HODEHA 928






Hombres del Harén 928

SS11: Tasir y el Mundo de Romance (6)





Saltar por su cuenta y caer mientras alguien la cargaba se sentía totalmente distinto. Princesa Latil se tapó la boca con el hombro de Tasir para ahogar el grito que casi se le escapa.

Cuando Tasir, que había aterrizado con firmeza, perdió el equilibrio de pronto y se tambaleó, la princesa se mareó todavía más. Por suerte, aunque se escuchó el estrépito de una mesa y sillas volando, Tasir no se cayó.


—Por favor, cierre los ojos.

—¿Qué?


A pesar de que la puerta estaba más cerca, Tasir rompió la ventana a propósito con su cuerpo para salir a la calle. Gracias al tremendo ruidazo, empezaron a aparecer lucesitas por aquí y por allá en la calle que antes estaba a oscuras. Parecía que la gente, que ya se había echado a dormir con todo apagado, ahora prendía las luces y asomaba la cabeza por la ventana para ver qué onda.

Tasir corrió, gritando a todo pulmón como para animar a los curiosos a ser testigos de más:


—¡Ladrones! ¡Hay ladrones en la posada!

[Lo está haciendo a propósito]


Princesa Latil se dio cuenta de su intención. Al hacer eso, aunque los dos se vieran sospechosos corriendo por las calles de noche, parecería que estaban huyendo de los delincuentes en lugar de ser sospechosos del asesinato que había ocurrido en la posada.
Justo en ese momento, tres soldados de patrulla aparecieron corriendo.


—¿Qué está pasando?

—Estábamos alojados en la posada cuando se armó una pelea. Salimos a ver qué pasaba, pero unos hombres enmascarados intentaron atacarnos también, así que corrimos.


Tasir habló con urgencia, soltando un quejido de dolor.

Aunque Princesa Latil estaba analizando la situación con calma, se aferró a la cabeza de Tasir y actuó como si estuviera muerta de miedo.

Cuando los soldados vieron el brazo vendado de Tasir y la pierna de Princesa Latil estabilizada con una tablilla, se lanzaron de inmediato hacia la posada, dejándolos a los dos atrás.


—Vámonos de aquí primero.


murmuró Tasir y se escabulló por un callejón estrecho. Sorprendentemente, apenas la gente salió de su vista, duplicó su velocidad, como alguien que antes hubiera estado corriendo lento a propósito.

Princesa Latil no dijo ni pío mientras se sujetaba de él. Incluso después de que Tasir salió del pueblo y entró al bosque, ella se mantuvo en silencio. Todavía sospechaba de él. Pero no sabían cuántos enemigos eran, ni siquiera quién de sus aliados podría ser un traidor. De hecho, ni siquiera estaba segura de si quedaba algún aliado vivo.

Definitivamente alguien había muerto en la habitación de al lado. Sin embargo, a pesar de todo el escándalo, nadie de la posada había salido. Nadie, excepto este comerciante llamado Tasir.

Solo después de un buen rato, él finalmente la bajó.


—Me falta el aire.

—Gracias.


expresó Princesa Latil su gratitud con una voz casi inaudible.


—Por esto es que no quería aceptar la insignia. Desde el momento en que Su Alteza me la entregó y unió nuestros destinos, tuve un mal presentimiento.


murmuró Tasir como desahogándose, mirando de reojo su brazo herido. Por cómo fruncía el ceño, era obvio que el dolor era fuerte.


—Ahora que lo pienso, la fractura era tan mala que el médico del pueblo dijo que no podía tratarla. ¿Tu brazo está bien? No se puso peor por mi culpa, ¿verdad?


Al verlo así, Princesa Latil se sintió genuinamente mal y, cosa rara en ella, se puso nerviosa. A pesar de su lesión, él se las había arreglado para disparar un arco y cargarla hasta aquí.


—No está bien, pero ¿de qué sirve decirlo ahora? Solo me queda aguantar.


Tasir señaló la pierna de Latil sin falsas modestias.


—Su Alteza también está sufriendo, pero se lo está guardando. Usted, que tanto odia el dolor.


En lugar de mostrar su propio sufrimiento, Princesa Latil sacó un pañuelo y le limpió suavemente la sangre de la cara a Tasir.


—El vidrio debe haberte cortado cuando rompiste la ventana. ¿Esto también duele?


Tasir entreabrió los labios pero aceptó el toque en silencio. Una vez que terminó de limpiarle la sangre, Princesa Latil dobló el pañuelo y se lo guardó de nuevo entre la ropa. La mirada de Tasir siguió el movimiento, pero volteó la cara rápidamente.

Aunque no lo demostraba, la pierna de Princesa Latil tampoco estaba en buenas condiciones. Al final, se sentó en una roca y preguntó:


—¿Sabes por qué nadie salió de la posada?

