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| Sábado, 06 de Abril del 2024 |
Seré la madre del guerrero SS1-8
SS1: El amor surge a través de la crianza de los hijos (8)
Traducción Coreano al Español: Asure
La fiebre no abandonó a Liliana hasta una semana después, fue mucho, mucho tiempo.
Nunca pensé que durarÃa tanto, pero me alegré de que hubiera terminado. Supongo que es un final en un sentido diferente.
pensó Liliana sombrÃamente mientras se empujaba de la cama y se levantaba, agotada. Dejó de contar cuántas veces habÃa tenido el mismo sueño durante la última semana en la cama.
Y luego, tres dÃas después.
"¡Señora!"
La criada de la Condesa se acercó a Liliana, sin aliento por el aire de la mañana.
"¿Qué te pasa?"
"CreÃa que estaba en su habitación, pero no era asÃ...... Oh, querida, me he quedado sin aliento"
Liliana estaba en el estudio. La criada, tras averiguar el paradero de su ama, no ocultó su disgusto y refunfuñó.
"CreÃa que ibas a descansar un rato, pero llevas trabajando aquà desde esta hora"
"Simple papeleo. Me molesta más no hacer nada. ¿Qué pasa?"
"Ah"
La criada abrió la boca como si acabara de recordar algo que la habÃa dejado sin aliento.
"Hay un invitado que te busca"
"¿Un invitado?"
"Y una invitación. ¿Qué le gustarÃa ver primero?"
"Vamos al salón"
Liliana fue recibida nada menos que por el tendero que habÃa reclutado para la Mascarada.
"¡Ah, hola, jovencita! No soy muy hábil, pero trabajaré duro si me da una oportunidad"
La vendedora, que habÃa estado sentada en el salón con cara de incredulidad, se puso realmente tensa ante la llegada de Liliana.
Liliana dejó que un breve suspiro rodara por su boca.
SÃ, sÃ, sÃ, habÃa sucedido.
"Me alegro de verte"
Liliana contrató al comerciante como ayudante experto en postres en la cocina. Él estaba ansioso por ayudar, pero ella se negó a hacer las mejores piruletas de fruta que pudiera encontrar. Los caramelos de fruta serÃan sin duda mucho mejores que los que habÃa comido en la calle, con azúcar de mejor calidad y fruta más fresca, pero a ella no le apetecÃan. Aún no tenÃa apetito para ello.
Liliana cogió la invitación que la criada le habÃa entregado tras contratar al mercader y la leyó. Era una simple invitación a una pequeña fiesta, pero el nombre al pie era inusual.
'Conde Anton'
Su reciente éxito en el comercio le habÃa convertido en un nombre muy conocido. Incluso se rumoreaba que uno de sus hijos era candidato a Gaju. La fiesta era esta noche, inmediatamente. Liliana comenzó inmediatamente a prepararse.
"Liliana, una fiesta, no exageres"
"Está bien, padre. Conde Antón no está lejos de aquÃ, es una fiesta sencilla"
Liliana sonrió a Conde Sorte, cada vez más preocupado desde su fiebre, le tranquilizó.
"Iré a animarme, ¿Qué podrÃa pasar?"
Unas dos horas más tarde.
En un extremo de la poco poblada fiesta, un joven bien vestido agarró por la fuerza la muñeca de Liliana, con voz amenazadora.
"¿Cuánto tiempo vas a ignorarme asÃ? Respóndeme, Liliana Sorte"
Liliana intentó no parecer tan descaradamente cubierta de inmundicia.
'Quizá'
HabÃa sido un buen dÃa cuando habÃa llegado puntual a casa de Conde Anton. Todo fue bien hasta que la acompañaron a la fiesta. Saludé y charlé con el Conde y Condesa Anton, intercambié cumplidos con otros nobles que reconocÃ, todo estuvo bien. ......
El problema surgió cuando empezó la hora del baile.
Cuando empezó a sonar una canción de baile en la fiesta, Liliana, que no tenÃa muchas ganas de bailar, se retiró a un rincón de la pista.
Y allà lo vio.
A este tipo.
Girado Funen, el bastardo de Marqués Funen, para ser exactos.
El hijo menor de Marqués Funen, habÃa crecido como un niño tardÃo y habÃa sido mimado. También habÃa nacido con un defecto congénito en su carácter, una combinación que Liliana estaba experimentando ahora involuntariamente de primera mano.
"En primer lugar, por favor, suéltame, Girado Funen"
"Contéstame primero"
Liliana tragó con fuerza ante la desilusión y la irritación que sentÃa. No importaba por qué Girado le estaba haciendo esto ahora.
"Ha pasado mucho tiempo, mi querida Sorte. ¿Te gustarÃa bailar conmigo?"
