La esposa del casero: Pasión ardiente 02
Pedir prestada sillao y el contacto eléctrico en la estrecha escalera
Traducción: Asure
10:15 am.
Shen Yuzhi estaba parada en la cocina sosteniendo una botella de sillao vacía, con el ceño ligeramente fruncido.
Recordaba claramente haber comprado una la semana pasada, ¿cómo se había acabado tan rápido?
Soltó un suspiro y su mirada cayó en el edificio de al frente a través de la ventana.
Esa vieja construcción y la suya estaban separadas apenas por un pasaje estrecho; las ventanas quedaban frente a frente, tan cerca que se podía ver qué macetas tenía puestas el vecino en el alféizar.
No se dio cuenta de que, detrás de la ventana del quinto piso, había un telescopio que no se había guardado desde el día anterior.
Él la había estado mirando levantarse por la mañana a regar las flores, mirándola llevar puesta esa bata de casa de gasa de color rosado claro, mirando la curva que dibujaban sus nalgas cada vez que se inclinaba.
Shen Yuzhi dejó la botella de sillao y decidió bajar a prestarse un poco.
Se cambió por un vestido relativamente conservador, uno de color blanco hueso, con un cuello bien cerrado y largo hasta las rodillas.
Pero no llevaba sostén, ni tampoco calzón.
En esa bochornosa mañana de verano, para ese breve trayecto que pensaba que solo le tomaría unos minutos, eligió una frescura absoluta.
Agarró un frasco de vidrio vacío y bajó las escaleras descalza.
En la puerta del segundo piso había una nota pegada que decía «Chen Lie», junto a un número de celular. Se quedó parada frente a la puerta, dudó un segundo y luego tocó.
—¿Quién es?
resonó su voz desde adentro, con la ronquera propia de quien se acaba de levantar.
—Soy yo, Shen Yuzhi, la esposa del casero.
dijo ella, haciendo un esfuerzo para que su voz sonara firme y natural.
—Quería prestarme un poco de sillao, ¿se puede?
Hubo un momento de silencio dentro del cuarto y luego se escucharon pasos.
La puerta se abrió.
Chen Lie estaba parado en el umbral. Era evidente que recién se levantaba: tenía el cabello despeinado y solo llevaba puesto un short deportivo gris; su torso desnudo aún conservaba el tibio calor de la cama.
Las líneas de sus abdominales se marcaban con claridad bajo la luz de la mañana, la línea de la ingle se le perdía por el borde del short.
—¿Sillao?
La mirada de él recorrió el cuerpo de ella despacio, pasando por alto su vestido conservador para detenerse en sus dedos descalzos.
—Claro que sí, pase.
Se hizo a un lado para darle paso.
Shen Yuzhi entró a la habitación, intentando mantener la mirada por encima del nivel de los ojos.
Pero su cuarto era demasiado pequeño; una cama plaza y media ocupaba casi todo el espacio, con las sábanas desordenadas y la almohada aún hundida, señal clara de que alguien había estado echado ahí hace un instante.
Su mirada cayó sin poder evitarlo sobre esa cama.
Por su mente cruzó una imagen.
Ella aplastada contra esa cama, mientras este hombre con el torso desnudo se inclinaba sobre ella, con las palmas de sus manos acariciándole la piel, con sus labios...
—¿Señora Shen?
La voz de Chen Lie la trajo de vuelta a la realidad de golpe. La cara le ardía de vergüenza, como si le hubieran leído el pensamiento.
—Yo... voy a mirar un ratito su estante.......
dijo tartamudeando, volteando hacia el estante improvisado que había en un rincón del cuarto para disimular sus nervios.
Se inclinó hacia adelante.
Ese movimiento provocó que la caída del vestido se le resbalara hacia arriba, dejando al descubierto una amplia porción de piel por encima de las rodillas.
Y desde el ángulo de Chen Lie, parado justo detrás de ella.
No había nada.
No llevaba absolutamente nada.
Solo había una porción de piel blanca, suave y completamente expuesta, solo esa raya entre las nalgas que se volvía más profunda al inclinarse, también unos cuantos vellos púbicos escasos que se entreveían por el movimiento del vestido, pegados a la parte interna de los muslos, húmedos, brillando por los fluidos, listos para quedar al descubierto si el movimiento era un poco más amplio.
A Chen Lie se le cortó la respiración.
No llevaba calzón. Y, desde este ángulo, él podía ver el borde de la entrada, podía ver esos vellos rizados, podía ver.....
