Hombres del Harén 982
SS52: ¡Por favor, no descargues tu ira con los demás!
Latil ya estaba amargada antes de escuchar la respuesta. Grifo intentó hablar, pero se atolondró y le preguntó:
[¿Ya lo sabe?]
—¡No! ¿Por qué? ¿Qué pasa con Gesta?
[Le vi la cara... ¡pero desapareció!]
—¿Desapareció?
Grifo recogió su cola de león, la abrazó y soltó un fuerte suspiro por el pico.
[Se esfumó literalmente. Fui a joderlo un rato, pero había un chongazo porque nadie lo había visto en horas. Pensando que quizás los humanos no podían dar con él, me puse a buscarlo yo mismo, pero igual, nada]
Latil sopló con fuerza hacia su propia frente de la pura rabia. Grifo soltó su cola de león y empezó a dar vueltas alrededor de su cabeza mientras le preguntaba:
[¿Vamos a buscarlo? Ya rastreé la zona, pero no estaba ahí]
—No. Que se vaya si le da la gana. ¡Dile que se vaya a donde le plazca!
Los ojos afilados del Grifo se redondearon de la sorpresa.
[Yo soy el siervo leal del Lord, ese tipo no es nada. Sabía que este día llegaría, desde que empezó a hacerse el mansito a su lado.]
Grifo aleteó un poco y voló hacia Latil, acurrucándose como un pichoncito. Cuando se quedaba con la boca cerrada, parecía un monstruoso pájaro imponente.
Latil abrazó al Grifo y se sentó en la cama, haciendo todo lo posible por aguantarse la bronca.
'¿Por qué las cosas se habían enredado tanto?'
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Cardan entró a la habitación bostezando y se frenó en seco al ver a Ranamoon. Ranamoon estaba sentado en una silla junto a la ventana con las piernas cruzadas, contemplando la salida del sol. Cardan se preguntó si estaría feliz de que Gesta se hubiera ido. Sin embargo, la cara de Ranamoon no reflejaba alegría para nada.
Cardan intentó dar un paso atrás para no incomodarlo. Sin embargo, Ranamoon sintió su presencia y volteó la cabeza. Sus miradas se cruzaron, a Cardan no le quedó de otra que acercarse y preguntar:
—Perdóname por interrumpirte. No sabía que estabas despierto.
—Me levanté temprano.
—¿Estás bien?
—No, no lo estoy. Siento... una corazonada rara.
Ranamoon frunció su frente recta. A Cardan su reacción le pareció extraña.
—Su Majestad creyó que fue Gesta quien usó el anticonceptivo, por eso lo mandó a la villa. Gesta se fue hecho un mar de lágrimas. Esto es un triunfo para nuestra familia Atraxil. Entonces, ¿por qué tienes esa cara de bajoneado? Si ni eras tan cercano a Gesta.
—En realidad Su Majestad no cree que Gesta sea el culpable.
—¿Qué? No puede ser. Escuché que tuvieron un pleitazo cuando Gesta fue a verla.
—Incluso si ella cree que él es el culpable.......
Ranamoon se cortó a mitad de la frase y sacudió la cabeza. A Cardan le entró muchísima curiosidad por saber qué era lo que iba a decir. Pero en lugar de continuar, Ranamoon miró el reloj y se puso de pie.
—Debería llevar a Fleura con Su Majestad. Vamos a tomar desayuno juntos, así que alista a la niña rápido.
Cardan seguía sin entender por qué Ranamoon andaba de capa caída. ¿Acaso Duque Atraxil no estuvo a punto de ponerse a bailar de la alegría cuando se enteró de que a Gesta lo habían mandado a la villa? De todas formas, era algo bueno que la Emperador, Ranamoon y la Primera Princesa tomaran desayuno juntos. Salió a toda prisa para cumplir la orden.
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Ranamoon se despertó más temprano de lo habitual, a la misma hora en que Jaisin solía levantarse.
Jaisin se cambió de ropa para su entrenamiento matutino y dio unos cuantos saltos ligeros en su sitio dentro de su cuarto. Mientras caminaba hacia el campo de entrenamiento, se llevó una grata sorpresa cuando Baekhwa lo siguió. Encantado, le preguntó:
—¿Vienes a entrenar conmigo?
—Eso no es lo que importa en este momento, Sumo Sacerdote.
Baekhwa sonrió con dulzura, acomodándose al paso de Jaisin. A Jaisin se le alegró el día con la actitud amigable de Baekhwa.
—¿Entonces hay algo más importante?
—¿Acaso no desterraron a Sir Gesta a la villa?
Pero en una mañana tan bonita, el tema elegido por Baekhwa era sombrío. A Jaisin se le ensombreció la cara de inmediato. Ya andaba achicopalado por la partida de Gesta.
—Sir Gesta no es la clase de persona que haría algo así. No sé qué acusación falsa le habrán chantado. ¿Habrá sido algún malvado que le tendió una trampa y usó al señor Ranamoon?
