HODEHA 935






Hombres del Harén 935

SS13: Mientras intentaba evitar a Jaisin...





El corazón de Latil se hundió. Había pasado varios meses en paz y relajo, su vigilancia ante los problemas había bajado un poco la guardia.

Una ráfaga de posibilidades terribles le pasó por la mente. ¿Acaso el Gran Maestro había hecho de las suyas otra vez, escapando de la vista de Girgol? ¿Aini se había arrepentido de nuevo? ¿Lean se había escapado de la torre? ¿Apareció un monstruo incontrolable? ¿O los caballeros sagrados se habían juntado para armar una rebelión?


—¡Yo voy a ver!


gritó la jefa de damas y salió disparada por la puerta.

Pero cuando ni siquiera la valiente jefa de damas regresó de inmediato, Latil no pudo aguantar la espera y se levantó con su bebé en brazos.


—Mejor voy yo misma a ver qué pasa.


El médico de palacio casi se muere del susto e intentó detenerla.


—¡No puede, Su Majestad!


Cuando Latil sacó una espada de debajo de su almohada, el médico casi se desmaya ahí mismo.


—¡Majestad! ¡¿Cuándo puso eso ahí?! ¡¿Ha estado echada encima de eso todo este tiempo?!


Por suerte, antes de que Latil pudiera usar la espada o salir al pasillo con su bebé, la nodriza y la jefa de damas regresaron. Se veían sorprendidas, pero no estaban heridas.


—¿Qué pasó?


preguntó Latil otra vez. Recién entonces recordó que lo más probable era que Tasir y los consortes estuvieran esperando en el corredor y habrían reaccionado al toque si algo grave pasaba.

La nodriza respondió con una cara bien rara:


—Su Majestad. Un huevo... bueno, un huevo... ha eclosionado.

—¿Un huevo? ¿Qué huevo?


preguntó Latil confundida, y de pronto abrió los ojos de par en par.


—¡No me digas que es ese huevo que Meradim ha estado cargando de arriba abajo!


Estaba genuinamente en shock. Ese huevo no daba señales de romperse por más que esperaran. Aunque no lo había dicho en voz alta porque Meradim estaba muy encariñado, ella ya sospechaba que el huevo se había podrido de tanto tiempo que lo tenía guardado.


—Ese huevo... ¿está en el pasillo ahorita?


preguntó, algo nerviosa.


—Sí. Sir Meradim lo trajo con él mientras esperaba.


La expresión de la nodriza era verdaderamente peculiar. Verla así hizo que a Latil le entrara más curiosidad por saber qué pasaba afuera. ¿Cómo rayos se había roto el huevo?


—Tengo que ver esto con mis propios ojos.


Sin poder aguantarse, Latil intentó levantarse otra vez, y la nodriza, el médico y la jefa de damas se lanzaron todos a la vez para frenarla.


—¡Su Majestad! ¡Tiene que quedarse en la cama! ¡Majestad, por favor!

—Entonces explíquenme bien. ¿Qué salió del huevo? ¿Un pez? ¿Una persona?


Aunque se volvió a echar, Latil no se quedaba tranquila y seguía preguntando.

Antes de que la nodriza pudiera responder, unas risas resonaron desde la entrada. Latil miró hacia la puerta y casi se va de espaldas. Meradim venía cargando a un bebé casi del mismo tamaño que su recién nacido. Pero el brazo de Meradim tapaba las piernas del bebé, así que no se podía saber si eran humanas o de pez.


—¡Ama! ¡Mire a nuestro bebé! ¡Un niño realmente adorable ha despertado!


Antes de que Latil pudiera pedir que le enseñara las piernas, Meradim se le acercó emocionadísimo con el bebé en brazos.


—¡Déjeme ver a su bebé también, Ama! ¡Cambiemos un ratito!


Apenas se acercó, Meradim le entregó su bebé.


—¡¿Qué?!


Pero en el momento en que movió el brazo, el médico que estaba al lado soltó un suspiro ahogado. La nana se tapó la boca con la mano. Latil también se quedó tiesa. Se quedó mirando al bebé con la mente en blanco, y luego volteó hacia Meradim totalmente pasmada.


—¿Un... caracol...?

—¡¿Un caracol?!


Meradim, que había estado sonriendo de oreja a oreja, dio un brinco ante las palabras de Latil. El movimiento brusco hizo que el bebé en sus brazos también se sacudiera, lo que provocó que el médico y la nodriza estiraran las manos por puro instinto. Aunque el bebé pareciera un caracol, seguía siendo un bebé, y ambos se veían a punto del soponcio por el trato tan tosco.


—Pero este bebé... por más que lo miro, no es una sirena de sangre, ni siquiera una sirena normal.......


Latil dejó la frase en el aire. Pero no lo decía con mala intención. El bebé que traía Meradim tenía un aura extrañamente misteriosa y, a pesar de ser recién nacido, ya se parecía a Meradim en la cara. Sin embargo, el detalle decisivo era que sus piernas parecían un caracol... o para ser exactos, una concha en espiral.