—No sé los detalles. Pero debe ser una de dos cosas. O todos los compañeros de Su Alteza que no eran enemigos murieron o terminaron heridos, o... todos eran sus enemigos.


Princesa Latil apretó los puños y se quedó mirando su pierna herida por un buen rato antes de murmurar:


—Mejor si todos eran enemigos.

—Eso me sorprende. ¿No debería ser al revés? Si todos eran enemigos, significaría que a Su Alteza la han estado engañando completito desde el principio.

—Es mejor eso que pensar que alguien murió intentando protegerme. Odio ver que mi gente salga herida.


Al recordar ese olor nauseabundo a sangre espesa, se estremeció. Tasir frunció el ceño mientras la miraba fijamente y, cuando sus ojos se encontraron, sonrió y dijo:


—Su Alteza suele decir las cosas más inesperadas.


Princesa Latil, que se estaba sobando la pierna adolorida distraídamente, se quedó tiesa.


[Este hombre habla como si me conociera bien. ¿Desde cuándo nos conocemos tanto como para que diga que algo es 'inesperado'?]


En su mente, visualizó a Tasir encontrándose con alguien en un callejón oscuro en plena noche. Además, las habilidades que había demostrado estaban lejos de ser las de un comerciante común. Aun así, no mencionó nada de esto. Tras una breve pausa, su mano retomó el movimiento, masajando suavemente su pierna lastimada.

Mientras tanto, Tasir trepó a un árbol y regresó unos cinco minutos después.


—Cerca de aquí hay un camino bien cuidado que lleva al siguiente pueblo. El bosque continúa a lo largo de este. Deberíamos viajar por el bosque, pegados al camino.

—¿Por qué?

—¿Quién seleccionó a la gente que acompaña a Su Alteza en este viaje?

—...Mi padre, el Emperador.

—Si el enemigo fue capaz de reemplazar a todos los hombres elegidos a dedo por Su Majestad con impostores, eso significa que son increíblemente poderosos. Con ese tipo de poder, podrían llegar al siguiente pueblo antes que nosotros y armar una trampa para poner en peligro a Su Alteza de mil maneras.


Princesa Latil no preguntó cuáles podrían ser esas 'mil maneras'. Podía imaginarse algunas por su cuenta. Si llegara a morir sin revelar su identidad, ¿quién se enteraría siquiera de que la princesa estaba muerta?

Con una voz falta de confianza, preguntó:


—Probablemente va a ser peligroso de ahora en adelante. ¿Te quedarás conmigo?

—¿Qué más puedo hacer?


Tasir sacó la insignia que Princesa Latil le había dado, la agitó ligeramente y luego se la guardó de nuevo entre la ropa con una sonrisa.


—Si quiero recibir una recompensa como se debe, Su Alteza tiene que seguir viva. Dejarla aquí sería una pérdida para mí. Tengo el brazo roto, la cara herida y, lo peor de todo, dejé todas mis cosas en la posada.

—Va a ser realmente peligroso...


—Ahorita soy un comerciante, Su Alteza. Yo no hago cosas que me generen pérdidas.


Con ese simple comentario, se agachó, ofreciéndole la espalda para cargarla de nuevo.












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Princesa Latil no confiaba en Tasir del todo. Todavía había muchas cosas sospechosas en él. Pero él había sido el único en ayudarla de verdad en ese momento crítico, así que no le quedaba otra que viajar con él. Si su cuerpo estuviera en mejor estado, habría elegido ir sola; pero, después de todo, tenía la pierna herida.

Al menos durante el día no era tan malo. Mientras iba cargada en la espalda de Tasir, si él intentaba atacarla, ella simplemente podía darle un cabezazo bien puesto.

Pero una vez que caía la noche y solo la luz de la luna iluminaba el bosque, estar a solas con él se volvía más incómodo. Hasta ahora, había viajado en carruaje durante el día y se mantenía despierta por la noche. Pero ahora no estaba en un carruaje; estaba en la espalda de Tasir.


—Finalmente me siento vivo. Su Alteza, casi me muero cargándola todo este camino.


Y cuando él empezaba a quejarse, ella no solo se sentía alerta, sino genuinamente apenada, lo cual empeoraba las cosas. Tras dudar un poco, Princesa Latil le dio un toquecito ligero en la espalda con el puño.


—¡Aaaagh!


Pero Tasir se sobresaltó como si le hubiera dado un choque eléctrico y retrocedió, obligándola a retirar la mano.


—¿Por qué me haces ese desplante?


preguntó Princesa Latil, desconcertada.

Pero Tasir no respondió. Simplemente se quedó mirando el lugar donde su mano lo había tocado, como si un insecto gigante se hubiera posado y luego volado, estremeciéndose visiblemente.

Su reacción borró cualquier rastro de culpa en Princesa Latil. En su lugar, surgió la irritación y preguntó, echando chispas:


—¿O sea que ahora mi mano es un bicho?