"Me temo que no me encuentro bien"
Declinó invitarlo a bailar, eso fue todo. Empezó a alejarse, pensando que serÃa incómodo enfrentarse a él después, pero le agarró la muñeca de Liliana y dijo algo asà como.
"Si te pregunto cuánto tiempo vas a ignorarme cuando nunca te he ignorado, ¿Qué crees que voy a decirte?"
"¿Nunca me has ignorado? ¿Tú? Ja"
El apretón de Girado se hizo más fuerte. Las cejas de Liliana se entrecerraron ante la desagradable presión de su muñeca.
Este ignorante.
'Además, ¿por qué le contesto?'
Ni Girado ni Liliana habÃan sido nombrados caballeros todavÃa. No, aunque Girado tuviera un tÃtulo, este nivel de falta de respeto era inaceptable.
¿Cuánto tiempo tendrÃa que aguantar esto?
Liliana pensó dos veces más en su familia y en su relación con Marqués Funen. Entonces habló Girado.
"Te vi suspirar cuando te invité a bailar, ¿y nunca me ignoraste?"
'¿Eh?'
Liliana trató de recordar, pronto cobró sentido.
"Fue porque me sentÃa mareada. Hoy no me encuentro muy bien"
Era la verdad, pero Girado actuó como si hubiera oÃdo una excusa poco convincente.
"Me miras como si fuera un completo idiota"
"¿Qué?"
Era verdad, pero.......
"¿Asà que es porque no te encuentras bien por lo que te has callado cada vez que te he pedido que te cases conmigo?"
'¿Qué?'
Las palabras le pillaron desprevenida. Liliana entrecerró los ojos.
"¿Cuándo demonios has.......?"
"¿Vas a fingir que no lo sabes?"
No fingir, sino realmente no saberlo.
Pero Liliana no tardó en recordar que probablemente lo sabrÃa. En los últimos meses, habÃa desechado todas las propuestas de matrimonio que se le habÃan presentado sin siquiera reconocerlo.
TenÃa razón, eran demasiadas. Además, la explosión de propuestas sólo habÃa comenzado después de que Kaywhin fuera reconocido como miembro de la realeza, el propósito era demasiado obvio. No se molestaba en responderlas y no creÃa que mereciera la pena.
Asà que quemé las que habÃa recibido.......
'Mientras tanto, habÃa una carta de Marqués Funen'
No me lo esperaba. Incluso varias cartas.
Liliana eligió sus palabras. Al menos, no recibir respuesta a su propuesta de matrimonio la harÃa sentirse ignorada.
Pero en ese momento, Girado escupió un comentario que echó por tierra cualquier resentimiento que Liliana pudiera haber sentido.
"¿Qué problema hay en suceder al condado? DeberÃas estar agradecida de que estén dispuestos a dejarte ser la nuera de un Marqués"
"......¿Qué has dicho?"
La segunda frase ni siquiera sonaba bien.
'Justo por encima del Conde'
Las dos sÃlabas golpearon los oÃdos de Liliana.
"Te crees muy grande, ¿verdad, Liliana Sorte? Estás muy equivocada. Nunca encontrarás un tema que me haga bajar ......."
"Me debes una disculpa"
"¿Por qué?"
"Discúlpate por lo que acabas de decirle a esta Condesa"
PodÃa perdonar que me agarrara por la fuerza de la muñeca, que menospreciara a una igual, pero no esto.
¿Tanto? ¿Tanto por el Conde? ¿Qué he hecho para ganarme ese tÃtulo?
'¿A qué he renunciado?'
¿A qué he renunciado para estar donde estoy ahora? .......
"¿Disculparme? Ja, ahora estás mostrando tus verdaderos colores y poniéndote chula. ¿Por qué disculparse cuando no te equivocas?"
"¿Ah, sÃ? No eres más que otro niño incompetente de tres años que no sabe hacer otra cosa que dejarse mimar por su madre"
"...... ¿qué?"
El rostro de Girado se puso rÃgido.
"Ahora, ¿qué.......?"
"La propuesta de matrimonio, en realidad. No sabes lo gracioso que me hizo cuando la recibÃ"
Liliana le lanzó una mirada de burla.
"Primero por el tÃtulo de caballero, segundo por las hazañas en la frontera. ¿Y tercero por......?"
Los motivos del enfurruñamiento de un hijo querido pero inesperado suelen incluir sentimientos de inferioridad y de derecho. La voz agria se clavó como un anzuelo, apuntando al punto.
"No tienes nada, no tienes talento, no vas a quedarte en la familia para siempre, asà que has estado intentando entrar en el condado, donde estás emparentado con la realeza, ¿Qué se le va a hacer?".
