HDH 984






Hombres del Harén 984

SS54: Primer encuentro





—Eso no es verdad. La primera vez que la Máscara de Zorro se metió en la pelea entre el Lord y el Adversario fue durante el incidente de Domis.


A Latil se le abrieron los ojos como platos.


—¿Qué? ¿Entonces antes de eso.......?

—Le importaba un comino.


¿Qué significaba eso de que le importaba un comino? Latil pestañeó. Había asumido que las personas que vivían tanto tiempo debían tener algún tipo de relación entre sí, ya fuera como enemigos o como amigos.


—No lo entiendes. A él no le importaba en lo absoluto la pelea entre el Lord y el Adversario.

—¿Y qué hacía todo ese tiempo entonces?

—Qué voy a saber yo. No éramos cercanos.


Ah. Tenía sentido. Si no eran cercanos, no había forma de que supiera qué hacía la Máscara de Zorro en su tiempo libre.

Latil se le quedó mirando a Girgol con la mente en blanco. Recién tras una larga pausa cayó en la cuenta de algo. Pensándolo bien, la verdad es que no sabía casi nada sobre esos seres antiguos que habían vivido durante cientos de años. Y no solo eso. Analizándolo con calma, se dio cuenta de que, aparte de Ranamoon, Gesta y Sonnaught —cuyas historias eran relativamente conocidas—, tampoco sabía mucho del pasado de sus otros consortes. En cambio, se sabía la vida de Hyacinth al derecho y al revés. Le había preguntado absolutamente todo cuando salían a escondidas.

Latil murmuró con desánimo:


—Ahora que lo mencionas, incluso durante la época de Arital, la Máscara de Zorro andaba por ahí, pero no tenía ninguna relación contigo ni con Arital.


'Obvio que Auel, Conde Lancaster y Gesta no son la misma persona... pero tampoco es que sean totalmente distintos... Carajo. ¿Dónde diablos se ha metido Gesta ahorita? Siempre andaba con una máscara puesta, ahora que se la quitó, no puedo predecir sus jugadas para nada'

Se le vino una imagen a la mente: la acogedora habitación dentro de la cueva de zorro de Gesta, esa que había visto en el futuro falso. ¿Estaría metido ahí?

No se equivocaba.












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Gesta estaba encorvado en el cuarto que había construido dentro de la cueva de zorro, comiendo panqueques de lo más elegante. Esta vez, había tomado una decisión radical. No pensaba volver a menos que Latrasil le dijera al menos una de estas frases: «Vuelve, Gesta», «Lo siento, Gesta» o «Te amo, Gesta».

'¿Qué cuernos tiene ese miserable de Ranamoon que no tenga yo? ¿Qué le ve de bueno, aparte de la cara, para tenerlo tan cerca y engreírlo tanto?'

Le metió el diente al pastel seco sin siquiera echarle miel, embutiéndose los pedazos a la boca; luego soltó un corto suspiro y dejó el tenedor. Mirando las migajas que quedaban en el plato, frunció el ceño mientras recordaba un memoria de hace muchazo tiempo, mucho antes de ser quien era hoy.












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Aunque hacía contratos con muchachos de la nobleza durante la época de Conde Lancaster y en la actualidad, Auel Kiklan solía hacer contratos con más frecuencia con chicos de pueblos de la sierra o del campo. Lo hacía para poder meterse de lleno en sus investigaciones tranquilamente sin llamar la atención. Cuando cerraba un trato con un joven de alcurnia, era inevitable atraer miradas. Los líos de sucesión y esas cosas hacían difícil que el recipiente se aislara a investigar una vez pasada la infancia.

Incluso cuando se hizo amigo del Lord por primera vez, estaba en el cuerpo de un chico común y corriente de la montaña.

En aquel entonces, la persona más cercana a él era una chica que vivía al lado, la razón por la que Auel era simpático con ella era simple: ambos habían sido amigos de la infancia incluso antes de que él firmara el contrato con su recipiente.

Aunque el recipiente hizo el pacto con Auel, igual quería mantener su amistad y seguir viviendo como un niño normal.

Al principio, Auel no le tenía ni el más mínimo interés a la amiga de la infancia de su recipiente. Pero unos meses después, le empezó a dar curiosidad ella también.

'¿Cómo puede alguien tener una saladera tan brutal?'

Y es que parecía llevar la mala suerte a donde quiera que iba.

Era chambeadora, de buena vibra y tenía un carácter superalegre y positivo. Siempre le ponía todo el punche a lo que hacía. Pero no importaba qué tanto se esforzara, a último minuto siempre pasaba algo que le tiraba todo abajo.


—Deberías dejarte llevar por la vida y ya.


Un día, Auel Kiklan le soltó este consejo bien serio, como alguien con más experiencia. La amiga de la infancia le tiró tierra a la cara.