—Su mano es demasiado preciosa, Su Alteza. Es abrumador. Así que creo que es mejor que no vuelva a hacer eso. No nos volvamos más cercanos.


Pero al escucharlo decir eso, ella se quedó sin palabras y no pudo reclamarle más.

Tasir le dijo que se quedara quieta y fue a recoger ramas secas. Mientras amontonaba la leña y la rodeaba con piedras para armar una fogata, ella se quedó sentada de mal humor, dándose golpecitos en la pierna.


[Seguro no quiere que nos hagamos amigos. Al verlo actuar así... tal vez realmente no sea un sospechoso.]


Tasir prendió la fogata y sacó un poco de carne seca que tenía, la asó un poco y se la entregó.


—No va a saber muy rico, pero por favor coma algo, Su Alteza.

—¿Cuándo trajiste esto?

—Siempre llevo un poco. Por si las moscas.

—¿Los comerciantes suelen pasar mucha hambre?

—Soy un comerciante que viaja un montón.


Princesa Latil recordó que él siempre tenía una carreta llena de suministros y asintió, comprendiendo. A pesar de su advertencia, la carne seca sabía mejor de lo esperado. Debía haber sido sazonada con anticipación.

Pero mientras masticaba con ganas, sintió que alguien la observaba. Al levantar la vista, Tasir la miraba fijamente, casi con asombro. Incluso cuando sus miradas se cruzaron, él no desvió la vista.


—Me estás mirando muy de frente.


murmuró Princesa Latil, anonadada. Nadie se había atrevido a mirarla así antes.

Tasir sonrió.


—Es que es muy diferente a lo que me imaginaba. Pensé que alguien tan noble como usted tiraría esto apenas se lo entregara.

—¿Quién sería tan tonto de hacer eso?


preguntó ella incrédula, luego se sonrojó y volvió a preguntar:


—¿O sea que ya te habías imaginado cómo era yo antes?

—He visto a mucha gente hacer ese tipo de tonterías. Además, no hay nadie que no sepa quién es Princesa Latrasil.


respondió Tasir con naturalidad y empezó a comer su propia carne seca.

Princesa Latil ladeó la cabeza. ¿Ah, sí?


[Pero este tipo... ¿no dijo también antes que yo era 'inesperada'? ¿Acaso me habrá visto en algún lugar antes?]


Después de comer, Tasir usó madera y su capa para tapar el resplandor de la fogata y que no se viera desde el camino. Princesa Latil echaba leña de vez en cuando mientras se preguntaba qué hora sería.

Al menos estaban avanzando. Pero todo lo que venía se sentía demasiado incierto.


—Cuando lleguemos al pueblo subsiguiente, tendré que contratar a los mercenarios de la Orden de la Muerte Negra.


Tras pensarlo un poco, murmuró mientras miraba el brazalete costoso que llevaba en la muñeca. Era uno de sus favoritos, pero este era el momento de usarlo. La Orden de la Muerte Negra era conocida por no estafar nunca a la gente y por su lealtad e integridad. Si les daba el brazalete entero, lo más probable es que aceptaran el trabajo.

Cuando mencionó a la Muerte Negra, Tasir puso una expresión algo ambigua.

Princesa Latil preguntó, extrañada:


—¿Por qué? ¿No son buenos?

—No, no es eso.


Pero Tasir no dio más detalles. Princesa Latil no insistió, pensando que no valía la pena indagar más. Simplemente extendió su capa en el suelo y se echó encima.

Pero mientras estaba echada de costado, incómoda, notó que Tasir miraba su brazo con expresión preocupada.


—¿Por qué esa cara?


Apenas preguntó, Princesa Latil se dio cuenta de la respuesta solita.


[Cierto. Su brazo está herido. Le debe doler.]


Se levantó rápido y se le acercó.


—Deja que le eche un ojo.


Ella no sabía mucho de medicina, pero si el brazo se veía mal, rompería un poco de tela de la capa y le haría un vendaje nuevo.


—Estoy bien, Su Alteza. Solo lo miraba porque me estaba fastidiando.


declinó Tasir, señalando la capa en el suelo como diciéndole que mejor se fuera a dormir.


—¿De qué hablas? Eso no puede ser cierto. Dame la mano. Me has estado cargando y has corrido todo este tiempo.


Como ella no daba su brazo a torcer, Tasir le extendió la mano de mala gana. Ella tomó suavemente su manga y empezó a remangársela. Pero la tela no cedía ni un poquito cerca del codo.


—¡Tu brazo debe estar hinchadísimo! No puedo subir la manga.


Asustada, Princesa Latil le sacudió el otro brazo.


—No estaba así antes, ¿verdad? La herida debe haber empeorado. ¡Quítate la camisa ahora mismo!

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