Una pequeña risita.
"Sin darse cuenta de que ni siquiera vale tanto para él"
"¡Perra loca!"
Girado levantó las manos al aire, con la cara enrojecida. Liliana entrecerró los ojos con anticipación.
'SÃ, pégame'
Ella habÃa querido pegarle desde el principio. Iba a darle un tirón de orejas y a utilizarlo para apartarlo de su cÃrculo social por cualquier medio necesario.
SabÃa que no era la opción más racional, pero el daño estaba hecho.
Oh, cómo no siempre podemos elegir la respuesta racional. A veces tenemos que actuar por impulso y emoción.
Apretando los dientes para que no le castañetearan, Liliana se preparó para la conmoción que se avecinaba.
Esperó, pero el dolor que esperaba no llegó. Liliana abrió los ojos sorprendida, sólo para ver a Girado agarrado por la muñeca por un hombre media cabeza más alto que ella.
"¿Qué, qué? ¡Suéltame...... ugh!"
"Señorita Liliana"
Ahogándose, Liliana forzó la respiración. Cómo. Por qué.
"Si no es descortés, me gustarÃa saber algo más sobre esta situación"
......¿Por qué?
"¿Quién es este bastardo? ¿Sabe quién soy? ....... ¡Argh!"
gritó Girado, incapaz de hablar, mientras Sydrion, con el agarre apretado como si fuera a aplastar las muñecas de Girado de un momento a otro, le miraba con ojos tranquilos. Sydrion apenas podÃa contener la ira que ahora surgÃa en él.
"Señorita Liliana, no está en la mansión. ¿Dónde ha ido? ......."
HabÃa venido aquà tras enterarse del paradero de Liliana por la residencia del conde, pero cuando llegó, vio a un enano intentando golpearla.
En cuanto lo vi, mi cuerpo se movió primero. Tras agarrar la muñeca de su oponente para detener la violencia, Sydrion pensó para sÃ.
¿Qué es esta situación de mierda?
Una parte de él querÃa romperle el hueso de la mano, pero se contuvo, sin saber aún cuál era la relación entre el enano y Liliana. Se preguntaba si habÃan intentado acercarse el uno al otro, pero nunca se sabe.
No quiero darle a Liliana la menor razón para que me odie. Con eso en mente, Sydrion, con su ira y sus impulsos temporalmente reprimidos, suspendió su recogida de basura y esperó la explicación de Liliana.
Pero de ella no salió palabra alguna. Liliana se quedó congelada en su sitio, con la mirada perdida en Sydrion.
En ese momento, una conmoción estalló a su alrededor.
"Ese es......."
"He oÃdo hablar de él antes. ¿No es el Maestro de la Torre Negra?"
"¿Por qué el Maestro de la Torre Negra estarÃa en un lugar como este......."
"¿El hombre que está a su lado no es el Joven Maestro más joven de la Familia Funen?"
"La dama es Liliana Sorte, joven dama del Conde Sorte"
"¿Por qué están los tres juntos?"
Los nobles se inclinaron, pero ninguno parecÃa dispuesto a intervenir.
Eso incluÃa a los anfitriones de la fiesta de esta noche, Conde y Condesa Anton, que hacÃa tiempo que habÃan reconocido el alboroto pero permanecÃan en silencio. Oyeron gritar a Girado cuando Sydrion le agarró de la muñeca, pero no se molestaron en mover a sus guardias.
"La Torre Negra" y Marqués Funen.
Nadie se atrevió a levantar la mano por ninguno de los dos, razón por la que la mayorÃa de los nobles que observaban el alboroto permanecÃan ahora de brazos cruzados.
Girado, mudo pero con la percepción mÃnima necesaria para sobrevivir, percibió el estado de ánimo de la fiesta. Parte del parloteo le llegó al oÃdo.
'¿Maestro de la Torre Negra?'
Los ojos de Girado barrieron a Sydrion de arriba abajo. HabÃa pensado que serÃa una especie de bastardo mundano y arrogante, pero su pasado era inesperadamente formidable. Aún le dolÃan las muñecas del agarre de Sydrion.
'Tsk'
Tragándose un gemido y una maldición, Girado cambió el tono y preguntó.
"Calma. Suelta esto"
"......."
"Por lo visto usted conoce a la Joven Dama Sorte, yo soy el hombre que casi se convierte en su marido, no deberÃa tratarme asÃ"
La mirada de Sydrion pasó de Liliana a Girado. Girado se estremeció un instante cuando sus frÃos ojos dorados se clavaron en los suyos.
"¿Estuvo a punto de convertirse en tu marido?"
