Hombres del Harén 932
SS11: Tasir y el Mundo de Romance (10)
Tasir fingió estar muerto de miedo de forma dramática, al mercenario se le torció la cara. Parecía que le daba escalofríos cada vez que Tasir abría la boca.
Princesa Latil echó un vistazo a la escalera trasera, que apenas estaba iluminada por un brillo tenue. ¿Sería para asegurar un asesinato perfecto? Ni un solo sirviente pasaba por ahí. ¿Estarían planeando volver recién cuando todo hubiera terminado? En todo caso, gracias al trabajo rápido y silencioso del mercenario de la Muerte Negra, era obvio que los enemigos no sabían que los asesinos habían pasado a mejor vida.
—¿Qué es eso tan importante que tienes que decir? Más vale que hables rápido.
dijo Princesa Latil mientras se escondía en un punto ciego donde no la pudieran ver directamente desde las escaleras.
El mercenario entendió su intención y empezó a arrastrar un cadáver por el pie hacia una habitación vacía.
Tasir dejó de seguir al mercenario y se puso al lado de Latil. En cuanto se le acercó, ella se hizo a un lado al toque para poner distancia.
—No te me pegues tanto.
—La que me andaba buscando desde el carruaje...
Princesa Latil cortó a Tasir antes de que soltara otra sandez.
—No existe tal persona. Empieza por lo importante.
Tasir entrecerró los ojos y le sonrió de forma 'tierna'. Pero su expresión, que de por sí ya daba mala espina, se veía más amenazante en el pasillo oscuro, la sonrisa que tanto practicó terminó saliéndole por la culata. La princesa retrocedió más, asqueada por el aura sombría que emanaba Tasir.
Él suspiró y empezó a hablar:
—Su Alteza. Este señor feudal es sospechoso. Lo mejor sería no quedarse aquí y largarse de inmediato.
Princesa Latil levantó las cejas.
—Yo también lo creo. Ya lo viví en carne propia.
Se agradecía la preocupación de Tasir, pero llegó tarde: ya los habían atacado una vez. De hecho, ella ya sospechaba que el mismísimo señor feudal había escondido a los atacantes.
—¿Eso es lo que viniste a decir?
Aun así, el hecho de que se hubiera arriesgado a colarse en el castillo del señor la conmovió un poquito. De verdad que no entendía qué pretendía este hombre tan turbio.
[Se me acercó a propósito y está conectado con mis enemigos. Es sospechoso por donde se le mire. ¿Entonces por qué se sigue arriesgando para ayudarme? ¿Qué diablos quiere?]
—Así es. Aunque lamentablemente no pude darle el mensaje antes porque Su Alteza no captó mis señas.
dijo Tasir con tono de pena y miró de reojo al mercenario, que ya había terminado de esconder los cuerpos y se acercaba.
—Igual, me alivia que haya contratado a un mercenario tan competente.
La mirada de Princesa Latil vaciló.
—¿Te colaste aquí solo para decir eso? ¿Quién... qué eres tú? ¿Por qué me sigues ayudando?
—Me duele decirlo, Su Alteza, pero ahora mismo no tiene a nadie bajo su mando que pueda actuar por usted. Pelear contra el señor feudal no es una opción. Sería mejor irse que intentar presionarlo con su autoridad.
sugirió Tasir sin dar ninguna explicación.
Princesa Latil quería cuadrarlo para saber qué estaba pensando realmente. Pero tal como él dijo, escapar era la prioridad ahora. Apenas tomó la decisión, escuchó murmullos que venían del piso de abajo. Latil, Tasir y el mercenario se quedaron mudos. No entendía bien qué decían, pero la forma en que murmuraban, como si supieran exactamente lo que pasaba arriba, le indicó que probablemente estaban al tanto de la jugada del señor feudal.
Entonces el mercenario levantó la mano y bajó las escaleras en silencio, deslizándose como un fantasma. Cuando volvió un momento después, una sola gota de sangre manchaba su mejilla.
—Bajemos.
Princesa Latil y Tasir lo siguieron. Los que habían estado murmurando eran un sirviente y un guardia; ambos con el cuello roto en direcciones opuestas.
