de celdas. Quienes no recibían tales informes ni siquiera tenían por qué andar metiéndose en eso.

Aunque por dentro pensaba distinto, Latil intentó calmar a Baekhwa lo mejor que pudo.


—Me aseguraré de llamar seriamente la atención a Klein y le diré que sea más precavido de ahora en adelante.

—Príncipe Klein cometió una falta grave, ¿y usted lo resolvería con una simple reprimenda? Su Majestad. Si en lugar del Príncipe Klein hubiera sido uno de los fieles seguidores de Príncipe Leisian quien hizo esto, ¿también lo dejaría pasar?


Pero Baekhwa no estaba dispuesto a dejarlo ir. Una vez que sacó a relucir a Raean, hasta la propia Latil empezó a amargarse.


—Baekhwa. ¿Cómo va a ser lo mismo?


Si Klein lo hizo, era muy probable que fuera bajo el simple pensamiento de: «Hice un trato con el monstruo, así que tengo que cumplir mi promesa». Pero si hubiera sido un subordinado de Lean, la intención habría sido: «¡Si los monstruos atacan a la gente, arruinarán la reputación de la Emperador Latrasil!». ¿Y ahora pretendía tratar ambas intenciones como si fueran equivalentes?


—Mismas acciones, mismas consecuencias.

—Pero aunque la acción sea la misma, el propósito varía según la persona. Si tú y un hechicero negro encerraran al mismo monstruo en la misma celda, el significado de esa acción no sería el mismo, ¿verdad?

—Ah, ¿conque sí? ¿Entonces supongo que Príncipe Klein tenía un motivo noble y universalmente aceptable para intentar ayudar a escapar a ese monstruo?


Jaisin era del tipo inflexible, mientras que Baekhwa por lo general era maleable y se doblaba como un junco. En condiciones normales, se habría quejado un poco pero habría terminado cediendo a los deseos de Latil.

Latil miraba alternadamente a Klein y a Baekhwa. ¿Acaso se habían peleado? Si no era así, no había ninguna razón evidente para que Baekhwa estuviera tan encarnizado en hundir a Klein el día de hoy.

Mientras tanto, Baekhwa caminó hacia donde estaba acurrucado el monstruo del futuro falso y empezó a dar golpecitos a los barrotes con su mano enguantada.


—Oye, monstruo. Monstruo.


El monstruo se sobresaltó y levantó la cabeza despacio.

Baekhwa se quitó el guante y le preguntó:


—¿Por qué ese príncipe intentó ayudarte a escapar? Habla.


El monstruo miró de reojo entre Latil y Klein y no dijo nada. Latil sintió un ligero temblor en la mano de Klein, que la tenía agarrada del brazo.


[Yo... yo no sé.]


El monstruo dudó, pero pareció decidir zafarse del asunto por completo y dio esa respuesta vaga antes de encorvarse de nuevo.


—No puede ser. Ustedes dos claramente acordaron algo. Ese príncipe intentó rescatarte y tú estabas dispuesto a irte con él porque confiabas en él, ¿no es así?


Sin dar crédito a sus palabras, Baekhwa no dejaba de dar toques a los barrotes con el pie mientras interrogaba al monstruo.

Aun así, el monstruo no cambió su versión.


[No lo sé. Solo pensé que tenía una oportunidad de escapar, así que la aproveché]


Klein no sabía si eso era bueno o malo para él. Pero ver cómo la rabia se reflejaba en el rostro de Baekhwa le produjo una pequeña satisfacción.


—Su Majestad. Si me da tiempo, investigaré a fondo qué tipo de trato hizo este monstruo con Príncipe Klein y le informaré de todo.


Como no podía tocar al monstruo a través de los barrotes, Baekhwa dio un paso hacia Latil y le hizo la propuesta.


—De esa manera, podremos estar seguros de que Príncipe Klein no tenía malas intenciones. ¿No es eso lo que Su Majestad también preferiría? Es mejor eso a dejar que persistan los malentendidos.


La mirada fría de Baekhwa recorrió a Príncipe Klein de pies a cabeza.

A Latil le empezó a dar dolor de cabeza. Esto era algo que se pudo haber resuelto a la intemperie y sin escándalo, pero Baekhwa se negaba a dar su brazo a torcer. Aun así, ella no podía quedarse de brazos cruzados viendo cómo la situación se salía de control; sobre todo cuando sabía la verdadera intención de Klein al tratar con el monstruo.

No aguantó ver más esa escena y le dio un hincón suave a Klein en la cintura. Klein no lo captó de inmediato. Pero cuando Latil le volvió a dar otro hincón en la cintura y en la pierna, por fin entendió y se desplomó sin fuerza, haciéndose el desmayado.


—¿Klein? ¡Klein!


Latil pronunció su nombre simulando sorpresa y luego dijo de urgencia mientras lo cargaba en brazos:


—Sir Baekhwa, continuaremos esta conversación después. Parece que Klein se ha desmayado por el impacto.

—¿Ese príncipe de carácter tan fuerte? ¿Cree que se desmayó por algo que yo hice?


Baekhwa se mantuvo imperturbable y tajante, pero Latil no le respondió; en su lugar, salió corriendo cargando a Klein mientras gritaba órdenes a viva voz.