"Pues sÃ"
No se equivoca, porque si su proposición hubiera sido aceptada, se habrÃan casado en un santiamén. Girado asintió, pensando con suficiencia.
Sydrion no se molestó en confirmar el hecho con Liliana; parecÃa demasiado distraÃda para prestar atención a la conversación que habÃa tenido lugar en el suelo hacÃa un momento.
'......Si es asÃ'
Sydrion sonrió satisfecho. HabÃa algo bastante hipnotizador en el arco de sus ojos bajo unas pestañas largas y densas y en sus labios carnosos que atrajo la atención de Girado por un momento.
Sydrion sonrió, su cara era tan bonita como un cuadro.
"Ya veo, pero ¿Qué vamos a hacer?"
"......?"
"Tú eres el que 'casi' se convirtió en su marido, yo soy el que 'será' su marido"
"¿Qué?"
"Supongo que tengo una ventaja sobre ti, ¿no crees?"
Eso fue todo. Sydrion rompió la muñeca de Girado sin previo aviso.
"¡Ack!"
Crak. Con un espantoso sonido de hueso retorciéndose, la muñeca de Girado se partió en un ángulo extraño, sus ojos se liberaron y cayó al suelo. Dejando a Girado, que habÃa empezado a tener arcadas, Sydrion giró hacia Liliana.
"Me gustarÃa que nos trasladáramos a una zona más tranquila, ¿te importa?"
Liliana parecÃa haber recuperado entonces parte de sus sentidos. Asintió, pronto los dos recién llegados desaparecieron de la fiesta.
***
'Estabas agitado. Es feo'
pensó Sydrion poco después de utilizar su magia de teletransporte para cambiar de lugar.
A pesar de haber fingido que no lo hacÃa, la afirmación del otro hombre de que 'casi era el marido de Liliana' debÃa de haberle chocado bastante. Iba a trasladarse a la terraza de la fiesta, o al jardÃn, o algo asÃ, pero ahora estaba aquÃ.
Una brisa fresca se arremolinó en torno a Condesa Sorte.
"Yo, Señorita Liliana"
Sydrion eligió sus palabras. Liliana habÃa aceptado un cambio de lugar, pero tal vez no tuviera intención de volver a casa.
Entonces, sin esperar a que Sydrion hablara, Liliana abrió la boca.
"¿Quieres tomar algo?"
"¿Qué?"
"Me vendrÃa bien una copa"
Un momento después.
Liliana, que habÃa traÃdo una gran botella de vino del comedor, se sentó con Sydrion en su estudio. Sydrion recordó de pronto que Liliana ya habÃa bebido aquà antes. HabÃa bebido su primer vaso durante la cena, más después, pero.......
"Sidry, ven y siéntate aquÃ"
Sydrion sonrió al recordar la voz despreocupada de Liliana. Golpeó el estrecho margen del alféizar de la ventana del estudio, recordando las palabras de Liliana.
Cuando la sonrisa insonora acabó convirtiéndose en una risa hueca y ventosa, Liliana se sirvió un vaso lleno de vino y se lo bebió de un trago.
Entonces, de repente, rompió a llorar. El rostro de Sydrion pasó de la sonrisa a la rigidez.
"¿Señorita Lil, liana?"
La boca de Sydrion se abrió chirriantemente, con el cerebro a mil por hora.
¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
¿Es porque me alejé de Conde Anton sin decir palabra? ¿O porque le rompà la muñeca a ese bastardo? ¿O porque casi le atropella un enano?
No sabÃa lo que es, pero querÃa averiguarlo y hacer algo al respecto. Con cada lágrima clara que caÃa de los ojos de Liliana, el corazón de Sydrion se desplomaba con un ruido sordo.
"Señorita Liliana, si he hecho algo malo, lo siento......."
"¿Por qué estás aquÃ?"
"¿Qué?"
"¿Cómo pudiste .......?"
Cómo me olvidé. Cómo me sacudà la fiebre. Cómo escapé por fin del sueño recurrente.
"¿Por qué has aparecido de nuevo, justo delante de mÃ?"
La mandÃbula de Sydrion se tensó ante la inesperada acusación.
"¿Qué era eso de futuro marido?"
"Ah, eso"
Las orejas de Sydrion se sonrojaron ligeramente. Las palabras del enano le habÃan pillado por sorpresa, las habÃa escupido sin su consentimiento.
Cuando Sydrion se disponÃa a explicar su determinación y el proceso por el que habÃa pasado, Liliana habló primero.
"Estás siendo demasiado amable"
"......?"
"No era necesario ese tipo de comportamiento. Sé que lo dijiste para salvar las apariencias ante Girado"
Sydrion acababa de aprender el nombre del enano. No importaba.