Latil había asumido que el hijo de Meradim se parecería más a una sirena de sangre que a un humano completo. Pero nunca se imaginó que las piernas del bebé tendrían esa forma.


—Meradim, ¿por si acaso no habrás recogido el huevo de algún monstruo marino por ahí?


Cuando Latil soltó su sospecha, una vena azul saltó en la frente de Meradim.


—Ama, eso es algo muy rudo de decir. ¿A usted le gustaría que alguien viera a su bebé y preguntara si realmente es un humano?


'Mi bebé no podría ser de otra persona, salió de mi propio cuerpo. Pero tu huevo... tú mismo dijiste que ni siquiera lo puso una sirena'

pensó Latil, tragándose las palabras que le llegaban a la garganta. Después de todo, Meradim se veía genuinamente dolido.

Como el ambiente se puso tenso de la nada, el médico de palacio miró con nerviosismo al Emperador y luego al rey de las Sirenas. Por suerte, antes de que la bronca pasara a mayores, los consortes empezaron a entrar uno tras otro.

Tasir entró casi trotando, el médico, para romper el hielo, usó un tono más alegre de lo normal:


—Parece que Esposo Oficial Tasir está ansioso por verle la carita al bebé.


Latil recuperó la compostura al toque.

'Cierto. No es momento de andar criticando el caracol ajeno'

Puso su mejor sonrisa y le entregó el bebé que tenía en brazos al Tasir que se acercaba. 


—Tasir, se parece igualito a ti. Es absolutamente adorable.


Tasir cargó al bebé y le miró la cara; su boca se estiró en una sonrisa tan grande que casi le llega a las orejas.


—¡Cielo santo! ¡Nunca he visto un bebé tan lindo, Su Majestad!


Aunque Tasir siempre paraba sonriendo, hoy su expresión se veía mucho más emocionada que de costumbre. No era un cumplido por compromiso; se le veía realmente conmovido. Se quedó mirando al bebé, totalmente hipnotizado, luego se lo mostró orgulloso a los demás consortes.


—¡Miren todos a este bebé! ¡Nunca ha existido uno tan hermoso!


En medio de ese momento tan tierno, Klein soltó el primer baldazo de agua fría.


—¿Hermoso? He visto mejores. Este tiene la peor cara que he visto en un recién nacido. Esas ojeras... deben ser de nacimiento.


Jaisin le metió un codazo en las costillas a Klein para que se callara, pero Klein ya había soltado todo el veneno. Aun así, a Tasir no pareció importarle y siguió sonriendo como si nada.

Ver a Tasir tan feliz hizo que Latil se sintiera un poco mal. Después de todo, se suponía que hoy todo el amor y la atención debían ser para el cuarto hijo. Pero por culpa del huevo de Meradim que se rompió de la nada, el bebé de Tasir terminó recibiendo mucha menos atención.

'Incluso yo, que soy la madre, me distraje por completo con el bebé de Meradim. Tasir debe sentirse dejado de lado'

Sintiéndose culpable, jaló a Tasir hacia ella y apoyó la cabeza en su pecho. Klein, que ya estaba irritado, se puso peor al ver la escena y se mordió el labio con fuerza.

Jaisin tampoco estaba de muy buen humor y desvió la mirada a propósito. Naturalmente, sus ojos aterrizaron en el bebé que Meradim tenía en brazos. Pero, ¿estaba bien mostrar interés por el bebé de Meradim cuando el de Tasir estaba ahí mismo? Al final, Jaisin no supo qué cara poner.

En cuanto a Meradim, estaba tan asado porque la Emperatriz no dejaba de decirle 'caracol' a su hijo, que no estaba tan hablador como de costumbre.

Era un buen día —habían nacido dos bebés—, pero el ambiente era extrañamente incómodo. Los consortes que ya tenían hijos estaban preocupados por la llegada de otro bebé que podría ser un rival para los suyos. Y los que no tenían hijos no podían compartir la alegría por completo.

Al menos cuando nació el tercer hijo, se parecía igualito a Latil. Pero este nuevo bebé no se le parecía en nada.

Justo entonces, mientras todos estaban perdidos en sus propios rollos, mirando ya fuera al bebé de Meradim o al de Tasir, Ranamoon —que había estado dando vueltas y mirando a ambos recién nacidos— preguntó:


—¿Y cuál es el cuarto y cuál es el quinto?












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El asunto de determinar el orden de nacimiento se alargó por casi mediodía. Latil había estado demasiado abrumada con el parto como para prestar atención a la hora exacta, el médico de palacio y los sirvientes estaban tan ocupados que ni miraron el reloj. Los consortes, que habían estado esperando afuera hasta que todo estuviera limpio, recién fueron llamados después, así que tampoco tenían forma de saber el momento preciso en que nacieron los bebés.

