HODEHA 934






Hombres del Harén 934

SS12: Tiempos de paz





Princesa Latil se miró la muñeca. El brazalete carísimo que antes la adornaba ya había sido vendido. Un tercio del efectivo que le quedaba ya se había esfumado entre la venta del brazalete, el pago al mercenario y el alquiler del carruaje. Recién ahora caía en la cuenta de que escapar no era suficiente. Huir era un problema, pero lo que venía después era otro muy distinto. Hasta ahora, ella había gastado a manos llenas la asignación que le daba la familia imperial. Pero habiendo huido, eso ya no sería posible.

Había traído un montón de equipaje para el viaje, pero ¿acaso no lo había dejado todo tirado en la posada con las prisas?


—Es cierto. Yo... no tengo plata.


murmuró con un asombro tardío, Tasir se aclaró la garganta brevemente antes de soltar una carcajada. No era una risa de burla. Después de reírse con ganas un buen rato, habló con una sonrisa de oreja a oreja.


—Sí. Pero yo tengo plata de sobra.

—¿Y por eso vienes conmigo? Pero eres un comerciante... dijiste que no haces nada que te genere pérdidas...

—Cuando la cosa pinta para pérdida, los comerciantes solemos tener dos opciones: o nos retiramos temprano aceptando el golpe, o aguantamos hasta que la situación se dé la vuelta.


Princesa Latil abrió y cerró la boca sin saber qué decir. La antigua Latil le habría dicho con toda la confianza del mundo que eligiera lo segundo, proclamando a los cuatro vientos que le pagaría hasta el último centavo algún día. Pero ahora las cosas eran distintas. Ni siquiera podía respaldarse en su título y, habiendo escapado con lo puesto, no tenía la menor idea de cómo ganaría dinero.

Después de un largo silencio, confesó con voz chiquitita:


—Creo que... te conviene más retirarte.

—Ya veo. Pero la elección es mía.


Princesa Latil abrió los ojos de par en par, sorprendida.


—Me la voy a jugar y voy a aguantar.


dijo Tasir con una sonrisa suave, ella lo miró con un remolino de emociones confusas. El padre en quien había confiado toda su vida ahora quería matarla; y sin embargo, este hombre turbio y sospechoso aparecía de la nada y simplemente quería ayudarla. Era algo de locos.

El carruaje empezó a acelerar, señal de que probablemente ya habían pasado el puesto de control sin problemas. Princesa Latil entrelazó sus manos con nerviosismo y miró hacia el frente, luego lanzó una mirada de reojo. Tasir estaba apoyado en el marco de la ventana, contemplando el paisaje.

[¿De verdad esto está bien?]

Mientras observaba su perfil, la princesa se quedó sorprendida. Quizás porque las sombras ocultaban sus ojos cansados, o porque la luz del sol le daba justo en la cara, Tasir se veía increíblemente guapo. ¿Sería solo la impresión del momento? ¿O de verdad era así de simpático?

Princesa Latil, quedándose ida mirando su perfil, terminó apoyando su propia cabeza en el marco de la ventana, tal como lo hacía Tasir.












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Así que así es como termina con Tasir. Huyendo juntos... esa debe ser la forma en que sus destinos se entrelazan. Cuando Latil salió de la fantasía, sintió que el pecho le estallaba de la emoción. Aunque solo fuera un futuro falso, ver al siempre precavido Tasir aceptando perderlo todo por ella le movió el piso.

El monstruo que mostraba los futuros estaba saltando en un solo pie al ver la cara de conmovida de 'Ama' y preguntó entusiasmado:


[Ama, ¿le gustó este futuro?]


El monstruo esperaba que, por fin, Latil valorara su utilidad y empezara a tratarlo mejor.


—¡Sí!


Pero Latil exclamó con alegría y salió disparada de la habitación. El monstruo, que estaba a punto de pedir algún tipo de premio, estiró la mano hacia la figura que se alejaba... pero ella ya se había hecho humo.

