La esposa del casero: Pasión ardiente 01
La ropa que ondea en la azotea y el contorneado de las nalgas a contraluz
Traducción: Asure
A las 2:37 pm en pleno pico del verano, el último piso de esa vieja casa multifamiliar parecía un horno.
Shen Yuzhi abrió la puerta de fierro oxidado y una ola de calor le dio de lleno en la cara, mezclada con el bochorno del cemento tras recibir sol todo el día. Entrecerró los ojos para acostumbrarse a la luz deslumbrante, cargando en sus manos una canasta de bambú con sábanas y ropa interior recién lavadas.
Llevaba puesta esa bata de casa de gasa color marfil.
Se la había traído su esposo desde Suzhou tres años atrás; según él, era de una mezcla de seda fresca y transpirable. Ella nunca se fijó bien en la etiqueta, solo le parecía cómoda. En esa azotea a la que nadie subía, en una tarde tan calurosa que ni las cigarras se molestaban en cantar, ¿Quién sería tan tonta de andarse tapando hasta el cuello?
No llevaba sostén.
Por debajo de la bata, solo llevaba un calzón trusa de encaje negro que su esposo le había comprado años atrás —con un diseño tipo hilo por detrás.
Adelante tenía un pedazo triangular de tela que apenas le tapaba el pubis, pero dejaba al descubierto ambos lados de sus nalgas.
Ya se había acostumbrado a usarlo como ropa interior normal; total, en la azotea nadie la iba a ver.
O al menos eso era lo que ella pensaba.
Detrás de la ventana del quinto piso del edificio de al frente, Zhao Dezhu llevaba dos horas al acecho.
Tenía 48 años y llevaba 8 desempleado, viviendo de los ahorros que le dejaron sus padres. Su «trabajo» de todos los días era sentarse detrás de esa ventana con un telescopio viejo para espiar todo lo que pasaba en el edificio de enfrente.
Su cuarto era muy oscuro; la cortina solo estaba abierta lo suficiente para que saliera el lente. Su ojo derecho estaba pegado al ocular de goma, mientras que el izquierdo lo tenía apretado por la fuerza, deformando toda su cara en una expresión extraña y casi dolorosa.
Entonces, la vio.
Shen Yuzhi. La esposa del casero que vivía en el último piso de al frente.
Apareció al borde de la azotea como un cuadro en movimiento que le hacía hervir la sangre a cualquiera. Esa bata de gasa se veía casi transparente bajo el sol de la tarde y, a contraluz, la silueta de su cuerpo quedaba marcada con total claridad: su cintura fina, sus nalgas prominentes y sus piernas largas que se entreveían debajo de la tela.
La respiración de Zhao Dezhu se aceleró.
La vio inclinarse para sacar una sábana empapada de la canasta y sacudirla con fuerza. Ese movimiento hizo que sus nalgas se levantaran de forma natural hacia atrás, la caída de la bata se resbaló hacia arriba por el propio peso, dejando al descubierto una gran porción de piel en la base de sus muslos.
La luz del sol la iluminaba desde atrás.
Zhao Dezhu podía ver el contorno de sus nalgas, ver cómo la tira del hilo negro se hundía entre la carne y cómo la sombra de la raya se marcaba profunda y provocadora a contraluz.
Su manzana de Adán subió y bajó mientras sobaba por encima del pantalón su miembro despertado, que pasaba de estar flojo a ponerse duro por el deseo.
—Perra...
Murmuró para sí mismo en la oscuridad, con una voz ronca y contenida.
—Vestirse así... ¡lo hace a propósito para que se la metan.......!
Aceleró el movimiento de sus dedos sin despegar el ojo del telescopio, mirando a Shen Yuzhi colgar la sábana en el cordel, viéndola darse la vuelta para agarrar la siguiente y observando cada uno de sus movimientos a contraluz.
Se imaginaba
Se imaginaba parado detrás de ella, agarrándole con fuerza las nalgas y abriéndoselas sin piedad.
Se imaginaba jalando esa tira negra hacia un lado para dejar al descubierto esa conchita húmeda, estrecha y brillante por el fluido.
Se imaginaba su verga gruesa apoyada en la entrada, metiéndose despacio, sintiendo cómo el canal se contraía y temblaba, escuchando sus gemidos ahogados, sintiendo.....
—Ah...
Zhao Dezhu soltó un gemido ahogado, dobló el cuerpo hacia adelante y se vino en su propia mano.