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El plan del señor feudal para emboscar a la princesa, irónicamente, les facilitó la huida. Como solo había dejado a gente de confianza —tipos que no soltarían prenda o que estaban metidos en la colada—, había menos personal y la seguridad estaba más floja de lo normal, lo que hizo que escapar fuera pan comido. Antes del amanecer, los tres lograron salir del territorio de Fullod y entrar a un pueblo cercano. Pero, por si las moscas, Princesa Latil no entró al pueblo. En su lugar, fue Tasir quien entró, alquiló un carruaje y compró comida, mantas y otras provisiones.
No se quedaron dando vueltas y pronto dejaron ese pueblo también. El señor feudal podría intentar incriminarlos y repartir sus descripciones para darles caza, así que tenían que poner la mayor distancia posible. Mientras más se alejaran, menos chances habría de que las acusaciones falsas les siguieran el rastro.
Por fin, cuando ya estaban lo suficientemente lejos como para sentirse seguros, la tensión que mantenía alerta a Princesa Latil se esfumó y cayó en un sueño profundo, como si se hubiera desmayado del cansancio.
Cuando volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de que tenía la cabeza apoyada en el muslo firme de alguien.
[¿De quién... es esta pierna...?]
Parpadeó varias veces, soltó un grito ahogado y se sentó de golpe. Se dio un cabezazo contra el techo del carruaje y se tambaleó, pegándose contra la pared de enfrente. Asustada, miró a un lado y, por supuesto, la pierna que había usado de almohada era la de Tasir.
Tasir, apoyado relajadamente en la ventana mirando hacia afuera, volteó y le sonrió. —¿Ya despertó?
La naturalidad con la que la saludó dejó a Princesa Latil medio atontada por un momento.
'¿Acaso... tenemos tanta confianza como para saludarnos así?'
—¿Dónde estamos?
Reprimiendo la sorpresa, volteó a mirar por la ventana del otro lado. Un campo de trigo dorado se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
—Ya estamos bastante lejos.
respondió él animado. A pesar de que ella se había quedado dormida en su regazo, su tono era tan fresco como siempre.
Esto hizo que Princesa Latil se sintiera un poco aliviada, pero justo en ese momento entró una ráfaga de viento al carruaje. Mientras se acomodaba el cabello despeinado, sus ojos se cruzaron por accidente con los de Tasir entre los mechones. Ella desvió la mirada, toda palteada.
—Ya veo.
[¿Me habré dormido un montón de tiempo? ¿Por qué estaba echada en su pierna? ¿Acaso me rodé mientras dormía y lo usé de almohada?]
Mirando de reojo entre sus cabellos, observó con culpa la pierna de él. 'Qué tonta. ¿Por qué su pierna, de todas las cosas? ¡Pude haberme apoyado contra la pared!', se recriminó.
Pero el sueño ya se había acabado y no había forma de retroceder el tiempo. Siguió aplastándose el cabello contra el viento, toda incómoda, mientras miraba por la ventana.
Recién después de un buen rato, la princesa se calmó lo suficiente como para hablar.
—No tuve oportunidad de agradecerte hace un rato por todo el caos. Gracias. Gracias a ti pude salir del territorio a salvo.
—Que quede claro, Su Alteza, no debe olvidar nunca este favor. Grávese en los huesos que este Tasir pasó por mil penurias para escoltarla hasta aquí.
'Estoy agradecida... pero me saca de quicio'
Frunció un poco el ceño, pero asintió a regañadientes.
—Está bien.
La conversación se detuvo. Mientras las ruedas del carruaje retumbaban contra el camino de tierra, Princesa Latil aprovechó el momento para poner en orden sus pensamientos.
[La resistencia de ese mercenario es de otro mundo. Ha estado manejando el carruaje todo este tiempo y ni siquiera se le ve cansado.]
Sus pensamientos divagaron un momento, pero su mayor preocupación seguía siendo la misma: ¿por qué el señor feudal le había tendido una emboscada? Lord Fullod no apoyaba a ningún consorte ni a otros miembros de la familia imperial. No tenía resentimientos personales contra ella, a diferencia de otros. Entonces, ¿por qué se atrevería a hacer algo tan osado de la nada?
—Tasir. ¿Cómo sabías que el señor feudal me iba a atacar?