"No te lo pedÃ, es vergonzoso"
La expresión de Sydrion se endureció. Su mandÃbula apenas se movió, fija como una piedra.
"¿Por eso lloras, porque dije que serÃa el marido de la señorita Liliana?"
"SÃ"
En realidad, sus lágrimas tenÃan una causa y una emoción más complejas, pero Liliana se limitó a aceptarlo. Los ojos de Sydrion se suavizaron.
"¿Por qué?"
"¿Por qué?"
Es una cruel tortura de la esperanza, hacer que esperes lo imposible. Tragando saliva, Liliana replicó.
"Te lo dije, los favores no pedidos son sólo pérdida de tiempo"
"Favores......."
Sydrion soltó una risita ante el breve murmullo de Liliana, como si hubiera oÃdo algo escandaloso, o quizá aún más insultante.
"Lo que dije fue un simple favor, o eso espero"
Murmurando para sÃ, Sydrion miró a Liliana con los puños cerrados.
"Me besaste"
"Acordamos no hablar de ...... eso"
"Fue una exigencia unilateral, Señorita Liliana. ¿Alguna vez dije que lo harÃa? No lo recuerdo"
El rostro de Liliana se calentó ante aquella afirmación tan rotunda y descarada, alzó la voz.
"¡Estoy bastante segura de que fue en los términos de la apuesta ......!"
"¿No me querÃas?"
La voz de Sydrion interrumpió a Liliana. La desesperación de su voz hizo que Liliana se detuviera.
"He pensado una y otra vez en aquel dÃa, en las cosas que dijiste durante el tiempo que pasamos juntos, señorita Liliana. ¿No querÃas tenerme?"
Que debÃa mantener las distancias con él. Que si no lo hacÃa, tendrÃa problemas. Que era posesiva y que si iba a tenerlo, debÃa tenerlo todo.
Todas las palabras de Liliana después del beso sonaron como una confesión a Sydrion.
Si pudiera tenerte, te tendrÃa.
"¿Me he equivocado? ¿Me he equivocado?"
"......."
“Palabras y chistes sin sentido …… ¿Estoy poniendo en problemas a Señorita Liliana al darle significado al mismo comportamiento por tu cuenta?”
Los labios de Liliana se curvaron.
Si querÃa seguir ocultando sus verdaderas intenciones, sus verdaderos sentimientos, tendrÃa que decir que sà a aquellas palabras. Lo correcto serÃa decir que sÃ, decir una mentira descarada ahora mismo, pero Liliana no se atrevÃa a hacerlo.
Tal vez fuera porque Sydrion parecÃa tan dolido, o tal vez porque temÃa la expresión de decepción, culpa o resentimiento en su rostro cuando oyera su afirmación.
Vacilante, Liliana se mordió el labio, con voz débil y resignada.
"......No"
El alcohol que habÃa empezado a nublarle la cabeza la ayudó a elegir la honestidad frente al engaño.
"No te equivocas. SÃ, te querÃa ...... y, de hecho, aún te quiero"
"Entonces..."
"Pero no quiero que tengamos una pequeña aventura y luego rompamos"
"Yo tampoco"
"¿Lo mismo? No sé"
Liliana se rió, desesperada. A este hombre le falta lo más importante. Por eso está aquà delante de mà ahora, actuando asÃ. Es como un sueño del pasado.
Un sueño que no habÃa tenido desde que se habÃa liberado de la fiebre, uno que aún podÃa recordar con detalle. Pero un sueño, por muy vÃvido que sea, sigue siendo un sueño. Liliana podÃa distinguir entre los sueños y la realidad, tenÃa que hacerlo.
"¿Recuerdas lo que te dije? No tengo intención de renunciar al Condado, pase lo que pase, nunca abandonaré la casa que gobernaré en el futuro"
TenÃa la garganta seca. Liliana hizo una pausa mientras servÃa más vino. HabÃa elegido un vino fuerte. Si bebÃa más, no podrÃa hablar con fluidez.
Jugueteando con el vaso vacÃo, continuó.
"No puedo dejarlo todo e ir a ti, asà que tienes que venir a mà para estar conmigo. ¿Sabes lo que eso significa?"
Bajó la mirada. Los bordes de su mirada, incapaces de encontrarse con la suya, rozaron el borde de la mesa.
"Significa que tienes que desprenderte de todo lo que tienes porque yo no puedo desprenderme de lo que tengo"
Respiró hondo. Luego, una conclusión concreta.
"Entonces, Sydrion, ya no serás el Maestro de la Torre Negra, sino simplemente el marido de una Condesa. ¿Puedes hacerlo?"
Se hizo el silencio.
Sólo cuando Liliana levantó la mirada oyó el leve suspiro del otro en su oÃdo.