Dejando al monstruo plantado, Latil corrió directo al dormitorio de Tasir. Era tarde por la noche y él estaba echado en la cama. A pesar de su cara de cansancio, seguía con unos documentos en la mano, revisándolos con cuidado hasta el final.

Cuando Latil apareció de la nada en su cuarto, Tasir se pegó un salto. Dejó los papeles en la mesa y se levantó.


—¿Su Majestad?


Latil corrió hacia él y se le colgó del cuello.


—¡Esposo guapo!


Tasir no entendía nada, pero le devolvió el abrazo y preguntó:


—Claro que sí. Pero, ¿a qué se debe esto? ¿Por qué nuestra Majestad de pronto le está haciendo cosquillas al corazón de este Tasir?


Latil sonrió satisfecha y lo miró a los ojos. Eran exactamente iguales a los del futuro falso, pero —fuera por su imaginación o no— ahora le parecían un poquito más cariñosos.


—Tasir. ¿Te seguiría gustando aunque yo no fuera la emperatriz, no tuviera ni un sol y estuviera escapando de la justicia?


preguntó ella con orgullo, recordando lo que él eligió en la visión.


—¿Eh? Bueno... tendría que sacar las cuentas primero.


Tasir fingió estar escandalizado y rechazó la idea. Pero Latil no se ofendió ni un poquito; ya lo había visto refunfuñar cosas parecidas mientras se quedaba fielmente a su lado todo el tiempo.


—Eso no fue lo que me enteré.


le informó Latil muy orgullosa.


—¿De mí?


preguntó Tasir, esta vez genuinamente desconcertado. Su cara decía clarito: 'Yo no soy de los que hacen esas cosas'.

Pero eso lo hacía aún más increíble. Si él no era de ese tipo y aun así lo hizo, entonces era mucho más admirable. Sintiéndose dichosa, Latil rodeó la cintura de Tasir con sus brazos.


—No sé qué está pasando, pero me gusta esto.


Aunque seguía confundido, Tasir abrazó a Latil y le dio un beso en la frente. El ambiente entre los dos se puso romántico al toque. Latil, esperando que le diera el beso en los labios en vez de la frente, se quedó mirando su boca de forma descarada.

Pero en lugar de besarla, Tasir preguntó:


—Su Majestad. Cuando dijo que yo la quería aunque fuera una desempleada fugitiva y sin plata... ¿por si acaso eso salió de un futuro falso del monstruo?


Por primera vez, la sonrisa de Latil flaqueó. Técnicamente todo lo que dijo era verdad, pero escucharlo así, con esas palabras, la ofendió un poquito. Aun así, estaba tan movida por el recuerdo del Tasir del futuro falso que se controló y respondió animada:


—Sí. ¿Pero por qué?

—En los últimos meses, usted ha estado saliendo disparada a algún lado justo después de comer. ¿Era para ver al monstruo?

—Exacto. Normalmente terminaba rápido, pero cuando veía futuros contigo, me quedaba pegada porque te veías bien débil en esos. En uno, tenías un brazo muy mal herido.


La expresión de Tasir cambió de forma extraña ante la respuesta.


—O sea que Su Majestad ha estado observando a este Tasir por meses.


preguntó burlón, Latil respondió con una sonrisa brillante.


—Así es.

—Pero ese Tasir no es este Tasir, ¿o sí? En otras palabras, Su Majestad ha estado siendo infiel por meses... con un hombre que de casualidad se parece igualito a mí.


La sonrisa de Latil desapareció al instante.


—¿Qué? No, nada que ver. ¿Cómo puedes decir eso?


protestó ella, visiblemente indignada.

Pero Tasir siguió con su lógica absurda:


—Pero técnicamente, al que vio no fue a mí, ¿verdad?

—¿Qué? No... eras tú.

—Me siento traicionado.


