HODEHA 933






Hombres del Harén 933

SS11: Tasir y el Mundo de Romance (11)





—¿Por qué llora de la nada? Usted nunca llora, ahora que lo hace... yo...


Tasir estaba palteadazo, algo rarísimo en él, se quedó sin palabras. Parecía genuinamente sorprendido por las lágrimas de Princesa Latil.


—¿Es mi padre?


preguntó la princesa con voz apagada, pero directo al grano. Tasir frunció el ceño, con cara de estar en un serio aprieto.

A Latil al menos le alivió que Tasir no se estuviera riendo en un momento como este. Para ella, él ya se había hecho la costumbre de sonreír por puro trámite, muchas veces sin pensar.


—Te he preguntado si es mi padre...


Pero aunque él pusiera cara de angustia, eso no significaba nada para alguien como Princesa Latil, que estaba contra las cuerdas. Agarró a Tasir del brazo y lo presionó más.


—¡Te estoy preguntando si el Emperador de Tarium es quien te contrató!


Tasir soltó un suspiro.


—Su Alteza, tan perspicaz como siempre...


Ni siquiera pudo terminar la frase. La princesa se puso más fúrica con sus palabras y lo agarró por el cuello de la camisa.


—¡No te burles de mí!


Lo jaló hacia ella. Sus ojos se clavaron en los de él. Latil se imaginó que su propia mirada debía dar miedo ahorita; la gente solía decir que su expresión era intimidante cuando se enfocaba. Sin embargo, Tasir parecía más descolocado por las lágrimas de la princesa. Su mirada, que antes estaba agitada, ahora se había calmado.


—¿Le duele?


Princesa Latil soltó el cuello de su camisa como si lo botara y volteó la cabeza de golpe. Latil temió que fuera a estallar de nuevo, pero sorprendentemente, se disculpó:


—Me desquité contigo. Lo siento.


Tasir suspiró otra vez.


—Usted marca su distancia primero. Y cuando yo intento marcar la mía siguiendo la suya, usted viene y me rompe la tiza.


Ese comentario críptico ya ni entró en los oídos de la princesa. Se agarró la cabeza con las manos y empezó a recordar todas las pruebas que señalaban a su padre como el cerebro detrás del ataque.

La comitiva la armó su padre. Si alguien más se hubiera metido, no habrían podido convertir a casi todo el grupo en atacantes. Si su padre no tenía idea de que había un problema tan grave en el grupo que él mismo creó para su hija, entonces eso también era un problema: la prueba de que era un gobernante mediocre.


—Escuché quejidos raros y el sonido de espadas. Pero fui la única que lo oyó.

—Yo también lo oí, Su Alteza.

—En el grupo de viaje, yo fui la única que dijo algo. Es imposible que fuera la única. No era solo yo; todos lo oyeron y se hicieron los locos.

—El quejido fui yo... me dolía, Su Alteza.

—Cállate.


Mientras Tasir se tapaba la boca con la mano, Princesa Latil soltó un suspiro pesado. Ahora recordaba la carta que su padre le dio para entregarle al señor feudal. Los hijos del señor se quedaron fríos al leerla. Lo más probable era que la carta tuviera la orden de matar a Princesa Latil.


—Oye, Tasir. ¿Tú no sabes por qué mi padre ordenó que me mataran?

—Para serle sincero, yo ni sabía que Su Majestad había dado la orden de matarla.

—Eso es imposible. Tú fuiste contratado por mi padre.

—Así es. Pero la orden que yo recibí fue la de investigar a Su Alteza, no la de matarla.


Latil recordó cómo el atacante disfrazado de cochero llamó a Tasir 'traidor'. Había dicho que aunque su objetivo era el mismo, él y Tasir no jugaban en el mismo equipo. Escuchándolo ahora, tenía sentido por qué el cochero lo dijo así.

Princesa Latil dudó y luego cambió la pregunta.


—Entonces, ¿por qué mi padre quería que me investigaras?

—Soy un comerciante que vive de la confianza, Su Alteza.


Incluso ayudándola, Tasir seguía sin soltar la lengua fácilmente. Princesa Latil se mordió el labio. Al ver esto, Tasir amagó con estirar la mano hacia ella, pero luego la bajó y la apoyó en su rodilla.