Después de darle muchas vueltas, finalmente le volvió a preguntar. Sabía que lo más probable era que él no respondiera, pero él era el único que tenía la clave. El mercenario de la Muerte Negra era un experto en combate, pero solo lo habían contratado para protección y no conocía el trasfondo de la situación.
—¿Me está interrogando?
respondió Tasir con una sonrisa alegre.
—No te estoy interrogando. Es solo que eres el único que puede responder.
Princesa Latil intentó no fruncir demasiado el ceño, pero la frente se le tensó de todas formas.
—No esperará que le responda de verdad, ¿o sí? Usted ya sabe que soy un comerciante sospechoso.
Pero la princesa se mantuvo firme, sin dejarse envolver por sus palabras.
—¿Fue el señor feudal quien te contrató? ¿Sabes por qué intentó atacarme?
Su insistencia finalmente dio frutos. Por una vez, Tasir no esquivó la pregunta. En su lugar, le devolvió otra:
—¿Por qué lo pregunta?
—Porque me atacó.
respondió Princesa Latil como si fuera lo más obvio del mundo. ¿Qué otra razón podría haber?
Tasir soltó una carcajada.
—Sí, ese es el punto clave. Pero, ¿realmente es tan importante saber por qué el señor la atacó, Su Alteza?
La expresión de la princesa se puso seria.
—Es importante. Solo así podremos descubrir quiénes son sus cómplices.
Los labios de Tasir se curvaron aún más.
—O sea que usted cree que hubo cómplices. ¿No piensa que el señor feudal actuó por su cuenta?
—Era una comitiva organizada personalmente por mi padre. Si Lord Fullod hubiera actuado solo, se habría limitado a infiltrar a unos cuantos asesinos. Pero la mayoría de la gente en ese grupo —tal vez incluso todos— eran atacantes. ¿Podría el señor haber logrado eso solo? No, no lo creo.
—Es usted bien pilas.
Tasir le lanzó un cumplido, pero a la princesa no le hizo ninguna gracia. Todavía no recibía una respuesta.
—Eres muy hábil para irte por las ramas. Aún no me has dicho por qué el señor intentó matarme, ni si te contrató él.
—Ya tengo suficiente con lo que me pesa el alma por haber salvado a Su Alteza varias veces. Yo nunca hago nada que me genere pérdidas, ahorita mis cálculos están fallando. Desde que me subí a este carruaje, voy perdiendo. ¿Y ahora encima quiere que le responda preguntas?
Dolida por ese repentino tono de distancia, Princesa Latil se le quedó mirando pasmada. Sabía que Tasir tenía razón. Él no había sido su aliado desde el principio, e incluso ahora, llamarlo así se sentía incierto. No tenía la obligación de responderle. Si realmente era alguien contratado por el enemigo, entonces ya había traicionado a su empleador varias veces. Y aun así... ¿por qué se sentía tan decepcionada?
—De verdad que eres un tumba.
murmuró la princesa débilmente.
—Por supuesto. El alma de un comerciante es la confianza.
Tasir se tocó los labios ligeramente y luego volvió a mirar por la ventana.
Mirándole la nuca, Princesa Latil soltó un suspiro de decepción y también volteó la cabeza hacia la ventana opuesta. Afuera, los campesinos recién empezaban a caminar hacia los campos de trigo. Se veían tan tranquilos. Mientras los miraba con la mente en blanco, de pronto sintió un nudo en la garganta y los ojos le empezaron a arder.
Se mordió el labio. No puedo llorar al lado de este tipo sospechoso que parece vendedor de cosas raras. Si lo hago, perderé toda mi dignidad como princesa. No podía permitirse llorar por nada del mundo.
Justo entonces, una voz con un suspiro cargado vino desde su lado.
—Por lo que veo, Su Alteza ya sabe la respuesta. Solo me pregunta lo que ya sabe porque no quiere aceptar la realidad. En fin, de verdad que solo la voy a ayudar hasta este punto. Estoy perdiendo demasiado aquí. La llevaré exactamente hasta la frontera y ni un paso más, así que Su Alteza.......
En ese momento, algo golpeó la mente de Princesa Latil como un rayo. Giró la cabeza con violencia hacia un lado. Cuando sus ojos se encontraron, las pupilas de Tasir vacilaron.
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