—¿Y eso pretende ser un consejo?

—Pero si tú fracasas en todo lo que haces.

—Ni me empieces con eso.


La amiga de la infancia no aceptó el consejo de Auel. Pero Auel no dejó de observarla. Hacía tiempo que no veía a alguien tan rematadamente salada; eso le despertaba la curiosidad.

Pasó como un año en esas. Fue entonces cuando descubrió un problema todavía peor que su mala suerte: sus padres. Más de la mitad de sus desgracias parecían venir de ellos.

Los padres del recipiente de Auel lo adoraban. En cambio, los padres de la amiga de la infancia no la trataban como a su familia, sino como a su peor enemiga.

Entonces, un buen día, una anciana se mudó a la casa de al lado, que llevaba tiempo abandonada, trayéndose a su nieto. Los padres del recipiente de Auel y los de la amiga de la infancia fueron a darles una mano con la mudanza, Auel con la chica los siguieron.

La viejita contó que su hijo y su nuera habían muerto en un accidente y que por eso se había hecho cargo de su nieto. Mientras le acariciaba con pena el dorso de la mano al muchacho, el chico, que tenía una finta bien despabilada, no despegaba la mirada del suelo.

A Auel le importaba un comino la anciana, el chico o su drama. Pero la amiga de la infancia cayó redondita por el muchacho a primera vista.

Un día, le confesó a Auel toda avergonzada:


—Creo que es el chico más churro que he visto en mi vida.

—Tú estás ciega. A tu lado estoy yo, ¿qué clase de roche estás hablando?

—Pff.

—Oye, ¿y esa reacción?

—¡Es que tú eres como mi hermanito!

—«Como mi hermanito»... ¿ni siquiera uno de verdad?


Aunque Auel le hacía la bronca, la amiga de la infancia no dejó de mostrar un interés constante por el muchacho. Cada vez que salía con Auel, siempre lo invitaba a él también. Con el tiempo, el chico que se había mudado se convirtió en otro de los patas de Auel.

Auel pensaba que, aunque la chica estuviera templadaza del muchacho, no iban a terminar juntos. Después de todo, a ella jamás le salía nada de lo que de verdad quería.

Pero ocurrió un milagro. El chico empezó a corresponderle.

Un día, Auel le preguntó por pura curiosidad:


—¿Qué le ves de bueno? Es mi amiga y todo, pero su única gracia es que es buena gente.


El chico se puso rojo como un tomate, le chantó un puñete a Auel y salió corriendo sin responder.

A Auel los gustos del chico le parecieron bien raros, pero aun así sintió alivio. Incluso si él se iba del pueblo, su amiga de la infancia no se quedaría sola.

Mientras la amiga de la infancia y el chico crecían cultivando su cariño sano, Auel empezó a alistar todo para irse del pueblo.

Hasta que un día, mientras juntaba plantas cerca de unos troncos en el monte, Auel presenció algo raro. Detrás de las hojas anchas de una planta, vio a un monstruo insecto chiquito, agazapado.

'¿Y qué hace este bicho apareciendo por acá?'

El monstruo insecto intentó fugarse hacia el árbol para escaparse de la mano de Auel, pero Auel metió la mano y lo sacó. Le revisó el tipo y la edad, lo mató en el acto.

Luego de que esto pasara varias veces más, se acordó de las señales que, según se decía, aparecían antes de que el Lord emergiera.

Habían pasado unos quinientos años desde que el último Lord se había esfumado. Los monstruos se habían puesto a buen recaudo, fuera de la vista de todos. Solo la gente como los caballeros sagrados, los magos negros o el propio Auel podían olfatearlos.

'Este será un pueblo apartado y no hay registro de invasiones de monstruos. ¿Y aun así están apareciendo bichos en las montañas de al lado?'

Usando la cueva de zorro, salió del pueblo y empezó a juntar información. Unos días después, descubrió algo: había alguien en el pueblo —específicamente, alguien que se convertiría en el Lord—.

Justo cuando estaba a punto de arrancar, Auel volvió a desempacar sus cosas. Se le había prendido la curiosidad de nuevo.

En el pueblo había poquísima gente. Considerando las edades en las que habían aparecido los Lords anteriores... los candidatos más fijos eran la amiga de la infancia y el chico. No pasó mucho tiempo antes de que se convenciera de que la amiga de la infancia era la opción más probable. Con solo ver esa saladez tan brava y persistente que le había llamado la atención desde el principio, ella jamás había sido una chica normal.

Auel se quedó pensando profundamente. A él no le importaban un comino los Lords ni los Adversarios. Pero según los estudios recientes, aunque a los Lords los aclamaban como los seres más poderosos, casi siempre terminaban en una tragedia horrible.