—Entonces le diré solo lo que no rompa esa confianza. Al principio, la investigué desde lejitos. Pero por lo que vi, no había nada raro en usted. Así que intenté acercarme para observar de cerca... y terminé enredado en todo este lío.

—¿Y justo cuando intentabas acercarte, mi padre da la orden de matarme? ¿No te parece demasiada coincidencia?

—Ah, por supuesto que no es coincidencia. Cuando dije que me acerqué a usted, me guardé un par de razones más.

—¿'Un par de razones más'?

—Cosas como la competencia y demás. Pero eso no es importante ahorita, así que mejor pasemos a otra cosa.


Aunque Princesa Latil escuchaba sus respuestas, esa opresión en el pecho no se le quitaba. Pero Tasir decía no saber ciertas partes y se negaba a hablar de otras. Y bueno, ella tampoco podía obligarlo a abrir la boca a la fuerza.

Entonces, Tasir sacó un sobre del bolsillo de su abrigo y se lo entregó.


—¿Esto ayudará?


Princesa Latil se quedó helada incluso antes de agarrarlo.


—¡Esta es la carta que entregué!


Se le quedó mirando a Tasir sin poder creérselo.


—¿Cómo la tienes?

—Me la robé.


Su respuesta tan fresca la dejó muda.


—¿Te la robaste? ¿En qué momento pudo haber hecho eso?

—No he leído el contenido. Usted puede hacerlo, si gusta.


Princesa Latil miró el sobre hacia abajo.


—Mi padre dijo lo mismo. Que podía leerla si quería.


Se preguntó si Tasir la estaba engañando, pero el sello del sobre era, sin lugar a dudas, el del Emperador. Acarició el sello familiar con los dedos, luego tomó aire y abrió el sobre rápido, como quien intenta evitar una trampa.

Pero apenas empezó a leer, una ola de dolor la golpeó. Haberla abierto rápido no hizo que el hincón fuera menos fuerte. Dejó el sobre a su lado, sin fuerzas.


—No son buenas noticias, supongo.

—Es lo que sospechaba.


Y tal como temía, eran noticias terribles. La carta daba instrucciones de capturar a Princesa Latil viva de ser posible, si no, matarla. Lo que le dolía más era que su padre le hubiera confiado una carta tan horrorosa, dejándole la 'oportunidad' de escapar. ¿Qué diablos quería él de ella?


—Siempre me llevé bien con mi padre. Él me amaba más que a todos sus hijos. Por eso... simplemente no entiendo.

—Si Su Alteza está en lo correcto, es normal que no pueda entender una situación que está mal. ¿Para qué intentar entenderlo siquiera?


Princesa Latil soltó una risa amarga ante sus palabras de consuelo. Pero de nuevo, el calorcito volvió a sus ojos sin previo aviso.

Al ver esto, Tasir se puso incómodo y buscó en su bolsillo. Pero no tenía pañuelo y no sacó nada. Tras dudarlo un segundo, estiró la mano con cuidado y le limpió las lágrimas con los dedos.

Princesa Latil aceptó el gesto en silencio, sin que le pareciera raro. Pero a la Latil real sí le pareció extraño, la cara de Tasir decía que a él también.

Cuando Tasir retiró la mano todo palteado, Princesa Latil apretó fuerte el borde de su ropa y murmuró:


—Esto es impactante. Impactante y abrumador. ¿Qué se supone que haga ahora? Si mi padre me quiere matar, ni siquiera puedo volver al palacio.


Lord Fullod, al no poder cumplir las órdenes del Emperador, había puesto carteles de 'se busca' para atraparla. El señor solo los había puesto en los territorios cercanos. Pero su padre, el Emperador, podía emitir una orden de captura en todo el país.

Princesa Latil se sintió asfixiada al darse cuenta de que, si intentaba volver al palacio, podrían capturarla en el camino. Los soldados de Tarium no eran broma.


—Oye, Tasir. Hace un rato dijiste que me llevarías hasta la frontera, ¿verdad?

—Lo dije. ¿Lo hago?