Baekhwa sonrió con sutileza. Le seguía pareciendo increíble que el Sumo Sacerdote creyera que Gesta era un hombre de virtudes. Si bien la bondad de Jaisin era desesperante, también tapaba a la perfección los propios movimientos de Baekhwa. Aunque hubieran encontrado el anticonceptivo en el agua bendita, a nadie se le había pasado por la cabeza sospechar del Sumo Sacerdote.
Hasta ahora, el único en darse cuenta había sido Duque Atraxil.
'Esta vez somos aliados. Pero igual tengo que andar con ojo con él'
Mientras Baekhwa sacaba cuentas fríamente en su cabeza, mantenía una sonrisa cálida y le respondía a medias a los comentarios compasivos de Jaisin sobre Gesta.
Para ese momento, ambos ya habían llegado cerca del campo de entrenamiento. Jaisin se arremangó las mangas y le preguntó a Baekhwa:
—¿Eso era todo lo que querías decir? Voy a entrenar ahora. Si piensas acompañarme.....
Pero una vez más, Baekhwa sacó un tema inesperado.
—Sir Gesta se fue, ¿verdad? ¿Crees que vuelva?
¿Por qué no deja de hablar de Sir Gesta? Jaisin frunció ligeramente el ceño mientras se remangaba la otra manga, pero aun así le respondió con sinceridad:
—Va a volver. Él de verdad quiere a Su Majestad.
—Los sentimientos pueden cambiar rápido. Si lo acusaron falsamente, como tú dices, ¿no se le habrán enfriado los sentimientos por Su Majestad?
—¿De qué sirve que los sentimientos cambien por su cuenta? Su estatus también tiene que cambiar si quiere irse. Incluso si sus sentimientos cambian, Sir Gesta sigue siendo un consorte, ¿no? Si planea dejar a Su Majestad, tendrá que regresar primero aunque sea para renunciar como consorte.
Jaisin ya estaba harto de hablar de la suerte de un pobre hombre y solo quería entrenar. La brisa mañanera se sentía riquísima.
Baekhwa, piconazo de que Jaisin no entendiera para nada su punto, dejó que su sonrisa se tensara un poco.
—Sumo Sacerdote, Te estoy hablando del sexto hijo. Si Gesta no vuelve —o decide irse—, alguien tendrá que hacerse cargo del niño, ¿no?
Recién ahí Jaisin dio un brinco y miró a Baekhwa. Pero no dijo nada. Su mirada estaba dirigida detrás de Baekhwa.
Mientras Jaisin miraba por encima de su hombro desconcertado, Baekhwa también volteó la cabeza. Pronto, él también entrecerró los ojos y murmuró:
—Parece muy temprano para llevar a la princesa a algún lado... ¿A dónde va Sir Ranamoon?
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El lugar a donde Ranamoon llevó a Fleura era justo al frente de la recámara de Latil.
—¿Vamos a comer con Su Majestad? ¿Quiere verme?
Fleura le agarró la mano a Ranamoon llena de alegría y avanzó dando saltitos. La melancolía que había llevado encima por días se había esfumado por completo.
—Vinimos porque a papá le hacía falta Su Majestad.
le susurró Ranamoon al oído. A la niña se le abrieron los ojos de par en par y, con una sonrisa de felicidad —como quien acaba de enterarse de un secreto bonito—, le dio un empujoncito en la cintura a Ranamoon.
Sin dejar de saltar, Fleura se puso de puntitas y volteó hacia Ranamoon. Cuando él se agachó, ella se le pegó a la oreja y le devolvió el susurro:
—¿Mamá también lo sabe?
Ranamoon no respondió. En su lugar, le presionó jugando un dedo en la frente a la niña. Le quitó una hojita del pelo a Fleura y luego se dirigió al guardia real que esperaba en la puerta.
—Dile a Su Majestad que he venido con la Primera Princesa.
El guardia, siguiendo la indicación de Ranamoon, lo anunció a viva voz a través de la puerta. Fleura le sostuvo la mano a Ranamoon y se la sacudió con entusiasmo.
Pero incluso tras esperar, la campanilla que daba el permiso para entrar no sonó. Aunque Fleura seguía emocionada y no paraba de columpiarle el brazo, la cara de Ranamoon se fue poniendo más seria a cada segundo que pasaba. El guardia también puso una cara rara y evitó la mirada de Ranamoon, clavando la vista en la pared con un ángulo extraño.
¿Cuánto tiempo había pasado? Al fin, la puerta se abrió y la sirvienta principal de la Emperador salió. Se acercó a Ranamoon y le habló con una sonrisa de disculpa.
—Señor Ranamoon, lo siento. Su Majestad no se siente bien.
Fleura, soltándole la mano a Ranamoon, preguntó sorprendida:
—¿De verdad la mamá Emperador está malita?
La sirvienta le respondió con una sonrisa amable, esquivando la verdad.