—¡Traigan al médico del palacio!












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El médico del palacio que examinó a Klein se le quedó mirando en silencio a Latil por un momento.


—Diga que se desmayó por el susto.


le ordenó Latil sinvergüenza alguna.

El médico suspiró y acató la orden.


—Se desmayó por el susto. Si le damos un tazón de medicina bien amarga, debería recobrar el sentido.


Vanille, que había estado parado al lado de la cama sollozando, dejó de llorar al escuchar la conversación.

Apenas el médico se retiró, Latil avanzó a paso firme y le metió un lapo a Klein en la frente.


—¡Sonso!


Klein, que seguía fingiendo estar inconsciente, se asustó tanto que dio un brinco.


—¡Su Majestad, eso duele!

—¡Vuélvale a dar otro lapo, Su Majestad!


gritó Vanille con los ojos llorosos.


—¡Vanille!


le gritó Klein lleno de rabia, pero Vanille, que se había pegado tremendo susto al ver a la Emperador cargando a Klein hace un rato, no dio marcha atrás.

Haciéndole caso a la sugerencia de Vanille, Latil le chantó otro lapo a Klein en la frente. Él pegó un grito y se volvió a echar. Latil, sobándole la frente que se le había puesto roja, lo renegó:


—Príncipe menso. Eres más tonto que Meradim.


¿Qué tenía que ver Meradim para terminar metido en esto? Axian a las justas pudo contenerse de soltar la frase, tapándose la boca por reflejo.

Klein se dio la vuelta y se puso de costado, con la boca estirada como pico de pato. Latil no pudo contenerse y le metió otro lapo en la espalda.


—¿Por qué pones esa cara de amargado? ¿Acaso crees que has hecho algo bien?

—¡Su Majestad! ¡Eso duele!

—¡Pues a los Paladines que terminaron heridos por tu culpa debe haberles dolido mucho más, oye sonso!

—Bueno... puede que eso sea verdad, pero aun así...


Klein se dejó caer, sentándose todo desanimado. Ahora que el pánico inicial había pasado, el miedo comenzó a apoderarse de Vanille, quien de inmediato se distanció de la Emperador.


—Axian, Vanille. Ustedes dos vengan para acá también.


Como Latil no pensaba pasárselas y los llamó, a Vanille no le quedó de otra que regresar y pararse bien educadito.

Esta vez, Latil les llamó la atención a los dos asistentes más cercanos de Klein.


—Cuando Klein haga alguna tontería, lo mínimo que deberían hacer es frenarlo. ¿Qué diablos estuvieron haciendo? ¡Klein intentando ayudar a escapar a unos monstruos, ¿y ustedes parados ahí mirando sin hacer nada?!


Vanille se sintió un poco juzgado injustamente. Por supuesto que había intentado detenerlo. Axian se había opuesto desde que Klein comenzó a hacer tratos con los monstruos. Pero ¿cuándo les había hecho caso Klein? Y ahora les caía la reprimenda como si ni siquiera lo hubieran intentado.

Klein quería defender a sus subordinados, pero prefirió quedarse con la boca cerrada por temor a que la Emperador le preguntara por qué había intentado ayudar a escapar al monstruo.

Axian escuchó la reprimenda en silencio, una vez que Latil se calló por un momento, tomó la palabra.


—Su Alteza puede haber hecho algo tonto, Su Majestad, pero aun así se preparó a conciencia a su manera. Yo mismo revisé todo dos veces. Si las cosas hubieran salido según el plan del Príncipe Klein, no habría sido tan peligroso y solo se habría escapado el monstruo del futuro falso. Pero todo se enredó, por eso los Paladines terminaron gravemente heridos.

—¿O sea me estás diciendo que lo hizo bien?

—No, para nada. Sin embargo, Su Majestad, en mi opinión, a Su Alteza le tendieron una trampa.

—¿Qué clase de trampa?

—A los monstruos les sienta mejor la noche que el día, claro... pero eso es desde la perspectiva de los monstruos. ¿Acaso cree que los Paladines los moverían de noche por pura consideración? Por supuesto que no. Si los Caballeros Baekhwa realmente hubieran estado trasladando a los monstruos por una razón legítima, lo habrían hecho a plena luz del día. Pero cambiaron la ubicación de los monstruos a escondidas, a altas horas de la noche. ¿No le parece raro? Estoy seguro de que se enteraron del trato del príncipe con el monstruo y montaron todo este teatro para hacerlo explotar. Los Paladines terminaron gravemente heridos, sí, pero ¿acaso no era de conocimiento público que el Sumo Sacerdote los curaría de todos modos?


Mientras Axian continuaba con su larga explicación y, en el proceso, se le chispoteó el tema del trato de Klein con el monstruo, tanto Vanille como Klein se quedaron helados al mismo tiempo. El propio Axian se dio cuenta demasiado tarde de lo que había soltado y se puso rígido. Los tres se quedaron hechos piedra, observando nerviosos la reacción de la Emperador.

Sin embargo, contra todo pronóstico, Latil respondió con total indiferencia:


—¿Y quién no sabía ya eso?


Axian, Vanille y Klein abrieron los ojos desorbitados por el impacto y se le quedaron mirando.

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