—Ehh... llévame.

—¿Está pensando en pedir refugio en otro país?

—Creo que no me queda de otra.


Tasir preguntó, como quien la pone a prueba:


—¿No piensa pedirle una explicación a Su Majestad?

—Si él pensara que merezco una, ya me la habría dado. Actuó sin explicar nada. ¿Crees que me va a explicar algo si voy ahora?

—Eso está bien difícil.


Princesa Latil no entendió a qué se refería él con eso de 'difícil'.


[¿Querrá decir que mi situación está bien difícil?]

Pero ni fuerzas tenía para preguntar. Se quedó sentada en silencio un buen rato, débil y desplomada, antes de balbucear apenas:


—Mi padre me dejó exactamente una salida para escapar. Debe ser esta. Así que tengo que correr.


Su padre le había dicho que podía leer la carta si quería, lo que probablemente significaba que si ella huía después de leerla, él no la perseguiría. Lo más seguro es que no mandara asesinos más allá de la frontera. Pero era solo una suposición, así que incluso después de cruzar, tendría que andar con un ojo abierto.

De pronto, notó que el sonido de las ruedas del carruaje había cambiado y aguzó el oído. Al mirar por la ventana, los campos de trigo dorado habían desaparecido, reemplazados por un bosque verde.

Se dio cuenta de que el carruaje estaba acelerando poco a poco. Pero no iba a lo loco; seguro había bajado la velocidad mientras ella y Tasir hablaban y ahora retomaba su ritmo normal.

Pensó que tal vez el mercenario había escuchado su conversación. Pero a Princesa Latil no le nacía llamarle la atención por eso. Escuchar algo así despierta la curiosidad de cualquiera. Es la naturaleza humana, después de todo.

Hasta que el carruaje llegó a la frontera, la princesa no soltó ni una palabra más. Tenía miedo de que, si hablaba, las lágrimas saldrían junto con las palabras, así que prefirió quedarse muda.

Después de un viaje largo, el carruaje finalmente llegó cerca de la frontera. Bajó la velocidad para pasar por el puesto de control. Aparte de ella, había varias personas y carruajes haciendo cola para pasar.

Princesa Latil cerró la cortina para que no la vieran. Luego, al recostarse en el asiento y cerrar los ojos, los ruidos de afuera se sentían inusualmente fuertes.

[¿Podré pasar el control sin problemas?]

De pronto le asaltaron pensamientos de ansiedad y frunció el ceño. Entonces, sintiendo una mirada intensa, volteó la cabeza y vio a Tasir observándola fijamente.


—¿Qué pasa?

—¿Qué va a hacer después de cruzar la frontera?

—¿Por qué lo preguntas? Solo me vas a dejar ahí y te vas a largar, ¿no?

—Así es. O tal vez no.


Princesa Latil se desanimó por sus propias palabras. Cuando Tasir le dio la razón, el corazón se le puso más pesado todavía. Pero justo cuando se sentía bajoneada, él preguntó con un tono extraño:


—Pero todavía no sabemos dónde nos vamos a separar, ¿o sí?


'¿Qué querrá decir con eso?'

La princesa ladeó la cabeza y luego volvió a mirarlo. Tasir tenía una sonrisa ladeada en los labios.


—Recibí la orden de investigar a Su Alteza, esa orden no ha sido cancelada.

—¿Qué estás diciendo...?

—Entonces, ¿a dónde deberíamos ir?


Princesa Latil se quedó de una pieza ante esa pregunta totalmente inesperada. Después de un rato, finalmente entendió lo que Tasir quería decir y preguntó:


—¿Quieres... venir conmigo? ¿Seguir el camino juntos?

—Sí.

—¿Por qué...? No me digas que tú...

—Su Alteza, usted no tiene ni un sol en el bolsillo.


Princesa Latil se quedó helada otra vez. En el fondo, tenía la vaga esperanza de que Tasir dijera que no podía dejarla porque se había enamorado de ella o algo así. Pero en lugar de eso, soltó que iría con ella porque se veía que estaba 'misionera'. Era algo increíblemente atrevido para decírselo a una princesa. Pero también era la purita verdad.

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