Sydrion tenÃa una expresión complicada. ParecÃa querer ponerse enfermo, también parecÃa un poco congelado. Entonces sus labios se movieron.
"......Error"
Un error.
El corazón de Liliana se hundió, aunque las palabras eran más o menos esperadas.
SÃ, un error. Claro que lo sentirÃa asÃ. Claro que se arrepentirÃa. Claro que se sentirÃa frÃvola por hablarle como si tuviera corazón.
Técnicamente, fue ella quien cometió el error. En su último dÃa juntos en el palacio ducal, se dejó llevar por los impulsos e hizo algo de lo que no podÃa responsabilizarse ..........
Oh, eso no funcionará.
Liliana cerró los puños bajo la mesa. Se mordió la lengua hasta que le dolió.
Las lágrimas amenazaban con caer. No quiero llorar más.
Ya lloré una vez y fue suficiente. Aunque no volviéramos a vernos, no creo que quisiera mostrar mi fea cara dos veces.......
"DeberÃa haberlo dicho la primera vez"
Fue entonces cuando Sydrion clavó los ojos en Liliana y habló.
"Señorita Liliana"
Su voz era suave.
"Ya no soy el 'Maestro' Sydrion"
Pero habÃa más en sus palabras de lo que parecÃa a primera vista. Liliana respondió medio tiempo más despacio.
"¿Es ......?"
"El puesto de Maestro de la Torre Negra está actualmente vacante, pero tarde o temprano lo ocupará otro candidato adecuado"
Sydrion sonrió tÃmidamente. Sonaba un poco autocompasivo.
"Te pido disculpas, por no habértelo dicho antes"
"No, espera......."
Liliana parpadeó, avergonzada. Cada aleteo de sus pestañas reflejaba una oscura confusión.
"¿Qué acabas de decir? ¿Has dimitido como Maestro de la Torre Negra, de verdad?"
"SÃ"
"Que has dimitido como Maestro, ¿de verdad?"
"SÃ"
La boca de Liliana se crispó y luego habló como si buscara una última confirmación.
"No te estarás burlando de mÃ, ¿verdad?"
Sydrion señaló la botella de vino medio vacÃa.
"Te juro que si tienes algún propósito de ese tipo en mente, puedes golpearme en la cabeza con esta botella ahora mismo"
"¿Por qué iba a golpearte la cabeza .......?"
Liliana, que habÃa estado imaginando mentalmente las palabras de Sydrion, se quedó callada. Tras un silencio no muy largo, levantó la mano y le pellizcó la mejilla.
"No hagas eso. Duele"
Sydrion le cogió la mano con un apretón envolvente, conteniéndola. PodÃa sentir el calor que irradiaba la zona de contacto.
"No creo que esté soñando"
"Si es asÃ, tienes problemas. Acabo de ver a la Señorita Liliana y de hacer esta confesión"
Sydrion frunció el ceño pÃcaramente. Liliana le miró fijamente y luego tragó un pequeño suspiro.
'¿Qué es esto?'
Incluso las arrugas de la frente de su oponente le parecieron muy bonitas. De repente recordó lo que acababa de oÃr.
"Tú no eres el Maestro de la Torre Negra......."
"......."
"Ya no eres......, por lo que veo"
"......."
"Jajaja"
Se oyó una pequeña risita. Liliana se rió durante largo rato. La risa que la hizo agarrarse el estómago e inclinar la cabeza sólo se detuvo cuando se le formaron lágrimas en las comisuras de los ojos, igual que en algún momento del pasado.
Cuando Sydrion vio que se le levantaba la cara, dudó sólo un instante antes de tenderle la mano. Esta vez, a diferencia de la anterior, no resistió el impulso y le robó la humedad de las comisuras de los ojos con las yemas de los dedos.
"......Gracias"
"......No"
Liliana se aclaró la garganta, la atmósfera repentinamente etérea.
"Sydrion"
"SÃ"
"¿No sólo has dimitido como Maestro de la Orden, sino que ...... has abandonado por completo la Torre Negra?"
pregunté, sospechándolo de algún modo, pero era cierto.
"Eso es lo que ha ocurrido"
"Me gustarÃa hacerte una pregunta"
"SÃ"
"¿Cómo saliste? No creo que la Torre Negra quisiera dejarte marchar"
Liliana recordó los aspectos de los magos que habÃa observado durante su estancia en la Torre Negra. Las personas que pertenecÃan a un lugar y estudiaban una disciplina concreta solÃan ser obstinadas. Era un prejuicio, pero al menos los magos que habÃa visto parecÃan ajustarse a él.
"Eso es......."
Sydrion dudó en responder, pero finalmente habló cuando se encontró con unos ojos claros llenos de curiosidad.