—Su Majestad lleva a su hermanito en la barriga en este momento. Mientras el bebé crece, es normal que no se sienta bien.
Fleura hizo un puchero. No le gustaba para nada la idea de tener un nuevo hermano debido a algo que Gesta le había dicho una vez. Y ahora que realmente existía uno —y que para colmo había enfermado a su mamá antes de nacer—, el bebé ya le caía espeso.
—¿Hacer enfermar a mi mamá desde ya? Qué bebé tan malo. ¿De verdad necesitamos un hermano nuevo?
Cuando Fleura preguntó con amargura, la sirvienta miró incómoda a Ranamoon. Él tomó la mano de Fleura y dio media vuelta. De camino al cuarto, intentó calmarla contando diversas historias alegres. Aunque la niña había estado echando chispas, se tranquilizó rápido tras escuchar unas cuantas y pronto volvió a su habitación. Pero una vez que Fleura se fue, la cara de Ranamoon —hasta entonces serena— se ensombreció a todas luces.
—Mi señor...
Cardan, que había presenciado el cambio de principio a fin, se llenó de compasión y dio un pisotón en el suelo.
Ranamoon murmuró con frialdad:
—Su Majestad debe de estar molesta conmigo.
—No, mi señor. De verdad estoy seguro de que no es eso. De seguro en serio no se siente bien por estar en los primeros meses de gestación.
—Su Majestad no tiene el cuerpo de una persona común. Eso jamás le ha pasado antes. Incluso si no se siente bien esta vez, nos mandó a decir que nos fuéramos sin siquiera verle la cara a Fleura. ¿Y aun así piensa que no está molesta?
Cardan no tuvo respuesta. En verdad, hasta él mismo creía que Su Majestad había evitado ver a Ranamoon y a Fleura a propósito.
—¿Por qué Su Majestad estaría molesta con usted? ¿Será por Sir Gesta?
Cardan sintió pánico tras decirlo en voz alta.
—¿Usted cree que Su Majestad sepa que a él lo acusaron falsamente? ¿Y se la está agarrando con usted?
Duque Atraxil no había sido el primero en afirmar que Gesta era el culpable detrás del incidente del anticonceptivo. Pero cualquiera con un mínimo de viveza habría sabido que la acusación venía de la facción de Atraxil. Sin duda Su Majestad lo sabía también.
—Pero aun eso es raro. Si supiera que Gesta es inocente, ¿por qué lo mandaría a la villa en primer lugar? Capaz de verdad solo está indispuesta.
Ranamoon no pudo responder como solía hacerlo. Aunque no había mostrado señal alguna frente a la niña, el golpe que había recibido esta vez fue fuerte. No esperó que Latil le cerrara la puerta en la cara sin siquiera abrirla. Y menos cuando Fleura estaba con él.
Al ver cómo a Ranamoon se le iba el color del rostro, Cardan se apresuró a sostenerlo.
—¿Mi señor? ¿Se encuentra bien?
Concentrado en socorrer a Ranamoon, Cardan no se dio cuenta de que, no muy lejos de ahí, un niño los había estado observando.
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Latil sabía perfectamente que Gesta no era el responsable del incidente del anticonceptivo. Pero no sabía si Ranamoon y Duque Atraxil habían acusado a Gesta sabiendo la verdad —o si verdaderamente creían que Gesta era el culpable—. Gesta creía que era lo primero, pero esa era solo la versión de Gesta. Aun así, hasta la sola posibilidad dejaba a Latil algo decepcionada de Ranamoon. Encima de eso, no podía dejar de darle vueltas a la frase que había aflorado más de una vez en los pensamientos profundos de Gesta:
'El plan fallido de Ranamoon'
Por estas dos cosas, no quería ni verle la cara a Ranamoon. Decir que no se sentía bien había sido solo una excusa para mandarlo a mudar.
Sin embargo, tras mandar a volar a Ranamoon y a Fleura, el estado de ánimo de Latil se volvió a amargar —pero de una forma distinta a la de antes—.
—Se me quitó el hambre. No quiero tomar desayuno. Solo tráeme algo de tomar.
Al final, le dio esa indicación a la sirvienta que le había estado preguntando qué quería comer, empezó a alistarse para la oficina más temprano que de costumbre.
—Su Majestad, debería comer aunque sea un poquito.
dijo la sirvienta preocupada, pero Latil se terqueó. Sin más opción, la sirvienta le trajo un solo vaso de jugo de frutas.
Pero cuando Latil terminó de alistarse y llegó a la oficina, se chocó con un espectáculo inesperado: Fleura estaba parada frente a la puerta del despacho, hecha un mar de lágrimas.
—¿Fleura? ¿Qué haces aquí?
Mientras Latil se acercaba sorprendida, Fleura corrió hacia ella y se le prendió de la cintura.
—¡Su Majestad! ¡Por favor no se desquite con mi papá por lo de Gesta!
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