Quedó tirado en la silla respirando agitadamente, disfrutando de la calma tras el desfogue, pero sin querer apartar la vista del telescopio.
Quería seguir mirándola, mirarla fijamente hasta que se fuera.
Y luego, esperar la siguiente oportunidad, esperar el día en que por fin pudiera hacer realidad sus fantasías.
Shen Yuzhi no tenía idea de que alguien la estaba mirando.
Estaba concentrada en lo suyo, colgando una a una las prendas en el cordel.
Sábanas, fundas de almohada, su pijama de seda y .... Dudó un segundo.
Ese sostén de encaje negro.
Lo colgó en un rincón un poco más escondido, aunque el viento igual lo hacía flamear despacio.
—No creo que suba nadie.......
se dijo a sí misma en un murmullo que casi se pierde con el viento.
Se dio la vuelta para agarrar las últimas prendas pequeñas....
Su calzón, también......
La puerta de fierro soltó un chillido chirriante al abrirse.
Shen Yuzhi se dio la vuelta de golpe.
Un hombre estaba parado en el marco de la puerta con una lata de cerveza helada recién abierta en la mano.
Era evidente que él también había subido a tomar un poco de aire. Llevaba una camiseta negra sin mangas que dejaba ver la firmeza de sus brazos y esa postura erguida tan característica de los exfuerzas armadas.
Aún tenía el cabello mojado, signo de que recién salía de la ducha, las gotas de agua le resbalaban por el cuello hasta perderse dentro de la camiseta.
Las miradas de ambos chocaron en el aire.
El tiempo pareció congelarse.
Shen Yuzhi se quedó congelada en esa posición inclinada, sujetando todavía un calzón mojado recién lavado.
A contraluz, la silueta de su cuerpo debajo de la bata de gasa quedaba al descubierto casi por completo.....
Los pezones, erguidos por el estímulo del agua fría, marcaban dos relieve claros bajo la tela húmeda; la curva de su cintura se veía especialmente suave bajo la luz del sol; y sus nalgas......
La mirada de Chen Lie cayó sin control sobre esa zona.
Vio el contorno de sus nalgas, la marca de la tira negra del hilo y la sombra marcada del pliegue.
Su manzana de Adán se movió al tragar saliva, sintiendo cómo la sangre empezaba a fluir rápidamente hacia una dirección indebida.
—¡Dis... disculpe!
La voz de Shen Yuzhi se le trabó en la garganta, llena de nerviosismo.
Se levantó de golpe y el calzón se le cayó de las manos, quedando desparramado sobre el piso de cemento.
—No pensé que... fuera a subir alguien.......
Tenía la cara ardiendo de vergüenza y no se atrevía a mirarlo a los ojos.
—No se preocupe
dijo Chen Lie, con un tono de voz un tono más grave que de costumbre.
Levantó ligeramente la lata de cerveza que tenía en la mano:
—Solo... subí a tomar un poco de aire. En el segundo piso hace demasiado bochorno.
Dijo un paso adelante, se inclinó para recoger el calzón y se lo extendió.
—Tome...
La cara de Shen Yuzhi se puso aún más roja. Estiró la mano para agarrarlo y sus dedos rozaron «sin querer» la palma de él.
Ese contacto la hizo estremecer por completo
La piel de él estaba caliente, extrañamente caliente, haciendo un contraste tremendo con las yemas heladas de sus dedos.
—Gracias.......
murmuró con una voz tan baja que parecía un suspiro.
Se dio la vuelta para colgar la prenda, moviéndose a toda prisa como si quisiera huir de ahí.
Pero cuanto más se apuraba, más torpe se volvían sus movimientos. Se puso de puntitas para alcanzar la cuerda más alta, estirando todo el cuerpo hacia arriba.....
La tira del hombro se le resbaló.
La tira izquierda se le resbaló por el hombro redondeado hasta llegar al codo. La gasa color marfil perdió su soporte y se ladeó hacia la izquierda, dejando al descubierto una amplia porción de piel blanca y también....
Chen Lie se quedó sin aliento.
Alcanzó a ver su pecho izquierdo.
No todo, pero sí lo suficiente
Lo suficiente para ver el contorno de esa carne suave y prominente, ver ese pezón firme de tono rosado, esa raya profunda y provocadora.
Ella intentó cubrirse presa del pánico; usó la mano derecha para jalar la tira y la izquierda para taparse el pecho por instinto.
Pero ese movimiento solo provocó un desastre peor.