—Mierda...
La sangre de Chen Lie hirvió al instante, yéndosele todita hacia la pelvis.
Su miembro se levantó de golpe dentro del short deportivo,
como una serpiente que despierta, bulto que a través de la tela delgada amenazaba con reventar el pantalón.
Ese tamaño, esa dureza, esa silueta de la cabeza del miembro que se marcaba aún más por la presión de la tela.
Chen Lie se sujetó por encima del short, pero no hizo ningún movimiento. Sabía que debía apartar la mirada, que debía inventar cualquier excusa e ir a la cocina a traer el sillao, que debía, pero sus ojos estaban como pegados con un imán, incapaces de despegarse de ella mientras permanecía inclinada.
Estaba luchando consigo mismo.
En su mente, dos voces se enfrentaban violentamente......
—Lánzate de una vez. Tírala contra la cama, arráncale ese vestido y métesela por atrás.
No hay nadie en el edificio........
—¿Te has vuelto loco? Se va a poner a gritar, llamará a la policía y lo vas a arruinar todo........
Apretó sus propios dedos con fuerza alrededor de la base por encima de la tela, usando el dolor para contener ese impulso que estaba a punto de estallar.
Imaginaba que esa era su mano, que estaba sobando esas nalgas levantadas, que le estaba corriendo esa tira clara, que estaba .......
—¿Tienes... algún libro de Haruki Murakami?
la voz de Shen Yuzhi llegó desde adelante, con un toque de confusión.
—¿Qué?
la voz de Chen Lie sonó irreconocible de lo ronca que estaba.
—Haruki Murakami.
repitió ella, manteniendo todavía esa postura inclinada.
—Recuerdo que el inquilino anterior del segundo piso lo mencionó alguna vez......
—Está... en el último estante......
dijo él, sin soltar la base de su miembro, intentando que esa ola de deseo disminuyera.
—¿Quieres... buscarlo tú misma?
—A ver, déjame mirar........
Sus dedos buscaron en el estante de más abajo, ese movimiento provocó que su cuerpo se meciera suavemente, haciendo que sus nalgas se bambolearan con delicadeza.
Chen Lie contemplaba ese bamboleo sintiendo cómo su cordura se desmoronaba pedazo a pedazo.
—Ahora. En este preciso instante. Te voy a reventar ahora mismo.......
Esa voz sonaba cada vez más fuerte, volviéndose imposible de ignorar.
Flexionó ligeramente las rodillas y echó el cuerpo hacia adelante, listo para........
—¡Lo encontré!
Shen Yuzhi se puso recta, sosteniendo en la mano un ejemplar de Tokio blues.
Se dio la vuelta con una pequeña sonrisa de victoria en el rostro.
—Con que estaba aquí...
Su voz se le cortó de golpe en la garganta.
Porque lo vio.
Vio la postura de él que no había tenido tiempo de corregir, con el cuerpo inclinado hacia adelante y los puños apretados a los lados, como si estuviera conteniendo algo con todas sus fuerzas.
Vio el bulto descomunal que se marcaba a través del short deportivo, ese tamaño, esa forma, ese contorno que se definía con claridad por la presión de la tela.
Vio en sus ojos ese deseo peligroso, imposible de disimular, que amenazaba con hacerla pedazos.
—Per... perdón...
balbuceó Chen Lie, con un tono lleno de una vergüenza desesperada.
—Yo... es que hace un momento...
No pudo continuar. Porque no había excusa que valiera. Porque era demasiado evidente. Porque.....
La cara de Shen Yuzhi se puso roja al instante.
Agachó la cabeza sin atreverse a mirarlo a los ojos, pero su mirada cayó sin querer sobre ese bulto. Esa posición, ese tamaño, esa.....
Vio en el rostro de él esa expresión deformada por el deseo que no pudo ocultar a tiempo.
Ambos se quedaron mirándose; el aire pareció congelarse a su alrededor.
—Yo.......
habló Chen Lie, con la voz ronca.
—El sillao.......
dijo Shen Yuzhi al mismo tiempo, con la voz temblorosa.
Ambos se callaron de golpe.
Entonces, Chen Lie bajó la mano despacio, como si le costara desprenderse de esa sensación.
Se dio la vuelta y caminó hacia la cocina con movimientos rígidos, como si fuera un robot.
—Voy... voy a traerlo.......