Tasir se hizo el sentido mientras le acariciaba la barriga a Latil.


—¿Qué pasa si nuestro hijo ve al hombre equivocado y piensa que es su papá?

—¡¿Qué importa si lo hace?! ¡Tienen la misma cara y el mismo nombre! Además, ¡ya te dije que eras la misma persona!

—Para no confundir al niño, va a tener que hacer por este Tasir todo lo que hizo por ese Tasir.

—...Tú ni sabes lo que hice.

—¿Un beso, tal vez?


Mientras Latil miraba en silencio su cara de esperanza, le agarró los cachetes con ambas manos y le plantó un beso como si estuviera poniendo un sello real.












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El tiempo pasó volando mientras Latil seguía devorando los futuros falsos con Tasir, pedacito a pedacito, cada día.

Durante ese tiempo, pasaron muchísimas cosas, mientras que otras simplemente se quedaron estancadas. La pelea entre Gesta y Klein estaba en el grupo de las 'congeladas'. Su conflicto seguía sin resolverse, en una pausa bastante incómoda.

Klein seguía pegado a Gesta sin hacer ruido, mientras que Gesta se las ingeniaba para frenar las provocaciones de Klein sin que nadie se diera cuenta. Por ahora, ninguno de los dos podía mover un dedo contra Tasir.

Pero eso no significaba que Gesta no estuviera al tanto de Latil y Tasir. Entre tanto ajetreo, se le revolvía el estómago cada vez que le miraba la panza a Latil. Para rematar, Canciller Rolurd no dejaba de fregar con preguntas tontas sobre si se podía usar magia negra para 'crear' un bebé, lo que lo ponía de un humor de perros.

Girgol era uno de los que paraba más ocupado. Desde el primer pedido de Latil, había visitado al Gran Maestro un par de veces más. Sin embargo, parece que todavía no lograba hablar con él a solas. Aunque era obvio que salía y volvía de algún lado, no le había soltado prenda a Latil ni sobre Sel ni sobre Fleura. A Latil no le quedaba otra que confiar en que Fleura seguía creciendo sana por ahora.

Sobre el huevo de Meradim, no había ni rastro de noticias. Aunque siempre se le veía cargándolo como si fuera de cristal, lo único que cambiaba eran los adornos exagerados que le ponía. El huevo seguía igualito: ni crecía, ni daba señales de querer romperse. La cáscara ni siquiera se veía más delgada. Al final, Latil, muerta de la curiosidad, sugirió que intentaran romperlo para ver qué había... y terminó con la cara empapada de agua.
Titus entró en pánico cuando vio a Latil convertida en una 'comadreja' toda mojada y se llevó a Meradim a rastras para esconderse en el lago.


—¡Meradim!


Latil reaccionó y corrió hacia el lago, pero Meradim y Titus ya se habían hecho humo. No había forma de seguir a los tritones de sangre al agua.


—¿Quieres que lo pesque por ti?


Girgol, que lo había visto todo, puso una sonrisa de travieso y se ofreció.

Latil estuvo a un pelo de decirle que sí. Ya había visto con sus propios ojos lo bien que nadaba él cuando fueron juntos a la cueva.

Pero después de pensarlo bien, le dijo que no.


—Déjalo. Solo significa que Meradim de verdad quiere a ese huevo.


Girgol era demasiado arrebatado cuando se trataba de usar la fuerza. Si iba tras Meradim, no se iba a quedar tranquilo solo con traerlo de vuelta. A Latil todavía le daba repelús esa misteriosa cola de tritón de sangre que Girgol tenía en el lago de su invernadero.

Por fuera, Ranamoon se veía tranquilo, pero últimamente andaba bien irritable. Y no era solo por el cuarto hijo de la Emperatriz. Sorprendentemente, era por Cleris. Como Flera no quería jugar y paraba metida en sus libros, Cleris también empezó a interesarse por la lectura. Eso no tendría nada de malo, el problema era que, cuando Cleris se enviciaba con un libro, a Fleura le daban ganas de salir a jugar. Parecía que lo hacían a propósito.