La tira derecha también se le soltó y la parte delantera de la bata se le abrió por completo, quedando apenas sujeta por la correa de la cintura como última defensa.
Y la mano izquierda con la que intentaba taparse el pecho provocaba que la carne abundante se le rebasara entre los dedos.
—Lo siento......
La voz de Shen Yuzhi sonaba a punto de romper en llanto y tenía los ojos cristalizados.
—Yo... mejor me voy abajo...
Agarró la canasta de bambú del suelo y corrió hacia la puerta de fierro casi escapando.
Al pasar al lado de Chen Lie, sintió el aroma de su cuerpo.....
Por debajo del olor fresco del jabón, había un rastro de hormonas masculinas y primitivas.
Ese olor le hizo aflojar las rodillas y provocó que por su mente cruzara una imagen peligrosa
¿Qué pasaría si este hombre desconocido, con esos brazos firmes y ese cuerpo que quemaba, la agarraba de pronto, si la aplastaba contra la azotea y le arrancaba sin asco esa bata que ya estaba suelta?
—Espere.
la voz de Chen Lie sonó desde atrás.
Shen Yuzhi se detuvo en seco, con el corazón latiéndole tan rápido que sentía que se le saldría por la boca.
No se atrevía a mirar hacia atrás; solo se quedó ahí parada, sintiendo la mirada de ese hombre a sus espaldas, sintiendo esa vergüenza de ser observada al desnudo y... ¿excitación?
—Sus cosas....
Ella bajó la mirada hacia sus manos
En la canasta de bambú aún quedaba una prenda interior sin colgar.
Era negra, de encaje, haciendo juego con la que llevaba puesta.
Sintió que la cara le ardía como si tuviera fuego encima.
Volvió sobre sus pasos, con la cabeza gacha, agarró la prenda de las manos de él.
Esta vez sus dedos no se chocaron, pero aun así podía sentir la radiación del calor de su cuerpo y ese deseo hirviente que traspasaba el aire.
—Gracias........
dijo ella, con una voz que le temblaba de forma descontrolada.
Por fin logró escapar hacia las escaleras, la puerta de fierro se cerró a sus espaldas con un golpe seco.
Chen Lie se quedó parado en el mismo sitio, mirando la puerta de fierro cerrada, sintiendo cómo se le aceleraba el corazón y cómo su miembro se despertaba por completo dentro del pantalón, tan duro como el fierro.
Miró su propia mano.
Esa mano con la que le había devuelto la ropa interior, la mano que «sin querer» le rozó la cara interna de la muñeca.
Su piel se sentía tan fresca, tan suave, provocándole unas ganas intensas de mandarlo todo al diablo, de correr tras ella y traerla de vuelta a la fuerza.
Cerró los ojos y en su mente reaparecieron las imágenes de hace un instante.
La curva de sus nalgas cuando se inclinaba, el momento exacto en que la tira se le resbaló del hombro al levantarse, el movimiento de sus manos intentando taparse el pecho mientras la carne suave se le rebasaba, ese anillo de matrimonio en su dedo anular que brillaba bajo la luz del sol.
Ese anillo.
Ese detalle que le quemaba la vista, recordándole que era una mujer casada, recordándole esa frontera invisible entre los dos.
Pero era precisamente esa sensación de lo prohibido lo que volvía su deseo aún más intenso.
Caminó hacia el borde de la azotea y se tomó la cerveza de un solo trago; el líquido helado le bajó por la garganta, pero no pudo apagar el fuego que llevaba adentro. Se sobo por encima del pantalón, cerró los ojos y empezó a imaginárselo.
Se imaginaba parado detrás de ella, en el preciso instante en que se inclinaba a recoger la ropa, tirándosele encima de golpe para aplastarla contra el piso de cemento de la azotea.
Se imaginaba su desesperado forcejeo, imaginaba arrancarle con fuerza esa bata de gasa, imaginaba el anillo de matrimonio en su anular brillando bajo el sol, como si estuviera presenciando la agresión.
Se imaginaba jalando esa tira negra para apoyar su verga gruesa contra su conchita mojada, luego metérsela todita de un solo golpe desde atrás.
—Ah........
Soltó un gemido ahogado, dobló el cuerpo hacia adelante y se vino en su propia mano.
El sol iluminaba toda la azotea, cayendo sobre su espalda que temblaba ligeramente y sobre esa prenda interior de encaje negro que había quedado tirada en el piso, todavía mojada.
Esa tarde en pleno pico del verano recién estaba empezando.
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