'¿De verdad estará bien dejar a esta chica tan salada tirada aquí? ¿Podrán dos patas comunes y corrientes sobrevivir a los peligros que se les vienen encima?'

Después de contemplarlo muy en serio por primera vez en mucho tiempo, finalmente decidió marcharse del pueblo, dejando atrás a sus dos amigos.

El pueblo era extremadamente remoto. Rara vez llegaban forasteros y era difícil entrar. Encima de eso, todos en el pueblo se conocían las caras. Aunque apareciera un desconocido diciendo que la amiga de la infancia era el Lord, nadie le creería. Más que nada, ni la amiga de la infancia ni el chico que se había convertido en su enamorado daban señales de querer irse del pueblo.

'No va a pasar nada, ¿sí o no?'

Pensando eso, le entregó a cada uno un pequeño orbe que contenía un poco de magia negra antes de irse.


—Si alguna vez están en peligro, tiren esto al suelo o al enemigo y arranquen.

—¿Qué es?

—Un bicho.

—¡Qué asco!


La amiga se horrorizó y no quería recibirlo, pero Auel insistió en que se lo quedara y le metió el orbe en el bolsillo. En verdad, el orbe no tenía ningún bicho; contenía un potente humo de magia negra. Después de eso, dejó el pueblo con el cuento de que se iba a estudiar a la ciudad.

Por supuesto, no fue a la ciudad. Se metió más profundo en las montañas y se aisló durante varios meses en una casa propia. Recién cuando llegó el cumpleaños de la amiga de la infancia, alistó un regalo y volvió al pueblo.

Para cuando regresó, las cosas ya no tenían remedio. Su predicción de que nadie iría a buscar al Lord por ser un lugar remoto había fallado por completo. De alguna manera, alguien se había enterado y había ido a buscar al Lord.

El chico y la amiga de la infancia se habían ido del pueblo con el vampiro que había venido a escoltar al Lord.


Para cuando Auel logró seguirles el rastro, la amiga de la infancia ya estaba muerta. El que la había matado era el chico al que ella había amado. Se había convertido en un vampiro.


—¿Acaso un vampiro común y corriente puede matar al Lord?


le preguntó Auel al chico, pero para ese momento, el muchacho se había vuelto tan salvaje que había perdido toda razón.

Mientras el amigo enloquecido se le tiraba encima, Auel lo agarró del cuello. Justo cuando iba a apretar el agarre, apareció un hombre de pelo blanco con túnica blanca y una lanza en la mano.


—Tch. Llegué tarde.


murmuró el hombre mientras miraba al vampiro en las garras de Auel.


—¿Quieres que le ponga un alto por ti?


Pero cuando Auel le preguntó, el hombre de pelo blanco simplemente dijo:


—Haz lo que te dé la gana.


se fue caminando.

Recién tiempo después se enteró de que ese hombre era Girgol, el mentor de los Adversarios. Y que su amiga, la de la eterna saladez, había muerto a manos del Adversario a quien ella misma había convertido en vampiro.

Aunque eran amigos, solo había sido un vínculo breve, uno de tantos en su vida. Así que después de eso, Auel siguió con su camino y se olvidó de aquellos días. Pero cuando pasaron quinientos años y llegó la hora de que apareciera un nuevo Lord, recordó a la amiga que tanto había intentado proteger, solo para que muriera tan tontamente mientras él estaba lejos.

Al enterarse de la reencarnación del Lord, le entró la curiosidad: ¿acaso el Lord reencarnado se acordaría de él?

Alguna vez le había prometido proteger a su amiga, la que siempre paraba chancada y llena de moretones. Como no tenía nada mejor que hacer y ya era hora de buscar un nuevo cuerpo, decidió ir a buscar a su amiga reencarnada.

Y así, como Conde Lancaster, trabajó junto con el caballero vampiro Kallain y con Girgol, reencontrándose eventualmente con la reencarnación de su amiga. Él sabía que decían que Girgol era el mentor de los Adversarios, pero recordó cómo se había ido tan fresco cuando uno de ellos estaba a punto de morir, así que asumió que esa fama no era más que un chisme barato.

Sin embargo, la mujer llamada Domis, a quien finalmente conoció, no tenía ni un rastro de su antigua amiga. Aparte del hecho de que ella también había llevado una vida llena de sufrimiento, no había ni una sola coincidencia.

Aunque se sintió decepcionado, ya había empezado ese camino y de todas formas estaba aburrido, así que Conde Lancaster decidió ayudar a Domis, al menos. Pero no tenía la menor intención de buscar a la siguiente reencarnación del Lord. Tras vivirlo en carne propia, lo sabía bien: una persona reencarnada era simplemente alguien totalmente distinto.

Entonces, un buen día, más allá de Domis, ella apareció.

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