".... Sugerà que tuviéramos un enfrentamiento para decidir"
"¿Un enfrentamiento?"
"Con la regla de que si gano, salgo de la torre, si pierdo, me quedo"
"Debes de haber ganado, porque abandonaste la torre"
"...... bueno"
"¿Eh?"
"No fue un duelo, fue un enfrentamiento, no pude garantizar la vida del perdedor"
"¿Eh?"
"Porque nadie más me ha desafiado......."
Sydrion se quedó con la boca abierta. Los párpados de Liliana se abrieron y cerraron al señalar el hecho.
"¿No es eso una amenaza, no una oferta?"
"Hmm"
"Estás diciendo que los matarás si se interponen en tu camino"
"Hasta ese punto"
Era un resumen exacto, pero Sydrion hizo una mueca de dolor.
"Acepté ayudarles a encontrar un nuevo lÃder si seguÃan sin decidirse y, a cambio de abandonar la Torre, me ofrecà a resolver uno de sus problemas......."
De algún modo, la explicación adicional sonaba a excusa, pero Liliana no creÃa que importara. En primer lugar, la situación de la Torre Negra no era asunto suyo. Antes no le habÃa pedido a Sydrion que lo dejara todo y viniera conmigo, no porque le importara la Torre, sino porque no creÃa que él tomara esa decisión.
Pero ahora que se ha llegado a esto, bueno.
Mientras pensaba en ello, Liliana tomó la palabra.
"Ahora que lo pienso, ¿nadie más se ofreció a seguir a Sydrion fuera de la Torre?"
"Hubo......."
"¿Hubo?"
"Dije que sólo seguirÃan al ganador de un duelo"
Liliana se quedó boquiabierta ante aquel uso poco envidiable del poder tiránico, pero era algo bueno. HabrÃa sido una lástima llevarse a un montón de talentos y luego ganarse la enemistad de los que quedaban en la Torre.
"Estoy tan cansada"
murmuró Liliana con las mandÃbulas apretadas, su risa se convirtió rápidamente en una carcajada.
"En realidad no eres más que un cuerpo"
Lo dijo en el buen sentido, claro, pero entonces Sydrion lo negó.
"Eso no es verdad"
"¿No?"
Liliana ladeó la cabeza, con la mandÃbula apretada.
¿Maestro de la Torre Negra? Ya no.
¿Sus seguidores? Los dejó a todos en la Torre.
"Entonces, ¿Qué más has traÃdo además de tu cuerpo?"
preguntó Liliana juguetonamente.
Interiormente, adiviné la respuesta. En el pasado, más que molesta, me habrÃa mostrado desdeñosa, pero cuando era Sydrion quien hablaba, me sentÃa de otro modo.
Pero la respuesta de Sydrion distaba mucho de ser un juego de palabras.
"Necesito una dote......."
"¿Una dote?"
Sorprendida por la respuesta, Liliana bajó la mano e inclinó la parte superior del cuerpo hacia delante, acortando la distancia que los separaba. El olor a vino que le llegaba a la nariz se intensificó.
Sydrion habló, aparentemente consciente de que la distancia se acortaba.
"Parte de la propiedad de la torre está en mi poder personal, la he vendido y te la he traÃdo como dote"
En realidad, Sydrion habÃa querido preguntar a Yelena por la dote la última vez. Algo que empezaba por "z" y terminaba ahÃ.
Originalmente habÃa querido preguntar: "¿Sabes cuánto suele valer una dote?", pero habÃa cambiado de opinión a mitad de camino y el resto de su frase habÃa saltado por los aires.
La razón de mi cambio de opinión era sencilla. La razón de mi cambio de opinión fue sencilla: me di cuenta demasiado tarde de que no importa cuál sea la dote universal.
Si su riqueza era mayor que la dote media, no significarÃa que tuviera que regalarla, si era menor, no significarÃa que se pudiera recurrir a ella en poco tiempo. .......
Además, Sydrion tenÃa demasiada prisa como para preocuparse por la cuantÃa de su dote. A decir verdad, incluso los diez dÃas que tardó en deshacerse de la propiedad le parecieron mucho tiempo. De hecho, vendà casi la mitad con pérdidas. Por supuesto, no tenÃa intención de decÃrselo.
Sydrion terminó su confesión sobre la dote y miró a Liliana a los ojos. Liliana le miró sin comprender, luego se enderezó y se tapó la boca. Murmuró sorprendida y maravillada.
"Te gusto de verdad"
El rostro de Sydrion se sonrojó ligeramente.
"TenÃas razón cuando dijiste que ibas a ser mi marido, lo decÃas en serio"
"......."
"¿Y si no te acepto como esposo? ¿Has preparado ya una dote?"