Fleura se asaba porque Cleris paraba leyendo y la buscaba para jugar a cada rato. Pero ahora Cleris estaba más obsesionada con los libros que ella; estaba concentradísima terminando un libro que el Duque Atraxil le había traído a Flera, no le hacía caso a ningún juego.

Si Duque Atraxil supiera esto, seguro se arrancaba los pelos. Viendo todo este chongo, el propio Ranamoon se sentía inquieto. Aunque no detenía a Cleris para no parecer un envidioso, empezó a tratar a Sonnaught con la punta del pie sin ninguna razón. Jaisin ya había sido testigo de casi siete encuentros bien tensos entre Ranamoon y Sonnaught.

Todos pensaban que los únicos que estaban en paz ahora eran la Emperatriz y Tasir. Pero la cosa tampoco estaba color de rosa para Tasir. Todo por una propuesta que Latil no dejaba de repetirle.


—He estado pensando. Estás hasta el cuello con tanto trabajo. ¿Qué tal si crías al bebé junto con Jaisin, al menos hasta que crezca un poquito? Como hicimos con Flera. Jaisin tiene un corazón de oro, estoy segura de que ayudaría un montón.


Ella lo decía con buena intención. Tasir trabajaba el doble que el Esposo Oficial y encima manejaba el Harén, que daba el doble de problemas que los demás. Por si fuera poco, seguía al mando de la Compañía Comercial Anges y lideraba el Bosque Negro. Paraba tan a mil que hasta habló con su familia para dejarle el puesto de heredero del gremio a su hermano menor. Pero como sus hermanos no daban la talla, la idea quedó en nada.

Sabiendo todo esto, Latil sugirió lo de la crianza compartida con Jaisin. Pero Tasir quería criar a su hijo él mismo, aunque terminara fundido. Por eso, aunque no llegaban a pelearse feo, él y Latil habían tenido sus roces.

El más piña en todo esto era Jaisin, que no tenía ni el más mínimo interés en la crianza compartida, pero lo metían en la conversación y lo llamaban a cada rato. Como se llevaba bien con Tasir, ahora tenía que andar con pies de plomo para no incomodarlo.

Debido a esta situación, el consorte que estaba más tranquilo que nadie era, de hecho, Kallain. Ni los otros consortes ni los oficiales de la corte se atrevían a meterse con él, gracias a su reputación de pocos amigos y a su presencia que ponía los pelos de punta.
Los únicos que podían cuadrar a Kallain y salir bien parados eran Girgol y Gesta, pero ellos estaban demasiado ocupados con sus propios asuntos como para gastar tiempo buscándole pelea.

Kallain no solo se libraba de los líos externos, sino que también estaba en paz consigo mismo. No tenía la menor intención de convertir al tercer hijo en heredero, ni esperaba que su retoño fuera el más inteligente o el más fuerte del mundo. La vida era corta, en ese breve suspiro, él solo quería que su hijo creciera siendo una buena persona y que no se metiera en problemas. Lo único que de verdad le fastidiaba era tener que compartir el amor de Latil con los demás.

Y así, al final, solo Latil y Kallain permanecieron en calma. El tiempo pasó volando y, por fin, llegó el momento en que Latil dio a luz.












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Cargando a su bebé recién nacido, Latil le dio instrucciones a la jefa de damas y a la nana para que llamaran a los consortes. La nana salió de la habitación con una sonrisa de oreja a oreja.

Pero en el mismo instante en que la puerta se cerró, un grito de espanto salió de la garganta de la nodriza. Latil, que había estado revisando los ojitos del bebé —preguntándose si esas sombras debajo de ellos se parecerían a las de Tasir—, levantó la cabeza asustada.


—¿Qué está pasando?

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