Lo que los consortes sí presenciaron fue el proceso de eclosión del huevo. Pero como el bebé no salió de un solo porrazo e incluso se quedó mordisqueando un poco de la cáscara mientras salía, era difícil marcar la hora exacta del nacimiento.

Al final, a la mañana siguiente, cuando todos los consortes se reunieron en la habitación, Latil tomó una decisión a dedo.


—Hemos estado llamando al hijo de Tasir 'el cuarto' todo este tiempo, así que quedémonos con eso. Y el hijo de Meradim será el quinto.


Meradim, a quien ya se le había pasado por completo el mal humor del día anterior, aceptó al toque.


—¡Entonces mi hija será la quinta!


Y así, el orden de nacimiento quedó zanjado. Como todos ya sabían que el bebé de Meradim no llevaba la sangre imperial, el orden del pequeña sirena no era algo que quitara el sueño.

Pero una vez decidido el orden, surgió un nuevo dilema.


—Por cierto... ¿esa conchita es princesa o príncipe?


Como las piernas del bebé parecían un caracol, era imposible saber si era hombre o mujer a simple vista. Algunos consortes lo habían pensado ayer, pero el ambiente estaba tan pesado que nadie se atrevió a soltar la pregunta. Sin embargo, en cuanto Gesta preguntó, todos los ojos se clavaron en Meradim.

Meradim respondió como si nada:


—Es una princesa.


Lo dijo con una seguridad tremenda, pero Latil se hizo la nota mental de preguntarle a Titus después para confirmar si era verdad.












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Esa tarde, Latil llamó discretamente a Titus para verificar si Meradim estaba diciendo la verdad. Titus soltó una sonrisa algo apenada.


—Visto desde afuera, es difícil saberlo cuando acaban de nacer. Pero sí, es una princesa. Si se mira con atención, los patrones son un poco distintos.


Afortunadamente, Titus parecía entender mucho mejor que Meradim por qué alguien que no fuera una sirena de sangre se confundiría con esas piernas en forma de caracol. Como respondió sin mostrar ni un pelo de ofensa, Latil se alivió y preguntó:


—No pude preguntar antes porque Meradim se puso como loco... Titus, ¿de verdad la bebé es una sirena de sangre? ¿Por qué sus piernas son tan diferentes a las tuyas?

—Cuando recién nacen, sus escamas son demasiado blandas. En unos siete días, o máximo un mes, esa concha se caerá y aparecerá una verdadera cola de sirena de sangre.


Con la explicación clarísima de Titus, Latil se quedó tranquila.


—Ya veo. Pensé que Meradim podría haber recogido por error el huevo de otra especie.


Titus soltó una carcajada.


—Ni que lo diga.


En fin, mientras Meradim no hubiera adoptado un huevo ajeno por las puras, Latil podía dormir en paz. Captando la indirecta, Titus tomó la iniciativa con mucha sabiduría.


—Yo mismo se lo explicaré a los otros consortes, Ama. Estoy seguro de que todos tienen curiosidad.


Con todas sus dudas resueltas, Latil pudo relajarse y cayó en un sueño profundo temprano esa noche.

Sin embargo, a diferencia de ella, Tasir se sentía más inquieto que antes de que naciera el niño, a pesar de que el bebé estaba sano y el lío del hijo de Meradim se había aclarado. No era porque el bebé hubiera nacido con esa cara de cansado igualita a la suya. La verdadera razón, contra todo pronóstico, era Meradim.

Después de asegurarse de que Latil y el cuarto príncipe estuvieran durmiendo, Tasir caminaba cerca del lago para inspeccionar el área de suministros del Harén cuando escuchó unos pasos chapoteando. De repente, Meradim apareció corriendo hacia él, cargando a la bebé sirena.


—¡Hermano! ¡Tengo algo que decirte!


¿De verdad estaba bien cargar a un recién nacido así? Tasir se sobresaltó al ver a Meradim cargando a la quinta princesa como si fuera una muñeca con un solo brazo. Pero como incluso el astuto Titus venía detrás caminando con toda la calma del mundo, supuso que no habría problema.

'¿Será que los bebés sirenas son más guerreros que los humanos?', se preguntó Tasir, pero mantuvo su tono educado al preguntar:


—Dígame, mi estimado rey de los sirenas. ¿Qué sucede?


Meradim, radiante de la emoción, soltó su propuesta:


—Quería proponer esto ayer, pero la Ama no dejaba de cambiar de tema. Hermano, ya que nuestros hijos nacieron el mismo día y casi a la misma hora, ¿qué te parece si los criamos como si fueran gemelos?

—¿Gemelos?


Tasir levantó las cejas.

En cuanto Titus escuchó la pregunta repetida, se dio cuenta de que a Tasir no le hacía ni pizca de gracia. Pero Meradim, sin notar nada, asintió con entusiasmo.


—¡Sí! Como tú paras tan ocupado, la Ama ha estado buscando a alguien para la crianza compartida. Si criamos a nuestros hijos como gemelos, yo puedo cuidar de ambos cada vez que tú no puedas. ¿Qué dices?

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