"¿No me aceptarás?"
"Hmm. Bueno, no lo sé"
Liliana golpeó, golpeó y golpeó la mesa con la mano que le tapaba la boca.
"En realidad, no es que tenga prisa por casarme, estoy algo ocupada......."
"La ceremonia no tiene por qué celebrarse enseguida, siempre podemos esperar"
"Me pregunto si realmente necesito un marido"
Los ojos de Sidrion parpadearon. Las ondulaciones de sus pupilas, como joyas, eran divertidas de ver, pero Liliana decidió dejar de burlarse de la persona que le gustaba.
SÃ, la persona que te gusta. Ya puedes decirlo. No te escondas más, no finjas más, no te contengas más.
Los ojos de Liliana se suavizaron de repentina felicidad, Sydrion, que ya se habÃa decidido, tomó la palabra.
"......si pudiéramos estar juntos el resto de nuestras vidas, incluso como amantes"
"Es broma"
Liliana cruzó la mesa y cogió la mano de Sydrion. La tocó con calidez.
"No necesito un marido, pero sà te necesito a ti, estoy muy a favor de que te unas a mà como mi cónyuge legal"
"......."
"Has venido a mÃ, Sydrion"
"......."
"Seré buena contigo"
Sus dedos se entrelazaron, uno a uno. Sydrion observó sin aliento, como si el proceso fuera una especie de gran ritual, tras un largo momento, habló.
"Ya es bastante bueno"
"¿Me porto bien contigo?"
"SÃ"
"No soy lo bastante bueno, lo haré mejor"
"......."
"Voy a quererte mucho, todos los dÃas, ¿qué puedo hacer?"
El calor irradiaba de los dedos entrelazados de Sydrion. Era él quien bebÃa, pero ¿por qué le subÃa la temperatura?
Liliana soltó una carcajada.
"¿Sabes qué, Sydrion? ¿Puedo preguntarte algo?"
"......SÃ, cualquier cosa"
"¿Desde cuándo te gusto?"
Lo suficiente como para dejarlo todo y venir a verme asÃ.
"Sólo me he dado cuenta desde el dÃa que nos besamos...... el otro dÃa"
Sydrion se aclaró la garganta.
"Empezaste a gustarme hace mucho tiempo. No exactamente, pero probablemente......."
"¿Probablemente?"
"......cuando la señorita Liliana me llamó 'Sydri'"
"......."
"Creo que fue entonces cuando me enamoré. Quizá"
Era una afirmación especulativa, pero Sydrion estaba seguro de ello, pues de otro modo no podrÃa explicarse por qué el recuerdo de aquel dÃa permanecÃa tan vÃvido, como clavado en su cabeza.
Liliana reflexionó sobre lo que habÃa oÃdo con expresión sutil.
"¿Ã‰se fue el detonante?"
"......."
"Dios mÃo, nunca pensé que recordarÃa aquella noche de borrachera como lo mejor que me habÃa pasado"
"Aunque no hubiera ocurrido, estoy segura de que con el tiempo te habrÃa acabado gustando"
Sydrion tartamudeó un poco, pues Liliana habÃa estado ocupada antes con su diálogo directo. Entonces Liliana soltó una carcajada refrescante.
"......Yo también tengo curiosidad. ¿Desde cuándo la señorita Liliana piensa lo mismo que yo?".
"Vaya pregunta"
Liliana dejó de reÃr y pensó un momento.
HacÃa tiempo que habÃa llegado a la conclusión fácil y obvia de que era amor a primera vista, pero últimamente habÃa surgido una nueva pregunta en su mente.
¿Es posible enamorarse de alguien a quien nunca has conocido, aunque hayas oÃdo hablar de él, hayas leÃdo sobre él, te hayas preguntado por él y hayas intentado imaginar cómo es? .......
Y luego te enamoras.
¿Es posible? Si dices que es posible.......
Liliana fulminó a Sydrion con la mirada y asintió. QuerÃa decir que te acercaras. Sydrion comprendió y se inclinó hacia delante. Le susurró al oÃdo.
"Es un secreto"
Como no se me permite conocer la respuesta, es un secreto.
Sydrion se quedó helado ante aquella respuesta hueca. Liliana le besó brevemente, con la frustración amenazando con aparecer en su delicado rostro.
"......!"
"Es una recompensa. Soy la única que ha oÃdo la respuesta"
"Si te digo que no es suficiente ......, ¿me darás más?"
El silencio fue breve. Luego se oyó el ruido de sillas empujadas. Una botella de vino volcó y se derramó, manchando la mesa y derramándose por el suelo.
Durante un largo momento, sus manos se estrecharon con fuerza y no se soltaron.
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