Shen Yuzhi se quedó parada en su sitio, con el corazón latiéndole tan fuerte que sentía que se le saldría por la boca.
Debía irse de ahí, debía hacer como si no hubiera visto nada, debía, pero tenía los pies clavados al piso, incapaz de dar un solo paso.
Ella se le quedó mirando la espalda, viendo cómo sus nalgas firmes se movían bajo el short deportivo y cómo sus amplios músculos dorsales brillaban tenue bajo la luz de la mañana.
Por su mente cruzó una imagen aún más peligrosa.
¿Qué pasaría si salía tras él ahora mismo, si lo abrazaba por la espalda, si pegaba su rostro contra esa espalda que quemaba?
—Tome.
Chen Lie regresó con una botella de sillao en la mano.
En su rostro ya había vuelto la calma, como si nada hubiera pasado.
Pero solo él sabía que por dentro su pantalón seguía mojado y pegajoso, que su corazón todavía latía como loco y que su deseo aún ......
—Gracias.......
dijo Shen Yuzhi, estirando la mano para recibirla.
Sus dedos se rozaron en el preciso instante en que intercambiaron la botella. Las yemas de ella estaban heladas, mientras que las de él quemaban; esa diferencia de temperatura hizo que ambos se estremecieran ligeramente.
—Señora Shen.
dijo Chen Lie, con una voz grave y pausada.
—Sus manos... están muy frías.
—Es que... es porque arriba corre más aire...
respondió tartamudeando, sin atreverse a mirarlo a los ojos.
—¿Ah, sí?
—Pensé que... era porque estaba nerviosa.
La cara se le puso aún más roja.
Quiso retirar la mano, pero él le sujetó los dedos; no ejerció fuerza, solo los envolvió con delicadeza, a modo de tanteo.
—Ayer...
—Le pido disculpas. En la azotea... no debí...
—No importa.
lo interrumpió ella, con la voz temblorosa.
—No pasó nada... solo fue... solo fue un accidente.......
—Solo un accidente.
repitió él, mientras en la comisura de sus labios se dibujaba una sonrisa casi imperceptible.
—Por supuesto.
Por fin le soltó la mano.
Ella se dio la vuelta hacia la puerta, apurando el paso como si quisiera escapar.
Pero al pasar al lado de esa cama desordenada, su mirada volvió a detenerse ahí un segundo, sin poder evitarlo.
En ese preciso instante, Chen Lie se dio cuenta.
Vio la necesidad refleja en sus ojos, vio la fantasía que ella tenía con esa cama, vio esa voz peligrosa que gritaba en lo más profundo de su ser.
—Señora Shen,
dijo él, escuchándose su voz desde atrás.
—Si... si necesita alguna otra cosa... puede venir a tocar la puerta cuando guste.
Ella no respondió.
Solo abrió la puerta y salió corriendo a toda prisa, dejando a Chen Lie solo en la habitación, sintiendo cómo su corazón aún latía desbocado, sintiendo la humedad pegajosa dentro de su pantalón, sintiendo los dedos que ella acababa de tocar, que todavía le quemaban.
Se acercó a la ventana y contempló su espalda mientras ella bajaba las escaleras a toda prisa, viendo cómo su vestido blanco hueso desaparecía al doblar la esquina.
Shen Yuzhi llegó corriendo al último piso, cerró la puerta con seguro tras de sí y pegó la espalda contra la madera, respirando con gran dificultad.
Todavía tenía empuñada la botella de sillao, el líquido de su interior se mecía suavemente con el temblor de su mano.
Se miró la mano, esa mano que él había sujetado, esa mano que había sentido el calor intenso de su cuerpo.
En su mente reaparecieron las imágenes de hace un instante, el gesto de él sujetándose por encima del pantalón, la expresión de su cara deformada por el deseo y el tono de su voz cuando le dijo «puede venir a tocar la puerta cuando guste».
Eso no era una invitación. Eso era.....
El rostro de Shen Yuzhi se puso pálido.
Recordó la posición en la que se había inclinado en el cuarto de Chen Lie, recordó su descuido de no llevar calzón, recordó esa zona íntima que podría haber quedado expuesta a través del vestido...
Shen Yuzhi se dejó caer en el piso sin fuerzas, sintiendo cómo su corazón latía de forma salvaje, sintiendo el ardor en sus mejillas y sintiendo esa vergüenza, esa... excitación innegable que gritaba desde lo más profundo de su ser.
Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😁😄
0 Comentarios